AQUI PUEDES LEER UN EXTRACTOINTUICION: EL CONOCIMIENTO QUE TRASCIENDE LA LOGICA



 

Cuando el cuerpo funciona espontáneamente, se le llama instinto. Cuando el alma funciona espontáneamente, se le llama intuición. Son dos cosas semejantes y a la vez alejadas entre sí. El instinto pertenece al cuerpo, lo burdo; la intuición pertenece al alma, lo sutil. Entre las dos cosas se encuentra la mente, la experta, que nunca funciona espontáneamente. La mente significa conocimiento. El conocimiento nunca puede ser espontáneo. El instinto es más profundo que el intelecto y la intuición está por encima del intelecto. Ambos trascienden el intelecto y ambos son buenos.

Cabeza, corazón y ser

P uedes dividir tu individualidad simplemente para comprenderla; de lo contrario no hay división. Es una sola unidad, entera: la cabeza, el corazón y el

ser. El intelecto es el modo de funcionar de la cabeza, el instinto es el modo de funcionar de tu cuerpo y la intuición es el modo de funcionar de tu corazón. Detrás de estos tres elementos está tu ser, cuya única cualidad es la de testigo.

La cabeza solo piensa; por lo tanto nunca llega a una conclusión. Es verbal, lingüística, lógica; pero al no tener raíces en la realidad, miles de años de pensamiento filosófico no han dado como resultado ni una sola conclusión. La filosofía ha sido el mayor ejercicio de futilidad. El intelecto posee una gran habilidad para crear preguntas y respuestas y tras esas respuestas, mas preguntas y más respuestas. Puede construir palacios de palabras, sistemas teóricos, pero no son más que castillos de arena.

El cuerpo no se puede apoyar en tu intelecto porque tiene que vivir. Por eso, todas las funciones esenciales del cuerpo están en manos del instinto -por ejemplo, la respiración, los latidos del corazón, la digestión de la comida, la circulación de la sangre- y hay mil procesos dentro de tu cuerpo en los cuales no interviene en absoluto. Es bueno que la naturaleza haya dado al cuerpo su propia sabiduría. De lo contrario, si tu intelecto se ocupara del cuerpo, ¡la vida habría sido imposible! Porque puede que alguna vez se te olvidara respirar; al menos durante la noche, ¿cómo vas a respirar mientras estas dormido? Ya estás bastante confundido solo con pensamientos; en medio de esta confusión, ¿quién se va a ocupar de la circulación de la sangre, de si llega la cantidad suficiente de oxígeno a tus células o no, de si lo que estás comiendo está siendo analizado en sus elementos básicos y esos elementos básicos están siendo enviados allí donde se necesitan? Toda esta increíble cantidad de trabajo la realiza el instinto. Tú no haces falta. Puedes estar en coma, aun así el cuerpo continuará trabajando.

La naturaleza ha delegado todas las funciones esenciales de tu cuerpo en el instinto y ha delegado todas aquellas cosas que dan sentido a tu vida... porque existir simplemente, sobrevivir simplemente, no tiene ningún sentido. Para darle un sentido a tu vida la existencia le ha dado la intuición a tu corazón. Fruto de tu intuición surge la posibilidad del arte, la estética, el amor, la amistad; toda creatividad es intuitiva.

Sin embargo, la sociedad no necesita tu intuición. No se ocupa del amor, de tu sensibilidad; se ocupa de cosas muy palpables y mundanas. Por eso, tu intelecto -que es la parte más superficial funciona. El intelecto es para la vida mundana en sociedad junto a los demás, en el mundo, para hacer que seas capaz de funcionar. Es pura matemática, es geografía, es historia, es química; toda la ciencia y la tecnología han sido creadas por tu intelecto. Tu lógica y tu geometría son útiles pero el intelecto es ciego. No hace más que crear cosas pero no sabe si se están utilizando para destruir o para crear. Una guerra nuclear será una guerra creada por el intelecto.

El intelecto tiene su utilidad pero, por desgracia, se ha convertido en el dueño de todo tu ser. Eso ha originado muchísimos problemas en el mundo.

Este dueño se oculta tras estas tres cosas: el cuerpo, la mente, el corazón. El dueño se oculta tras las tres; ese es tu ser. Tú nunca te diriges hacia el interior; todos tus caminos conducen hacia el exterior, todos tus sentidos conducen al exterior. Todos tus logros se encuentran ahí fuera, en el mundo.

El intelecto es útil en el mundo y todos tus sistemas educativos son solo técnicas para evitar el corazón y conducir tus energías directamente a tu cabeza. El corazón le puede originar problemas a la cabeza; el corazón no sabe nada de lógica. El corazón tiene un modo

de funcionamiento totalmente distinto, la intuición. Conoce el amor pero el amor es una mercancía sin valor alguno en el mundo. Conoce la belleza, pero, ¿de qué sirve la belleza en el mundo?

Las personas del corazón -los pintores, los poetas, los músicos, los bailarines, los actores- son todos irracionales. Crean mucha belleza, son grandes amantes pero son completamente inútiles en una sociedad que se rige por la cabeza. La sociedad considera a sus artistas prácticamente como parias, medio locos, gente desequilibrada. Nadie quiere que sus hijos sean músicos, pintores o bailarines. Todos quieren que sean médicos, ingenieros, científicos, porque esas profesiones dan dinero. La pintura, la poesía, la danza, son peligrosas, arriesgadas; puedes terminar como un mendigo en la calle, tocando la flauta.

 Se ha negado el corazón; por cierto, sería útil recordar que la negación del corazón ha supuesto la negación de la mujer. A menos que se acepte el corazón, no podrá ser aceptada la mujer. A me-nos que el corazón tenga la misma oportunidad de crecer que la cabeza, la mujer no se podrá liberar. La mujer es el corazón y el hombre es la cabeza. La distinción es clara.

La naturaleza ha adoptado el instinto. Cada vez que interfieres en el instinto creas perversiones. Esto es lo que han hecho todas las religiones; cada religión ha estado interfiriendo en el cuerpo pero el cuerpo es completamente inocente, nunca ha hecho nada malo. Si aceptas el cuerpo en su total naturalidad, esto te ayudará muchísimo. Ayudará a tu corazón, alimentará tu corazón. Ayudará a que tu inteligencia se agudice porque el alimento del intelecto proviene del cuerpo, el alimento del corazón viene del cuerpo. Si tu cabeza, tu corazón y tu cuerpo están en sintonía, encontrar tu ser será la cosa más fácil del mundo. Sin embargo, al haber conflicto, sigues desperdiciando toda tu vida en ese conflicto entre el instinto, el intelecto y la intuición.

La persona sabia es aquella que crea armonía entre la cabeza, el corazón y el cuerpo. En esta armonía uno llega a la revelación de la fuente de la propia vida, al mismo centro, al alma. Ese es el mayor éxtasis posible; no únicamente para los seres humanos sino para todo el universo, no es posible nada más.

Yo no estoy en contra de nada. Solo estoy en contra de la falta de armonía y como tu cabeza está creando una situación muy disonante quiero ponerla en el lugar que le corresponde. No es el ama, es la sirvienta. Como sirvienta, es maravillosa, muy útil.

Un lechero dublinés acaba de finalizar su reparto así que aparca el caballo y el carro a la puerta de un pub y entra a beber algo. Refrescado, después de una hora, sale y se da cuenta de que le han pintado el caballo de verde chillón. Muy enfadado, irrumpe otra vez en el pub y pregunta:

-¿Quién de vosotros acaba de pintar mi caballo de verde? Entonces se levanta un irlandés enorme, de dos metros y dirigiéndose a él desde las alturas, le dice: -He sido yo. ¿Tienes algún problema? El lechero, muy nervioso, esboza una sonrisa y responde: -¡Solo he venido a decirte que ya se ha secado la primera capa!

¡El intelecto es útil! Hay situaciones en las que te hará falta intelecto pero solo como un sirviente, no como el amo.

Pasado, presente y futuro

ú tienes un pasado, un presente y un futuro. El instinto es lo que pertenece a tu pasado animal. Es algo muy viejo, muy sólido; es la herencia de millones de años. Y cuando digo que es de tipo animal no lo digo como condena. Los sacerdotes de todas las religiones han asociado cierta condena con la palabra animal, sin embargo, yo no hago mas que constatar un hecho, sin condenarlo en absoluto. Nuestro pasado era un pasado animal. Hemos pasado por todo tipo de animales; nuestra evolución ha ido desde el pez hasta el hombre pasando por todas las especies de animales. Ha sido un viaje larguísimo hasta llegar a la humanidad.

El intelecto es humano. Es nuestro presente. Es la manera en que funcionamos, a través del intelecto. Toda nuestra ciencia, nuestros negocios, nuestras profesiones, todo lo que ocurre en el mundo -nuestra política, nuestra religión, nuestra filosofía- se basa en el intelecto. El intelecto es humano.

El instinto es casi infalible porque es algo muy antiguo, muy maduro, muy desarrollado. Tus ojos parpadean, ¿eres tú el que lo hace? Lo hacen por sí mismos. Tu corazón late, inspiras y expiras; tu intelecto no tiene que cuidar de todas estas cosas esenciales de la vida. Están en manos del instinto porque el instinto es totalmente infalible. Nunca se olvida de respirar, nunca se olvida de nada.

El intelecto comete muchos fallos porque es algo bastante reciente, es un recién llegado. Se mueve a tientas en la oscuridad, tratando todavía de descubrir qué es y adónde pertenece. Al carecer de las raíces de la experiencia, sustituye la experiencia con creencias, filosofías, ideologías. Estas se convierten en el centro de atención del intelecto. Sin embargo, son todas falibles porque todas han sido hechas por el hombre, han sido creadas por algún tipo listo. Además, no se pueden aplicar a cualquier situación. Puede que en una situación funcionen pero en otra no. Pero el intelecto es ciego, no sabe cómo tratar con lo nuevo. Ofrece siempre la misma vieja respuesta a cada pregunta nueva.

Paddy y Sean están sentados frente a un prostíbulo en Dublín, hablando sobre las virtudes de la fe católica. De repente, Gideon Greenberg, el rabino del barrio, se acerca a la puerta, mira a derecha e izquierda, y sube las escaleras corriendo.

-¿Has visto? -grita Paddy-. Menos mal que soy católico.

Después de diez minutos, el pastor anglicano se acerca a la puerta, mira a su alrededor rápidamente y se apresura a subir las escaleras.

-Otro hipócrita -dice Paddy riendo-. Gracias a Dios soy católico. Después de unos minutos, Sean le da un codazo a Paddy y dice: -¡Eh, mira! Por ahí viene el padre O’Murphy. Los dos se quedan mirando en silencio asombrados al sacerdote católico que desaparece subiendo las escaleras del prostíbulo. De repente, Paddy se pone de pie de un salto, se santigua y le grita a Sean: -¿Es que no tienes respeto? ¡Levántate y quítate el sombrero! ¡Debe de haber algún muerto en la casa!

El intelecto vive a base de prejuicios; nunca es noble. No puede serlo por su misma naturaleza ya que no tiene experiencia. El instinto siempre es noble y te muestra siempre el camino natural, el camino mas relajado y el camino que sigue el universo. Sin embargo, es curioso, todas las religiones han condenado el instinto y han alabado el intelecto.

Evidentemente, si todo el mundo hiciera caso a su instinto no habría ninguna necesidad de religión, ninguna necesidad de Dios, ninguna necesidad de sacerdotes. Los animales no necesitan a Dios y son totalmente felices, no veo que echen de menos a Dios. Ni los animales, ni los pájaros, ni los árboles echan de menos a Dios. Disfrutan la vida con toda su belleza y simplicidad sin temor al infierno ni ansia alguna por el cielo, sin diferencias filosóficas. No existen leones católicos, ni protestantes, ni hindúes.

Todas la existencia se debe estar burlando del hombre, de lo que le ha ocurrido a los seres humanos. Si los pájaros pueden vivir sin necesidad de religiones, iglesias, mezquitas ni templos, ¿por qué no va a poder el hombre? Los pájaros nunca tienen guerras santas; ni los demás animales, ni los árboles. Sin embargo, tú eres musulmán, yo soy hindú y no podemos coexistir; o te conviertes a mi religión o si no, prepárate; ¡te voy a mandar enseguida al cielo!

Dado que si estas religiones alaban el instinto pierden todo su fundamento, su razón de ser, entonces alaban el intelecto.

Y la tercera cosa, que es tu futuro, es la intuición. De modo que hay que entender esas tres palabras.

El instinto es físico; tu pasado, basado en una experiencia de millones de años, infalible, nunca comete ningún fallo y produce en ti milagros de los cuales ni siquiera eres consciente. ¿Cómo es posible que aquello que comes se convierta en sangre? ¿Cómo es posible que sigas respirando incluso cuando estas dormido? ¿Cómo separa tu cuerpo el oxígeno del nitrógeno? ¿Cómo sigue tu mundo instintivo de la naturaleza dando a cada parte de tu cuerpo aquello que necesita? ¿Cuánto oxígeno necesita tu cabeza para que funcione la mente? A través de la sangre se envía la cantidad adecuada a todo el cuerpo, distribuyendo así oxígeno fresco, llevándose el antiguo, el usado, las células muertas, sustituyéndolas por otras nuevas y devolviéndolas a los lugares desde donde se puede disponer de ellas.

Los científicos dicen que nosotros todavía no somos capaces de hacer aquello que hace el instinto por el hombre. Además en un cuerpo pequeño, el instinto realiza milagros. Si la ciencia quisiera un día realizar el trabajo de un solo cuerpo humano, necesitaría al menos una fábrica de dos kilómetros cuadrados de extensión para un solo ser humano. ¡Qué maquinaria más increíble! Y puede que, aun así, no sea infalible; la maquinaria se puede romper, se puede parar, puede haber un corte de energía eléctrica. Sin embargo, durante setenta años, sin parar, o incluso en unas cuantas personas, durante cien años, el instinto sigue funcionando perfectamente. Nunca hay cortes de electricidad. No hay ni un solo fallo; todo sigue un plan establecido que esta en cada una de las células de tu cuerpo. El día en que podamos leer el código de las células humanas, seremos capaces de predecir todo acerca de un niño antes incluso de que haya nacido, antes incluso de que esté en el vientre de su madre. Las células de los padres tienen un programa en el cual está contenida tu edad, tu salud, qué enfermedades vas a tener, tus dones, tu inteligencia, tus talentos, todo tu destino.

 

Al igual que el instinto, en el otro extremo de tu ser -más allá de la mente, que es el mundo del intelecto- se encuentra el mundo de la intuición.

La intuición abre sus puertas a través de la meditación. La meditación no es más que una llamada a las puertas de la intuición. La intuición también está totalmente preparada. No crece; es algo que también has heredado de la existencia. La intuición es tu conciencia, tu ser.

El intelecto es tu mente. El instinto es tu cuerpo. Al igual que el instinto funciona perfectamente al servicio del cuerpo, la intuición funciona perfectamente en lo relativo a la conciencia. El intelecto se encuentra entre ambas; es un espacio que hay que cruzar, un puente que hay que atravesar. Sin embargo, hay muchas personas,

muchos millones de personas que  nunca cruzan el puente. Simplemente se sientan en el puente, pensando que ya han llegado a su hogar.

Su hogar se encuentra en la orilla de enfrente, más allá del puente. El puente une el instinto y la intuición pero todo depende de ti. Puedes empezar a construir tu casa en el puente pero te estarás equivocando totalmente.

El intelecto no va a ser tu hogar. Es un instrumento muy limitado que hay que usar solo para pasar del instinto a la intuición. De modo que solo se puede llamar inteligente a la persona que utiliza su intelecto para trascenderlo.

La intuición es algo existencial, el instinto es algo natural. El intelecto se mueve a tientas en la oscuridad. Cuanto más rápido trasciendas el intelecto mucho mejor; el intelecto puede suponer una barrera para aquellos que piensan que no hay nada más allá de este. En cambio, el intelecto puede ser un bello paso para aquellos que entienden que ciertamente hay algo más allá de él.

La ciencia ha frenado al intelecto; por eso somos incapaces de imaginar nada sobre la conciencia. El intelecto sin una conciencia despierta es una de las cosas más peligrosas del mundo. Vivimos bajo el peligro del intelecto porque este ha dado a la ciencia un gran poder. Pero este poder se encuentra en manos de niños, no en ma-nos de sabios.

La intuición hace sabio al hombre; lo puedes llamar iluminación o despertar, no son más que distintos nombres de la sabiduría. Solo en manos de la sabiduría se puede usar el intelecto como un maravilloso ayudante.

Además el instinto y la intuición trabajan muy bien juntos, uno en un nivel físico y la otra en un nivel espiritual. Todo el problema de la humanidad radica en quedarse parados en el medio, en la mente, en el intelecto. En ese punto tendrás infelicidad, tendrás ansiedad, tendrás agonía, no le encontrarás sentido a nada y tendrás muchas tensiones sin ser capaz de descubrir una solución por ninguna parte.

El intelecto convierte todo en un problema y no conoce ninguna solución. El instinto nunca crea ningún problema ni necesita ninguna solución; funciona naturalmente. La intuición es una pura solución, no tiene problemas. El intelecto solo supone problemas, no tiene solución.

Si ves bien la división lo entenderás muy bien: si no puedes disponer del instinto, te morirás. Si no puedes disponer de la intuición tu vida no tendrá sentido; no harás más que arrastrarte: será una especie de vida vegetativa.

 La intuición te da sentido, esplendor, alegría, bendición. La intuición te descubre los secretos de la existencia, te proporciona un gran silencio, una gran serenidad que nadie puede perturbar ni arrebatarte.

Cuando el instinto y la intuición trabajan juntos también puedes utilizar tu intelecto para buenos propósitos. De lo contrario, solo tienes medios pero no tienes fines. El intelecto no conoce ningún fin. Esto es lo que ha producido la situación actual del mundo; la ciencia sigue produciendo cosas pero no sabe para qué. Los políticos siguen utilizando esas cosas sin saber que son destructivas, que únicamente preparan para un suicidio global. El mundo necesita una rebelión general que lo pueda conducir más allá del intelecto hacia los silencios de la intuición.

Hay que entender la misma palabra intuición. En inglés se conserva la palabra «tuition», enseñanza. Implica algo que proviene del exterior, alguien te enseña, el tutor. La intuición quiere decir algo que surge dentro de tu ser; es un potencial tuyo, por eso se llama intuición. La sabiduría nunca se puede tomar prestada y aquello que se toma prestado nunca es sabiduría. A menos que poseas tu propia sabiduría, tu propia visión, tu propia claridad, tus propios ojos para ver, no serás capaz de entender el misterio de la existencia.

Por lo que a mí respecta, estoy completamente a favor del instinto. No lo perturbes.

Todas las religiones se han dedicado a enseñar a perturbarlo; ¿qué es el ayuno sino una perturbación del instinto? Tu cuerpo tie-ne hambre y está pidiendo comida; sin embargo, tú pasas hambre por razones espirituales. Un extraño tipo de espiritualidad ha estado poseyendo tu ser. Podríamos llamarla simplemente estupidez, en vez de espiritualidad. Tu instinto está pidiendo agua, tiene sed; tu cuerpo la necesita. Sin embargo, tus religiones... el jainismo no permite que se beba agua por la noche. Si pensamos en el cuerpo, puede que sienta sed, especialmente en verano en un país caluroso como India; y los jainistas solo existen en India. Durante mi niñez, me solía sentir muy culpable porque tenía que robar agua por la noche. No podía dormir sin beber al menos una vez durante la noche en los veranos calurosos, pero solía sentir que estaba haciendo algo que no se debía hacer, que estaba cometiendo un pecado. A la gen-te se le inculcan ideas extrañas y estúpidas.

Estoy a favor del instinto. Este es uno de los secretos que os quiero revelar: si estáis completamente a favor del instinto, os será muy fácil encontrar el camino hacia la intuición. Porque son la misma cosa, a pesar de que trabajen en diferentes niveles; una trabaja en un nivel material, otra trabaja en un nivel espiritual. El he-cho de aceptar tu vida instintiva con total alegría, sin ninguna culpa, te ayudará a abrir las puertas de la intuición porque no son diferentes, solo son diferentes sus niveles. Al igual que el instinto funciona maravillosamente, calladamente, sin hacer ningún ruido, así funciona la intuición; incluso más calladamente, de una mane-ra mucho más maravillosa.

El intelecto es una molestia. Pero depende de nosotros el que lo convirtamos en una molestia o solo en un apoyo. Cuando te encuentras una piedra en la calle, puedes pensar que es un obstáculo que es un hito que te ayuda a llegar a un nivel superior. Aquellos que real-mente comprenden utilizan el intelecto como un hito. Pero las multitudes se encuentran bajo el control de las religiones que les enseñan: «Utiliza tu intelecto como una fuerza represiva del instinto.» Se dedican a luchar contra el instinto y se olvidan por completo de la intuición. Toda su energía se dirige a luchar contra su propia fuerza vital. Y cuando estás continuamente luchando contra tu instinto...

Se supone que un monje jainista tiene que permanecer desnudo todo el año, incluso en los meses de invierno, incluso en las noches frías. No puede usar colchón, no puede usar manta, no puede usar nada para cubrir su cuerpo, ni de día ni de noche. Tiene que ayunar. Cuanto más ayune, más santo se vuelve a los ojos del mismo tipo de gente condicionada; treinta días, cuarenta días... Esto es una lucha contra el cuerpo. Es una conquista del cuerpo y de lo material, es una conquista del cuerpo por parte del espíritu. Ocurre lo mismo en todas las religiones, con diferentes supersticiones. Dirigen la energía de tu intelecto contra tu instinto y eso impide que se pueda abrir la flor de tu intuición.

 La intuición es la rosa mística que te conducirá al éxtasis final y a la vida inmortal. Sin embargo, las personas parecen estar completamente en manos de un pasado muerto. Sea lo que sea lo que les dijeron las escrituras, siguen haciéndolo, sin tener siquiera en cuenta toda la ciencia del hombre.

Estas tres cosas son los niveles de la ciencia del hombre. Se debería permitir que el instinto discurriera tranquilamente. No lo incomodes nunca con el intelecto. Y habría que utilizar el intelecto como un camino hacia la intuición. Solo tiene que abrir el camino para que la intuición tome posesión de tu vida. De esa manera tu vida tendrá una gran luz, será luminosa. Se convertirá en un continuo festival.

Tres peldaños de una escalera

a intuición es el peldaño más alto de la escalera, la escalera de la conciencia. Se puede dividir en tres partes: la inferior y la primera es el instinto; la segunda, en el medio, es el intelecto; y la tercera, la más alta, es la intuición.

El prefijo in se utiliza en las tres. Esto es algo importante. Quiere decir que las tres son cualidades innatas. No son cosas que puedas aprender, no las puedes cultivar con una ayuda externa.

El instinto es el mundo de los animales; todo es instinto. A pesar de que a veces veas otra cosa, no es más que una proyección tuya. Por ejemplo, puedes ver amor en los animales -la madre cuidando de sus crías muy cariñosa, muy atenta-y puedes pensar que no es solo instinto, que es algo más elevado, no algo simplemente biológico. Sin embargo, no es algo más elevado, es solo biológico. La madre hace eso como un robot en manos de la naturaleza. No lo puede evitar; tiene que hacerlo.

En muchos animales el padre no tiene instinto de paternidad; por el contrario, muchos matan a sus crías y se las comen. Por ejemplo, en el caso de los cocodrilos, la vida de las crías corre un gran peligro. La madre las protege y lucha por la vida de sus crías, ¡en cambio, el padre no piensa más que en darse un buen desayuno! El padre no tiene instinto paternal; de hecho, la figura del padre es una institución humana. La madre cocodrilo tiene que guar-dar a las crías en su boca para protegerlas del padre. Tiene una boca muy grande -todas las mujeres tienen bocas grandes- y se las arregla para guardar al menos a una docena de crías en su boca. En la boca de la madre, justo al lado de sus peligrosos dientes, las crías están a salvo. Para las crías, lo más difícil consiste en distinguir quién es la madre y quién es el padre ya que los dos se parecen mucho. A veces las crías se acercan al padre, se meten en su boca y desaparecen para siempre; nunca más volverán a ver la luz.

En cambio, la madre trata de luchar, de protegerlas. Quizá por esa razón, la naturaleza da a los cocodrilos tal cantidad de crías: la madre tiene una docena cada vez, cada año. Si consigue salvar al menos dos logrará que la población siga siendo la misma pero consigue proteger casi a la mitad de las crías.

Cualquier persona que vea esto pensará que el padre es muy cruel, que no tiene compasión, que no tiene amor, que la madre es realmente maternal. Pero solo estás proyectando tus ideas. La madre los protege, no por una razón consciente; en sus hormonas está el protegerlos. En cambio, el padre no tiene nada que ver con esas hormonas. Si se le inyectaran las mismas hormonas, dejaría de ma-tar a sus propias crías. Así que es una cuestión de química, no de psicología ni de nada más elevado que la bioquímica.

El noventa por ciento de la vida del hombre sigue siendo parte del mundo animal. Vivimos gracias al instinto.

Te enamoras de una mujer o una mujer se enamora de ti y piensas que es algo maravilloso. No tiene nada de maravilloso, no es nada más que un encantamiento instintivo: son hormonas que se sienten atraídas por otras hormonas. No eres más que un juguete en manos de la naturaleza. Ningún animal se preocupa por las delicadezas o sutilezas del amor, en cambio, el hombre siente que ser simplemente instintivo es algo insultante, humillante. ¿Tu amor solo es bioquímica? Tu amor es poesía, tu amor es arte, tu amor es filosofía; en cambio ¿bioquímica? Parece como si te avergonzaras de tu biología, de tu química, de tu naturaleza.

Pero esta no es la manera de entenderlo. Tienes que entender exactamente qué es cada cosa. Hay que distinguir bien, de lo contrario siempre estarás confundido. Tu ego seguirá haciéndote proyectar lo más alto posible cosas que tienen tan poco que ver con cualquier cosa elevada como los niveles más bajos.

Tu amor no es más que una ilusión creada por tu química. Piensa: Si se borrara la idea romántica del amor no creo que ningún hombre ni ninguna mujer fueran capaces de soportar el sexo y su necedad. Parecería algo estúpido. No tienes más que eliminar toda idea romántica y pensar en términos de biología y química; entonces tu sexo te hará sentirte avergonzado. No hay nada de lo que jactarse. Imagínate a ti mismo haciendo el amor con un hombre o con una mujer sin que exista ningún tipo de romance, sin poesía, sin ningún Omar Khayyam, sin ningún Shelley, sin ningún Byron, solo como un simple proceso reproductivo porque la naturaleza quiere procrear a través tuyo porque sabe que vas a morir. No eres eterno; antes de que mueras, la naturaleza quiere que la vida continúe. En cambio, el hombre no puede practicar el sexo sin pensar en él de forma romántica, así que ha creado todo un halo alrededor del sexo al que llama amor. Finge, incluso cree que es amor, pero obsérvalo con atención.

Te interesa un hombre o una mujer. El instinto natural de la mujer es de jugar al escondite. Es algo muy extraño que en todas las culturas, en todo el mundo, los niños juegan sin excepción a dos juegos. Sus religiones son diferentes, sus culturas son diferentes, sus razas son diferentes, sus sociedades, sus lenguajes -todo es diferente- pero en lo relativo a estos dos juegos, da igual que hayan nacido en Africa, en China, en América o en India. Uno de los juegos es el del escondite. Es extraño que no exista en todo el mundo ni una sola cultura en la que los niños no jueguen al escondite. Parece como si tuviera que ver con el instinto y se estuvieran preparando para otro juego del escondite más importante. Esto es solo un ensayo y durante el resto de la vida continúa el juego.

 La mujer es siempre la que se intenta esconder y el hombre es siempre el macho que busca. El hecho de buscar supone un reto para él; cuanto más se esconde la mujer, mayor reto y mayor excitación supone.

Pero todos los niños del mundo juegan al escondite. Nadie les enseña, ¿cómo es que se ha vuelto universal? Debe surgir de su naturaleza interna; un deseo de buscar, de encontrar, de sentirse retados.

Estas cosas ocurren de forma natural; no son cosas que nadie decida, forman parte de tu naturaleza biológica. Sin embargo, la naturaleza ha sido lo suficientemente sabia para darte el engaño del amor; de lo contrario, solo por fines reproductivos, para que continúe la vida, no ibas a practicar todos esos ejercicios, esas ochenta y cuatro posturas que indica Vatsyayana; extrañas, feas, estúpidas. Si dejas de lado el amor, el sexo puro realmente parece algo animal. Ese es uno de los problemas con que se ha encontrado siempre la humanidad y con el que todavía se encuentra. Solo nos queda esperar que en un futuro lo podamos hacer más comprensible.

El hombre continúa buscando, persuadiendo, escribiendo cartas de amor, enviando regalos y haciendo todo lo que está en su poder pero una vez que su sexo está satisfecho deja de sentir interés. Sin embargo, no es algo que haga conscientemente. No pretende herir a nadie; especialmente, no pretende herir a la persona que ha amado. Pero ese es el camino de la biología. Todo ese romance y todo ese amor no eran más que un halo en el que la naturaleza estaba tratando de ocultar la parte sexual, que por sí misma parece fea, así que le estaba dando una bonita fachada.

Una vez que el trabajo de la naturaleza se hace a través tuyo, desaparece todo ese halo. El instinto solo conoce el sexo. El amor es solo una capa de azúcar en una pastilla amarga para ayudarnos a tragarla. No la mantengas en tu boca, de lo contrario, no serás ca-paz de tragártela; muy pronto, habrá desaparecido esa fina capa de azúcar y escupirás la pastilla amarga.

Por eso los amantes tienen mucha prisa por hacer el amor. ¿Por qué esa prisa? ¿Por qué no pueden esperar? La capa de azúcar es muy fina y tienen miedo de que si se demoran mucho, esta desaparezca y todo sea amargo, realmente amargo.

El instinto no te hace humano, solo te mantiene como un animal; de dos piernas, pero, a pesar de ello, un animal.

El segundo peldaño, el intelecto, te proporciona algo que es mas elevado que la biología, que la química, que la naturaleza animal. El intelecto también es algo innato, al igual que la intuición, al igual que el instinto. No hay forma de incrementar tu capacidad intelectual; todo lo que se puede hacer es convertir en real todo tu potencial, lo que hará que parezca que ha aumentado tu intelecto. La realidad es que la persona más inteligente utiliza solo un quince por ciento de su potencial; la persona corriente, normal, habitual, solo usa un seis o un siete por ciento. El ochenta y cinco por ciento de la inteligencia permanece intacto incluso en Albert Einstein o en Bertrand Russell. Podemos disponer de ese ochenta y cinco por ciento lo que supondrá un gran crecimiento. Pensarás que realmente ha aumentado tu inteligencia. En cambio, no has hecho más que recuperar, recobrar aquello que ya era tuyo.

Hemos descubierto maneras de potenciar el intelecto y de incrementar la memoria. Todas las escuelas, los institutos y las universidades; todo el sistema educativo de todo el mundo no hace más que esto: agudizar tu intelecto. Pero ha surgido un problema que los educadores no habían previsto. Cuando el intelecto se hace un poco poderoso, comienza a interferir en el instinto. Comienza una competición, una lucha por el poder.

El intelecto intenta dominar y, dado que tiene a la lógica de su parte -la razón, los argumentos, mil pruebas-, consigue, en lo respectivo a la mente, convencerte de que el instinto es algo malo. Por eso, todas las religiones han condenado el instinto.

No son mas que juegos intelectuales; el instinto es parte de tu  mente inconsciente y el intelecto es parte de tu mente consciente pero el problema es que la mente consciente es solo la décima parte de la mente inconsciente. Es como un iceberg; solo una décima parte sobresale por encima del agua, hay nueve partes más ocultas bajo el agua. Tu mente consciente es solo una décima parte, pero se ve; la conoces. No sabes nada de tu mente inconsciente.

La mente consciente es educada en las escuelas, los institutos, las universidades, las iglesias, las sinagogas; en todas partes. Ponen a tu mente consciente contra el instinto. Es un fenómeno horrible; te obligan a ir contra la naturaleza, contra ti mismo.

En cambio, la mente inconsciente siempre está en silencio; in-mersa en la oscuridad. No se preocupa en absoluto por la mente consciente. Cualquier cosa que decidas con la mente consciente puede ser desterrada en cualquier momento por el inconsciente ya que este es nueve veces más poderoso. No se preocupa por tu lógica, tu razón ni por nada de eso.

No estaba injustificado el hecho de que incluso un hombre como Gautama Buda estuviera en contra de dejar entrar mujeres a su comunidad. Quería que fuera una comunidad totalmente masculina en la que no hubiera ninguna mujer. Yo estoy en contra de esta actitud pero entiendo la razón. Hay que pensar cuál era la razón de esto. Sabía que una vez que hubiera mujeres, ¿qué iba a hacer con la mente inconsciente de los hombres? Era una cuestión de psicología, no de religión.

Sigmund Freud o Jung o Adler son insignificantes al lado de Gautama Buda. Parece inhumano impedir el paso a las mujeres pero si profundizas te sorprenderás; el hombre tenía un sólido fundamento. El fundamento no era la mujer; en realidad no estaba diciendo que las mujeres se quedaran fuera. Estaba diciendo: «Sé que no podéis vencer a vuestro inconsciente.» En realidad no era una condena de las mujeres era una condena de los discípulos. Estaba diciendo que al dejar entrar a las mujeres se iba a crear una situación en la que el inconsciente se iba a imponer en ti.

Intentó por todos los medios que esto no pasara. Les dijo a sus monjes que tenían que caminar mirando solo un metro por delante de modo que no pudieran ver el rostro de ninguna mujer en la calle ni en ninguna parte; como mucho, podrían ver sus piernas. Les dijo a sus discípulos:

-No toquéis a ninguna mujer, no habléis a ninguna mujer.

Uno de sus discípulos insistía diciéndole:

-En una situación concreta, por ejemplo si una mujer se cae en el camino y está enferma o se está muriendo, ¿podemos hablar con ella y preguntarle dónde quiere ir? ¿Podemos tocarla y llevarla a su casa?

Él respondió:

-En una situación excepcional como esta, sí, puedes tocarla y puedes hablar con ella, pero sé muy consciente de que es una mujer.

Su insistencia, «sé muy consciente», no está dirigida contra la mujer, está dirigida contra tu inconsciente. Si eres muy consciente existe la posibilidad de que tu inconsciente no sea capaz de penetrar e imponerse a la mente consciente.

Todas las religiones han ido en contra de la mujer; no quiere decir que fueran misóginas, no; solo estaban intentando proteger al monje, al sacerdote y a los papas. Evidentemente, no estoy de acuerdo con su metodología porque esa no es forma de proteger; de hecho solo te hace más inflamable. Un monje que no ha tocado nunca a una mujer, que no ha hablado con una mujer y que no tiene ni idea de mujeres esta más destinado a ser presa de su instinto que un hombre que ha vivido con mujeres, que ha hablado con ellas y que se ha sentido tan natural con ellas como con cualquier hombre.

Los monjes y las monjas han estado más bajo el influjo del instinto. Si separas tu instinto completamente de la satisfacción se puede hacer tan poderoso -casi como una droga- que te puede envenenar, te puede provocar alucinaciones. En la Edad Media había monjes que confesaban delante de un tribunal especial convocado por el Papa. Era un tribunal especial donde se llamaba a declarar a todas las monjas y monjes honestos: «¿Estás teniendo relaciones con demonios, con brujas?» Y miles de ellos confesaban: «Sí, las brujas vinieron por la noche, los demonios vinieron por la noche.»

Los muros y los cerrojos de los monasterios no les impedían entrar; claro, ¡para algo eran demonios y brujas! Describían exacta-mente cómo era una bruja, cómo era un demonio, y cómo fueron tentados sexualmente y fueron incapaces de resistirse. Estas monjas y monjes fueron quemados vivos para que sirvieran de ejemplo a los demás.

Sin embargo, nadie se ha molestado en observar una cosa: a ti no se te acerca ninguna bruja aunque tengas la puerta abierta. A ti no se te acerca ningún demonio. ¿Por qué esos demonios y esas brujas se acercaban solo a los católicos? ¡Qué raro! ¿Qué pecado han cometido los pobres católicos?

La razón es muy simple. Habían reprimido tanto el sexo que se convirtió en algo que hervía en su inconsciente. Y cuando se iban a dormir, sus sueños eran realmente vívidos, coloridos y realistas; dependía de cuánto habían sido reprimidos. No tienes más que ayunar durante dos o tres días y verás: cada noche tendrás en sueños un maravilloso festín. A medida que ayunas más y tienes más hambre, el festín será más delicioso, fragante, colorista, realista. Es probable que después de veintiún días de ayuno puedas soñar con los ojos abiertos con comida, completamente despierto. Ya no te hace falta dormir; ahora el inconsciente se empieza a infiltrar en la conciencia incluso mientras estas despierto. Muchos de esos monjes y monjas admitieron que los demonios y las brujas fueron a visitarlos e hicieron el amor con ellos no solo por la noche, sino también durante el día. Y ellos fueron incapaces de hacer nada, estaba por encima de sus posibilidades.

Otras religiones han hecho lo mismo.

Yo me esfuerzo en hacer lo contrario que todas las religiones porque me doy cuenta de lo que han hecho. Su intención era buena pero su entendimiento no era lo suficientemente profundo. Yo quie

ro que los hombres y las mujeres vivan juntos, que cada uno conozca el cuerpo del otro, las diferencias, las polaridades de modo que tu inconsciente no necesite cargar con ninguna represión.

Una vez que tu inconsciente esté completamente libre de represión, tu instinto será diferente. Estará unido a la inteligencia. Cuando tu inconsciente ya no está reprimido, cuando ya no existe un muro de Berlín entre tu conciencia y tu inconsciencia, se puede derribar el muro porque ya no hay represión, así que no hay necesidad de mantener oculto al inconsciente; así puedes entrar y salir de tu inconsciente tan fácilmente como vas de una habitación a otra de tu casa.

 Esta es tu casa; Gurdjieff solía usar esta metáfora de la casa, diciendo que el hombre es una casa de tres pisos. El primer piso es el inconsciente, el segundo es la conciencia y el tercer piso es al supraconciencia. Cuando tu inteligencia y tu instinto no están en conflicto, te vuelves humano por primera vez; ya no formas parte del reino animal. Para mí, esto es lo que necesita completamente cualquier persona que quiera conocer la verdad, la vida, la existencia, cualquiera que quiera conocer quién es.

Si reprimes nueve partes de tu mente, ¿cómo vas a conocerte a ti mismo? Has reprimido gran parte de ti mismo a un sótano, don-de ya no puedes soportar ir. Todas las personas religiosas han vivido con miedo, temblando. ¿Qué temían? Temían a su propio inconsciente y a sus instintos reprimidos, que llamaban a la puerta de su conciencia: «¡Abre la puerta, queremos entrar! ¡Queremos realizarnos, queremos ser colmados!» Cuanta más hambre tienen, más peligrosos son. Estas rodeado de lobos hambrientos; cada instinto se convierte en un lobo y esa es la tortura en medio de la que han vivido las llamadas personas religiosas, rodeadas de lobos hambrientos.

Quiero que estéis en buenos términos con vuestro inconsciente.

 Permitid que vuestra biología se satisfaga totalmente. Miradlo desde este punto de vista. Si vuestra biología está completamente satisfecha, no habrá lucha entre la conciencia y el inconsciente. Te vuelves uno, en lo que respecta a tu mente; tu mente será una. Te dará una gran inteligencia porque la mayor parte de tu inteligencia se dedica a reprimir. Estás sentado en un volcán intentando impedir que estalle. El volcán va a estallar, tienes tan poco poder que no lo puedes contener siempre; por el contrario, cuando explote, estallarás en tantas pequeñas piezas que será imposible volver a unirte de nuevo.

Todos los locos que hay en el mundo, en los psiquiátricos, en los hospitales, ¿qué son? ¿Quiénes son? ¿Qué les ha pasado? Han estallado en mil piezas y ya no las pueden volver a unir. No hay forma de reunirlas a menos que consiga que todos sus instintos reprimidos se vean saciados. Pero ¿quién se atreve a decir esto? Al ha-berme dedicado a decir esto durante treinta y cinco años me he convertido en el hombre más famoso del mundo.

Precisamente el otro día vi en la revista alemana Stern, un especial de quince páginas dedicado a mi comuna, y no es más que la primera parte de una serie. Van a ser cinco partes en cinco números consecutivos de la revista. El titular de la primera página dice: «El Estado del Sexo.» ¡Me encantó! Y lo más curioso es que si sigues leyendo aparte de esas quince páginas, te quedarás sorprendido. ¿Quién vive en un estado del sexo? ¿Los miembros del Stem, los editores y sus colaboradores o nosotros?

En la revista hay mujeres desnudas; no están simplemente desvestidas, porque una mujer completamente desnuda no es fascinante. Tienes que hacer su desnudez incluso más fascinante poniéndole ropa sexy, que por un lado muestre el cuerpo y por otro lo oculte. Así puedes volver a jugar al juego del escondite. Puedes empezar a soñar cómo será esa mujer sin esa ropa. Puede que sin la ropa no sea bella; de hecho, todos los cuerpos femeninos son iguales y todos los cuerpos masculinos son iguales, una vez que apagas la luz y desaparece todo el colorido y todas las diferencias. La oscuridad equilibra e iguala tanto que, en la oscuridad, puedes amar incluso a tu propia mujer.

Toda la revista esta llena de sexo, sin embargo somos nosotros el «estado del sexo». Incluso el Playboy escribe en contra mía. ¡Me pregunto en qué mundo más extraño vivimos! Sin embargo, sé por qué lo hacen precisamente Stern o Playboy o ese tipo de revistas, que son de tercera categoría y se dedican a explotar la sexualidad de las personas... venden millones de ejemplares. Stern vende cerca de dos millones de copias y se estima que cada copia la leen al menos ocho personas lo que significa dieciséis millones de personas.

¿Por qué están en contra mía? Y llevan en contra mía muchos años. La razón es que si yo tengo éxito, sus revistas tendrán que cerrar. Viven de la represión. La razón de por qué están en contra mía es bastante lógica. Los sacerdotes, que están en contra del sexo, están en contra mía y las personas que usan el sexo como una explotación, Playboy, Stern, y miles de revistas en todo el mundo; todos están en contra mía. Es extraño porque no están en contra del Papa; no hay un solo artículo en contra del Papa. Playboy debería estar en contra del Papa que está siempre condenando el sexo. Sin embargo, no...

Hay una lógica intrínseca: cuanto más condena el Papa el sexo, cuanto más lo reprime, más vende Playboy. Mi comuna es el único lugar en que a nadie le interesa Playboy o Stern. ¿A quién le importan esas revistas? Si yo tengo éxito, todas esas revistas pornográficas, la literatura, las películas están condenadas a desaparecer.

 Pero tras ellas hay una gran inversión así que se van a oponer a mí, y se opondrán y me condenarán en nombre del sexo, como si yo estuviera propagando la sexualidad.

Si hay alguien que haya propagado la sexualidad debe ser vuestro Dios. Yo no tengo nada que ver con Él. Él sigue dando vida a niños con hormonas sexuales. Debería parar; ¡debería hacer caso al Papa! Sin embargo, esas revistas tampoco están en contra de Dios porque es el que les proporciona todo su mercado. Los papas y los que se dedican a la pornografía están compinchados; ambos están en contra mía sencillamente porque les estoy arruinando el negocio.

Estos dos tipos de personas se dedican a explotar la represión; por lo tanto, es completamente lógico que vayan en contra mía; los dos van en contra mía. Al menos Stern no debería ir en mi contra si he creado un estado del sexo; deberían estar felices y estar a favor. En cambio, no, están completamente enfadados. Puede que ni siquiera sean conscientes de por qué están enfadados conmigo; puede que lo hagan de forma inconsciente pero hasta el inconsciente tiene sus razones.

Reprime cualquier cosa y se volverá valiosa. Reprímela más y se volverá más valiosa. No la reprimas y perderá su valor.

Exprésala, se evaporará.

Yo le puedo decir al mundo que mi comuna es el único lugar donde el sexo no significa nada; no tiene valor. A nadie le importa; nadie sueña con él ni nadie fantasea con él. De hecho, la gente no hace más que escribirme, «Osho, ¿qué puedo hacer? Mi vida sexual prácticamente está desapareciendo».

Yo les contesto: «¿Qué puedes hacer? Deja que desaparezca. No hace falta que hagas nada. Nuestro propósito aquí es ese: ¡tiene que desaparecer! No hagas ningún esfuerzo para hacer que desaparezca pero cuando esté desapareciendo, por favor, no hagas ningún esfuerzo por impedirlo. Dile adiós. Es maravilloso que esté desapareciendo.» Sin embargo, el problema es que la gente piensa que cuando desaparece el sexo no les queda nada porque el sexo constituía toda su excitación, su éxtasis y su alegría.

No, te esperan muchas más cosas. Deja que desaparezca el sexo para que tengas energía para una excitación mucho más elevada, un éxtasis mucho más elevado.

 Cuando tu inconsciente y tu conciencia se encuentran porque no hay nada reprimido en el inconsciente -ese es el momento de su encuentro y su fusión-, en ese mismo instante se ofrece otra gran oportunidad para ti. Porque ya no estás ocupado en lo más inferior, toda tu energía está dispuesta para lo más elevado.

Tú estas en el medio, la mente consciente. Pero, dado que el inconsciente está ahí, sigues empeñado en reprimirlo, continúas reprimiéndolo; no es cuestión de que lo reprimas una vez y se acabó. Tienes que reprimirlo constantemente, porque vuelve una y otra vez.

Es como cuando botas una pelota. La tiras y vuelve a ti. Cuanto más fuerza pones al hacerlo, mayor es la fuerza con la que vuelve hacia ti. Lo mismo ocurre con los instintos. Tú los reprimes y cuanta más energía pongas en reprimirlos mas energía tendrán para resurgir. ¿De dónde pueden sacar la energía? Es tu propia energía. En cambio, cuando estas completamente liberado del inconsciente y todo lo que le rodea, esta limpio y callado, entonces dispones de toda tu energía.

La energía tiene un principio fundamental: no puede permanecer estática, tiene que moverse. El movimiento forma parte de su naturaleza. No es algo que puedas poner en un sitio y dejar ahí. No, se tiene que mover; es vida. Así que cuando no tiene una razón para moverse hacia abajo solo tiene otra dirección en la que moverse:

 hacia arriba. No tiene otra dirección donde ir. Empieza a golpear tu supraconciencia y este simple roce en la supraconciencia es tan placentero y maravilloso que, a su lado, todos tus orgasmos sexuales no son nada. No te lo puedes imaginar porque no hay una diferencia cuantitativa de modo que te pueda decir: «es diez veces mayor». Es una diferencia de cualidad, así que no hay manera de que te la imagines. ¿Cómo la puedes comparar con tus orgasmos? Pero esta es la única cosa en la vida a través de la cual se puede indicar algo más elevado.

Cuando tu energía empieza a tocar el mundo superior del cual ni siquiera eras consciente, se produce un flujo continuo de alegría. El orgasmo es algo tan momentáneo que en el momento en que te das cuenta de que está ahí, ya se ha acabado. Solo lo recuerdas en tu memoria; realmente no te das cuenta mientras está ocurriendo. Debido a su brevedad te vuelves cada vez más adicto a él porque te acuerdas de que había algo, algo maravilloso estaba pasando, así que: «Vamos a volver ahí otra vez, vamos a volver ahí otra vez.» Pero no hay manera...

Antes de que llegue; sabes que está llegando porque la campana empieza a sonar en tu cabeza. Es realmente una campana que empieza a sonar en tu cabeza: «¡Está llegando!» Sabes que está llegando... sabes que se ha ido. La campana ha dejado de sonar, ya no sue-na, ¡y tú pareces un tonto! Entre que empieza a sonar la campana y que deja de sonar, tú pareces un tonto. Quizá el hombre se siente más avergonzado; por eso después de hacer el amor, se da media vuelta y se pone a dormir. La mujer no se siente tan avergonzada por la sencilla razón que no es tan activa; el hombre parece tonto porque es el miembro activo.

No es más que la energía tocando tu nivel más elevado de conciencia, la supraconciencia; su simple roce, y hay un flujo de alegría que permanece. Poco a poco la energía sigue golpeando y se hace camino hacia el centro de la supraconciencia. No tienes nada que hacer: tu trabajo termina cuando dejas de reprimir y limpias tu conciencia. Después no tienes que hacer nada; después todo lo que hay que hacer lo hace tu energía. Y cuando alcanzas el centro comienza a funcionar en ti una nueva facultad que es la intuición.

En el centro de la inconsciencia está el instinto. En el centro de la conciencia está el intelecto.

En el centro de la supraconciencia está la intuición.

El instinto te hace hacer cosas, te fuerza a hacer cosas incluso contra tu deseo. El intelecto te ayuda a encontrar el camino para hacer una determinada cosa o a encontrar el camino para no hacer una determinada cosa. La función del intelecto es encontrar el camino.

Si quieres ir con el instinto, el intelecto encontrará el camino. Si eres lo que se llama una persona religiosa, una persona pseudoreligiosa y quieres ir contra el instinto, el intelecto encontrará el camino. Puede que sean caminos intrincados pero el intelecto está a tu servicio para lo que quieras hacer. No va a favor o en contra de nada, simplemente está a tu disposición.

El hombre que esté sano, usará su intelecto para ayudar a que su inconsciente se realice. Cuanto antes se realice mejor porque así te librarás de él. Plenitud significa liberarse de él.

Si eres un excéntrico de cualquier tipo; católico, protestante, etc.; en el mundo hay una amplia gama de excéntricos. Puedes elegir qué tipo de excéntrico quieres ser: hindú, musulmán, jainista, budista, hay todo tipo de variedades. No puedes decir: «No existe lo que yo quiero», no puedes decir eso; a lo largo de miles de años el hombre ha creado casi todos los tipos de variedades de excéntricos. Puedes elegir, puedes tener aquello que elijas; pero elijas lo que elijas es lo mismo.

Nadie te ha contado cómo utilizar el intelecto para lograr que se realice tu inconsciente, tu naturaleza, tu biología, tu química. Son tuyas, ¿qué importa si es química, biología o psicología? Son parte de ti y la naturaleza nunca te concede nada sin una razón. Haz que se realice y esta realización será el camino hacia un potencial más elevado.

Todas las personas religiosas están apegadas a lo más bajo de su ser; por eso parecen tan tristes y tan culpables. No se pueden regocijar. Jesús continúa diciéndoles: «Regocijaos» y por otra parte les dice: «Tened presente el infierno.» ¡Crea un dilema a la gente! Al enseñarles el camino del infierno; el camino del infierno consiste en realizar tu naturaleza y el camino del cielo consiste en ir en contra de tu naturaleza.

Sin embargo, ir en contra de tu naturaleza supone crear el infierno aquí en la tierra.

Yo quiero crear el paraíso aquí, ahora. ¿Por qué posponer algo tan maravilloso?

Puedes posponer las cosas que no merecen tu atención pero, ¿posponer el paraíso? Yo no estoy dispuesto a posponerlo para mañana ni para el próximo segundo. Puedes tenerlo aquí y ahora; todo lo que necesitas es una conciencia limpia. Cuando está realizada, llena, la biología se asienta, la química se asienta y te dan toda la energía que se invertía en esas cosas. La energía se lanza hacia arriba por sí misma y solo se para en el mismo centro de tu mente supraconsciente. Allí empieza a funcionar la intuición.

¿Qué es la intuición? La intuición es en ciertos aspectos como el instinto y en otros totalmente distinta al instinto; en ciertos aspectos es como el intelecto, en otros aspectos es totalmente opuesta al intelecto. Así que tendrás que entenderla porque es lo más sutil que posees.

La intuición es como el instinto porque tú no puedes hacer nada. Forma parte de tu conciencia, al igual que el instinto es parte de tu cuerpo. No puedes hacer nada con tu instinto y no puedes hacer nada con tu intuición. Pero, al igual que puedes permitir que tus instintos se realicen, puedes permitir y darle total libertad a tu intuición para que se realice. Te sorprenderás de los poderes con los que contabas.

 

La intuición te puede dar respuestas a las preguntas fundamentales; no verbalmente sino existencialmente.

No hace falta que preguntes: «¿Qué es la verdad?» El instinto no te va a oír, es sordo. Te oirá el intelecto pero solo puede filosofar; es ciego, no puede ver. La intuición es una observadora, tiene ojos. Ve la verdad, no piensa sobre ella.

El instinto y la intuición son independientes de ti. El instinto está en poder de la naturaleza, de la naturaleza inconsciente, y la intuición está en manos del universo supraconsciente. La conciencia que rodea todo el universo, la conciencia oceánica de la cual solo somos pequeñas islas, o, mejor dicho, icebergs, ya que nos po-demos fundir en ella y ser un todo con ella.

En cierto modo, la intuición es algo totalmente opuesto al instinto. El instinto siempre te conduce al otro; su realización siempre depende de otra cosa aparte de ti. La intuición solo te conduce a ti mismo. No depende de otra cosa, no necesita de otra cosa; de ahí su belleza, su libertad e independencia. La intuición es un estado de exaltación en el que no se necesita nada. Está tan llena de sí misma que no hay espacio para nada más.

En cierto sentido, la intuición es como el intelecto porque es inteligencia. El intelecto y la inteligencia se asemejan, al menos en apariencia, pero solo en apariencia. La persona intelectual no es necesariamente inteligente y la persona inteligente no es necesariamente intelectual. Puedes conocer un agricultor tan inteligente que, a su lado, incluso un eminente profesor, un gran intelectual, parecerá insignificante.

En la Unión Soviética, después de la revolución cambiaron la ciudad de Petrogrado para construir una nueva ciudad que tomara su nombre de Lenin, Leningrado. Frente al imponente, maravilloso y antiguo castillo de Petrogrado había una roca enorme, que los zares nun-ca pensaron quitar, no hacía falta. Ahora había llegado la era de los coches y aquella roca bloqueaba la carretera, había que quitarla.

Sin embargo, la roca era tan maravillosa que quisieron quitarla y guardarla como recuerdo, no quisieron destruirla ni dinamitarla. Pero lo único que se les ocurría a los ingenieros era dinamitarla o romperla en pedazos y luego reconstruirla. Lenin dijo:

-Eso no puede ser, no sería lo mismo. La roca es maravillosa, por eso los zares la han mantenido justo enfrente de su palacio.

Estando así las cosas, llegó un hombre, un pobre hombre montado en su burro. Se quedó allí escuchando toda esta discusión; después se rió y emprendió el camino. Lenin le dijo:

-Espera, ¿por qué te ríes?

Él contestó:

-Es una cuestión muy simple. No hay que hacer casi nada; solo hay que cavar alrededor de la roca y la roca se asentará más profundamente en el agujero. Así, no destrozaréis la roca -la roca seguirá ahí- pero no le impedirá el paso a nadie. No hace falta dinamitarla ni destruirla.

Lenin les dijo a sus ingenieros: -Vosotros sois ingenieros y arquitectos importantes pero lo que ha dicho este pobre hombre es más inteligente. Y así se hizo. Se salvaron la roca y la carretera pero la idea se le ocurrió a un pobre hombre que no era nadie.

Al conocer a miles de personas, he observado una cosa: la mayor parte de los intelectuales no son inteligentes porque no tienen que ser inteligentes. Su intelecto, su conocimiento, les basta. Sin embargo, el hombre que no tiene conocimiento, ni intelecto ni educación, tiene que encontrar algo de inteligencia en sí mismo; no la puede buscar fuera. Y como depende de la inteligencia, su inteligencia aumenta.

De modo que la intuición tiene algo parecido al intelecto pero no es intelectual. Es inteligencia.

El funcionamiento del intelecto y de la inteligencia es completamente diferente. El intelecto funciona por pasos, paso a paso. Tiene un procedimiento, una metodología. Si estas resolviendo un problema de matemáticas hay una serie de pasos que tienes que seguir.

En India hay una mujer, Shakuntala, que ha estado en todo el mundo, en casi todas las universidades, mostrando su intuición. No es una matemática, ni siquiera es una persona muy cultivada, solo tiene el graduado escolar. Incluso cuando Albert Einstein vivía, hizo sus demostraciones enfrente de él. Y su demostración era muy rara. Se sentaba con una tiza en la mano enfrente de la pizarra; le podías preguntar cualquier cuestión de matemáticas o aritmética, que sin que hubieras terminado la pregunta, ella ya había empezado a escribir la respuesta.

Albert Einstein le dio un diploma que ella misma me enseñó cuando estuve en Madrás, donde vive. Me enseñó todos sus diplomas Y en el que le dio Albert Einstein pone: «Yo le planteé a esta mujer un problema que a mí me llevó tres horas resolver porque sigo un método. Yo no puedo saltar de un problema a la respuesta. Sé que nadie lo puede hacer en menos tiempo que yo, o sea en tres horas. A otros puede que les lleve seis horas o más pero yo lo puedo hacer en tres horas porque ya lo he hecho antes. Pero hay que seguir todo el procedimiento. Si te saltas un solo paso...» Las cifras eran tan largas que la respuesta le ocupó toda la pizarra. Además, empezó a escribir la respuesta, antes incluso de que terminara la pregunta.

Él estaba asombrado, totalmente asombrado porque era imposible. Le preguntó:

-Cómo lo haces?

Ella contestó:

-No sé cómo lo hago; simplemente lo hago. Tú me formulas la pregunta y los números empiezan a aparecer ante mis ojos, de algún lugar dentro de mí. Puedo ver 1, 2, 3, y yo no hago más que escribir.

Esa mujer nació con la intuición activa. Pero siento pena por ella porque se convirtió en una atracción de feria. A nadie le preocupa que una mujer que ha nacido con la intuición activa pueda iluminarse muy fácilmente. Está justo al borde; un paso mas y habrá alcanzado la conciencia suprema. Sin embargo, ella no se da cuenta porque no es más que un engendro de la naturaleza.

Había otro chico, Shankaran, que se dedicaba a conducir un rickshaw en la ciudad. Había un profesor de matemáticas inglés que solía ir en su rickshaw a la universidad. Una o dos veces le ocurrió que, mientras estaba pensado en algún problema, el chico, simple-mente le miró y le dijo: «La respuesta es esta.» El profesor no había dicho nada, solo estaba pensando, y el chico estaba conduciendo el rickshaw, sin embargo, le dijo: «La respuesta es esta.»

El profesor llegó a la universidad, siguió paso a paso todo el proceso y se quedó asombrado al ver que esa era la respuesta. Después de que le ocurriera dos o tres veces, le preguntó al chico:

-¿Cómo lo haces?

Él le contestó:

-Yo no hago nada. Simplemente siento que estás sentado ahí detrás, preocupado y en mi mente empiezan a aparecer números.

Yo no soy una persona muy culta pero al menos puedo entender los números. Veo muchos números en tu mente, justo detrás de mí -una fila, una línea- y, de repente, en mi mente aparecen unos cuantos números, así que te digo que esa es la respuesta. No sé cómo ocurre.

El profesor envió a Shankaran a Oxford porque era aún mejor que Shakuntala. A ella había que formularle la pregunta y después ella escribía la respuesta; con Shankaran solo tenías que visualizar el problema en tu mente y él escribía la respuesta. Su intuición era aún mayor, era capaz de ver tanto la pregunta como la respuesta; podía leer tu mente. Y era incluso más inculto, era un hombre tan pobre que se dedicaba a conducir un

rickshaw. Se convirtió en un fenómeno en la historia de las matemáticas ya que pudo resolver muchas cuestiones que durantes siglos no habían tenido respuesta, aunque no podía decir cómo las resolvía. Él daba la respuesta, pero ¿cómo podías saber si la repuesta era acertada o equivocada? Esto es algo que llevó muchos años. Cuando se desarrollaron más las matemáticas, pudieron solucionarse esas cuestiones. Shankaran ya había muerto pero sus respuestas eran correctas. La intuición funciona en un salto cuántico. No tiene procedimiento metodológico, simplemente ve las cosas. Tiene ojos para ver. Ve cosas en las que tú no habías pensado siquiera como cosas, por ejemplo, el amor. Nunca has pensado en él como si fuera una cosa. En cambio, un hombre intuitivo puede ver si hay amor en ti o no, si hay confianza en ti o no, si hay duda en ti o no. Puede ver estas cuestiones como si fueran cosas.

En mi opinión, la intuición ocupa el lugar más elevado. Allí es donde estoy tratando de llevarte.

Tu inconsciente sucio te está impidiendo llegar allí. Límpialo; la manera de limpiarlo es satisfacerlo, satisfacerlo de tal modo que empiece a decirte: «¡Por favor, para! Ya no me hace falta más.» Solo entonces deja de satisfacerlo. De ese modo, tu intelecto se llena con tal nuevo flujo de energía que se convierte en inteligencia. La energía sigue aumentando y abre las puertas de la intuición. Entonces eres capaz de ver cosas que no son visibles para los ojos físicos, cosas que ni siquiera son cosas.

 El amor no es una cosa, la verdad no es una cosa, la confianza no es una cosa pero son realidades, mucho más reales que tus cosas. Pero son realidades solo para la intuición, son existenciales. Una vez que tu intuición comienza a funcionar, eres por primera vez humano.

Con el inconsciente eres animal. Con la conciencia ya no eres animal. Con la supraconciencia eres humano.

A mí me gusta citar a un místico

Baul, Chandidas, porque él condensó en una simple frase todo mi enfoque:

Sabar upar manus satya; tahar upar

nahin. «Por encima de todo se en

cuentra la verdad del hombre, y, por

encima de ella no hay nada más.»

Este hombre, Chandidas debe de haber sido un verdadero religioso. Niega a Dios, niega que exista cualquier cosa por encima del florecimiento humano. Sabar upar, «por encima de todo, por encima de cualquier cosa». Manus satya, «la verdad del hombre». Tahar upar nahin, «y más allá, he viajado hasta muy lejos, no hay nada».

Una vez que logres que florezca todo tu potencial humano, habrás llegado a tu hogar.

OBSTÁCULOS PARA EL CONOCER

Conocer significa permanecer en silencio, en total silencio de forma que puedas oír la pequeña y callada voz que hay en tu interior. Conocer significa abandonar la mente. Cuando estás totalmente callado, inmóvil, cuando nada se mueve en ti, la puerta se abre. Tú eres parte de esta existencia misteriosa. Llegas a conocerla al formar parte de ella al participar de ella. Eso es el conocimiento.

Conocimiento

uál es la diferencia entre conocimiento y conocer? Según el diccionario no existe ninguna diferencia pero según la existencia hay una gran diferencia. El conocimiento es teoría, conocer es experiencia. Conocer significa que abres los ojos y ves, conocimiento significa que hay alguien que ha abierto sus ojos y ha visto y habla sobre ello y tú solo te dedicas a acumular la información. El conocimiento es posible aunque seas ciego. El conocimiento es posible... Aunque no tengas ojos puedes aprender muchas cosas sobre la luz pero es imposible que la conozcas si eres ciego. Solo puedes conocer si tienes los ojos sanos, curados, si puedes ver. Conocer es realmente tu experiencia, el conocimiento es una pseudo-experiencia. El conocimiento es un insulto, una desgracia, un cáncer.

A través del conocimiento el hombre se separa del todo, el conocimiento crea una distancia. Si te encuentras una flor silvestre en la montaña, no sabes qué flor es; tu mente no tiene nada que decir sobre ella, hay sorpresa, hay misterio. La flor esta ahí, tú estás ahí. La sorpresa no os separa, os une. Sin embargo, si sabes que es una rosa o un clavel o cualquier otra flor, el conocimiento os separa. La flor esta ahí, tú estás aquí pero no existe ningún puente; tú «sabes». El conocimiento crea una distancia.

Cuanto más conoces, mayor es la distancia; cuanto menos conoces, menor es la distancia. Y si te encuentras en un momento en el que no hay conocimiento, entonces, no hay distancia; estás unido.

Te enamoras de una mujer o de un hombre; el día en que te enamoras, no hay distancia. Solo hay sorpresa, encanto, excitación, éxtasis, pero no hay conocimiento. No sabes quién es esa mujer. Sin conocimiento no hay nada que os divida; ahí radica la belleza de los primeros momentos del amor. Una vez que has vivido con la mujer -solo durante veinticuatro horas- aparece el conocimiento. Ahora ya tienes algunas ideas sobre esa mujer; sabes quién es, tienes una imagen de ella. Veinticuatro horas han creado ya un pasado; esas veinticuatro horas han dejado una huella en la mente. Mira a la misma mujer, ya no existe el mismo misterio. Estás bajando la colina, has dejado atrás la cumbre.

 Entender esto supone entender bastante. Entender que el conocimiento divide, que el conocimiento crea distancia, supone entender el secreto mismo de la meditación.

La meditación es un estado de noconocimiento. La meditación es un espacio puro, imperturbado por el conocimiento. Sí, la historia bíblica es verdad, que el hombre pecó por culpa del conocimiento, al comer el fruto del árbol del conocimiento. Ninguna otra escritura del mundo supera esto. Esta parábola es increíble; ninguna otra parábola ha alcanzado esa altura ni esa interiorización. Nos parece ilógico que el hombre peque por culpa del conocimiento. ¡Nos parece ilógico porque la lógica forma parte del conocimiento! Toda la lógica está al servicio del conocimiento; nos parece ilógico porque en la lógica está la verdadera causa del pecado del hombre. El hombre que sea completamente lógico -totalmente cuerdo, siempre cuerdo, sin que nunca se permita nada ilógico en su vida-es un loco. La cordura necesita ser equilibrada con la locura; lo lógico necesita ser equilibrado con lo ilógico. Los opuestos se encuentran y se equilibran. El hombre que solo es racional es irracional; se perderá muchas

 cosas. De hecho, se perderá todo lo bello y

todo lo verdadero. Acumulará cosas triviales, su vida será una vida mundana. Será un hombre mundano.

Esa parábola bíblica tiene una gran agudeza. ¿Por qué pecó el hombre por culpa del conocimiento? Porque el conocimiento crea distancia, porque el conocimiento crea «yo y tú», porque el conocimiento crea un sujeto y un objeto, el conocedor y lo conocido, el observador y lo observado. El conocimiento es básicamente esquizofrénico; crea una división que luego es imposible de borrar.

Esta es la razón por la que el hombre, a medida que es menos religioso, se ha convertido cada vez más en un hombre de conocimiento. Cuanto más educado es un hombre menos posibilidades tiene de alcanzar el todo. Jesús está en lo cierto cuando dice: «Solo los niños podrán entrar en el reino de los cielos.» Solo los niños... ¿qué es lo que posee un niño que tú ya no posees? El niño posee la cualidad del no-conocimiento, la inocencia. Mira lleno de asombro, sus ojos son totalmente transparentes. Mira profundamente pero no tiene prejuicios, no juzga, no tiene ideas preestablecidas. No proyecta; de ahí que llegue a conocer aquello que es. El niño conoce la verdad, tú solo conoces la realidad mundana. Esa realidad que tú has creado a tu alrededor al proyectar, desear, pensar. La realidad es tu interpretación de la verdad. La verdad es simplemente aquello que es; la realidad es aquello que tú has llegado a entender, es tu noción de la verdad. La realidad se compone de cosas separadas entre sí. La verdad consiste solo en una única energía cósmica. La verdad consiste en una unidad, la realidad consiste en una multiplicidad. La realidad es una multitud,

la verdad es integración.

J. Krishnamurti dijo: «Negar es el silencio.» ¿Negar qué? Negar el conocimiento, negar la mente, negar ese constante ajetreo en tu interior... crear un espacio desocupado. Cuando estas desocupado, estás en armonía con el todo. Cuando estas ocupado has perdido la armonía. Por eso, cada vez que logras tener un momento de silencio hay una gran alegría. En ese momento la vida cobra importancia, en ese momento la vida cobra una grandeza que trasciende las palabras. En ese momento la vida es una danza. En ese momento, aunque llegue la muerte, será una  danza y una celebración porque ese momento solo es alegría. Ese momento es gozoso, dichoso.

Hay que negar el conocimiento, pero no porque yo lo diga, o porque lo diga J. Krishnamurti o porque lo diga Gautama Buda. Si lo niegas porque yo lo digo, estarás negando tu conocimiento y cualquier cosa que yo diga se convertirá en tu conocimiento en su lugar; lo sustituirás. En ese caso, cualquier cosa que yo diga se convertirá en tu conocimiento y te aferraras a él. Abandonas los viejos ídolos y los sustituyes por otros nuevos pero no será mas que el mismo perro con distinto collar, nuevas ideas, nuevos pensamientos.

Entonces, ¿cómo puedes negar el conocimiento? No a través de otro conocimiento. No sustituyéndolo por otra cosa. Simplemente observando el hecho de que el conocimiento crea distancia, simplemente observando este hecho intensamente, totalmente, eso es suficiente.

Esa intensidad es fuego, esa intensidad reducirá tu conocimiento a cenizas. Esa intensidad es suficiente. Esa intensidad es lo que se denomina interiorización. La interiorización hará arder tu conocimiento y no lo sustituirá por otro conocimiento. Entonces hay vacío, shunyata. Entonces hay una vaciedad porque no hay contenido: Hay una verdad no perturbada, no falseada.

Tienes que ver lo que te estoy diciendo; no lo tienes que aprender. Cuando me escuches, no empieces a acumular conocimiento. No empieces a atesorar. El hecho de escucharme debería suponer un ejercicio de interiorización. Me deberías escuchar con intensidad, con totalidad, con toda la conciencia de la que fueras capaz. En esa misma conciencia verás un punto y la transformación es el hecho de que veas ese punto. No quiere decir que después tengas que hacer algo más; el hecho mismo de ver supone un cambio.

Si te hace falta hacer algún esfuerzo quiere decir que te has equivocado en algo. Si mañana vienes y me preguntas: «He entendido que  el conocimiento es una amenaza, que el conocimiento crea distancia. Entonces, ¿cómo puedo abandonarlo?» Si me preguntas esto, querrá decir que te has equivocado en algo. Si hay un «cómo» quiere decir que estás confundido. No puede haber un «cómo» porque el «cómo» exige más conocimiento. El «cómo» exige métodos, técnicas, qué hay que hacer.

Es suficiente con la interiorización; no hay que ayudarla con ningún otro esfuerzo. Su fuego es más que suficiente para quemar todo el conocimiento que acumulas. Date cuenta del enfoque.

Escúchame, ve conmigo. Cuando me escuches, coge mi mano, dirígete al espacio al que te estoy intentando llevar, y observa lo que te estoy diciendo. No discutas; no digas que sí, no digas que no; no asientas ni disientas. Solamente permanece conmigo en todo momento; de repente, se producirá la interiorización. Si me escuchas atentamente... y con atención no quiero decir concentración; con atención solo quiero decir que escuches siendo consciente, no con una mente aburrida; escuchas con inteligencia, estando vivo, abierto. Tú estás aquí, ahora, conmigo; eso es lo que quiero decir cuando digo atención. Tú no estas en ninguna otra parte. No estás comparando mentalmente lo que te digo con tus viejas ideas. No estás comparando en absoluto, no estás juzgando. No estás juzgando interiormente, en tu interior, si lo que estoy diciendo es verdadero o no, o en qué proporción es verdadero.

Precisamente el otro día estaba hablando con un buscador. Tenía todas las cualidades del buscador pero estaba repleto de conocimiento. A medida que le hablaba sus ojos se llenaron de lágrimas. Su corazón se iba a abrir y en ese mismo momento apareció la mente y destruyó toda la belleza del momento. Se estaba dirigiendo ha-cia el lado del corazón e iba a abrirse pero en ese instante irrumpió su mente. Desaparecieron aquellas lágrimas que estaba a punto de derramar. Sus ojos se secaron. ¿Qué había pasado? Dije algo con lo que no estaba de acuerdo.

Estaba de acuerdo conmigo hasta un cierto punto. Entonces dije algo que iba contra la tradición judía, contra la Cábala, e inmediatamente cambió toda la energía. Me dijo: «Todo es correcto. Todo lo que estas diciendo es correcto pero no puedo estar de acuerdo con una cosa, con que Dios no tenga ningún objetivo, con que la existencia exista sin ningún objetivo. Porque la Cábala dice todo lo contrario: que la vida tiene un objetivo, que Dios tiene un objetivo, que nos esta conduciendo hacia un determinado destino, que existe un destino.

Puede que no lo viera ni siquiera de esta manera, que se perdiera en ese momento porque apareció la comparación. ¿Qué tengo yo que ver con la Cábala? Cuando estés conmigo deja de lado todo tu conocimiento sobre la Cábala, el yoga, el tantrismo, sobre esto y sobre lo de más allá. Cuando estés conmigo, estate conmigo. No quiero decir que estés de acuerdo conmigo, recuerda, no es una cuestión de estar o no estar de acuerdo.

Cuando contemplas una rosa, ¿estás de acuerdo o en desacuerdo con ella? Cuando contemplas un amanecer, ¿estás de acuerdo o estás en desacuerdo con él? Cuando contemplas la luna por la noche, ¡simplemente la contemplas! O la contemplas o no la contemplas pero no tiene nada que ver con estar o no estar de acuerdo con ella.

No te estoy tratando de convencer de nada. No estoy tratando de convertirte a ninguna teoría, filosofía, dogma, a ninguna iglesia, no. Simplemente estoy compartiendo contigo lo que me ha ocurrido a mí y, si tú participas en ese compartir, también te puede ocurrir a ti. Es contagioso.

La interiorización transforma.

Cuando te digo que el conocimiento es una amenaza puedes es-tar de acuerdo o en desacuerdo, entonces te estarás equivocando. Simplemente escucha, simplemente observa, penetra en todo el proceso del conocimiento. Podrás ver cómo el conocimiento crea una distancia, cómo el conocimiento se convierte en una barrera. Cómo el conocimiento se alza en medio, cómo el conocimiento sigue aumentando y sigue aumentando la distancia. Cómo se pierde la inocencia por culpa del conocimiento, cómo la fascinación se destruye, se mutila, se mata por culpa del conocimiento, cómo la vida se convierte en un asunto pesado y aburrido por culpa del conocimiento. Desaparece el misterio. Desaparece porque comienzas a pensar que sabes. Si sabes, ¿cómo va a haber misterio? El misterio solo es posible cuando no sabes.

 

Además recuerda, ¡el hombre no conoce nada! Todo lo que hemos acumulado es basura. Lo supremo sigue estando por encima de nuestro alcance. Todo lo que hemos acumulado han sido hechos, la verdad permanece intacta a nuestros esfuerzos. Esa no es solo la experiencia de Buda, Krishna, Krishnamurti y Ramana; esa es incluso la experiencia de Edison, Newton, Albert Einstein. Esa es la experiencia de poetas, pintores y bailarines. Todas las grandes inteligencias del mundo -ya sean místicos, poetas o científicosestán totalmente de acuerdo en una cosa: que cuanto más sabemos, más nos damos cuenta de que la vida. es un misterio. Nuestro conocimiento no destruye ese misterio.

Solo los tontos piensan que porque saben un poco la vida no tiene ningún misterio. Solo las mentes mediocres se aferran al conocimiento; las mentes inteligentes permanecen por encima del conocimiento. Lo usan, evidentemente lo usan; es útil, es utilitario, pero saben perfectamente que todo lo verdadero está oculto, permanece oculto. Podemos saber cada vez más cosas pero el misterio es inagotable.

 Escucha con interiorización, con atención, con totalidad. Y en esa mis-ma visión, verás algo. Esa visión te cambia; no preguntes cómo. Eso es lo que quiere decir Krishnamurti cuando dice: «Negar es silencio.» La interiorización niega. Cuando se niega algo y nada se pone en su lugar. Se destruye algo y no se pone nada en su lugar. Hay silencio porque hay espacio. Hay silencio porque se ha desechado lo vie-jo y no se ha sustituido por nada nuevo. Buda denomina a este silencio shunyata. Ese silencio es el vacío, la vaciedad. En el mundo de la verdad solo puede funcionar esa vaciedad.

El pensamiento no puede funcionar allí. El pensamiento solo funciona en el mundo de las cosas porque el pensamiento también es una cosa, sutil pero también es material. Por eso se puede escribir, transmitir, comunicar. Yo te puedo lanzar un pensamiento; tú lo puedes coger, lo puedes tener. Se puede tomar y dar, es transferible porque es una cosa. Es un fenómeno material.

El vacío no se puede dar, yo no te puedo transmitir el vacío. Puedes participar en él, te puedes mover en él pero nadie te lo puede dar. Es intransferible. En el mundo de la verdad solo funciona el vacío.

La verdad se conoce solo cuando no está presente la mente. Para conocer la verdad la mente tiene que parar, tiene que dejar de funcionar. Tiene que estarse quieta, callada, inmóvil.

El pensamiento no puede funcionar en la verdad pero la verdad puede funcionar a través de pensamientos. No puedes alcanzar la verdad pensando pero una vez que la has alcanzado puedes poner el pensamiento a su servicio. Eso es lo que yo hago, eso es lo que hizo Buda, eso es lo que han hecho todos los maestros. Lo que te estoy diciendo es un pensamiento pero detrás de ese pensamiento está el vacio. El vacío no se ha producido a través del pensamiento, ese vacío se encuentra más allá del pensamiento. El pensamiento no lo puede tocar, el pensamiento ni siquiera lo puede mirar.

¿Te has percatado del siguiente fenómeno? Que no puedes pensar en el vacío, no puedes convertir el vacío en un pensamiento. No puedes pensar sobre él, es impensable. Si pudieras pen-sar en él no sería vacío. El pensamiento tiene que desaparecer para que aparezca el vacío; nunca se encuentran. Una vez que llega el vacío, utiliza todos los medios para expresarse.

La interiorización es un estado de no-pensamiento. Siempre que ves algo, lo ves cuando no hay pensamiento. Incluso aquí, cuando me escuchas, cuando estas conmigo, a veces ves, pero esos momentos son pausas, intervalos. Una vez que ha desparecido el conocimiento, no ha surgido otro conocimiento, entonces hay una pausa; y en esa pausa algo se mueve, algo comienza a vibrar. Es como alguien que esté tocando el tambor, el tambor esta hueco por dentro; por eso se puede tocar. Ese vacío es lo que vibra. Ese maravilloso sonido que produce es resultado de ese vacío. Cuando tú estés, sin ningún pensamiento, entonces será posible algo, inmediatamente posible. Entonces podrás ver lo que te estoy diciendo. Entonces ya no será únicamente algo que hayas oído, se convertirá en una intuición, una interiorización, una visión. Has visto a través de ello, lo has compartido conmigo.

La interiorización es un estado de no pensar, de ausencia de pensamiento. Es una pausa, un intervalo en el proceso de pensamiento, y en esa pausa se halla el atisbo, la verdad.

La palabra inglesa para «vacío», empty, proviene de una raíz que significa «ocioso», desocupado. Es una palabra maravillosa si te fijas en su raíz. La raíz está llena de sentido: significa ocioso, desocupado. Siempre que estás desocupado, ocioso, estas vacío. Además recuerda que el proverbio que dice que la mente ociosa es el taller del diablo no es más que una tontería. La verdad es precisamente lo contrario: ¡la mente ocupada es el taller del diablo! La mente vacía es el taller de Dios, no del diablo. Pero tienes que entender lo que quiero decir con «vacía», ociosa, relajada, sin tensiones, tranquila, sin deseo, sin moverse a ningún lado, estando simplemente ahí, completamente ahí. La mente vacía es una pura presencia. En esa pura presencia todo es posible porque toda la existencia surge de esa pura presencia.

Este árbol surge de esa pura presencia, las estrellas surgen de esa pura presencia; estamos aquí, todos los budas surgen de esa pura presencia. En esa pura presencia estás en Dios, tú eres Dios. Cuando estás ocupado, pecas; cuando estás ocupado, tienes que ser expulsado del Jardín del Edén. Cuando estás desocupado, vuelves al Jardín del Edén, cuando estas desocupado, vuelves al hogar.

Cuando la mente no está ocupada por la realidad -por cosas, por pensamientos- entonces hay aquello que es. Y aquello que es, es la verdad. Solo en el vacío se puede producir un encuentro, una fusión. Solo en el vacío te abres a la verdad y la verdad penetra en ti. Solo en el vacío te colmas de verdad.

Estos son los tres estados de la mente: El primero es el del contenido y la conciencia. Tú siempre tienes algún contenido en tu mente; un pensamiento que te ronda, un deseo incipiente, ira, avaricia, ambición. Siempre tienes algo en la mente; la mente nunca está desocupada. Siempre hay tráfico, día y noche. Esta ahí cuando estás despierto y mientras duermes. Cuando estás despierto lo puedes llamar pensamiento, cuando duermes lo llamas sueño pero es el mismo proceso. El sueño es un poco más primitivo, eso es todo; porque piensa a través de imágenes. No utiliza conceptos, utiliza imágenes. Igual que en los libros de los niños tienen que poner dibujos grandes, muy coloridos porque los niños piensan por medio de imágenes. Aprenden las palabras por medio de imágenes. Poco a poco esas imágenes se van haciendo más pequeñas y desaparecen.

El hombre primitivo también piensa a través de imágenes. Los lenguajes más antiguos utilizan pictogramas. El chino es un lenguaje que utiliza pictogramas: no tiene alfabeto. Es el lenguaje más antiguo. Por la noche tú vuelves a ser un primitivo, olvidas la sofisticación que te acompaña durante el día y empiezas a pensar en imágenes, pero es lo mismo.

 El enfoque del psicoanálisis es valioso; observa tus sueños. Allí hay más verdad porque cuando sueñas eres más primitivo; no estás tratando de engañar a nadie, eres más auténtico. Durante el día tienes una personalidad bajo la que te ocultas, capas y más capas de personalidad. Es muy difícil descubrir al hombre verdadero. Tendrás que ahondar mucho, y esto es algo que duele, por lo que el hombre se resistirá. En cambio, por la noche, al igual que dejas a un lado tu ropa, dejas también de lado tu personalidad. No te hace falta porque no te vas a comunicar con nadie, estarás solo en la cama. Además no estarás en el mundo, estarás completamente inmerso en tu reino particular. No hay ninguna necesidad de ocultar ni de fingir. Por eso el psicoanalista trata de sumergirse en tus sueños porque estos muestran mucho más claramente quién eres. Sin embargo, no es más que el mismo perro con distinto collar; el perro no cambia. Ese es el estado habitual de la mente: mente y contenido, conciencia más contenido.

El segundo estado de la mente es la conciencia sin contenido; en eso consiste la meditación. Estas totalmente alerta y hay una pausa, un intervalo. No encuentras ningún pensamiento, delante de ti no hay ningún pensamiento. No estas dormido, estás despierto pero no hay pensamiento. Eso es la meditación. Al primer estado se le llama mente, al segundo estado se le llama meditación.

Hay un tercer estado. Cuando ha desaparecido todo contenido, desaparece el objeto, el sujeto no puede permanecer mucho más tiempo ya que ambos coexisten. Se producen el uno al otro. Cuando el sujeto esta solo, solo puede quedarse un poco más de tiempo como consecuencia del eco del movimiento del pasado. La conciencia no puede quedarse más tiempo sin contenido; ya no será necesaria dado que una conciencia es siempre una conciencia sobre algo. Cuando dices «consciente», se puede preguntar, ¿de qué? Dices: «Soy consciente de...» Hace falta ese objeto, es imprescindible para que exista el sujeto. Una vez que ha desaparecido el objeto, muy pronto desaparecerá también el sujeto. En primer lugar desaparecen los contenidos, luego desaparece la conciencia.

El tercer estado se llama samadhi, sin contenido, sin conciencia. Pero ten presente que ese estado de no-contenido, de no-con-ciencia, no es un estado de inconciencia. Es un estado de supraconciencia, de conciencia trascendental. Ahora la conciencia solo es consciente de sí misma. La conciencia se ha vuelto hacia sí misma; se ha completado el círculo. Has regresado a tu hogar. Este es el tercer estado, samadhi; Y ese tercer estado es lo que Buda quiere decir con shunyata.

En primer lugar abandona el contenido; te quedarás medio vacío. Después abandona la conciencia; te quedarás completamente vacío. Esta total vaciedad es lo más maravilloso que te puede ocurrir, la bendición más grande que puedes alcanzar.

Intelecto

Yaunque muy limitada y debes entender sus limitaciones. No estoy totalmente en contra del intelecto. Tiene su utilidad, si trabajas como científico tendrás que utilizar tu intelecto. Es un mecanismo maravilloso pero solamente si permanece siendo un siervo y no se convierte en un señor. Cuando se convierte en un señor y tie-ne más poder que tú se vuelve peligroso. La mente como esclava de la conciencia es una sierva maravillosa; la mente como señora de la conciencia es una señora muy peligrosa.

No es más que una cuestión de énfasis. No estoy totalmente en contra del intelecto; yo mismo utilizo el intelecto, ¿cómo iba a es-tar en contra de él? Ahora mismo, mientras os hablo, lo estoy usando. Si no quiero utilizarlo, no tiene ningún poder sobre mí. Sin embargo, vuestro intelecto, vuestra mente, vuestro proceso intelectual continúa queráis o no. No le importáis lo más mínimo -como si no existierais- continúa funcionando; incluso cuando estáis dormidos continúa funcionando. No os escucha. Ha permanecido en el poder durante mucho tiempo así que se ha olvidado totalmente de que solo es un siervo.

Cuando sales a pasear utilizas las piernas. Pero cuando estás sentado no te hace falta seguir moviendo las piernas. Hay personas que me dicen: «Osho, estás hablándonos dos horas sentado en tu silla sin cambiar de postura. No mueves las piernas ni una vez.» ¿Por que tengo que moverme? ¡Si no estoy andando! Sin embargo, sé que vosotros aunque estéis sentados en vuestra silla no estáis realmente sentados. Estáis moviendo las piernas, cambiando de posición, de postura, haciendo mil cosas, agitándoos y moviéndoos, un puro nervio. Lo mismo ocurre con vuestra mente.

Cuando me dirijo a vosotros utilizo la mente. En el momento en que dejo de hablaros, mi mente se para, ¡inmediatamente! Cuando no me estoy dirigiendo a vosotros mi mente no tiene necesidad de seguir trabajando, simplemente se queda callada. Debería ser así, debería ser algo natural. Cuando estoy dormido, no sueño; no me hace falta. Soñáis solo porque hay tanto trabajo que ha quedado sin hacer durante el día que la mente tiene que hacerlo. Es un trabajo extra que no habéis sido capaces de terminar durante el día.

¿Cómo vais a ser capaces de terminar algo? Hacéis mil cosas a la vez. Nunca termináis nada; todo se queda incompleto; y se queda incompleto para siempre. Os moriréis y no habréis completado nada. Ni siquiera habréis completado vuestro trabajo en una dirección porque no dejáis de correr en todas las direcciones. Os habéis convertido en una multitud de fragmentos, no estáis integrados. La mente os arrastra en una dirección, el corazón os arrastra en otra, el cuerpo quiere que vayáis en otra dirección distinta, y no sabéis qué hacer, ¿a quién hacer caso? Además tampoco hay una sola mente, tenéis muchas mentes; sois multipsíquicos, tenéis una multitud de mentes. No hay unidad, no hay armonía. No sois una orquesta, no estáis afinados. Cada uno va a su aire; nadie escucha a nadie; solo creas ruido, no música.

El intelecto es bueno si está al servicio del todo. No hay nada que sea malo si esta en su lugar y todo es malo si esta en un lugar equivocado. Tu cabeza está muy bien sobre tus hombros. En cualquier otro lugar estaría mal.

Si trabajas como científico, necesitas el intelecto. Si trabajas en la sociedad, necesitas el intelecto. Cuando te comunicas a través de palabras, cuando hablas con la gente, necesitas el intelecto. Pero su uso es muy limitado. Hay otras muchas cosas en las que el intelecto no hace ninguna falta. Sin embargo, este sigue funcionando allí donde no hace falta; ahí radica el problema. El meditador usa su intelecto pero también usa su intuición, sabe que sus funciones son diferentes. Usa su cabeza pero también usa su corazón.

En Calcuta me solía hospedar en casa de un juez del Tribunal Supremo. Su mujer me dijo en una ocasión:

-Tú eres la única persona por la que mi marido tiene algún respeto. Si le dices algo te escuchará, pero no escuchará a nadie más. Yo lo he intentado por todos los medios pero sin ningún éxito. Por eso me dirijo a ti.

Yo le dije: -¿Cuál es el problema? Ella me contestó: -El problema aumenta cada día.

Durante las veinticuatro horas del día es juez. Incluso cuando está en la cama conmigo se comporta como un juez; y casi espera que me dirija a él como «Su Señoría». Se comporta con los niños como si fueran criminales. ¡Con todo el mundo! Ya estamos cansados. Nunca se baja de su estrado. Sigue interpretando su papel continuamente; nunca se le olvida: se le ha grabado en la cabeza.

La mujer tenía razón; tuve oportunidad de conocer a su marido. Es bueno ser juez cuando estás en un tribunal pero cuando dejas el tribunal... Sin embargo, él era juez hasta en su propia casa, se comportaba de la misma forma con su mujer, con sus hijos, con todo el mundo. La mujer le tenía miedo, los niños le tenían miedo. En cuanto entraba en la casa todo el mundo tenía miedo. Justo antes de que entrara en casa los niños estaban felices jugando, divirtiéndose. De repente, dejaban de jugar, la mujer se ponía seria. La casa se convertía inmediatamente en el juzgado.

Esto es lo que les ocurre a millones de personas: siguen siendo las mismas, se llevan el trabajo a casa.

Necesitas tu intelecto. Tu cabeza tiene su propia función, su pro-pia belleza pero tiene que estar en su lugar. Hay cosas muchísimo más grandes que están fuera del alcance de la cabeza y cuando te estás dirigiendo hacia esos terrenos deberías dejar la cabeza a un lado. Deberías ser capaz de hacerlo. Eso significa flexibilidad. Eso significa inteligencia.

Además, ten presente no confundir nunca entre intelecto e inteligencia. El intelecto no es más que una parte de la inteligencia. La inteligencia es un fenómeno mucho más amplio; abarca mucho más que el intelecto porque la vida no es solo intelectual, la vida también es intuitiva. La inteligencia abarca la intuición. Hay muchos grandes descubrimientos que han sido realizados no por el intelecto sino por la intuición. De hecho, todos los grandes descubrimientos han sido realizados por la intuición.

Existe algo mucho más profundo en ti. No deberías olvidarlo. El intelecto no es el centro de tu ser, no es más que la periferia, la circunferencia. El centro de tu ser es la intuición.

Cuando dejas a un lado tu intelecto, cuando dejas a un lado tu cabeza, empieza a funcionar algo mucho más profundo que desde la periferia es incomprensible. Empieza a funcionar tu centro, que siempre esta en armonía con el todo. Tu circunferencia es tu ego, tu centro está en armonía con el tao. Tu centro no es tuyo, no es mío; el centro es universal. Las circunferencias son personales -tu circunferencia es tu circunferencia, mi circunferencia es mi circunferencia- en cambio, mi centro y tu centro no son dos cosas; todos nos encontramos y somos uno en el centro.

Por eso los místicos llegan a conocer la unidad de la existencia; porque depende de la intuición, La ciencia sigue dividiendo, fragmentando; llega a las partículas más minúsculas. El mundo se convierte en una multiplicidad, deja de ser un universo.

De hecho, los científicos deberían dejar de utilizar la palabra universo y empezar a usar una nueva palabra, multiverso. «Universo» tiene un sentido místico; «universo» quiere decir uno. El místico alcanza la unidad; esa es la experiencia del centro. Sin embargo, el centro solo puede funcionar si abandonas la circunferencia para ir al centro. Tienes que dar un salto cuántico.

Imaginación

a facultad de la intuición y la facultad de crear tu propia reali-dad no solo son diferentes sino diametralmente opuestas. La intuición solo es un espejo. Tú no creas nada, la intuición simplemente está reflejando. Refleja aquello que hay. Es pura, silenciosa, como agua cristalina que reflejara las estrellas y la luna. Tú no creas nada. Es la claridad que en Oriente han llamado el tercer ojo. Los ojos no crean nada, solamente te informan de lo que hay.

A la capacidad de crear una realidad propia se le llama imaginación; esta facultad la posee el sueño. Por la noche creas muchas cosas en tus sueños. Además, lo más curioso es que durante toda tu vida has soñado por las noches y siempre te has dado cuenta por la mañana de que era un sueño, de que no era real. Pero cuando por la noche, te quedas otra vez dormido y tu imaginación empieza a extender sus alas, no tienes ninguna duda; aceptas esa realidad sin la menor duda.

Esa facultad de la imaginación puede funcionar también de distintas formas. Creas tus sueños que sabes que no son reales. Sin embargo, cuando llegan y estás rodeado por ellos, te parecen total-mente reales, más reales que el mundo real. Porque en el mundo real de vez en cuando puedes sospechar, puedes dudar. Por ejemplo, ahora mismo puedes dudar si lo que estás viendo o estás escuchando aquí es real o te has quedado dormido y estás soñando. Puede que sea un sueño. Solo lo sabrás cuando te despiertes.

Esa es la única diferencia que existe: en la realidad, puedes dudar -«podría ser un sueño»- pero en un sueño no puedes plantearte si es un sueño. Esa es la única diferencia entre el sueño y la realidad. La realidad te permite razonar, la imaginación no te permite razonar.

La misma facultad puede crear sueños durante el día... estás sentado en silencio, sin hacer nada y frente a tus ojos se empieza a vislumbrar un sueño; estás despierto pero empiezas a pensar que eres el presidente de tu país. Como estás despierto, hay algo dentro de ti que sabe que no es más que una idea ridícula; pero, a pesar de ello, es una idea tan apetecible que sigues soñando que te has convertido en un conquistador de mundo o en el hombre más rico del mundo. Estás despierto pero estás soñando. Si esta situación se acentúa te vuelves loco. Solo tienes que ir a cualquier manicomio, a cualquier hospital psiquiátrico y te asombrará ver cuánta gente vive en su propio mundo: hablando con gente que no está ahí presente, y, no solo hablando, sino también respondiendo en nombre de esas personas; y no tienen la menor duda, el menor escepticismo.

La imaginación puede crear una cierta locura si se empieza a creer sus propios sueños, puede producir alucinaciones. Para mí, aquellos a los que llamáis santos, los grandes líderes religiosos que han visto a Dios, que han encontrado a Dios, que han hablado con Dios, están dentro de esta categoría. Su dios no es más que una imaginación suya.

Existe un método para comprobarlo. Necesitas al menos tres semanas y tienes que hacer dos cosas para preparar el terreno para producir alucinaciones. Después puedes ver a Jesucristo frente a ti, o a Gautama Buda, y, si queréis, podéis charlar un rato. Puedes hacer preguntas y se te responderán; aunque nadie más se dará cuenta de que hay alguien ahí, pero ese es su problema. No tienen el suficiente nivel espiritual para poder ver lo invisible. Hacen falta dos cosas básicas: una de ellas es ayunar durante tres semanas. Cuanto más hambriento estés menos funcionará tu inteligencia, porque la inteligencia necesita continuamente un aporte vitamínico; si no lo tiene se empieza a debilitar. Al cabo de tres semanas deja de funcionar. Así que la primera cosa consiste en adormecer el intelecto. Esta es la razón por la que todas las religiones prescriben el ayuno como una disciplina verdaderamente religiosa. Pero la idea que subyace tras esto es que después de tres semanas tu inteligencia se empieza a adormecer. Entonces, la imaginación puede funcionar perfectamente; nadie lo duda.

El segundo requisito es la soledad; retírate a una montaña, a un bosque, a una cueva donde estés completamente solo. El hombre ha crecido dentro de la sociedad, siempre ha vivido con gente. Esta hablando durante todo el día; bla-bla-bla, bla-bla-bla.

Por la noche habla en sueños y por el día empieza a hablar con gente has-ta que se va a dormir. Si no hay nadie con quien hablar, empieza a rezarle a Dios. Eso es hablar con Dios, una manera respetable de estar loco.

En tres semanas... después de la segunda semana, uno empieza a hablar en voz alta. Después de la primera se-mana, uno empieza a hablar consigo mismo aunque sabe que nadie debería oírlo porque pensarían que está loco. Sin embargo, al final de la segunda semana desaparece ese temor porque la inteligencia se va adormeciendo. Hacia la segunda semana empieza a hablar en voz alta. Hacia la tercera semana, empieza a ver a la persona que quería encontrar: Jesucristo, Krishna, Mahavira; Gautama Buda, un amigo que murió, o cualquier otra persona. Después de tres semanas es capaz de visualizara esa persona tan claramente que nuestra realidad cotidiana parece palidecer. De ahí que las religiones hayan apoyado estas dos estrategias: el ayuno y el aislamiento. Esa es la manera, la manera científica de vivir una experiencia de alucinaciones.

 Puedes crear tu propia realidad: puedes vivir con Jesucristo otra vez, puedes tener una buena charla con Gautama Buda, puedes preguntar cosas y obtener respuestas aunque serás tú el que haga am-bas cosas. Sin embargo, se ha descubierto que cuando hagas las preguntas tu voz será de una forma pero cuando respondas tu voz será diferente. Evidentemente; esto es algo que ocurre en todos los psiquiátricos; la gente se dedica a hablar con las paredes.

Hay que investigar la historia de los santos que han experimentado a Dios, que han hablado con Dios, desde un enfoque más psicológico. No difieren de los locos. Todas esas pretensiones, esas declaraciones de que son el único hijo de Dios, de que son el único profeta de Dios, de que son la única reencarnación de Dios, no son nada más que afirmaciones de locos.

Te quedarías realmente asombrado si te dieras cuenta de que esas personas vivieron inmersos en alucinaciones; crearon su propia realidad alrededor de sí mismos. Sus dioses no son más que imaginación suya; sus mensajes provienen de su propia mente, las escrituras que dejaron las escribieron ellos mismos. No hay ningún libro que haya escrito Dios porque yo los he estudiado todos; ni siquiera se merecen el nombre de buena literatura, así que, ¡para qué hablar de su santidad! Son literatura de tercera categoría pero la gente los ha adorado.

Toda la historia del hombre se puede resumir en una frase: la historia de la histeria. Todos esos santos y sabios no son más que histéricos. Solo hay unos cuantos que hayan abandonado la imaginación, que hayan abandonado toda la mente y sus facultades; pero esos pocos no han experimentado a Dios.

Buda nunca vio a ningún dios. Solo experimentó un gran silencio, experimentó una gran alegría que duró cuarenta y dos años después de su iluminación. Su iluminación no es una ficción porque las ficciones no pueden durar tanto tiempo; los sueños no pueden transformar la vida de un hombre. Después de su iluminación era un hombre nuevo. Su alegría permaneció con él igual que su respiración. No hablaba de dioses, no hablaba del cielo y del infierno, no hablaba de ángeles. No vio nada de eso. Esas cosas hay que crearlas primero, tienes que prepararte de una cierta manera de modo que puedas ver todo aquello que quieres ver. Si una persona se muere por ver a Jesucristo hará cualquier cosa para conseguirlo: ayunar, aislarse, retirarse a un monasterio...

Hay un monasterio en el monte Athos, en Europa, que quizá sea el monasterio más antiguo de Europa, tiene mil años. La regla del monasterio es que solo puedes entrar en él, no puedes volver a salir. Hay cerca de diez mil monjes en el monasterio. Solo cuando mueren... entonces ponen sus cuerpos en un agujero y otros cristianos que se encuentran fuera -que no son monjes- los entierran. Sin embargo, los monjes que están dentro no pueden ni siquiera salir para acompañar el cadáver.

¿A qué se dedican estas personas? Solo a cantar Ave María. El monasterio está dedicado a la madre de Jesús, María. Lo único que hacen en todo el día es cantar Ave María. Ayunando, aislados, alejados del mundo... en poco tiempo sufren alucinaciones de que María les va a visitar. Cada uno tiene su propia celda, viven solos, separados de los demás. No se les permite hablar a los demás, solo al abad. Durante mil años, no se ha permitido el paso a ninguna mujer, ni siquiera a un bebé de seis meses. Esos monjes están sentados sobre un volcán de energía sexual reprimida.

Esta energía sexual es también muy útil para producir alucinaciones. Todo el mundo sabe que los jóvenes comienzan a tener alucinaciones sobre chicas y las chicas empiezan a tener alucinaciones con los chicos. Sus sueños se van haciendo cada vez más sexuales; el sexo se convierte en el factor predominante en sus mentes. Dado que estos monjes han reprimido su sexualidad y están ayunando, viviendo aislados, pensando solo en Jesucristo o en María, natural-mente empiezan a alucinar. Además, aquellos que empiezan a alucinar se vuelven mas respetados, más reverenciados. El mayor loco del monasterio se convierte en el abad.

Hay muchas cosas que se pueden hacer para sacar a estas personas de esas casas de locos llamadas monasterios o conventos, para devolverlos a la cordura, para devolverlos al mundo de la realidad y no de los sueños. No tienes que crear tu propia realidad, solo tienes que limpiar tus sentidos para sentir la realidad y su belleza psicodélica, su colorido, su frescura, su viveza.

Y tienes que descubrir la realidad dentro de ti, no crearla; porque todo lo que es creado por ti no es más que imaginación. Solo tienes que profundizar, en silencio, y observar; simple-mente, estar alerta y consciente de modo que puedas ver todo lo que es real. Aquellos que han visto la realidad dicen que experimentarás un gran silencio, una gran alegría, una dicha infinita, la inmortalidad; en cambio, no verás ningún dios ni ningún ángel. Para ver esas cosas hay que crearlas primero.

Intuición, imaginación, intelecto; todas estas cosas deben ser trascendidas. Tienes que llegar a un punto que está más allá de tu mente: una profunda serenidad; una frescura y una calma que es tu verdadera naturaleza, que es tu naturaleza búdica. Eso es lo que eres, esa es la materia de la que estás hecho, esa es la materia de la que está hecho todo el universo. Podemos llamarlo conciencia universal o podemos llamarlo divinidad universal; cualquier nombre vale. Pero recuerda, hay millones de personas que se han engañado a sí mismos con la imaginación. Es algo muy fácil, muy sencillo; no tienes más que seguir unos pasos determinados y podrás crear una realidad.

Una vez, estaba en casa de un amigo. En India tenemos un festival sagrado en el que la gente toma algo parecido a la marihuana que se llama bhang. El amigo con el que estaba era también profesor en la misma universidad en la que yo daba clases; un hombre muy sencillo y muy bueno. Yo le dije: «No hagas esa imbecilidad.» Pero él se fue a ver a unos amigos y estos se las arreglaron para darle algunos dulces que estaban llenos de marihuana, y bebidas que también tenían marihuana. Era medianoche y todavía no había vuelto a casa. Tuve que salir a buscarlo, ¿qué pasaba? Estaba desnudo, rodeado por un montón de gente, gritando obscenidades y la gente le estaba tirando piedras.

Yo no me podía imaginar qué había pasado. Hice que la gente dejara de arrojarle piedras. Les dije:

-Yo le conozco. Creo que ha tomado alguna droga.

Le vestí como pude ya que no se dejaba. Le ponía los pantalones y se los volvía a quitar y salía corriendo.

Yo no conocía esa ciudad pero él sí la conocía muy bien. Le seguí durante unos minutos a través de las callejuelas, y después lo perdí. Por la mañana me llamó la policía diciéndome que tenían a mi amigo, así que fui a la cárcel. Para entonces, había recuperado algo de su sentido común aunque tenía resaca. Sin embargo, me reconoció y me dijo:

-Siento no haberte hecho caso.

Tenía heridas porque la gente le había tirado piedras.

Me lo llevé de vuelta a casa y desde ese día tiene mucho miedo a la policía ya que esta le debió pegar. De lo contrario no hubiera estado vestido, y además se debió comportar mal con ellos. Se apoderó de él tal miedo, tal paranoia, que la vida se hizo difícil. Por la noche, había un policía que cuidaba la calle. En cuanto oía sus botas, pegaba un salto y se metía debajo de la cama. Yo le decía:

-Balram -así era como se llamaba-, ¿qué haces?

Él me decía:

-Calla, que viene la policía.

Le tuve que pedir al director que le diera quince días de vacaciones para que pudiera descansar porque era muy difícil llevarlo a la universidad. Sospechaba de todo. Si veía a dos personas hablando en una esquina me decía:

-Mira, están conspirando. Te digo que al final me cogerán, me llevarán a la cárcel y me pegarán. ¡Haz algo!

Si pasaba un coche de policía decía:

-¡Dios mío! Ya vienen por mí.

Yo hice todo lo posible por mostrarle que no era mas que miedo. Al principio podía entenderlo pero ya era demasiado. No me escuchaba ni tampoco dormía ni me dejaba dormir a mí. Finalmente, tuve que dirigirme al inspector de policía y contarle toda la historia. Le dije:

-Necesito que me ayude. Este hombre es muy buena persona, es inocente, no ha cometido ningún crimen, solo ha tomado marihuana. No sé qué más había en los dulces y las bebidas que tomó. La policía le debió pegar, de lo contrario no se habría puesto la ropa porque yo intenté vestirlo y salió corriendo.

Él me contestó:

-¿Cómo puedo ayudarle?

Yo le contesté:

-Usted tiene que venir con una denuncia porque no para de decir: «Tienen una denuncia contra mí y están esperando el momento justo para arrestarme.» Así que venga usted con una denuncia, esposas y una orden de arresto, cualquier papel. En cuanto él le vea a usted perderá su cordura. Tiene que venir por la noche, tiene que arrestarlo por la noche.

-Entonces yo le convenceré a usted, le daré cinco mil rupias para que deje al pobre muchacho tranquilo. Usted, aunque en un principio se mostrará bastante reluctante a hacer esto, finalmente lo dejará marchar y, entonces yo le pediré que queme la denuncia. Usted quemará la denuncia y cuando se esté yendo, me dirá, de modo que él le pueda oír: «Ya no hay ningún problema porque he quemado la denuncia y ya no hay ningún cargo contra él en manos de la policía.» Después usted me devolverá las cinco mil rupias.

El hombre era muy amable. Me dijo:

-Iré. -Vino por la noche y, en cuanto mi amigo lo vio, se escondió debajo de la cama. El inspector lo tuvo que sacar de ahí y entonces mi amigo dijo:

-Ves, ya te había dicho que vendrían... aquí está, y tiene la denuncia.

El inspector me dio la orden de arresto y dijo:

-Debo arrestarlo. -Y le puso las esposas.

Yo traté de persuadirlo pero me dijo:

-Yo no puedo hacer nada. Tendrá que pasar al menos cinco años en la cárcel. Entonces Balram me miró y me dijo: -Haz algo, de lo contrario, estoy perdido. Así que le di cinco mil rupias al inspector y le dije: -Es un buen hombre. Por favor, déjelo marchar. Si vuelve a co-

meter algún delito, entonces, yo seré el primero en llevarlo a la policía. Pero este es su primer delito y lo cometió drogado. Con mucha dificultad conseguí convencer al inspector de que quemara la denuncia; la quemamos. Le quitó las esposas y me dijo:

-Está bien, si vuelve a cometer algún delito ya no habrá perdón posible. Ahora mismo la denuncia que había contra él no es más que cenizas. Ahora la policía ya no puede arrestarlo.

Desde ese día, Balram se volvió a comportar con normalidad.

Al día siguiente tuve que ir otra vez a la comisaría para volver a coger las cinco mil rupias. El hombre fue realmente honrado. Se podía haber negado a darme el dinero, sin embargo, me lo devolvió y me preguntó cómo estaba mi amigo.

Yo le contesté:

-Está totalmente recuperado. Ahora, aunque vea a un policía pasar, le da igual. Le he dicho un par de veces: «Ahí hay un policía.» Y me ha respondido: «Me da igual. Han quemado la denuncia.»

Mi amigo había creado una alucinación en torno a sí mismo. Las llamadas religiones viven inmersas en ese tipo de alucinaciones. Te sorprenderá saber que las escrituras más antiguas hindúes hablan de un tipo de droga, somras, que solía encontrarse en el Himalaya y quizá todavía se pueda conseguir pero no sabemos reconocerla. Entre los religiosos, era una práctica habitual beber somras.

Uno de los hombres más inteligentes del siglo XX, Aldous Huxley, se quedó muy impresionado cuando se descubrió el LSD; fue uno de los primeros promotores del LSD. Creía que con el LSD uno podía tener las mismas experiencias espirituales que Gautama Buda, Kabir, Nanak. Pensando en el somras de los Vedas, en su libro Cielo e Infierno, que en el futuro la droga suprema sería creada por la ciencia, sería sintética. Su nombre haría referencia a aquella droga usada por aquellos religiosos, somras. Se llamaría soma.

En India, desde los tiempos del Rigveda, los sannyasin hindúes, los religiosos, han tomado drogas para poder experimentar a sus dioses imaginarios. Hasta tal punto que me he encontrado un seguidor de Kabir... sus seguidores no paran de consumir todo tipo de drogas hasta que se hacen inmunes. Entonces cogen a las cobras y hacen que estas les muerdan en la lengua. ¡Esto es lo único que les produce una auténtica experiencia religiosa! Yo he visitado uno de esos monasterios de seguidores de Kabir donde tienen grandes cobras, cobras muy peligrosas; si te muerden una sola vez, ya te puedes despedir, no hay cura posible. Sin embargo, esos monjes lo necesitan porque ya no les hace efecto ninguna otra droga.

No es una mera coincidencia el hecho de que, en Occidente, las nuevas generaciones se hayan visto interesadas a la vez por dos cosas, por las drogas y por Oriente. Vienen a Oriente para tratar de experimentar algo más allá de lo ordinario, del mundo normal del que ya están hartos. Ya no les interesa el sexo, ya no les parece interesante el alcohol, de modo que empiezan a venir a Oriente para descubrir alguna técnica para crear una realidad. En la mayoría de los ashrams de Oriente encontrarán técnicas que estimulen su imaginación. Son un tipo sutil de droga.

En Occidente, muchas personas se han dedicado a tomar drogas. Ahora hay miles de jóvenes -chicos y chicas- sufriendo en las cárceles de Europa y América por consumo de drogas.

Yo personalmente, lo veo desde otro punto de vista. Lo veo como el principio de una búsqueda de algo más allá de lo cotidiano; aunque están enfocando esa búsqueda en una dirección equivocada.

Las drogas no les proporcionarán la realidad. Tú puedes crear una realidad a través de las drogas pero solo durará unas horas, después tendrás que volver a tomar esa droga. Además, ca-da vez tendrás que tomar una cantidad mayor porque te irás inmunizando.

Este interés por las drogas, que no se había dado nunca antes, se ha acentuado incluso entre los más jóvenes. Les da igual que les encarcelen, cuando salen, vuelven a tomar drogas. De hecho, si tienen dinero, consiguen incluso obtener drogas en la cárcel, de los directores o de los funcionarios de la cárcel; solo necesitan darles dinero.

En cambio, yo no veo en ello una mala señal sino, simplemente, una generación mal encauzada. La intención es buena pero no tienen a nadie para decirles que las dro-gas no saciarán sus deseos ni sus anhelos. Únicamente la meditación, el silencio, la trascendencia de la mente te proporcionarán satisfacción y plenitud.

 Sin embargo, no se les puede condenar de la manera en que se les esta condenando y castigando. La responsable de esto es la generación anterior porque no les ha proporcionado alternativas.

Yo propongo la única alternativa: a medida que te vas volviendo más meditativo ya no necesitas nada más. Ya no necesitas crear una realidad porque comienzas a ver la realidad en sí misma. Una realidad creada es falsa, es un sueño; puede que sea un dulce sueño, pero no deja de ser un sueño. Su sed es justa, pero se mueven sin rum-bo. Sus líderes religiosos, sus líderes políticos, sus gobiernos y sus instituciones educativas son incapaces de dirigirlos por el camino adecuado.

Yo veo en esto el síntoma de una gran búsqueda que tiene que ser bien recibida. Solo hace falta enfocarla correctamente; esto es algo que las viejas religiones no pueden hacer, que la vieja sociedad es incapaz de conseguir. Necesitamos urgentemente el nacimiento de una nueva humanidad. Necesitamos urgentemente cambiar esta enfermedad y esta fealdad que esta destruyendo a muchísimas personas en todo el mundo.

Todo el mundo necesita conocerse a sí mismo, conocer su propia realidad. Es bueno que haya surgido este deseo. Tarde o temprano, seremos ca-paces de dirigir a los jóvenes en la dirección adecuada. Las personas que se han convertido en sannyasins han probado todo tipo de drogas. En cuanto se convirtieron en sannyasin y empezaron a meditar desaparecieron todas las drogas poco a poco. Ya no las necesitan. No hace falta ningún castigo, ninguna cárcel, solo una dirección adecuada; además la realidad te proporciona tal plenitud, tal bendición, que no puedes esperar más.

La existencia te proporciona riqueza del ser, de amor, de paz, de verdad, con tal abundancia que ya no puedes pedir más. No puedes siquiera imaginar más.

Política

l mundo de la política funciona básicamente a un nivel instintivo. Pertenece a la ley de la jungla: el poder es lo correcto. Además las personas que se interesan por la política son las más mediocres. La política no requiere ninguna cualidad especial excepto un profundo complejo de inferioridad.

La política se puede resumir en una máxima matemática: La política significa voluntad de poder.

Friedrich Nietzsche incluso ha escrito un libro: En torno a la voluntad de poder. Es algo muy importante ya que el deseo de po-der se expresa de muchas maneras. De modo que, por política, tienes que entender no simplemente lo que solemos llamar política. Siempre que haya alguien que esté intentando tener poder, eso es política. Da igual que tenga que ver con el estado, con el gobierno o con cosas por el estilo.

Para mí, el mundo de la política abarca mucho más de lo que normalmente entendemos. El hombre ha utilizado a lo largo de toda la historia una estrategia política contra las mujeres: que ella es inferior a él. E incluso ha convencido a la mujer. Había razones ante las que la mujer se sentía impotente y tuvo que asentir ante esta horrible idea que es totalmente absurda. La mujer ni es inferior al hombre ni es superior. Son dos tipos diferentes de humanidad, no se pueden comparar. Es estúpido compararlos y si empiezas a compararlos tendrás problemas.

¿Por qué en el mundo entero, el hombre ha proclamado inferior a la mujer? Porque era la única manera de mantenerla atada, de convertirla en una esclava. Así era más fácil. Si fuera igual, habría problemas; había que convencerla de que era inferior. La razón argüida era que tenía menos fuerza muscular; que tenía una menor estatura, que no ha creado ninguna filosofía, ninguna teología; que no ha fundado ninguna religión, que no ha habido mujeres artistas, músicos, pintoras importantes; todo esto demuestra que no es suficientemente inteligente, que no es una intelectual. No le preocupan los problemas de la vida; sus intereses son muy limitados: no es más que un ama de casa.

Si utilizas ese razonamiento puedes convencer fácilmente a la mujer de que es inferior. Pero es un razonamiento muy astuto. Se  puede utilizar para comparar otras cosas. La mujer puede dar a luz a un niño, el hombre no. Es decididamente inferior; él no puede ser madre. La naturaleza, consciente de que era inferior, no le ha concedido esa gran responsabilidad. Las responsabilidades recaen en aquel que es superior. La naturaleza no le ha dado un útero. De hecho, su función en el nacimiento de un niño, se reduce a una mera inyección; un uso muy puntual.

La madre tiene que llevar al niño en su vientre durante nueve meses y soportar todas las molestias que esto conlleva. ¡No es un trabajo fácil! Después dar a luz al niño... esta es una experiencia parecida a la muerte. Después está ocupada criando al niño durante años; además, antiguamente estaba continua-mente dando a luz. ¿Qué tiempo le quedaba para ser un gran músico, una poetisa, una pintora? ¿Le has dejado algún tiempo libre? Estaba constantemente, o bien dando a luz, o bien criando a los hijos a los que había dado a luz. Ella cuidaba de la casa para que tú pudieras dedicarte a contemplar cosas más elevadas.

Simplemente por un día, durante veinticuatro horas, cambia tu trabajo. Permite que ella contemple, cree poesía o música, y durante veinticuatro horas tú te dedicarás al cuidado de los niños, de la cocina, de la casa. ¡Entonces verás quién es superior! Veinticuatro horas serán suficientes para probarte que cuidar de tantos niños es como estar en un manicomio. No son tan inocentes como parecen. Son la cosa más traviesa que puedas imaginar y no paran de hacer travesuras. No te dejan en paz ni un momento; reclaman continuamente tu atención; llaman la atención continuamente; quizá sea una necesidad natural. La atención es una especie de alimento.

Con un solo día de cocinar para la familia y los invitados te darás cuenta de que en veinticuatro horas has experimentado el infierno y se te olvidará la idea de que eres superior. Porque durante veinticuatro horas no pensarás ni siquiera durante una décima de segundo sobre teología, filosofía o religión.

Tienes que tener otros puntos de vista. La mujer tiene una mayor resistencia que el hombre. Este es un hecho que ya han establecido los médicos. Las mujeres enferman menos que los hombres; viven más que los hombres, cinco años más. Esta sociedad es bastante estúpida ya que hemos decidido que el hombre debe ser cuatro o cinco años mayor que su mujer; simplemente para probar que el hombre es más experimentado, más mayor, para mantener intacta su superioridad. Sin embargo, esto no es médicamente correcto porque la mujer va a vivir cinco años más. Si lo consideras desde un punto de vista médico, el marido debería ser cinco años más joven que la mujer de modo que pudieran morir casi al mismo tiempo.

En casi todas las culturas y sociedades por un lado, el hombre tiene que ser cuatro o cinco años mayor y, por otro, a la mujer no se le permite volver a casarse. El hecho de que se le permita es un nuevo avance que solo se da en los países desarrollados. No permiten que se vuelva a casar con lo cual, va a vivir al menos diez años de viudez. Esto es médicamente erróneo; aritméticamente no cuadra. ¿Por qué condenar a una mujer a diez años de viudez? Lo mejor sería que la mujer fuera cinco años más mayor que el hombre y el hombre cinco años más joven. Esto solucionaría la cuestión. Ya no habría viudos ni viudas.

Si piensas que una mujer vive cinco años más que un hombre, ¿quién es superior? Si enferma menos, si tiene mas resistencia, ¿quién es superior? El promedio de mujeres que se suicidan es un cincuenta por ciento inferior al de hombres. Hay que tener en cuenta estos hechos; ¿por qué?

¿Por qué el hombre se suicida en una proporción que dobla a la de la mujer? Parece ser que no tiene paciencia con la vida. Es demasiado impaciente y es demasiado

 ansioso, expectante y cuando las cosas no salen como quiere, piensa en suicidarse. Se frustra muy rápido. Eso demuestra debilidad: no tiene el coraje suficiente para afrontar los problemas de la vida. El suicidio es un paso cobarde. Significa escapar de los problemas, no resolverlos.

La mujer tiene más problemas; sus propios problemas y los que el hombre le crea. Tiene el doble de problemas pero, a pesar de ello, consigue afrontarlos con valentía. Sin embargo, tú continúas diciendo que es más débil. ¿Por qué hay el doble de hombres que se vuelven locos que de mujeres? Esto demuestra únicamente que su intelecto no está hecho de materiales resistentes; estalla enseguida.

¿Por qué se ha insistido continua-mente en que la mujer es inferior? Es una cuestión política. Es un juego de poder. Si no puedes ser el presidente de ningún país... no es fácil ya que hay mucha competencia. No puedes convertirte en un Mesías porque no es tan fácil; en el momento en que piensas en convertirte en un Mesías, aparece por algún lado la crucifixión.

Precisamente el otro día vi un anuncio de una iglesia cristiana para reclutar nuevos adeptos en el que se veía a Jesús en la cruz; el anuncio decía: «Hay que tener agallas para ser sacerdote.» ¡Un anuncio estupendo! Sin embargo, significa que excepto Jesús... ¿qué hay del resto de los sacerdotes cristianos? No son sacerdotes, ese anuncio es prueba suficiente. Así que solo ha existido un sacerdote. ¿Qué son todos esos papas, cardenales y arzobispos? No son sacerdotes... porque cuando Jesús proclamó sus ideas, tuvo la cruz como respuesta. En cambio, cuando esos papas van por el mundo encuentran grandes alfombras rojas, abrumadores y calurosos recibimientos por parte de los presidentes, los primeros ministros, los reyes y las reinas de los países; es curioso. No deberías portarte mal con los papas y los arzobispos; ¡sí, es un mal comportamiento! Estas diciendo que no es un sacerdote. Crucifícalo; ese será el único certificado de que era un auténtico cristiano. Crucifica a to-dos los sacerdotes que puedas.

No es idea mía, es idea suya. Publican el anuncio de que «hay que tener agallas», junto una imagen de Jesús en la cruz.

Ser político es muy fácil. Uno no tiene que estar relacionado únicamente con el gobierno, el estado y cualquier materia que tenga que ver con esto; cualquier asunto de poder te convierte en político. El marido que intenta ser superior a la mujer; es político. La mujer que intenta ser superior al hombre porque no puede aceptar la idea de que él es superior. A pesar de haber sido condicionada durante millones de años, encuentra la manera de boicotear esta idea.

 Esta es la razón por la que la mujer no hace más que enfadarse, coger rabietas, llorar por cualquier tontería, organizar una discusión por cualquier cosa; por cosas por las que nunca hubieras imaginado que se pudiera discutir. ¿Por qué pasa todo esto? Esa es su manera femenina de sabotear tu estrategia política: «¿Te crees superior? Sigue pensando que eres superior que ya te demostraré yo quién es superior.» Todo marido sabe quién es superior; aún así, él sigue intentando ser superior. Al menos fuera de casa, camina con la cabeza alta, se anuda correctamente la corbata, sonríe y camina como si todo fuera de maravilla.

En una pequeña escuela estaba preguntando el profesor a sus alumnos:

-¿Me podéis decir el nombre de un animal que sale de su casa como un león y regresa como un ratón?

 Un niño levantó la mano. El profesor le dijo:

-Sí, dime la respuesta.

Él contestó:

-Mi padre.

Los niños son grandes observadores. No dejan de mirar lo que ocurre. El padre sale de casa como un león y cuando vuelve es casi como un ratón. Todo marido es un calzonazos. No existe otra categoría de marido. Pero ¿por qué? ¿Por qué se da esta terrible situación? Existe una forma masculina de política y una forma femenina de política pero ambos están intentando estar por encima del otro.

En cualquier otro campo, por ejemplo en la universidad: el conferenciante quiere ser lector, el lector quiere ser profesor, el profesor quiere ser decano, el decano quiere ser vicerrector; una continua lucha por el poder. Uno piensa que, al menos en el campo de la educación, no debería ser así. Sin embargo, a nadie le interesa la educación, lo único que le interesa a todo el mundo es el poder.

En la religión ocurre lo mismo: el arzobispo quiere ser cardenal, el cardenal quiere ser Papa. Todo el mundo se encuentra en una escalera tratando de llegar más alto mientras otros se dedican a tirar de él empujándolo hacia abajo. Aquellos que están más arriba le intentan empujar para que no pueda llegar a su nivel. Lo mismo ocurre con los que están en el peldaño inferior de la escalera: algunos le empujan, otros le dan patadas y le pegan para mantenerlo lo más abajo posible. Si contemplas la escalera simplemente como un observador, verás que es como un circo. Esto es algo que ocurre a nuestro alrededor, en cualquier parte.

De modo que para mí, la política no es más que un modo de probar que eres superior. Pero ¿por qué? Porque, en el fondo, te sientes inferior. El hombre instintivo esta destinado a sentirse inferior; es inferior. No se trata de un «complejo de inferioridad», se trata de un he-cho, una realidad; es inferior. Vivir una vida instintiva significa vivir en el nivel inferior de la vida.

Si comprendes esta lucha, la lucha por ser superior, abandonas la lucha; simplemente dices: «Yo soy yo, no soy ni superior ni inferior.» Si te paras simplemente a un lado y contemplas todo el espectáculo, entras en el segundo mundo; el mundo de la inteligencia y de la conciencia.

Solo hay que entender toda esta situación corrompida en la que todo el mundo se encuentra atrapado. Solo tienes que tener un poco de paciencia para observar toda esta situación: «¿Qué ocurre? Aunque llegues al peldaño mas alto de la escalera, ¿qué sentido tiene?» No harás más que estar allí en lo alto con cara de tonto. Ya no hay ningún otro lugar al que llegar.

Evidentemente, no puedes volver a bajar porque la gente se empezará a burlar de ti: «¿Dónde vas? ¿Qué te pasa? ¿Te han derrotado?» No puedes bajar pero tampoco puedes subir porque ya no hay ningún lugar más alto al que llegar, así que estás en medio del cielo fingiendo que has llegado, que has encontrado el objetivo de tu vida, Pero tú sabes que no has encontrado nada. No has sido más que un idiota y has desperdiciado toda tu vida. Ya no hay modo de subir más y, si bajas, la gente se va a reír de ti.

De modo que aquel que llega a ser presidente de un país o primer ministro de un país solo piensa en morirse en ese puesto. Porque no puede bajar; sería muy insultante, muy humillante, y no hay manera de llegar más alto. Estás ahí pegado; solo la muerte te puede liberar de ese dilema.

 El hombre siempre está intentando por todos los medios ser alguien importante, especial, superior; pero esto no es más que política. En mi opinión, solo las personas mediocres están interesadas en eso. Las personas inteligentes tienen cosas más importantes que hacer. La inteligencia no puede malgastar su tiempo en luchar con políticos sucios, corrompidos y de tercera categoría. Solo las personas de terce-ra categoría se convierten en presidentes, en primeros ministros. La persona inteligente no se va a distraer en semejante desierto que no conduce a ningún lado, ni siquiera a un oasis.

Así que en un nivel instintivo la política no es más que «la ley del más fuerte»; la ley de la jungla. Adolf Hitler, Joseph Stalin, Mussolini, Napoleón, Alejandro Magno, Tamerlán; todas estas personas son más lobos que hombres. Si queremos una auténtica humanidad en el mundo deberíamos tachar todos esos nombres. Deberíamos olvidar que estas personas han existido; no fueron más que pesadillas. Sin embargo, curiosamente, la historia está llena de esa clase de personas.

¿Qué es la historia? No es más que una serie de recortes de periódicos antiguos. Si ayudas a alguien, ningún periódico va a publicar la historia; si matas a alguien, saldrás en todos los periódicos. ¿En qué consiste vuestra historia sino en esas personas que han sido una molestia, que han dejado tantas heridas en la conciencia humana? ¿A eso le llamas historia? No tienes más que basura en tu mente.

Es realmente curioso que ni siquiera se menciona a las personas realmente inteligentes. A mí me resultó muy difícil encontrar algo sobre ellas. Tuve que buscar en muchas bibliotecas, intentando descubrir algo más sobre aquellas personas, ¡que son los auténticos creadores! Han sentado las bases. En cambio, solo conocemos una clase de mundo, el mundo en el que impera la ley del más fuerte.

Sin embargo, en un segundo nivel, lo correcto es el poder. La inteligencia confía en encontrar lo que es correcto.

No hace falta luchar con espadas ni bombas y matarse unos a otros porque el poder no prueba que estemos en lo correcto. ¿Te imaginas a Mohamed Alí boxeando con Gautama Buda? Naturalmente le ganaría en el primer round. No habría un segundo round, bastaría con uno; ¡el pobre Buda sería derrotado! Además, fíjate, él mismo empezaría a contar: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez. No esperaría a que lo hiciera el árbitro. No se movería siquiera del suelo; allí tumbado, contaría hasta diez. Y diría: «Se acabó; tú eres el ganador.»

 El poder no implica lo correcto; está muy bien en el mundo de los animales y del instinto. La inteligencia le da la vuelta a la expresión diciendo: «Lo correcto es el poder»; y lo correcto tiene que ser decidido a través de la inteligencia, la lógica, la razón, la discusión.

Eso es lo que Sócrates hacía en el senado. Estaba dispuesto a responder cualquier pregunta que los senadores y los jueces le quisieran hacer. Él preguntó:

-¿De qué se me acusa? Empezad a decirme punto por punto. Estoy dispuesto a responderos.

Ellos sabían que era imposible discutir con aquel hombre; sin embargo, pensaron que quizá no supiera decir nada acerca de los pequeños delitos. Además, aunque pudiera no iba a convencer a los jueces porque iría contra todo su condicionamiento. Lo primero que dijeron fue:

-El mayor delito que has cometido es corromper las mentes de los jóvenes.

Sócrates contestó:

-Eso es verdad pero no es un delito. A lo que vosotros llamáis corrupción yo lo llamo creación. Vosotros sois los que habéis corrompido la mente de esas personas; ahora yo tengo que destruir esa corrupción. Si pensáis que estáis en lo cierto, ¿por qué no abrís una escuela, una academia, igual que yo tengo mi escuela y mi academia? La gente acudirá a aquel que esté en lo cierto.

Desde que Sócrates abrió su escuela todas las demás escuelas de Atenas cerraron porque cuando hay alguien como Sócrates enseñando, ¿quién puede competir con él? De hecho, todos los profesores que habían dirigido escuelas se convirtieron en alumnos de Sócrates. Él era un auténtico profesor. Sócrates les dijo:

-Decidme el nombre de una sola persona a la que yo haya corrompido y qué es lo que entendéis vosotros por corrupción.

Ellos le contestaron: -Tú enseñas que no existe Dios ni tampoco los dioses. Él contestó: -Sí, porque ni Dios ni los dioses existen. ¿Qué le voy a hacer?

No es culpa mía. Si Dios no existe, ¿sois vosotros los que están corrompiendo las mentes de los jóvenes o soy yo? Yo simplemente es-toy diciendo la verdad. ¿Pensáis que la verdad puede corromper las mentes de los jóvenes? El debate continuó durante días. Finalmente, los jueces decidieron lo siguiente:

-En cuanto a inteligencia, os ha superado a todos vosotros; un solo hombre ha podido con toda la mediocre sociedad de Atenas de modo que no vamos a seguir discutiendo, haremos una votación.

Entonces Sócrates dijo:

-La votación no puede probar lo que es correcto y lo que es equivocado. De hecho, existe una gran probabilidad de que la gente vote aquello que es equivocado porque la mayoría está compuesta por gente mediocre.

Sócrates estaba intentando decir que había que decidir lo que era verdad a través de la inteligencia. Esto es lo que provocó la evolución de la ciencia. Sócrates debe ser reconocido como el padre de la ciencia porque en la ciencia no se plantea la cuestión: «Tú eres poderoso por lo tanto estas en lo cierto.» Lo importante es que cualquier persona puede probar que esta en lo cierto; da igual lo poderoso que uno sea. Es algo que hay que decidir usando la lógica, la razón; en un laboratorio, a través de experimentos y experiencia.

 De modo que en un segundo nivel de la conciencia, la política es una cuestión totalmente distinta.

India ha estado sometida durante dos mil años; por muchas razones pero una de las más importantes es que todas las personas importantes de India dieron la espalda a la política despreciable, de tercera categoría, instintiva. Sencillamente, las personas inteligentes no estaban interesadas en la política ni en el poder. Solo les interesaba descubrir la verdad, el sentido de la vida. ¿Por qué estamos aquí?

En la época de Gautama Buda, quizá en todo el mundo, el segundo nivel de conciencia alcanzó su más alta cumbre. En China fueron Confucio, Lao Tzu, Mencio, Chuang Tzu, Lieh Tzu, todos contemporáneos. En India, Gautama Buda, Mahavira, Makhkhali Ghosal, Ajit Keshkambal, Sanjay Vilethiputta, todos ellos tenían grandes poderes, eran gigantes. En Grecia, Sócrates, Platón, Aristóteles, Plotino, Heráclito, Pitágoras; todos ellos alcanzaron la cima de la inteligencia. En todo el mundo, de repente, fue como si llegara una ola de inteligencia. Únicamente los idiotas siguieron luchando; las personas inteligentes, en cambio, se dedicaron a encontrar la manera de discernir lo que esta bien y lo que está mal.

En India, existía la tradición de que el filósofo viajara por todo el país, retando a otros filósofos. Este reto no implicaba enemistad; es importante que entiendas esto. La enemistad no existe en el segundo nivel; las dos personas que se enfrentan en el reto son buscadoras. Es un enfrentamiento amistoso, no es una lucha; ambos desean que gane la verdad. Ninguno de los dos está tratando de ganar al otro; eso no tiene la menor importancia.

Cuando Shankara empezó su discusión con Mandan Mishra, se postró a sus pies y le pidió su bendición, que ganara la verdad. El hecho de que te postres a los pies de tu enemigo, ¿qué demuestra? No se trata de conquistar a la otra persona. Es una persona anciana y respetada en todo el país; Shankara no es más que un joven de treinta años. Mandan Mishra tiene la edad de su abuelo; Shan-kara se postra a los pies de Mandan Mishra porque no está tratando de derrotarlo. Además le pide su bendición, no que sea el ganador sino que sea la verdad la que gane. La verdad no es propiedad de nadie.

Esto es algo que ocurría en todo el país. Nacieron unos intelectuales tales que hoy no podemos encontrar otros que tengan su categoría, su agudeza, por la sencilla razón de que todos los intelectuales se han enfocado hacia el campo de la ciencia. La filosofía está abandonada. En aquellos tiempos, todas esas personas se encontraban en el mundo de la filosofía.

Tienes que tener presente que es una lucha pero no una disputa personal; no hay un deseo de probar que uno es superior sino una búsqueda de la verdad. El objetivo ha cambiado; se trata de la victoria de la verdad. Hay una frase famosa en la historia de la filosofía que es Satyameva jayate, «La verdad debe triunfar sin importar quién sea el derrotado». No se trata de la exteriorización de un complejo de inferioridad sino de la demostración de una inteligencia realmente superior.

Esta tradición se extendió a China, a Japón, y se propagó incluso a otros campos. Esta es la razón por la que te sorprenderás cuando veas a dos boxeadores japoneses, o a dos luchadores de aikido, de jujitsu o de judo; lo primero que hacen es inclinarse el uno ante el otro en señal de gran respeto. No se trata de enemistad. Esa es una de las enseñanzas del judo y de todas las ar-tes marciales japonesas, que cuando luchas con alguien no lo haces por enemistad personal. Si se trata de algo personal estás condenado a ser derrotado porque tendrá que ver con el ego; estarás cayendo en el nivel más bajo.

 En el arte del judo, vence aquel que pruebe que el arte del judo es superior. No vence la persona sino el arte. Al igual que en la filosofía es la verdad la que gana, aquí es el arte el que gana. No debes pensar en ningún momento en ti o en tu victoria porque en ese momento serás derrotado.

Esto es algo que ha ocurrido muchas veces; algo que solo puede entender aquel que haya entendido toda la tradición oriental. A veces se enfrentan dos personas que son igualmente no egoístas; en ese caso no gana nadie. La lucha continúa durante días, el final se sigue posponiendo pero no gana nadie. Cada día llegan y se inclinan uno ante el otro; con gran alegría, con gran respeto. De hecho, se sienten honrados ante la otra persona porque no es una persona corriente; el simple hecho de luchar con ella es todo un honor. Y la lucha continúa. Finalmente el juez tiene que decir: «Ninguno de los dos puede ganar porque los dos carecen por igual de ego; ninguno puede encontrar la manera de derrotar al otro.»

El ego es la solución. El ego es una especie de sueño en el cual puedes ser derrotado. Durante un instante puedes tener algún pensamiento y ese será tu fin. El arte del judo, del jujitsu, del aikido; todos son parecidos aunque con pequeñas diferencias, sutilezas, sin embargo, la base es la misma. La base es que mientras luchas, no deberías estar ahí sino totalmente ausente, de esa manera no hay espada que te pueda atravesar.

Si ves a dos luchadores de esgrima en acción te quedarás sorprendido...

Tenía un amigo que se llamaba Chanchal Singh que había aprendido artes marciales en Japón. Abrió una escuela de artes marciales y, de vez en cuando, por diversión, nos enseñaba algunas cosas. Decía:

-En Japón la voz se entrena de un modo determinado. Si alguien te ataca con una espada y tú no tienes ningún arma, solo tienes que emitir un sonido determinado y la espada caerá de sus manos.

Entonces yo dije:

-¡Es increíble! Yo tengo un amigo luchador. No tiene ni idea de espadas pero es capaz de cortarte la cabeza solo con un bastón.

De modo que me fui a buscar al luchador y le hablé de este hombre. Él me contestó:

-No hay ningún problema. Con un solo golpe, dividiré la cabeza de ese hombre en dos.

Era un hombre fuerte y cuando intentó golpear a Chanchal Singh, en cuanto levantó la mano para golpear a Chanchal Singh, este pegó un grito ¡y el palo se cayó de las manos del luchador y su corazón dejó de latir! Fuera lo que fuera, su mano perdió todo su poder; ¡solo con el sonido!

Yo le pregunté:

-¿Cómo haces ese sonido?

Chanchal Singh me dijo:

-El sonido es muy fácil de aprender; lo importante es que tú no debes estar ahí. Eso es lo más difícil. Yo he estado en Japón todo este tiempo; todo lo demás es muy sencillo, el único problema es ese, que tú no debes estar ahí. ¡Y en el momento en que alguien te va a partir el cráneo en dos, en ese momento necesitas absolutamente estar ahí! Sin embargo, incluso en ese momento no tienes que estar ahí; únicamente el sonido, sin que el ego esté detrás. De repente, el hombre se olvidará de lo que está haciendo; estará completamente perdido. Incluso perderá la memoria por un instante. No es consciente de lo que está ocurriendo, de lo que está haciendo, de lo que estaba haciendo. Le llevará algo de tiempo recuperarse. Solo tiene que estar ausente tu ego. Esa ausencia provoca cierto cambio en la mente de la persona, una especie de ruptura, una ruptura repentina.

Sin embargo, si ambas personas carecen de ego es muy difícil. Entonces se sabe que ocurre en Japón una cosa curiosa, una cosa cotidiana: antes de que empuñes tu espada para herir a la otra persona, la espada de la otra persona está lista para defenderle. No es que la coja en cuanto tú te muevas, no, sino incluso antes de que tú hayas pensado moverte. Es como si en esa décima de segundo en que piensas en moverte, antes de que tu mano se mueva, tu pensamiento le ha llegado a la otra persona y ya está preparada para defenderse.

Esta es otra cosa que solo ocurre si estás ausente. Entonces la espada no está separada de ti. Tú no estás haciendo nada; simple-mente estás ahí, ausente, dejando que las cosas ocurran. Pero si las dos personas carecen de ego, esto puede durar días. Ninguno puede golpear, ni siquiera rozar a la otra persona.

Este no es el nivel ordinario, instintivo. Has pasado a un nivel superior; incluso más elevado que el segundo. Has pasado a un tercer nivel, el intuitivo. Lo mismo que ocurre con la esgrima, el boxeo o la lucha oriental, ocurre con la inteligencia en un tercer nivel.

En toda mi carrera solo me han gustado dos profesores. Les he ocasionado problemas a muchos, y a estos dos tampoco les dejé en paz pero los adoraba. Uno de ellos era el profesor S.S. Roy. Había escrito su tesis doctoral sobre Shankara y Bradley; un estudio comparativo. Me dio la primera copia a mí. Yo le dije:

-No está bien que hagas esto: yo soy tu alumno y tú me estás dando la primera copia de tu tesis recién salida de la imprenta.

Él me contestó:

-Creo que te la mereces.

Yo le contesté:

-Pero yo pienso que toda tu tesis está equivocada desde el mis-mo título porque estás comparando a dos hombres que pertenecen a dos niveles diferentes.

Bradley es un intelectual, un gran intelectual. Al comienzo del siglo XX dominó todo el panorama del mundo filosófico. Era el máximo intelectual. Shankara no es un intelectual en absoluto.

Yo le dije al profesor Roy:

-Desde luego que los dos llegan a conclusiones similares por eso los has comparado; te has dado cuenta de que las conclusiones son similares. Pero no te has dado cuenta de que llegan a esas conclusiones parecidas por caminos diferentes. Ahí es donde radica mi objeción, porque Bradley llega a esas conclusiones simplemente a través de la lógica, mientras que Shankara lo hace a través de la experiencia.

«Shankara no está discutiendo sobre ellas simplemente como filósofo. También discute como filósofo pero eso es secundario. Él ha experimentado la verdad. Después, para expresar esa verdad, se sirve de la lógica, de la razón del intelecto. Bradley no tiene experiencia; y lo admite, pero considera que intelectualmente esas conclusiones son más defendibles, tienen mayor validez.

De modo que le dije al profesor Roy:

-Si me pides mi opinión te diré que pienso que has comparado dos personas que no son comparables.

Había otros puntos discutibles pero ese punto básico surgía continuamente una y otra vez. Se puede llegar a una conclusión de modo únicamente lógico, y puede que esta sea cierta o que no lo sea; no puedes estar seguro de su veracidad. Sin embargo, con Shankara no se plantea la cuestión de si está en lo cierto o no: está en lo cierto. Aunque lógicamente pruebes que está equivocado, no se moverá de su posición. Bradley, en cambió, si lo hará. Si puedes probar que está equivocado se moverá de su posición.

 Yo le dije:

-Tanto Shankara como Bradley dicen que Dios, Brahma, la verdad, es absoluta. Pero la diferencia es que Bradley cambiará su punto de vista si argumentas de forma lógica contra él y pruebas que existen grietas en su razonamiento. Shankara simplemente se reirá y dirá: «Tienes razón. Mi modo de expresarlo fue incorrecto y sabía que alguien que conociera la verdad descubriría que estaba mal expresado. Estás en lo cierto, lo he expresado de forma equivocada.» Pero Shankara no admitiría que está equivocado. Su posición es la de la experiencia, es intuitiva.

No hay lucha posible en el nivel intuitivo.

El político en el nivel instintivo no es más que un animal salvaje. No cree en otra cosa más que en ser vencedor. Usará todos los me-dios necesarios para conseguirlo. El fin justifica los medios por muy terribles que estos sean. Adolf Hitler dice en su autobiografía: «No importa el medio; lo que importa es el fin. Si lo consigues, todo lo que hayas hecho para conseguirlo es correcto; si fallas, todo lo que hayas hecho es equivocado. Mientes, pero si tienes éxito se convertirá en verdad. Haz lo que sea, solo tienes que tener presente que debes lograr tener éxito. El éxito, retroactivamente, hace que todo sea correcto. En cambio, si fracasas... puede que todo lo que hayas he-cho sea correcto, pero el fracaso prueba que era todo equivocado.»

En un segundo nivel hay una lucha pero ahora la lucha es humana; no es intelectual.

Sí, existe una especie de lucha para probar que lo que has estado manteniendo es verdad, sin embargo, la verdad es más importante que tú. Si eres derrotado en favor de una verdad mayor te sentirás feliz, no infeliz. Cuando Shankara derrotó a Man-dan Mishra, este inmediatamente se levantó, se postró a los pies de Shan-kara y pidió ser iniciado como discípulo suyo. No es cuestión de lucha. Este es un mundo de inteligencia mucho más elevado, humano.

A pesar de ello, a veces, en nombre de la verdad, se cuela algo de política entre bastidores. De lo contrario, ¿qué necesidad hay siquiera de retar a ese hombre? Si conoces la verdad, ¡disfruta de ella! ¿Qué sentido tiene ir por todo el país retando a otras personas? Si conoces la verdad, son las otras personas las que acudirán a ti. Hay un modo sutil de política aquí. Lo puedes llamar si quieres política filosófica, política religiosa pero no deja de ser política aunque muy refinada.

Solo en un tercer nivel, cuando comienza a funcionar la intuición, ya no existe ninguna lucha. Buda nunca se acercó a nadie para conquistarlo. Mahavira nunca se acercó a nadie para conquistarlo. Lao Tzu nunca se acercó a nadie para conquistarlo. Era la gente la que se acercaba a ellos; aquel que estaba sediento acudía a ellos.

Tampoco se interesaron por los que iba a retarlos en una discusión intelectual.

Muchos fueron a ver a Buda: Sariputta, Moggalayan, Mahakashyap. Todos ellos eran grandes filósofos que tenían miles de discípulos y fueron a retar a Buda. La idea de Buda durante toda su vida fue: «Si sabes, me alegro por ti. Te puedes considerar vencedor. Pero ¿sabes una cosa? Yo sé, y, sin embargo, no pienso que tengo que retar a nadie ya que solo hay dos tipos de personas: las que sa-ben y las que no saben. En cuanto a las que no saben, ¿cómo voy a retarlas a las pobres? Ni me lo planteo. En cuanto a las que saben, ¿cómo voy a retarlas? Ni me lo planteo.»

Él le preguntó a Sariputta:

-Si sabes, me alegro por ti, pero ¿sabes una cosa? Yo no te es-toy retando, solo te estoy preguntando: ¿Quién eres tú? Si no lo sa-bes, abandona la idea de retarme. Entonces quédate aquí conmigo. Algún día, a su debido momento, ocurrirá, no a través del reto, no a través de la discusión, ni siquiera a través de la expresión.

Aquellas personas eran muy honradas. Sariputta se inclinó y contestó:

-Por favor, perdóname por haberte retado. Yo no sé. Soy un gran razonador y he retado a muchos filósofos pero me doy cuenta de que tú no eres un filósofo. Me ha llegado el momento de rendirme y observar desde este nuevo ángulo. ¿Qué tengo que hacer?

Buda le contestó:

-Solo tienes que estar en silencio durante dos años. -Era un proceso sencillo para todo aquel que acudía a él; y fueron muchos los que lo hicieron-. Dos años en completo silencio y después me puedes preguntar lo que quieras.

Dos años en silencio es suficiente, más que suficiente. Al cabo de dos años se han olvidado de sus propios nombres, se han olvidado de cualquier deseo de reto, de cualquier idea de victoria. Han saboreado al hombre. Han saboreado su verdad.

De modo que en el nivel intuitivo no hay política de ningún tipo. En un mundo mejor, las personas intuitivas serán faros para aquellos que al menos pueden entenderlos

 intelectualmente. Y los

políticos intelectuales -los profesores, la intelectualidad, los teóricos- serán los guías para los políticos instintivos. Solo así, la gen-te se sentirá a gusto, vivirán tranquilos.

La luz debería proceder del nivel superior. Tendría que pasar a la segunda categoría porque solo así puede ser capaz la tercera categoría de tener un atisbo de ella; la segunda categoría debería hacer de puente. Así era en India antigua.

 Ocurrió una vez...

Las personas realmente intuitivas vivían en el bosque o en la montaña y los intelectuales, los profesores, los pandits, los sabios, los primeros ministros solían acudir a ellos con sus problemas ya que, según decían: «Nosotros somos ciegos, vosotros tenéis ojos.» Le ocurrió a Buda. Estaba acampado a la orilla del río y a ambos lados del río había ejércitos. Había dos rei-nos cuya frontera era el río y llevaban siglos luchando para decidir a qué rei-no pertenecía el río ya que el agua era un bien muy preciado. Sin embargo, todavía no habían sido capaces de decidirlo; ya habían teñido las aguas del río de sangre en numerosas ocasiones pero la lucha continuaba.

Buda estaba allí acampado con sus discípulos y los generales de ambos ejércitos fueron a verle. Por casualidad, entraron al mismo tiempo en el campamento de Buda y se vieron cara a cara. Les sorprendió esta coincidencia pero ya no se podían volver.

Buda les dijo:

-No os preocupéis; es bueno que hayáis venido a la vez. Los dos estáis ciegos, vuestros predecesores también estuvieron ciegos. El río continúa fluyendo y vosotros continuáis matando. ¿No podéis daros cuenta de algo muy sencillo? Los dos necesitáis agua y el río es lo suficientemente grande.

»No os hace falta poseer el río, además, ¿quién puede poseerlo? Todo el agua fluye hacia el océano. ¿Por qué no podéis usarlo los dos? Una orilla pertenece a un reino y la otra pertenece al otro rei-no; no hay ningún problema. No hace falta ni siquiera trazar una línea en medio del río ya que no se pueden trazar líneas en el agua. En vez de luchar, utilizad el agua...

Fue muy sencillo. Además, comprendieron que sus campos se estaban secando y estaban perdiendo el grano porque no había nadie que lo cuidara. En primer lugar, había que luchar: ¿quién posee el río? Primero había que poseer el agua; solo entonces podían regar los campos.

La mente estúpida piensa solo en términos de posesión. El hombre que ha profundizado piensa en la utilidad.

Buda simplemente les dijo:

-¡Utilizadla! Y volved a verme cuando hayáis gastado toda el agua. Entonces sí que habrá un problema, y entonces sí que veremos qué se puede hacer. Venid a verme solo cuando hayáis gastado toda el agua.

Han pasado veinticinco siglos y el agua sigue fluyendo. ¿Cómo vas a gas-tar el agua? Es un río larguísimo, de miles de kilómetros. Sus aguas proceden de las nieves perpetuas del Himalaya y desembocan en el golfo de Bengala. ¿Cómo vas a agotarlo? Además, aquellos no eran más que unos pequeños reinos. Aunque hubieran querido gastar toda el agua no habrían podido.

 La visión profunda debe proceder de la persona intuitiva. Pero la visión profunda solo la puede entender la persona inteligente y la persona inteligente a su vez puede ayudar al político con instinto que solo ansía el poder.

Esto es lo que yo denomino meritocracia porque el mérito supremo domina e influye en los peldaños más bajos y ayuda a elevarlos por encima de su nivel. No tiene ningún interés creado y, al no tenerlo, es libre y su visión es clara. Será difícil para la persona intuitiva explicar cualquier cosa a la persona instintiva porque están muy alejadas la una de la otra, pertenecen a dos dimensiones diferentes y no existe ningún puente. En medio de ellas, el intelectual puede ser de gran ayuda.

Las universidades, los institutos, las escuelas, no deberían enseñar solo ciencias políticas; ¡es estúpido enseñar ciencias políticas! Enseña ciencias políticas pero enseña también el arte de la política porque la ciencia no vale para nada; tienes que enseñar política práctica. Los profesores de las universidades deberían además preparar a los políticos inculcándoles ciertos valores. De ese modo, las personas que ahora mismo gobiernan el mundo no estarían ahí. De ese modo, encontrarías dirigentes bien preparados, cultos, que conocen el arte y la ciencia política, y siempre dispuestos para acudir a los catedráticos, a los sabios. Poco a poco, será posible que se aproximen al más alto nivel de meritocracia: las personas intuitivas.

Si es posible esto tendremos por primera vez algo que sea verdaderamente humano, que dignifique a la humanidad, que dé integridad a los individuos.

Por primera vez tendrás una democracia auténtica en el mundo. Lo que existe ahora mismo como democracia no es democracia, es «chusmacracia».


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