EL GRAN DESAFIO


Capítulo 1
 

EL VUELO DEL SOLITARIO AL SOLITARIO
 

Por favor explica qué significa para ti Yoga, Yogi y meditación.
 

Lo primero que hay que recordar acerca de la meditación es que no hay nada que se pueda hacer. En todo el mundo la gente tiene la idea de que meditación significa hacer algo. No es un hacer, no es un acto, es algo que ocurre. No es que tú vayas a ella; ella viene a ti y te penetra. En un sentido te destruye y en otro te vuelve a crear. Es algo tan vital y tan infinito que no puede ser una parte de tu hacer.
¿Entonces qué hay que hacer? Tú sólo puedes crear la situación en la que ocurre. Lo único que puedes hacer es ser vulnerable y estar abierto a la existencia por todas las partes.
Normalmente somos como prisiones: estamos cerrados dentro de nosotros mismos sin ninguna apertura. En cierto sentido estamos muertos. Se podría decir que nos hemos vuelto «a prueba de vida»: la vida no puede llegar hasta nosotros. Hemos creado barreras y obstáculos a la vida porque puede ser peligrosa, incontrolable; la vida es algo que no está en nuestras manos. Nos hemos creado una existencia cerrada para nosotros mismos en la que podemos sentirnos seguros, en la que podemos sentirnos cómodos. Esa existencia cerrada es práctica pero al mismo tiempo mortecina. Cuanto más nos cerramos, menos vivos estamos. Cuanto más nos abrimos, más vivos estamos.
La meditación es una apertura a todas las dimensiones, una apertura a todas las cosas. Pero estar abierto a todas las cosas es peligroso, estar abierto a todas las cosas incondicionalmente nos hace sentir inseguros. No puede ser cómodo porque puede ocurrir cualquier cosa. Una mente que anhela la seguridad, que anhela la comodidad, que anhela la certeza, no puede ser una mente meditativa. Sólo una mente que esté abierta a lo que sea que la vida ofrezca, que de la bienvenida a lo que sea que ocurra, aunque sea la muerte, puede crear una situación en la que ocurre la meditación.
Así que lo único que tú puedes hacer es ser receptivo a la meditación, ser totalmente receptivo; no a un suceso en particular sino a lo que sea que venga.
La meditación no es una determinada dimensión, es una existencia sin dimensiones, una existencia que está abierta a todas y cada una de las dimensiones sin ninguna condición, sin ningún anhelo, sin expectaciones. Si hay alguna expectación, la apertura no será total. Si hay alguna condición, algún anhelo, si hay algún «si», entonces la apertura no puede ser total. Ninguna parte de ti debería permanecer cerrada. Si no estás completamente abierto, no podrás recibir ningún suceso vital, vigoroso, infinito. Ni él podrá ser tu invitado ni tú podrás ser su anfitrión.
La meditación es sencillamente la creación de una situación receptiva en la cual algo puede suceder y lo único que tú puedes hacer es esperar.
La mente que espera está esperando a lo desconocido, porque lo que va a ocurrir no se puede conocer de antemano; no puedes ni imaginártelo. Puede que hayas oído algo acerca de ello, pero no es un conocimiento tuyo; sigue siendo algo desconocido. La mente que espera lo desconocido es una mente meditativa.
Cuando esperas lo desconocido tus conocimientos se convierte en una barrera, porque cuanto más consciente eres de tus conocimientos más sólidamente te encarcelas a ti mismo. No tienes que mantener una postura de «saber», tienes que ser completamente ignorante; sólo así lo desconocido puede llegar hasta ti. En el momento en que tu ignorancia es consciente de sí misma, en el momento en que sabes que no sabes, es cuando empiezas a esperar lo desconocido.
Hay dos tipos de gente ignorante. El primer tipo lo forman aquellos que no son conscientes de su ignorancia; estos automáticamente piensan que ellos saben. Esta es una sabiduría ignorante. El otro tipo lo forman aquellos que son conscientes de su ignorancia. Esta es una ignorancia sabia. La sabiduría empieza en el momento en que te haces consciente de tu ignorancia.
Un erudito, una persona que cree que sabe, jamás podrás ser una persona religiosa. Una persona que cree que sabe, tiene que no ser religiosa, porque el ego de la sabiduría es algo de lo más sutil. Pero en cuanto conoces tu ignorancia desaparece el ego, no hay ningún espacio en el que el ego pueda existir. El mayor ataque para el ego es hacerse consciente de la ignorancia de uno mismo; el mayor refuerzo para el ego es dárselas de sabio.
Lo segundo que quisiera decir acerca de la meditación es que tu mente debe ser completamente consciente de su ignorancia. Y sólo puedes hacerte consciente de tu ignorancia cuando tus conocimientos acumulados, prestados, no se confundan con la sabiduría. No es sabiduría, es simplemente información y la información no es sabiduría aunque parezca lo contrario.
Una persona que sabe no es dogmática acerca de su sabiduría; duda. Pero la persona que cree que sabe es dogmática, asertiva; está absolutamente segura.
Tienes que date cuenta del hecho de que lo que tú no has conocido no puede ser tu sabiduría. La sabiduría no se puede ser prestada: esa es la diferencia entre una mente teológica y una mente religiosa. La teología es una de las cosas más irreligiosas del mundo y los teólogos son la gente más irreligiosa porque lo que ellos han reivindicado como sabiduría es algo prestado.
La sabiduría jamás podrá ser reivindicada, porque el fenómeno de que en cuanto uno sabe se pierde el yo es inherente a ella. En cuanto uno sabe, el ego ya no está ahí. La sabiduría llega cuando el ego no está, por eso el ego no puede reivindicar que la posee. El ego solamente puede recoger información; puede acumular muchos hechos, puede citar las escrituras.
Entrar en meditación es transcender tus conocimientos acumulados. El aprendizaje comienza en el momento en que se transcienden estos conocimientos. Y un aprendiz es algo muy diferente: él nunca afirma que sabe, él siempre es consciente de su ignorancia. Y cuanto más consciente de ello es, más receptivo a lo nuevo se vuelve.
En cuanto hayas aprendido algo, descártalo; de otra forma hay muchas posibilidades de que se convierta en parte de tus conocimientos, en parte de tu acumulación. Aunque tus conocimientos procedan de tus experiencias pasadas, también son prestados, porque tú ya no eres la misma persona. No hay ninguna diferencias en que tus conocimientos sean prestados de otra persona o prestados del pasado.
Mi yo de ayer está muy lejano; ya está muerto... no se encuentra en ningún lugar excepto en mi memoria. Para mí, ahora mi yo de ayer es tan «ajeno» como lo puedas ser tú. De hecho es más «ajeno», porque tú estás más cerca de mi en el tiempo. En este momento, si puedes estar en silencio, tú eres yo, parte de mi.
Si te estuviera hablando de algo que me llegó ayer, no sería yo quien estuviera hablando: sería una persona muerta, una memoria muerta. No estaría viviendo en este momento, ajustado a este momento. Algo que está muerto se estaría afirmando a través de mi. Y confiar en algo que está muerto... es imposible.
Si yo todavía estoy viviendo en la memoria del ayer, entonces no soy capaz de vivir el hoy. Si ayer he podido vivir el momento de ayer, entonces tengo que vivir hoy lo que está pasando en este mismo momento y lo que diga debe salir a través del yo de este momento. Si procede del pasado muerto, será prestado. Aunque venga de mi, de mi propio pasado, será un peso muerto, no será sabiduría.
La sabiduría siempre es espontánea, mientras que todas las reivindicaciones siempre pertenecen a los conocimientos del pasado, de la memoria. Cuando estás tomando prestado de la memoria no estás en un momento de sabiduría. No se debe tomar prestado de nadie, ni siquiera del propio pasado. Se debe vivir momento a momento y vivir de tal forma que todo lo que llegue debe hacerse parte de la sabiduría.
Si yo te miro a ti, mi mirada sólo puede ser sabiduría si mi memoria no se mete entre medias. Si te estoy mirando a través de mi memoria de nuestros pasados encuentros entonces en realidad no te estoy mirando a ti. Pero si te miro sin ninguna carga del pasado, la mirada se torna meditativa. Si te toco sin la carga de ninguna experiencia que mi mano haya conocido en el pasado, el toque se torna meditativo. Todo lo que es inocentemente espontáneo se vuelve meditativo.
El tercer punto que me gustaría acentuar es que una mente meditativa vive momento a momento. No acumula, vive cada momento tal como viene. Nunca va más allá del aquí y ahora, siempre está en el ahora, receptiva a cada momento tal como venga.
El pasado es parte de la memoria y el futuro es parte de los deseos. Ambos son mentales; no tienen existencia en sí mismos, son creaciones humanas. Si el hombre no existiera, en la Tierra no habría ni pasado ni futuro. Tan sólo existiría el presente, el ahora, sólo ahora; sin ningún tránsito de tiempo, sin ir ni venir. La mente meditativa vive en el ahora; esa es su única existencia.

Un monje Zen había sido sentenciado a muerte. El rey del país le llamó y le dijo: «Sólo tienes veinticuatro horas; ¿cómo vas a vivirlas?».
El monje se rió y contestó: «¡Momento a momento; tal como siempre he vivido! Para mi nunca ha habido más que este momento, así que ¿qué más da si me quedan veinticuatro horas o veinticuatro años? Eso es irrelevante. Yo siempre he vivido momento a momento así que un momento es más que suficiente para mí. Veinticuatro horas es demasiado; un momento es suficiente».
El rey no podía comprenderlo. El monje le dijo: «Señor déjeme preguntarle algo: ¿puede usted vivir dos momentos simultáneamente?».

Nunca nadie lo ha hecho. La única forma posible es vivir un sólo momento. No se te dan dos momentos simultáneamente; sólo tienes un momento en las manos. Y ese momento es tan escurridizo que si estás absorto en el pasado o seducido por el futuro no te será posible atraparlo. Pasará a tu lado y te lo perderás. Sólo la mente receptiva que está aquí y ahora puede crear la situación en la que ocurre la meditación.
El cuarto punto es la seriedad. La gente que piensa y habla acerca de la meditación, se la toman muy en serio. Se la toman como un trabajo, no como un juego. Pero si te tomas la meditación en serio, no puedes crear la situación para que ocurra. La seriedad es tensión y una mente tensa nunca puede estar en meditación.
Tienes que tomarte la meditación como un juego, un juego de niños. La gente que medita debería ser juguetona (y jugar con la existencia, jugar con la vida), sin cargas, sin tensión; no como si hubiera que hacer algo sino de una forma relajada. Sólo puede ocurrir en un momento de relajación, en un momento de juego.
Una persona seria no puede ser religiosa. ¡Y los religiosos son personas muy serias! Parece como si sólo personas enfermas con caras largas se volvieran religiosas. Pero la meditación no es algo que se «tenga» que hacer, es algo que no tiene ningún propósito en absoluto; es algo cuyo fin es intrínseco. No hay nada que alcanzar por ella o a través de ella; no se la puede convertir en un medio.
Pero tal como yo lo veo, la gente que se interesa por la meditación no está realmente interesada en la meditación, está interesada en otras cosas y utilizan la meditación como un medio para conseguirlas. Puede que esté interesada en el silencio, en alcanzar un estado mental sin tensión (puede estar interesada en cualquier cosa) pero no está simplemente interesada en la meditación como tal, por eso no puede estar abierta a ella.
La meditación sólo llega a aquellos que están interesados en la meditación como un fin en sí misma. El silencio llega: eso es otra cosa. La paz llega: eso es otra cosa. Lo divino llega: eso es otra cosa. Eso son consecuencias, resultados; no pueden ser anhelados porque el propio anhelo crea tensión.
Lo divino llega, o sería mejor decir que todo se vuelve divino, todo se vuelve bendito. Llega indirectamente, sin anhelarlo, como sombra de la meditación. Y este es uno de los misterios de la vida: todo lo que es hermoso, todo lo que es verdad, todo lo que es amoroso siempre llega indirectamente. No puedes perseguir la meditación, no puedes alcanzarla directamente, porque si te acercas a ella de esta forma (como un anhelo de felicidad de lo divino o de cualquier otra cosa) la perderás; no llegará y te colmará. No tiene que convertirse en un medio, no puede convertirse en un medio. Y la seriedad es la barrera.
La meditación es la recuperación del juego. La niñez se ha ido pero has vuelto a recuperar su juego. Puedes jugar con piedras de colores, con flores; puedes jugar con cualquier cosa. Puedes relajarte en una actitud lúdica sin estar jugando en absoluto. En esos momentos de relajación se crea la situación, se crea el éxtasis, y ahí está el acontecimiento: el templo se convierte en una sala de juegos donde todo el mundo se vuelve niño y juega con la existencia.
Tú me preguntas qué es el Yoga y qué es un Yogi. Un Yogi es una persona meditativa: una persona que vive meditativamente, que come meditativamente, que duerme meditativamente. Toda su existencia, todo lo que él hace es meditativo. No ve la existencia como una carga sino como un juego. Al Yogi no está no le interesa ni el pasado ni el futuro; sólo vive en el momento presente. La vida se ha convertido en un fluir constante sin metas que alcanzar porque en el juego no hay metas.
Hasta cuando jugamos creamos una meta; destruimos la diversión y lo convertimos el juego en trabajo. El trabajo no puede existir sin una meta, el juego no puede existir con una meta. Pero nos hemos vuelto tan serios que hasta cuando jugamos creamos una meta: hay que ganar algo, hay que conseguir algo. No podemos hacer algo simplemente por el placer de hacerlo; como el arte por el arte. En el momento en que el arte es por el arte se torna meditativo. Cuando se canta por cantar, el canto se torna meditativo. Cuando el amor es por amor se torna meditativo.
Si el fin y los medios son uno entonces la cosa se vuelve meditativa. Pero si los medios son el principio, el fin es la meta y entre medias hay una continuidad, hay un proceso, se convierte en trabajo que hay que tomarse en serio. Entonces se crean las tensiones, los conflictos y las cargas, y se destruye tu inocencia.
Los medios son el fin. El fin es los medios. Cualquier cosa que se toma con esta actitud se vuelve meditativa. El principio es el fin. Tu primer paso es el último. Tu nacimiento es tu muerte. Encontrarse es separarse. Estos pares son dos polos de un sólo todo, son unidades. Si los ves como unidades, tu mente se vuelve meditativa. Entonces no hay cargas: la vida se convierte simplemente en un leela, un juego.
La cruz de Jesús es un asunto serio, pero Krishna vive jugando. Krishna danzando es cualitativamente diferente a Jesús cargando la cruz. La cruz debe haber sido una carga: tenía que ser cargada. No era un juego, era un asunto serio. Por eso los cristianos dicen que Jesús nunca se rió. ¿Cómo iba a reírse si tenía que cargar con la cruz? Y no la cargó sólo por él mismo, la cargó por toda la humanidad; por los que ya se habían ido y por los que habrían de venir. Pero yo no creo que esta sea la verdadera imagen de Jesús. Esta es la imagen de los cristianos, pero yo no puedo concebir un Cristo que nunca se riera. Si uno es incapaz de reírse, es incapaz de ser religioso.
Por supuesto que hay diferentes tipos de risas. Cuando alguien se ríe de otro, la risa es irreligiosa pero cuando uno comienza a reírse de sí mismo se vuelve religiosa. Y una persona que puede reírse de sí misma no puede ser seria: es una persona divertida y entonces también la vida se convierte en un juego sin un fin, sin un propósito; no hay nada que conseguir porque todo lo que es posible está en el presente.
La mente que intenta conseguir jamás podrá separarse a sí misma del futuro, la mente que intenta conseguir no tiene más remedio que estar orientada al futuro. Y una mente que está orientada al futuro debe estar basada en el pasado, porque el futuro no es otra cosa que una proyección del pasado. Proyectamos nuestras memorias pasadas en deseos futuros. Nuestros sueños del futuro son nuestras experiencias del pasado bellamente pintadas, deseadas más estéticamente.
La persona meditativa vive en el presente porque no hay otra forma de vivir. Pero si quieres posponer el vivir, puedes vivir en el pasado o en el futuro.
El Yoga no es un método de meditación sino una manera de crear una situación en la que la meditación ocurre. Y una persona que ha comenzado a vivir (que vive en el momento y no le preocupa conseguir ninguna meta en la vida) es un Yogi, uno que ha renunciado, un sannyassi.
Normalmente creemos que un sannyassi, uno que ha renunciado, es una persona que ha abandonado la vida. ¡Eso es un disparate enorme! El sannyassi es la única persona que ha comenzado a vivir. Sannyas no es una renuncia sino una iniciación en el vivir. Es una renuncia al pasado muerto y del futuro nonato. Es una renuncia a las tendencias suicidas y a la posposición la vida. Es una iniciación a la vida. Y el Yoga no es otra cosa que la iniciación a los misterios de la vida y un método para crear situaciones en las que la meditación pueda ocurrir.
 



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