¿Alguna
vez
han
pensado
ustedes
por
qué
se
les
educa,
por
qué
están
aprendiendo
historia,
matemáticas,
geografía
o
lo
que
fuere?
¿Alguna
vez
se
han
preguntado
por
qué
asisten
a
escuelas
y
colegios?
¿Acaso
no
es
muy
importante
averiguar
por
qué
se
les
atesta
con
información,
con
conocimientos?
¿Qué
es
toda
la
así
llamada
educación?
Sus
padres
les
envían
aquí,
tal
vez
porque
ellos
mismos
han
aprobado
ciertos
exámenes
y
han
obtenido
diversos
títulos.
¿Se
han
preguntado
alguna
vez
por
qué
están
aquí,
y
los
maestros
les
han
preguntado
por
qué
están
aquí?
¿Saben
los
maestros
por
qué
ellos
están
aquí?
¿No
deben
ustedes
tratar
de
averiguar
qué
significa
toda
esta
lucha,
esta
lucha
para
estudiar,
para
aprobar
exámenes,
para
vivir
en
cierto
lugar
lejos
de
sus
casas
y
no
tener
miedo,
para
ser
hábiles
en
los
deportes
y
demás?
¿No
deberían
sus
maestros
ayudarles
a
investigar
todo
esto
y
no
a
prepararlos
meramente
para
que
aprueben
los
exámenes?
Los
chicos
aprueban
los
exámenes
porque
saben
que
tendrán
que
obtener
un
empleo,
que
deberán
ganarse
la
vida.
¿Por
qué
aprueban
los
exámenes
las
chicas?
¿Para
poder
conseguir
con
su
educación
mejores
maridos?
No
se
rían,
sólo
piensen
en
esto.
¿Acaso
sus
padres
les
envían
lejos,
a
la
escuela,
porque
en
su
hogar
son
ustedes
un
estorbe?
Pasando
los
exámenes,
¿van
ustedes
a
comprender
toda
la
significación
de
la
vida?
Algunas
personas
son
muy
ingeniosas
en
la
aprobación
de
los
exámenes,
pero
eso
no
significa
necesariamente
que
sean
inteligentes.
Otras,
que
no
saben
cómo
aprobar
los
exámenes,
pueden
ser
mucho
más
inteligentes;
pueden
ser
más
capaces
con
sus
manos
y
pueden
considerar
las
cosas
más
profundamente
que
la
persona
que
sólo
rellena
su
cabeza
para
aprobar
los
exámenes.
Muchos
chicos
estudian
solamente
para
tener
un
empleo
y
ésa
es
toda
la
aspiración
que
tienen
en
la
vida.
Pero
después
de
que
consiguen
el
empleo,
¿qué
sucede?
Se
casan,
tienen
hijos
y
por
el
resto
de
sus
vidas
están
presos
en
la
maquinaria,
¿no
es
así?
Se
vuelven
oficinistas,
abogados,
policías
o
lo
que
fuere;
viven
en
perpetua
lucha
con
sus
esposas,
con
sus
hijos;
la
vida
que
llevan
es
una
batalla
constante
hasta
que
mueren.
¿Y
qué
es
lo
que
ocurre
con
ustedes,
las
chicas?
Se
casan
-aspiran
a
eso,
así
como
el
interés
de
sus
padres
es
que
se
casen-
y
después
tienen
hijos.
Si
disponen
de
algún
dinero
se
interesan
en
sus
saris
y
en
cómo
lucen;
se
preocupan
por
las
reyertas
que
tienen
con
sus
maridos
y
por
lo
que
dirá
la
gente.
¿Alcanzan
a
ver
todo
esto?
¿Acaso
no
lo
advierten
en
sus
familias,
en
sus
vecinos?
¿No
han
notado
cómo
esto
ocurre
todo
el
tiempo?
Casi
ninguno
de
ustedes
averigua
cuál
es
el
significado
de
la
educación,
por
qué
necesitan
que
se
les
eduque,
por
qué
sus
padres
quieren
que
se
les
eduque,
por
qué
se
pronuncian
elaborados
discursos
acerca
de
lo
que
se
supone
que
la
educación
está
haciendo
en
el
mundo.
Ustedes
quizá
puedan
leer
las
obras
de
Bernard
Shaw,
quizá
puedan
citar
a
Shakespeare
o
Voltaire
o
a
algún
nuevo
filósofo,
pero
si
en
sí
mismos
no
son
inteligentes,
si
no
son
creativos,
¿cuál
es
el
sentido
de
esta
educación?
¿No
es,
entonces,
esencial
tanto
para
los
maestros
como
para
los
estudiantes
descubrir
cómo
ser
inteligentes?
La
educación
no
consiste
en
que
sean
meramente
capaces
de
leer
y
de
aprobar
exámenes;
cualquier
persona
lista
puede
hacer
esto.
La
educación
consiste
en
cultivar
la
inteligencia,
¿no
es
así?
Por
inteligencia
no
entiendo
la
astucia
o
el
tratar
de
ser
hábil
a
fin
de
superar
a
otros.
La
inteligencia,
por
cierto,
es
algo
completamente
distinto.
La
inteligencia
existe
cuando
no
sienten
temor
¿Y
cuándo
sienten
temor?
El
temor
surge
cuando
piensan
en
lo
que
la
gente
puede
decir
de
ustedes
o
en
lo
que
podrán
decir
sus
padres;
temen
ser
criticados,
temen
ser
castigados
o
fracasar
en
la
aprobación
de
un
examen.
Cuando
el
maestro
les
reprende
o
cuando
no
son
populares
en
su
clase,
poco
a
poco
se
introduce
furtivamente
el
temor.
El
temor
es,
obviamente,
una
de
las
barreras
para
la
inteligencia,
¿no
es
así?
Y
la
esencia
misma
de
la
educación
consiste
en
ayudar
al
estudiante
-ustedes
y
yo-
a
tomar
conciencia
de
las
causas
del
temor
y
a
comprenderlas,
de
modo
tal
que
desde
la
infancia
misma
en
adelante
pueda
vivir
libre
de
temor.
¿Se
dan
cuenta
de
que
están
atemorizados?
Sienten
temor,
¿verdad?
¿O
están
libres
de
temor?
¿Acaso
no
sienten
temor
de
sus
padres,
de
sus
maestros,
de
lo
que
la
gente
podría
pensar?
Supongamos
que
hicieron
algo
que
sus
padres
y
la
sociedad
desaprueban.
¿No
sentirían
temor?
Supongamos
que
las
chicas
quisieran
casarse
con
alguien
que
no
pertenece
a
la
clase
o
a
la
casta
de
ellas,
¿no
tendrían
miedo
de
lo
que
la
gente
podría
decir?
Si
el
futuro
marido
no
ganara
el
dinero
suficiente
o
si
no
tuviera
posición
o
prestigio,
¿no
se
sentirían
avergonzadas?
¿No
temerían
que
sus
amigas
pudieran
pensar
mal
de
ellas?
¿Y
no
temen
todos
a
la
enfermedad,
a
la
muerte?
La
mayoría
de
nosotros
tiene
miedo.
No
digan
"no"
tan
rápidamente.
Quizá
no
hayamos
pensado
al
respecto;
pero
si
lo
hacemos
advertimos
que
casi
todos
en
el
mundo,
tanto
los
adultos
como
los
niños,
tienen
alguna
clase
de
temor
que
les
corroe
el
corazón.
¿No
es
función
de
la
educación
ayudar
a
cada
individuo
a
librarse
del
temor,
de
modo
que
pueda
ser
inteligente?
A
eso
aspiramos
en
la
escuela,
lo
cual
significa
que
los
propios
maestros
han
de
estar
realmente
libres
de
temor.
¿De
qué
sirve
que
los
maestros
hablen
de
no
tener
miedo
si
ellos
mismos
temen
lo
que
sus
vecinos
podrían
decir,
si
temen
a
sus
esposas?
Si
uno
está
atemorizado,
no
puede
haber
iniciativa
en
el
sentido
creativo
de
la
palabra.
Tener
iniciativa
en
este
sentido
es
hacer
algo
original,
hacerlo
espontáneamente,
naturalmente,
sin
ser
forzado,
guiado,
controlado.
Es
hacer
algo
que
uno
ama.
Ustedes
deben
haber
visto
a
menudo
una
piedra
en
medio
de
la
carretera
y
un
automóvil
que
choca
contra
ella.
¿Alguna
vez
han
quitado
esa
piedra?
¿O
alguna
vez,
cuando
salían
a
pasear
y
observaban
a
la
gente
pobre,
a
los
paisanos,
a
los
aldeanos,
han
hecho
alguna
cosa,
la
han
hecho
espontáneamente,
naturalmente,
por
iniciativa
propia,
sin
esperar
que
alguien
les
dijera
lo
que
deben
hacer?
Vean,
si
sienten
temor,
todo
esto
está
excluido
de
sus
vidas;
se
vuelven
insensibles
y
no
observan
lo
que
ocurre
alrededor
de
ustedes.
Si
sienten
temor
están
atados
por
la
tradición,
siguen
a
algún
líder
o
gurú.
Cuando
están
atados
por
la
tradición,
cuando
temen
a
sus
maridos
o
a
sus
esposas,
pierden
su
dignidad
como
seres
humanos
individuales.
¿No
es,
entonces,
tarea
de
la
educación
liberarlos
del
temor
y
no
prepararlos
meramente
para
que
aprueben
ciertos
exámenes,
por
necesario
que
esto
pueda
ser?
Esencialmente,
profundamente,
ése
debe
ser
el
propósito
vital
de
la
educación
y
de
todos
los
maestros;
ayudarles
desde
la
infancia
a
que
se
liberen
del
temor,
de
modo
que
cuando
salgan
al
mundo
sean
seres
humanos
inteligentes,
plenos
de
verdadera
iniciativa.
La
iniciativa
se
destruye
cuando
están
meramente
copiando,
cuando
están
amarrados
por
la
tradición,
cuando
siguen
a
un
dirigente
político
o
a
un
swami
religioso.
Seguir
a
alguien
es
sin
duda
perjudicial
para
la
inteligencia.
El
proceso
mismo
de
seguir
crea
una
sensación
de
temor;
y
el
temor
cierra
las
puertas
a
la
comprensión
de
la
vida
con
todas
sus
extraordinarias
complicaciones,
sus
luchas,
sus
sufrimientos,
su
pobreza,
su
opulencia
y
su
belleza
-la
belleza
de
los
pájaros
o
de
la
puesta
del
sol
sobre
el
agua-.
Cuando
están
atemorizados,
son
completamente
insensibles
a
todo
esto.
¿Puedo
sugerirles
que
pidan
a
sus
maestros
que
les
expliquen
lo
que
hemos
estado
hablando?
¿Lo
harán?
Descubran
por
sí
mismos
si
los
maestros
han
comprendido
estas
cosas,
eso
contribuirá
a
que
ellos
los
ayuden
a
ser
más
inteligentes,
a
no
tener
miedo.
En
cuestiones
de
esta
clase
necesitamos
maestros
que
sean
muy
inteligentes,
inteligentes
en
el
verdadero
sentido,
no
sólo
en
el
sentido
de
haber
aprobado
los
exámenes
de
maestría
o
de
licenciatura.
Si
les
interesa,
vean
si
pueden
arreglárselas
para
disponer
durante
el
día
de
un
período
en
el
que
discutan
y
conversen
sobre
todo
esto
con
sus
maestros.
Puesto
que
se
volverán
adultos,
van
a
tener
maridos,
esposas,
hijos,
y
tendrán
que
saberlo
todo
acerca
de
lo
que
es
la
vida,
la
vida
con
su
lucha
para
ganarse
la
subsistencia,
con
sus
desdichas,
con
su
belleza
extraordinaria.
Todo
esto
tendrán
que
conocerlo
y
comprenderlo;
y
la
escuela
es
el
lugar
para
aprender
acerca
de
estas
cosas.
Si
los
maestros
les
enseñan
meramente
matemáticas
y
geografía,
historia
y
ciencia,
es
obvio
que
eso
resulta
insuficiente.
Lo
importante
para
ustedes
es
que
estén
alerta,
que
hagan
preguntas,
que
descubran,
de
modo
que
puedan
despertar
la
propia
iniciativa.
Hemos
estado
considerando
el
problema
del
temor.
Vimos
que
casi
todos
estamos
atemorizados
y
que
el
temor
impide
la
iniciativa
porque
hace
que
nos
aferremos
a
la
gente
y
a
las
cosas
como
una
enredadera
se
aferra
a
un
árbol.
Nos
aferramos
a
nuestros
padres,
a
nuestros
maridos,
a
nuestros
hijos
e
hijas,
a
nuestras
esposas
y
a
nuestras
posesiones.
Ésa
es
la
forma
exterior
del
temor.
Estando
internamente
atemorizados,
tenemos
miedo
de
estar
solos.
Podremos
poseer
muchos
saris,
joyas
y
otras
propiedades,
pero
internamente,
psicológicamente,
somos
muy
pobres.
Cuanto
más
pobres
somos
en
lo
interno,
tanto
más
tratamos
de
enriquecemos
exteriormente
apegándonos
a
las
personas,
a
la
posición,
a
la
propiedad.
Cuando
estamos
atemorizados
nos
aferramos
no
sólo
a
las
cosas
externas
sino
también
a
las
internas,
tales
como
la
tradición.
Para
la
mayoría
de
las
personas
de
edad
avanzada
y
para
las
que
en
lo
interno
son
insuficientes
y
vacías,
la
tradición
importa
muchísimo.
¿Han
notado
esto
entre
sus
amigos,
sus
padres
y
maestros?
¿Lo
han
notado
en
sí
mismos?
En
el
momento
en
que
hay
temor,
temor
interno,
tratan
de
ocultarlo
bajo
la
respetabilidad,
siguiendo
una
tradición,
y
así
pierden
la
iniciativa.
A
causa
de
que
les
falta
iniciativa
y
sólo
siguen
a
otros,
la
tradición
se
vuelve
muy
importante,
la
tradición
de
lo
que
dice
la
gente,
la
tradición
de
lo
que
ha
sido
transmitido
desde
el
pasado,
la
tradición
que
carece
de
vitalidad,
del
sabor
de
la
vida,
porque
es
una
mera
repetición
sin
significado
alguno.
Cuando
uno
tiene
miedo,
hay
siempre
una
tendencia
a
imitar.
¿Han
notado
eso?
Las
personas
que
tienen
miedo
imitan
a
otras;
se
aferran
a
la
tradición,
a
sus
padres,
a
sus
esposas
o
maridos,
a
sus
hermanos.
Y
la
imitación
destruye
la
iniciativa.
¿Saben?,
cuando
dibujan
o
pintan
un
árbol,
no
imitan
el
árbol,
no
lo
copian
exactamente
como
es,
lo
cual
sería
una
mera
fotografía.
A
fin
de
tener
la
libertad
necesaria
para
pintar
un
árbol
o
una
flor
o
una
puesta
del
sol,
tienen
que
sentir
lo
que
estas
cosas
les
comunican,
el
significado,
el
sentido
que
tienen.
Esto
es
muy
importante:
que
traten
de
comunicar
el
significado
de
lo
que
ven
y
no
que
meramente
lo
copien,
porque
de
ese
modo
están
abiertos
al
proceso
creativo.
Y
para
esto
tiene
que
haber
una
mente
que
sea
libre,
que
no
esté
cargada
con
la
tradición,
con
la
imitación.
¡Miren
nada
más
que
sus
propias
vidas
y
las
vidas
de
quienes
los
rodean,
vean
lo
tradicionales,
lo
imitativas
que
son!
En
ciertas
cuestiones
están
ustedes
obligados
a
ser
imitativos,
tal
como
en
las
ropas
que
visten,
en
los
libros
que
leen,
en
el
idioma
que
hablan.
Éstas
son
todas
formas
de
imitación.
Pero
es
necesario
ir
más
allá
de
este
nivel
y
sentimos
libres
para
pensar
las
cosas
por
nosotros
mismos,
de
modo
que
no
aceptemos
irreflexivamente
lo
que
algún
otro
dice,
sin
¡importar
quién
sea:
un
maestro
en
la
escuela,
un
padre
o
uno
de
los
grandes
instructores
religiosos.
Es
esencial
que
piensen
las
cosas
por
sí
mismos
y
no
sigan
a
nadie,
porque
el
seguimiento
indica
temor,
¿no
es
así?
En
el
momento
en
que
alguien
les
ofrece
algo
que
ustedes
desean
-el
paraíso,
el
cielo
o
un
empleo
mejor-,
hay
temor
de
no
obtenerlo;
por
consiguiente,
empiezan
a
obedecer,
a
seguir.
En
tanto
estén
deseando
algo
se
hallan
atados
al
temor;
y
el
temor
mutila
la
mente
de
tal
modo,
que
no
pueden
ser
libres.
¿Saben
lo
que
es
una
mente
libre?
¿Alguna
vez
han
observado
la
propia
mente?
No
es
libre,
¿verdad?
Siempre
están
a
la
expectativa
de
lo
que
sus
amigos
dicen
de
ustedes.
Esa
mente
es
como
una
casa
cercada
por
una
valla
o
por
un
alambre
de
púas.
En
este
estado
nada
nuevo
puede
acontecer;
lo
nuevo
sólo
es
posible
cuando
no
hay
temor.
Y
es
extremadamente
difícil
para
la
mente
estar
libre
de
temor,
porque
ello
implica
realmente
estar
libres
del
deseo
de
imitar,
de
seguir,
libres
del
deseo
de
acumular
riquezas
o
de
amoldarse
a
una
tradición,
todo
lo
cual
no
quiere
decir
que
hayan
de
hacer
algo
extravagante.
La
libertad
de
la
mente
adviene
cuando
no
hay
temor,
cuando
la
mente
no
desea
alardear
y
no
urde
intrigas
en
busca
de
posición
o
prestigio.
Entonces
no
hay
sentido
de
imitación.
Y
es
importante
tener
una
mente
así,
una
mente
de
verdad
libre
de
la
tradición,
la
cual
constituye
el
mecanismo
formador
de
los
hábitos.
¿Es
esto
demasiado
difícil?
No
creo
que
sea
tan
difícil
como
la
geografía
o
las
matemáticas
de
ustedes.
Es
mucho
más
fácil,
sólo
que
jamás
han
pensado
al
respecto.
Pasan
diez
o
quince
años
de
sus
vidas
en
la
escuela
adquiriendo
información;
sin
embargo,
nunca
se
toman
tiempo
-ni
una
semana,
ni
siquiera
un
día-
para
pensar
plenamente,
completamente
en
algunas
de
estas
cosas.
Por
eso
parece
tan
difícil,
pero
en
realidad
no
lo
es
en
absoluto.
Al
contrario,
si
le
dedican
tiempo
podrán
ver
por
sí
mismos
cómo
trabaja
la
mente
de
ustedes,
cómo
opera,
cómo
responde.
Y
es
muy
importante
que
empiecen
a
comprender
su
propia
mente
mientras
son
jóvenes,
de
otro
modo
crecerán
siguiendo
alguna
tradición,
lo
cual
tiene
muy
poco
sentido;
imitarán,
o
sea,
que
seguirán
cultivando
el
temor
y
así
nunca
serán
libres.
¿Han
advertido
lo
atados
que
están
a
la
tradición
aquí,
en
la
India?
Deben
casarse
de
cierta
manera,
sus
padres
eligen
al
marido
o
a
la
esposa.
Deben
practicar
ciertos
rituales;
puede
que
éstos
no
tengan
ningún
sentido,
pero
están
obligados
a
practicarlos.
Tienen
líderes
a
quienes
deben
seguir.
Todo
alrededor
de
ustedes,
si
lo
han
observado,
refleja
un
estilo
de
vida
en
el
que
la
autoridad
se
halla
muy
bien
afirmada.
Está
la
autoridad
del
gurú,
la
autoridad
del
grupo
político,
la
autoridad
de
los
padres
y
de
la
opinión
pública.
Cuanto
más
antigua
es
una
civilización,
tanto
mayor
es
el
peso
de
la
tradición,
con
su
serie
de
imitaciones;
y,
estando
agobiada
por
ese
peso,
la
mente
de
ustedes
jamás
es
libre.
Pueden
hablar
de
libertad
política
o
de
cualquier
otro
tipo
de
libertad,
pero
como
individuos
nunca
son
libres
para
descubrir
por
sí
mismos;
siempre
están
siguiendo,
siguiendo
un
ideal,
siguiendo
a
algún
gurú
o
maestro,
alguna
superstición
absurda.
Por
lo
tanto,
toda
la
vida
de
ustedes
está
restringida,
limitada,
confinada
a
ciertas
ideas;
y
muy
en
lo
hondo,
está
el
temor.
¿Cómo
pueden
pensar
libremente,
si
hay
temor?
Por
eso
es
tan
importante
estar
conscientes
de
todas
estas
cosas.
Si
ven
una
víbora
y
saben
que
es
venenosa,
se
apartan,
no
se
acercan
a
ella.
Pero
ignoran
que
se
hallan
atrapados
en
una
serie
de
imitaciones
que
impiden
la
iniciativa;
están
atrapados
en
ellas
inconscientemente.
Pero
si
comienzan
a
tomar
conciencia
de
ellas
y
de
cómo
los
tienen
sujetos,
si
se
dan
cuenta
del
hecho
de
que
quieren
imitar
porque
sienten
temor
de
lo
que
la
gente
pueda
decir,
porque
temen
a
sus
padres
o
a
sus
maestros,
entonces
podrán
mirar
todas
estas
imitaciones
en
las
que
están
atrapados,
podrán
examinarlas
como
estudian
las
matemáticas
o
cualquier
otra
materia.
¿Están
conscientes,
por
ejemplo,
de
que
tratan
a
las
mujeres
de
distinta
manera
que
a
los
hombres?
¿Por
qué
tratan
desdeñosamente
a
las
mujeres?
Al
menos
los
hombres
lo
hacen
con
frecuencia.
¿Por
qué
van
a
un
templo,
por
qué
practican
rituales,
por
qué
siguen
a
un
gurú?
Vean,
primero
tienen
que
darse
cuenta
de
todas
estas
cosas
y
después
pueden
investigarlas,
cuestionarlas,
estudiarlas;
pero
si
todo
lo
aceptan
ciegamente
porque
por
los
últimos
treinta
siglos
ha
sido
así,
entonces
eso
no
tiene
sentido,
¿verdad?
Lo
que
indudablemente
necesitamos
son
individuos
como
ustedes
y
como
yo
que
están
comenzando
a
examinar
todos
estos
problemas,
no
de
manera
superficial
o
casual
sino
más
y
más
profunda,
a
fin
de
que
la
mente
tenga
libertad
para
ser
creativa,
libertad
para
pensar,
libertad
para
amar.
La
educación
es
un
medio
para
descubrir
nuestra
verdadera
relación
con
las
cosas,
con
otros
seres
humanos
y
con
la
naturaleza.
Pero
la
mente
crea
ideas.
Y
estas
ideas
se
vuelven
tan
fuertes,
tan
dominantes,
que
nos
impiden
mirar
más
allá.
En
tanto
haya
temor
hay
seguimiento
de
la
tradición,
hay
imitación.
Una
mente
que
sólo
imita
es
mecánica,
¿no
es
así?
En
su
funcionamiento
es
como
una
máquina:
no
es
creativa,
no
examina
los
problemas.
Puede
producir
ciertas
acciones,
ciertos
resultados,
pero
no
es
creativa.
Ahora
bien,
lo
que
todos
debemos
hacer
-ustedes
y
yo
igual
que
los
maestros,
los
directores
y
las
autoridades-
es
investigar
juntos
todos
estos
problemas,
de
modo
que
cuando
dejen
este
lugar
sean
individuos
maduros,
capaces
de
considerar
las
cosas
por
sí
mismos,
sin
depender
de
alguna
estupidez
tradicional.
Entonces
tendrán
la
dignidad
de
un
ser
humano
verdaderamente
libre.
Ése
es
todo
el
propósito
de
la
educación,
no
el
de
prepararles
meramente
para
que
aprueben
ciertos
exámenes
y
después,
por
el
resto
de
sus
vidas,
sean
derivados
hacia
algo
que
no
aman,
como
el
convertirse
en
abogados
o
en
oficinistas
o
en
amas
de
casa
o
en
máquinas
de
engendrar
niños.
Tienen
que
insistir
en
que
se
les
imparta
la
clase
de
educación
que
les
estimule
a
pensar
libremente
y
sin
temor,
que
les
ayude
a
investigar,
a
comprender;
deben
exigirla
de
sus
maestros.
De
lo
contrario,
desperdician
la
vida,
¿no
es
así?
Se
les
"educa",
aprueban
los
exámenes
de
licenciatura
o
maestría,
obtienen
un
empleo
que
les
desagrada
pero
que
aceptan
a
causa
de
que
tienen
que
ganar
dinero,
se
casan
y
tienen
hijos...
y
ahí
se
quedan,
clavados
por
el
resto
de
sus
vidas.
Son
desdichados,
infelices,
pendencieros;
no
tienen
nada
que
esperar,
excepto
más
bebés,
más
hambre,
más
desdicha.
¿Llaman
a
esto
el
propósito
de
la
educación?
Por
cierto,
la
educación
tiene
que
ayudarles
a
ser
tan
agudamente
inteligentes
que
puedan
hacer
lo
que
aman
y
no
queden
atascados
en
algo
estúpido
que
les
hará
desgraciados
por
el
resto
de
sus
vidas.
Por
lo
tanto,
mientras
son
jóvenes
deben
despertar
en
su
interior
la
llama
del
descontento,
deben
hallarse
en
un
estado
de
revolución.
Ésta
es
la
época
para
inquirir,
para
descubrir,
para
crecer;
por
eso
insistan
en
que
sus
padres
y
sus
maestros
les
eduquen
apropiadamente.
No
se
satisfagan
meramente
con
sentarse
en
una
aula
y
absorber
información
acerca
de
este
rey
o
de
aquella
guerra.
Estén
descontentos,
acudan
a
sus
maestros
e
inquieran,
descubran.
Si
ellos
no
son
inteligentes,
al
inquirir
así
les
ayudarán
a
que
sean
inteligentes.
Y
cuando
ustedes
dejen
la
escuela
crecerán
en
madurez,
en
verdadera
libertad.
Entonces
continuarán
aprendiendo
durante
toda
la
vida
hasta
que
mueran,
y
serán
seres
humanos
inteligentes,
dichosos.
Interlocutor:
¿
Cómo
hemos
de
adquirir
el
hábito
de
vivir
sin
temor?
K.:
Mira
las
palabras
que
has
usado.
El
"hábito"
implica
un
movimiento
que
se
repite
una
y
otra
y
otra
vez.
Si
haces
algo
una
y
otra
vez,
¿asegura
eso
alguna
cosa,
excepto
la
monotonía?
¿Acaso
es
un
hábito
la
ausencia
de
temor?
Ciertamente,
la
ausencia
de
temor
llega
solamente
cuando
uno
puede
afrontar
los
acontecimientos
de
la
vida
y
resolverlos
a
fondo,
cuando
puede
verlos
y
examinarlos,
pero
no
con
una
mente
agotada
que
está
presa
en
el
hábito.
Si
haces
algo
habitualmente,
si
estás
preso
en
el
hábito,
eres
meramente
una
máquina
repetitivo.
El
hábito
es
repetición,
es
hacer
irreflexivamente
la
misma
cosa
una
y
otra
vez,
lo
cual
¡implica
construir
un
muro
a
nuestro
alrededor.
Si
a
causa
de
algún
hábito
has
construido
un
muro
a
tu
alrededor,
no
estás
libre
del
temor;
es
el
propio
vivir
dentro
del
muro
el
que
te
hace
temer.
Cuando
tenemos
la
inteligencia
para
mirar
todo
lo
que
ocurre
en
la
vida,
lo
cual
implica
examinar
cada
problema,
cada
suceso,
cada
pensamiento
y
emoción,
cada
reacción,
sólo
entonces
estamos
libres
del
temor.
Hemos
estado
hablando
acerca
del
temor
y
de
cómo
vernos
libres
de
él,
y
hemos
visto
cómo
el
temor
pervierte
la
mente
impidiéndole
ser
libre,
creativa
y
privándola,
por
lo
tanto,
de
la
enormemente
importante
cualidad
de
la
iniciativa.
Creo
que
debemos
considerar
también
la
cuestión
de
la
autoridad.
Ustedes
saben
qué
es
la
autoridad,
pero
¿saben
cómo
nace?
El
gobierno
tiene
autoridad,
¿no
es
así?
Está
la
autoridad
del
estado,
de
la
ley,
del
policía
y
del
soldado.
Sus
padres
y
sus
maestros
tienen
cierta
autoridad
sobre
ustedes,
les
hacen
hacer
lo
que
ellos
piensan
que
deben
hacer:
irse
a
dormir
a
cierta
hora,
comer
la
clase
apropiada
de
comida,
conocer
la
clase
correcta
de
personas.
Les
disciplinan,
¿verdad?
¿Por
qué?
Dicen
que
es
por
el
propio
bien
de
ustedes.
¿Lo
es?
Investigaremos
eso.
Pero
primero
tenemos
que
comprender
cómo
surge
la
autoridad.
La
autoridad
es
coacción,
compulsión,
el
poder
de
una
persona
sobre
otra,
de
los
pocos
sobre
los
muchos
o
de
los
muchos
sobre
los
pocos.
Por
el
hecho
de
que
alguien
sea
mi
padre
o
mi
madre,
¿tiene
algún
derecho
sobre
mí?
¿Qué
derecho
tiene
cualquiera
de
tratar
a
otro
como
basura?
¿Qué
piensan
ustedes
que
da
origen
a
la
autoridad?
Obviamente,
en
primer
lugar
está
el
deseo
que
cada
uno
de
nosotros
tiene
de
encontrar
un
modo
seguro
de
comportamiento:
queremos
que
se
nos
diga
lo
que
debemos
hacer.
Estando
confundidos,
preocupados
y
no
sabiendo
qué
hacer,
acudimos
a
un
sacerdote,
a
un
maestro,
a
un
padre
o
a
alguna
otra
persona
buscando
una
salida
para
nuestra
confusión.
A
causa
de
que
pensamos
que
él
sabe
mejor
que
nosotros
lo
que
hay
que
hacer,
vamos
a
ver
al
gurú
o
a
algún
otro
hombre
ilustrado
y
le
pedimos
que
nos
diga
cómo
debemos
actuar.
Por
lo
tanto,
es
nuestro
deseo
de
encontrar
un
estilo
particular
de
la
vida,
una
forma
de
conducta,
lo
que
da
origen
a
la
autoridad,
¿no
es
así?
Digamos,
por
ejemplo,
que
voy
a
ver
a
un
gurú.
Acudo
a
él
porque
pienso
que
es
un
gran
hombre
que
conoce
la
verdad,
que
conoce
a
Dios
y
que,
por
lo
tanto,
puede
darme
paz.
No
sé
nada
acerca
de
todo
esto
por
mí
mismo,
de
modo
que
acudo
a
él,
me
prostemo,
le
ofrezco
flores,
le
entrego
mi
devoción.
Deseo
ser
consolado,
que
me
digan
lo
que
tengo
que
hacer
y,
de
ese
modo,
creo
una
autoridad.
Esa
autoridad
no
tiene
una
existencia
real
fuera
de
mí.
Mientras
son
ustedes
jóvenes,
el
maestro
puede
señalarles
aquello
que
no
conocen.
Pero
si
es
de
verdad
inteligente,
les
ayudará
a
que
crezcan
para
ser
también
inteligentes,
les
ayudará
a
que
comprendan
la
confusión
en
que
viven
a
fin
de
que
no
busquen
la
autoridad,
ni
la
de
él
ni
la
de
ningún
otro.
Existe
la
autoridad
externa
del
estado,
de
la
ley,
del
policía.
Somos
nosotros
los
que
creamos
exteriormente
esta
autoridad,
porque
tenemos
propiedades
que
proteger.
La
propiedad
es
nuestra
y
no
queremos
que
ningún
otro
la
tenga,
y
así
creamos
un
gobierno
para
que
proteja
lo
que
poseemos.
El
gobierno
se
convierte
en
nuestra
autoridad;
es
nuestra
invención,
para
que
nos
proteja,
para
que
proteja
nuestro
estilo
de
vida,
nuestro
sistema
de
pensamiento.
Gradualmente,
a
través
de
siglos,
hemos
establecido
un
sistema
de
leyes,
de
autoridad:
el
estado,
el
gobierno,
la
policía,
el
ejército,
para
que
"me"
proteja
y
proteja
lo
"mío".
También
está
la
autoridad
del
ideal,
que
no
es
externa
sino
interna.
Cuando
decimos:
"debo
ser
bueno,
no
debo
ser
envidioso,
debo
sentirme
fraternal
con
todos",
creamos
en
nuestra
mente
la
autoridad
de
un
ideal,
¿no
es
así?
Supongamos
que
soy
intrigante,
estúpido,
cruel,
que
lo
quiero
todo
para
mí,
que
deseo
el
poder.
Ése
es
el
hecho,
es
lo
que
realmente
soy.
Pero
pienso
que
debo
ser
fraternal
porque
así
lo
han
dicho
las
personas
religiosas,
y
también
porque
es
conveniente,
provechoso
decir
eso;
en
consecuencia,
creo
el
ideal
de
la
fraternidad.
No
soy
fraternal,
pero
por
diversas
razones
deseo
serio;
de
ese
modo,
el
ideal
se
convierte
en
mi
autoridad.
Entonces,
a
fin
de
vivir
conforme
a
ese
ideal,
me
impongo
una
disciplina.
Me
siento
muy
envidioso
de
usted
porque
tiene
un
abrigo
mejor
o
un
sari
más
bonito
o
más
títulos;
por
consiguiente,
digo:
"no
debo
tener
sentimientos
de
envidia,
debo
ser
fraternal".
El
ideal
se
ha
vuelto
mi
autoridad
y
trato
de
vivir
conforme
a
ese
ideal.¿Qué
sucede
entonces?
Que
vida
se
convierte
en
una
batalla
constante
entre
lo
que
soy
y
lo
que
debería
ser.
Me
disciplino,
y
el
estado
también
me
disciplina;
ya
sea
comunista,
socialista
o
capitalista,
el
estado
tiene
ideas
acerca
de
cómo
debo
comportarme.
Si
vivo
en
un
estado
así
y
hago
algo
contrario
a
la
ideología
oficial,
soy
reprimido
por
el
estado,
o
sea,
por
los
pocos
que
controlan
el
estado.
Existen
en
nosotros
dos
partes:
la
parte
consciente
y
la
parte
inconsciente.
¿Comprenden
lo
que
eso
significa?
Supongan
que
estoy
paseando
por
el
camino
y
hablo
con
un
amigo.
Mi
mente
consciente
está
ocupada
con
nuestra
conversación,
pero
hay
otra
parte
de
mí
que
está
absorbiendo
inconscientemente
innumerables
impresiones:
los
árboles,
las
hojas,
los
pájaros,
la
luz
del
sol
sobre
el
agua.
Este
impacto
de
lo
externo
sobre
lo
inconsciente
ocurre
todo
el
tiempo,
aunque
nuestra
mente
consciente
esté
ocupada.
Y
lo
que
absorbe
el
inconsciente
es
mucho
más
importante
que
lo
que
absorbe
la
mente
consciente.
Ésta
puede
absorber
comparativamente
poco.
Ustedes
absorben
conscientemente,
por
ejemplo,
lo
que
se
les
enseña
en
la
escuela,
y
eso
no
es
realmente
mucho.
Pero
la
mente
inconsciente
está
absorbiendo
de
manera
constante
las
acciones
recíprocas
entre
ustedes
y
el
maestro,
entre
ustedes
y
sus
amigos;
todo
esto
ocurre
subterráneamente
e
importa
mucho
más
que
la
mera
absorción
de
hechos
en
la
superficie.
De
manera
similar,
durante
estas
charlas
de
cada
mañana,
la
mente
inconsciente
está
absorbiendo
constantemente
lo
que
se
dice,
y
más
tarde,
durante
el
día
o
durante
la
semana,
de
pronto
lo
recordarán.
Esto
tendrá
un
efecto
mayor
sobre
ustedes
que
lo
que
escuchan
conscientemente.
Volvamos
atrás:
nosotros
creamos
la
autoridad,
la
autoridad
del
estado,
de
la
policía,
la
autoridad
del
ideal,
la
autoridad
de
la
tradición.
Quiero
hacer
algo,
pero
mi
padre
dice:
"No
lo
hagas".
Tengo
que
obedecerle,
de
lo
contrario
se
enojará
y
dependo
de
él
para
alimentarme.
Él
me
controla
mediante
el
temor,
¿no
es
así?
Por
lo
tanto,
se
convierte
en
mi
autoridad.
De
igual
modo,
estamos
controlados
por
la
tradición:
"debes
hacer
eso
y
no
aquello,
debes
vestir
tu
sari
de
cierta
manera,
no
debes
mirar
a
los
muchachos,
o
a
las
chicas..."
La
tradición
les
dice
lo
que
deben
hacer;
y
la
tradición,
después
de
todo,
es
conocimiento,
¿verdad?
Están
los
libros
que
les
dicen
lo
que
hay
que
hacer,
sus
padres
les
dicen
lo
que
hay
que
hacer,
la
sociedad
y
la
religión
les
dicen
lo
que
hay
que
hacer.
¿Y
a
ustedes
qué
les
ocurre?
Quedan
aplastados,
abatidos.
Jamás
piensan,
jamás
actúan
y
viven
vitalmente,
porque
todas
estas
cosas
les
atemorizan.
Dicen
que
tienen
que
obedecer,
de
otro
modo
estarán
indefensos.
¿Qué
significa
esto?
Significa
que
han
creado
la
autoridad,
a
causa
de
que
están
buscando
un
modo
seguro
de
conducirse,
una
manera
segura
de
vivir.
La
persecución
misma
de
la
seguridad
crea
autoridad,
y
así
es
como
nos
volvemos
meros
esclavos,
dientes
en
las
ruedas
de
una
maquinaria,
viviendo
sin
ninguna
capacidad
para
pensar,
para
crear.
No
sé
si
ustedes
pintan.
Si
lo
hacen,
generalmente
el
maestro
de
arte
les
dice
cómo
pintar.
Ven
un
árbol
y
lo
copian.
Pero
pintar
es
ver
el
árbol
y
expresar
sobre
la
tela
o
en
el
papel
lo
que
sienten
respecto
de
ese
árbol,
lo
que
significa:
el
movimiento
de
las
hojas
con
el
susurro
del
viento
que
pasa
entre
ellas.
Para
hacer
eso,
para
captar
el
movimiento
de
la
luz
y
de
las
sombras,
tienen
que
ser
muy
sensibles.
¿Y
cómo
pueden
ser
muy
sensibles
a
cualquier
cosa
si
tienen
miedo
y
están
todo
el
tiempo
diciendo:
"debo
hacer
esto,
debo
hacer
aquello,
de
lo
contrario,
¿qué
pensará
la
gente?".
Toda
sensibilidad
a
lo
bello
es
paulatinamente
destruida
por
la
autoridad.
Surge,
entonces,
el
problema
de
si
una
escuela
de
esta
clase
debe
disciplinarles.
Vean
las
dificultades
que
los
maestros,
si
son
verdaderos
maestros,
tienen
que
afrontar.
Alguno
de
ustedes
es
una
chica
o
un
chico
desobediente;
si
yo
soy
un
maestro,
¿debo
imponerle
una
disciplina?
Si
lo
hago,
¿qué
ocurre?
Siendo
más
grande,
teniendo
más
autoridad
y
todo
eso,
y
porque
me
pagan
para
hacer
ciertas
cosas,
le
obligo
a
obedecer.
Al
hacerlo,
¿no
estoy
mutilando
su
mente?
¿No
estoy
comenzando
a
destruir
su
inteligencia?
Si
le
fuerzo
para
que
haga
las
cosas
porque
pienso
que
eso
es
lo
correcto,
¿no
le
vuelvo
estúpido?
Y
a
ustedes
les
gusta
ser
disciplinados,
que
les
fuercen
para
que
hagan
las
cosas,
aun
cuando
exteriormente
puedan
objetarle.
Eso
les
da
una
sensación
de
seguridad.
Si
no
les
forzaran,
piensan
que
estarían
realmente
mal,
que
harían
cosas
incorrectas;
por
lo
tanto,
dicen:
"por
favor,
disciplíneme,
ayúdeme
a
comportarme
correctamente".
Entonces,
¿debo
disciplinarles
o
más
bien
ayudarles
a
que
comprendan
por
qué
son
desobedientes,
por
qué
hacen
esto
o
aquello?
Esto
significa,
sin
duda,
que
como
maestro
o
padre
no
debo
tener
sentido
alguno
de
autoridad.
Debo
ayudarles
realmente
a
que
comprendan
sus
dificultades,
por
qué
son
malos,
por
qué
huyen;
debo
desear
que
se
comprendan
a
sí
mismos.
Si
les
fuerzo
no
les
ayudo.
Si
como
maestro
quiero
ayudarles
de
verdad
a
que
se
comprendan
a
sí
mismos,
eso
significa
que
sólo
puedo
ocuparme
de
unos
pocos
niños
o
niñas.
No
puedo
tener
cincuenta
estudiantes
en
mi
clase.
Sólo
he
de
tener
unos
pocos,
de
modo
que
pueda
prestar
atención
individual
a
cada
uno
de
ellos.
Entonces,
no
crearé
la
autoridad
que
les
obligue
a
hacer
algo
que
probablemente
harían
por
su
propia
cuenta
una
vez
que
se
comprendieran
a
sí
mismos.
Espero,
pues,
que
vean
cómo
la
autoridad
destruye
la
inteligencia.
Después
de
todo,
la
inteligencia
puede
advenir
sólo
cuando
hay
libertad,
libertad
para
pensar,
para
sentir,
para
observar,
para
investigar.
Pero
si
les
fuerzo,
les
hago
tan
tonitos
como
yo
lo
soy;
y
esto
es
lo
que
por
lo
general
ocurre
en
una
escuela.
El
maestro
enseña
lo
que
sabe
él
y
no
saben
ustedes.
¿Pero
qué
es
lo
que
el
maestro
sabe?
Un
poquito
más
de
matemáticas
o
geografía.
Él
no
ha
resuelto
ninguno
de
los
problemas
vitales,
no
ha
investigado
las
cosas
enormemente
importantes
de
la
vida,
¡y
truena
como
Júpiter
o
como
un
sargento
mayor!
Por
lo
tanto,
en
una
escuela
de
esta
clase
es
esencial
que,
en
vez
de
ser
meramente
disciplinados
para
que
hagan
lo
que
se
les
dice,
se
les
ayude
a
comprender,
a
ser
inteligentes
y
libres,
porque
entonces
serán
capaces
de
afrontar
sin
temor
todas
las
dificultades
de
la
vida.
Esto
requiere
un
maestro
competente,
un
maestro
que
se
interese
realmente
por
ustedes,
que
no
está
preocupado
por
el
dinero,
por
su
esposa
y
sus
hijos;
y
es
responsabilidad
tanto
de
los
estudiantes
como
de
los
maestros
crear
un
estado
de
cosas
semejante.
No
se
limiten
a
obedecer,
descubran
cómo
resolver
un
problema
por
sí
mismos.
No
digan:
"hago
esto
porque
mi
padre
quiere
que
lo
haga".
Descubran
más
bien
por
qué
quiere
él
que
lo
hagan,
por
qué
piensa
él
que
una
cosa
es
buena
y
alguna
otra
es
mala.
Háganle
preguntas,
de
modo
tal
que
no
sólo
despierten
la
propia
inteligencia,
sino
que
también
le
ayuden
a
él
a
ser
inteligente.
¿Pero
qué
es
lo
que
suele
ocurrir
cuando
comienzan
a
hacerle
preguntas
a
su
padre?
Él
les
castiga,
¿no
es
así?
Está
preocupado
por
su
trabajo
y
no
tiene
la
paciencia,
el
amor
para
sentarse
y
conversar
con
ustedes
sobre
las
enormes
dificultades
de
la
existencia,
de
ganarse
la
vida,
de
tener
una
esposa
o
un
marido.
No
quiere
tomarse
tiempo
para
examinar
todo
esto,
de
modo
que
les
aparta
o
les
manda
a
la
escuela.
Y
en
esto,
el
maestro
es
igual
que
el
padre
de
ustedes,
igual
que
cualquier
otra
persona.
Pero
es
responsabilidad
de
los
maestros,
de
los
padres
y
de
todos
ustedes,
los
estudiantes,
contribuir
al
despertar
de
la
inteligencia.
Interlocutor:
¿De
qué
modo
puede
uno
ser
inteligente?
K.:
¿Qué
implica
esta
pregunta?
Quieres
un
método
por
el
cual
ser
inteligente,
lo
cual
implica
que
sabes
lo
que
es
la
inteligencia.
Cuando
vas
a
algún
lugar,
ya
sabes
cuál
es
tu
destino
y
sólo
tienes
que
averiguar
el
modo
de
llegar
más
allá.
De
igual
manera,
piensas
que
sabes
lo
que
es
la
inteligencia
y
deseas
un
método
por
el
cual
puedas
ser
inteligente.
La
inteligencia
es
el
cuestionamiento
del
método.
El
temor
destruye
la
inteligencia,
¿no
es
así?
El
temor
te
impide
examinar,
cuestionar,
inquirir;
te
impide
descubrir
lo
verdadero.
Quizá
llegues
a
ser
inteligente
cuando
ya
no
sientas
temor.
Tienes
que
investigar
todo
el
problema
del
temor
y
estar
libre
del
temor;
entonces
existe
la
posibilidad
de
que
seas
inteligente.
Pero
si
preguntas:
"¿de
qué
modo
puedo
ser
inteligente?",
estás
cultivando
meramente
un
método
y
así
te
vuelves
tonto.
Interlocutor:
Todos
sabemos
que
vamos
a
morir
¿Por
qué
le
tenemos
miedo
a
la
muerte?
K.:
¿Por
qué
le
temes
a
la
muerte?
Tal
vez
sea
porque
no
sabes
cómo
vivir.
Si
supieras
cómo
vivir
plenamente,
¿le
tendrías
miedo
a
la
muerte?
Si
amaras
los
árboles,
la
puesta
del
sol,
si
amaras
a
los
pájaros,
la
hoja
que
cae,
si
tuvieras
conciencia
de
los
hombres
y
mujeres
que
lloran,
de
la
gente
pobre,
si
realmente
sintieras
amor
en
tu
corazón,
¿estarías
temeroso
de
la
muerte?
¿Lo
estarías?
No
te
dejes
persuadir
por
mí.
Consideremóslo
juntos.
Ustedes
no
viven
con
alegría,
no
son
dichosos,
no
son
vitalmente
sensibles
a
las
cosas;
por
eso
preguntan
qué
va
a
pasar
cuando
mueran.
Para
ustedes
la
vida
es
dolor,
por
eso
están
mucho
más
interesados
en
la
muerte.
Sienten
que
tal
vez
habrá
felicidad
después
de
la
muerte.
Pero
ése
es
un
problema
tremendo
y
ustedes
no
saben
cómo
investigarlo.
Después
de
todo,
en
el
fondo
de
esto
está
el
temor:
temor
de
morir,
temor
de
vivir,
temor
de
sufrir.
Si
no
pueden
comprender
qué
es
lo
que
causa
el
temor
y
se
libran
de
él,
entonces
no
tiene
mucha
importancia
si
están
viviendo
o
si
están
muertos.
Interlocutor:
¿Como
podemos
vivir
dichosamente?
K.:
Cuando
estás
viviendo
dichosamente,
¿lo
sabes?
Sabes
cuando
estás
sufriendo,
cuando
tienes
un
dolor
físico.
Cuando
alguien
te
golpea
o
se
enoja
contigo,
sabes
que
sufres.
Pero
cuando
eres
dichoso,
¿lo
sabes?
¿Tienes
conciencia
de
tu
cuerpo
cuando
está
sano?
Ciertamente,
la
felicidad
es
un
estado
del
cual
somos
inconscientes,
del
cual
no
nos
percatamos.
En
el
momento
en
que
nos
damos
cuenta
de
que
somos
felices,
dejamos
de
ser
felices,
¿no
es
así?
Pero
casi
todos
ustedes
sufren;
siendo
conscientes
de
eso,
desean
escapar
del
sufrimiento
hacia
lo
que
llaman
felicidad.
Quieren
ser
conscientemente
felices;
y
en
el
momento
en
que
son
conscientemente
felices,
la
felicidad
se
ha
ido.
¿Puedes
decir
alguna
vez
que
eres
dichoso?
Es
solamente
después,
un
instante
o
una
semana
después
cuando
dices:
"
¡qué
feliz
fui,
qué
dichoso
he
sido!".
En
el
instante
real
eres
inconsciente
de
la
felicidad,
y
ésa
es
su
belleza.
El
problema
de
la
disciplina
es
realmente
muy
complejo,
porque
la
mayoría
de
nosotros
piensa
que
mediante
alguna
forma
de
disciplina
tendremos
finalmente
la
libertad.
La
disciplina
es
el
cultivo
de
la
resistencia,
¿no
es
así?
Pensamos
que
resistiendo,
erigiendo
internamente
una
barrera
contra
algo
que
considerarnos
malo,
seremos
más
capaces
de
comprenderlo
y
de
tener
libertad
para
vivir
plenamente;
pero
eso
no
es
un
hecho,
¿verdad?
Cuanto
más
resisten
o
luchan
contra
algo,
tanto
menos
lo
comprenden.
Ciertamente,
es
sólo
cuando
hay
libertad,
verdadera
libertad
para
pensar,
para
descubrir,
cuando
uno
puede
llegar
a
saber
alguna
cosa.
Pero
la
libertad,
obviamente,
no
puede
existir
dentro
de
una
estructura.
Y
casi
todos
nosotros
vivimos
en
una
estructura,
en
un
mundo
creado
por
ideas,
¿no
es
así?
Por
ejemplo,
sus
padres
y
sus
maestros
les
dicen
lo
que
está
bien
y
lo
que
está
mal,
qué
es
dañino
y
qué
es
beneficioso.
Y
ustedes
saben
lo
que
dice
la
gente,
lo
que
dice
el
sacerdote,
lo
que
dice
la
tradición
y
lo
que
han
aprendido
en
la
escuela.
Todo
eso
forma
una
especie
de
cercado
dentro
del
cual
viven,
y,
viviendo
dentro
de
ese
cercado,
dicen
que
son
libres.
¿Lo
son?
¿Puede
un
hombre
ser
libre
alguna
vez,
en
tanto
esté
viviendo
en
una
prisión?
Por
lo
tanto,
uno
ha
de
demoler
los
muros
que
lo
mantienen
preso
en
la
tradición
y
descubrir
por
sí
mismo
qué
es
lo
real,
lo
verdadero.
Tiene
que
experimentar
y
descubrir
por
su
cuenta,
y
no
seguir
meramente
a
alguien,
por
noble
o
estimulante
que
sea
esa
persona
y
por
feliz
que
uno
pueda
sentirse
en
su
presencia.
Lo
importante
es
ser
capaz
de
examinar,
no
sólo
aceptar,
todos
los
valores
creados
por
la
tradición,
todas
las
cosas
que
la
gente
ha
dicho
que
son
buenas,
beneficiosas,
valiosas.
En
el
momento
en
que
aceptan,
empiezan
a
amoldarse,
a
imitar;
y
el
amoldarse,
el
imitar,
el
seguir,
jamás
pueden
hacer
que
uno
sea
libre
y
dichoso.
Nuestros
mayores
dicen
que
ustedes
deben
ser
disciplinados.
La
disciplina
se
la
imponen
ustedes
a
sí
mismos
y
les
es
impuesta
por
otros,
desde
fuera.
Pero
lo
importante
es
estar
libres
para
pensar,
para
inquirir,
de
modo
que
puedan
empezar
a
descubrir
por
sí
mismos.
Por
desgracia,
la
mayoría
de
la
gente
no
quiere
pensar,
no
quiere
descubrir;
tiene
mentes
cerradas.
Pensar
profundamente,
investigar
las
cosas
y
descubrir
por
uno
mismo
lo
que
es
verdadero,
resulta
muy
difícil;
requiere
percepción
alerta,
investigación
constante,
y
la
mayoría
de
las
personas
no
tiene
ni
la
disposición
ni
la
energía
para
eso.
Dicen:
"usted
sabe
mejor
que
yo;
usted
es
mi
gurú,
mi
maestro,
y
yo
le
seguiré".
Es
entonces
muy
importante
que
desde
la
más
tierna
edad
estén
ustedes
libres
para
descubrir
y
no
se
hallen
cercados
por
un
muro
de
"debes"
y
"no
debes",
porque
si
les
dicen
constantemente
lo
que
deben
y
lo
que
no
deben
hacer,
¿qué
ocurrirá
con
su
inteligencia?
Serán
entidades
irreflexivas
que
solamente
siguen
una
carrera,
a
las
que
sus
padres
les
dicen
con
quién
deben
casarse
o
no
casarse;
y
eso,
evidentemente,
no
es
la
acción
de
la
inteligencia.
Ustedes
podrán
pasar
sus
exámenes
y
ser
muy
prósperos,
podrán
tener
buenas
ropas
y
estar
llenos
de
joyas,
podrán
gozar
de
amigos
y
de
prestigio,
pero
en
tanto
estén
atados
por
la
tradición,
no
puede
haber
inteligencia.
La
inteligencia,
por
cierto,
adviene
sólo
cuando
tenemos
libertad
para
investigar,
para
considerar
cuidadosamente
las
cosas
y
descubrir;
de
ese
modo
nuestra
mente
se
vuelve
muy
activa,
muy
alerta
y
clara.
Entonces
somos
individuos
plenamente
integrados,
no
entidades
temerosas
que,
no
sabiendo
qué
hacer,
sienten
internamente
una
cosa
y
exteriormente
se
ajustan
a
algo
diferente.
La
inteligencia
les
exige
que
rompan
con
la
tradición
y
vivan
su
propia
vida,
pero
están
cercados
por
las
ideas
de
sus
padres
acerca
de
lo
que
deben
y
lo
que
no
deben
hacer
y
por
las
tradiciones
de
la
sociedad.
En
consecuencia,
hay
un
conflicto
desarrollándose
internamente,
¿no
es
así?
Ustedes
son
todos
jóvenes,
pero
no
creo
que
sean
demasiado
jóvenes
como
para
no
darse
cuenta
de
todo
esto.
Quieren
hacer
algo,
pero
sus
padres
y
maestros
les
dicen:
"no
lo
hagas".
Por
eso
tiene
lugar
una
lucha
interna,
y
en
tanto
no
resuelvan
esa
lucha
estarán
atrapados
en
el
conflicto,
en
la
pena,
en
el
dolor,
deseando
perpetuamente
hacer
algo
y
estando
impedidos
de
hacerlo.
Si
lo
investigan
cuidadosamente,
verán
que
la
disciplina
y
la
libertad
son
contradictorias,
y
que
al
buscar
la
verdadera
libertad
se
pone
en
marcha
un
proceso
diferente
que
trae
su
propia
clarificación,
de
modo
tal
que
ustedes
simplemente
no
hacen
ciertas
cosas.
Mientras
son
jóvenes,
es
muy
importante
que
estén
libres
para
descubrir
y
se
les
ayude
a
que
descubran
lo
que
realmente
quieren
hacer
en
la
vida.
Si
no
lo
descubren
mientras
son
jóvenes,
jamás
lo
descubrirán
y
ya
nunca
serán
individuos
libres
y
dichosos.
La
semilla
debe
ser
sembrada
ahora,
de
modo
que
comiencen
ahora
a
tomar
la
iniciativa.
En
el
camino,
han
pasado
frecuentemente
junto
a
aldeanas
que
llevan
pesadas
cargas,
¿no
es
así?
¿Qué
sienten
respecto
de
ellas?
Esas
pobres
mujeres
con
los
vestidos
rotos
y
sucios,
con
comida
insuficiente,
que
trabajan
día
tras
día
por
un
jornal
de
hambre,
¿sienten
algo
por
ellas?
¿O
están
ustedes
tan
atemorizados,
tan
ocupados
consigo
mismos,
con
sus
exámenes,
con
su
apariencia,
con
sus
saris,
que
jamás
les
prestan
atención?
Cuando
las
ven
pasar
junto
a
ustedes,
¿qué
sienten?
¿Sienten
que
son
mucho
mejores,
que
pertenecen
a
una
clase
más
alta
y
que,
por
lo
tanto,
no
necesitan
tener
consideración
por
ellas?
¿No
quieren
ayudarlas?
¿No?
Eso
indica
cómo
piensan.
¿Acaso
están
todos
tan
embotados
por
siglos
de
tradición,
por
lo
que
dicen
sus
padres
y
sus
madres,
son
tan
conscientes
de
que
pertenecen
a
cierta
clase,
que
ni
siquiera
miran
a
los
aldeanos
y
aldeanas?
¿Están
realmente
tan
ciegos
que
no
saben
lo
que
pasa
alrededor
de
ustedes?
Es
el
temor,
temor
a
lo
que
dirán
sus
padres,
sus
maestros,
temor
a
la
tradición,
temor
a
la
vida,
lo
que
destruye
gradualmente
la
sensibilidad,
¿no
es
así?
¿Saben
lo
que
es
la
sensibilidad?
Ser
sensible
es
sentir,
recibir
impresiones,
tener
simpatía
por
aquellos
que
sufren,
tener
afecto,
damos
cuenta
de
las
cosas
que
suceden
alrededor
de
nosotros.
Cuando
está
repicando
la
campana
del
templo,
¿se
dan
cuenta
de
ello?
¿Escuchan
el
sonido?
¿Alguna
vez
ven
la
luz
del
sol
sobre
el
agua?
¿Se
dan
cuenta
de
la
gente
pobre,
de
los
aldeanos
que
han
sido
controlados,
oprimidos
durante
siglos
por
los
explotadores?
Cuando
ven
a
un
sirviente
que
lleva
una
alfombra
pesada,
¿le
prestan
ayuda?
Todo
esto
implica
la
sensibilidad.
Pero
ya
lo
ven,
la
sensibilidad
se
destruye
cuando
nos
imponen
una
disciplina,
cuando
sentimos
temor
o
nos
interesamos
mucho
por
nosotros
mismos.
Interesamos
por
nuestra
apariencia,
por
nuestros
saris,
pensar
todo
el
tiempo
en
nosotros
mismos
-cosa
que
casi
todos
hacemos
en
una
u
otra
forma-,
es
ser
insensibles,
porque
entonces
la
mente
y
el
corazón
están
cerrados
y
perdemos
toda
apreciación
de
la
belleza.
Ser
realmente
libre
implica
una
gran
sensibilidad.
No
hay
libertad
si
estamos
cercados
por
el
interés
propio
o
por
distintos
muros
de
disciplinas.
En
tanto
nuestra
vida
sea
un
proceso
de
imitación
no
puede
haber
sensibilidad
ni
libertad.
Es
esencial,
mientras
están
aquí,
sembrar
la
semilla
de
la
libertad,
lo
cual
implica
despertar
la
inteligencia;
porque
con
esa
inteligencia
podrán
ustedes
abordar
todos
los
problemas
de
la
vida.
Interlocutor:
¿Es
factible
para
un
hombre
librarse
de
todo
sentimiento
de
temor
y,
al
mismo
tiempo,
permanecer
en
la
sociedad?
K.:
¿Qué
es
la
sociedad?
Un
conjunto
de
valores,
un
conjunto
de
normas,
regulaciones
y
tradiciones,
¿no
es
así?
Uno
ve
estas
condiciones
externas
y
dice:
"¿puedo
tener
una
relación
práctica
con
todo
eso?"
¿Por
qué
no?
Después
de
todo,
si
uno
encaja
meramente
en
esa
estructura
de
los
valores,
¿es
libre?
¿Y
qué
es
lo
que
entiendes
por
"factible"?
Hay
muchas
cosas
que
uno
puede
hacer
para
ganarse
la
vida;
y
si
eres
libre,
¿acaso
no
puedes
elegir
lo
que
quieres
hacer?
¿No
es
eso
factible?
¿O
considerarías
factible
olvidar
tu
libertad
y
encajar
meramente
en
la
estructura
convirtiéndote
en
abogado,
banquero,
comerciante
o
barrendero?
Ciertamente,
si
eres
libre
y
has
cultivado
tu
inteligencia,
descubrirás
qué
es
lo
mejor
para
tí.
Dejarás
de
lado
todas
las
tradiciones
y
harás
algo
que
amas
realmente,
sin
considerar
lo
que
tus
padres
o
la
sociedad
aprueben
o
desaprueben.
A
causa
de
que
eres
libre
hay
inteligencia,
y
harás
algo
que
es
completamente
tuyo,
actuarás
como
un
ser
humano
integrado.
Interlocutor:
¿Qué
es
Dios?
K.:
¿Como
vas
a
descubrirlo?
¿Aceptando
la
información
de
alguna
otra
persona?
¿O
tratarás
de
descubrir
por
tí
mismo
qué
es
Dios?
Es
fácil
formular
preguntas,
pero
experimentar
la
verdad
requiere
muchísima
inteligencia,
muchísima
búsqueda
e
investigación.
Por
lo
tanto,
la
primera
pregunta
es:
¿vas
a
aceptar
lo
que
otro
dice
acerca
de
Dios?
No
importa
quién
lo
diga,
Krishna,
Buda
o
Cristo,
porque
todos
pueden
estar
equivocados;
del
mismo
modo
puede
estar
equivocado
tu
propio
gurú
particular.
Ciertamente,
para
descubrir
qué
es
verdadero,
tu
mente
tiene
que
estar
libre
para
investigar,
lo
cual
significa
que
no
puede
meramente
aceptar
o
creer.
Yo
puedo
darte
una
descripción
de
la
verdad,
pero
no
será
igual
que
si
experimentas
la
verdad
por
ti
mismo.
Todos
los
libros
sagrados
describen
lo
que
es
Dios,
pero
esa
descripción
no
es
Dios.
La
palabra
"Dios"
no
es
Dios,
¿verdad?
A
fin
de
descubrir
qué
es
verdadero,
jamás
debes
aceptar,
jamás
debes
ser
influido
por
lo
que
puedan
decir
los
libros,
los
maestros
o
cualquier
otra
persona.
Si
eres
influido
por
ellos,
sólo
encontrarás
lo
que
ellos
quieren
que
encuentres.
Y
debes
saber
que
tu
propia
mente
puede
crear
la
imagen
de
lo
que
ella
desea:
puede
imaginar
a
Dios
con
barba
o
con
un
solo
ojo,
puede
hacer
que
sea
azul
o
púrpura.
De
modo
que
has
de
estar
atento
a
tus
propios
deseos
y
no
has
de
dejarte
engañar
por
las
proyecciones
de
tus
propias
necesidades
y
anhelos.
Si
anhelas
ver
a
Dios
de
cierta
manera,
la
imagen
que
verás
estará
de
acuerdo
con
tus
deseos;
y
esa
imagen
no
será
Dios,
¿verdad?
Si
estás
sufriendo
y
deseas
ser
consolado,
o
si
te
sientes
romántico
o
sentimental
en
tus
aspiraciones
religiosas,
a
larga
crearás
un
Dios
que
proveerá
lo
que
necesitas;
pero
eso
tampoco
será
Dios.
Así
que
tu
mente
tiene
que
estar
por
completo
libre;
sólo
entonces
podrás
descubrir
lo
verdadero,
no
mediante
la
aceptación
de
superstición
alguna,
no
mediante
la
lectura
de
los
así
llamados
libros
sagrados
ni
siguiendo
a
ningún
gurú.
Sólo
cuando
tengas
esta
libertad,
esta
verdadera
libertad
respecto
de
las
influencias
externas,
y
también
estés
libre
de
tus
propios
deseos
y
anhelos,
de
modo
que
tu
mente
sea
muy
clara,
sólo
entonces
te
será
posible
descubrir
lo
que
Dios
es.
Pero
si
meramente
te
sientas
y
especulas,
entonces
tu
suposición
es
tan
buena
como
la
de
tu
gurú
y
es
igualmente
ilusoria.
Interlocutor:
¿
Podemos
darnos
cuenta
de
nuestros
deseos
inconscientes?
K.:
En
primer
lugar,
¿te
das
cuenta
de
tus
deseos
conscientes?
¿Sabes
lo
que
es
el
deseo?
¿Te
das
cuenta
de
que
habitualmente
no
escuchas
a
nadie
que
esté
diciendo
algo
contrario
a
lo
que
crees?
Tu
deseo
te
impide
escuchar.
Si
deseas
a
Dios
y
alguien
te
señala
que
el
Dios
que
deseas
es
el
resultado
de
tus
frustraciones
y
temores,
¿le
escucharás?
Por
supuesto
que
no.
Tú
deseas
una
cosa
y
la
verdad
es
algo
por
completo
diferente.
Te
limitas
a
ti
mismo
dentro
de
tus
propios
deseos.
Sólo
te
percatas
a
medias
de
tus
deseos
conscientes,
¿no
es
así?
Y
mucho
más
difícil
es
darse
cuenta
de
los
deseos
que
están
muy
ocultos.
Para
descubrir
lo
que
está
oculto,
para
descubrir
cuáles
son
sus
propias
motivaciones,
la
mente
que
investiga
tiene
que
ser
absolutamente
clara
y
estar
completamente
libre.
Por
lo
tanto,
primero
tienes
que
darte
cuenta
plenamente
de
tus
propios
deseos
conscientes;
entonces,
a
medida
que
te
vuelvas
cada
vez
más
alerta
a
lo
que
está
en
la
superficie,
podrás
ir
penetrando
más
y
más
en
lo
profundo.
Interlocutor:
¿Por
qué
algunas
personas
nacen
en
condiciones
de
pobreza,
mientras
que
otras
son
ricas
y
acomodadas?
K.:
¿Qué
es
lo
que
piensas
tú?
En
vez
de
preguntármelo
y
esperar
mi
respuesta,
¿por
qué
no
averiguas
lo
que
tú
sientes
al
respecto?
¿Piensas
que
es
algún
proceso
misterioso
al
que
llamas
karma?
En
una
vida
anterior
has
vivido
noblemente
y,
debido
a
eso,
¡ahora
estás
siendo
recompensado
con
riqueza
y
posición!
¿Es
así?
O
habiendo
actuado
mal
en
una
vida
anterior,
¡estás
pagando
por
ello
en
esta
vida!
Mira,
éste
es
realmente
un
problema
muy
complejo.
La
pobreza
es
culpa
de
la
sociedad,
una
sociedad
en
la
que
los
codiciosos
y
los
astutos
prosperan
y
alcanzan
la
cúspide.
Y
nosotros
queremos
la
misma
cosa,
también
queremos
trepar
por
la
escalera
y
llegar
a
la
parte
de
arriba.
Y
cuando
todos
queremos
llegar
arriba,
¿qué
sucede?
Pisamos
a
alguien;
y
el
hombre
al
que
pisan,
al
que
destruyen,
pregunta:
"¿por
qué
la
vida
es
tan
injusta?
Ustedes
lo
tienen
todo
y
yo
no
tengo
capacidad,
no
tengo
nada".
En
tanto
sigamos
trepando
por
la
escalera
del
éxito,
siempre
existirán
el
enfermo
y
el
mal
alimentado.
Es
el
deseo
de
éxito
el
que
tiene
que
ser
comprendido
y
no
por
qué
hay
ricos
y
pobres
o
por
qué
algunos
tienen
talento
y
otros
no
tienen
ninguno.
Lo
que
tiene
que
cambiar
es
nuestro
deseo
de
trepar,
nuestro
deseo
de
ser
grandes,
de
alcanzar
el
éxito.
Todos
aspiramos
al
éxito,
¿no
es
así?
Allí
radica
la
culpa
y
no
en
el
karma
o
en
alguna
otra
explicación.
El
hecho
real
es
que
todos
nosotros
deseamos
estar
en
la
cima;
quizá
no
en
la
cima
misma,
pero
al
menos
tan
alto
en
la
escalera
como
seamos
capaces
de
treparla.
En
tanto
exista
este
impulso
de
ser
grande,
de
ser
"alguien"
en
el
mundo,
vamos
a
tener
al
rico
y
al
pobre,
al
explotador
y
a
los
explotados.
Interlocutor:
¿Es
Dios
un
hombre
o
una
mujer,
o
es
algo
completamente
misterioso?
K.:
Acabo
de
contestar
esa
pregunta
y
me
temo
que
no
escuchaste.
Este
país
está
dominado
por
los
hombres.
Supongamos
que
digo
que
Dios
es
una
señora,
¿qué
harías?
Rechazarías
eso
porque
estás
lleno
con
la
idea
de
que
Dios
es
un
hombre.
Así
que
tienes
que
descubrirlo
por
ti
mismo;
pero
para
descubrir,
tienes
que
estar
libre
de
todo
prejuicio.