TAPIHRITSA Y LAS ENSEÑANZAS DZOGCHEN
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Tapihritsa es el maestro axial de la denominada tradición del Linaje Experiencial de Zhang-zhung, ya que su figura sintetiza todas las enseñanzas y maestros de este linaje. Es el maestro vigésimoquinto de la línea de transmisión que, comenzando con el buda Samantabhadra, pasa por Tönpa Shenrab y llega hasta el propio maestro de Tapihritsa, llamado Tsepung Dagpa Gyaltsen. Todos esos maestros alcanzaron la realización del cuerpo de arco iris, que supone la disolución del cuerpo físico en el momento de la muerte. Dagpa Gyaltsen es el responsable de la estructuración de las enseñanzas del Zhang-zhung Nyen-gyüd en los ciclos externo, interno, secreto y muy secreto. Se dice que, cuando Tapihritsa recibió estas enseñanzas, se retiró durante nueve años a una zona situada al este del monte Kailash, en una caverna cerca de Taruk, un gran lago salado, donde practicó hasta alcanzar la realización del cuerpo de luz de la Gran Transferencia, disolviendo su cuerpo físico en la vasta expansión del cielo sin dejar ningún resto tras de sí.
Hasta la aparición de Tapihritsa, los preceptos del dzogchen
eran transmitidos oralmente a un solo discípulo en la forma
de upadeshas o instrucciones secretas. Sin embargo, a partir
de Gyerpungpa Nangzher Lopo —una figura de indudable
historicidad y coetánea de Padmasambhava y de otros
importantes maestros indios y tibetanos—, estas enseñanzas
comenzaron a ser recogidas por escrito, una medida
ciertamente previsora pues en los años siguientes las
enseñanzas del Bön serían objeto de implacables
persecuciones. Posteriormente, en el siglo X, las enseñanzas
fueron traducidas definitivamente al tibetano por el último
maestro del linaje de la Transmisión Experiencial nacido en
Zhang-zhung y de nombre Ponchen Tsenpo.
Pero, si bien Gyerpungpa Nangzher Lopo —principal discípulo
de Tapihritsa— era un adepto avezado en la práctica del
tantra y poseía numerosos poderes mágicos, no había
alcanzado el siddhi supremo de la iluminación.
Entre los poderes mágicos de Gyerpungpa se cuenta la
capacidad —asociada a la deidad meditativa Meri, deidad
tutelar de las enseñanzas del Zhang-zhung Nyen-gyud— de
lanzar misiles mágicos. Además, Gyerpungpa no sólo era un
gran erudito y practicante, sino que también era el
sacerdote personal del rey de Zhang-zhung. En esa época —en
torno al siglo VII d.C.—, el reino de Zhang-zhung estaba a
punto de ser anexionado definitivamente al Tíbet bajo el
gobierno del célebre rey budista Trisong Detsen.
Tapihritsa suele ser representado como un adolescente de
dieciséis años, una figura blanca y translucida como el
cristal, rodeada por una esfera de arco iris, con el cuerpo
completamente desnudo, sin ornamentos de ningún tipo y
sentado sobre un loto que se halla suspendido en medio del
cielo. Ésta es la forma en que, según la tradición, se
manifestó a su discípulo Gyerpunga. Al principio de
cualquier práctica de dzogchen, en la tradición bön, siempre
se lleva a cabo su invocación.
Según recogen las antiguas crónicas, Gyerpungpa permanecía
en retiro en una pequeña ermita, protegido por un rico
nómada, llamado Mergyungpo Yungdrung Gyaltsen. Ese rico
benefactor se encontró con un niño aparentemente perdido y
vestido de manera andrajosa quien, tras declarar que era
huérfano, pidió trabajo afirmando que era capaz de
desempeñar cualquier tarea. El hombre acogió al niño y le
encomendó la misión de cuidar el ganado.
Cierto día en que el pequeño estaba buscando leña, el ganado
se dispersó y, con la excusa de ir en su busca, arribó
portando un gran hatillo de leña sobre su espalda a la
entrada de la gruta donde se encontraba meditando Gyerpungpa.
Dejando caer su carga de golpe, el niño comenzó a proferir
toda clase de alabanzas pero también algunas palabras de
crítica dirigidas al meditador quien, tras la sorpresa
inicial, dudó de la elocuencia y sinceridad de las palabras
del pequeño. Entonces, Gyerpungpa se propuso examinar más
detenidamente al extraño niño efectuándole cinco preguntas,
cuyas respuestas contienen la esencia de la enseñanza
dzogchen. Las preguntas de Gyerpungpa fueron las siguientes:
—¿Quién es tu maestro? ¿Cuál es tu práctica? ¿Cuál es tu
meditación? ¿Cuál es tu carga? ¿Y por qué llevas a cabo esta
actividad?
Y éstas fueron las respuestas que dio Tapihritsa:
—Mi maestro es la visión ordinaria. Si la visión ordinaria
no fuera el maestro, entonces, ¿quién fue el maestro del
primer buda, Kuntuzangpo?
»Mi práctica consiste en permanecer libre de pensamientos
discursivos. Puesto que no podemos fijar ningún pensamiento
en la base-de-todo, las visiones conectadas con los
pensamientos no constituyen la práctica real.
»Mi meditación abarca la totalidad de los fenómenos de los
tres reinos de la existencia, puesto que el auténtico
significado de la verdad última trasciende cualquier tipo de
parcialidad.
»Llevo sobre mí la carga de los pensamientos porque, una vez
que los deseos han sido agotados, deja de haber pensamientos
discursivos y se comprende que todo es una ilusión.
»Mi actividad es el trabajo al servicio de todos los seres.
Dado que felicidad y sufrimiento tienen un solo sabor, mi
conducta es actuar con ecuanimidad hacia todos ellos.
Estas respuestas no aplacaron el escepticismo de Gyerpungpa,
por lo que le propuso que al día siguiente ambos entablaran
un debate en presencia del rey y, de ese modo, quien saliese
derrotado se convertiría en discípulo del otro. Ante esta
propuesta el niño profirió tres sonoras carcajadas y dijo:
—Los debates son un juego de ciegos, los tantrikas sólo
crean ilusiones con la mente, los eruditos sólo emiten
palabras vacías y carentes de sentido. No merece la pena
perder el tiempo con todo eso.
En ese momento, Gyerpungpa reconoció que el niño debía de
ser una emanación espiritual, un mahasiddha. Se
quedó en silencio sin saber qué decir y, cuando miró al
pequeño, ya no vio al huérfano harapiento sino una gloriosa
visión de un joven de dieciséis años de edad suspendido en
el espacio en medio de una esfera de arco iris, con un
cuerpo puro como el cristal, transparente, desnudo y carente
de adornos. Cuando Gyerpungpa ofreció al joven oro a cambio
de sus enseñanzas, éste replicó:
—Yo soy Tapihritsa, si ofreces oro a los pájaros, ¿acaso lo
aceptarán?
Gyerpungpa se mostró nuevamente de acuerdo y Tapihritsa le
dijo entonces que le enseñaría a liberarse de todas las
acciones sin dejar rastro, como los pájaros que surcan el
cielo.
Mientras tanto el rico terrateniente, advirtiendo que el
niño había desaparecido con el ganado, partió en su busca y
llegó a la cueva donde pudo presenciar lo que estaba
sucediendo. Entonces Gyerpungpa explicó a su benefactor que
el pequeño huérfano era en realidad un gran ser espiritual.
De ese modo, ambos hicieron ofrendas a Tapihritsa y se
postraron ante él. Entonces, el joven suspendido en el vacío
les transmitió una serie de enseñanzas esenciales,
subdividas en: las cuatro cosas buenas, las cuatro cosas
aplicables a la mente, las cinco prácticas, los cuatro
adiestramientos relacionados con el estado natural y la
triple confianza. Se considera tradicionalmente que cada
sección de esta enseñanza responde, sucesivamente, a las
preguntas iniciales formuladas por Gyerpungpa: ¿Quién es tu
maestro? ¿Cuál es tu práctica? ¿Cuál es tu meditación? ¿Cuál
es tu carga? ¿Cuál es tu trabajo?
Las cuatro cosas buenas
—Cuando la mente no se apega a las apariencias externas e
internas, éstas se liberan por sí mismas. De ese modo,
debemos permitir que el reconocimiento intrínseco —que está
más allá de toda parcialidad o prejuicio— libere todas las
apariencias, sin conceptualizarlas ni juzgarlas. Dejarlas
estar de ese modo es la primera cosa buena.
»Cuando la meditación está libre de pensamientos
(conceptos), la mente permanece en un estado de claridad
espontánea que la mantiene a salvo de las experiencias
descontroladas. Así pues, la segunda cosa buena es
mantenerse al margen de las distracciones.
»En lo que a la conducta se refiere, ésta debe carecer de
apegos y expectativas permaneciendo alerta y relajada. En
ese caso, debemos desconectar directamente todos los juicios
y conceptos y todas las apariencias que puedan ocurrir
dejándolas tal cual son. De ese modo, la tercera cosa buena
consiste en cortar de manera inmediata todos los apegos y
conceptos que surgen.
»En lo que respecta al fruto o la meta, ésta no ha de ser
buscada ni sepultada bajo nuestras expectativas, sino que
todo emerge espontáneamente tal como es. Cualquier
expectativa o ansiedad concerniente al futuro es liberada en
su propia condición original de vacuidad. Este proceso de
liberación natural es la cuarta cosa buena.
»Debes observar cuidadosamente todos estos tópicos
concernientes a la visión, la meditación, la acción y el
fruto para comprobar si representan el sendero de la
claridad o, por el contrario, de la ausencia de claridad
—concluyó Tapihritsa mientras permanecía suspendido en el
cielo.
Tanto Gyerpungpa como el benefactor permanecieron en
silencio. Después de un rato Tapihritsa añadió:
Las cuatro cosas aplicables a la mente
Ninguna actividad externa o interna puede mermar o agotar la
Realidad Última (dharmata) porque ésta se halla más
allá de la práctica. No existe nada material ni substancial
en la Realidad Última que pueda ser objeto de disminución o
incremento. Por tanto, en la práctica, la mente debe
permanecer en la misma condición de no-substancialidad (que
es su naturaleza vacía).
No se puede llegar a conocer el dharmakaya con la conciencia
convencional ni con las actividades mentales, puesto que
está más allá de todas las causas primarias y secundarias y
eso también es aplicable a la mente. Por eso, hay que
practicar manteniendo la mente más allá de causas y
condiciones.
No se puede encontrar la mente cuando se la busca porque
ésta carece de existencia inherente. Por consiguiente, hay
que practicar sin perder de vista la ausencia de existencia
inherente de la mente.
No se puede cambiar el Estado Natural por ningún medio y,
por esa razón, hay que practicar manteniendo la mente en
dicha inmutabilidad.
Debes examinar detenidamente estos tópicos para comprobar si
se aplican o no a tu propia mente.
Las cinco prácticas
Dado que no existe ninguna parcialidad o unilateralidad
(como la dualidad de yo y otro) en el estado natural, ¿acaso
todas las visiones no surgen igualmente sin parcialidad? Por
tanto, hay que practicar sin parcialidad o unilateralidad
con respecto a nada.
Dado que no existe ningún aferramiento (en el estado
natural) ni aprehensión de objetos externos, ¿acaso éstos no
se liberan por sí mismos en la vacuidad? Por eso, hay que
practicar sin apegarse a las apariencias, emociones ni
pensamientos, y sin tratar de liberarlos (sino dejándolos
tal cual son en sí mismos).
Dado que el estado natural carece de nacimiento o muerte,
¿no se sigue de ello que todas las visiones y apariencias
que surgen en ese estado, emergen y permanecen en esa misma
naturaleza que no es producida por nada? Por eso, hay que
practicar sin tratar de incrementar ni mermar las
apariencias.
Dado que el estado natural es inexpresable (e inaprensible
mediante conceptos) ¿no sucede también que todas las
apariencias emergen y permanecen en esa vasta expansión del
espacio de una manera inefable? Por tanto, hay que practicar
sin tratar de enfatizar ni de eliminar nada.
Dado que las apariencias y las visiones nunca se separan del
estado natural desde el mismo principio, ¿no se sigue de
ello que no hay necesidad alguna de unirlas a dicho estado?
Por tanto, hay que practicar sin tratar de separar o de
relacionar nada.
Debes examinar cuidadosamente estas cuestiones para ver si
(las apariencias) surgen de la mente o no.
Los cuatro adiestramientos directos relacionados con el
estado natural
Puesto que la mente no depende de largas sesiones de
meditación y las oportunidades de éstas son muy escasas,
debemos intentar permanecer en el estado natural allí donde
nos encontremos y comprometernos a adiestrarnos directamente
en dicho estado practicándolo sin dilación.
Puesto que en el estado del Gran Gozo no existen
distracciones, debemos permanecer en el estado natural allí
donde estemos y adiestrarnos directamente en esa disposición
natural y practicar sin establecer diferencia alguna.
Puesto que el significado del estado natural es lo
incondicionado, basado en el poder de la inseparabilidad (de
apariencias y vacuidad), debemos permanecer en el estado de
contemplación allí donde estemos, adiestrándonos
directamente en la disposición natural (del estado de
contemplación).
Puesto que en la esencia misma no hay nacimiento ni muerte
(emergencia o cesación) sino que es un estado no producido
por nada, debemos permanecer en el estado natural allí donde
nos encontremos y adiestrarnos directamente en su
contemplación.
Debes examinar cuidadosamente estos puntos para determinar
si tu práctica es suficientemente estable o no.
La triple confianza
Cuando se comprende que el estado natural carece de
existencia intrínseca, se tiene suficiente confianza para
tomar una decisión irrevocable con respecto a todas las
cosas.
Cuando comprendemos la inseparabilidad (de apariencia y
vacuidad), tenemos la suficiente confianza para decidir que
todo tiene un solo sabor.
Cuando se comprende que el estado natural carece de
parcialidad (o juicios), se alcanza la confianza que está
libre de todas las limitaciones.
Sólo aquel que posee estas tres confianzas puede llamarse
practicante del dzogchen.
Al concluir, Tapihritsa les dijo que mantuviesen en secreto
su enseñanza y añadió que, si no le olvidaban, volverían a
encontrarse de nuevo. Luego desapareció en una masa de luz
de arco iris. Cinco años después, Gyerpungpa se encontraba
retirado en una isla situada en el lago Darok, cuando tuvo
su segundo encuentro con Tapihritsa, quien se le apareció
nuevamente rodeado de una masa de luz y le habló del
siguiente modo:
—Has practicado lo que te he enseñado, de modo que te daré
nuevas enseñanzas. Escucha con atención, esta enseñanza
conduce a la liberación a los mejores de los seres humanos.
Las tres importantes declaraciones que efectuaré ahora
contienen la esencia de las ochenta y cuatro mil enseñanzas
del dzogchen y el bön. Proceden del dharmakaya, a
través de los nueve seres iluminados y los veinticuatro
maestros. Son las enseñanzas más importantes del Bön. Si no
conoces esta enseñanza eres como un ciego tratando de guiar
a otro ciego.
Entonces le transmitió todo lo concerniente a la visión
última, una enseñanza contenida en el texto titulado Las
Seis Lámparas.
A la postre, en su tercer y último encuentro Tapihritsa
transmitió a Gyerpungpa las enseñanzas denominadas los
Ocho Preceptos y los Veintiún Clavos [Zerbu].
El segundo capítulo de este texto se titula "El
reconocimiento de la base de todo" y contiene algunos
consejos para comprender la diferencia entre la mente y la
naturaleza de la mente, para reconocer la base-de-todo (kunzhi)
y para afianzar y desarrollar la experiencia de la
contemplación. Merece la pena que nos detengamos en esas
recomendaciones ya que contienen las claves de la
contemplación dzogchen.
Según diferentes comentaristas, hemos de entender estos
nueve métodos como una profundización creciente de la
contemplación, puesto que siempre se trata, claro está, del
reconocimiento, la familiarización y la completa integración
del cuerpo, la palabra y la mente con el estado natural.
Renunciar a las distracciones mediante los tres votos
Los tres votos se refieren al control de las acciones
relativas a las tres puertas de cuerpo, palabra y mente (es
decir, los movimientos del cuerpo, el habla o la respiración
y los pensamientos). El primer voto consiste en no hacer
nada en especial con el cuerpo. El segundo consiste en no
hacer nada con la palabra ni la respiración —como repetir
mantras o tratar de controlar la respiración de algún modo—,
mientras que el tercero consiste en no hacer absolutamente
nada con respecto a los pensamientos y las emociones.
Sin embargo, el mantenimiento de este triple voto no implica
que debamos tratar de detener deliberadamente nuestras
acciones físicas, palabras y pensamientos, sino que se trata
más bien de descubrir el modo en que las acciones, las
palabras y los pensamientos cesan por sí mismos de manera
natural. Es como el descanso o el abandono que sucede al
completo agotamiento cuando hemos efectuado un gran
esfuerzo. Es el agotamiento que tiene lugar cuando
constatamos que hemos llevado a cabo todas las actividades,
palabras y pensamientos posibles.
En ese sentido, el maestro Drugyalwa Yungdrung aconseja que,
para poner en práctica los tres votos y las tres
relajaciones conjuntamente, debemos reflexionar primeramente
sobre todas las acciones que hemos podido llevar a cabo con
el cuerpo, la palabra y la mente desde el sin principio de
los tiempos y, a continuación, preguntarnos adónde nos ha
conducido todo eso. Aquí se incluyen tanto las acciones
negativas como las positivas, puesto que todo acaba
deviniendo inútil y convirtiéndose en causa de
insatisfacción. Comprendiendo que no queda nada de todas
esas acciones inagotables, palabras absurdas y pensamientos
perturbadores, relajamos completamente el cuerpo, la palabra
y la mente en la Gran Relajación, como un anciano que mira
despreocupadamente cómo corren los caballos salvajes. Por
esa razón, para acometer la contemplación del dzogchen, al
principio es necesario poner fin a todas las actividades de
cuerpo, palabra y mente, negativas, positivas o neutrales,
incluyendo plegarias, mantras, concentraciones y
visualizaciones.
Reposar la mente en la triple relajación
La liberación del cuerpo consiste en relajar todas las
acciones del cuerpo en la no-acción, la liberación de la
palabra consiste en relajar completamente el habla en el
silencio, mientras que la liberación de la mente consiste en
relajar todos los pensamientos y actividades mentales en el
estado de no-pensamiento. Eso no significa, como decíamos en
el apartado anterior, que debamos cortar deliberadamente
nuestras acciones, palabras y pensamientos, sino más bien
reconocer el estado de no-acción dentro de la acción,
reconocer el gran silencio en el seno del sonido y reconocer
el no-pensamiento en el mismo pensamiento.
Afianzar el reconocimiento de la
base (rigpa) mediante los tres modos de permanencia (bzhag
thabs gsum)
Hay que dejar ser las cosas sin esfuerzo mental alguno, hay
que dejarlas ser tal como son en la Gran Naturaleza, hay que
dejarlas ser sin intentar ningún ajuste ni cambio. Dicho de
otro modo, hay que permanecer en la mente tal cual es sin
cambiar el movimiento mental, permanecer en la esencia del
estado natural y permanecer sin limitaciones en el estado
natural. En suma, hay que dejarlo todo tal como es.
Cortar las tendencias kármicas mediante los
tres no-seguimientos
No hay que seguir las acciones del cuerpo, la palabra o la
mente, ni las posibles visiones que surjan, sino permanecer
plenamente en el estado natural.
Sostener la continuidad y la familiaridad del rigpa mediante
las tres cuerdas
Las tres cuerdas —o continuidades de la práctica— se refieren al
afianzamiento de la contemplación y la familiaridad con el estado natural.
La primera cuerda consiste en no distraerse con los pensamientos ni las
visiones, sino mantener la contemplación continuamente. La segunda es no
tratar de cambiar el estado natural, mientras que la tercera consiste en
mantener la frescura de la contemplación.
Proteger la adulteración del significado mediante los tres ocultamientos
Primeramente, es muy recomendable practicar en soledad, ocultando el propio
cuerpo como un animal salvaje que ha sido herido y permaneciendo centrado en
el estado natural hasta que éste ha sido estabilizado. En segundo lugar, es
mejor mantenerse en silencio como una lámpara dentro de una hornacina que el
viento no puede perturbar. En tercer lugar, hay que proteger la mente sin
seguir los objetos de los seis sentidos, permitiendo que la mente y los
sentidos permanezcan en la base-de-todo (kunzhi), ocultos como la
tortuga que se sumerge en las profundidades del océano.
Ejercitar la energía dinámica (tsel) del rigpa mediante las tres
emergencias
Cuando la contemplación es suficientemente estable, debemos comenzar a
integrar todas las acciones con el estado natural ejecutando primeramente
pequeñas acciones, en las que podemos ejercitarnos sin perder la presencia
del estado natural moviéndonos, recitando mantras u otras oraciones o
generando distintos pensamientos, y constatando que el estado natural los
abarca a todos. Las tres emergencias se refieren, más concretamente, a la
emergencia de las diferentes acciones del cuerpo en el estado carente de
acción, a la emergencia de las diversas manifestaciones de la palabra en el
estado de silencio y la emergencia de los diferentes movimientos de la mente
en el estado carente de pensamiento.
Relajarse en la no-dualidad mediante las tres liberaciones
Significa, básicamente, que independientemente de lo que hagamos,
permanecemos siempre en el estado natural. En ese estadio, no es posible
establecer diferencia alguna entre la mente y la naturaleza de la mente,
entre el pensamiento y el no-pensamiento. De ese modo, todas las acciones
del cuerpo se liberan o se disuelven en el estado sin acción del cuerpo,
todas las palabras se liberan en el silencio y todos los pensamientos se
liberan en el estado más allá del pensamiento. Por medio de esta triple
liberación podemos comprender la igualdad fundamental que subyace tanto a la
mente como a la naturaleza de la mente.
Mantener el resultado mediante los tres no-oscurecimientos
Una vez que se arriba a ese nivel de integración, las acciones no oscurecen
el estado sin acción del cuerpo, las palabras no oscurecen el silencio y los
pensamientos no oscurecen el estado natural más allá del pensamiento.