Las Cuatro Tradiciones del

Budismo Tibetano


En el siglo VII, el rey- emperador Songtsen Gambo que reinó del 627 al 649, dada la imposibilidad de construir un monasterio budista en el Tíbet, debido a la influencia dominante de la religión animista de la época, mando una delegación hacia la India con el propósito de invitar a uno de los maestros budistas más reputados de la época, Padmasambava. Este gran yogui aceptó ir al Tíbet y construyó el primer monasterio budista, el de Samye. Comenzó también su tarea de dar enseñanzas y transmisiones. Tuvo veinticinco discípulos importantes, de entre los cuales uno pertenecía a la santa familia Khön, cuyo heredero en la actualidad es S.S. Sakya Trizin. La unión de estos primeros discípulos, dio origen a la primera escuela budista tibetana, que toma el nombre de escuela antigua o ñingmapa.

La orden Ñingma fue fundada en el S. VIII a partir del legado de los primeros introductores del budismo en el Tíbet. Tiene el poder y la simplicidad característicos de todas las instituciones fundacionales, y entre los tibetanos existe un dicho según el cual las enseñanzas ñingmas eran para casi-budas. Sin duda, los primeros ñingmapas se distinguían por su inteligencia, una energía y una dedicación casi sobrehumanas. Padmasambhava y los otros maestros ñingmas fueron los primeros en someter las deidades de la naturaleza del Tíbet y, probablemente a causa de esto, los ritos ñingmas todavía son utilizados directa e indirectamente por las otras órdenes en los esfuerzos por mantenerse en armonía con el entorno.

La orden Sakya, que surgió a mediados del S. XI, tenía una actitud crítica respecto a la segunda transmisión del budismo en el Tíbet. Sus fundadores descienden de los primeros discípulos de los maestros indios Padmasambava y Shantarakshita. Los sakyapas no solo se distinguen por su bondad y santidad, sino también por su profundidad de realización y por una vasta erudición. Los fundadores de la orden procedían de una familia de las clases dirigentes, los Khön, de la región meridional de Tsang, los cuales aportaron una gran habilidad organizadora a la administración de los primeros tiempos de los sakyapas. La contribución de la orden sakya ha sido enorme en lo referente a la educación de monjes y monjas, a la traducción y edición de numerosos textos budistas clásicos y a la redacción de tratados de una extraordinaria belleza y lucidez; también destacan por haber encargado importantes obras de arte e, incluso, durante los tiempos difíciles del imperio mongol, por haber sabido gobernar con gran prudencia y humanidad.

La orden Kagyu fue fundada en el S. XI por el traductor Marpa (1012-1098) y por el santo y poeta tibetano Milarepa (1040-1123) a partir de las enseñanzas esotéricas y contemplativas derivadas de los mahasidas indios Tilopa y Naropa. Su gran atractivo reside, pues, en la fuerza de sus tradiciones yóguicas y en el brillante carisma de sus maestros. Los kagyupas originaron las pautas budistas de liderazgo, distintivamente tibetanas, basándose en lamas reencarnados de santidad especial, con lo que rompieron la pauta de dominio por parte de una familia dirigente tradicional e hizo posible su amplia propagación geográfica.

La orden Gelupa se llama a veces el nuevo Kadam, en reconocimiento del hecho que su fundador, el activo visionario Tsong Khapa (1357-1415), se consideraba a sí mismo el renovador de las enseñanzas del gran maestro bengalí del S. XI, Atisha. Inspirado por el futuro Buda Maitreya, Tsong Khapa hizo todos los esfuerzos posibles para garantizar que la enseñanza budista siguiese llegando a un público cada vez más amplio. Sus enseñanzas destacan por su carácter aglutinador, ya que derivan de las enseñanzas prácticas de todas las órdenes tibetanas anteriores (...) las enseñanzas de la orden Gelupa fueron ideadas para adaptarse a la gente más sencilla.