EL ARTE DE MORIR

 

 

Capítulo 1

 

El Arte de Morir

 

 

Cuando el rabino Bimham yacía en su lecho de muerte,

su esposa se echó a llorar.

El le dijo, «¿Por qué lloras?

Toda mi vida no ha sido otra cosa que un aprender a morir».

 

La vida es vivir. No es una cosa es un proceso: No hay otra forma de conocer lo que es la vida más que viviendo, estando vivo, fluyendo, discurriendo con ella. Si buscas, el significado de la vida en algún dogma, en una determinada filosofía, en una teología, da por seguro que te perderás lo que es la vida y su significado. ­

La vida no te está esperando en ninguna parte; te está sucediendo. No se encuentra en el futuro como una meta que has de alcanzar, está aquí y ahora, en este mismo momento, en tu respirar, en la circulación de tu sangre, en el latir de tu  corazón. Cualquier cosa que seas, es tu vida y si te pones a buscar significados en otra parte, te la perderás. El hombre ha estado haciendo esto durante siglos.

Los conceptos se han vuelto muy importantes, las explicaciones se han vuelto muy importantes y lo real ha sido olvidado por completo. No vemos lo que de hecho ya está aquí, queremos racionalizaciones.

Oí una hermosa historia.

 

Hace unos años un americano de renombre tuvo una crisis de identidad. Buscó la ayuda de la psiquiatría, pero no resolvió nada porque no encontró a nadie que pudiera revelarle el significado de la vida, que era lo que él deseaba conocer. Poco a poco se fue enterando de la existencia de un venerable e increíblemente sabio gurú que vivía en una misteriosa y casi inaccesible región de los Himalayas. Llegó a creer que solamente ese gurú le podría revelar lo que la vida significaba y cuál debía ser su destino.

De modo que vendió todas sus posesiones y empezó su búsqueda del gurú que todo lo sabía. Estuvo ocho años yendo de pueblo en pueblo por todos los Himalayas, buscándole. Y un día acertó a encontrarse con un pastor que le dijo dónde vivía el gurú y cómo debía llegar a ese lugar.

Tardó casi un año en encontrarle, pero lo consiguió. Se presentó a ese gurú, que desde luego era venerable y tenía más de cien años de edad. El gurú accedió a ayudarle, especialmente cuando escuchó todos los sacrificios que el hombre había realizado buscándole.                                         ­

  «¿Qué es lo que puedo hacer por ti, hijo mío?», le preguntó e lgurú. ,

  «Necesito conocer el significado de la vida», le contestó el hombre. ­

  A lo que, sin dudar un instante, replicó el gurú, «La vida», dijo, «es un río sin fin».

«¿Un río sin fin?», dijo el hombre con asombro. «¿Después de recorrer todo este camino para encontrarte, todo lo que tienes que decirme es que la vida es un río sin fin?»

  El gurú se quedó estupefacto, anonadado. Se enfadó mucho y le dijo, «¿Quieres decir que no lo es?»

 

Nadie puede darte el significado de tu vida. Es tu vida y el significado ha de ser también el tuyo. Los Himalayas no te servirán de ayuda. Nadie más que tú puede encontrarlo. Es tu vida y solamente es accesible a ti. Solamente con el vivir te será revelado el misterio.

Lo primero que me gustaría decirte es: no lo busques en ninguna otra parte. No lo busques en mí, no lo busques en las escrituras, no lo busques en inteligentes explicaciones; son sólo justificaciones, no explican nada. Simplemente atiborran tu mente vacía, no te hacen consciente de lo que es. Y cuanto más está la mente atiborrada de conocimiento muerto, más torpe y estúpido te vuelves. El conocimiento hace a la gente estúpida, adormece su sensibilidad. Se atiborran de él, cargan con él, refuerzan su ego con él, pero no les aporta luz y no les indica el camino. No puede hacerla.

La vida ya está burbujeando en tu interior. Solamente puedes contactar con ella allí. El templo no está en el exterior; tú eres su santuario. Por eso lo primero que has de recordar, si quieres saber lo que es la vida, es: nunca la busques en lo exterior, nunca trates de descubrirla en alguien. El significado no puede ser transferido de este modo. Las Maestros más grandes nunca han dicho nada sobre la vida, siempre te han devuelto a ti mismo.

Lo segundo que has de recordar es: una vez que sepas lo que es la vida sabrás, lo que es la muerte. La muerte es parte del mismo proceso. Por lo general creemos que la muerte llega al final, por lo general creemos que la muerte se opone a la vida; por lo general creemos que la muerte es el enemigo, pero la muerte no es el  enemigo. Y si consideras a la muerte como el enemigo esto simplemente demuestra que no has sido capaz de saber lo que es la vida.

La muerte y la vida son dos polaridades de una misma energía, del mismo fenómeno, el flujo y el reflujo, el día y la noche, el verano y el invierno. No están separados y no son opuestos ni contrarios. Son complementarios. La muerte no es el fin de la vida; de hecho es una culminación de una vida, la cresta de la vida, el clímax, el gran final. Y una vez conoces tu vida y su proceso, entonces comprendes lo que es la muerte.

La muerte es una parte orgánica, integral de la vida y es muy amistosa con ella. Sin ella la vida no puede existir. La vida existe debido a la muerte, la muerte le da un trasfondo. La muerte es, en efecto, un proceso de renovación. Y la muerte sucede a cada instante. En el instante en que inhalas y en el instante en que exhalas, ambas se dan. Al inspirar, la vida entra; al expirar, viene la muerte. Por eso al nacer un niño lo primero que hace es inspirar; entonces la vida empieza. Y cuando un viejo muere, lo último que hace es exhalar; entonces la vida se va. El exhalar es la muerte, el inspirar es la vida. Son como las dos ruedas de una carreta. Vives tanto debido a que inspiras como a que expiras. El exhalar es parte del inhalar. No. puedes inhalar si dejas de exhalar. No puedes vivir si dejas de morir.

El hombre que ha comprendido lo que es su vida, permite que la muerte suceda, le da la bienvenida. Muere a cada instante y a cada instante resucita. Su cruz y su resurrección suceden continuamente como un proceso. Muere al pasado a cada momento y nace una y otra vez al futuro.

Si observas lo que es la vida podrás saber lo que es la muerte. Si comprendes lo que es la muerte, solamente entonces serás capaz de comprender lo que es la vida. Forman un organismo. Por lo general, debido al miedo; hemos creado la división. Creemos que la vida es buena, y que  la muerte es mala. Creemos que ha de desearse la vida Y que ha de evitarse la muerte. Creemos que, de alguna forma, hemos de protegernos contra la muerte. Esta idea absurda crea interminables desgracias en nuestras vidas, porque una persona que se protege contra la muerte se vuelve incapaz de vivir. Es la persona que teme exhalar entonces es incapaz de inhalar y se queda embarrancada. Entonces simplemente mal vive, su vida deja de ser un fluir, su vida deja de ser un río.

Si realmente deseas vivir has de estar dispuesto a morir. ¿Quién en ti teme a la muerte? ¿Teme la vida a la muerte? No es posible. ¿Cómo puede la vida sentirse asustada por su proceso integral? En ti hay algo más que está asustado: El ego es el que teme en ti. La vida y la muerte no son opuestos. El ego y la muerte sí son opuestos. La vida y la muerte no son opuestos. El ego y la vida si son opuestos. El ego está en contra de los dos, de la vida y de la muerte. El ego teme el vivir y el ego teme el morir. Teme vivir porque a cada paso, al esforzarse en pos de la vida, hace qué la muerte se acerque.

Si vives, te estás acercando a la muerte. El ego teme morir, de ahí que también tema vivir. El ego simplemente mal vive. Hay mucha gente que ni está viva, ni está muerta. Esto es lo peor. Un hombre que está vivo plenamente también está lleno de muerte. Ese es el significado de Jesús en la cruz. Jesús acarreando con su propia cruz no ha sido plenamente compren­dido. Y les dice a sus discípulos, «Tendréis que llevar vuestra propia cruz». El significado de Jesús llevando su cruz es muy simple, no es nada más que esto: todo el mundo a de acarrear continuamente con su muerte, todo el mundo ha de morir a cada momento, todo el mundo ha de estar en la cruz porque éste es el único modo de vivir plenamente, totalmente.

 

Siempre que te encuentres con un momento de total vitalidad, de repente también verás ahí a la muerte. Sucede en el amor. En el amor, la vida alcanza un clímax, de ahí que la gente tema al amor.               

Me siento asombrado continuamente por la gente que viene a mí y que me dice que teme al amor. ¿De dónde proviene este temor al amor? Se debe a que cuando realmente amas a alguien tu ego empieza a desaparecer y a fundirse. No puedes amar con el ego, el ego se convierte en la barrera. Y cuando quieres destruir la barrera, el ego te dice, «Esto se convertirá en  una muerte, ¡cuidado!»

La muerte del ego no es tu muerte. La muerte del ego es en     realidad tu posibilidad de vida. El ego es simplemente una cáscara sin vida a tu alrededor. Tiene que ser hecha pedazos y tirada. Surge de forma natural, del mismo modo que cuando un       transeúnte pasa, el polvo se deposita sobre sus ropas., sobre su      cuerpo y ha de darse un baño para limpiarse de ese polvo.

Al movemos en el tiempo, el polvo de las experiencias, del conocimiento, de la vida vivida, del pasado, se acumula. Ese polvo se convierte en tu ego. Al acumularse, se convierte en una cáscara que ha de ser rota y tirada. Uno se ha de bañar continuamente, cada día, de hecho, a cada instante, de forma que esta cáscara nunca se convierta en una prisión. El ego teme al amor porque en el amor la vida alcanza una culminación. Pero siempre que hay una culminación de la vida también hay una culminación de la muerte. Van de la mano.

En el amor mueres y renaces. Lo mismo sucede cuando meditas o rezas o cuando acudes a un Maestro y te entregas. El ego crea toda suerte de dificultades, de justificaciones, para que no te entregues. «Piénsatelo, medítalo, sé inteligente». Cuando acudes a un Maestro, el ego sospecha, se llena de dudas, crea ansiedad porque de nuevo estás volviendo a la vida, estás volviendo a una llama donde la muerte va a estar tan viva como la vida. Recuerda que la muerte y la vida se alimentan mutuamente, nunca están separados. Si estás un poco, mínimamente vivo, en el mínimo; entonces verás a la vida ya la muerte como dos cosas separadas. Cuanto más te acerques a la cima, más se irán aproximando. En el ápice, se encuentran y se funden en uno solo. En el amor, en la meditación, en la confianza, en la oración, siempre que la vida es algo total, la muerte está allí. Sin muerte, la vida no puede ser total.

Pero el ego siempre está pensando en divisiones, en dualidades, Lo divide todo. La Existencia es indivisible, no puede ser dividida. Eras un niño, luego te hiciste mayor. ¿Puedes delimitar cuándo te hiciste mayor? ¿Puedes señalar el lugar en el tiempo cuándo de repente dejaste de ser un niño y te volviste un joven? Un día te vuelves viejo. ¿Puedes indicar cuándo te vuelves viejo?  

Los procesos no pueden ser delimitados. Sucede exacta­mente lo mismo cuando naces. ¿Puedes señalar cuándo naciste? ¿Cuándo comienza realmente la vida? ¿Comienza cuando el niño empieza a respirar, cuando el doctor da unos azotes al niño y el niño empieza a respirar? ¿Es entonces cuando nace la vida? ¿O es cuando el niño entra en el útero, cuando la madre se queda embarazada, cuando el niño es concebido? ¿Empieza entonces la vida? ¿O incluso antes que esto? ¿Cuándo comienza exactamente la vida?                                                             

Es un proceso que no tiene ni fin ni comienzo. Nunca empieza. ¿Cuándo está muerta una persona? ¿Muere cuando deja de respirar? Muchos yoguis han demostrado científica­mente que pueden dejar de respirar y seguir vivos y luego regresar. De modo que el dejar de respirar no puede ser el final. ¿Dónde acaba la vida?

Nunca acaba en parte alguna, nunca empieza en ninguna parte. Estamos sumergidos en la eternidad. Hemos estado aquí desde el mismo comienzo, si es que hubo alguna vez un comienzo, y vamos a seguir aquí hasta el final, si es que va a haber un final. De hecho no puede haber un principio ni puede haber un final. Somos vida, aun cuando la forma cambie, los cuerpos cambien, la mente cambie. Lo que llamamos vida es solamente la identificación con un determinado cuerpo, con una determinada mente, con una determinada actitud, y lo que llamamos muerte no es más que el salirse de esa forma, de ese cuerpo, de esa idea.

 

Cambias de casa. Si te identificas demasiado con una casa entonces el cambiar de casa será algo muy doloroso. Creerás que te mueres porque la casa antigua era lo que tú eras; esa era tu identidad. Pero esto no sucede porque sabes que solamente estás cambiando de casa, que tú sigues siendo el mismo. Aquellos que han mirado en su propio interior, aquellos que han descubierto quién son, llegan a descubrir un proceso eterno, sin fin. La vida es un proceso sin tiempo, más allá del tiempo. La muerte forma parte de él.­

La muerte es un revivir continuo, una ayuda para que la vida resucite una y otra vez, una ayuda para que la vida se libre de las viejas formas, para librarse de los edificios desvencijados, para librarse de las anticuadas estructuras de modo que seas  capaz de fluir y puedas de nuevo volverte fresco y joven y seas otra vez virgen.

 

Oí una vez.

Un hombre estaba mirando antigüedades en un anticuario cerca del Monte Vernon cuando se encontró con un hacha aparentemente antigua.

«Tiene una gran hacha antigua aquí», le dijo al anticuario.

«Sí», le contestó el hombre, «perteneció a George Washington».      

«¿De verdad?», le replicó el cliente, «Se conserva en muy buen estado».

«Desde luego», le dijo el anticuario, «Se le ha cambiado tres veces la empuñadura y dos veces la hoja».

 

Pero así es como es la vida, se cambian las empuñaduras y las hojas. De hecho parece que todo cambia y aun así hay algo que permanece eternamente igual. Tan sólo observa. Eras un niño, ¿qué es lo que queda ahora? Solamente un recuerdo. Tu cuerpo ha cambiado, tu mente ha cambiado, tu identidad ha cambiado. ¿Qué subsiste de tu infancia? Nada queda, sólo un recuerdo. No puedes saber si realmente ocurrió o si lo soñaste o si lo leíste en un libro o si alguien te lo dijo. ¿Fue tu infancia o fue la infancia de alguien? Hojea el álbum de viejas fotos. Simplemente observa; ése eras tú. No podrás creértelo de tanto que has cambiado. Todo ha cambiado, las empuñaduras, las hojas, todo, pero aun así en lo más profundo, en alguna parte, algo sigue como una continuidad; algo que testifica, sigue ahí.

Hay un hilo, por invisible que sea. Y todo va cambiando, pero ese hilo invisible sigue siendo el mismo. Ese hilo está más allá de la vida y de la muerte. La vida y la muerte son las dos alas de «eso» que está más allá de la vida y de la muerte. «Eso» que está más allá continúa empleando a la vida y a la muerte como a las dos ruedas de un carro, como complementarios. «Eso», vive a través de la vida, «Eso» vive a través de la muerte. La muerte y la vida forman su proceso, como el inspirar y el expirar, pero hay algo en ti que lo trasciende. «Eso eres tú...», «Eso» que lo trasciende.  .

Pero nos hallamos identificados en exceso con la forma. Esto crea el ego. Esto es lo que llamamos «yo». Por supuesto que el «yo» ha de morir repetidas veces. Por esto está constantemente atemorizado, temblando, agitado, siempre asustado, protegiéndose, asegurándose.

 

  Un místico sufí llamó a las puertas de un hombre muy rico.

  El era un mendigo y solamente quería comer algo.

  El rico le gritó y le dijo, «¡Nadie te conoce por aquí!».

  «Pero yo me conozco a mí mismo», le dijo el derviche.

 «¡Qué triste sería si lo contrario fuera cierto! Si todo el mundo me conociera, pero yo no fuera consciente de quien soy. ¡Qué triste sería! Estás en lo cierto. Nadie me conoce, pero yo me conozco a mí mismo».

 

Esas son las dos únicas situaciones posibles y tú estás en la triste. Puede que todo el mundo te conozca, que sepa quién eres, pero tú desconoces por completo tu trascendencia, tu verdadera naturaleza, tu auténtico ser. Esta es la única tristeza en la vida. Puedes encontrar muchas excusas, pero la auténtica pena es ésta: no sabes quién eres.

¿Cómo puedes ser feliz sin saber quién eres, sin saber de dónde provienes, sin saber adónde vas? Mil y un problemas surgen de esta ignorancia fundamental.

 

Un grupo de hormigas salió de la oscuridad de su hormiguero bajo la tierra, en busca de comida. Era el amanecer. Acertaron a pasar cerca de una planta cuyas hojas estaban cubiertas de rocío matutino.     

«¿Qué es eso?», preguntó una de las hormigas señalando las gotas de rocío. «¿De dónde provienen?»

Unas contestaron, «Vienen de la tierra».

Otras dijeron, «Vienen del mar».

Pronto se entabló una disputa. Un grupo sostenía la teoría del mar mientras que el otro grupo afirmaba la teoría de la tierra. Solamente una, una hormiga sabia e inteligente, perma­necía observando. Dijo, «Dejemos esto por un instante y busquemos indicios, porque todo sufre una atracción hacia lo que es su origen. Y, como se dice, todo regresa a su origen. No importa lo alto que lances un ladrillo, siempre cae al suelo. Todo lo que tiende a la luz, debe, en su origen, ser luz»

Las hormigas no se sintieron totalmente convencidas y estaban dispuestas a reanudar su disputa, pero entonces el sol ya había salido y las gotas de rocío estaban desapareciendo de las hojas, ascendiendo, subiendo hacia el sol y fundiéndose en él.

 

Todo regresa a su fuente original, ha de volver a su fuente original. Si comprendes la vida, también comprenderás la muerte. La vida es un olvidarse de la fuente original y la muerte es recordarla de nuevo. La vida es alejarse de la fuente original; la muerte es regresar a casa. La muerte no es algo repugnante, la muerte es hermosa; Pero la muerte es bella solamente para aquellos que han vivido la vida sin inhibiciones, plenamente, sin represión. La muerte es hermosa solamente para aquellos que han vivido su vida de forma bella, que no se han sentido asustados de vivir; que han tenido el coraje suficiente para vivir, que han amado, que han bailado, que han gozado.

La muerte se convierte en la celebración suprema si tu vida ha sido una celebración. Déjame que te lo diga de este modo: lo que tu vida ha sido, la muerte lo desvelará. Si has sido un desdichado en la vida, la muerte revelará esa desdicha. La muerte es el gran revelador. Si has sido feliz en tu vida, la muerte revelará esa felicidad. Si solamente has vivido una vida de comodidades físicas y de placeres físicos, entonces por supuesto, la muerte será algo muy desagradable e incómodo porque has de abandonar el cuerpo. El cuerpo solamente es una morada temporal, un refugio en el que pasamos la noche y que dejamos por la mañana. No es tu morada permanente. No es tu casa.

De modo que si has vivido solamente una vida corporal y no has conocido nunca nada más allá del cuerpo, la muerte será algo muy, muy desagradable, doloroso. La muerte será angustiosa. Pero si has vivido un poco por encima de tu cuerpo. Si has gustado de la música y de la poesía, si has amado y si has contemplado las flores y las estrellas y algo de lo perteneciente a lo que no es físico ha penetrado en tu conciencia, entonces la muerte no será tan mala, entonces la muerte no será tan dolorosa. Podrás llevarla con ecuanimidad, pero aún no será una celebración.

Si has acariciado algo de lo que hay de trascendental en ti, si has penetrado en tu propia vacuidad en el centro, en el centro de tu ser, donde dejas de ser un cuerpo y dejas de ser una mente, donde los placeres físicos quedan lejos y donde los placeres mentales - tales como la música, la poesía, la literatura y la pintura,- quedan muy lejanos. Donde tú eres simplemente pura consciencia, un puro estar alerta, entonces la muerte se convertirá en una gran celebración, en una gran comprensión, en una gran revelación.

Si has conocido algo de lo trascendental que hay en ti, la muerte te revelará lo que de trascendente hay en el universo. Entonces la muerte no será más una muerte, sino un encuentro con Dios, una cita con Dios.

  Podemos encontrar tres expresiones de lo que es la muerte en la historia de la mente humana.

  Una expresión es la del hombre corriente que vive apegado a su cuerpo, que nunca ha conocido nada superior al placer del comer y del sexo, cuya vida no ha sido nada más que comer y sexo, que ha disfrutado del comer, que ha disfrutado del sexo, cuya vida ha sido muy primitiva, cuya vida ha sido burda, que ha vivido en la antesala de su palacio sin haber entrado nunca en él y que siempre ha creído que eso es todo lo que la vida es. En el momento de morir tratará de aferrase. Se resistirá a la muerte; luchará contra la muerte. La muerte se le presentará como su enemigo.  

Por eso, en todo el mundo, en todas las sociedades, la muerte ha sido presentada como algo oscuro, diabólico. En la India decimos que el mensajero de la muerte es muy feo, oscuro, negro, y llega sentado en un búfalo enorme. Esta es la actitud corriente. Esa gente se lo ha perdido, no han sido capaces de conocer todas las dimensiones de la vida. No han sido capaces de llegar a las profundidades de la vida y no han sido capaces de ascender a las alturas de la vida. Se han perdido la plenitud, se han perdido la dicha.

Luego hay un segundo tipo de expresión. Los poetas, los filósofos a veces han dicho que la muerte no es algo malo que  sea sólo un descanso, un gran descanso; como un sueño. Esto es mejor que el primero. Al menos esa gente ha conocido algo más allá del cuerpo, han conocido algo de la mente. No han vivido solamente del comer y del sexo, su vida no ha sido simplemente un comer y reproducirse. Poseen algo de la sofisticación del alma, son algo más aristocráticos, más cultos. Ellos dicen que la muerte es como un gran descanso. Uno se encuentra cansado y se muere y descansa. Es reponedor. Pero ellos también están lejos de la verdad.               ­

Aquellos que han conocido la vida en su centro más interno, afirman que la muerte es Dios. Que no es solamente un descanso; sino una resurrección, una nueva vida, un nuevo cornienzo. Una nueva puerta se abre.     

 

Cuando un místico sufí, Bayazid, se estaba muriendo, la gente que se había congregado a su alrededor, sus discípulos, se vieron sorprendidos de repente, porque cuando llegó el instante final, su rostro se volvió radiante, tremendamente radiante. Tenía una hermosa aura.

Bayazid fue un hermoso hombre y sus discípulos siempre habían percibido un aura a su alrededor, pero nunca habían visto nada como esto, tan radiante.

Le preguntaron, «Bayazid, dinos qué es lo que te ha sucedido, qué es lo que te está sucediendo. Antes de que nos dejes, entréganos tu último mensaje».      

El abrió sus ojos y dijo, «Dios me está dando la bienvenida, voy a su encuentro. Adiós». Cerró sus ojos y dejó de respirar, pero en el momento en que dejó de respirar hubo una explosión de luz. La habitación se inundó de luz y luego esa luz desapareció.

Cuando una persona ha conocido la trascendencia en sí  mismo, la muerte no es más que otra cara de Dios. Entonces la muerte es una danza en su honor. Y a menos que seas capaz de celebrar la muerte misma, recuérdalo, te habrás perdido la vida; Toda la vida no es más que una preparación para esta culminación.

Este es el significado de esta bella historia.

 

Cuando el rabino Bimham yacía en su lecho de muerte,

su esposa se echó a llorar.

El le dijo, «¿Por qué lloras?

Toda mi vida no ha sido otra cosa que un aprender a morir».

 

 

Toda su vida había sido simplemente una preparación, una preparación para aprender los secretos del morir.

Todas las religiones no son nada más que una ciencia, o un arte, para enseñarte cómo morir. Y el único modo de enseñarte  cómo morir es enseñarte cómo vivir. No están separados. Si conoces el modo correcto de vivir, sabrás cuál es el modo correcto de morir.

Por eso lo primero, lo más fundamental es cómo vivir. Déjame decirte unas cuantas cosas. Primero, tu vida es tu vida, no es la vida de nadie más. No permitas que nadie te domine, no dejes que otros te dicten lo que has de hacer. Eso es una traición a la vida. Si dejas que otros te digan lo que has de hacer, sean tus padres, la sociedad, tu sistema educativo, tus políticos, tus sacerdotes, sean los que sean, si te dejas dominar por los demás, te perderás tu vida. Porque el dominar proviene del exterior y la vida está en tu interior. Nunca se encuentran. No te estoy diciendo que tengas que ser alguien que siempre diga no a todo. Eso tampoco sirve.

Hay dos clases de gente. Una pertenece al tipo obediente, dispuesto a entregarse a cualquiera. No poseen en su interior un alma independiente. Son inmaduros, infantiles, siempre buscando la figura del padre, buscando a alguien que les diga lo que han o lo que no han de hacer. No son capaces de confiar en sí mismos. Esa gente forma la mayor parte de la población mundial, las masas.

Luego, en oposición a esa gente, existe una pequeña minoría que rechaza la sociedad, que rechaza los valores de, la sociedad. Ellos creen que son rebeldes. No lo son; son sólo reaccionarios. Tanto si escuchas a la sociedad como si rechazas la sociedad, si la sociedad permanece siendo el factor determinante, entonces eres dominado por la sociedad. Déjame que te cuente una anécdota.

 

Una vez Mulla Nasrudin había partido de viaje y al regresar a su ciudad llevaba una gran barba. Sus amigos, naturalmente, bromeaban sobre la barba y le preguntaban cómo se había decidido a dejársela tan larga. El Mulla empezó a quejarse y a, maldecir la barba en unos términos no muy claros. Sus amigos se sorprendieron por el modo en que estaba hablando y le preguntaron la razón por la cual seguía llevando la barba si eso no le gustaba.

«Odio esa maldita cosa», les dijo el Mulla.

«Si la odias ¿por qué no te la afeitas y te libras de ella?»; le preguntó uno de sus amigos.    

  Un destello diabólico brilló en los ojos del  Mulla mientras le respondía, «¡Porque mi esposa también la odia!»

 

Pero eso no te hace libre, Los hippies, los Yupies y esa gente, no son realmente unos rebeldes; son unos reaccionarios. Han reaccionado en contra de la sociedad. Unos cuantos son obedientes, otros son desobedientes, pero el centro de la dominación es el mismo. Unos pocos obedecen, otros pocos desobedecen, pero nadie mira el interior de su propia alma.

Una persona realmente rebelde es aquella que no está ni a favor, ni en contra de la sociedad. Aquélla que simplemente vive de acuerdo con su propia comprensión. Si va en contra la sociedad o si va a su favor es irrelevante, no importa. Puede que a veces vaya a favor de la sociedad, a veces puede no ir a favor de la sociedad, pero ése no es el tema a considerar. Vive de acuerdo a su propia comprensión, de acuerdo a esa pequeña luz. Y no estoy diciendo que se vuelve muy egoísta con res­pecto a eso. No, es muy humilde. Sabe que su luz es escasa, pero que esa es toda la luz que posee. No es altanero, es muy humilde. Dice, «Puede qúe esté equivocado, pero por favor, permíteme que esté equivocado de acuerdo conmigo mismo». Esta es la única forma de aprender. El cometer errores es la única forma de aprender. El actuar según la propia compren­sión es la única forma de crecer y madurar. Si buscas siempre a alguien para que te dicte lo que has de hacer, tanto si obedeces como si no lo haces, carece de importancia. Si buscas a alguien para que te dirija, para que decida a favor o en contra, nunca serás capaz de conocer lo que es la vida. Ha de ser vivida y tú has de seguir tu propia y diminuta luz.

No siempre existe una certeza sobre lo que hay que hacer. Te encuentras muy confundido. Deja que sea así, pero descubre una salida para tu confusión. Es muy fácil y cómodo escuchar a los demás porque te pueden suministrar dogmas sin vida, te pueden dar mandamientos: no hagas esto, haz lo otro. Y están muy seguros de sus mandamientos. La certeza no es lo que se ha de buscar. La comprensión es lo que se ha de buscar. Si buscas la certeza serás víctima de alguna trampa. No busques la certeza, busca el comprender. La certeza se te puede dar fácilmente, cualquiera puede dártela, pero a la hora del análisis final serás un perdedor. Habrás desperdiciado tu vida tan sólo para permanecer en la seguridad y en la certeza; y la vida no es una certeza, la vida no es segura.                                           .

 

La vida es inseguridad. A cada momento se dirige hacia una inseguridad mayor. Es un continuo apostar. Uno nunca sabe lo que va a suceder. Y es hermoso que uno nunca lo sepa. Si fuera predecible, no valdría la pena vivir la vida. Si todo fuera como te gustaría que fuese y si todo fuera una certeza, no serías un hombre, serías una máquina. Sólo existen certezas y seguridades para las máquinas.

El hombre vive en libertad. La libertad necesita insegu­ridad, incertidumbre. Un hombre verdaderamente inteligente siempre está dudando porque no posee dogma alguno en el que confiar, en el que descansar. Ha de observar y responder.

Lao Tse dice, «Dudo y me muevo por la vida estando alerta porque no sé qué es lo que va a suceder. Y no tengo ningún principio que seguir. He de decidir a cada instante. Nunca decido de antemano. He de decidir cuando llega el momento». Entonces uno ha de tener la capacidad de responder. Eso es lo que la responsabilidad es. La responsabilidad no es una obli­gación, la responsabilidad no es un deber, es una capacidad de respuesta. Un hombre que desea saber lo que es la vida ha de saber responder. Eso es lo que no ocurre. Siglos de condicionamientos te han hecho similar a las máquinas. Has perdido tu humanidad, la has cambiado por seguridad. Estás seguro y confortable y todo ha sido planeado por los demás. Y ellos lo han puesto todo en el mapa, lo han medido todo. Esto es una absoluta estupidez porque la vida no puede ser medida, es inmensurable. Y no es posible tener ningún mapa porque la vida está en un constante flujo. Todo cambia. Nada es permanente excepto el cambio. Dice Heráclito, «No puedes entrar dos veces en el mismo río». Y los modos de la vida son muy zigzagueantes. Los modos de la vida no son como las vías de un tren. No, no va sobre vías. Y esa es su belleza, su gloria, su poesía, su música. El que siempre sea una sorpresa.

Si buscas seguridad, certeza, tus ojos estarán cerrados y tú te irás sorprendiendo cada vez menos y perderás tu capacidad de maravillarte. Una vez has perdido tu capacidad de asombro, has perdido la religión. La religión es abrirse a tu corazón que­ se asombra. La religión es una receptividad hacia lo mara­villoso que nos rodea.

No busques la seguridad, no busques consejo sobre cómo vivir tu vida. La gente acude a mí y me dice, «Osho, dinos cómo deberíamos vivir nuestras vidas». No estás interesado en conocer lo que es la vida, estás más interesado en construirte un modelo fijo. Estás más interesado en acabar con la vida qué en vivirla. Deseas tener una disciplina impuesta sobre ti.

Existen, desde luego, sacerdotes y políticos en todo el  mundo dispuestos, expectantes, por ayudarte. Acude a ellos y ­ellos estarán listos para imponer sus disciplinas sobre ti. Ellos disfrutan del poder que proviene del imponer sus propias ideas sobre los demás.     

Yo no estoy aquí para esto. Yo estoy aquí para ayudarte a ser libre. Y cuando digo que estoy aquí para ayudarte a ser libre, me incluyo a mí. También estoy aquí para ayudarte a que te liberes de mí. Mi sanyas es algo muy paradójico. Te entregas a mí para poder ser libre. Yo te acepto y te inicio en el sanyas para ayudarte a que te liberes de todo dogma, de toda escritura, de toda filosofía, y yo estoy incluido en eso. El sanyas es tan paradójico - debería serlo - como la vida misma. Entonces sí está vivo.

Por esto lo primero es: no le pidas a nadie como deberías vivir tu vida. La vida es muy valiosa. Vívela. No te estoy diciendo que no cometas errores; los cometerás. Recuerda solamente una cosa: no cometas los mismos errores una y otra vez. Con eso hay suficiente. Si puedes descubrir un nuevo error cada día, comételo, pero no repitas los errores. Eso es una estupidez. El hombre que es capaz de encontrar nuevos errores que cometer cada día, estará creciendo continuamente. Ese es el único modo de aprender, ésa es la única forma de descubrir tu propia luz interior. 

 

Oí una vez.

Una noche el poeta Awadi de Kerman, un gran poeta musulmán, estaba sentado en su porche inclinado sobre un cubo. Shams-el- Tabrizi, un gran místico sufí acertó a pasar por allí.

  Shams-el-Tabrizi miró al poeta y lo que hacía. Le preguntó al poeta, «¿Qué es lo que haces?»

  El poeta le contestó, «Estoy contemplando la luna en un cubo de agua».

Shams-el-Tabrizi empezó a reír; con una tremenda carcajada, con una risa loca. El poeta empezó a sentirse incómodo. Una multitud se congregó.

  Y el poeta le dijo; «¿Qué es lo que ocurre?¿Por qué te ríes tanto? ¿Por qué me estás ridiculizando?»

  Shams-el-Tabrizi le dijo, “A no ser que te hayas roto el cuello, ¿por qué no miras directamente a la luna en el cielo!”

 

La luna está allí, la luna llena está allí y ese poeta estaba sentado junto a un barreño con agua y contemplaba en el barreño de agua el reflejo de la luna.

Buscar en las escrituras, buscar la verdad a través de las filosofías es mirar el reflejo. Si le pides a alguien, cómo deberías vivir tu vida, estás pidiendo un mal consejo porque ese hombre solamente podrá hablar sobre su propia vida. Y nunca, jamás, hay dos vidas que sean iguales. Sea lo que sea que te pueda decir o impartir será algo sobre su propia vida, y eso solamente si es que él ha vivido. Puede que él también haya preguntado a algún otro, puede que él mismo haya sido un imitador. Entonces es un reflejo de mi reflejo. Y los siglos pasan y la gente sigue reflejando el reflejo del reflejo del reflejo, y la verdadera luna llena está siempre en el cielo esperándote. Es tu luna, es tu cielo. Mírala directamente. Hazlo directamente. ¿Por qué pedir prestados mis ojos o los ojos de alguien? Se te han dado ojos, hermosos ojos para ver, y ver directamente. ¿Por qué pedir comprensión prestada? Recuérdalo, puede que sea comprensión para mí, pero desde el instante en que la tomas prestada, se convierte para ti en conocimiento. Deja de ser comprensión.

Comprensión es eso que ha experimentado uno mismo. Puede que sea comprensión para mí, si yo he mirado a la luna, pero en el instante en, que te lo digo a ti, se convierte en conocimiento, deja de ser comprensión. Entonces sólo es algo verbal, es pura lingüística. Y el lenguaje es una mentira. Deja que te cuente una anécdota.

 

Un avicultor descontento con la productividad de sus gallinas decidió usar un poco de psicología con ellas. Compró un loro parlanchín de vivos colores y lo puso en el gallinero. Sin pensárselo, las gallinas se encariñaron de inmediato con el atractivo extranjero; con gozosos cloqueos le mostraban los mejores bocados para que él se los comiera y le seguían por todo como un grupo de quinceañeras persiguiendo a una nueva estrella de la canción. Para contento del granjero incluso sus capacidades ponedoras mejoraron.   

El gallo del gallinero, naturalmente celoso al ser ignorado por su harén, se echó sobre el atractivo intruso, le empezó a picotear y clavarle los espolones, arrancándole las plumas rojas y verdes una tras otra. Con lo cual el asustado loro se puso a gritar vehementemente, «¡Déjelo señor! ¡Le pido que desista! ¡Después de todo, sólo estoy aquí como profesor de lenguaje!»

 

Mucha gente vive su vida como profesores de lengua. Esa es la clase de vida más falsa. La realidad no necesita de lenguaje alguno; está a tu alcance a un nivel no verbal. La luna está ahí, no necesita ni de cubo, ni de agua, no necesita de medio alguno. Solamente has de mirar hacia ella. Es una comu­nicación no verbal. La totalidad de la vida está disponible; solamente has de aprender a comunicarte con ella de un modo no verbal.

De eso es de lo que trata la meditación. Del estar en un espacio donde el lenguaje no interfiera, donde los conceptos aprendidos no se interpongan entre tú y lo real.

Cuando ames a una mujer, no te preocupes por lo que los demás han dicho sobre el amor, porque esto se convertirá en una interferencia. Amas a una mujer, el amor está ahí, olvídate de todo lo que has aprendido sobre el amor. Olvídate de todos los Kinseys, de los Masters y los Johnsons, olvídate de los Freuds y de los Jungs. Por favor, no te conviertas en un profesor de lengua. Simplemente ama a la mujer y deja que el amor exista y deja que el amor te muestre sus más recónditos secretos, sus misterios. Entonces serás capaz de saber lo que es el amor.

Y lo que los demás digan sobre la meditación carece de sentido. Una vez me encontré con un libro sobre meditación escrito por un monje jaina. Era realmente bonito, pero había algunos pasajes en los que podía ver claramente que aquel hombre nunca había meditado, pues si no, esos pasajes no estarían allí. Pero eran pocos y escasos. El libro en su conjunto, casi en el noventa y nueve por ciento, era perfecto. Me gustaba el libro.

Luego me olvidé de él. Durante diez años viajé por todo el país. Una vez en un pueblo del Rajastán, ese santo vino a verme. Su nombre me resultó familiar y de repente me acordé del libro. Pregunté al santo que porqué había acudido a mí. Me contestó, «He venido para conocer lo que es la meditación». Yo le dije, «Me acuerdo de tu libro. Me acuerdo muy bien porque me impresionó grandemente. Excepto por unos pocos defectos que delataban que tú nunca habías meditado, el libro estaba perfectamente bien, en un noventa y nueve por ciento bien. Y ahora vienes aquí para aprender sobre la meditación. ¿No has meditado nunca?»

  Me miró con cierto embarazo porque sus discípulos  estaban también presentes. Le dije, «Sé franco, porque si me contestas que sabes lo que es meditación, entonces no hablaré de ella. ¡Se acabó! No hay porqué. Si me dices con franqueza - al menos sé franco por una vez - Si me dices con franqueza que nunca has meditado, solamente entonces te conduciré a la meditación». Era un chantaje, por eso tuvo que confesar. Dijo, «Sí, nunca se lo he dicho a nadie. He leído muchos libros sobre meditación y todos los textos antiguos. Y he estado enseñando a la gente, por eso me siento avergonzado ante mis discípulos. He estado enseñando meditación a miles y he escrito libros sobre ello, pero yo nunca he meditado».

Puedes escribir libros sobre meditación y no descubrir nunca el espacio que supone el meditar. Puedes volverte altamente eficiente verbalizando, puedes ser muy ducho en abstracciones, en argumentaciones intelectuales y puedes olvidarte completamente de que todo el tiempo en que has estado envuelto en esas actividades intelectuales ha sido un puro desperdicio.

Le pregunté al viejo, «¿Durante cuánto tiempo has estado interesado en la meditación?» El contestó, «Durante toda mi vida». Tenía casi setenta años. Me dijo, «Cuando tenía veinte años tomé sanyas, me convertí en un monje jaina y durante esos cincuenta años siguientes he estado leyendo, leyendo y pensando en el meditar». ¡Cincuenta años de leer y pensar y escribir sobre meditación, incluso introduciendo a la gente en la meditación, y ni una sola vez había probado lo que es la meditación!

Pero ese es el caso de millones de personas. Hablan del amor, conocen toda la poesía que existe sobre el amor, pero nunca han amado. O incluso aunque piensen que estuvieron alguna vez enamorados, nunca se enamoraron. Eso también fue algo «cerebral», no fue del corazón. La gente vive y sigue perdiéndose la vida. Se necesita valor. Se necesita valor para ser realista, se necesita coraje para ir con la vida dondequiera que te lleve porque los caminos no están cartografiados, porque no existen mapas. Uno ha de penetrar en lo desconocido.

La vida solamente puede ser entendida si estás dispuesto a penetrar en lo desconocido. Si te apegas a lo que conoces te aferras a la mente y la mente no es la vida. La vida es no-mental, no es intelectual, porque la vida es total. Tu totalidad ha de estar plenamente implicada; no puedes únicamente pensar sobre ello. Pensar sobre la vida, no es vivir. Cuidado con eso. Uno piensa y piensa. Hay gente que piensa en Dios; hay gente que piensa en la vida, hay gente que piensa en el amor, hay gente que piensa en esto y en lo otro.

 

Mulla Nasrudin se había vuelto muy viejo y acudió a su médico. Parecía estar muy débil y el médico le dijo, «Solamente te puedo decir una cosa: Tendrás que reducir tu vida marital a la mitad».

  El Mulla dijo, «De acuerdo. ¿A qué mitad? ¿A la de pensar en ella o a la de hablar de ella?»

 

Eso es todo. No te conviertas en un profesor de lengua, no te conviertas en un loro. Los loros son profesores de lengua. Viven de palabras, de conceptos, de teorías, de teologías y la vida sigue transcurriendo, escapándoseles de sus manos. Entonces un día, de improviso, se asustan de la muerte. Cuando una persona teme a la muerte, da por seguro que esta persona se ha perdido la vida. Si no se hubiera perdido la vida, no tendría temor a la muerte. Si la persona ha vivido la vida, estará dispuesto a vivir también la muerte. Estará casi encantado del acontecimiento que supone morir.

Cuando Sócrates se estaba muriendo se encontraba tan a gusto que sus discípulos casi no lo podían creer, no podían comprender cómo podía sentirse tan feliz de morir. Un discípulo, Credo, le preguntó, «¿Por qué parece que estás tan feliz? Nosotros lloramos y estamos tristes». Sócrates le dijo, «¿Por qué no debería estar feliz? He conocido lo que es la vida y ahora me gustaría conocer lo que es la muerte. Estoy a las puertas de un gran misterio y estoy emocionado. Voy a empezar un gran viaje por lo desconocido. ¡Simplemente estoy expectante! ¡No puedo esperar!» Y recuerda, Sócrates no era un hombre religioso, Sócrates no era en modo alguno un creyente.

Alguien le preguntó, «¿Tienes la certeza de que el alma sobrevivirá a la muerte?» Sócrates le contestó, «No lo sé».

El decir, «No lo sé», requiere el mayor valor del mundo. Es muy difícil para un profesor de lengua el decir «No lo sé». Es difícil para los loros. Sócrates fue un hombre muy sincero y honesto. El dijo, «No lo sé».

Entonces el discípulo le preguntó, «Entonces, ¿por qué te sientes tan feliz? Si el alma no sobrevive, entonces...» Sócrates dijo, «He de verlo. Si sobrevivo no tengo porque tener miedo. Si no sobrevivo, ¿cómo podré tener miedo? Sino sobrevivo, no sobrevivo así que, ¿dónde está el miedo? No hay nadie ahí, de modo que no puede haber miedo. Si sobrevivo, sobrevivo. No hay porqué tener miedo. Pero no sé exactamente qué es lo que va a suceder. Por eso estoy tan expectante y dispuesto a averiguarlo. No lo sé».

Para mí, así es como un hombre religioso debería ser. Un hombre religioso no es un cristiano, un hindú o un budista o un musulmán. Todos esos son sólo modos de conocimiento. Un cristiano dice, «Yo sé». Y su saber proviene de los dogmas cristianos. El hindú dice, «Yo también sé», y su saber proviene de los Vedas y de los Gitas y de sus dogmas. Y un hindú está en contra del cristiano porque afirma, «Si yo estoy en lo cierto, tu no puedes estado. Si tú estás en lo cierto, entonces yo me equivoco». De modo que surge una gran disputa y discusión y debates y conflictos innecesarios.    

Un hombre religioso, un hombre verdaderamente religioso - no esa gente a la que llamas religiosa - es uno que dice, «yo no sé». Cuando dices, «Yo no sé», estás abierto, estás dispuesto a aprender. Cuando dices: «Yo no sé», no tienes prejuicios en favor de esto o en contra de lo otro, no posees creencias y no posees conocimiento alguno. Solamente posees consciencia. Dices, «Soy consciente y veré qué sucede. No acarrearé con ningún dogma del pasado».    

Esta es la actitud de un discípulo, la actitud de uno que desea aprender. Y disciplina quiere decir simplemente: aprender. Un discípulo quiere decir uno que aprende, uno que está dispuesto a aprender, y disciplina quiere decir apren­dizaje. No estoy aquí parar impartirte dogmas, no te estoy impartiendo conocimiento alguno. Simplemente te estoy ayudando a ver lo que hay que ver. Vive tu vida a cualquier precio. Has de estar dispuesto a jugártela.

 

Oí de un hombre de negocios. Estaba caminando desde su oficina a un restaurante para almorzar cuando lo detuvo un desconocido que le dijo, «No creo que te acuerdes de mí, pero hace diez años llegué a esta ciudad sin un céntimo. Te pedí un préstamo y me diste veinte dólares porque dijiste que querías dar una oportunidad, a un hombre  para que empezará su camino hacia el éxito».

  Aquel hombre se lo pensó un rato y entonces le dijo, «Sí, recuerdo el incidente. Sigue con tu historia»:

  «Bien», dijo el desconocido, «¿quieres seguir apostando?»

 

 La vida te plantea la pregunta una y otra vez, «¿Quieres seguir apostando?» Nunca hay nada seguro. La vida no tiene seguros, es una pura apertura, una tremenda apertura, una caótica apertura. Puedes construirte una casa a tu alrededor, segura, pero entonces se convertirá en tu tumba. Vive con la vida.

Y hemos estado haciendo esto de muchas formas. El matrimonio ha sido creado por el hombre; el amor es parte de la vida. Cuando creas el matrimonio en tomo al amor, estás creando seguridad. Estás haciendo algo que no puede hacerse; el amor no puede ser "hecho" legal. Estás tratando de hacer lo imposible y si, en este esfuerzo, el amor muere, no tienes que sorprenderte. Te conviertes en un marido, tu amada se convierte en una esposa. Dejáis de ser dos personas que están vivas. Sois dos funcionarios. El marido tiene una determinada función, la esposa tiene una determinada función. Tienen ciertos deberes que realizar. Entonces la vida ha dejado de fluir, se ha congelado.

Observa a un esposo y a una esposa. Siempre verás a dos personas congeladas, sentadas una junto a la otra, sin saber lo que están haciendo ahí, sin saber porqué están ahí sentadas. Puede que no tengan sitio alguno adónde ir.

Cuando ves amor entre dos personas, algo está fluyendo, moviéndose, cambiando. Cuando hay amor entre dos personas, viven en un aura, hay un constante compartir. Sus vibraciones se intercambian, están radiando su ser entre ellos. No hay paredes entre ellos, son dos y no son dos. Son también uno.

El marido y la esposa están tan lejos como es posible estarlo; incluso aunque estén sentados el uno junto al otro. El marido nunca escucha lo que la esposa le está diciendo. Hace tiempo que se ha vuelto sordo. La esposa nunca ve lo que le está sucediendo al marido. Se ha vueito ciega para él. Ambos se dan por conocidos, se han convertido en cosas. Han dejado de ser personas porque las personas están siempre abiertas, las personas no tienen certezas, las personas están siempre cambiando. Ahora se tiene un papel fijo con el que cumplir. Murieron el día en que se casaron. Desde ese día dejaron de vivir.

No estoy diciendo que no te cases, pero recuerda que el amor es lo verdadero. Y si él muere, entonces el matrimonio pierde su valor.

Y lo mismo es válido para todo en la vida, para todo. O bien puedes vivir, y entonces tendrás que vivir con esta duda sin saber lo que va a suceder al momento siguiente, o puedes convertido en una certeza.

Hay gente que ha adquirido tal grado de certeza en todo, que nunca se sorprenden. Hay gente a la que nunca podrás sorprender. Y yo estoy aquí para entregarte un mensaje que es muy sorprendente; no lo vas a creer. Lo sé. No vas a poder creértelo, lo sé. Estoy aquí para decirte algo que es absolutamente increíble: que vosotros sois dioses y diosas. Lo habéis olvidado.

 

Deja que te cuente una anécdota.

Harvey Firestone, Thomas A. Edison, John Burroughs y Henry Ford se detuvieron en una gasolinera en su camino hacia Florida para pasar el invierno.

«Queremos bombillas para los faros», dijo Ford, «Y, por cierto, éste que está sentado en el coche es Thomas Edison y yo soy Henry Ford».

  El encargado de la gasolinera ni siquiera levantó la cabeza, tan sólo escupió un poco de tabaco con obvio desdén.

«Y», dijo Ford, «nos gustaría comprar un neumático nuevo si es que los tienes Firestone. Y ese otro del coche es Harvey Firestone en persona».

El encargado siguió sin decir nada. Mientras estaba montando el neumático en la rueda, John Burroughs, con su larga barba, sacó su cabeza fuera de la ventanilla y le dijo, «¿Cómo estás forastero?»

Por fin el viejo encargado volvió a la vida. Echó una mirada a Burroughs y le dijo, «Si me dices que eres Papá Noel, maldito seré si no te rompo la cabeza con esta llave inglesa».

No podía creer que en el mismo coche fueran Harvey Firestone, Thomas A. Edison, John Burroughs y Henry Ford. Todos ellos eran amigos y solían viajar juntos.

 

Cuando te digo que vosotros sois dioses y diosas, no te lo crees porque has olvidado por completo quién es el que está viajando en tu interior, quién es el que está sentado en tu interior, quién es el que me está escuchando; quién es el que me está mirando. Te has olvidado por completo. Te han suminis­trado unas etiquetas desde el exterior y has confiado en esas etiquetas, en tu nombre, en tu religión, en tu país. ¡Todo mentira! No importa si eres un hindú o un cristiano o un musulmán si no te conoces a ti mismo. Esas etiquetas no tienen valor alguno a parte de servir para algo específico. ¿Qué importa si eres un hindú, o un cristiano, o un musulmán, o un indio, o un americano, o un chino? ¿Cómo va a importar, cómo te va a ayudar a conocer tu propio ser? Todo esto es irrelevante porque el ser no es ni indio, ni chino, ni americano, y el ser no es ni hindú, ni musulmán, ni cristiano. El ser es sencillamente puro «ser».

Al puro «ser» es a lo que llamo Dios. Puedes comprender tu propia divinidad interior si has comprendido lo que es la vida. En caso contrario, es que todavía no has sido capaz de decodificar la vida. Este es el mensaje. La vida entera está señalando la misma cosa, continuamente: que vosotros sois dioses. Una vez lo has comprendido, entonces la muerte deja de existir. Entonces has aprendido la lección. Entonces, al morir, los dioses regresan a su hogar.

 

Cuando el rabino Birnham yacía en su lecho de muerte,

su esposa se echó a llorar. El le dijo, «¿Por que lloras?

Toda mi vida no ha sido otra cosa que aprender a morir».

 

La vida entera... tan sólo un aprendizaje de cómo regresar a casa, de cómo morir, de cómo desaparecer. Porque en el instante en que desapareces, Dios aparece en ti. Tu presencia es la ausencia de Dios. Tu ausencia es la presencia de Dios.

 

 

Capítulo 2

 

La Confusión es mi Método

 

 

Pregunta 1

 

¿Cómo podemos prepararnos para morir?

 

No acumules nada, sea lo que sea: prestigio, poder, dinero, virtud, conocimiento, ni incluso las mal llamadas experiencias espirituales.

No acumules. Si no acumulas estarás dispuesto a morir a cada instante porque no tendrás nada que perder. El miedo a la muerte no es realmente el miedo a la muerte. El miedo a la muerte nace del acumular en la vida. Entonces tienes mucho que perder y te aferras a ello. Ese es el significado del dicho de Jesús, «Bienaventurados los pobres de espíritu».

No te digo que te conviertas en un mendigo, ni quiero decir con esto que renuncies al mundo. Quiero decir que estés en el mundo, pero que no pertenezcas al mundo. No acumules en tú interior; sé pobre de espíritu. Nunca poseas nada y entonces estarás listo para morir. La posesividad es el problema, no la vida en sí. Cuanto más posees, más miedo tienes de perderlo. Si no posees nada, si tu pureza, tu espíritu, no están contaminados por nada, si simplemente estás solo, puedes desaparecer en cualquier instante. En cualquier momento en que la muerte llame a la puerta te encontrará dispuesto. No pierdes nada. Al irte con la muerte no te conviertes en un perdedor. Te estarás adentrando en una nueva experiencia.

Y cuando te digo, que no acumules, lo digo como una exigencia absoluta. No te digo que no acumules cosas de este mundo, pero que sí sigas acumulando virtud, sabiduría y eso que llamas experiencias espirituales, visiones. No; Estoy hablando en términos absolutos: no acumules. Hay gente, particularmente en Oriente, que enseña la renunciación. Te dicen, «No acumules nada de este mundo porque todo te será arrebatado cuando mueras». Esa gente es básicamente más codiciosa que la gente corriente. Su lógica es: no acumules nada en este mundo porque la muerte te lo arrebatará. Acumula pues, eso que la muerte no puede arrebatarte. Acumula virtud, punya, acumula personalidad, moralidad, conocimiento; acu­mula experiencias, experiencias espirituales, experiencias de la kundalini, de la meditación, de esto y de lo otro; acumula algo que la muerte no pueda llevarse.

Pero si acumulas, con el acumular se introduce el miedo. Al acumular, el miedo se introduce en la misma proporción... entonces te asustas. No acumules y el miedo desaparecerá. No te estoy enseñando renunciación en el sentido clásico. Mi sanyas es un concepto absolutamente nuevo. Te enseña a permanecer en el mundo sin pertenecer a él. Entonces siempre estás dispuesto.

 

Oí de un gran místico sufí, Abraham Adam. Una vez fue el emperador de Bokara. Luego lo dejó todo y se convirtió en un mendigo sufí. Mientras estaba con otro místico sufí se sentía perplejo porque aquel hombre cada día se quejaba de su pobreza.     

Abraham Adam le dijo, «Por la forma en que abusas de ella, puede que hayas adquirido tu pobreza a bajo costo».

«¡Qué estúpido eres!, le contestó el hombre sin saber con quien estaba hablando, sin saber que Abraham había sido una vez el emperador. Le dijo, «Qué estúpido eres al creer que la pobreza se compra».

Abraham le replicó, «En mi caso, pagué con mi reino por ella. Hubiera dado incluso cientos de mundos por un solo instante de ella porque cada día su valor se incrementa para mí. No te maravilles de que yo dé gracias por ella mientras tú te lamentas».

 

La pureza de espíritu es la verdadera pobreza. La palabra «sufí» proviene de la palabra arábiga “safa”. «Safa» significa pureza. «Sufí» significa uno que es puro de corazón.

¿Y qué es pureza? No me malentiendas, pureza no tiene nada que ver con moralidad. No me interpretes de un modo moralista. La pureza no tiene nada que ver con los puritanos. La pureza sencillamente quiere decir un estado de mente no contaminado, cuando sólo tu consciencia existe y nada más. No hay nada más que penetre realmente en tu consciencia. Pero si tú anhelas poseer, este anhelo te contamina. El oro no puede entrar en tu consciencia. No puede. El dinero no puede penetrar en tu consciencia, pero si tú anhelas poseer, esa posesividad sí puede entrar en tu consciencia. Entonces te vuelves impuro. Si no deseas poseer nada, te vuelves intrépido. Entonces incluso la muerte es una hermosa experiencia que hay que atravesar.

Un hombre que es realmente espiritual tiene tremendas experiencias, pero nunca las acumula. Una vez le suceden, las olvida. Nunca las recuerda, nunca las proyecta en el futuro. Nunca suspira: porque se repitan o porque le sucedan de nuevo. Nunca reza por ellas. Una vez le suceden, le han sucedido. ¡Se acabó! Ha acabado con ellas y se aleja de ellas. Está asequible a lo nuevo, nunca acarrea con lo viejo.

Y si no acarreas con lo viejo, descubrirás la vida como algo absolutamente nuevo, increíble, inexplicablemente nuevo, a cada paso que des. La vida es novedad, solamente la mente es caduca, y si miras a través de la mente, también la vida te parecerá una repetición, algo aburrido. Si no miras a través de la mente... La mente quiere decir tu pasado, la mente significa tus experiencias acumuladas, el conocimiento que posees. La mente significa eso por lo que has pasado, pero a lo que aún estás aferrado. La mente es un apego, polvo del pasado que cubre tu consciencia especular. Si entonces miras a través de ella, todo se distorsiona. La mente es la facultad de distorsionar. Si no miras a través de la mente sabrás lo que es la vida eterna. Sólo la mente muere. Sin la mente, tú eres inmortal. Sin la mente nada ha muerto nunca, la vida sigue y sigue para siempre. No tiene ni principio ni final.

Acumula y entonces tendrás un principio y tendrás un final.

 

¿Cómo prepararte para la muerte... ? Cuando te digo que te prepares para la muerte no me refiero a que te prepares para la muerte que llegará al final. Esa está muy lejos. Si te preparas para ella te estarás preparando para el futuro y de nuevo la mente se entrometerá. No, cuando te digo que te prepares para morir, no me refiero a esa muerte qué llegará al final. Me refiero a la muerte que te visita a cada instante; con cada exhalación, Acepta esa muerte a cada instante y entonces estás listo para aceptar la muerte final cuando se presente.

Empieza a morir a cada instante al pasado. Límpiate del pasado a cada instante. Muere a lo conocido para que así seas asequible a lo desconocido. Al morir y al renacer a cada instante serás capaz de vivir la vida y también serás capaz de vivir la muerte.

Y de eso es de lo que trata la espiritualidad. De vivir la muerte intensamente, de vivir la vida con intensidad, de vivir ambos tan apasionadamente que nada quede atrás sin ser vivido, ni incluso la muerte. Si vives la vida y la muerte plenamente, los trasciendes. En esa tremenda pasión e intensidad de vida y muerte, trasciendes la dualidad, trasciendes la dicotomía, llegas al Uno. Ese Uno es realmente la Verdad. Puedes llamarlo Dios, puedes llamarlo Vida, puedes llamarlo Verdad, Samadhi, Extasis o lo que quieras.

 

Pregunta 2

 

A veces parece que tratas de confundirnos

respecto al amor y a la meditación.

A veces resaltas la futilidad extrema del amor,

pero en otras ocasiones te refieres a la meditación como a algo inútil.

Y a veces dices que las dos cosas, amor y meditación,

son las vías fundamentales para la Iluminación.

 

El que pregunta dice, «A veces parece que tratas de confundirnos». No, no me has escuchado con atención. Siempre te estoy confundiendo, no solamente en ocasiones. La confusión, es mi método.

 

Lo que estoy tratando de hacer al confundirte es desarraigarte de tu mente. Me gustaría que no tuvieras ninguna raíz arraigada en la mente, en el nombre del amor, en el nombre de la meditación o en el nombre de Dios. Tu mente es muy astuta. Puede arraigar en lo que sea. Puede arraigar en el amor, en la meditación. En el instante en que percibo que tu mente se asienta en lo que sea, de inmediato he de arrancarte de eso. Todo mi esfuerzo es crear un estado de no-mente en ti. No estoy aquí para convencerte de nada. No estoy aquí para darte dogma alguno, ni un credo con el que vivir. Estoy aquí para arrebatarte todos los credos porque solamente entonces podrá la vida suceder en ti. No te vaya dar nada sobre lo que puedas vivir. Simplemente te estoy quitando todos los apoyos, todas las muletas.

La mente es muy inteligente. Si dices, «Abandona el dinero», la mente dice, «De acuerdo. ¿Puedo aferrarme a la meditación?» Si le dices a la mente, «Renuncia al mundo», la mente te dirá, «De acuerdo. ¿Puedo tener experiencias espirituales?» Si dices, «Renuncia al mundo», la mente te dirá, «Puedo renunciar al mundo, pero me aferraré a la idea de Dios».

Y no hay una mayor barrera hasta Dios que la idea de Dios,

  La palabra «Dios» se ha convertido en la mayor barrera, la creencia en Dios se ha convertido en la bandera más grande. Si deseas llegar a Dios, has de desprenderte de toda idea sobre Dios, de todas las creencias sobre Dios, sean hindúes, cristianas o musulmanas. Has de permanecer absolutamente en silencio, sin aferrarte, sin saber. En esta profunda ignorancia, Dios se te revela. Solamente en esta profunda ignorancia.

Mi esfuerzo es totalmente distinto de tu esfuerzo. Lo que tú estás haciendo aquí es diametralmente opuesto a lo que yo estoy haciendo aquí. Mi esfuerzo es cómo crear una profunda ignorancia en ti; por eso he de confundirte. Siempre que veo que acumulas cierto conocimiento, inmediatamente salto sobre él y lo destruyo. Poco a poco aprenderás, estando cerca de mí te verás obligado a aprender que es inútil acumular porque este hombre no te va a dejar en paz. Si te aferras a algo, él te lo va a quitar. Así qué, ¿por qué aferrarse? Un día simplemente me escucharás, sin aferrarte, sin construirte con ello ninguna creencia, sin crear una filosofía, sin crear a partir de ello una teología; Simplemente escuchando como escuchas a los pájaros, como escuchas al viento silbando entre los pinos, como escuchas al río dirigiéndose hacia el océano, como escuchas el bramido salvaje de las olas del océano. Entonces   no crearás una filosofía. Simplemente escucharás.

Deja que yo sea el océano salvaje rugiendo ante ti, o el viento que silba entre los árboles, o los pájaros cantando por la mañana. No soy un filósofo, no te estoy impartiendo conocimiento alguno. Te estoy tratando de indicar algo que está más allá de todo conocimiento.                                              

Por eso, en el instante en que veo que estás asintiendo, en el momento en que veo que dices, «Sí, esto es así», en el instante en que veo que estás acumulando algo, inmediatamen­te me lanzó sobre ello y lo contradigo para confundirte. La confusión es mi método. Lo voy a estar haciendo en todo momento. No te voy a dejar descansar a menos que abandones todo esfuerzo por filosofar, a menos que empieces a escucharme sin mente, por puro placer de escucharme tal y como escuchas música. Cuando me empieces a escuchar así entonces nunca te sentirás confundido. Te sientes confundido porque tratas de aferrarte a algo, y al paso siguiente yo lo destruyo. Te sientes confundido. Estabas construyéndote una casa y una y otra vez voy yo y te la destruyo.

De hecho, tú mismo estás creando tu confusión. No levantes esa casa y entonces no tendré que destruírtela. Si la creas, la voy a derribar. Si dejas de levantar casas, casas de naipes, si dejas de edificar casas, si dices, «Este hombre vendrá y me la destruirá», si simplemente esperas y escuchas y no te preocupas por hacer una casa en la que vivir; entonces no podré confundirte. Y el día en que no sea capaz de confundirte, será un día de gran regocijo para ti porque en ese mismo momento serás capaz de entenderme, no mediante el intelecto, sino mediante tu ser. Será una comunión, no una comunicación. Será una transferencia de energía, no de palabras. Habrás entrado en mi casa.

No te voy a permitir que levantes casa alguna porque se convertirá en una barrera. Entonces empezarás a vivir en esa casa y yo estoy  tratando de que entres en mi casa. Jesús les dijo a sus discípulos, «En la casa de mi Dios hay muchas mansiones». Yo también te digo, «Te estoy llevando en un viaje en el que un gran palacio te está esperando». Pero te veo construyendo casas junto a la carretera y he de destruírtelas, si no, nunca alcanzarás la nieta. Empiezas a rendir culto a cualquier cosa. Tienes tanta prisa, estás tan impaciente que, diga lo que te diga, simplemente te agarras a ello.

No voy a permitir que esto suceda. Mantente pues alerta. Si te mantienes alerta no habrá necesidad de que te confunda. En realidad, si estás alerta, haga lo que haga no podré confundirte. El día en que puedas decir, «Ahora, Osho, no puedes confundirme. Digas lo que digas, escucharé, me regocijaré en ello, pero no formularé conceptualizaciones», será el día en que dejaré de confundirte. Hasta entonces voy a confundirte una y otra vez.

 

 

Pregunta 3

 

Ya que el sexo guarda estrecha relación con la muerte,

¿cuál es el significado del celibato espontáneo?

 

 

El sexo guarda una relación más estrecha con el nacimiento que con la muerte. El nacer surge del sexo. El nacer es un fenómeno sexual. Por supuesto que el sexo también está relacionado con la muerte, pero como subproducto. Debido a que el nacer proviene del sexo, la muerte también provendrá del sexo. De ahí que en Oriente haya surgido la estúpida idea de que si permaneces como brahmachari, si trasciendes el sexo, nunca morirás. Te convertirás en inmortal. Eso es una tontería porque la muerte no es algo que vaya a suceder en el futuro, sino que está sucediendo ya al nacer. No puedes evitarlo. Puedes excederte en el sexo o puedes excederte en el celibato; esto no constituirá diferencia alguna.

 

Mulla Nasrudin  había cumplido su centenario y unos periodistas habían acudido a entrevistarle. El era el primero en su ciudad en haber llegado a los cien años. Le preguntaron que como había llegado a esa edad centenaria.

  El contestó, «Nunca he probado el vino; nunca he estado interesado en las mujeres. Esa debe de ser la razón».

Acto seguido se oyó algo caer en la habitación de al lado con gran estrépito y se armó un gran revuelo. Los periodistas se alarmaron y dijeron, «¿Qué ha sido eso?»

Mulla dijo, «debe de haber sido mi padre. Parece que está persiguiendo de nuevo a la sirvienta y que otra vez está borracho».

El viejo debía de haber cumplido los ciento veinticinco. Mulla había dicho, «He llegado a esta edad debido al celibato ya que nunca he probado el vino. He permanecido alejado de las mujeres», pero ahí estaba su padre. Borracho persiguiendo y tratando de dar alcance a una mujer. 

La muerte ya había sucedido en el momento en que te encarnaste en el cuerpo. En el instante en que entraste en el vientre, la muerte ya había sucedido. Tu reloj, el reloj de tu vida solamente puede marcar setenta, ochenta años, depende de cientos de factores. Pero tu reloj solamente puede llegar hasta ahí. No importa cómo vivas tu vida. La muerte llegará. La muerte no puede evitarse.

El que pregunta  dice, «Ya que el sexo guarda estrecha relación con la muerte, ¿cuál es el significado del celibato espontáneo?

Lo primero es que el nacimiento y la muerte están ambos relacionados con el sexo, pero con sólo ser célibe no vas a trascenderlos. La muerte ya ha sucedido cuando naces, no hay forma de trascenderla. Es una certeza porque de hecho ya ha sucedido. Solamente es cuestión de que el tiempo corra. Estás corriendo hacia ella a cada momento.

Por eso, no trates de ser célibe solamente para evitar la muerte porque eso es, de nuevo, miedo. La gente que trata de ser célibe tiene miedo a la muerte y uno que tiene miedo a la muerte nunca podrá conocer lo que es la muerte, nunca podrá conocer aquello que no muere. No temas pues.

Y el celibato solamente puede ser espontáneo. Tú preguntas: «¿Cuál es el significado del celibato espontá­neo?»

El celibato solamente puede ser espontáneo. No hay otra clase de celibato. Si no es espontáneo, no es celibato Puedes forzado, puedes controlar tu sexualidad, pero eso no te  va a ayudar. No serás célibe, tan sólo serás más y más sexual. El sexo se esparcirá por todo tu ser. Se convertirá en parte de tu inconsciente. Aparecerá en tus sueños, se convertirá en el motivo de tus sueños, se convertirá en pura fantasía. De hecho te volverás más sexual que antes. Pensarás más en ello y tendrás que reprimirlo una y otra vez. Y todo aquello que se reprime ha de reprimirse continuamente porque la victoria nunca será completa. No hay forma de destruir el sexo por la fuerza, mediante la violencia. No hay forma de controlarlo y someterlo. La gente que lo ha intentado ha convertido al mundo en pornográfico. Tus mal llamados santos tienen una mente pornográfica. Si se pudiera abrir una ventana o un agujero en sus cabezas, podrías ver únicamente sexo, pornografía. Ha de ser así. Es natural.

Nunca fuerces el celibato en ti. Trata de entender lo que es la sexualidad, profundiza en ella. Tiene una tremenda belleza que le es propia. Es uno de los misterios más profundos de la vida. La vida surge de ella; ha de ser un gran misterio. El sexo no es pecado; el reprimir es pecado. El sexo es algo muy natural, muy espontáneo. No has de hacer nada para que venga, es innato, es parte de tu ser. No lo condenes, no lo juzgues, no le temas, no luches con él. Simplemente sumérgete en él cada vez más, más meditativamente. Déjalo que surja en un silencio tal, en tan profunda aceptación que puedas conocer su mismísimo centro. En el instante en que penetres el corazón mismo del orgasmo sexual descubrirás que el sexo va perdiendo su atractivo para ti, que tu energía va ascendiendo a un plano más elevado, que te vas volviendo más tierno y menos sexual. Y eso sucede espontáneamente.

No te estoy diciendo que te vuelvas más tierno. Te estoy diciendo que si te sumerges en las profundidades del misterio del sexo, el amor brotará espontáneamente. Te volverás más amoroso y la sexualidad irá desapareciendo poco a poco. Y un día solamente habrá una pura llama de amor; todo el humo del sexo habrá desaparecido. La cruda energía sexual se habrá transformado en un perfume más sutil: el perfume del amor.

Sumérgete entonces en el amor. Si te sumerges en el amor, llegarás de nuevo a su centro y en ese instante surgirá la oración. Eso también sucede de forma espontánea. En el sexo te ocupas más del cuerpo; en el amor estás implicado con la psique; en la oración, repentinamente, te ocupas del alma. Esas son las tres posibilidades ocultas en la semilla del sexo. Y cuando el sexo ha desaparecido dentro del amor, y cuando el amor ha desaparecido en la oración, surge el celibato espontáneo.

La palabra india que lo define es muy bella. Es brahma­charya. Literalmente significa «Vivir como un Dios», Brahmacharya significa vivir como un Dios. Toda la energía es pura oración, toda la energía es pura gracia, gratitud, dicha. Uno se vuelve absolutamente divino.

Pero no te estoy diciendo que el sexo no sea divino. Es iel semilla. El amor es el árbol; la oración es la flor. La oración surge de la energía sexual. Has de sentirte muy agradecido hacia ella, has de respetarla. Se debería respetar el sexo porque todo sucede a través de él. La vida ha surgido a su través, la muerte vendrá por él, la oración y Dios surgirán de él. El sexo lleva la impronta de tu destino. Para mí, el sexo  no es solamente sexo. El sexo lo es todo.           

Por eso, si desde el comienzo adoptas una actitud contraria, estarás perdiéndote todo el viaje que es la vida y te verás envuelto en una lucha que no conduce a ninguna parte; te verás envuelto en una lucha en la cual tu derrota es segura. No puedes derrotar tu energía sexual porque en la energía sexual está Dios escondido, en la energía sexual la oración y el amor están escondidos. ¿Cómo puedes derrotarla? Eres muy pequeño y la energía sexual es universal La Existencia entera está plena de energía sexual.

Pero la palabra «sexo» ha sido muy condenada. Ha de ser recuperada del fango. Ha de ser limpiada. Se ha de construir un templo a su alrededor. Y recuerda el celibato solamente puede ser espontáneo, no hay otra clase de celibato,  no es controlar, no es una disciplina; es una tremenda comprensión de tus energías y de tus posibilidades.

 

 

Pregunta 4

 

Dijiste que nadie debería dictarte lo que has de hacer en tu vida.

¿Cómo encaja esto con  el estar asequible y el entregarse a ti?

 

En primer lugar, yo soy un «nadie» (*).

* N. del T. Juego de palabras; en ingles: En el original     “Yo no soy nadie” o lit. “Yo soy un nadie”

 

Escucha ahora la pregunta de nuevo.

 

«Dijiste que nadie debería dictarte lo que has de hacer con tu vida».

 

No te entregues a mí porque yo te lo este dictando, pero si tú sientes que te has de entregar, ¿qué puedo hacer yo? Si sientes que te has de entregar, ese es tu sentir. Si soy yo el que te está dictando que te entregues a mí, no me escuches, pero si es tu corazón el que te lo está diciendo entonces ¿que vas a hacer? Si te digo que permanezcas asequible a mí, no me escuches,  pero si de tu propia comprensión surge el «Sé asequible a este hombre», entonces hazlo.

Y aquí no hay nadie. Si me miras en mi interior no descubrirás a nadie. La casa está vacía, todo el espacio es tuyo; todo para que preguntes. Soy puro espacio. El hombre que ves sentado aquí en la silla murió hace ya mucho tiempo. No hay entidad alguna que te esté dictando nada.

 

La noche anterior una «buscadora» estaba diciendo, «Me gustaría hacer lo que otros sanyasins están haciendo, pero no puedo entregarme. No puedo perder mi libertad. He vivido muchas reclusiones desde mi infancia, he vivido bajo muchas disciplinas. Ahora me asusta el que pueda implicarme en otro encierro». Le dije, «No te preocupes. Te otorgo la libertad, la libertad absoluta». Sanyas es libertad. Si lo entiendes debidamente es absoluta libertad.

Y la mujer entendió el porqué cuando le dije, «Ahora te sientes temerosa de verte atrapada en otra trampa, pero ¿te das cuenta de que, en sí, tu ego puede convertirse en la trampa, en la mayor de todas?» Has vivido en muchas otras reclusiones y a todas las has visto como encierros, pero tu propio ego puede convertirse en la cárcel. Cuando te entregas a alguien que no, es nadie, él no puede encarcelarte y el peligro mismo de que el ego se convierta en tu prisión también desaparece. Cuando te entregas a mí, realmente no te estás entregando a mí porque yo no estoy aquí. Y yo no estoy disfrutando en absoluto con tu entrega. Tanto si te entregas como si no, para mí no hay diferencia. De hecho, cuando te entregas, te entregas a ti misma. No te entregas a mí. Simplemente entregas tu ego. Solamente soy un artilugio, una excusa. Sería difícil para ti el ir y entregarte al río, o al cielo o a las estrellas. Sería muy difícil para ti y te parecería un poco ridículo. Por eso pretendo estar aquí tan sólo para ayudarte, de modo que no te sientas ridícula. Puedes depositar aquí tu ego. No hay nadie para recibirlo y nadie se alegrará por ello; pero sirve de ayuda.

Buda solía llamar a estas cosas, artilugios, upaya. Es solamente una upaya, una estratagema para ayudar a aquellos que no pueden decapitar sus egos a menos que encuentren unos pies donde ponerlo. Te dejo mis pies para que lo hagas, pero dentro de mí no hay nadie.

 

 

Pregunta 5

 

¿Por qué nos das esos títulos religiosos? Parecen absurdos.

Fuera del ashram los indios rara vez me llaman swami

con una expresión seria.

 

Tú debes estar suspirando por ello. No te he puesto swami para que seas un swami para los demás. La palabra swami, significa «señor». No anheles que los demás te llamen señor. Te he puesto swami únicamente para señalarte tu camino, para que te conviertas en el señor de ti mismo. No es para que los demás sean tus esclavos; solamente es para hacer de ti un amo. La palabra "swami" apunta hacia el ser amo de uno mismo. No te sientas pues frustrado si nadie te llama swami. En realidad si alguien te llama swami mantente alerta, porque hay peligro. Puedes que empieces a pensar que eres un swami. Puede que empieces a pensar que eres algún santón o algo así: No alimentes esas tonterías. No estoy aquí para santificarte o consagrarte o lo que sea.

Preguntas que porqué os doy esos títulos religiosos, pues parecen absurdos. Lo son. Realmente mi intención es ridiculizaros tanto, hasta tal punto, que los demás se rían de vosotros y que tú te puedas reír de ti mismo. Ese es el truco.

Y también te llamo swami por otra razón. Os doy esos títulos religiosos porque para mí lo profáno y lo sagrado no son dos cosas separadas. Lo profano es sagrado, lo ordinario es extraordinario y lo natural es sobrenatural. .

Dios no está en alguna parte alejado del mundo. Dios está en el mundo, inmanente... Esa es mi visión... que todo es divino tal y como es. El antiguo concepto de hombre religioso es el de aquél que está en contra de la vida. El condena esta vida, esta vida corriente; él la llama mundana, profana, ilusoria. El la censura. Yo estoy tan profundamente enamorado de esta vida que no puedo denostarla. Estoy aquí para resaltar mi amor por ella.

Cuando os doy esos títulos religiosos no os estoy haciendo en modo alguno superiores a los demás. No alimentéis ideas de «más santo que tú», no deis sostén a ideas de esta clase. Eso es estúpido.

  Te doy esas ropas de color naranja. Esas ropas han sido usadas desde hace siglos para un propósito específico, para establecer la demarcación entre la vida religiosa y la vida ordinaria. Yo quiero disolver esas diferencias. Por eso te doy esas ropas y no te aparto de la vida.

Vivirás en la vida corriente, trabajarás en la vida corriente, caminarás por la vida corriente. Estarás en el mercado, estarás en la tienda o en la fábrica, o serás un obrero, un médico o un ingeniero. No te estoy convirtiendo de ninguna manera en alguien especial, porque este mismo deseo de ser alguien especial es irreligioso. Y te he dado esas ropas para destruir esa, idea por completo. Por eso es que los tradicionales sanyasins están tan en contra mía.      Estoy destruyendo su superioridad. Antes o después dejará de haber distinciones. Mis swamis están aumentando en número de forma tan rápida que los swamis tradicionales se perderán en la selva de mis swamis. Y la gente no sabrá quién es quién. Ese es el propósito oculto. Quiero convertir la vida religiosa en vida corriente porque esta es la única vida que existe. Todo lo demás es una fantasía del ego. Y esta vida es tan hermosa que no hay necesidad de crear otra vida superior a   ella.

Sumérgete en sus profundidades, adéntrate en ellas y nuevas honduras te serán reveladas. Esta vida corriente contiene tremendas posibilidades. Por eso no quiero que te vuelvas religioso del modo en que los demás no son religiosos. Quiero que abandones toda distinción entre profano y sagrado, entre lo santo y lo impío. Esta es una gran revolución. Puede que no te estés ni dando cuenta de que está llevándose a cabo.

Y si los tradicionalistas están en mi contra, los entiendo. Estoy acabando con su actitud de «Soy más santo que tú».

Por eso he escogido el color naranja. Esa ha sido la vestimenta tradicional de los sanyasins. Pero solamente he escogido el vestido, no otra cosa, no hay nada de la disciplina tradicional. Únicamente hay consciencia, un amor por la vida, un respeto por la vida, una reverencia por la vida. Te he dado las ropas naranja, pero el día en que vea que la distinción tradicional ha sido destruida, te liberaré de esas ropas de color naranja. Entonces no habrá necesidad. Pero llevará un tiempo porque esta distinción la han ido creando durante siglos.

No puedes ni imaginarte lo que está sucediendo. Cuando un sanyasin vestido de naranja camina por la calle con su compañera, no te puedes ni imaginar lo que está ocurriendo. Nunca antes había sucedido, en la India; ni en diez mil años. La gente no puede creerlo, ¿y tú esperas que ellos te llamen swami? ¡Ya es suficiente con que no te maten! Estás destruyendo toda su tradición. Un sanyasin siempre fue uno que nunca miró a las mujeres. Tocarlas era impensable ¡y el darse la mano, imposible! Eso era suficiente para que fuera lanzado al infierno. .

He hecho de ti una clase totalmente nueva de sanyasin. Es un neosanyas. Y tras todo lo que estoy haciendo hay un método, te des cuenta o no. Quiero acabar con toda la actitud tradicionalista. La vida debería ser religiosa y la religión no debería tener vida alguna. La distinción entre el mercado y el monasterio no debiera existir: El monasterio debería estar en el mercado. La dimensión divina debería formar parte de la vida cotidiana.

 

Alguien le preguntó a Bokuju, «¿Qué sueles hacer? ¿Cuál es tu disciplina religiosa?»

El contestó, «Vivo una existencia corriente. Esa es mi disciplina. Cuando tengo hambre, como; cuando tengo sueño, duermo».

Sí, así es exactamente como debería ser.

El que preguntaba se quedó asombrado. Dijo, «Pero no veo nada de especial en eso».

Bokuju contestó, «Esa es la clave. No hay nada de especial».

Todo anhelo por lo especial pertenece al ego.

El que preguntaba estaba aún asombrado. Le dijo, «Pero eso es lo que todo el mundo está haciendo. Cuando se está hambriento, se come; cuando se tiene sueño se duerme».

Bokuju se rió. Le dijo, «No, cuando tú comes haces al mismo tiempo mil y una cosas. Piensas, sueñas, imaginas, recuerdas. No estás solamente comiendo. Cuando yo como, sólo como. No existe nada más que el comer. Es puro. Cuando tú duermes haces además mil y una cosas. Sueñas, peleas, tienes pesadillas. Cuando yo duermo, sólo duermo y nada más. Cuando se presenta el sueño, sólo hay sueño. Ni Bokuju existe. Cuando se presenta el comer, sólo existe el comer. Ni Bokuju existe. Cuándo se camina, sólo hay el caminar. Bokuju no está. Solamente existe el caminar, simplemente el caminar».

 

Así es como me gustaría que fueras. Sé corriente, pero aporta una cualidad de consciencia a tu vida corriente. Lleva a Dios a fu vida corriente; introduce a Dios en tu vida corriente. Duerme, come, ama, reza, medita, pero no creas que estás haciendo algo especial. Y así tú serás especial. Un hombre que está dispuesto a vivir una vida corriente es un hombre extraordinario porque ser extraordinario, el desear ser extraordinario, es un deseo muy ordinario. Relajarse y ser ordinario es realmente extraordinario.

 

 

Pregunta 6

 

¿Por qué es esta vida, que no tiene ni principio ni final,

tan misteriosa? Explícalo, por favor.

 

Ahora no soy solamente yo el que doy absurdas respuestas sino que tú has empezado a plantear preguntas absurdas. ¿Por qué es esta vida tan misteriosa? ¿Cómo lo voy a saber? ¡Es así! Es un hecho, no estoy hablando de teorías, no te estoy diciendo que es una teoría mía el que la vida sea un misterio. Si así fuera entonces podrías preguntar por qué. Simplemente es así. Los árboles son verdes. Tú preguntas por qué. Los árboles son verdes porque son verdes. No hay un por qué.

Si pudieras preguntar el por qué y la pregunta se pudiera contestar entonces la vida no sería un misterio. Si puedes contestar el por qué, entonces la vida deja de ser un misterio. La vida es un misterio al no haber un por qué.

 

 

«¿Por qué es esta vida, que no tiene ni principio ni final,

tan misteriosa? Explícalo, por favor».

 

Ahora "me haces sentir culpable como si yo fuera el responsable de que la vida no tenga ni principio ni final. Estoy perfectamente de acuerdo contigo en que debería tenerlo, pero ¿qué vamos a hacer? No tiene ni principio ni final.

 

Oí una vez.

Mulla Nasrudin le estaba diciendo a uno de sus discípulos que la vida es como una mujer. Yo me quedé sorprendido así que me puse a escuchar con atención lo que estaba diciendo.

El decía, «El hombre que dice que comprende a las mujeres está fanfarroneando. El hombre que piensa que las entiende es un ingenuo. El hombre que pretende que las entiende miente. El hombre que quiere entenderlas es un iluso. Por otra parte el hombre que no dice que las entiende, que no cree entenderlas, que no pretende entenderías, que ni tan sólo desea comprenderlas, ¡él las comprende!»

 

Y así es como también es la vida. La vida es una mujer. Trata de entender la vida y te verás envuelto en un lío. Olvídate de entenderla. Sencillamente vívela y la entenderás. La compren­sión no será intelectual, teórica. La comprensión será total. La comprensión no será verbal, será no verbal. Eso es lo que queremos decir cuando decimos que la vida es un misterio. Puede ser vivida, pero no resuelta.

Puedes conocer lo que es, pero no puedes decir lo que es. Ese es el significado de «misterio». Cuando decimos que la vida es un misterio, estamos diciendo que la vida no es un problema. Un problema puede ser resuelto. Un misterio es eso que no puede ser resuelto. Lleva su indisolubilidad impresa. Y es bueno que la vida no pueda ser resuelta, si no ¿qué harías? Simplemente piénsalo. Si la vida no fuera un misterio y alguien llegara y te la explicara, ¿qué harías? No quedaría nada que hacer más que suicidarse. Incluso eso carecería de sentido.

La vida es un misterio. Cuanto más sabes de ella, más bella es. Llega un momento en que, de repente, empiezas a vivida, empiezas a fluir con ella. Una relación orgásmica evoluciona entre tú y la vida, pero tú no puedes imaginarte qué es lo que es. Esa es su belleza, esa es su infinita profundidad.

Y es verdad; no hay ni principio ni final. ¿Cómo puede haber un comienzo para la vida y un final para la vida? Un comienzo significaría que algo surgió de la nada y un final significaría que algo que estaba allí desapareció en la nada. Eso sería un misterio aun mayor. Cuando decimos que la vida no tiene un principio queremos decir que la vida siempre ha estado ahí, ¿Cómo va a tener un principio? ¿Puedes trazar una línea y decir que desde ese momento la vida empezó tal y como los teólogos cristianos solían decir? Cuatro mil años antes de Cristo dicen la vida empezó un determinado lunes. Desde luego que debe haber sido por la mañana, pero ¿cómo vas a, decir era un lunes si antes no había un domingo? ¿Y cómo puedes decir que era por la mañana si la noche anterior no existía? Piensa en ello.

No, no puedes trazar una línea, es una tontería. No es posible trazar una línea porque incluso para trazar una línea se requiere de algo. Se necesita algo que ya esté allí; si no, no se puede trazar. Puedes trazar una línea si existen dos cosas, pero si sólo existe una cosa ¿cómo vas a marcar una línea? La valla alrededor de tu casa es posible porque tienes un vecino. Si no existiera el vecino, si no hubiera nada más allá de la valla, la valla no existiría. Piensa en ello. Si no hay absolutamente nada más allá de tu valla, tu valla desaparecerá en la nada. ¿Cómo va a poder existir? Se necesita algo más allá de la valla para sostenerla.

Si la vida comenzó un determinado lunes, se necesita un domingo que lo preceda; si no, el lunes se desmoronará, caerá y desaparecerá. Y de la misma forma no hay posibilidad alguna de un final. La vida es la vida simplemente,  es ha sido y será. Es eternidad.

  Y no empieces a pensar en ello. Sino, te la perderás porque todo el tiempo que desperdicias pensando en eso, es pura  pérdida. Emplea ese tiempo, emplea ese espacio, emplea esa energía para vivirla.

 

 

Pregunta 7

 

¿Por qué prefieres llamar a la meditación

«el arte de morir» en vez del «arte de crecer»?

 

  Porque sé que a tu ego le gustaría mucho que la llamase «el arte de crecer». El arte de morir es como un shock.

  Deja que te cuente una anécdota.

 

“Un día Mulla Nasrudin vio a una multitud congregada en torno al pozo de la ciudad. Un sacerdote musulmán con un enorme turbante en su cabeza había ido al pozo y gritaba en demanda de ayuda. La gente, inclinada sobre el pozo, le decía, «Denos la mano, reverendo, denos la mano». Pero el sacerdote no prestaba atención a su ofrecimiento. Seguía agitándose en el agua y pidiendo auxilio.

Finalmente Mulla Nasrudin se acercó y dijo, « Dejadme a mí!» Tendió su mano hacía el sacerdote y le gritó, «¡Tome mi mano!» El sacerdote se agarró a la mano de Mulla y así fue sacado del pozo.

La gente estaba muy sorprendida y le preguntó a Mulla, por el secreto de esta estrategia. «Es muy sencillo», dijo él, «Conozco a este avaro y sé que no da nada a nadie, ni tan siquiera su mano. Sabía que era tan tacaño que no daba su mano a nadie, por eso en vez de decir «¡Deme su mano!» le dijo «¡Tome mi mano, reverendo¡” Y desde luego que la cogió”

 

Sé que te gustaría que lo llamara «el arte de crecer" así tu ego se sentiría perfectamente a gusto. «Como es una cuestión de crecer voy a seguir aquí y crecer”. Eso es lo que siempre desea el ego.

A sabiendas, lo he llamado «el arte de morir». La meditación es el arte de morir. Entonces tu ego se conmocionará.

Y también es cierto que es el arte de morir porque tu ego no crecerá; tu ego morirá con la meditación. Esas son las dos únicas posibilidades: o bien tu ego sigue creciendo, volviéndose más fuerte, o desaparece. Si tu ego sigue creciendo y se vuelve más y más fuerte, tú te vas enfangando más y más, te vas encadenando más y más en su prisión. Te sofocarás. Toda tu vida se convertirá en un infierno.

El crecimiento del ego es el crecimiento de un cáncer. Es como el cáncer: te mata. La meditación no es el crecimiento del ego; es la muerte del ego.

 

 

Pregunta 8

 

Cuanto más hablas de la muerte, mayor es mi deseo por la vida. Me he dado cuenta de que en realidad no he vivido. Aunque comprendo que la vida y la muerte van de la mano hay una ansia en mí que pide, que grita por la vida, por el amor y por la intensidad apasionada. He descubierto que me angustia el pensar que he de entregar mis deseos no satisfechos aún. ¿Puede uno entregar aquello que nunca ha tenido? Siento que retornaría solamente al cuerpo de nuevo. Sea o no ilusión, he de admitir para sorpresa mía que aún tengo deseos y que nunca he sentido esa necesidad.

 

Cuando digo «morir» quiero decir: vive intensamente. En realidad quiero decir: vive apasionadamente. ¿Cómo vas a morir a menos que hayas vivido plenamente? En la vída plena se encuentra la muerte y esa muerte es hermosa. En una vida intensa, apasionada, la muerte llega espontáneamente como un silencio; como un gozo profundo. Cuando digo «morir» no estoy diciendo nada en contra de la vida. En realidad si temes a la muerte, también temerás a la vida. Eso es lo que le ha ocurrido al que pregunta.  

Un hombre que teme a la muerte, también temerá a la vida porque la vida conlleva la muerte. Si temes al enemigo y le cierras la puerta, también prohíbes entrar al amigo. Y tú temes tanto al enemigo que cierras la puerta. Pudiera ser que el enemigo entrase, de modo que le cierras la puerta también al amigo. Y estás tan asustado que no abres la puerta ni para el amigo porque, ¿quién sabe?, puede que el amigo resulte ser el enemigo. Que, cuando abras la puerta, también entre el enemigo. .

La gente se ha vuelto temerosa de la vida porque teme a la muerte. No viven, porque en las cimas, en las cumbres, la muerte siempre penetra la vida. ¿Has visto cómo ocurre? La mayoría de las mujeres han vivido una vida de frigidez,  temiendo al orgasmo, temerosas de esa salvaje explosión de energía. Durante siglos las mujeres han sido frígidas, no han conocido lo que es el orgasmo.

Y la mayoría de los hombres también sufren este miedo; el noventa y nueve por ciento de los hombres sufren de eyaculación precoz. Temen al orgasmo. Tienen tanto miedo que quieren acabar con eso del modo que sea, en alguna forma quieren librarse de ello.

Una y otra vez hacen el amor y surge el miedo. La mujer permanece frígida y el hombre se asusta tanto que no puede seguir en ese estado por más tiempo. El miedo mismo le hace eyacular antes de lo que sería natural, mientras que la mujer permanece rígida, cerrada, conteniéndose. Hoy en día el orgasmo ha desaparecido del mundo debido al miedo. En el orgasmo más profundo, la muerte penetra en ti; te sientes como si te fueras a morir. Si una mujer se sumerge en ese orgasmo empieza a gritar, a gemir, a llorar. Puede que hasta se ponga a gritar, «¡Me muero! ¡No me mates!» Realmente eso es lo que sucede. Si una mujer se sumerge en el orgasmo empieza a emitir susurros, empieza a decir «i Me estoy muriendo! iNo me mates! ¡Párate!» Llega un momento en el orgasmo profundo que el ego no puede existir, que la muerte entra. Pero ésa es la belleza del orgasmo.

La gente se asusta del amor porque también en el amor penetra la muerte. Si dos amantes están sentados el uno junto al otro en una intimidad y en un amor profundo, sin ni siquiera hablar... El hablar es un escape, un escapar del amor. Cuando dos amantes hablan, eso simplemente revela que están evi­tando la intimidad. Las palabras distancian; sin palabras, las distancias desaparecen. La muerte aparece. En silencio, allí solamente existe la muerte, acechando. Un hermoso fenó­meno. Pero la gente está tan temerosa que siguen hablando sobre si es o no es necesario, siguen hablando sobre cualquier cosa, de todas las cosas, pero son incapaces de guardar silencio.

Si dos amantes se sientan en silencio, de repente la muerte les rodea. Y cuando dos amantes guardan silencio podrás apreciar cierta felicidad y cierta tristeza también. Felicidad porque la vida está en su culminación y tristeza porque en esa cima la muerte también penetra. Siempre que guardes silencio podrás percibir un cierto grado de tristeza. Incluso mirando una rosa, si guardas silencio, sin decir ni una palabra sobre la rosa, simplemente mirándola, en ese silencio percibirás de repente lo que está ahí: la muerte. Verás a la flor marchitarse; en unos momentos habrá desaparecido, se habrá ido para siempre. ¡Tanta belleza y tan frágil! ¡Tan bella y tan vulnerable! Tanta belleza, un milagro tan enorme y pronto habrá desaparecido para siempre y ya no volverá nunca. De repente te entristeces.

Siempre que medites descubrirás a la muerte a tu alrededor. En el amor, en el orgasmo, en las experiencias estéticas, en la música, al cantar, en la poesía, en el baile. Siempre que, de improviso, desaparezca tu ego, la muerte estará presente.

Déjame decirte una cosa. Temes a la vida porque temes a la muerte y me gustaría enseñarte cómo morir para que perdieras todo el miedo a la muerte. En el instante en que pierdes el miedo a morir, te vuelves capaz de vivir.

No estoy hablando en contra de la vida. ¿Cómo voy a hablar en contra de la vida? ¡Estoy locamente enamorado de la vida! Estoy tan perdidamente enamorado de la vida que debido a esto también me he enamorado de la muerte. Es parte de la vida. Cuando amas la vida totalmente, ¿cómo vas a evitar la muerte? También has de morir. Cuando amas profundamente a una flor, tu amor también se está marchitando. Cuando amas a una mujer profundamente, la amas también cuando envejece y un día amarás su muerte. Es parte, forma parte de la mujer. La vejez no ha surgido desde el exterior, proviene del interior. En la hermosa cara han aparecido arrugas; tú amas también esas arrugas. Son parte de tu mujer. Amas a un hombre y su pelo ha encanecido; tú también amas esos cabellos. No provienen del exterior, no surgen por accidente. La vida se está desplegando. El pelo negro ha desaparecido y las canas han hecho acto de presencia. No las rechaces, ámalas, son también una parte. Luego tu hombre envejece, se vuelve débil; ama también eso. Entonces, un día, el hombre se habrá ido; ama también eso.

  El amor lo ama todo. El amor no conoce nada más que el amor. Por eso te digo: ama a la muerte. Si eres capaz de amar la muerte, te será muy fácil amar la vida. Si eres capaz de amar incluso a la muerte, no habrá ningún problema.

El problema surge porque el que pregunta debe de haber estado reprimiendo algo, debe de estar asustado de la vida. Y esa represión puede traer funestas consecuencias. Si continúas reprimiendo, reprimiendo, llegará un día en que perderás todo sentido estético. Perderás todo sentido de la belleza, de la gracia, de la divinidad. Entonces la represión misma se convertirá en un estado tan febril que serás capaz de hacer todo eso que es desagradable.

Deja que te cuente una hermosa anécdota. Chinmaya me la ha enviado. ¡Me envía bonitos chistes!

 

Un marine es enviado a un destacamento de una alejada isla donde no hay mujeres. Solamente hay una gran población de monos. Se sorprende al ver que, sin excepción, todos sus compañeros marines hacen el amor con las monas, y él jura que nunca llegará a esos extremos de lascivia. Ellos le dicen que no se haga el estrecho y mientras los meses van pasando, el marine no puede aguantarse más. Agarra la primera mona que pasa por allí y en el acto es visto por sus compañeros que empiezan a partirse de risa.

Sorprendido, él les dice, «¿De qué os estáis riendo? ¡Siempre me decíáis que lo hiciera!»

 

Ellos le contestan, «Sí, pero ¿por qué cogiste la más fea?»

 

Si te reprimes, existe la mayor probabilidad de que elijas la vida más desagradable. La fiebre que tendrás será tanta que no estarás en tus cabales. Estarás casi neurótico. Antes de que la represión alcance niveles excesivos, relájate, fluye con la vida. ¡Es tu vida! No te sientas culpable. Es tu vida para que la vivas y ames y sepas y seas. Y sean cualesquiera los instintos que Dios te ha dado son simples indicaciones de por dónde te haz de mover, de por dónde has de buscar, de dónde has de descubrir tu plenitud.

Sé que esta vida no lo es todo, que hay una vida mayor oculta detrás. Pero está escondida detrás. No podrás descubrir esa vida mayor yendo en contra de esta vida; tendrás que descubrir esa vida mayor complaciéndote sin reparos en esta vida. En el océano hay olas. El océano está oculto tras las olas. Si, viendo la agitación y el caos, escapas de las olas, también estarás escapando del océano y de sus profundidades. Lánzate a ellas; esas olas forman parte de él. Sumérgete en ellas y las olas desaparecerán y entonces aparecerá la profundidad, el silencio absoluto del océano.

Este es mi consejo para el que ha preguntado: has esperado demasiado, ¡ya basta!. Cuando ya está bien, ya está bien.

Dejadme que os cuente una anécdota, una antigua broma italiana.

 

El asistente personal del Papa estaba sirviendo a Su Santidad el desayuno cuando resbaló y volcó toda la comida por el suelo. «¡Maldición!» gritó mientras se caía”.

Su Santidad salió de su habitación y le dijo, «No se puede maldecir aquí. En vez de decir eso dí Ave María».

A la mañana siguiente mientras servía su desayuno a Su Santidad, resbaló de nuevo, tirando todo el almuerzo por el suelo. «¡Maldita sea!» exclamó el pobre hombre.

«No, hijo mio» dijo el Papa. «Ave María».

Al tercer día el asistente estaba temblando de miedo, pero esta vez se acordó. «Ave María», exclamó mientras se caía al suelo con el desayuno.

        «¡No!» exclamó el Papa. «¡Maldita sea! Este es mi tercer día sin desayuno. ¡Cuando basta, basta!»

 

Es tu vida. No hay porqué te pierdas el desayuno cada día. Y dos Ave Marías están bien, pero a la tercera ya es

«Maldita sea!»

 

 

Pregunta 9

 

Soy un pedrusco en medio de la montaña. Ni esto me

atrevo a ver. En vez de ello, sueño.

Osho, ¿por qué me hablas de ríos, del océano y del cielo?

¿Cómo pudiste darme sanyas?

Soy un pedrusco en medio de la montaña.

 

Todo el mundo es un pedrusco. A menos que llegues a alcanzar tu gloria más interna, serás un pedrusco. Pero no hay nada malo en ser un pedrusco. Un pedrusco no es nada más que Dios profundamente dormido, roncando. Un pedrusco es Dios durmiendo. No hay nada malo en el pedrusco; ha de ser despertado. Por eso te he dado sanyas.

Tú dices, «¿Cómo pudiste darme sanyas?»

Sanyas no es más que un esfuerzo para despertarte, un esfuerzo para sacudirte, un esfuerzo para lanzarte a la consciencia. Sanyas no es más que una alarma.

«Ni esto me atrevo a ver, que soy un pedrusco en medio de la montaña. En su lugar, sueño».

Así es como la roca evita su propio crecimiento, como evita su propio futuro: soñando. El soñar es la barrera. Con el soñar evitamos la realidad, con el soñar evitamos lo real. Es nuestro escape. No tienes otro escape. Esta es la única ruta de escape: soñar.

  Cuando me estás escuchando, también puedes estar soñando. Aquí sentado puedes tener mil y un pensamientos rondándote por tu cabeza. Puedes pensar en el futuro o en el pasado. Puedes estar a favor o en contra de lo que estoy diciendo, puedes argüir, puedes discutir conmigo en tu interior. Pero así me perderás. Aquí yo soy real. Aquí no has de soñar, tan sólo has de estar conmigo y los resultados serán tremendos.

 Pero continuamos soñando. La gente es soñadora, y así funcionan. Cuando hacen el amor a una mujer, están soñando.  Cuando comen, están soñando. Cuando dan un paseo por la carretera, cuando salen a pasear por la mañana, con el sol saliendo, con el hermoso día, con la gente comenzando el día, con la vida regresando otra vez, están soñando. No miran nada.

  Continuamos soñando. El soñar actúa como una visera y         nos seguimos perdiendo la realidad. 

  «Osho ¿por qué me hablas de ríos, del océano y del

cielo?»

Porque esas son tus posibilidades. La roca puede volar, a la roca le pueden crecer alas. Yo mismo fui un día una roca. Luego empecé a desarrollar alas. Sé de tus posibilidades; puede que tú no las conozcas. Por eso te hablo de los ríos, del océano y del cielo. La roca puede convertirse en una flor, la roca puede convertirse en un río, la roca puede convertirse en el océano, la roca puede convertirse en el cielo. ¡Tus posibilidades son infinitas! Tus posibilidades son tantas como las posibilidades de Dios. Tú eres multidimensional.

 Por eso continuo hablando de los ríos, de los océanos y del cielo un día u otro una gran sed te poseerá, una nueva pasión por lo imposible surgirá y serás capaz de volar en el cielo. Es tuyo, ¡Reclámalo! Solamente pareces una roca. También las rocas parecen que sólo son rocas. Si se esfuerzan un poco, si se sacuden a sí mismas un poco, descubrirán que tienen alas escondidas allí. Encontraras que se les abren infinitas posibilidades, puertas y más puertas.

Pero el soñar actúa como una barrera. El ser una roca no es un problema; el soñar demasiado es el problema. Comienza a abandonar los sueños. Son inútiles, una pérdida de tempo y nada más. Pero la gente sigue soñando y soñando... Poco a poco la gente empieza a pensar que su única vida es el soñar. La vida no es un sueño y el soñar no es la vida. El soñar es evitar la vida.

 

Deja que te cuente una anécdota.

En su septuagésimo quinto aniversario, Turtletaub acudió presuroso a la consulta de su médico. «Doctor», exclamó, «tengo una cita esta noche con una chica de veintidós años. Me ha de dar algo que me active».

El médico le sonrió amablemente y le dio una receta. Luego, por la noche, lleno de curiosidad, el médico telefoneó a su paciente, «¿Le ayudó la medicina?»

«¡Es maravillosa!», replicó Turtletaub. «¡Ya lo he hecho siete veces!» .

«iFantástico!” le dijo el doctor, «¿Y qué hay de la chica?»

«¿De la chica?», dijo Turtletaub, «¡Si aún no ha llegado!»

 

No sigas soñando; si no, te perderás la chica. Te perderás la vida. Deja de soñar, mira lo que es esto. Y está delante de ti, está a tu alrededor, está dentro y está afuera. Dios es la única presencia si no estás soñando. Si sueñas, entonces tus sueños ocupan tu espacio interior. Se convierten en los obstáculos para que Dios entre en ti. A este soñar lo llamamos maya. Maya significa un show mágico, un show de fantasía. Cuando no estás soñando, cuando estás en un estado sin sueños, la realidad te es revelada.

La realidad ya está ahí, no has de conseguida. Solamente has de hacer una cosa: has de dejar de lado tus sueños. Y ya no serás más una roca; podrás volar conmigo a los confines del cielo.

Acepta mi invitación, acepta mi reto. Eso es de lo que trata el sanyas.

 

Osho, EL ARTE DE MORIR

 

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