DIA A DIA 


3. ELEGID LA NATURALEZA

 

Siempre que veáis que la sociedad está en conflicto con la naturaleza, elegid la naturaleza... sin importar el precio. Jamás perderéis.

 

Hasta ahora se ha considerado que el individuo existe para la socie­dad, de modo que ha de acatar lo que la sociedad dicte. Debe encajar en ella. Esa es la definición del ser humano normal: uno que encaja en la sociedad. Aunque la sociedad esté loca, hay que encajar en ella; enton­ces sois normales.

El problema que ahora se le plantea al individuo es que la naturaleza exige una cosa y la sociedad lo contrario. Si la sociedad demandara lo mismo que la naturaleza, no habría conflicto. Habríamos permanecido en el Jardín del Edén.

El problema surge porque la sociedad tiene sus propios intereses, que no necesariamente están en sintonía con el individuo y sus intereses. La sociedad posee sus propios intereses; el individuo ha de ser sacrificado. Nos encontramos en un mundo que está patas arriba. Lo correcto sería justo lo opuesto.

El individuo no existe para la sociedad, sino esta para el individuo. Porque la sociedad es simplemente una institución, carece de alma. El individuo posee alma, que es el centro consciente.

 

 

4. UN LUGAR DE ECOS

 

El mundo es un lugar de ecos si arrojamos ira, ira es lo que nos vuelve; si damos amor, amor es lo que recibimos.

 

El amor no debería ser exigente; de lo contrario, pierde sus alas, no puede volar. Se enraíza en la tierra y se vuelve muy terrenal; entonces es lujuria y proporciona mucha desdicha y gran sufrimiento. El amor no debería ser condicional, no habría que esperar nada de él. Él mismo debería ser su razón de ser, no una recompensa o resultado. Repito, si tiene algún motivo ulterior, vuestro amor no puede convertirse en un cielo abierto. Se ve confinado a ese motivo; el motivo se convierte en su definición, en su límite. El amor sin motivo carece de limites: es puro júbilo, exuberancia, es la fragancia del corazón.

Y que no haya deseo de conseguir ningún resultado, no significa que estos no tengan lugar; acontecen, y multiplicados por mil, porque aque­llo que le damos al mundo, nos vuelve rebotado a nosotros. El mundo es un lugar de ecos: si arrojamos ira, ira es lo que nos vuelve; si damos amor, amor es lo que recibimos. Pero ese es un fenómeno natural, no hace falta pensar en ello. Se puede confiar: acontece por su cuenta. Esta es la ley del karma: se recoge aquello que se siembra; lo que se da es lo que se recibe. Así que no hay, necesidad de pensar en ello, es algo auto­mático. Odiad, y os odiarán. Amad, y os amarán.

 

5. SABIDURÍA RETROSPECTIVA

 

El otro nunca es responsable. Estad atentos. Si os volvéis sabios en el momento, no habrá problema. Pero todo el mundo se vuelve sabio cuando el momento ha pasado. La sabiduría retrospectiva no vale nada.

 

Cuando lo habéis hecho todo, cuando habéis luchado, sermoneado y os habéis quejado y luego os habéis vuelto sabios y visto que no tenía sentido, es demasiado tarde. No sirve para nada... porque ya habéis cometido el daño. Esta sabiduría es una sabiduría falsa. Os brinda la sen­sación de que habéis entendido. Ese es un truco del ego. Esa sabiduría no os va a ayudar. Cuando estabais haciendo lo que hacíais, en ese mismo momento, simultáneamente, es cuando ha de surgir la percepción y deberíais comprender que lo que hacéis es inútil.

Si sois capaces de verlo cuando está presente, entonces no podéis hacerlo. Jamás se puede ir contra la propia percepción, y si se va contra ella, esa percepción no lo es. Se la está confundiendo con otra cosa.

Así que recordad, el otro jamás es responsable de nada. Es algo que hierve en vuestro interior. Y por supuesto la persona a la que amáis es la que está más próxima a vosotros. No podéis arrojárselo a un desconoci­do que pasa por la calle, de modo que la persona que más próxima tenéis se convierte en el receptáculo en el que podéis continuar vertiendo todas vuestras tonterías. Pero hay que evitar eso, porque el amor es muy frágil. Si lo hacéis demasiado, si os excedéis, el amor puede desaparecer.

El otro nunca es responsable. Intentad que esto sea un estado tan permanente de percepción en vosotros que siempre que empecéis a ver algo malo en el otro, lo recordéis. Sorprendeos con las manos en la masa, para poder parar en el acto. Y pedir que se os perdone.

6. GRATITUD

 

La gratitud prepara el camino. Sentíos tan agradecidos a la existencia como os sea posible... por cosas pequeñas, no solo por las grandes... por el simple acto de respirar No tenemos ningún derecho sobre la existencia, de modo que aquello que se recibe es un regalo.

 

Desarrollad cada vez más la gratitud; dejad que se convierta en vues­tro estilo. Estad agradecido a todos.

Si se entiende la gratitud, entonces se agradecen las cosas que se han hecho de forma positiva. Incluso se agradecen las cosas que se han reali­zado negativamente. Estáis agradecidos de que alguien os ayudara; este es solo el principio. Luego se empieza a agradecer que alguien no os hiciera daño... cuando podría haberlo hecho; fue amable.

Una vez que se entiende el sentimiento de gratitud y se le permite penetrar hondo en el ser, se empieza a sentir gratitud por todo. Y cuanto más agradecidos seáis, menos os quejaréis y gruñiréis.

Cuando desaparecen las quejas, también desaparece la desdicha, ya que esta existe con la queja. Está enganchada a las quejas y a la mente propensa a quejarse. Es imposible que exista con la gratitud. De manera que este es uno de los principales secretos que hay que aprender.

 

7. RISA

 

¿Por qué esperar motivos? La vida tal como es debería ser suficiente razón para reír. Es tan absurda, es tan ridícula. Es tan hermosa... ¡tan maravillo­sa!

Es todo tipo de cosas al mismo tiempo. Es una gran broma cósmica.

 

La risa es la cosa más fácil del mundo si la permitís, pero se ha con­vertido en algo difícil. La gente ríe muy rara vez, y aun cuando lo hace no es una risa verdadera. Las personas ríen como si le hicieran un favor

a alguien, como si cumplieran un cierto deber. La risa es diversión. ¡No es un favor a nadie! Igual que con el amor. También el amor es diver­sión. La risa es diversión. La vida es diversión. Pero, de algún modo, en la mente ha calado hondo que estáis cumpliendo con un deber.

No se debería reír para hacer feliz a otro, porque si vosotros no sois felices, no podéis hacer feliz a nadie. Simplemente deberíais reír por voluntad propia, y sin que exista un motivo en particular.

Si empezáis a analizar las cosas, no seréis capaces de dejar de reír. Sencillamente, todo es perfecto para la risa, no falta nada, pero no lo per­mitimos. Somos muy mezquinos con la risa, con el amor, con la vida. En cuanto sepáis que se puede dejar de ser mezquinos, pasaréis a una dimen­sión diferente.

La risa es la verdadera religión. Todo lo demás es metafísica.

 

8. NO EMITIR JUICIOS

 

No hay que emitir juicios, porque si se juzga, se inicia la división.

 

Por ejemplo, podéis estar sumidos en una profunda conversación con un amigo y de pronto sentir que os apetece el silencio. Queréis dejar de hablar justo en mitad de una frase. Parad, y ni siquiera completéis el resto de la oración, porque eso irá contra la naturaleza.

Pero entonces surge el juicio. Uno se sentirá abochornado por lo que puedan pensar los demás si de repente se deja de hablar en medio de una frase. Si de pronto guardáis silencio, no lo entenderán, de modo que lográis completar la oración como podéis. Fingís mostrar interés, y al final conseguís escapar. Eso es muy costoso y no hay necesidad de hacer­lo. Simplemente decid que en ese momento no os llega la conversación. Podéis pedir disculpas y guardar silencio.

Durante unos días quizá sea un poco molesto, pero poco a poco la gente empezará a entender. No os juzguéis por el motivo por el que hayáis podido guardar silencio; no os digáis que no está bien. ¡Todo está bien! En la aceptación profunda, todo se convierte en una bendición. Lo que pasa es que vuestro ser quiere estar silencioso, así que hacedle caso. Convertíos en una sombra de vuestra totalidad, y allí adonde vaya tenéis que seguirla porque no hay otro objetivo. Comenzaréis a sentir que os rodea una relajación tremenda.

 

9. LOS VERDADEROS LADRONES

 

 

No hay nada que temer porque no tenemos nada que perder. Todo lo que puede ser robado no vale la pena, de modo que ¿por qué temer? ¿por qué sospechar? ¿por qué dudar?

 

Estos son los verdaderos ladrones: la duda, la sospecha, el miedo. Destruyen vuestra misma posibilidad de celebración. Así que mientras estéis en la tierra, celebrad la tierra. Mientras dure este momento, dis­frutadlo hasta la médula. Sacadle todo el jugo que os pueda dar y que está dispuesto a daros.

Debido al miedo pasáis por alto muchas cosas. Por el miedo no podemos amar, y si amamos, siempre es a medias. Siempre es hasta cier­to punto y jamás va más allá. Siempre llegamos a un punto más allá del cual nos da miedo ir, así que nos quedamos anclados ahí. El miedo nos impide ahondar en la amistad. Por el miedo no podemos rezar.

Sed conscientes, pero jamás seáis cautos. La distinción es muy sutil. La conciencia no está enraizada en el miedo, pero sí la cautela. Uno se muestra cauto para no tener que equivocarse nunca, aunque así no se puede llegar muy lejos. El mismo temor no os permitirá investigar esti­los de vida nuevos, nuevos canales para la energía, nuevas direcciones y nuevas tierras; no os lo permitirá. Siempre hollaréis el mismo sendero, una y otra vez, avanzando y retrocediendo, avanzando y retrocediendo. ¡Uno se convierte en un tren de mercancías!

 

 

10. LA MENTE CRÍTICA

 

No digo que una actitud crítica sea siempre dañina. Si trabajáis en un proyecto científico, no es perniciosa; es el único modo de trabajar.

 

Una mente crítica es una necesidad absoluta si trabajáis en un pro­yecto científico. Pero la mente crítica es una barrera absoluta si lo que intentáis es alcanzar vuestra propia interioridad, subjetividad. Con el mundo objetivo es perfectamente válida. Sin ella no hay ciencia; con ella no hay religiosidad. Hay que entender esto: cuando se trabaja objetiva­mente hay que ser capaz de usarla, y cuando se trabaja subjetivamente hay que ser capaz de dejarla a un lado. Debería emplearse como un medio. No ha de convertirse en una idea fija; deberíais ser capaces de utilizarla o no, con libertad.

Con una mente crítica no existe posibilidad de penetrar en el mundo interior. La duda es una barrera, del mismo modo que la confianza es una barrera en la ciencia. Un hombre de confianza no irá muy lejos en la ciencia, no puede. Por eso es por lo que en los días en que la religión era predominante en el mundo, este permaneció poco científico.

El conflicto que surgió entre la Iglesia y la ciencia no fue accidental; fue fundamental. En realidad, no fue un conflicto entre la ciencia y la religión, sino entre dos dimensiones de ser diferentes, lo objetivo y lo subjetivo. Su funcionamiento es distinto.

 

 

11. ORGASMO

 

Hay momentos, contados momentos, muy espaciados entre sí, en que el ego algu­nas veces desaparece porque os encontráis en una embriaguez total. En el amor a veces sucede; en ocasiones también en el orgasmo.

 

En el orgasmo profundo vuestra historia desaparece, vuestro pasado no deja de retroceder, hasta que al final desaparece. En el orgasmo no tenéis ninguna historia, ningún pasado, no tenéis mente ni autobiografía. Estáis absolutamente aquí, ahora. No sabéis quiénes sois, carecéis de identidad. En ese momento el ego no funciona, y de ahí el júbilo del orgasmo, su refrescante cualidad, lo rejuvenecedor que es. Por eso os deja tan silenciosos, tan tranquilos, tan relajados y satisfechos. Pero una vez más irrumpe el ego, entra el pasado para arraigarse en el presente. De nuevo la historia empieza a funcionar y vosotros dejáis de funcionar. El ego es vuestra historia, no es una realidad. Y es vuestro enemigo.

Todas las personas giran por esa esquina muchas veces en la vida, porque esta se mueve en un círculo y una y otra vez llegamos al mismo punto, pero debido a la falta de coraje escapamos de ese punto. De lo contrario, el ego es una falsedad. De hecho, dejarlo morir sería lo más fácil v mantenerlo vivo lo más arduo, pero lo mantenemos con vida y pensamos que es lo más fácil.




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