EL LIBRO DE LA
MUJER 
  
Sobre el poder de lo femenino- II `parte

 



 

Capítulo 9

 Familia y control de la natalidad

 

La familia ha sido el elemento social básico durante miles de años, y, sin embargo,  tú dudas de su validez en tu nuevo mundo. ¿Qué sugieres que puede reem­plazarla?

       Al hombre se le ha quedado pequeña la familia. La utilidad de la familia  se ha terminado; ha durado demasiado. Es una de las instituciones más  antiguas, por lo que sólo alguien muy percepti­vo puede ver que ya está  muerta. A los demás les llevará tiempo re­conocer el hecho de que la familia  ha muerto. Ha cumplido su trabajo. Ya no es relevante en el nuevo con­texto; ya no  es relevante para la nueva humanidad que está na­ciendo. La familia ha sido buena y mala. Ha servido de ayuda —el hom­bre ha  sobrevivido gracias a ella— y ha sido muy dañina porque ha corrompido la  mente humana. Pero en el pasado no había alterna­tiva, no había forma de  elegir otra cosa. Era un mal necesario. Esto no tiene por qué ser así en el  futuro. En el futuro puede haber es­tilos alternativos. Mi idea es que el futuro no va a tener un patrón fijo; tendrá muchos,  muchos estilos alternativos. Si varias personas aún eligen tener una familia,  deberían tener libertad para hacerlo. Será un porcentaje muy pequeño. Hay familias en el mundo —muy pocas, no más del 1 por 100que son  ealmente bellas, que son realmente beneficiosas, en las que sucede el  crecimiento; en las que no hay autoridad, no hay juegos de poder, no hay  posesión; en las que no se destruye a los niños; en las que la esposa no trata  de destruir al marido y el ma­rido no trata de destruir a la esposa; en las que  hay amor y liber­tad; en las que las personas están juntas por puro gozo, sin  nin­gún otro motivo; en las que no hay política. Sí, este tipo de familias  ha existido sobre la Tierra; aún están ahí. Para esas per­sonas no es necesario  cambiar. En el futuro pueden continuar vi­viendo en familias. Pero para la inmensa mayoría, la familia es algo feo. Puedes preguntar a los  psicoanalistas y te dirán: «Todo tipo de enfermeda­des mentales surgen de la  familia. Todo tipo de psicosis, neurosis, surgen de la familia. La familia crea  seres humanos muy, muy en­fermos.» Sufís: The People ofthe Path, vol. 2, cap. 12. La familia es la causa básica de todas las neurosis. Tenemos que comprender  la estructura psicológica de la familia, lo que hace a la conciencia humana. Lo primero es: condiciona al niño a cierta ideología religiosa, dogma  político, alguna filosofía, alguna teología. Y el niño es tan inocente y  abierto, tan vulnerable, que puede ser explotado. Aún no puede decir que no,  no se le cruza por la mente decir que no, e in­cluso si pudiese decir que no,  no lo diría porque depende total­mente, absolutamente de la familia.  Está tan desvalido que tiene que estar de acuerdo con la familia, con  cualquier tontería que la familia quiera que acepte. La familia no contribuye a que el niño indague; le da creencias, y las  creencias son venenos. Una vez que el niño está cargado de creencias,  su capacidad de indagar está incapacitada, paralizada, le han cortado las  alas. Para cuando llegue el momento en que sea ca­paz de indagar, estará  tan condicionado que iniciará cualquier in­vestigación con un cierto  prejuicio, y con un prejuicio tu indaga­ción no es auténtica. Llevas  ya una conclusión a priori; estás buscando simplemente pruebas que  apoyen tu conclusión incons­ciente. Te vuelves incapaz de descubrir la verdad. Por eso hay tan pocos budas en el mundo: la causa básica es la familia. Si no,  todo niño que nace es un buda, viene con el poten­cial para alcanzar la  conciencia suprema, para descubrir la verdad, para vivir una vida de dicha.  Pero la familia destruye todas estas di­mensiones; lo vuelve totalmente plano. Todo niño llega con una inteligencia tremenda, pero la familia lo vuelve  mediocre, porque vivir con un niño inteligente resulta molesto. Un niño  inteligente duda, es escéptico, hace preguntas, es desobediente, es— rebelde.  Y la familia quiere alguien que sea obe­diente, que esté dispuesto a seguir,  a imitar. Por eso, hay que des­truir la semilla de la inteligencia desde el  principio mismo, hay que quemarla casi completamente, para que no  haya ninguna posibili­dad de que surjan brotes de ella. Es un milagro que algunas pocas personas como Zaratustra, Jesús,  Lao Tse, Buda, escaparan de la estructura social, del condi­cionamiento  de la familia. Parece que son grandes cimas de la conciencia, pero  en realidad todo niño nace con la misma cualidad, con el mismo  potencial. El 99 por 100 de las personas pueden llegar a ser budas, sólo tiene que desaparecer la familia. De otra forma, habrá cristianos y  musulmanes e hindúes y jainistas y budistas, pero no Budas, ni  Mahaviras, ni Mahomas; eso no será posible. Mahoma se rebeló  con­tra su cultura, Buda se rebeló contra su cultura, Jesús se rebeló  contra su cultura. Todos ellos son rebeldes, y la familia está  abso­lutamente en contra del espíritu rebelde. La humanidad está atravesando una fase muy crítica. Tenemos que  decidir si queremos vivir según el pasado o si queremos vivir un  nuevo estilo de vida. ¡Ya basta! Hemos intentado el pasado y sus pa­trones y todos ellos  han fracasado. Ya es hora, ha llegado el momento de librarse del  pasado y crear un nuevo estilo de vida en la Tierra.  Philosophia Ultima, cap. 3..

 Para mí, un estilo alternativo es la comuna, es el mejor. Una comuna significa gente viviendo en una familia líquida. Los  Niños pertenecen a la comuna, pertenecen a todos. No hay  pro­piedad personal, no hay ego personal. Un hombre vive con una  mu­jer porque quieren vivir juntos, porque lo valoran, porque lo  dis­frutan.  En el momento en que sienten que ya no hay amor, no siguen  aferrándose el uno al otro. Se despiden llenos de gratitud, llenos  de amistad. Empiezan a estar con otras personas. El único problema en el pasado era qué hacer con los niños. En una comuna, los niños pueden pertenecer a la comuna, y eso  Será mucho mejor. Tendrán más oportunidades de crecer con  muchos más tipos de personas. De otra forma, un niño crece  con la madre. Durante años, la madre y el padre son las únicas  imá­genes de seres humanos para él. Naturalmente, empieza a  imi­tarlos.Los niños se vuelven imitadores de sus padres, y  perpetúan el mismo tipo de enfermedad en el mundo, como  hicieron sus padres. Se vuelven reproducciones duplicadas.  Esto es muy destructivo. Y no hay manera de que los niños  hagan otra cosa; no tienen ningu­na otra fuente de información. Si cien personas viven juntas en una comuna, habrá muchos  hombres y muchas mujeres; el niño no necesita fijarse y  obsesio­narse con un patrón de vida. Puede aprender de su padre,  puede aprender de sus tíos, puede aprender de todos los hombres  de la co­munidad. Tendrá un alma más grande. Las familias aplastan a las personas y les dan almas muy pe­queñas.  En la comuna el niño tendrá un alma más grande; tendrá más  posibilidades, estará mucho más enriquecido en su ser. Verá a  muchas mujeres; no tendrá sólo una idea de la mujer. Es muy  des­tructivo tener sólo una idea única de la mujer, porque durante  toda tu vida seguirás buscando y buscando a tu madre. Cuando  te ena­mores de una mujer, ¡observa!  Existen todas las posibilidades de que hayas encontrado a  alguien que es similar a tu madre, y pue­de que eso sea lo que  deberías haber evitado. Todo niño está enfadado con su madre. La madre tiene que  Prohibir muchas cosas, la madre tiene que decir que no, no se  puede evitar.  Incluso una buena madre necesita decir que no a veces, y  restringir y negar.  El niño siente rabia, ira. Odia a la madre y tam­bién la ama porque  ella es su supervivencia, su fuente de vida y energía. Así que odia  a la madre y ama a la madre a la vez. Y ése se vuelve el patrón. Amarás a la mujer y odiarás a la mis­ma  mujer.  Y no tienes ninguna otra elección. Seguirás siempre buscando,  inconscientemente, a tu madre. Y eso les sucede tam­bién a las  mujeres, continúan buscando a su padre. Toda su vida es una  búsqueda para encontrar a papá en un marido. Pero tu papá no es la única persona en el mundo; el mundo es  mucho más rico. Y de hecho, si puedes encontrar un papá, no  se­rás feliz. Puedes ser feliz con un amado, con un amante, no  con tu papá. Si puedes encontrar a tu madre, no serás feliz con  ella. Ya la conoces, no queda nada que explorar.  Eso ya es familiar, y la fami­liaridad engendra desprecio. Deberías  buscar algo nuevo, pero no tienes ninguna imagen. En una comuna un niño tendrá un alma más rica. Conocerá a  muchas mujeres, conocerá a muchos hombres; no será adicto  a una o dos personas. La familia crea en ti una obsesión, y la obsesión es contraria a  la humanidad.  Si tu padre está peleándose con alguien y ves que está equivocado,  no importa, tienes que estar con tu padre y de par­te suya. De igual  forma que la gente dice: «¡Tenga o no tenga ra­zón, mi país es mi  país!»; y dice también: «Mi padre es mi padre, tenga o no tenga  razón. Mi madre es mi madre, tengo que estar con ella.» Si no,  será una traición. Eso te enseña a ser injusto. Puedes ver que tu madre está  equi­vocada y está luchando con el vecino y el vecino tiene razón,  pero tienes que estar a favor de tu madre. Ese es el aprendizaje de  una vida injusta. En una comuna no estarás demasiado apegado a una familia,  no habrá familia a la que apegarse. Serás más libre, estarás menos  obsesionado.  Serás más justo. Y recibirás amor de muchas fuentes. Sentirás que  la vida  “es” amorosa. La familia te enseña un tipo de conflicto con la sociedad, con  otras familias.  La familia exige el monopolio. Te pide que estés con ella y contra todos. Tienes que estar al servicio de tu familia.  Tienes que seguir luchando por el nombre y la reputación de la  fa­milia. La familia te enseña ambición, conflicto, agresión. En  una comuna serás menos agresivo, te sentirás más a gusto con el  mun­do porque has conocido a tanta gente. Eso es lo que voy a crear aquí, una comuna, donde todos se­rán  amigos.  Incluso los maridos y las mujeres no deberían ser más que amigos.  Su matrimonio debería ser sólo un acuerdo entre dos, que han  decidido estar juntos porque son felices juntos. En el momento  en que siquiera uno de ellos decide que se está asentan­do la  infelicidad, se separan. No es necesario el divorcio. Como no hay  matrimonio, no hay divorcio. Se vive espontáneamente.

Cuando vives sin felicidad, poco a poco te acostumbras a la in­felicidad. Uno no debería tolerar la infelicidad nunca, ni  siquiera un momento. Puede que haya estado bien vivir con un hombre en el pasado,  que te haya dado alegría, pero si ya no resulta alegre tie­nes que  dejarlo. Y no hay necesidad de enfadarse y ponerse des­tructivo,  y no hay necesidad de guardar rencor, porque con res­pecto al  amor no se puede hacer nada. El amor es como una brisa. Ves... simplemente viene. Si está  ahí, está ahí.  Luego se va. Y cuando se ha ido, se ha ido. El amor es un misterio, no lo puedes manipular. El amor no  debería ser manipulado, no debería ser legalizado, no debería  ser forzado, por ningún motivo. En una comuna, las personas vivirán juntas por el puro gozo de  estar juntas, por ninguna otra razón. Y cuando el gozo ha  desapare­cido, se separan.  Quizá se sientan tristes, pero tienen que separarse. Quizá la nostalgia  del  pasado aún les ronde la cabeza, pero tienen que separarse. Se deben el uno al otro que no deberían vivir sin felicidad, porque de  otra forma la infelicidad se vuelve un hábito. Se separan con dolor  en el corazón, pero sin rencor.  Buscarán otras parejas. En el futuro no habrá matrimonio como el del pasado, y no ha­brá  divorcio como en el pasado. La vida será más líquida, con más  confianza. Habrá más confianza en los misterios de la vida que  en la claridad de la ley, más confianza en la vida misma que en  nin­guna otra cosa, los tribunales, la policía, los curas, la Iglesia. Y los niños deberían pertenecer a todos, no deberían llevar los  distintivos de su familia. Pertenecerán a la comuna; la comuna  cui­dará de ellos.

Este será el paso más revolucionario de la historia humana, la  gente empezando a vivir en comunas y empezando a ser sinceros,  honestos, confiados, y abandonado paulatinamente la ley. En una familia, el amor desaparece tarde o temprano. Es posi­ble  que, para empezar, no haya existido en absoluto desde el prin­cipio  mismo.  Quizá ha sido un matrimonio de conveniencia, por otros motivos,  por dinero, poder, prestigio. Puede que no haya ha­bido amor desde  el principio.  Entonces los niños nacen de un lazo conyugal que es más como un  lazo mortal, los niños no nacen del amor. Desde el principio mismo  están abandonados. Y esta ausen­cia de amor en la casa los vuelve  apagados y poco amorosos. Su pri­mera lección de la vida la  aprenden de sus padres, y los padres no son amorosos, y hay celos  y luchas y enfados continuos. Y los ni­ños siguen viendo la cara  fea de sus padres. Así se destruye su esperanza. No pueden creer que el amor vaya a  suceder en su vida si no ha sucedido en la vida de sus padres. Y  ven también a otros padres, a otras familias. Los niños son muy  perceptivos; miran continuamente a su alrededor y observan.  Cuando ven que no hay posibilidad de amor, empiezan a pensar  que el amor sólo existe en la poesía, sólo existe para los poetas, los  visionarios, no existe realmente en la vida. Y una vez que has  aprendido la idea de que el amor es sólo poesía, nunca sucederá,  porque te has cerrado a él. Verlo suceder es la única forma de dejar que te suceda más ade­lante  en tu propia vida. Si ves que tu padre y tu madre comparten un  profundo amor, un gran amor, que cuidan el uno del otro, que son  compasivos el uno con el otro, que se respetan, entonces has visto  suceder el amor. Así surge la esperanza. Cae una semilla en tu  corazón y empieza a crecer. Sabes que también te va a suceder a ti. Si no lo has visto, ¿cómo vas a creer que te va a suceder a ti tam­bién?  Si no les sucedió a tus padres, ¿cómo te va a suceder a ti? De hecho,  harás todo lo posible para evitar que te suceda; de otra for­ma,  parecerá como una traición a tus padres.

Esto es lo que he observado en la gente: las mujeres siguen di­ciendo  en lo profundo de su inconsciente: «Mira, mamá, estoy su­friendo  tanto como tú.»  Los muchachos siguen diciéndose a sí mis­mos más adelante: «Papá,  no te preocupes, mi vida es tan desdichada como la tuya. No te he  superado, no te he traicionado. Sigo siendo la misma persona  desdichada que eras tú. Llevo la cadena, la tradición. Soy tu  representante, papá, no te he traicionado. Mira, estoy hacien­do  lo mismo que tú solías hacer con mi madre, se lo estoy  haciendo a la madre de mis hijos. Y lo que solías hacerme a mí,  se lo estoy ha­ciendo a mis hijos. Los estoy criando como tú me criaste a mí.» Pero la idea misma de criar a los niños es una tontería. Como  mucho, puedes ayudar, pero no puedes criarlos. La idea misma  de formar a los niños es una tontería, no sólo es una tontería, es  muy dañina, inmensamente dañina. No puedes formar... Un niño  no es una cosa, no es algo que se pueda formar. Un niño es como un árbol. Sí, le puedes ayudar. Puedes prepa­rar  el terreno, puedes poner fertilizantes, puedes regar, puedes ver  si el Sol llega a la planta o no, eso es todo. Pero no es que tú estés  criando laplanta, está brotando por sí misma. Puedes ayudarla;  no puedes criarla y no puedes formarla. Los niños son misterios inmensos. En cuanto empiezas a  for­marlos, en cuanto empiezas a crear patrones y un carácter  en tor­no a ellos, los estás aprisionando. Nunca podrán perdonarte.  Y eso será lo único que aprenderán. Y harán lo mismo con sus  hijos, y así sucesivamente. Cada generación continúa dando sus neurosis a la gente nueva  que llega a la Tierra. Y la sociedad persiste con toda su locura,  su sufrimiento. No, ahora es necesario algo diferente. El hombre se ha hecho  mayor de edad y la familia es algo que pertenece al pasado; no  tie­ne ningún futuro.  La comuna será lo que sustituya a la familia, y será mucho más  beneficiosa. Pero sólo las personas meditativas pueden estar juntas en una  comuna.  Sólo cuando sabéis celebrar la vida podéis estar juntos; sólo  cuando conoces ese espacio que llamo meditación puedes es­tar  con la gente, puedes ser amoroso.

El hombre no puede ser feliz sin libertad, y vuestra vieja  es­tructura familiar destruía la libertad. Y como destruía la  libertad, destruía el amor. Ha sido una especie de medida necesaria  para la supervivencia.  Sí, de alguna forma ha protegido el cuerpo, pero ha destruido el  alma. Ya no es necesaria. Tenemos que proteger tam­bién el alma.  Esto es mucho más esencial y mucho más impor­tante. La familia no tiene futuro, no como se ha entendido hasta aho­ra.  Lo que sí tiene futuro es el amor y las relaciones amorosas.  «Marido» y «esposa» se van a convertir en palabras feas y sucias. Y cuando monopolizas a una mujer o a un hombre, también  monopolizas a los niños. Estoy totalmente de acuerdo con  Thomas Cordón. Él dice:«Creo que todos los padres tienen el  potencial de abusar de sus hijos, porque la manera básica de  criar niños es me­diante el poder y la autoridad.  Creo que es destructivo que tantos padres tengan la idea: "Es mi hijo, puedo hacer lo que quiera con él." Es violento, es  destructivo, tener la idea: "Es mi hijo y puedo hacer lo que me venga  en gana con él."» Un niño no es una cosa, no es una silla, no es un  coche. No puedes hacer lo que te venga en gana con él. Llega a  través de ti, pero no te pertenece. Le pertene­ce a Dios, a la existencia.  Como mucho, eres un guardián; no te vuelvas posesivo. Pero la idea entera de la familia es una idea de posesión: posees  propiedades, posees una mujer, posees un hombre, posees unos  ni­ños, y la posesión es un veneno. Por todo ello, estoy en contra de la familia. Pero no estoy di­ciendo  que los que sean realmente felices en sus familias —fluidas, vivas,  amorosas— tengan que destruirlas. No, eso no es necesario. Su  familia ya es una comuna, una pequeña comuna. Y, por supuesto, una comuna mayor será mucho mejor, con más  posibilidades, más gente. Gentes diferentes aportan canciones  dife­rentes, gentes diferentes aportan estilos de vida diferentes,  gentes diferentes aportan alientos diferentes, brisas diferentes,  gentes dife­rentes aportan rayos de luz diferentes, y los niños  deberían entrar en contacto con tantos estilos de vida diferentes  como sea posible, para que puedan elegir, para que puedan tener  la libertad de elegir. Y deberían enriquecerse, porque al conocer a tantas mujeres no  están obsesionados con la cara de su madre o el estilo de su ma­dre.  Así, podrán amar a muchas más mujeres, a muchos más hom­bres.  La vida será mucho más una aventura.

 He oído que: Una madre en unos grandes almacenes llevó a su hijo al de­partamento  de juguetes. Al divisar un gigantesco caballo de balan­cín, el niño se subió  a él y empezó a mecerse durante casi una hora.Venga, hijo —suplicó la madre—, tengo que ir a casa a preparar la cena  de papá. —El muchachito se negó a moverse y todos los es­fuerzos de la  madre fueron en vano. El director de los grandes al­macenes intentó  también persuadir al chico, pero sin ningún éxi­to. Por fin, desesperados,  llamaron al psiquiatra de los almacenes. Se acercó suavemente y susurró algo al oído del niño, e inme­diatamente  éste saltó y corrió al lado de su madre.¿Cómo lo ha hecho? —preguntó la madre incrédulamente—.  ¿Qué le ha  dicho? El psiquiatra vaciló un momento, y luego dijo: —Lo único que le he dicho es: ¡Si no te bajas del caballo ahora mismo,  te voy a dar una buena paliza!

Tarde o temprano la gente aprende que el miedo funciona, que la autoridad  funciona, que el poder funciona. Y los niños son tan desvalidos y tan  dependientes de sus padres que les puedes asustar. Se vuelve tu técnica  explotarlos y oprimirlos, y ellos no tienen adonde ir. En una comuna tendrán muchos sitios a los que ir. Tendrán muchos tíos  y muchas tías y mucha gente, no estarán tan desvali­dos. No estarán tanto  en tus manos como ahora mismo. Tendrán más independencia, menos  desamparo. No podrás coaccionarlos tan fácilmente. Y todo lo que ven en casa es desdicha. A veces, sí, ya lo sé, a ve­ces el marido  y la mujer son amorosos, pero siempre sucede en pri­vado. Los niños no lo  saben.  Los niños sólo ven las malas caras, el lado feo. Cuando la madre y el padre  son amorosos, lo hacen con la puerta cerrada. No hacen ruido, nunca  permiten que los niños se­pan qué es el amor. Los niños sólo ven el  conflicto, quejas, peleas, golpes más o menos sutiles, insultos,  humillaciones.  Los niños es­tán siempre viendo lo que pasa.

 Un hombre está en el cuarto de estar leyendo el periódico. En­tra su  esposa y le da un tortazo.Pero ¿por qué? —pregunta el marido indignado. —Por ser tan mal amante. Un poco después, el marido se acerca a su mujer, que está mi­rando  televisión, y le da una sonora bofetada.¿A qué viene esto? —grita ella. A lo que él contesta: —Por saber la diferencia.

 Y esto sigue sin parar, y los niños observan siempre lo que está pasando.  ¿Es esto la vida? ¿Para esto se supone que es la vida? ¿Esto es todo lo que  hay? Empiezan a perder la esperanza. Antes de en­trar en la vida ya son  fracasados, han aceptado el fracaso. Si sus pa­dres, que son tan listos y  poderosos, no pueden triunfar, ¿qué es­peranza les queda a ellos?  Es imposible. Y han aprendido los trucos, trucos para ser desdichado, trucos para ser  agresivo.  Los niños nunca ven que suceda el amor. En una comuna habrá más  posibilidades.  El amor debería salir un poco más a la luz. La gente debería saber que  el amor sucede.  Los niños pequeños deberían saber qué es el amor. Deberían ver a gente  sien­do cariñosa... En un mundo mejor, más comprensivo, el amor estará por to­das partes. Los niños verán qué es el cariño. Los niños verán el gozo que produce querer  a alguien. Si observan, aprenden. Si sa­ben lo que sucede, sus puertas se  abren. Habría que aceptar más el amor y rechazar más la violencia. El amor  debería ser más asequible. Dos personas que hacen el amor no deberían  preocuparse de que nadie se entere. Deberían reírse, cantar, gritar de  alegría, para que todo el barrio sepa que alguien está amando a alguien,  que alguien está haciendo el amor. El amor debería ser un gran don. El amor debería ser algo di­vino. Es sagrado. La vida puede volverse un paraíso aquí y ahora. Hay que quitar las barreras.  La familia es una de las mayores barreras3.

 

 ¿Por qué están todas las religiones en contra de la anticoncepción?

 

El Papa está en contra de la anticoncepción. Es normal que lo esté, porque  todas las religiones están en contra de los métodos anticonceptivos, por  la sencilla razón de que se reducirá el número de sus miembros. Es un juego  político: ¿quién tiene un número ma­yor, los católicos o los protestantes,  los hindúes o los jainistas o los musulmanes? Es todo una política de números, sobre todo por la democracia. Cada  persona es un voto: cuantos más niños tengas, más votos tie­nes. Y quien  tenga más votos gobernará el país, gobernará el mun­do. De forma que  todos los jefes religiosos, todas las instituciones religiosas, todos los  propagandistas religiosos están en contra de la anticoncepción Pero, en realidad, la anticoncepción es una de las mayores ben­diciones que  le han sucedido a la humanidad en toda la historia hu­mana.  Es la mayor revolución.  Ninguna revolución es tan impor­tante comparada con la invención  de los anticonceptivos, porque a través de los anticonceptivos la mujer  puede llegar a ser igual que el hombre. Sólo mediante los anticonceptivos  puede la mujer tener todos los derechos que el hombre siempre ha  reclamado para sí mismo. De otra forma, ella estaría casi siempre  embarazada. La mujer no podía trabajar en una fábrica, no podía trabajar en  una oficina,  No podía ser médico, no podía ser profesora. Como mu­cho, podía  tan sólo ser ama de casa, y esto significa simplemente ser una criada  doméstica.  Y gastaba toda su vida dando a luz. No podía hacer otra cosa, no  podía pintar, no podía escribir poesía, no podía tocar música, no  podía bailar.  ¿Cómo vas a bailar si estás continua­mente embarazada? Es algo  tan deprimente, tan repugnante. Pero en el pasado todo su trabajo era ser como una fábrica, se­guir  dando a luz a niños. Empezaba hacia los catorce años y conti­nuaba  mientras el hombre tenía la suficiente potencia para seguir procreando.  Tener dos docenas de hijos no constituía una excep­ción, una docena  era algo muy normal. Pero una mujer que da doce hijos al mundo o  dos docenas de hijos al mundo no tendrá tiempo para nada más. Esa es la causa básica de la esclavitud de la mujer. Y cuando es­taba  continuamente embarazada y enferma e indispuesta a causa del  embarazo, tenía que depender del hombre, dependía económi­camente  del hombre. Y si dependes económicamente del hombre, no puedes  ser libre. La economía es uno de los factores fundamen­tales.  Si el dinero viene del hombre, entonces el dinero viene con ciertas  condiciones. Si necesitamos una humanidad en la que el hombre y la mujer sean  iguales, entonces los anticonceptivos deberían usarse todo lo posible;  deberían ser algo normal... Los anticonceptivos han transformado la cualidad misma del sexo:  el sexo se vuelve algo divertido. El sexo ya no es algo tan se­rio  como solía ser. Se vuelve como un juego, dos cuerpos jugando uno  con otro, eso es todo. No hay nada de malo en ello. Juegas al fútbol,  ¿qué tiene de malo? Juegas al vóleibol, ¿qué tiene de malo?  Es algo entre dos energías corporales. El sexo también es un juego, pero antes no lo era. Antes de los  anticonceptivos, era algo muy serio. Los anticonceptivos han  erra­dicado toda esa seriedad. Y es normal que ahora las religiones  ten­gan miedo, porque su edificio entero se puede desmoronar a  causa de los anticonceptivos. Lo que los ateos no pudieron hacer  en si­glos, los anticonceptivos lo pueden hacer en décadas. Ya lo han  he­cho: los anticonceptivos han liberado al hombre de los sacerdotes. Los anticonceptivos son una bendición, pero el Papa no puede estar  a favor de ellos porque su poder está en juego, y no sólo el Papa,  sino todos los jefes de las demás religiones, los shankaracharyas  y los ayatolás y los imanes, estarán en contra de los anti­conceptivos.  Todo su negocio está en peligro. Yo estoy a favor de los anticonceptivos. Deberían usarse  abun­dantemente. A los niños deberían enseñarles los padres y  las es­cuelas a usar los anticonceptivos, para que el sexo sea algo  diverti­do, para que pierda toda aquella seriedad. Sólo entonces se  puede liberar la mujer. Sin los anticonceptivos la mujer está destinada a seguir siendo  una esclava. La mitad de la humanidad viviendo en la esclavitud  no es una escena agradable de ver. Y el Papa está también en contra del aborto. ¿Por qué está esa  gente en contra del aborto? Están siempre hablando de la inmor­talidad del alma. Entonces, ¿por qué tener miedo al aborto? El alma es inmortal, así que no hay pecado en el aborto. Lo único  que has hecho al abortar es evitar que el alma entre en este cuerpo.  El alma encontrará otro cuerpo, si no es en esta Tierra, será en  alguna otra, porque los científicos dicen que hay al menos cincuenta  mil planetas. Ese es el número mínimo de los que al­bergan vida.  Puede que haya más, pero cincuenta mil es casi segu­ro. Así que si  no es en este planeta, será en algún otro... Y es bue­no cambiar de  gente, ¿qué hay de malo en ello? Si este planeta se está poniendo  demasiado lleno, llevar alguna gente a otros plane­tas... Eso es lo  que hace el aborto. El alma dice: «¿Puedo entrar, se­ñora?», y tú  dices: «No, esto ya está demasiado lleno. Prueba en al­guna otra  puerta.» Y hay otras posibilidades, así que no estás destruyendo nada.  Esa misma gente por un lado dice que la vida es inmortal, que  el alma es inmortal, y por el otro te asustan diciéndote que estás  ma­tando un alma, que estás matando una vida, hacen que te sientas  culpable.

Solo hay dos posibilidades: o el alma es inmortal y entonces no has matado nada; o el alma es mortal, y entonces tampoco has mata­do nada. Y estas son las dos únicas posibilidades. O crees en la in­mortalidad del alma, y entonces no has matado nada porque no hay nada que se pueda matar, o crees en la mortalidad del alma, y enton­ces no hay nada que matar; no hay alma realmente, sólo hay cuerpo.

Y tenemos que decidir cuánta gente puede vivir gozosamente en este planeta. Pero hay también una estrategia oculta detrás de ello: a los sacerdotes, los papas y los demás, no les gustaría que el hombre viviera gozosamente, por la sencilla razón de que si la gen­te empieza a vivir con gozo, con alegría, con dicha, ¿a quién le va a importar su Paraíso y su cielo? La gente tiene que vivir total­mente desgraciada, sólo entonces puede predicar: «Mira, esta vida es un valle de lágrimas. Busca la otra vida, la vida del más allá. Esta vida es un infierno, así que no pierdas el tiempo viviéndola. Usa el tiempo encontrando otra vida, la vida divina.»

Les conviene que el mundo permanezca desdichado. Y psicoló­gicamente se las han arreglado para mantenerte desdichado, psi­cológicamente están intentando mantenerte desdichado, y biológi­camente, de todas las maneras posibles te están haciendo tan desdichado que tienes que acudir a ellos por consejo, tienes que considerarlos tus salvadores.

Mi visión es diferente.

Yo mantengo la idea de que esta vida, aquí y ahora, tiene capa­cidad para hacerse celestial. No es necesario anhelar ningún otro cielo, ningún otro paraíso. Podemos transformar esta vida en un fenómeno muy bello. Philosophia Ultima, cap. 3.

 

 

 

 

 

¿Qué opinas del aborto?

 

El aborto no es un pecado; en este mundo superpoblado es una virtud. Y si el aborto es pecado, entonces el Papa polaco, la madre Teresa y compañía son los responsables, porque están en contra de los anticonceptivos, están en contra de los métodos de control de la natalidad, están en contra de la pildora. Esa es la gente causan­te de todos los abortos, ellos son los responsables. ¡En mi opinión son grandes criminales!

¡En este mundo superpoblado, en el que hay gente hambrien

ta muriéndose, estar en contra de la pildora es simplemente im­perdonable!

La pildora es una de las contribuciones más significativas de la ciencia moderna a la humanidad, puede convertir la Tierra en un Paraíso.

Pero ciertamente en ese Paraíso no habrá huérfanos, y enton­ces ¿qué pasará con la madre Teresa y los misioneros de la caridad? Y en ese Paraíso ¿quién escuchará al Papa polaco? La gente será tan feliz, ¿a quién le va a importar esa gente? ¿Y quién pensará en un Paraíso después de la muerte? Si el Paraíso existe aquí y ahora, en­tonces no hay necesidad de inventar, proyectar, soñar, fantasear un Paraíso en el más allá.

Han fantaseado el Paraíso en el más allá porque hemos vivido en el infierno en esta Tierra.

Y este infierno les viene muy bien a los sacerdotes, a la gente que se llama religiosa, a los santos, a los papas, a todo tipo de ayatolás y shankaracharyas, a todos esos tipos de embaucadores. To­dos ellos están en contra de la pildora. ¡Si tienen algo contra la pil­dora, entonces convertidla en polvo! ¡Si el problema es que sea una pildora, entonces trituradla! Encontrad alguna otra forma. Esa es la gente causante de los orfanatos, los abortos, y les viene muy bien. ¡Están haciendo un buen trabajo!

He oído algo sobre dos hermanos; solían tener un negocio. Su negocio era: uno de ellos entraba en un pueblo por la noche y po­nía alquitránen las ventanas y las puertas de la gente, y por la ma­ñana se iba.

Por la mañana llegaba el otro hermano, gritando por las calles del pueblo: «¡Limpio el alquitrán! ¡Si alguien quiere que le limpien las ventanas, aquí estoy!» Y por supuesto, tenía mucho trabajo, ¡todo el pueblo le necesitaba! Para cuando terminaba, el otro her­mano ya había destruido las puertas y ventanas de algún otro pue­blo, y entonces llegaba este otro hermano. ¡Les iba muy bien y es­taban ganando mucho dinero!

Esto es lo que está haciendo esa gente. Estás en contra de la pildora, estás en contra de los anticonceptivos, estás en contra de la esterilización, estás en contra de todas las técnicas de control

de la natalidad, y así, naturalmente, habrá abortos, habrá huérfa­nos y mendigos. Entonces les puedes servir y ganar grandes virtu­des, porque sin servicio nunca irás al cielo.

Esa pobre gente es necesaria como trampolín para que tú va­yas al cielo.

A mí me gustaría destruir la pobreza, no quiero ayudar a los pobres. ¡Ya basta! Durante diez mil años los tontos han estado ayu­dando a los pobres; no ha servido de nada. Pero ahora tenemos la tecnología suficiente para destruir la pobreza por completo.

Así que si hay que perdonar a alguien es a esta gente. Es al Papa, a la madre Teresa, etcétera, a quienes hay que perdonar. Son criminales, pero su crimen es de una naturaleza tal que se necesi­ta mucha inteligencia para comprenderlo5.

 

 

 

Me quedé muy sorprendido al oírte apoyar la produc­ción de niños de probeta, diciendo que podrían ser ge­nios, más bellos y más sanos que los seres humanos. Pero lo único que importa es la belleza de nuestro ser interno, ¿no? ¿O estabas bromeando?

 

No. Me pongo serio en muy raras ocasiones, y cuando hice esa afirmación estaba muy serio. Lo digo en serio, porque el hombre que ha sido creado por la naturaleza ciega, por la biología ciega, no ha resultado ser un crecimiento real para la humanidad. Puedes verlo.

Charles Darwin dice que los monos se hicieron hombres. Pero desde entonces —eso debe haber sucedido hace un millón de añosdurante este millón de años el hombre no ha creado nada mejor. Los monos fueron mucho más inteligentes; al menos ellos hicieron que naciera la humanidad. Los seres humanos parecen ser total­mente impotentes. Continúan creando réplicas exactas de sí mis­mos. Esto hay que pararlo.

Zen: Zest, Zip, Zap andZing, cap. 13.

 

He oído que sucedió en una oficina: llegaron órdenes de arriba de que la oficina estaba demasiado atestada de archivos viejos —de hace treinta, cincuenta años— y que había que destruirlos. ¡Pero asegurándose de que se guardaran copias de todo! Pero entonces, ¿para qué sirve? ¿Para qué destruir los ori­ginales?

Hasta ahora, el hombre se ha unido a la mujer accidentalmen­te. Por eso te sientes sorprendido —cualquiera se sentiría sorpren­dido, lo comprendo— al pensar que un bebé no debería tener el úte­ro de la madre, el calor de la madre, el cuidado de la madre, el amor de la madre... Pero, ya sabes, hay muchas otras cosas también en la madre: sus quejas, su odio, sus celos, su estupidez. El bebé también cogerá todas esas cosas.

Y ya se puede ver, los especímenes andan sueltos por todo el mundo. Esto es lo que ha salido de vuestras relaciones: Adolf Hitler nació de una relación humana; él estuvo en el útero de una madre. José Stalin nació de la misma manera. Y también todos es­tos criminales: Alejandro Magno, Napoleón Bonaparte, Mussolini, Mao Zedong, Nadir Sha, lamerían, Gengis Kan; la historia está llena de estos monstruos. Ellos también salieron de mujeres amo­rosas.

Yo ya no confío en la biología ciega. Confío más en un ser hu­mano consciente. Es mejor dar el nacimiento del niño a una pro­beta, en la que puedes elegir el mejor semen, el mejor óvulo de la mujer. Y no hay necesidad de preocuparse de que sean anónimos; de hecho, todos los hospitales deberían tener un banco. Tienen bancos de sangre; deberían tener bancos de semen y óvulos, y de­berían asegurarse de que la mejor célula de semen y el mejor óvu­lo se junten de manera muy clínica, en una probeta.

No tendrán la herencia de vuestro feo pasado. Serán seres fres­cos, y podemos programar esos óvulos y esas células de semen para hacer posible más salud, más vida, más inteligencia.

En cada relación amorosa el hombre libera millones de célu­las vivas. Sólo una de ellas llegará al óvulo femenino. Todas co­rren —es una gran carrera... millones de seres humanos, aunque sean muy pequeños y no los puedas ver con los ojos—, es una gran

carrera, mayor que cualquier carrera que sucede en la Tierra.

Proporcionalmente a su tamaño, la distancia entre el semen y el óvulo de la mujer es de tres kilómetros. Si fueran de tu tamaño, el recorrido sería de más de tres kilómetros. Un recorrido de más de tres kilómetros... y están luchando con fuerza para sobrevivir, porque no tienen mucho tiempo. Están siempre cerca de la terce­ra guerra mundial. Sólo pueden vivir dos horas, nada más. Y sólo una célula llega al óvulo, porque entonces éste se cierra. Sucede muy raramente que dos células lleguen simultáneamente; así na­cen los gemelos.

Rabindranath Tagore, uno de los más grandes poetas de la In­dia, era el decimotercer hijo de su padre. Los otros doce resulta­ron ser idiotas, nadie conoce ni siquiera sus nombres. Y es un ca­mino ciego y oscuro. Si el padre de Rabindranath hubiese parado tras el número doce —que parece ser un buen momento para pa­rar; una docena es suficiente, más que suficiente—, entonces os hubierais perdido uno de los seres más bellos de la Tierra: un gran poeta, un gran pintor y un gran ser humano... bello en to­dos los aspectos.

Pero en una probeta es tan fácil. Esos doce deberían haber sido descartados. Hemos elegido que Rabindranath sea el primer hijo, y quién sabe cuánto potencial más habría habido en él si hubiera conseguido el mejor óvulo femenino. Nadie lo sabe.

¿Sabes?, cuando el primer tren fue de Londres a una estación cercana, un viaje de menos de trece kilómetros, nadie estaba dis­puesto a montarse en él... ni siquiera gratis. Servían comida gra­tis, pero nadie estaba dispuesto a entrar porque el cura había di­cho por la mañana en la iglesia que Dios nunca había creado ningún ferrocarril: «¡No es natural, es peligroso, es inhumano! ¡No os montéis!»

¿Qué crees que habría pasado si la gente hubiera parado? No habría habido trenes, ni coches ni aviones, ni cohetes para llegar a la Luna.

¡Y tenemos que llegar a las estrellas! Necesitamos cuerpos más fuertes, necesitamos gente más inteligente, y necesitamos gente que esté limpia de todas esas tonterías pasadas. Esto sólo es posible si creamos un método clínico, médico, para el nacimiento del hombre.

Estoy absolutamente a favor de ello6.

 

 

Mi miedo acerca de tu visión del nacimiento de un nuevo hombre mediante probetas e ingeniería genéti­ca no tiene nada que ver con la tecnología en sí, sino con el miedo de quién podría controlar la tecnología. ¿Quién puede garantizar que este conocimiento será utilizado por seres humanos conscientes, y no por los políticos idiotas que convertirían nuestro nuevo mun­do mejor en el 1984 de Orwell?

 

¿Quién controla la tecnología hoy? ¿Quién controla todas vues­tras armas nucleares? ¿Quién controla todos vuestros descubri­mientos científicos? ¿Habéis levantado vuestra voz contra ello? ¿Habéis pensado siquiera que la vida entera en la Tierra está ahora en manos de políticos idiotas?

Y siempre ha sido así. Cualquier cosa que se descubre es cap­turada inmediatamente por los gobiernos, así que ¿por qué la pregunta se refiere sólo a la ingeniería genética? ¿No te da mie­do que los políticos tengan armas nucleares que pueden des­truirte setecientas veces? Aunque si te destruyen una vez, no será necesario que te destruyan de nuevo; como no eres el único hijo de Dios, no resucitarás; y no hay por aquí mesías que te de­vuelvan a la vida.

Pero tienes miedo —y puedo comprenderlo— de que si la in­geniería genética está en manos de los políticos, ciertamente no van a crear al hombre lleno de belleza, amor, silencio, inteli­gencia, encanto. Van a crear robots de acero, para que sean to­dos soldados que luchen, que maten. Ya lo sé. Por eso he pro­puesto que no debería haber naciones, que el mundo debería

The Last Testament, vol. 1, cap. 3.

tener sólo un gobierno funcional. Hay que eliminar todas las fronteras, hay que quemar todos los pasaportes y las tarjetas de residencia. Que eres un ser humano es suficiente para entrar a cualquier país.

Por eso, recuerda todo el contexto de todo lo que digo; de otra forma me malinterpretarás. Quiero un solo mundo, para que no haya guerra y no sean necesarios los soldados. Quiero un gobierno mundial. Quiero que el presidente del gobierno mundial sólo sea presidente durante seis meses, para que no pueda hacer ningún daño. Y quiero que una persona sólo pueda ser elegida una vez. Es­tas son las precauciones.

La ingeniería genética, el nacimiento de niños en los laborato­rios científicos, estará en manos de los científicos.

Hemos probado la religión y ha fracasado. Hemos probado la política y ha fracasado. Ahora tenemos que probar la ciencia. Dadle una oportunidad, porque en trescientos años ha creado más progreso que el hombre en toda su historia de millones de años.

Y os he propuesto que el mundo debería tener una única aca­demia de las ciencias para que no haya científicos rusos, ni cien­tíficos estadounidenses, ni científicos hindúes, ni científicos cristianos, todo eso pertenece al pasado. Esa academia contará con todos los genios del mundo. Los demás esfuerzos han fraca­sado, habría que dar a la ciencia una segunda oportunidad. No hay ningún mal en ello. Como mucho, puede fracasar, la peor posibilidad es que la ciencia pueda fracasar, pero no creo que pueda fracasar.

Tenemos que preparar un nuevo tipo de hombre. De ese nuevo tipo de hombre —meditativo, silencioso, amoroso— irán saliendo científicos.

Tengo la visión entera del nuevo hombre: sin religiones, sin na­cionalidades, sin gobiernos, sólo un gobierno funcional, y una po­derosa academia mundial de científicos. Y la ciencia puede ser el factor decisivo.

No tengas miedo. Los científicos no son monstruos, los cientí­ficos son muy humanos. Y si la meditación continúa floreciendo y

los sannyasins siguen creciendo, los científicos serán los primeros interesados en el viaje interior. Lo necesitan; de otra forma, sus vi­das están desequilibradas. Sólo van hacia fuera, siempre hacia fue­ra. Necesitan ciertos métodos pora poder ir hacia dentro y mante­ner cierto equilibrio. Y un científico meditativo no puede concebir la creación de monstruos, de asesinos.

La ciencia ha sido una bendición para el hombre. Puede ser una bendición aún mayor si hay sólo un mundo. From the False to the Truth, cap. 31.

 

 

Creatividad

 

 

 

¿Podrías hablar de la mujer creativa? Soy una mujer, y el espíritu creativo bulle en mí con fuerza. Sé que las mujeres pueden ofrecer al mundo del arte una visión, un entendimiento, una suavidad nunca antes vistos. Siento que el arte tiene una base diferente para empe­zar. Quizá es porque el arte puede nacer del amor y ya no necesita ser conquistado

 

       A la creatividad no le atañe que seas hombre o mujer. Si te sien­tes creativa, bien. Pero no creas que vas a aportar algo más ele­vado a la creatividad, algo que el hombre no ha podido hacer.

¿Por qué seguir poniendo líneas divisorias entre el hombre y la mujer? La verdad es que todo hombre lleva una mujer dentro de sí, y que toda mujer lleva un hombre dentro de sí. Y tiene que ser así, porque seas hombre o mujer, estás creado por un hom­bre y una mujer. Ambos han contribuido a tu creación mitad y mitad. Tanto tu padre como tu madre están vivos en ti. Es sólo una cuestión de qué lado de la moneda está hacia arriba y cuál está debajo.

Desde luego, el arte será mejor si tanto los hombres como las mujeres crean desde sus diferentes ángulos. Pero de la forma que tú lo dices, no comprendes la creatividad en absoluto. Dices que la creatividad puede surgir del amor; que la pintura, la escultura y la danza no necesitan ser conquistadas. Pero hay un 99 por 100 de posibilidades de que el amor te satisfaga tan plenamente que no temolestes por pintar. No te molestarás en gastar tu tiempo hacien­do una estatua.

El amor satisface tan plenamente que ¿a quién le importa es­cribir poesía? La poesía la escribe la gente que ha perdido el tren. Ahora se consuelan de alguna forma escribiendo poemas sobre el amor, el amor que no conocen.

Es muy difícil ser creativo por amor. Sí, habrá un tipo diferen­te de creatividad. Si amas a un hombre, quizá tu cocina se con­vierta en el campo de tu creatividad. Te gustaría que tu hombre tu­viera la mejor comida. Te gustaría que tu hombre tuviera la mejor ropa. ¡Mira mi ropa! Esta es la creatividad que surge del amor.

Raramente es posible que una mujer que ama se preocupe por la pintura, la poesía, la danza, etcétera. Es realmente el com­plejo de inferioridad del hombre —que no puede amar tan pro­fundamente, que no puede dar a luz a un niño— lo que le hace en­contrar sustitutos para competir con la mujer. Crea pinturas, crea esculturas, crea arquitectura, crea el diseño de un jardín. Quiere sentir que también él puede crear. Básicamente, esto sale de su complejo de inferioridad. Ve a la mujer y su inmenso poder para crear vida. Él crea una estatua muerta, no importa lo bella que sea, está muerta.

Quien haya hecho esta pregunta parece estar en contra de los hombres, y cualquier mujer que esté en contra de los hombres está dejando de ser natural ella misma. Al estar en contra de los hom­bres, se está convirtiendo ella misma en un hombre. Ahora ella se está sintiendo psicológicamente inferior porque el hombre puede pintar y crear música y danza. Naturalmente, tendrá que dejar de tener hijos para que su propia creatividad pueda dirigirse hacia es­tas cosas: la pintura, la poesía, la música.

Pero me gustaría decirte que así fracasarás. Estás compitiendo con el hombre, y no necesitas competir: ya eres superior. No nece­sitas escribir poesía, tú eres poesía. Tu amor es tu música. ¡Tu co­razón latiendo con tu amante es tu danza!

Pero si quieres crear poesía, música y danza, tendrás que pri­varte del amor. Tendrás que estar en el mismo espacio que el hom­bre: sintiéndote inferior y encontrando sustitutos para la creatividad. Eso es feo. No puedo apoyarlo. La mujer es el sexo superior; no necesita probarlo...

Pero si no sientes deseos de tener hijos, y quieres pintar y quie­res componer música, está perfectamente bien.

De hecho, muchas mujeres deberían hacer eso, porque la Tie­rra está tan superpoblada. Puedes ayudar muchísimo si desvías tu creatividad de los niños a las pinturas, porque las pinturas no ne­cesitan comida. La danza está perfectamente bien. Baila todo lo que quieras, eso no crea ninguna Etiopía. Escribe poesía. Porque quizá algunas pocas personas tengan que sufrir escuchando tus poemas, aburriéndose con ellos, pero eso no es un gran problema. Se las pueden arreglar para esquivarte.

Pero si no tienes deseos de tener niños, está perfectamente bien. Por supuesto, tendrás que crear otra cosa. Hazlo, pero no pienses que tu creatividad será más elevada que la de un hombre. No puede serlo, por la sencilla razón de que tú eres el sexo supe­rior, no tienes en ti esa inferioridad que es el incentivo para que el hombre ponga toda su vida en su pintura.

¡Está compitiendo con tu bebé! E incluso si es un Picasso, muere desesperado. Toda su vida ha intentado pintar algo, pero ninguna pintura puede estar viva, ningún poema puede estar vivo. Así que recuerda que una mujer puede crear, pero lo más probable es que su creatividad sea sólo de tercera categoría. Pero es buena para el mundo. Ya no queremos más población, queremos reducir la población a un cuarto de lo que es hoy. De forma que estarás contribuyendo a un gran proyecto. Serás una bendición al no dar a luz a un niño.

Pero abandona esa idea de que estarás creando algo superior por amor. Si realmente quieres crear algo, no pienses en el amor tampoco, porque el amor satisface de una manera tan completa. Es un milagro tal que ¿quién quiere escribir poesía?

No he encontrado nunca a un solo amante, hombre o mujer, que haya creado poesía, que haya creado pinturas, que haya creado esculturas, por la sencilla razón de que están tan satisfechos. Todas esas cosas creativas necesitan una insatisfacción, una herida que tienes que tapar.

Estoy perfectamente contento con tu idea. Realiza cualquier actividad creativa que quieras; pero recuerda, no tienes el comple­jo de inferioridad del hombre, así que no puedes competir con el hombre de ninguna forma. Ya estás es una posición mejor. El hom­bre es pobre; ten compasión del pobre hombre. From Death to Deathlessness, cap. 1..

 

 

El otro día dijiste que las mujeres crean niños, y los hombres crean las artes y otras cosas materiales. ¿Es antinatural o neurótico que la mujer no desee tener un hijo y prefiera ser artista? Yo nunca he querido te­ner un hijo. La danza, la música, la poesía, el teatro y la pintura eran mi pasión y expresión. ¿Podrías hacer algún comentario?

 

No hay nada antinatural en ello. Si no quieres tener un hijo, tienes derecho a no tenerlo. Si quieres poner tu creatividad en la pintura, en el arte, en la música, eso está perfectamente bien, mu­cho mejor que crear un niño que está destinado a ser una carga en la Tierra. ¿Y quién sabe qué tipo de niño saldrá de ti?...

Una pintura es inofensiva. La música es bella, la danza servirá. No, eso no tiene nada de antinatural. Los hombres han dicho una y otra vez que tener hijos es el deber natural de las mujeres. Así es como han conseguido mantener a la mujer en la esclavitud, porque si una mujer continúa dando a luz a niños, ¿qué tiempo le queda para pintar? ¿Qué tiempo le queda para crear música, poesía, teatro?

Así que, por un lado, han estado forzando a la mujer a perma­necer embarazada continuamente. Hace sólo cien años, cualquier mujer, por todo el mundo, estaba embarazada continuamente. Un hijo toma nueve meses de su vida, luego tiene que criarlo. Y cuan­do el niño no tiene todavía ni seis meses, ella ya está embarazada de nuevo. Es como fumar un cigarrillo tras otro. E incluso un solo niño es un agobio tal...

 

Estoy de acuerdo contigo. Me han preguntado muchas veces: «¿No te gustaría tener un hijo?» Yo dije: «¿Yo? Acabaría matando al niño o suicidándome; ¡no podríamos coexistir! ¿Un niño en mi habitación? ¡Imposible!» Tan sólo para estar alerta, nunca me he casado, porque ¿quién sabe?, puede que la mujer con quien me case quisiera un niño. Entonces surgirían dificultades.

No hay problema, a no ser que sientas que lo hay. No escuches a nadie lo que diga, que es antinatural. Puede que sea antinatural para ellos, así que pueden dar a luz a tantos niños como quieran. Si te sientes bien pintando, escribiendo poesía, componiendo mú­sica, estás dando hijos mejores al mundo, hijos que son inofensi­vos, que harán gozar a muchas personas. From the False to the Truth, cap. 34..

 

 

 

¿Es verdad que consideras pecaminoso el sexo enca­minado a la reproducción? He leído también tus pala­bras diciendo que el mayor acto creativo de una mu­jer es producir un niño, y que existe una gran diferencia entre una madre y una mujer. Si esto es así, ¿hay entonces pecado en participar en el sexo y en el amor con la esperanza de crear un niño y sentir la ale­gría de la creación y la energía renovadora del Uni­verso?

 

Sí, hasta ahora el mayor acto creativo de una mujer ha sido dar a luz a un niño, pero ya no va a ser así. La Tierra no estaba tan po­blada en el pasado; era una necesidad, una gran necesidad, y la mu­jer la satisfizo. Pero ahora ella tiene que crecer a nuevas dimensio­nes de la creatividad, y sólo entonces será capaz de ser igual que el hombre. De otra forma, en el pasado ha sido tan sólo una fábrica y el hombre la ha utilizado para crear más niños. Tener más niños era beneficioso económicamente, era un negocio, porque te ayudaban de todas las maneras posibles; en el pasado no eran una carga.

 

En los países pobres aún perdura la idea de que cuantos más hi­jos tengas mejor te irá económicamente. En el pasado eso era ver­dad, hoy día es absolutamente falso. Mahoma se casó con nueve mujeres y permitió que los musulmanes se casaran con cuatro mu­jeres simplemente para crear más musulmanes, porque había una guerra continua entre los musulmanes y los no musulmanes y era una cuestión de poder, la política de los números. De forma que era importante económica y políticamente que los hombres se ca­saran con más mujeres, y la gente robaba mujeres de las demás tri­bus. Era más importante robar una mujer que un hombre, porque el hombre no es tan reproductivo; un hombre es suficiente para ser­vir a muchas mujeres y un hombre puede producir muchos niños.

Pero ahora todo ha cambiado, el mundo está superpoblado. Ahora lo que se necesita es desviar la creatividad de las mujeres a nuevas dimensiones: a la poesía, a la literatura, a la pintura, a la música, a la arquitectura, a la escultura, a la danza. Ahora habría que permitir a la mujer acceso a toda la gama de la creatividad.

Crear un niño ahora es peligroso. Superpoblar la Tierra ahora es suicida; ya somos más de los necesarios.

Dar a luz a niños ahora no es creativo, ¡es destructivo! Todo el contexto ha cambiado y tenemos que aprender nuevas maneras de vivir en un nuevo contexto. Y la mujer no podía crear gran poesía, gran música, gran arte, gran literatura; no podía ser científica, mística, no podía hacer nada, porque en el pasado estaba conti­nuamente embarazada. Estaba mal nutrida, torturada por tantos hijos, docenas de hijos, siempre embarazada, enferma. Aún no ha­bía vivido totalmente, no tenía el tiempo suficiente para vivir.

Por vez primera, gracias a los anticonceptivos y los métodos de control de la natalidad y la esterilización, es posible que la mujer pueda liberarse de quedarse embarazada y de cargar innecesaria­mente con el gran peso de dar a luz a niños y luego criarlos.

Las energías de la mujer se pueden liberar. Ahora también ella puede llegar a ser un Buda, un Zaratustra, un Jesús, un Krisna. Ahora también ella puede crear como Mozart, Wagner, Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Shakespeare, Kalidas, Rabindranath, Tolstói, Chéjov, Gorki, Dostoievski.

Y mi impresión es: una vez que las energías de la mujer se li­beren completamente de dar a luz a niños, ella será capaz de crear budas más grandes. ¿Por qué? Porque ella es una fuerza muchísi­mo más creativa que el hombre.

Pero su creatividad ha permanecido confinada a dar a luz a ni­ños, y eso no es una gran creatividad, es sólo biológica. Los ani­males lo están haciendo perfectamente bien, así que ¿qué tiene de grande? Dar a luz a un niño no es algo consciente, deliberado, me­ditativo. Simplemente estás siendo utilizada por la naturaleza, por la biología, como medio para propagar las razas, las especies.

Por eso hay un cierto fondo de culpabilidad en todos, incluso sin los sacerdotes. Los sacerdotes la han utilizado, la han explota­do, pero no la han creado realmente. Hay una culpabilidad subya­cente respecto al sexo; los sacerdotes la han aumentado muchísi­mo porque se convirtió en una gran fuente de explotación para ellos. Podían dominar al hombre con mucho más poder haciendo que se sintiera culpable.

Pero debe haber una causa dentro del hombre mismo; de otra forma, sin ningún fondo dentro de sí no se le puede imponer la cul­pabilidad desde fuera. El hombre la siente en lo profundo de sí: de manera sutil, de manera inconsciente sabe que el sexo no es algo consciente, es inconsciente; que es mecánico; que estás siendo uti­lizado como medio; que no tienes las riendas. Que es una fuerza biológica, que no eres realmente quien desea a una mujer o a un hombre, son sólo las hormonas.

Y cuando sabes que estás siendo utilizado y te sientes incapaz de librarte de esta esclavitud, surge una culpabilidad, que no eres suficientemente hombre, que no tienes realmente las riendas, que eres un esclavo. El sexo es un acto animal.

Eso es lo que quiero decir cuando afirmo que el sexo encami­nado a la reproducción es pecaminoso. La palabra «pecado» no la uso en ningún sentido moralista. Digo simplemente que es peca­minoso porque es inconsciente, no meditativo. Tú no estás ha­ciéndolo, estás siendo forzado a hacerlo por ciertas fuerzas incons­cientes. Eso es lo que quería decir cuando afirmé que el sexo encaminado a la reproducción es pecaminoso.

Ahora la Tierra ya no necesita más gente. Si lo que queremos es hacer un infierno de esta Tierra, entonces está bien, entonces se­guid reproduciéndoos. Entonces escuchad al Papa y a la madre Te­resa... Entonces escuchad a todos esos estúpidos que os dicen que evitéis los anticonceptivos, que evitéis el control de la natalidad, que evitéis la esterilización, porque son actos irreligiosos; que evi­téis el aborto porque es muy inmoral.

Pero si evitas el aborto, si evitas los anticonceptivos, si evitas la esterilización, serás responsable del suicidio global y eso será real­mente violento, y nos estamos acercando más a ello cada día. Esta es la primera razón por la que digo que el sexo para la reproduc­ción es pecaminoso.

Pero el Papa, Mahatma Gandhi y los demás a los que llaman santos dicen que el sexo sólo es moral si lo haces por razones re­productivas. En realidad, lo que están diciendo es que el sexo sólo es bueno si es animal, porque los animales entran en el sexo sólo por razones reproductivas.

Para mí, practicar el sexo por razones reproductivas es peca­minoso porque es animal, es inconsciente, es biológico.

Practicar el sexo por el puro gozo de compartir tu energía con cualquiera con quien tienes intimidad... es una manera de comu­nión energía a energía, corazón a corazón. Es disolverse y fundir­se uno en otro... sin ningún otro motivo.

Si hay un motivo —que quieres crear un niño— entonces es un negocio. Si no hay motivo, si es una diversión sin propósito, sólo entonces tiene belleza, y entonces no crea ninguna atadura. Y te estás liberando de la biología, te estás elevando sobre la biología, te estás elevando sobre los animales, estás alcanzando las cimas de la humanidad.

Así que, para mí, el sexo es bello sólo cuando no tiene propósi­to, cuando es sólo como un juego, cuando no lo haces con algún otro fin, cuando estar en comunión con una mujer o con un hom­bre por el puro gozo de estarlo es suficiente.

Entonces has trascendido la vida animal inferior y has entrado en una dimensión más elevada. Y recuerda: reproducción no es creación.

Cuando la mujer esté liberada de la carga innecesaria de la re­producción, podrá crear con más fuerza que ningún hombre, por­que si puede dar a luz a un niño, ¿por qué no va a poder dar a luz música hermosa? Pero no ha sido posible hasta ahora, y el hombre ha estado tratando de racionalizar...

Cuando las energías de la mujer se liberen, podrá ser creativa. Pero creo que el hombre tiene miedo de la creatividad de la mujer. Ella puede superar ciertamente la creatividad del hombre; ella está naturalmente más dotada de creatividad.

Estoy totalmente a favor de la creatividad, pero recuerda, re­producción no es creatividad; no son sinónimos. La creatividad es algo consciente, la reproducción es inconsciente. La creatividad es meditativa, la reproducción no tiene absolutamente nada que ver con la meditación.

Pero el hombre ha estado utilizando a la mujer casi como al ga­nado. Ha estado utilizando a la mujer para criar a. sus niños; ha es­tado utilizando a la mujer como si fuera una granja. Ese es exacta­mente el significado de la palabra «marido»: marido significa «el granjero». Agricultura significa maridaje3: la esposa es el campo y el marido el granjero, y la única función de la esposa es dar una buena cosecha cada año.

La mujer nunca puede liberarse a no ser que se comprenda esto: que tiene que abandonar esta pauta del pasado. Y el hom­bre le ha estado diciendo: «¡Eres magnífica porque das a luz a los niños!» Esto es una racionalización, esto es una consolación. Cuidado con esos trucos. El hombre ha explotado a la mujer de todas las maneras posibles, y ya es hora de acabar con esta ex­plotación4.

1 Esto es particularmente cierto en inglés: una de las acepciones de husband (marido) es ciertamente farmer (granjero), y agriculture es sinónimo de husbandry. (N. del T.)

4 Philosophia Ultima, cap.16.

 

 

 

¿Cuál será el impacto en las mujeres liberadas de su biología?

 

Es una gran oportunidad que se está volviendo asequible a las mujeres, ahora que están liberadas de la esclavitud biológica. Por supuesto, el hombre siempre las ha alabado por su gran creatividad al tener niños. Pero ¿qué tipo de niños habéis producido? Mirad por todo el mundo: estos son vuestros niños, ¡qué creatividad! To­dos los animales lo están haciendo, quizá mejor que vosotros.

Sí, el hombre ha venido elogiando mucho a la mujer por ello: «Eres una gran creadora porque das a luz a un niño.» En realidad, era un truco muy astuto del hombre; quería decir que la mujer de­bía seguir creando niños. Y en los países pobres aún está sucedien­do, tener una docena de hijos no es extraño. Algunas mujeres tie­nen más de una docena...

Pero todas las religiones del mundo están en contra de los mé­todos de control de la natalidad, de la pildora. Están en contra del aborto. Esto significa que la mujer sigue siendo esclava biológica­mente, y sus energías continúan creando sólo gente mediocre, multitudes para servir en los ejércitos, las marinas, las fuerzas aé­reas, para matar o que los maten; como mucho, para ser oficinis­tas, enfermeras, conserjes. ¿Qué queréis decir al hablar de creativi­dad? Habéis creado un conserje. ¿Estáis orgullosos? ¿Cuánto orgullo puede daros? Todos los padres deberían sentirse avergon­zados. Estáis creando como los animales.

Hoy día la ciencia os ha dado una oportunidad para salir de la esclavitud de la biología, una gran libertad para que, por vez pri­mera, el sexo no sea un método biológico de reproducción; para que sea puro juego, gozo.

Me preguntas que si las energías de las mujeres no se vierten en crear niños, ¿qué sucederá con esas energías? Hay miles de maneras de hacer más bello este mundo. Cualquier cosa que hace más bello el mundo es creativa. Diseña el jardín que rodea tu casa, injerta plan­tas, crea flores nuevas que nunca han existido. Y, por supuesto, ellas darán nuevas fragancias que la Tierra nunca antes ha sentido.

Compite con los hombres en todos los campos. Pruébale que

eres su igual, no con el movimiento de liberación de la mujer. Prueba con tus actos que eres su igual, quizá superior... El movi­miento de liberación de la mujer ha creado odio contra los hom­bres, y eso no te va a dar la igualdad. La igualdad hay que ganarla, hay que merecerla.

Como la pildora te ha liberado de la esclavitud de la biología, ahora eres libre para usar tu energía. Y una mujer tiene un cuerpo más delicado, un cuerpo más flexible. Puede llegar a bailar mejor que ningún hombre. El hombre, por mucho que se entrene, es rí­gido. No es culpa suya, su fisiología es rígida. Las mujeres pueden llegar a ser las que mejor bailen.

La mujer tiene una gran imaginación, pero su imaginación ha permanecido confinada en la casa. El motivo eran los niños, los ni­ños la han mantenido en casa, durante millones de años, y así se ha vuelto casi su segunda naturaleza. De otra forma, no veo que haya ninguna necesidad natural de que la mujer confine su imagi­nación dentro de los muros de su casa.

Las estrellas le pertenecen tanto como a cualquier hombre. El amanecer y la puesta de sol también le pertenecen a ella. Tiene que abrir sus alas, su conciencia. Tiene que ampliar su visión, su ima­ginación, sus sueños, más allá de los niños. Ahora mismo, la mu­jer continúa pensando en el niño: «Debería ser médico, debería ser ingeniero, debería ser esto y aquello.»

Ahora la mujer tiene que ser ella misma lo que solía proyectar a través del niño. Hazte médica, hazte ingeniera, hazte piloto. Lo que imaginabas a través del niño... ¿Por qué no enfrentarte direc­tamente a la realidad y ser tú misma lo que querías que fuera tu hijo? No veo que exista ningún problema.

Las mujeres son superiores a los hombres en muchos aspectos, y su superioridad se puede usar en nuevas dimensiones de creati­vidad...

Lo que ha creado el hombre no es nada si la mujer se adentra en ese terreno con su capacidad de estar centrada, con su redon­dez, con su contento, con su amor. Así que entra en cualquier di­rección que te parezca satisfactoria.

El día que las mujeres empiecen a crear todas las cosas que los

hombres han venido creando hasta ahora... Os digo que no es ne­cesario pedir la igualdad, porque las mujeres son el sexo superior, naturalmente, porque la naturaleza ha hecho a la mujer para crear niños.

Y ahora, como la biología ya no tiene poder sobre las mujeres, no gastes tu energía en ser lesbiana. Este es el momento para que seáis creativas en todos los campos, y seréis capaces de tener vues­tros Picasso, vuestros Mozart, vuestros Van Gogh, vuestros Sha­kespeare. No hay ninguna razón para que no sea así. Quizá un poco mejor, un poco más suave, y vuestra escultura va a estar cierta­mente más viva.

Sólo hay una cosa en la que no seréis iguales a los hombres —y por favor, recordad, no tratéis de ser iguales en ese área—, y es en los músculos. Dejad que los hombres sean superiores en lo re­ferente a la musculatura, porque si las mujeres empiezan a ir a los gimnasios y a desarrollar cuerpos musculosos, ese será el peor día de la historia de la humanidad.

Con sólo cerrar los ojos... ¡si veo miles de mujeres musculosas sentadas aquí no voy a volver a venir! From Death to Deathlessness, cap.

Si las mujeres son las líderes en la política, las líderes en la ciencia, las líderes en la poesía, la pintura, traerán una perspectiva totalmente nueva a todo. Las mujeres deberían ser profesoras, edu­cadoras, deberían estar en todas partes.

Son la mitad del mundo, les pertenece la mitad del mundo. Y mi experiencia es que son tremendamente capaces, dignas de con­fianza. Puedes fiarte más de ellas porque no se relacionan contigo desde la cabeza, sino desde el corazón. TheLast Testament, vol. 1, cap. 19.

Quizá esta sea una de las causas por las que las mujeres nunca han sido creativas: no podían vivir solas en esta sociedad absolutamente hecha por el hombre. Una mujer que vive sola está conti­nuamente en peligro. Sólo recientemente unas cuantas mujeres empezaron a tener una carrera, como novelistas, como poetas, como pintoras. Esto se debe a que, por vez primera, en estos últi­mos años —pero sólo en unos pocos lugares avanzados, progresivos, vanguardistas— una mujer puede vivir independientemente, igual que un hombre. Entonces las mujeres empiezan a pintar, empie­zan a componer poesía, música...

Las mujeres tienen todo tipo de talentos, pero durante millones de años su sexo era su única creatividad, y cuando toda la energía sexual se dirigía a tener niños... No es posible imaginar una mujer teniendo una docena de hijos y componiendo música, ¿o tú sí pue­des? ¿Esos doce instrumentos musicales siempre alrededor hacien­do todo lo que no deben... y la mujer puede componer música o poesía o puede pintar? ¿Crees que esos doce pintores se quedarán sentados en silencio? ¡Ellos serán los que pinten antes que ella! From Ignorance to Innocence, cap. 6.

 

 

 

Me parece que las mujeres han ocultado sus dones para proteger el orgullo del hombre. ¿Es así?

 

Esta ha sido una de las mayores calamidades de la historia hu­mana: como nunca se ha apreciado a las mujeres por su talento, poco a poco ellas han retardado su talento. Porque se apreciaba más a una retrasada mental, se apreciaba más a una tonta. Sólo te­nía que tener un cuerpo bello y proporcionado, y no tener mente, eso es todo. Podía ser como una vaca, sin inteligencia, sin concien­cia penetrante. Eso era lo que se esperaba de ella; si no, el hombre se sentía avergonzado, herido.

De forma que las mujeres han aprendido un truco a lo largo de los tiempos, que las reglas del juego son que la mujer no debe mos­trar su talento. Si es inteligente, debe simular que es estúpida. Si es creativa, no debe hacer nada. Debe confinar su creatividad a las pequeñas cosas de la casa, la sala de estar y la cocina y cosas así. No debe hacer nada que hiera el ego del hombre: no debe escribir poe­sía, no debe ser pintora, no debe esculpir; si no, el hombre se sien­te inferior.

El ego masculino no permite que la mujer tenga ni voz ni voto... y ella tiene algunas cualidades que no tiene el hombre y que no puede tener en esa proporción. Todo lo intuitivo es más asequi­ble a las mujeres que a los hombres; todo lo intelectual es más ase­quible a los hombres que a las mujeres. El hombre aprecia el inte­lecto, naturalmente. Él tiene intelecto, luego lo aprecia, y condena la intuición, la llama fe ciega, tontería, estupidez, superstición. La condena porque no la tiene.

En la Edad Media las mujeres a las que llamaban brujas y eran quemadas eran en realidad mujeres muy perceptivas. Los tribuna­les masculinos no podían tolerarlas, los curas no podían tolerarlas. La Iglesia entera ha permanecido orientada hacia el hombre, toda la comunidad cristiana es masculina. No hay ni una sola mujer en la Trinidad; toda la jerarquía es masculina.

No estaban realmente en contra de la brujería, estaban en con­tra de la mujer. Un día u otro, cuando la historia se escriba correc­tamente, se mostrará que no fue un movimiento contra la bruje­ría. La brujería no tiene nada que ver con ello; era el hombre contra la mujer. Era la inteligencia contra la intuición; era la ra­zón contra algo que es irracional, pero muy poderoso.

Aquellas brujas fueron quemadas, matadas, asesinadas, tortu­radas, y, por miedo, la mujer se ocultó del mundo y se recogió en sí misma. ¡Se asustó! Si mostraba cualquier tipo de talento pensa­ban que era una bruja. Si el hombre mostraba el mismo tipo de ta­lento, le hacían santo. Lo adoraban como hombre milagroso, y la mujer se volvía una bruja. Ella estaba en manos del diablo, y el hombre era una persona elegida por Dios mismo... ¡y se trataba de la misma cualidad! Far Beyond the Stars, cap. 4.


 

 

 

 

Capítulo 11

 

 

El cuerpo

 

 

 

 

¿Cómo encontrar el bienestar?

 

       LO primero es el cuerpo. El cuerpo es tu base, tu suelo, es don­de te asientas. Hacer que te vuelvas enemigo del cuerpo es des­truirte, es volverte esquizofrénico, es hacerte desdichado, es crear el infierno. Eres el cuerpo. Por supuesto, eres más que el cuerpo, pero ese «más» vendrá después. Primero eres el cuerpo.

El cuerpo es tu verdad básica, así que nunca estés en contra del cuerpo. Cuando estás contra el cuerpo, estás contra Dios. Cuando eres irrespetuoso con el cuerpo, estás perdiendo el contacto con la realidad, porque tu cuerpo es tu contacto. Tu cuerpo es tu puente. Tu cuerpo es tu templo.

El tantra enseña a reverenciar el cuerpo, a amar y respetar el cuerpo, a tener gratitud por el cuerpo. El cuerpo es maravilloso. Es el mayor de los misterios.

Pero te han enseñado a estar contra el cuerpo. Así que a veces te quedas muy perplejo ante un árbol, ante un árbol verde, a veces te quedas perplejo ante la Luna y el Sol, a veces te quedas perplejo ante una flor, pero nunca te quedas perplejo ante tu propio cuerpo. Y tu cuerpo es el fenómeno más complejo de la existencia. Ningu­na flor, ningún árbol tiene un cuerpo tan bello como tú. Ninguna Luna, ningún Sol, ninguna estrella tiene un mecanismo tan evo­lucionado como el tuyo.

Pero te han enseñado a apreciar la flor, que es una cosa simple. Te han enseñado a apreciar un árbol, que es una cosa simple. Te han enseñado a apreciar las piedras, las rocas, las montañas, los ríos, pero nunca te han enseñado a respetar tu propio cuerpo, nun­ca a asombrarte ante él. Sí, está muy cerca, y es muy fácil olvidar­se de él. Es muy obvio, así que es fácil descuidarlo. Pero es el fenó­meno más bello.

Si miras una flor, la gente dirá: «¡Qué sentido estético!» Y si miras el rostro de una mujer guapa o de un hombre guapo, la gen­te dirá: «Eso es lujuria.» Si te acercas a un árbol y te quedas ahí, y miras aturdido la flor —con los ojos muy abiertos, con los sentidos completamente abiertos para permitir que la belleza de la flor en­tre en ti—, la gente pensará que eres poeta, o pintor, o místico. Pero si te acercas a una mujer o a un hombre y te quedas ahí con gran reverencia y respeto, y miras a la mujer con los ojos muy abiertos y los sentidos bebiendo la belleza de la mujer, la policía te deten­drá. Nadie dirá que eres un místico, un poeta, nadie apreciará lo que estás haciendo. Algo ha ido mal.

Si te acercas a un extraño en la calle y le dices: «¡Qué ojos más bonitos tienes!», te sentirás avergonzado, él se sentirá avergonza­do. No será capaz de decirte «gracias». De hecho, se sentirá ofen­dido. Se sentirá ofendido, porque ¿quién eres tú para meterte en su vida privada? ¿Cómo te atreves? Si vas y tocas al árbol, el árbol se siente feliz. Pero si vas y tocas a un hombre, se sentirá ofendido. ¿Qué es lo que ha ido mal? Algo ha sido dañado tremenda y muy profundamente.

El tantra te enseña a recuperar el respeto al cuerpo, el amor al cuerpo. El tantra te enseña a considerar el cuerpo como la creación más grande de Dios. El tantra es la religión del cuerpo. Por su­puesto, se eleva más, pero nunca deja el cuerpo; se asienta en él. Es la única religión que está realmente asentada en la Tierra; tiene raíces. Otras religiones son árboles desarraigados, muertos, apaga­dos, moribundos; no corre el jugo por ellos. El tantra es realmen­te jugoso, lleno de vida.

El tantra confía en tu cuerpo. El tantra confía en tus sentidos. El tantra confía en tu energía. El tantra confía en ti, en tu totali­dad. El tantra no niega nada, sino que lo transforma todo.

¿Cómo llegar a esta visión tántrica? Este es el mapa para llevarte a la acción, y para llevarte dentro de ti, y para llevarte más allá.

Lo primero que hay que aprender es a respetar el cuerpo, a ol­vidar todas las tonterías que te han enseñado sobre el cuerpo. De otra forma nunca entrarás en la acción, y nunca entrarás en ti, y nunca entrarás más allá. Empieza por el principio. El cuerpo es tu principio.

Hay que purificar el cuerpo de muchas represiones. Es necesa­ria una gran catarsis para el cuerpo. El cuerpo se ha envenenado porque has estado contra él; lo has reprimido de muchas formas. Tu cuerpo está existiendo al mínimo nivel, por eso eres tan desdi­chado. El tantra dice que la dicha sólo es posible cuando existes al máximo nivel, nunca antes. La dicha sólo es posible cuando vives intensamente. ¿Cómo vas a vivir intensamente si estás en contra del cuerpo?

Estás siempre tibio. El fuego se ha enfriado. A lo largo de los siglos han destruido el fuego. Hay que reavivar el fuego. El tantra dice: primero purifica el cuerpo, purifícalo de todas las represiones. Deja que fluya la energía del cuerpo, elimina todo lo que lo blo­quea.

Es muy difícil encontrar una persona que no tenga la energía bloqueada, es muy difícil encontrar una persona cuyo cuerpo no esté tenso. Afloja esa tensión, esa tensión está bloqueando tu ener­gía. No puede fluir con esa tensión.

¿Por qué todo el mundo está tan tenso? ¿Por qué no puedes re­lajarte? ¿Has visto un gato durmiendo, echando una siesta por la tarde? Qué sencillamente y con cuánta belleza se relaja el gato. ¿No te puedes relajar de la misma manera? Das vueltas y más vueltas en la cama, no puedes relajarte. Y la belleza de la relajación del gato es que se relaja completamente y, sin embargo, está perfectamen­te alerta. Cualquier ligero movimiento en la habitación, y abrirá los ojos, saltará y estará listo. No es que simplemente duerma. La manera de dormir del gato es algo que se debe aprender, el hom­bre lo ha olvidado.

El tantra dice: aprende de los gatos, cómo duermen, cómo se relajan, cómo viven sin tensiones. Y todo el mundo animal vive de esa manera, sin tensiones. El hombre tiene que aprenderlo, porque el hombre ha sido condicionado erróneamente. El hombre ha sido programado erróneamente.

Desde la misma infancia te han programado para estar tenso. No respiras, por miedo. Por miedo a la sexualidad la gente no res­pira, porque cuando respiras profundamente, tu respiración va exactamente al centro sexual y lo activa, lo masajea desde dentro, lo excita. Como te han enseñado que el sexo es peligroso, todo niño empieza a respirar de manera superficial, colgado sólo en el pecho. Nunca va más allá del pecho, porque si va más allá, de pronto hay excitación: se excita la sexualidad y surge el miedo. En cuanto res­piras profundamente, se libera energía sexual.

La energía sexual tiene que ser liberada. Tiene que fluir por todo tu ser. Entonces tu cuerpo se volverá orgásmico. Pero te da miedo respirar, tanto miedo que casi la mitad de tus pulmones está llena de dióxido de carbono... Hay seis mil hendiduras en los pul­mones y normalmente tres mil de ellas nunca se limpian; perma­necen siempre llenas de dióxido de carbono. Por eso estás tan apa­gado, por eso no pareces alerta, por eso es difícil la conciencia. No es por accidente que tanto el yoga como el tantra enseñan a respi­rar profundamente, pranayama, para descargar a tus pulmones del dióxido de carbono. El dióxido de carbono no es para ti, hay que eli­minarlo continuamente. Tienes que respirar aire nuevo, fresco, tie­nes que respirar más oxígeno. El oxígeno creará tu fuego interno, el oxígeno te pondrá en llamas. Pero el oxígeno inflamará también tu sexualidad. Así que sólo el tantra puede permitirte la respiración realmente profunda; ni siquiera el yoga te puede permitir la respi­ración realmente profunda...

Sólo el tantra te permite el ser total y el flujo total. El tantra te da una libertad incondicional, no importa quién seas ni qué puedas ser. El tantra no te pone límites; no te define, simplemente te da una libertad total. El razonamiento es que cuando eres totalmente libre, las posibilidades son enormes.

Esto es lo que he observado: que la gente sexualmente repri­mida pierde su inteligencia. Sólo las personas muy, muy vivas se­xualmente son inteligentes. Así que la idea de que el sexo es pecado debe haber dañado la inteligencia, debe de haberla dañado mu­chísimo. Cuando realmente estés fluyendo, y tu sexualidad no ten­ga ninguna lucha ni conflicto contigo, cuando cooperes con ella, tu mente funcionará a su nivel óptimo. Serás inteligente, estarás alerta, vivo.

Hay que hacerse amigo del cuerpo, dice el tantra.

¿Tocas tu cuerpo alguna vez? ¿Sientes tu cuerpo alguna vez, o es como si estuvieras encerrado en algo muerto? Eso es lo que está sucediendo. La gente está casi paralizada; llevan el cuerpo como un cofre. Es pesado, estorba, no te ayuda a comunicarte con la reali­dad. Si dejas que la energía del cuerpo fluya desde los dedos de los pies a la cabeza, si das libertad total a su energía —la bioenergíaserás un río, y no sentirás el cuerpo en absoluto. Te sentirás casi como si no tuvieras cuerpo. Si no luchas con el cuerpo, no lo sien­tes. Si luchas con el cuerpo, el cuerpo se vuelve una carga. Y si lle­vas el cuerpo como una carga nunca puedes llegar a Dios.

El cuerpo tiene que volverse ingrávido, para que casi empieces a caminar por encima de la Tierra: esta es la manera tántrica de ca­minar. Eres tan ingrávido que no hay gravitación, simplemente vuelas. Pero eso surge de una gran aceptación.

Te va a resultar difícil aceptar tu cuerpo. Lo condenas, estás siempre encontrándole defectos. Nunca lo aprecias, nunca lo amas, y luego quieres un milagro: que llegue alguien y ame tu cuerpo. Si tú mismo no puedes amarlo, nadie lo amará, porque tu vibración ahuyentará a la gente.

Te enamoras de una persona que se ama a sí misma, nunca es de otra forma. El amor tiene que dirigirse primero a uno mismo, sólo desde este centro pueden surgir otros tipos de amor. No amas tu cuerpo. Lo ocultas de mil y una maneras. Ocultas el olor de tu cuerpo, ocultas tu cuerpo con ropa, ocultas tu cuerpo con adornos. Tratas de crear una belleza que sientes continuamente que no tie­nes, y en ese esfuerzo mismo te vuelves artificial.

Piensa en una mujer con los labios pintados... es pura fealdad. Los labios deberían ser rojos por vitalidad, no por pintarlos. Debe­rían estar vivos por amor, deberían estar vivos porque tú estás viva. Pero, por pintarte los labios... crees que te estás embelleciendo.

Sólo las personas que están muy conscientes de su fealdad van a los salones de belleza; si no, no es necesario. ¿Has encontrado alguna vez un pájaro que sea feo? ¿Has encontrado alguna vez un ciervo que sea feo? Nunca sucede. Ellos no van a ningún salón de belleza y no consultan a ningún experto. Simplemente se aceptan a sí mis­mos y son bellos en su aceptación. El hecho mismo de aceptarse los llena de belleza.

En cuanto te aceptas a ti mismo eres bello. Cuando estás en­cantado con tu propio cuerpo, encantas también a los demás. Mu­cha gente se enamorará de ti, porque tú mismo te amas. Ahora es­tás enfadado contigo mismo. Sabes que eres feo, sabes que eres repulsivo, horrible. Esta idea ahuyentará a la gente, esta idea no les ayudará a enamorarse de ti; los mantendrá apartados. Incluso si se acercan a ti, en cuanto sientan tu vibración, se alejarán.

No es necesario perseguir a nadie. La persecución surge sólo porque no nos hemos amado a nosotros mismos. De otra formadla gente viene. Les resulta casi imposible no amarte si tú te amas a ti mismo.

¿Por qué vino tanta gente a Buda, y por qué vino tanta gente a Jesús? Ellos se amaban a sí mismos. Se amaban tanto y estaban tan encantados con su ser que es natural que cualquiera que pasaba se sintiera atraído por ellos. Atraían como un imán. Estaban tan en­cantados con su propio ser... ¿cómo vas a eludir ese encanto? Sim­plemente estar allí era una dicha tan grande...

El tantra te enseña lo primero: sé amoroso con tu cuerpo, haz­te amigo de tu cuerpo, honra tu cuerpo, respeta tu cuerpo, cuida tu cuerpo, es el regalo de Dios. Trátalo bien, y te revelará grandes misterios. Todo tu crecimiento depende de cómo te relaciones con tu cuerpo.

Y luego, lo segundo de lo que habla el tantra es de los sentidos. De nuevo, las religiones están contra los sentidos. Tratan de em­botar los sentidos y la sensibilidad. Y los sentidos son tus puertas de la percepción, los sentidos son las ventanas a la realidad. ¿Qué es tu ojo? ¿Qué son tus oídos? ¿Qué es tu nariz? Ventanas a la rea­lidad, ventanas a Dios. Si ves correctamente, verás a Dios en todas partes. Así que no hay que tener los ojos cerrados, hay que abrir los ojos correctamente. No hay que destruir los ojos. No hay que des­truir los oídos porque todos estos sonidos son divinos.

Estos pájaros están cantando mantras. Estos árboles están dando sermones en silencio. Todos estos sonidos son Suyos, y to­das las formas son Suyas. Así que si no tienes sensibilidad, ¿cómo vas a conocer a Dios? Y tienes que ir a la iglesia, al templo para en­contrarlo... y Él está en todas partes. ¿Vas a un templo hecho por el hombre, a una iglesia hecha por el hombre, a encontrar a Dios? El hombre parece ser tan estúpido. Dios está en todas partes, vivito y coleando por todas partes. Pero para eso necesitas sentidos limpios, sentidos purificados.

Así que el tantra enseña que los sentidos son las puertas de la percepción. Se han embotado. Tienes que librarte de ese embota­miento, hay que limpiar tus sentidos. Tus sentidos son como un es­pejo que se ha embotado porque ha almacenado mucho polvo. Hay que limpiar el polvo.

Observa cómo el tantra trata todo. Otros dicen: ¡Embota tus sentidos, mata tu gusto! Y el Tantra dice: Saborea a Dios en todos los gustos. Otros dicen: Mata tu capacidad de tocar. Y el tantra dice: fluye totalmente en tu tacto, porque todo lo que tocas es divino. Es una inversión total de lo que llamáis religiones. Es una revolución radical, desde las mismas raíces.

Toca, huele, saborea, ve, oye tan totalmente como puedas. Ten­drás que aprender ese lenguaje, porque la sociedad te ha engaña­do; te ha hecho olvidar.

Cada niño nace con sentidos preciosos. Observa a un niño. Cuando mira algo, está completamente absorto. Cuando está ju­gando con sus juguetes, está totalmente absorto. Cuando mira, es sólo los ojos. Mira los ojos de un niño. Cuando oye, es sólo los oí­dos. Cuando come algo, está sólo en la lengua. Es sólo el gusto. Ob­serva a un niño comiendo una manzana. ¡Con qué entusiasmo! ¡Con cuánta energía! ¡Con qué deleite! Observa a un niño corrien­do tras una mariposa en el jardín... tan absorto que incluso si Dios estuviera a su alcance, no iría hacia allí. Un estado tan tremendo, meditativo, y sin esfuerzo. Observa a un niño cogiendo conchas en la playa como si estuviera cogiendo diamantes. Todo es precioso

cuando los sentidos están vivos. Todo está claro cuando los senti­dos están vivos.

Más adelante, el mismo niño mirará la realidad como si estu­viera oculta tras un cristal oscuro. Se ha acumulado mucho humo y polvo en el cristal, y estás oculto tras él y mirando. Por eso, todo parece apagado y muerto. Miras el árbol, y el árbol parece insulso porque tus ojos están embotados. Oyes una canción, pero no tiene ningún atractivo porque tus oídos están embotados. Puedes oír a un Buda y no serás capaz de apreciarlo, porque tu inteligencia está embotada.

Recupera tu lenguaje perdido. Siempre que tengas tiempo, da más atención a tus sentidos. Al comer, no sólo comas. Trata de aprender de nuevo el lenguaje olvidado del gusto. Toca el pan, sien­te su textura. Pálpalo con los ojos abiertos, pálpalo con los ojos ce­rrados. Cuando mastiques, mastica, estás masticando a Dios. ¡Re­cuérdalo! Será irrespetuoso no masticar bien, no saborear bien. Haz que sea una oración, y darás comienzo al surgimiento de una nue­va conciencia en ti. Aprenderás el camino de la alquimia tántrica.

Toca más a la gente. Nos hemos vuelto muy susceptibles en lo referente a tocar. Si alguien te está hablando y se acerca demasia­do, empiezas a echarte hacia atrás. Protegemos nuestro territorio. No tocamos y no dejamos que los demás nos toquen. No damos la mano, no abrazamos. No disfrutamos el ser de los demás.

Acércate al árbol, tócalo. Toca la roca. Vete al río, deja que flu­ya por tus manos. ¡Siéntelo! Nada, y siente el agua de nuevo, como la siente el pez. No pierdas ninguna oportunidad de revivir tus sen­tidos. Y hay mil y una oportunidades durante todo el día. No es ne­cesario tener algo de tiempo aparte para ello. El día entero es un adiestramiento de la sensibilidad. Usa todas las oportunidades. Bajo la ducha, usa la oportunidad, siente el contacto del agua que cae sobre ti. Túmbate en el suelo, desnudo, siente la tierra. Túm­bate en la playa, siente la arena. Escucha los sonidos de la arena, escucha los sonidos del mar. Utiliza cualquier oportunidad, sólo así serás capaz de aprender de nuevo el lenguaje de los sentidos. Y el tantra sólo se puede comprender cuando tu cuerpo está vivo y tus sentidos sienten.

Libera tus sentidos de viejos hábitos. Los hábitos son una de las causas primordiales del embotamiento. Descubre nuevas maneras de hacer las cosas. Inventa nuevas maneras de amar. La gente tie­ne mucho miedo. La gente tiene hábitos fijos. Incluso cuando ha­cen el amor, lo hacen siempre en la misma posición, la «postura del misionero». Descubre nuevas maneras de sentir.

Cada experiencia tiene que ser creada con gran sensibilidad. Cuando hagas el amor a una mujer o a un hombre, haz que sea una gran celebración. Y que tenga cada vez alguna creatividad nueva. Algunas veces, baila antes de hacer el amor. A veces, reza antes de hacer el amor. A veces, corre por el bosque, y luego haz el amor. A veces, nada y luego haz el amor. Así, cada experiencia del amor creará más y más sensibilidad en ti, y el amor nunca se volverá mo­nótono y aburrido.

Descubre nuevas maneras de explorar al otro. No te estanques en rutinas. Todas las rutinas son contrarias a la vida. Las rutinas están al servicio de la muerte. Y siempre puedes inventar, no hay límites para la invención. A veces un pequeño cambio te beneficia­rá tremendamente. Siempre comes a la mesa. A veces, vete al cés­ped, siéntate en el césped y come ahí. Y te quedarás muy sorpren­dido, es una experiencia totalmente diferente. El olor de la hierba recién cortada, los pájaros revoloteando a tu alrededor y cantando, y el aire fresco, y los rayos del Sol, y la sensación de la hierba hú­meda debajo. No puede ser la misma experiencia que cuando te sientas en una silla a tu mesa. Es una experiencia totalmente dife­rente.

Prueba a veces comer desnudo, y te sorprenderás. Tan sólo un pequeño cambio —no gran cosa, estás comiendo desnudo—, pero tendrás una experiencia totalmente diferente, porque le has añadi­do algo nuevo. Si comes con cuchara y tenedor, a veces come con las manos, y tendrás una experiencia diferente. Tu tacto aportará una nueva calidez a la comida. Una cuchara es una cosa muerta. Cuando comes con una cuchara o un tenedor, estás muy lejos. Ese mismo miedo a tocar algo, ni siquiera se puede tocar la comida. Te perderás su textura, su tacto, su sensación. La comida tiene tanta sensación como sabor.

Se han hecho muchos experimentos en Occidente en torno al hecho de que cuando disfrutamos de algo, no somos conscientes de muchas cosas que contribuyen a la experiencia. Por ejemplo, cie­rra los ojos y la nariz, y come cebolla. Dile a alguien que te la dé sin decirte qué es, si es una cebolla o una manzana. Te resultará muy difícil distinguir la diferencia si la nariz está totalmente tapa­da y los ojos cerrados, cubiertos. Te resultará imposible decidir si es una cebolla o una manzana, porque el sabor no es sólo el sabor; el 50 por 100 viene de la nariz. Y los ojos contribuyen mucho. No es sólo el gusto; todos los sentidos contribuyen. Cuando comes con las manos, tu tacto contribuye. Tendrá mas sabor. Será más huma­no, más natural.

Descubre nuevas maneras de hacerlo todo.

El tantra dice: Si puedes seguir descubriendo nuevas maneras cada día, tu vida será siempre emocionante, una aventura. Nunca te aburrirás: una persona aburrida es una persona irreligiosa. Siempre tendrás curiosidad por saber, siempre estarás listo para buscar lo desconocido y lo poco corriente. Tus ojos permanecerán despejados y tus sentidos permanecerán despejados, porque cuan­do estás siempre listo para buscar, explorar, descubrir, no puedes embotarte, no puedes volverte estúpido.

Los psicólogos dicen que a los siete años comienza la estu­pidez. Comienza hacia los cuatro años, pero a los siete es ya muy, muy evidente. Los niños empiezan a volverse estúpidos antes de los siete años. De hecho, el niño aprende la mitad de todo lo que va a aprender en su vida antes de cumplir siete años. Si va a lle­gar a los setenta, en los sesenta y tres años que le quedan apren­derá sólo el 50 por 100; la otra mitad ya la ha aprendido. ¿Qué su­cede? Se embota, deja de aprender. Si piensas desde el punto de vista de la inteligencia, hacia los siete años el niño comienza a hacerse viejo. Físicamente envejecerá más tarde —empezará a de­caer a partir de los treinta y cinco—, pero mentalmente ya está decayendo.

Te sorprenderá saber que tu edad mental, la edad mental me­dia, es de doce años. La gente no crece más, se estanca ahí. Por eso ves tanto infantilismo en el mundo. Insultas a alguien de sesenta años y en cuestión de segundos es un niño de doce años. Y se com­porta de tal manera que te resulta difícil creer que semejante per­sona adulta pueda ser tan infantil.

La gente siempre está lista para retroceder. Su edad mental es muy superficial, siempre a punto de surgir. Rasca un poco, y sale su edad mental. Su edad física no tiene mucha importancia. La gente muere infantil; nunca crece.

El tantra dice: Aprende nuevas maneras de hacer las cosas, y li­bérate de los hábitos todo lo que puedas. Y dice también: No imi­tes; si no, tus sentidos se embotarán. No imites. Descubre formas de hacer las cosas a tu manera. Pon tu firma en todo lo que hagas.

 

 

He oído que:

Mulla Nasrudin tiene un loro muy salido. El loro estaba di­ciendo obscenidades continuamente, sobre todo cuando había visi­ta, y Mulla estaba muy preocupado. Se estaba volviendo horrible. Finalmente, alguien sugirió que lo llevase al veterinario.

Y eso es lo que hace. El veterinario examina al loro a fondo y dice: «Bueno, Nasrudin, tienes un loro cachondo. Yo tengo una hembra muy dulce y joven. Por quince rupias tu pájaro puede en­trar en la jaula con el mío.»

El loro de Mulla está escuchando desde la jaula. Y Mulla dice: «Dios, no sé... ¿quince rupias?»

El loro dice: «Venga, venga, Nasrudin, ¡qué demonios!» Por fin el Mulla dice: «De acuerdo», y le da quince rupias al veterinario.

El veterinario coge el pájaro, lo mete en la jaula de la hembra y cierra la cortina. Los dos hombres se sientan a esperar. Hay un momento de silencio, y luego, de pronto: «¡Cua! ¡Cua! ¡Cua!» Hay plumas saliendo por encima de la cortina.

El veterinario dice: «¡Santo cielo!», y corre a abrir la cortina. El pájaro macho tiene a la hembra al fondo de la jaula sujeta con una garra, y con la otra le está arrancado todas las plumas, gritan­do encantado: «Por quince rupias te quiero desnuda, ¡desnuda!»

Entonces, al ver al veterinario y a su dueño, da un grito de ale­gría y dice: «¡Eh, Nasrudin! ¿no es así como tú también te lo haces con las mujeres?»

 

 

Incluso un loro puede aprender los modos humanos, puede imitar, puede volverse neurótico. Ser imitativo es ser neurótico. La única manera de conservar la cordura en el mundo es ser indivi­dual, auténticamente individual. Ser tu propio ser.

Así que lo primero que dice el tantra es que hay que purificar el cuerpo de represiones.

Segundo, hay que reavivar de nuevo los sentidos.

Siempre que puedas, relájate. Siempre que puedas, deja la men­te de lado. Ahora estás diciendo: «Eso es fácil decirlo, pero ¿cómo de­jar la mente de lado? La mente sigue y sigue.» Hay una manera.

El tantra dice: observa con tres conciencias. Conciencia núme­ro uno: deja que la mente corra, deja que esté llena de pensamien­tos; simplemente observa, sin involucrarte. No es necesario preocu­parse por la mente, sólo observa. Simplemente sé un observador, y poco a poco verás que empiezan a surgir en ti pausas de silencio. En­tonces, la conciencia número dos: cuando te des cuenta de que han empezado a surgir pausas, hazte consciente del observador. Ahora observa al observador y empezarán a surgir nuevas pausas. El obser­vador empezará a desaparecer, igual que los pensamientos. Un día, el pensador también empieza a desaparecer. Entonces surge el verda­dero silencio. Con la tercera conciencia, tanto el objeto como el su­jeto han desaparecido; has entrado en el más allá.

Cuando se consiguen estas tres cosas —el cuerpo purificado de represiones, los sentidos liberados del embotamiento, la mente li­berada del pensamiento obsesivo—, surge en ti una visión libre de toda ilusión: esa es la visión tántrica. Tantric Transformation, cap. 7.

 

 

 

 

¡No me gusto nada, especialmente mi cuerpo!

 

Tienes una idea determinada de cómo debería ser el cuerpo, y si tienes alguna idea, sufrirás. El cuerpo es como debería ser. Si tie­nes alguna idea, sufrirás, así que deja esa idea.

Este es el cuerpo que tienes; este es el cuerpo que te ha dado Dios. Úsalo... ¡disfrútalo! Y si empiezas a amarlo, verás que cambia, porque si una persona ama su cuerpo, empieza a cuidarlo, y esos cuidados lo implican todo. Entonces no lo atiborras de comida in­necesaria, porque lo cuidas. Entonces no lo matas de hambre, por­que lo cuidas. Escuchas lo que te pide, escuchas sus pistas, lo que quiere, cuando lo quiere.

Cuando lo cuidas, cuando lo amas, te armonizas con el cuerpo, y automáticamente el cuerpo se pone bien.

Si no te gusta tu cuerpo, eso creará el problema, porque en­tonces, poco a poco, te volverás indiferente al cuerpo, no lo aten­derás, porque ¿quién cuida al enemigo? No lo mirarás; lo evitarás. Dejarás de escuchar sus mensajes, y entonces lo odiarás más.

Y eres el que está creando todo el problema. El cuerpo nun­ca crea ningún problema; es la mente la que crea problemas. Es una idea de la mente. Ningún animal sufre por ninguna idea sobre su cuerpo, ningún animal... ¡ni siquiera el hipopótamo! Ninguno sufre, son muy felices porque no tienen mente que pueda crear esa idea; de otra forma, el hipopótamo pensará: «¿Por qué soy de esta forma?» No hay problema.

Abandona el ideal. Ama tu cuerpo, es tu cuerpo, es un regalo de Dios. Tienes que disfrutarlo y tienes que cuidarlo. Cuando lo cuidas, haces ejercicio, comes, duermes. Lo cuidas porque es tu instrumento, igual que el coche que limpias, al que escuchas cual­quier zumbido para ver si algo está mal, ¿eh? Te importa incluso que aparezca algún rasguño en la carrocería. Cuida también tu cuerpo y será perfectamente bello, ¡ya lo es! Es un mecanismo tan hermoso, y tan complejo, y trabaja de una manera tan eficiente que sigue funcionando durante setenta años; te sigue sirviendo. Debe­ríamos estar agradecidos al cuerpo.

Simplemente cambia de actitud y verás que en seis meses tu cuerpo habrá cambiado de forma. Es casi como cuando te enamo­ras de una mujer y ves: ella inmediatamente se vuelve bella. Puede que no cuidara de su cuerpo hasta entonces, pero cuando un hom­bre se enamora de ella, empieza a cuidarse. Pasa horas delante del espejo... ¡porque alguien la ama! Sucede lo mismo: ama tu cuerpo y verás que tu cuerpo empieza a cambiar. Es amado, lo cuidan, lo necesitan. Es un mecanismo muy delicado, la gente lo usa muy cruelmente, violentamente. ¡Cambia de actitud y verás! Hallelujah!, cap. 31

 

 

 

Soy feísima y he sufrido mucho a causa de ello. ¿Qué debo hacer?

 

La fealdad no tiene nada que ver con el cuerpo. Tampoco la be­lleza tiene mucho que ver con el cuerpo. La belleza o la fealdad del cuerpo es muy superficial; lo auténtico viene de dentro. Si te pue­des volver bella dentro, te volverás luminosa. Ha sucedido muchas veces: incluso una persona fea, cuando se vuelve meditativa, em­pieza a ser bella.

Lo he observado continuamente, año tras año. Cuando la gen­te llega aquí tiene la cara totalmente diferente. Cuando empiezan a meditar, cuando empiezan a bailar, cuando empiezan a cantar, su rostro se relaja. La tensión se disipa. Su desdicha, que se había vuelto parte de su rostro, lenta, lentamente, desaparece. Se vuel­ven relajados como niños. Sus rostros empiezan a brillar con una nueva alegría interna, se vuelven luminosos.

La belleza y la fealdad físicas no son muy importantes. Yo pue­do enseñarte a ser bella desde dentro, y esa es la verdadera belleza. Una vez que tengas esa belleza, tu forma física no importará mu­cho. Tus ojos empezarán a brillar de alegría; tu rostro tendrá res­plandor, gloria. La forma se volverá irrelevante. Cuando algo em­pieza a fluir desde tu interior, cierto encanto, entonces la forma externa se pone de lado, pierde toda importancia en comparación: no te preocupes por ella.

Medita, ama, baila, canta, celebra, y la fealdad desaparecerá. Eleva algo en ti, y lo inferior quedará olvidado, porque todo es cuestión de comparación, es relativo. Si puedes elevar algo en ti. Es como si hubiera una pequeña vela encendida en la habitación: enciende una luz más fuerte y la pequeña vela pierde toda su impor­tancia.

Trae la belleza de dentro, que es más fácil. Respecto a la otra belleza no puedo ayudarte mucho; no soy cirujano plástico. Puedes encontrar algún cirujano plástico que pueda ayudarte, pero no ser­virá de nada. Puede que tengas la nariz un poco más larga, mejor formada, pero no servirá de mucho. Si sigues siendo igual por den­tro, tu belleza externa simplemente mostrará tu fealdad interna; servirá de contraste.

Consigue la belleza interna. Unió Mystica, vol. 1, cap. 4..

 

 

Denise se sentía muy cohibida respecto a su rostro. «Soy fea —se decía a sí misma cuando se miraba al espejo—.  Mi nariz está tor­cida, mi barbilla es demasiado pequeña, mis orejas sobresalen, y tengo bolsas bajo los ojos.»

Desesperada, acudió al cirujano plástico y se hizo un lifting. Le fortalecieron la barbilla, le remodelaron la nariz, le modifica­ron las orejas, y le quitaron las bolsas de debajo de los ojos. Des­pués de un mes de sufrimientos, la pesadilla terminó por fin. Ahora podía recibir a sus amigos, pero aún se enfurruñaba consi­go misma.

Un día, su amiga Joan la miró con estupor. «No entiendo por qué estás tan triste. Ahora tienes la cara de una estrella de cine.»

«Ya lo sé —sollozó Denise—.  Pero ahora mi nueva cara no va bien con mi viejo cuerpo.» Unió Mystica, vol. 2, cap. 4.

 

 

Había una chica muy fea en la playa, y las olas dejaron una bo­tella a sus pies. La abrió, y apareció un genio enorme en una nube de humo.

«He estado prisionero en esta botella durante cinco mil años —gritó el genio—, y ahora me has liberado. Como recompensa, cum­pliré cualquier deseo que pidas.»

Contentísima, la chica fea anunció: «Quiero una figura como la de Sofía Loren, un rostro corno el de Elizabeth Taylor, y piernas como las de Ginger Rogers.»

El genio la miró atentamente y luego suspiró: «Mira, cariño, mejor vuelve a meterme en la botella.» Ecstasy, The Forgotten Langittage, cap. 3

 

 

¿Puedes decir algo sobre la vanidad?

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Las mujeres son conocidas en todo el mundo por mirarse con­tinuamente al espejo. Las más idiotas llevan también un espejo en el bolso. ¿Qué es lo que ven en el espejo? El espejo no puede refle­jar tu individualidad, para eso necesitas un maestro. El espejo sólo puede reflejar tu personalidad. No puede reflejar tu ser, tu centro, sino sólo tu circunferencia.

Y las mujeres se miran una y otra vez. Una vez es suficiente, pero ¿cómo estar segura? Dentro de ti sabes perfectamente bien que lo que se refleja no eres tú, pero quieres convencerte de que eres tú. Y sigues decorando tu personalidad, tu peinado, tu pintalabios. Es muy extraño.

Tener labios rojos por estar sana es totalmente diferente a pin­társelos con lápiz de labios. ¿A quién vas a engañar? No te puedes engañar ni a ti misma. Y esto no es sólo así para las niñas y las jó­venes. He visto a mujeres mayores, que debían estar ya en la tum­ba, todavía pintándose los labios, poniéndose pestañas postizas. Tu personalidad es tu creación... Martillando tu personalidad, yo estoy intentando llevar tu atención de tu personalidad a tu individua­lidad. From the False to the Truth, ccap. 13

 

 

 

Parece desafortunado que lai existencia tuviera que dar a las mujeres eso que llaman la menstruación todos los meses. Es una de esas cosas que sabes que lle­ga, y sabes todas las emociones y locuras que trae con­sigo. Y, sin embargo, resulta dificilísimo poder obser­var y no identificarse con ello, al menos para mí. Extrañamente, incluso los hombres parecen involu­crarse en ello cuando nos está pasando. ¿Cómo pode­mos observar algo que es una parte tan intrínseca de nuestra biología?

 

El arte de observar es el mismo estés observando algo externo o algo de tu propia biología, eso también está fuera de ti.

Ya sé que es difícil, porque estás más identificada con ello; está muy cerca. Pero el problema no es la observación, el problema es la identificación. Hay que romper esa identificación.

Cuando sientas que llega la menstruación, trata de observar, trata de ver lo que trae consigo, ira, depresión, odio, una tendencia a pelear, un deseo de dar un berrinche. Simplemente observa, y no sólo observes, di también al hombre que amas: «Me llega esto den­tro de mí. Intentaré lo mejor que pueda ser consciente, pero si me identifico, tú no necesitas involucrarte, puedes simplemente ob­servar. No tienes nada que ver con ello.»

Y el hombre puede saber que una mujer durante la menstrua­ción está en dificultades. Ella necesita tu compasión.

Y la mujer debería hacer lo mismo, porque puede que no lo se­pas, pero también el hombre tiene su período cada mes. Como no tiene una expresión física, durante siglos nadie se ha dado cuenta de que el hombre también pasa por el mismo ciclo. Tiene que ha­cerlo, porque él y ella son parte de una única totalidad. Un hombre también entra, durante cuatro o cinco días cada mes, en un aguje­ro oscuro. por lo menos puedes echarle toda la culpa a tu mens­truación. Él ni siquiera puede hacer eso, porque su menstruación es sólo emocional. Él pasa por las mismas emociones que tú. Y como no venían acompañados de una expresión física, nadie pensó en ello. Pero ahora es un hecho establecido que cada mes él pasa por la misma situación que tú. Así que él no es superior en ese sen­tido, y tú no tienes peor suerte que él.

Surge la dificultad de que cuando amas a un hombre y vives con él el tiempo suficiente, poco a poco vuestros ritmos corporales se van armonizando. De forma que cuando tú tienes tu menstrua­ción, él también tiene la suya. Eso crea el verdadero problema, los dos estáis en un agujero oscuro, los dos estáis deprimidos, los dos estáis tristes, los dos estáis desesperados. Y os echáis la culpa el uno al otro.

Así que el hombre tiene que descubrir cuándo tiene su perío­do. Y la manera de descubrirlo es escribir todos los días en un dia­rio cómo va. Y descubrirás un bloque de cinco días en los que es­tás constantemente deprimido, de mal humor, con ganas de pelea. Observando durante dos o tres meses —apuntándolo en tu diario—, llegarás a una conclusión absoluta: estos son los cinco días. Ad­vierte a tu mujer: «Estos son mis cinco días.»

Si no son los mismos que los de tu mujer, está bien, tienes suerte, porque el problema será sólo la mitad. Así, el hombre pue­de observar cuando la mujer dé berrinches y haga todo tipo de es­tupideces. Él no necesita participar, no necesita responder, no ne­cesita reaccionar. Debería tomárselo con calma y dejar que la mujer vea que se lo está tomando con calma, lo que para ella sig­nificará: «Debería ser consciente.»

Pero si estos períodos coinciden, entonces es una verdadera ca­lamidad. Pero también entonces podéis ser conscientes los dos. Tú puedes ver que también él está padeciendo su período menstrual, y no está bien tirarle más cosas al pobre hombre, y él puede com­prender que tú estás sufriendo y «Es mejor que me guarde mis his­torias para mí».

Simplemente observa.

Pronto existirá la posibilidad... En realidad eran las religiones del mundo las que han estado impidiéndolo; el período menstrual puede desaparecer, y el de la mujer más fácilmente que el del hom­bre. Si estás tomando la pildora, puede que desaparezca. Para mu­chas mujeres la pildora es algo perfecto, el período desaparece. Así que no hay nada de malo en ello; toma la pildora. Y hace sólo unos días oí que también han descubierto una pildora para el hombre, así que también él puede tomar su pildora.

 

Pero eso sólo cambiará tu situación biológica. Es más impor­tante que seas consciente. Si puedes ser consciente de la situación y no identificarte, eso será mucho más importante.

Pero la pildora eliminará tu dolor físico. Y yo estoy totalmente a favor de eso. No hay necesidad de sufrir ningún dolor físico in­necesariamente, si puede ser aliviado. Así que encuentra una pil­dora y olvídate del sufrimiento físico, biológico... Y la conciencia la puedes practicar de otras mil y una formas. No es preciso sufrir corporal, físicamente, sin necesidad. Quizá la pildora pueda aliviar tu período. Con seguridad, puede eliminar la posibilidad de que te quedes embarazada, y eso es una bendición, porque el mundo no necesita más población.

Pero, mientras tanto, prueba la conciencia. The Transmission ofthe Lamp, cap. 8.

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Cuando tengo el período siempre me vuelvo loca. La última vez rompí varias cosas en casa. ¿Por qué me siento siempre tan destructiva durante el período?

 

Sentirse salvaje no es malo, pero romper cualquier cosa no está bien. Cuando te sientas salvaje, baila una danza salvaje, pero nun­ca destruyas nada. Puede que no sea un problema —puedes romper una cazuela—, pero la idea misma de destruir es mala. Te da una ac­titud muy destructiva hacia la vida. Y la cazuela es sólo una excu­sa. En realidad te gustaría destruir cosas más valiosas, incluso re­laciones valiosas, personas valiosas... Pero no puedes destruir tanto, no puedes aguantarlo, y rompes una pobre cazuela, ¡y no te ha hecho nada!

Para muchas mujeres, los días del período son un poco des­tructivos, y la causa es muy biológica. Tienes que comprender y es­tar un poco alerta y consciente para poder elevarte un poco por en­cima de tu biología; de otra forma, estás bajo su control.

Si estás embarazada, el período cesa porque la misma energía que se ha disipado en el período comienza a ser creativa: crea el niño. Cuando no estás embarazada, la energía se acumula cada mes, y si no puede ser creativa, se vuelve destructiva. De forma que cuando una mujer tiene el período, en esos cuatro o cinco días tie­ne una actitud muy destructiva, porque no sabe qué hacer con la energía. Y la energía vibra, te acosa en el centro más profundo de tu ser, y no puedes darle una salida creativa.

Toda la energía creativa puede volverse destructiva, y toda la energía destructiva puede volverse creativa. Por ejemplo, Hitler. Al principio quería ser pintor, pero no le dejaron. No logró pasar el examen de acceso a la academia de arte. El hombre que podría ha­ber sido pintor se volvió uno de los hombres más destructivos del mundo. Con la misma energía podía haber sido un Picasso. Y una cosa es segura: tenía energía. La misma energía podría haber sido infinitamente creativa.

Normalmente, las mujeres no son destructivas. En el pasado nunca eran destructivas porque estaban continuamente embaraza­das. Nacía un niño, y en seguida estaban embarazadas de nuevo. Nacía el otro niño, y otra vez quedaban embarazadas. Durante toda su vida usaban su energía.

Ahora, por primera vez está surgiendo un nuevo peligro en el mundo, el del poder destructivo de las mujeres. Porque ahora no es necesario que estén embarazadas continuamente. De hecho, el embarazo es casi algo anticuado. Pero la energía sigue estando ahí.

Veo una profunda conexión entre los métodos de control de la natalidad y el movimiento de liberación de la mujer. Las mujeres se están volviendo destructivas y están destruyendo la vida familiar, sus relaciones. Puede que estén tratando de racionalizarlo de mu­chas formas, pero están intentando liberarse de la esclavitud. Es una fase destructiva. Tienen esa energía y no saben qué hacer con ella. Los métodos de control de la natalidad han detenido su cana­lización creativa. Si ahora no se abren algunos canales para ellas, se volverán muy destructivas. En Occidente la vida familiar casi ha desaparecido. Hay conflictos continuos, luchas constantes, peleas, y todos se tratan mal unos a otros. Y la razón de ello es —y nadie comprende cuál es la razón— un problema biológico.

Así que cuando sientas que se acerca el período, estáte más alerta, y antes de que empiece, baila como una salvaje.

Puedes trascender la naturaleza porque tienes también una na­turaleza más elevada. Uno puede trascender la biología, ¡y hay que hacerlo, porque si no, uno es esclavo de las hormonas! Así que cuando te sientas destructiva, empieza a bailar.

Lo que digo es que bailar absorberá tu energía. Ahora haces lo contrario. Dices que te gusta descansar y no hacer nada en esos días, pero haz algo —cualquier cosa, da paseos largos— porque la energía necesita salir. Cuando lo entiendas, cuando sepas que el baile te re­laja completamente, esos cuatro días del período se volverán los más bellos, porque nunca tendrás tanta energía como entonces. Hammer on the Rock, cap. 4.

 

 

 

¿Puedes decir algo sobre la menopausia de las mujeres?

En la vida de toda persona llegan momentos de cambio, y una de las cosas más importantes que hay que recordar es que cuando cambias un cierto patrón de vida, tienes que cambiar naturalmen­te. No está en tus manos.

La biología te capacita para el sexo a los trece o catorce años, no es algo que haces tú. A cierta edad, al acercarte a los cuarenta o cuarenta y dos, el propósito de la naturaleza ha terminado. Todas esas hormonas que te han estado impulsando empiezan a desapa­recer. Aceptar este cambio es muy difícil; de repente empiezas a pensar que ya no eres bella, que necesitas un lifting.

 

 

He oído hablar de una mujer que decía al cirujano plástico: «Necesito un lifting.»

El cirujano la miró y dijo: «No hay nada mal, es sólo la edad, no se preocupe. ¿Para qué pasar por todas esas molestias innecesa­riamente?» Pero la mujer seguía insistiendo, así que el doctor le dijo: «Muy bien. Pero le va a costar cinco mil dólares.»

La mujer dijo: «No tengo tanto dinero. ¿No puede aconsejarme algo más barato?»

El doctor dijo: «Sí. Se puede comprar un velo.»

 

Es uno de los problemas de Occidente. En Oriente la mujer no está preocupada, las cosas se aceptan tal como llegan. La acepta­ción ha sido el fundamento básico de la vida oriental. Occidente está continuamente imponiéndose a la naturaleza, exigiendo cómo deberían ser las cosas. Nadie quiere hacerse viejo. De forma que cuando llega el momento de la transición de una fase de la vida, su­cede un extraño fenómeno: al igual que una vela llega hasta el mis­mísimo final, y sólo le quedan unos instantes, en el último mo­mento la vela de pronto se vuelve más grande con todo su poder. Nadie se quiere ir.

Es un hecho bien sabido en la ciencia médica que en el mo­mento de la muerte la gente de pronto se pone completamente sana. Todas sus enfermedades desaparecen. Este es el último es­fuerzo de su vida, resistirse a la muerte. Sus familiares se sienten muy felices, ya que de pronto han desaparecido todas las enferme­dades, y la persona ha quedado en calma y tranquila; pero no saben que eso significa que llega la muerte. Las enfermedades han desa­parecido porque han cumplido su misión, han matado a esa perso­na. Este es el último arranque de vida.

Lo mismo sucede con todos los cambios biológicos de la vida. Cuando el sexo se está volviendo irrelevante, empiezas a pensar en el sexo más que nunca, y de pronto ¡un gran arranque! Como tan­ta sexualidad está inundando la mente de repente, la mente sólo puede comprender lógicamente, racionalmente, una cosa —¿de dónde viene esta sexualidad?—; debe venir del inconsciente repri­mido. Eso es lo que Sigmund Freud y sus seguidores han estado enseñando a todo el mundo. Tienen razón en muchas cosas. Están equivocados en muchas cosas, particularmente en lo referente a la transición, cuando ya no eres joven y tus hormonas van a desapa­recer, y el interés en el sexo va a morir. Antes de morir, explotará con toda su fuerza, y si vas a un psicoanalista, dirá que estás repri­mido sexualmente.

Yo no puedo decir eso, porque sé que esta repentina sexualidad que te abruma se irá por sí misma, tú no tienes que hacer nada. Es la señal de que la vida está atravesando un cambio. Luego, la vida será más calmada y tranquila. En realidad estás entrando en un es­tado mejor.

El sexo es un poco infantil. Según te vas volviendo más madu­ro, el sexo pierde el control que tenía sobre ti. Y eso es una buena señal. Es algo de lo que alegrarse. No es un problema que se tenga que resolver, es algo que hay que celebrar.

En Oriente ninguna mujer se preocupa nunca por la transición de la juventud a la vejez. De hecho, se siente inmensamente feliz que se vaya ese viejo demonio y la vida pueda ser ahora más tran­quila. Pero Occidente ha estado viviendo bajo muchas ilusiones. Una de ellas es que sólo hay una vida, eso crea problemas inmen­sos. Si sólo hay una vida, y el sexo está desapareciendo, estás aca­bada. Ya no hay más oportunidades; ya no habrá más emociones en la vida. Nadie te va a decir: «Eres muy guapa y te amo y te amaré siempre.»

Así que, primero, la ilusión de una sola vida crea un problema. Segundo, los psicoanalistas y otros terapeutas han creado otra ilu­sión, que sexo es sinónimo de vida. Cuanto más sexual eres, más vivo estás. De forma que cuando el sexo empieza a desaparecer, uno empieza a sentirse como un cartucho usado. La vida ya no tiene sentido; la vida termina cuando se acaba el sexo. Y entonces la gen­te prueba todo tipo de cosas rarísimas, liftings, cirugía plástica, pe­chos postizos... Es estúpido, simplemente estúpido. La gente empieza a ponerse pelucas. Empieza a ponerse ropa sexualmente provocativa.

Casi todas las mujeres occidentales están pasando hambre —lo llaman estar a dieta— porque la idea en Occidente es que una mujer es bella si no está gorda. La naturaleza tiene otra idea. La mujer tiene que estar un poco gorda, porque la mujer, para la naturaleza, es una madre. Una madre necesita grasa extra para el niño, porque cuando el niño esté en su útero necesitará comida, y cuando el niño está en el útero la madre empieza a tener náuseas, no puede empieza a tener vómitos. Necesita tener grasa de emergencia en su cuerpo para poder alimentar al niño, porque el niño ne­cesita comida; está creciendo rápidamente. La ciencia dice que en esos nueve meses en el útero de su madre el niño crece más rápi­damente que en los sesenta años de vida que le quedan. Tan rá­pidamente... en nueve meses pasa por casi toda la evolución del hombre, desde el pez, todas las fases. Sus necesidades tienen que ser satisfechas por la madre, y ella no puede comer. Te lo puedes imaginar, es problemático tener un niño en tu vientre. No creo que ningún hombre estuviese dispuesto a quedarse embarazado. ¡Se­guro que se suicidaba! Se tiraría desde un edificio de cincuenta pi­sos, «¿Embarazado? Estoy acabado.» Imagina la idea de tener un niño en tu vientre y te volverás loco. Pero ¿cómo librarse de ello? La madre pasa por un sufrimiento inmenso, un gran sacrificio.

Por eso, en Oriente no hemos creado la idea de la mujer flaca. Por supuesto, la mujer flaca parece más atractiva sexualmente, más joven. La mujer gorda parece menos interesante sexualmen­te, porque pierde sus proporciones. Su talle ya no es muy fino. Su cuerpo ha acumulado tanta grasa que nadie se siente atraído por ella. No tiene la suficiente atracción para la mente humana.

Justo el otro día alguien me trajo un libro de fotografías toma­das por un fotógrafo famoso, y en la portada hay una famosa actriz de cine. En Oriente no puede ser considerada como muy bella; debe estar a dieta, y estar a dieta no es más que el concepto de pasar ham­bre de los ricos. Los pobres pasan hambre por sí mismos; los ricos pasan hambre de manera muy costosa, bajo guía profesional.

Tienes miedo a no ser atractivo, a que la gente ya no te mire. Pasarás por la calle y nadie se volverá para mirarte: «¿Quién ha pa­sado?» Recibir atención es una gran necesidad humana, sobre todo para las mujeres. La atención nutre. Una mujer sufre inmen­samente cuando nadie le presta atención. No tiene otra cosa con la que atraer a la gente, sólo tiene su cuerpo. El hombre no le ha per­mitido desarrollar otras dimensiones, por las que podría convertir­se en una pintora, o bailarina o cantante famosa, o en una profe­sora muy culta. El hombre ha cortado todas las demás dimensiones de la vida de la mujer por las que podría ser atractiva y la gente la respetaría incluso cuando se hiciera vieja.

 

Tengo que recordaros el significado de «respeto». Significa vol­verse para mirar. Cuando pasa alguien, «respeto». No tiene nada que ver con el honor. Tiene que ver con el hecho que de pronto te das cuenta de que ha pasado algo bello.

El hombre ha dejado a la mujer con sólo el cuerpo, por eso a ella le preocupa mucho el cuerpo. Eso crea apego, posesión, miedo a que si la persona que ama la abandona quizá no encuentre a otro. Sin atención, la mujer empieza a sentirse casi muerta; ¿para qué vivir si nadie te presta atención? Ella no tiene una vida intrínseca propia. El hombre le ha enseñado que su vida depende de las opi­niones que los demás tengan sobre ella.

Puedes ver que por todo el mundo los concursos de belleza se organizan sólo para mujeres, y las mujeres ni siquiera se rebelan contra esa idea. ¿Por qué no para hombres? Igual que elegís una Miss Universo, elegid un Míster Universo. Nadie se preocupa por el cuerpo del hombre. Puede engordar, puede ponerse como Winston Churchill; atraerá la atención porque tiene poder. Feo, todo lo gor­do que se pueda imaginar, con toda la cara colgándole, ¡es él el que necesita un lifting! Pero no se preocupa. No es necesario. Puede te­ner poder, puede ser primer ministro, puede ser esto o aquello.

El hombre se las ha arreglado durante siglos para tener todas las demás dimensiones para atraer a la gente. Y sólo ha dejado una dimensión para la mujer, el cuerpo. Ha convertido a la mujer en una verdura, ¡y naturalmente la verdura empieza a preocuparse si no vienen los clientes! No es una coincidencia que en el país más pervertido sexualmente, Francia, la gente diga cuando están ena­morados de una mujer: «Quiero comerte.» ¿Es que son caníbales? ¿Es la mujer una verdura, o qué? «Quiero comerte...» ¡Muestra un gran respeto por la mujer! Cuando nadie le dice: «Quiero comer­te», ella piensa: «Estoy acabada. Mi vida ha terminado.»

Lo primero que tienes que aprender es una profunda acepta­ción de todos los cambios que la naturaleza te traiga. La juventud tiene su propia belleza, la vejez también la tiene. Puede que no sea sexual, pero si un hombre ha vivido silenciosamente, pacíficamen­te, meditativamente, entonces la vejez tendrá una grandeza propia. Al igual que las cimas cubiertas de nieve son muy bellas, los cabellos blancos de la vejez también tienen su propia belleza. No sólo belleza, sino también sabiduría, algo que ningún joven puede rei­vindicar, porque toda su conducta es estúpida. Anda corriendo tras esta mujer, corriendo tras aquella mujer... El hombre viejo ha de­jado todas esas correrías. Se ha asentado en sí mismo; ya no depende de nadie más. La mujer mayor debería seguir el mismo ca­mino. No debería haber ninguna diferencia entre los hombres y las mujeres.

El amor sucede sólo cuando has trascendido la esclavitud bio­lógica. La relación biológica es tan fea que durante siglos la gente ha decidido hacer el amor en la oscuridad, sin luz, para no ver lo que están haciendo.

Cuando la vida atraviesa un cambio biológico no sólo hay que aceptarlo, hay que regocijarse en que has pasado toda esa estupi­dez, que ahora eres libre de la esclavitud biológica. Es sólo una cuestión de condicionamiento...

Hay que aceptar la vida. Pero tu inconciencia no te deja acep­tar la vida como es, quieres otra cosa.

Es perfectamente bueno cuando desaparece el sexo. Te volverás más capaz de estar sola. Serás más capaz de ser dichosa, sin nin­gún sufrimiento, porque todo el juego del sexo no es más que un largo sufrimiento, lucha, odio, celos, envidia. No es una vida tran­quila. Y es la paz, el silencio, la dicha, la soledad, la libertad, lo que te da el sabor auténtico de lo que es la vida. The Invitation, cap. 24.

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[Se gastan billones de dólares en cirugía plástica...]

Justo hoy me han informado que en Estados Unidos se gastan billones de dólares sólo en cirugía plástica. Casi medio millón de personas al año se someten a operaciones de cirugía plástica. Al principio, la edad de ese grupo que solía tener esas operaciones era cuando una mujer —y era sólo para las mujeres— empezaba a sentirse vieja. Solía someterse a la cirugía plástica para permane­cer un poco más joven, atractiva por unos cuantos días más.

Pero una tendencia reciente es que la mayoría de las personas que acuden a la cirugía plástica en Estados Unidos son hombres, no mujeres, porque ahora son ellos los que quieren ser jóvenes un poco más tiempo. En lo profundo de sí se harán más viejos, pero su piel mostrará la tersura de un joven. Y lo más sorprendente en el informe era que incluso un muchacho de veintitrés años se había sometido a la cirugía plástica para parecer más joven. Estados Uni­dos es ciertamente el país de los lunáticos. Si incluso un chico de veintitrés años piensa que necesita parecer más joven...

Es muy feo ir en contra de la naturaleza. Es muy bello estar en armonía con la naturaleza y los dones que trae: la infancia o la ju­ventud o la vejez. Si estás listo para aceptar y tu corazón puede dar la bienvenida a lo que venga, todo lo que la naturaleza trae tiene una belleza propia.

Y tal como yo lo entiendo —y todos los sabios de Oriente me respaldan—, el hombre se vuelve realmente bello y armonioso en el punto más elevado de su edad, cuando toda la necedad de la juven­tud se ha ido; cuando toda la ignorancia de la infancia ha desapa­recido; cuando uno ha trascendido todo el mundo de experiencias mundanas y ha llegado a un punto en que puede ser un testigo desde las montañas, mientras el mundo se mueve abajo, en los va­lles oscuros y sombríos, andando a ciegas.

La idea de permanecer joven continuamente es también fea. El mundo entero debería darse cuenta de que al forzarte a ser joven, simplemente te pones más tenso. Nunca podrás relajarte.

Y si la cirugía plástica va a triunfar, volviéndose una profesión más y más grande en el mundo, verás que sucede algo extraño: to­dos empezarán a parecerse. Todos tendrán la nariz del mismo ta­maño, decidido por ordenadores; todos tendrán el mismo tipo de cara, el mismo corte. No será un mundo bello; perderá toda su va­riedad, perderá todas sus bellas diferencias.

Las gentes se volverán casi como máquinas, todos iguales, sa­liendo de la cadena de montaje, coches Ford, uno a uno. Dicen que cada minuto sale un coche de la fábrica Ford, similar al que le sigue; en una hora, sesenta coches. Esto sigue veinticuatro horas al día; los turnos de los trabajadores van cambiando, pero la cadena de montaje sigue produciendo los mismos coches.

¿Queréis que también la humanidad sea un producto aerodi­námico, montado en una fábrica, todos exactamente iguales a los demás, para que vayáis a donde vayáis encontréis a Sofía Loren? Sería muy aburrido.

Todo el mundo quiere vivir mucho tiempo, pero nadie quiere ser viejo. ¿Por qué? Por el paso siguiente. A nadie le asusta real­mente la vejez, sino que tras la vejez sólo queda la muerte y nada más. De forma que a todos les gustaría vivir el mayor tiempo posi­ble pero no hacerse viejos nunca, porque hacerse viejo significa que has entrado en el área de la muerte. En el fondo, el miedo a en­vejecer es un miedo a la muerte, y sólo los que no saben vivir tie­nen miedo a la muerte.

La juventud es una enfermedad de la que uno se va curando un poco cada día. La vejez es la cura. Has pasado toda la prueba del fuego de la vida, y has llegado al punto en que puedes ser total­mente despegado, distante, indiferente.

Pero Occidente nunca ha comprendido la belleza de la vejez. Puedo comprenderlo, pero no puedo estar de acuerdo. En Occi­dente la idea es: el problema de la vida es que hay tantas mujeres hermosas, y tan poco tiempo. Por eso nadie quiere hacerse viejo, para estirar el tiempo un poco más. Pero yo os digo: el problema sería aún peor si hubiera tanto tiempo y tan pocas mujeres. Tal como es, es un mundo perfecto. The Great Pilgrimage: From Here to Here, cap. 19.

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Te agradecería que hablases un poco del fenómeno de la vejez

Tarde o temprano todo el mundo envejece. Tenemos que com­prender la belleza de la vejez, y tenemos que comprender la libertad de la vejez. Tenemos que comprender la sabiduría de la vejez; tenemos que comprender su tremendo desapego de todas las ton­terías que se dan en la vida de la gente cuando aún es joven.

La vejez te da una altura. Si esta altura se puede unir a la me­ditación... te preguntarás: ¿por qué desperdiciaste tu juventud? ¿Por qué tus padres destruyeron tu infancia? ¿Por qué no te dieron la meditación como primer regalo, el día que naciste? Pero cuando lo comprendes, aún no es demasiado tarde. Incluso unos pocos momentos antes de la muerte, si puedes entender el significado de tu ser, tu vida no habrá sido un desperdicio.

En Oriente, la vejez ha sido respetada inmensamente. En el pa­sado se consideraba casi un acto desvergonzado: cuando tus hijos se están casando, cuando tus hijos están teniendo hijos, y tú toda­vía andas galanteando, continúas aún atado por la biología. Debe­rías elevarte; este es el momento de abandonar el terreno para que otros tontos jueguen al fútbol. Como mucho puedes ser el arbitro, pero no un jugador...

A no ser que aceptes con agradecimiento todo lo que la vida te trae, no estás comprendiendo. La infancia fue bella; la juventud tie­ne sus propias flores; la vejez tiene sus propias cimas de concien­cia. Pero el problema es que la infancia llega por sí misma; para la vejez tienes que ser muy creativo.

La vejez es tu propia creación. Puede ser un sufrimiento, pue­de ser una celebración; puede ser simplemente una desesperación y también puede ser una danza. Todo depende de lo profundamen­te listo que estés para aceptar la existencia, te traiga lo que te trai­ga. Un día te traerá también la muerte, acéptala con gratitud .  The Great Pilgrimage: From Here to Here, cap. 13.

 

 

 

¿Por qué siempre tengo miedo de ser viejo?

 

La vida, si se vive correctamente, nunca tiene miedo a la muer­te. Si has vivido tu vida, darás la bienvenida a la muerte. Será como un descanso, como dormir profundamente. Si has llegado a tu punto máximo, a tu punto culminante en la vida, entonces la muerte es un bello descanso, una bendición. Pero si no has vivido, entonces por supuesto la muerte crea miedo. Si no has vivido, en­tonces ciertamente la muerte te va a quitar el tiempo de las manos, todas las oportunidades futuras de vivir. No has vivido en el pasa­do, y no va a haber futuro: surge el miedo. El miedo no surge a cau­sa de la muerte, sino de la vida no vivida. Y a causa del miedo a la muerte, la vejez también da miedo, porque es el primer paso de la muerte. De otra forma, la vejez también es bella. Es la madura­ción de tu ser, de tu crecimiento. Si vives momento a momento, abierto a todos los desafíos que la vida te da, y usas todas las opor­tunidades que la vida te abre, y si te atreves a aventurarte en lo des­conocido a lo que la vida te llama y te invita, entonces la vejez es la madurez. De otra forma, la vejez es una enfermedad.

Desgraciadamente, mucha gente simplemente se hace mayor, se hace vieja sin que esto traiga consigo ninguna madurez. Enton­ces la vejez es una carga. Has envejecido en el cuerpo, pero tu conciencia ha permanecido juvenil. Has envejecido en el cuerpo, pero no has madurado en tu vida interior. No tienes luz interna, y la muerte cada día está más cerca. Por supuesto, temblarás y ten­drás miedo y surgirá en ti una gran angustia.

Los que viven correctamente aceptan la vejez y le dan una pro­funda bienvenida, porque la vejez simplemente dice que ahora es­tán llegando a florecer, que están llegando a la realización, que ahora podrán compartir todo lo que han alcanzado.

La vejez es tremendamente bella, y así debería ser, porque la vida entera va hacia ella; debería ser la cima. ¿Cómo va a estar la cima al principio? ¿Cómo va a estar la cima en el medio? Pero si consideras que la infancia es la cima, como piensa mucha gente, entonces, por supuesto, estarás sufriendo toda tu vida, porque ya has llegado a tu cima, ahora todo lo demás será un declive, una ba­jada. Si piensas que la juventud es la cima, como piensa mucha gente, entonces, por supuesto, después de los treinta y cinco te pondrás triste, te deprimirás, porque todos los días perderás y per­derás y perderás algo, y no ganarás nada. Perderás energía, te debilitarás, las enfermedades entrarán en tu ser, y la muerte empeza­rá a llamar a la puerta. El hogar desaparecerá y aparecerá el hospi­tal. ¿Cómo vas a estar feliz? No; pero en Oriente nunca hemos con­siderado que la infancia o la juventud son la cima. La cima espera hasta el final.

Y si la vida fluye correctamente, poco a poco alcanzas cimas más y más altas. La muerte es la cima suprema que alcanza la vida, el crescendo.

Pero ¿por qué nos estamos perdiendo la vida? ¿Por qué nos hacemos viejos y no maduramos? Algo ha ido mal en alguna par­te, en alguna parte te han puesto en el mal camino; en alguna parte has convenido en que te pusieran en el mal camino. Hay que romper ese convenio, hay que quemar ese contrato. Eso es lo que llamo sannyas: comprender que «hasta ahora he vivido de manera equivocada, he hecho concesiones, no he vivido real­mente».

Cuando erais niños pequeños hicisteis concesiones. Vendisteis vuestro ser. Por nada... Lo que habéis ganado no es nada, es pura basura. Has perdido tu alma por cosas pequeñas. Has consentido ser otro en vez de tú mismo; ahí es donde erraste el camino. Tu madre quería que fueses alguien, tu padre quería que fueses al­guien, la sociedad quería que fueses alguien; y tú lo aceptaste. Poco a poco decidiste no ser tú mismo. Y desde entonces has estado fin­giendo que eres otra persona.

No puedes madurar porque esa otra persona no puede madu­rar. Es falsa. Si llevo una máscara, la máscara no puede madurar, está muerta. Mi rostro puede madurar, pero no mi máscara. Y sólo tu máscara sigue haciéndose vieja; detrás de la máscara, escondi­do, tú no estás creciendo. Sólo puedes crecer si te aceptas a ti mis­mo, que vas a ser tú mismo, no alguna otra cosa.

El rosal ha convenido en volverse un elefante; el elefante ha convenido en volverse un rosal. El águila está preocupada, está casi a punto de ir al psiquiatra porque quiere ser perro; y el perro está en el hospital porque quiere volar como un águila. Esto es lo que le ha sucedido a la humanidad. La mayor calamidad es convenir en ser otro que el que eres: nunca podrás madurar.

Nunca puedes madurar siendo otro. Sólo puedes madurar sien­do tú mismo. Hay que abandonar los «deberías» y hay que dejar de preocuparse tanto por lo que diga la gente. ¿Qué importancia tie­ne su opinión? ¿Quiénes son ellos para opinar? Tú estás aquí para ser tú mismo, no estás aquí para cumplir lo que otras personas es­peran de ti, y eso es lo que todo el mundo está intentando hacer. Puede que tu padre esté muerto, y estás tratando de cumplir una promesa que le hiciste. Y él estuvo tratando de cumplir una pro­mesa a su propio padre, y así sucesivamente. La tontería se prolonga hasta el mismo principio.

Trata de comprender, y sé valiente. Y toma tu vida en tus pro­pias manos. De pronto notarás un gran aumento de energía. En el momento que decidas: «Voy a ser yo mismo y nada más. Sea cual sea el precio, voy a ser yo mismo», en ese mismo momento verás un gran cambio. Te sentirás lleno de vida. Sentirás una gran co­rriente de energía vibrando en ti.

A no ser que suceda eso, tendrás miedo a la vejez, porque ¿cómo vas a evitar ver el hecho de que estás perdiendo el tiempo y no estás viviendo y la vejez se acerca, y cómo vas a vivir entonces? ¿Cómo vas a evitar ver el hecho de que la muerte está ahí esperán­dote y cada día está más y más y más cerca, y aún no has vivido? Por supuesto que sentirás una angustia profunda. Así que si me preguntas qué hacer, te sugeriré lo básico Yoga: The Alpha & Omega, vol. 9, cap. 4.


 

 

 

 
Capítulo 12

 

 

La mente

 

 

 

En esencia, ¿qué significa ser masculino o femenino?

 

 

       Ser masculino o femenino es más una cuestión psicológica que fisiológica. Uno puede ser masculino fisiológicamente y no ser­lo psicológicamente, y viceversa. Hay mujeres agresivas —y desgra­ciadamente cada vez hay más en el mundo—, mujeres muy agresi­vas. Todo el movimiento de liberación de la mujer se basa en la mente de estas mujeres agresivas. Cuando una mujer es agresiva no es femenina.

Juana de Arco no es una mujer y Jesucristo sí lo es. Psicológi­camente, Juana de Arco es un hombre; básicamente, su enfoque es el de la agresión. Jesucristo no es agresivo en absoluto. Él dice: «Si alguien te golpea en una mejilla, vuélvele la otra. Ofrécele la otra mejilla también.» Eso es la no agresividad psicológica. Jesús dice: «No os resistáis al mal.» ¡Ni siquiera al mal hay que resistirse! La no resistencia es la esencia del encanto femenino...

La ciencia es masculina, la religión es femenina. La ciencia es esforzarse por conquistar la naturaleza; la religión es soltar­se, disolverse en la naturaleza. La mujer sabe cómo disolverse, cómo fundirse. Y todo buscador de la verdad tiene que saber cómo disolverse en la naturaleza, cómo hacerse uno con la naturaleza, cómo fluir con ella, sin resistirse, sin luchar... Según te vas ha­ciendo más y más meditativo, tus energías se vuelven no agre­sivas. Tu violencia desaparece; surge el amor. Ya no estás inte­resado en dominar; por el contrario, cada vez te intriga más el

arte de entregarte. Esa es la esencia de la psicología femenina.

Comprender la psicología femenina es comprender la psicolo­gía religiosa. Eso aún no se ha intentado, y todo lo que existe en nombre de la psicología es psicología masculina. Por eso conti­núan estudiando a las ratas, y mediante las ratas toman conclusio­nes acerca del hombre.

Si quieres estudiar la psicología femenina, el mejor ejemplo te lo proporcionarán los místicos, los ejemplos más puros serán los místicos. Tendrás que estudiar a Basho, Rinzai, Buda, Jesús, Lao Tse. Tendrás que estudiar a estas personas, porque sólo compren­diéndolas serás capaz de comprender la cima, el crescendo más ele­vado de la expresión femenina Dhammapada, vol. 7, cap. 20..

 

 

¿Cuál es la diferencia entre la mente femenina y la mente masculina?

 

La investigación moderna ha llegado a un hecho muy impor­tante, uno de los más significativos alcanzados este siglo, y es que no tienes una mente, sino dos. Tu cerebro está dividido en dos he­misferios: el derecho y el izquierdo. El hemisferio derecho está li­gado a la mano izquierda, y el hemisferio izquierdo está ligado a la mano derecha, en cruz.

El hemisferio derecho es intuitivo, ilógico, irracional, poético, platónico, imaginativo, romántico, mítico, religioso; y el hemisfe­rio izquierdo es lógico, racional, matemático, aristotélico, científi­co, calculador.

Estos dos hemisferios están constantemente en conflicto. La base de la política del mundo está dentro de ti, la mayor política del mundo está en tu interior. Puede que no te des cuenta, pero una vez que te das cuenta, lo que realmente hay que hacer hay que ha­cerlo entre estas dos mentes.

La mano izquierda está ligada al hemisferio derecho —la intuición, la imaginación, el mito, la poesía, la religión—, y la mano iz­quierda está muy condenada. La sociedad es de los que usan la mano derecha, mano derecha quiere decir hemisferio izquierdo. El diez por ciento de los niños nacen zurdos, pero se les fuerza a usar la mano derecha. Los niños que nacen zurdos son básicamente irracionales, intuitivos, no matemáticos, no euclidianos... son peli­grosos para la sociedad, así que se los fuerza por todos los medios a que utilicen la mano derecha. No es sólo una cuestión de manos, es una cuestión de política interna: el niño zurdo funciona a través del hemisferio derecho, la sociedad no puede permitirlo, es peli­groso, así que hay que pararlo antes de que las cosas vayan dema­siado lejos.

Se sospecha que al principio la proporción debe haber sido de mitad y mitad, el 50 por 100 de los niños, zurdos, y el otro 50 por 100, diestros; pero el partido de la mano derecha ha dominado du­rante tanto tiempo que, poco a poco, la proporción ha decaído has­ta ser de 10 y 90 por 100. Incluso aquí entre vosotros habrá zur­dos, pero puede que no os deis cuenta de ello. Puede que escribas y trabajes con la mano derecha, pero puede que en tu infancia te hayan obligado a hacerlo así. Esto es un truco, porque en cuanto usas primordialmente la mano derecha, tu hemisferio izquierdo empieza a funcionar. El hemisferio izquierdo es la razón; el he­misferio derecho está más allá de la razón, su funcionamiento no es matemático. Funciona en destellos, es intuitivo, muy fascinan­te, pero irracional.

La minoría zurda es la minoría más oprimida del mundo, in­cluso más que los negros, incluso más que los pobres. Si com­prendes esta división, comprenderás muchas cosas. Con la bur­guesía y el proletariado, el proletariado funciona siempre a través del hemisferio derecho del cerebro: los pobres son más intuitivos. Si vas a la gente primitiva verás que son más intuitivos. Cuanto más pobre es una persona, menos intelectual es, y puede que esta sea la causa de su pobreza. Al ser menos intelectual, no puede competir en el mundo de la razón. Es menos articulado en lo re­ferente al lenguaje, a la razón, al cálculo, es casi un tonto. Puede que esta sea la causa de su pobreza. La persona rica funciona a tra

vés del hemisferio izquierdo; es más calculadora, aritmética en todo, astuta, lista, lógica, y planifica. Puede que por eso sea rica.

Esto mismo es aplicable a los hombres y las mujeres. Las mu­jeres son personas del hemisferio derecho, los hombres son del he­misferio izquierdo. Los hombres han dominado a las mujeres du­rante siglos. Ahora algunas mujeres se están rebelando, pero lo asombroso es que son el mismo tipo de mujeres. De hecho, son como hombres, racionales, argumentativas, aristotélicas. Es posi­ble que un día, de la misma forma que la revolución comunista triunfó en Rusia y en China, en alguna parte, quizá en Estados Uni­dos, las mujeres puedan triunfar y derrocar al hombre. Pero para cuando las mujeres triunfen, las mujeres ya no serán mujeres, se habrán vuelto personas del hemisferio izquierdo. Porque para lu­char hay que ser calculador, y para luchar con los hombres tienes que ser como los hombres: agresiva. Esa misma agresividad se ve por todas partes en el movimiento de liberación de la mujer.

Las mujeres que pertenecen al movimiento de liberación son muy agresivas, están perdiendo todo su encanto, todo lo que surge de la intuición. Porque si tienes que luchar con los hombres, tie­nes que aprender el mismo truco; si tienes que luchar con los hombres, tienes que luchar con las mismas tácticas. Luchar con al­guien es muy peligroso, porque te vuelves como tu enemigo. Este es uno de los mayores problemas de la humanidad. En cuanto lu­chas con alguien, poco a poco tienes que utilizar la misma táctica y la misma manera. Puede que entonces derrotes al enemigo, pero para cuando lo derrotas ya te has vuelto como él... Sólo cambia lo superficial, en el fondo persiste el mismo conflicto.

El conflicto está en el hombre. A no ser que se resuelva ahí, no se puede resolver en ninguna otra parte. La política está en tu in­terior; es entre las dos partes de la mente.

Existe un puente muy pequeño. Si ese puente se rompe por al­gún accidente, por algún defecto fisiológico o alguna otra causa, la persona queda dividida, la persona se vuelve dos personas, y se da el fenómeno de la esquizofrenia o la doble personalidad. Si se rom­pe el puente —y el puente es muy frágil—, entonces te vuelves dos, te comportas como dos personas. Por la mañana eres muy amoro

so, muy encantador; por la tarde estás muy enfadado, absoluta­mente diferente. No te acuerdas de la mañana... ¿cómo te vas a acordar? Estaba funcionando otra mente, y la persona se vuelve dos personas. Si este puente se fortalece tanto que las dos mentes de­saparezcan como separadas y se vuelvan una, entonces surge la in­tegración, la cristalización. Lo que George Gurdjieff llamaba la «cristalización del ser» no es otra cosa que las dos mentes hacién­dose una, el encuentro de lo masculino y lo femenino en tu inte­rior, el encuentro del yin y el yang, el encuentro de la derecha y la izquierda, el encuentro de lo lógico y lo ilógico, el encuentro de Aristóteles y Platón.

Si puedes entender esta bifurcación básica, entonces puedes comprender todo el conflicto a tu alrededor y dentro de ti.

La mente femenina tiene encanto, la mente masculina tiene eficacia. Y, por supuesto, a la larga, si hay una lucha continua, el encanto perderá, la mente eficiente ganará, porque el mundo com­prende el lenguaje de las matemáticas, no el del amor. Pero en el momento en que tu eficacia triunfa sobre tu encanto, has perdido algo tremendamente valioso: has perdido el contacto con tu propio ser. Puede que te vuelvas muy eficiente, pero ya no serás una per­sona verdadera. Te volverás una máquina, una especie de robot.

A causa de esto hay un conflicto continuo entre el hombre y la mujer. No pueden permanecer separados, tienen que entrar en re­lación una y otra vez, pero tampoco pueden permanecer juntos. La lucha no es externa, la lucha está dentro de ti. Y este es mi enten­dimiento: a no ser que soluciones tu conflicto interno entre el he­misferio derecho y el izquierdo, nunca podrás amar pacíficamente —nunca— porque la lucha interna se reflejará en el exterior. Si estás luchando por dentro, y te identificas con el hemisferio izquierdo, el hemisferio de la razón, y continuamente estás tratando de do­minar al hemisferio derecho, intentarás hacer lo mismo con la mu­jer de la que te enamores. Si la mujer por dentro está continua­mente luchando con su propia razón, luchará continuamente con el hombre al que ama.

Todas las relaciones —casi todas, las excepciones son insignifi­cantes, podemos no tomarlas en cuenta— son feas. Al principio son

bellas; al principio no muestras la realidad; al principio finges. Una vez que la relación se asienta y te relajas, tu conflicto interno emerge y empieza a estar reflejado en tu relación. Entonces llegan las peleas, entonces aparecen mil y una formas de regañaros, de destruiros el uno al otro. De ahí la atracción de la homosexualidad.

Siempre que una sociedad queda demasiado dividida entre hombre y mujer, la homosexualidad surge inmediatamente. Por­que al menos un hombre enamorado de un hombre no es un con­flicto tan grande. Puede que la relación amorosa no sea tan satis­factoria, puede que no conduzca a la misma dicha tremenda y a los mismos momentos orgásmiscos, pero al menos no es tan fea como la relación entre un hombre y una mujer. Las mujeres se vuelven lesbianas cuando el conflicto se vuelve excesivo, porque al menos la relación amorosa entre dos mujeres no está tan profundamente en conflicto. Lo similar se junta con lo similar; pueden compren­derse mutuamente. Sí, es posible la comprensión, pero la atracción se pierde, la polaridad se pierde, el precio es muy grande. La com­prensión es posible, pero se pierde toda la tensión, el desafío. Si eli­ges el desafío, entonces llega el conflicto, porque el problema au­téntico está dentro de ti. A no ser que lo resuelvas, que alcances una armonía profunda entre tu mente femenina y tu mente mas­culina, no podrás amar...

Esta es toda la dificultad de la mente moderna: poco a poco, to­das las relaciones se están volviendo superficiales. La gente tiene miedo de cualquier tipo de compromiso, porque han aprendido al menos una cosa de la experiencia amarga: cuando te relacionas profundamente, aparece la realidad, y tu conflicto interno empieza a ser reflejado por tu pareja, y la vida se vuelve fea, horrible, in­tolerable...

Cuando no la tienes, una relación te puede parecer un bello oa­sis en el desierto, pero según te vas acercando, el oasis empieza a secarse y a desaparecer. Una vez que estás atrapado en ella, es un encarcelamiento, pero recuerda, el encarcelamiento no viene del otro, sino de dentro de ti.

Si el hemisferio izquierdo continúa dominándote, tendrás mu­cho éxito en la vida, tanto que, para cuando llegues a los cuarenta,

LA MENTE

tendrás úlceras. Para cuando llegues a los cuarenta y cinco habrás tenido al menos uno o dos ataques al corazón. Para cuando llegues a los cincuenta estarás casi muerto, pero muerto con éxito. Puede que seas un gran científico, pero nunca serás un gran ser. Puede que acumules suficiente riqueza, pero perderás todo lo que tiene valor. Puede que conquistes el mundo entero, como Alejandro Magno, pero tu propio territorio interno seguirá sin conquistar.

Hay muchas cosas que hacen atractivo seguir al cerebro del he­misferio izquierdo, que es el cerebro mundano. Está más interesa­do en las cosas: coches, dinero, casas, poder, prestigio. Esta es la orientación del hombre que en la India llamamos un grustha, un propietario.

El cerebro del hemisferio derecho es la orientación del sannyasin, alguien que está más interesado en su propio ser interno, su paz interna, su dicha, y está menos involucrado con las cosas. Si le llegan con facilidad, bien; si no llegan, eso también está bien. Está más interesado en el momento, menos interesado en el futu­ro; más interesado en la poesía de la vida, menos interesado en su aritmética...

 

Hay una manera de seguir la vida a través de la aritmética y otra manera de seguir la vida a través del sueño, a través de sueños y visiones. Son totalmente diferentes. Justo el otro día alguien preguntó: «¿Existen los fantasmas, las hadas, y cosas así?» Sí, exis­ten, si te guías por el cerebro del hemisferio derecho, existen. Si te guías por el cerebro del hemisferio izquierdo, no existen.

Todos los niños se guían por el hemisferio derecho. Ven fan­tasmas y hadas por todas partes, pero les habláis continuamente y los ponéis en su sitio y les decís: «Tonterías. Eres estúpido. ¿Dón­de está el hada? No hay nada, es sólo una sombra.» Poco a poco convencéis al niño, al niño desvalido. Poco a poco lo convencéis, y pasa de una orientación del hemisferio derecho a la orientación del hemisferio izquierdo; no le queda más remedio. Tiene que vivir en vuestro mundo. Tiene que olvidar sus sueños, tiene que olvidar to­dos los mitos, tiene que olvidar toda la poesía, tiene que aprender matemáticas. Por supuesto, se vuelve eficiente en matemáticas, y se vuelve casi lisiado y paralítico en la vida. La existencia se va

alejando más y más, y él se vuelve una mercancía en el mercado, su vida entera se vuelve basura... aunque, por supuesto, valiosa a los ojos del mundo.

Un sannyasin es alguien que vive mediante la imaginación, que vive por medio de la cualidad soñadora de la mente, que vive a través de la poesía, que poetiza sobre la vida, que ve a través de vi­siones. Entonces, los árboles son más verdes que lo que a ti te pa­recen, los pájaros son más bellos, todo adquiere una cualidad lu­minosa. Las piedras corrientes se vuelven diamantes; las rocas corrientes ya no son corrientes, nada es corriente. Si lo miras por el hemisferio derecho, todo se vuelve divino, sagrado. La religión es del hemisferio derecho.

 

 

Había un hombre en una cafetería tomando té con un amigo. Observó su taza y dijo con un suspiro: «Ah, amigo mío, la vida es como una taza de té.»

El otro pensó por un momento y luego dijo: «Pero ¿por qué? ¿Por qué es la vida como una taza de té?»

El primer hombre respondió: «¿Cómo voy a saberlo? ¿Te crees que soy filósofo?»

 

El cerebro del hemisferio derecho sólo hace afirmaciones sobre los hechos, no puede darte razones. Si preguntas: «¿Por qué?», permanecerá en silencio, no te da ninguna respuesta. Si vas an­dando y ves una flor de loto y dices: «¡Qué bonita!», y alguien dice: «¿Por qué?», ¿qué harás? Dirás: «¿Cómo voy a saberlo? ¿Te crees que soy filósofo?» Es una afirmación sencilla, una afirmación muy sencilla, total en sí misma, completa. No hay ninguna razón tras ella y ningún resultado más allá de ella, es una simple exposición de un hecho... El hemisferio derecho es el hemisferio de la poesía y el amor. Es necesario un gran cambio; ese cambio es la transfor­mación interna. Ancient Music in the Fines, cap. 1.

 

 

 

¿Podrías hablar algo más de las cualidades de la men­te femenina?

 

La mente femenina tiene las dos cualidades, la negativa y la po­sitiva. La positiva es el amor, la negativa son los celos; la positiva es compartir, la negativa es la posesión; la positiva es la espera, la ne­gativa es el letargo, porque la espera puede parecer una espera y puede que no lo sea, puede que sea un simple letargo.

Y lo mismo sucede con la mente masculina: la mente masculi­na tiene una cualidad positiva, que indaga, busca, y una cualidad negativa, que siempre duda. ¿Cómo vas a indagar sin dudar? En­tonces has elegido la positiva. Pero también puedes ser un hombre dubitativo que no indaga, sólo se sienta y duda.

Otra cualidad positiva del hombre es que siempre está buscan­do el descanso, y una cualidad negativa: es inquieto, impaciente. Simplemente porque es inquieto, no es necesario que se identifi­que con su inquietud. Puedes usar tu inquietud como un trampo­lín para lograr un reposo relajante. Tienes una energía, un gran impulso de hacer algo, puedes usar ese impulso para no ponerte en acción, para ser un meditador.

Hay que usar lo negativo en servicio de lo positivo, y todo tie­ne ambos lados. Siempre que hay una cualidad positiva, a su lado existe la negativa. Si prestas demasiada atención a la negativa, errarás; presta mucha atención a la positiva y llegarás.

 

Hombre o mujer, ambos tienen que hacer eso. Entonces suce­de el fenómeno más bello del mundo. Ese fenómeno es una perso­na indivisible, única, una unidad, un cosmos interno; una sinfonía en la que todas las notas se ayudan entre sí, no son sólo un ruido, sino que dan ritmo, color, a la totalidad. Hacen la totalidad, crean la totalidad, no van en contra de la totalidad, ya no son fragmen­tos, han alcanzado una unidad. The Mustard Seed: My Most Loved Cospel on Jesús, cap. 18.

 

 

¿Quién es más estúpido, el hombre o la mujer?

 

 Te contaré una anécdota:

Un hombre le dijo a su mujer: «¿Por qué Dios hizo tan bellas a las mujeres?» La mujer respondió: «Para que los hombres os po­dáis enamorar de nosotras.»

Entonces el hombre dijo: «¿Y por qué os hizo tan estúpidas?» Y la mujer dijo: «Para que nosotras también podamos enamorar­nos de vosotros.»

Pero, en realidad, la estupidez no tiene sexo. Aparece en todos los tipos y formas y tallas.  Take It Easy, vol. 2 cap. 4.

 

 

 

 

¿Son las mujeres más valientes que los hombres?

 

Desde luego que sí. Los hombres simplemente se sienten ce­losos... nada valientes. La mujer es más amorosa porque no vive guiada por la lógica, la razón, sino por la pura emoción y el co­razón.

El camino del corazón es bello pero peligroso. El camino de la mente es vulgar pero seguro. El hombre ha elegido el modo de vida que le parece más seguro y más práctico. La mujer ha elegido el más bello, pero el más montañoso, el sendero peligroso de las emo­ciones, los sentimientos, los humores. Y como hasta ahora el mun­do ha estado dominado por los hombres, la mujer ha sufrido in­mensamente. Ella no ha podido encajar en la sociedad que ha creado el hombre, porque la sociedad está creada según la razón y la lógica.

La mujer quiere un mundo del corazón.

En la sociedad creada por el hombre no hay lugar para el cora­zón. El hombre tiene que aprender a tener más corazón, porque la

razón ha conducido a toda la humanidad hacia un suicidio global. La razón ha destruido la armonía de la naturaleza, la ecología. La razón ha dado bellas máquinas, pero ha destruido a la bella huma­nidad. Es necesario un poco más corazón en todo.

Por lo que a mí respecta, el camino a tu ser más interno está más cerca del corazón que de la mente. La mente es un atajo si vas hacia fuera, y el corazón es un camino muy largo. Si vas hacia den­tro, es justo lo contrario, el corazón es un atajo al ser, y la mente es el más largo camino imaginable.

Por eso estoy totalmente a favor del amor, porque desde el amor es muy fácil llevarte a la meditación, llevarte a la eternidad de tu vida, llevarte a tu propia divinidad; desde la cabeza es muy di­fícil. Primero el hombre tiene que ir al corazón, y sólo entonces puede ir hacia el ser.

Mi énfasis en el amor tiene un motivo espiritual básico. La mu­jer puede funcionar desde el corazón inmediatamente, y el hombre puede avanzar hacia el corazón sin ninguna dificultad. Es sólo que le han educado mal; es sólo una cuestión de condicionamiento. Le han dicho que sea duro, que sea fuerte, que sea viril, y todas esas tonterías. Ningún hombre llora y deja fluir su tristeza o su alegría mediante las lágrimas porque desde que era un niño le han dicho que las lágrimas son para las mujeres, que es de niñas. Los hom­bres no lloran.

Si observas la naturaleza, todo esto parece absurdo. Si fuera así, si esa fuera la intención de la naturaleza, entonces hubiera he­cho los ojos del hombre de manera diferente, no tendrían glándu­las lagrimales. Pero tienen lagrimales como las mujeres.

¿Para qué sirven esas lágrimas? Son necesarias; son un len­guaje tremendamente significativo. Hay momentos en que no pue­des hablar, pero tus lágrimas pueden mostrar lo que sientes. Pue­de que te sientas tan lleno de alegría que las lágrimas asomen a tus ojos. Las lágrimas son siempre el símbolo de una experiencia des­bordante. Puede que estés tan triste que las palabras no puedan expresarlo; las lágrimas te ayudan. Es una de las razones por las que las mujeres se vuelven menos locas que los hombres, porque están dispuestas a llorar y gemir y a exteriorizar las cosas en cual

quier momento; se vuelven locas temporalmente todos los días.

El hombre va acumulando, y luego un día explota, al por ma­yor. Las mujeres se vuelven locas al por menor, y eso es mucho más sabio, ventilarlo cada día. ¿Para qué acumular?

Los hombres se suicidan más que las mujeres. Es muy extraño. Las mujeres hablan de suicidarse más que los hombres, pero no lo hacen. Los hombres nunca hablan de suicidarse, pero lo hacen más; en proporción doble. El hombre va reprimiendo, continúa manteniendo un cierto rostro que es falso. Pero todo tiene un lí­mite: llega un punto en que no puede aguantarlo más y todo cae en pedazos.

Hay que enseñar al hombre a estar más en el corazón, porque el camino hacia el ser sale del corazón. No puedes esquivar el co­razón. La mujer está en una posición mejor, puede ir directamen­te hacia el ser desde el corazón. Pero en vez de reconocer esta cua­lidad inmensa en las mujeres, el hombre ha criticado y condenado a las mujeres. Quizá haya un motivo; quizá se daba cuenta de cier­ta superioridad de la mujer, la superioridad del amor. Ninguna ló­gica puede ser más elevada que el amor, y ninguna mente puede ser más elevada que el corazón. Pero la mente puede ser muy asesina; la mente puede ser muy violenta, y eso es lo que la mente ha he­cho durante siglos.

El hombre ha estado pegando a las mujeres, reprimiendo a las mujeres, condenando a las mujeres. Y al no saber que condenar a las mujeres, reprimir a las mujeres las está haciendo inferiores, la mitad de la humanidad se ve privada de elevar su conciencia. Y tú también te ves privado, porque también tú podrías haber aprendi­do de esa mitad del Universo el arte de elevarte. Tú también podrías haber seguido el mismo camino, el mismo sendero. Por eso digo siempre que la liberación de las mujeres es también la liberación del hombre. De hecho, esa liberación es más la del hombre que la de las mujeres mismas.

Sí, las mujeres tienen más amor, pero también deberían darse cuenta del otro lado de la moneda. El hombre tiene lógica. El otro lado puede ser ilógico. No es peligroso, es sólo un error; se puede co­rregir. Por eso dije que el camino del corazón es bello pero peligroso.

El otro lado del amor es el odio; el otro lado del amor son los celos. De forma que si una mujer queda atrapada en el odio y los celos, toda la belleza del amor muere y ella se queda con sólo veneno en sus manos. Se envenenará a sí misma y envenenará a to­dos los que la rodean.

Para ser amoroso hay que estar más alerta, porque puedes caer en la cuneta del odio, que está muy cerca. Toda cima de amor está muy cerca; el valle oscuro del odio rodea la cima por todas partes, te puedes resbalar muy fácilmente.

Quizá sea esta la razón por la que muchas mujeres deciden no amar. Quizá sea esta la razón por la que el hombre ha decidido vi­vir en la cabeza y olvidarse completamente del corazón... porque el corazón es tan sensible, se siente herido con facilidad, sus humo­res cambian como el tiempo.

Quien quiera realmente aprender el arte del amor tiene que re­cordar todas estas cosas, tiene que tener cuidado de que su amor no caiga en todas estas zanjas del odio, los celos; de otra forma será imposible ir al ser, más imposible que desde la cabeza.

La mujer tiene que dejar los celos, tiene que dejar el odio. El hombre tiene que dejar la lógica y ser un poco más amoroso.

Se puede usar la lógica; es práctica. Es útil en el trabajo cien­tífico, pero no en las relaciones humanas. El hombre tiene que te­ner cuidado para que la lógica no se convierta en su único camino, para que sea tan sólo un instrumento que se usa y se pone de lado. La mujer tiene que ser consciente de no caer en el odio, en los ce­los, en la ira, porque esas cosas destruirán su tesoro más preciado, el amor. Y ambos tienen que profundizar más en el amor; cuanto más profundicen en el amor, más cerca estarán del ser.

El ser no está muy lejos; es la parte más profunda del amor, un amor que es absolutamente puro, incondicional. Un amor que es absolutamente consciente, alerta, inmediatamente se convierte en una tremenda revolución: abre las puertas al santuario más pro­fundo del ser.

Llegar a tu centro mismo es conseguir todo lo que la vida pue­de darte, toda la fragancia, toda la belleza, toda la alegría, todas las bendiciones...

Desde luego que las mujeres son más valientes. En todas las culturas de todo el mundo, es la mujer la que deja a su familia y se suma a la familia del marido. Deja a su madre, a su padre, a sus ami­gos, su pueblo, todo lo que ha amado, todo con lo que ha crecido; sacrifica todo eso por amor. El hombre no sería capaz de hacerlo.

En realidad, como el hombre ha estado pretendiendo ser supe­rior, debería haberlo hecho; debería haber ido a casa de la chica en vez de llevar a la mujer a su propia casa. Pero en ninguna cultura, en ninguna sociedad a lo largo de la historia, el hombre ha dado ese paso, abandonar a su familia, su terreno, su ambiente, sacrificarlo todo y hacerse parte de un ambiente totalmente nuevo, una nueva tierra, volver a plantarse en un nuevo jardín, en un nuevo terreno, y florecer allí. La mujer lo ha hecho, y lo ha hecho con elegancia.

Desde luego que ella es más valiente.

En el amor, y en las diferentes fases... Ella ama como una ma­dre, lo que ningún padre puede hacer; ama como esposa, lo que ningún marido puede hacer. Incluso cuando es una niña pequeña ama como hija, lo que ningún chico puede hacer.

La vida entera de una mujer es amor.

Para el hombre, la vida es algo grande. El amor es sólo una pe­queña parte de ella. Él puede sacrificar el amor por dinero, por po­der, por prestigio, puede sacrificar el amor por cualquier cosa. La mujer no puede sacrificar el amor por nada; todo está por debajo del amor. Todo se puede sacrificar menos el amor. Indudablemente, ella es valiente, y el hombre debería aprender mucho de las mujeres.

Si hacemos que nuestras relaciones sean un proceso de aprendizaje para sentir a la otra persona —no sólo una relación se­xual superficial, sino un aprendizaje profundo, íntimo, de los misterios del otro—, entonces toda relación se vuelve un fenóme­no espiritual. Las dos personas se enriquecerán y, como resulta­do, también toda la sociedad. Sócrates Poisoned Again After 25 Centuries, cap. 21.

 

 

 

¿Por qué las mujeres no se han liberado todavía?

 

Una de las razones por las que las mujeres no se han liberado todavía es que no pueden formar una fuerza juntas: se compadecen del hombre; su compasión no se dirige a las demás mujeres. Con las demás mujeres tienen una relación de celos, a ver si tienen ropa mejor, si tienen mejores accesorios, si tienen un buen coche, si tie­nen una casa mejor. Su única relación con otras mujeres es una re­lación de celos.

Pero si toda mujer está celosa de las demás mujeres, natural­mente esta es una de las causas de su esclavitud. No pueden formar una fuerza juntas; de otra forma, constituyen la mitad de la gente del mundo, podrían habérselas arreglado para liberarse hace mu­cho tiempo. En cualquier momento que quisieran liberarse no ha­bría nada para impedírselo. Ellas son sus propios enemigos.

Una cosa que toda mujer debe recordar es que el hombre os ha dividido de una manera tan astuta que nunca podéis formar una fuerza. Estáis celosas unas de otras; no sentís ninguna com­pasión las unas por las otras. Preferís sentirla por los hombres, ¡menos por vuestro marido, por supuesto! Tiene que ser el mari­do de otra.  Joshu: The Lion's Roar, cap. 2.

 

 

 

 

¿Qué son los celos y por qué duelen tanto?

 

Los celos son una de las áreas más predominantes de la igno­rancia psicológica sobre uno mismo, sobre los demás y, especial­mente, sobre la relación.

La gente piensa que sabe lo que es el amor, pero no lo sabe. Y sus ideas erróneas sobre el amor crean los celos. Con la palabra «amor» la gente quiere decir un cierto tipo de monopolio, una po­sesión, sin comprender un hecho simple de la vida: que en el mo­mento que posees a un ser vivo, lo has matado.

La vida no se puede poseer. No puedes meterla en tu puño. Si quieres tenerla, tienes que mantener las manos abiertas.

Pero esto ha ido mal durante siglos; se ha arraigado tanto en nosotros que no podemos separar el amor de los celos. Se han vuel­to casi una misma energía. Por ejemplo, te sientes celosa si tu amante va con otra mujer. Te molesta mucho, pero me gustaría de­cirte que si no te sintieras celosa te molestaría mucho más, enton­ces pensarías que no le amas, porque si le amaras deberías sentir­te celosa.

Los celos y el amor se han mezclado muchísimo. En realidad, son polos opuestos. Una mente que puede estar celosa no puede ser amo­rosa, y viceversa: una mente que es amorosa no puede estar celosa. Sermnm; in Stones. cao. 13.

 

 

 

Hace unos pocos días logré enfrentarme a mi demonio número uno: los celos. Entré en ellos totalmente, y el resultado fue que me sentí eufórica y muy agradecida y llena de energía. ¿Qué es lo que he aprendido de esta experiencia, y cómo debo usarla para que los celos no vuelvan a dominarme?

 

Ha sido una experiencia muy significativa para ti, una de las ex­periencias clave que pueden ayudar a que uno cambie totalmente su energía.

George Gurdjieff solía buscar en primer término en sus discí­pulos la característica que era su enemigo número uno, porque su enemigo número uno contiene la llave que, o puede destruirlos si no lo entienden, o puede producir una transformación.

Tú te has enfrentado a los celos. Los celos son uno de los ele­mentos más peligrosos de la conciencia humana, especialmente en la mente femenina. Enfrentarte a tu enemigo número uno sin ocultarlo, sin encubrirlo, sin tratar de interpretarlo favorablemen­te —que tienes razón, que es una situación tal que por supuesto tienes que estar celosa—, sin contentarte de ninguna manera con ex­plicaciones de que los celos estaban bien.

Si te contentas diciéndote que están bien, seguirán ahí y se harán más fuertes; entonces no sentirías la energía que sientes ahora, esta energía la habrían absorbido los celos, hubiera perma­necido contenida por los celos, y hubiera seguido buscando un mo­mento en que poder explotar, buscando alguna excusa. Pero te en­frentaste a ellos como un hecho, que tienes celos... y lo aceptaste: que es algo que tiene que ver contigo, no con nadie más, que na­die más en todo el mundo es responsable de ellos.

Todo lo demás son excusas para protegerlos.

Has hecho un buen trabajo, y el resultado es que al simple­mente observar, los celos desaparecieron.

Eso es lo que os he estado diciendo continuamente durante años, que no hay que hacer nada; simplemente enfrentarse a un problema igual que un espejo refleja algo, sin juicios.

Y como era tu enemigo número uno, contenía mucha energía. Ahora se ha ido, y la energía está libre. Por eso te sientes más lle­na de vida, más amorosa, más sensual. Has hecho un trabajo per­fecto con tus celos. Ahora la energía se ha liberado. Has estado lu­chando con los celos durante años. Ahora has encontrado la clave.

La próxima vez que lleguen los celos, cógelos inmediatamente; y lo mismo que has hecho con tu enemigo número uno puedes ha­cerlo con todos los enemigos que llegan a tu mente. Son enemigos más pequeños, desaparecerán incluso antes, no tienen tanta energía.

Pero cuando se libera energía, surgirá el problema: qué hacer con esta energía. Hasta ahora la usaban, la chupaban los celos. Ahora está en todo tu cuerpo. Te sientes más sensual, te sientes más amorosa.

Exprésala, baila, canta, ama, haz cualquier cosa que se te ocurra8

The Transmission ofthe Lamo. cao. 17.

 

 

 

Por favor, habíanos de la posesión

 

No puedes hacer nada peor que esto: reducir a un ser a la cate­goría de una cosa. Y eso es lo que hace la posesión. Sólo las cosas se pueden poseer. Puedes estar en comunión con un ser. Puedes compartir tu amor, tu poesía, tu belleza, tu cuerpo, tu mente. Pue­des compartir, pero no puedes hacer negocios. No puedes regatear. No puedes poseer a un hombre o a una mujer. Pero todo el mundo está intentando hacer eso por toda la Tierra.

El resultado es este manicomio que llamamos planeta Tierra. Intentas poseer, algo naturalmente imposible, que no puede suce­der por la naturaleza misma de las cosas. Entonces sufres. Cuanto más intentas poseer a una persona, más intenta esa persona vol­verse independiente de ti, porque toda persona nace con el derecho de ser libre, de ser él mismo o ella misma.

Estás invadiendo la intimidad de la persona, que es el único lu­gar sagrado del mundo. Ni Israel es sagrado, ni Kashi es sagrada, ni La Meca es sagrada. El único espacio sagrado en el verdadero sentido de la palabra es la intimidad de una persona, su indepen­dencia, su ser.

Si amas a una persona, nunca invadirás. Nunca intentarás ser como un detective, ser un mirón, espiando la intimidad de la otra persona. Respetarás la privacidad de la otra persona. Pero mira lo que hacen los llamados amantes, los maridos y mujeres, novios y novias. Lo único que hacen, las veinticuatro horas, es encontrar maneras de invadir, de entrar en el mundo privado de la otra per­sona. No quieren que la otra persona tenga ninguna privacidad. ¿Por qué?

Si la persona tiene independencia, privacidad, individuali­dad, tienen miedo. Puede que esa persona mañana ya no los ame, porque el amor no es algo estancado. Es un momento, no tiene nada que ver con la permanencia. Puede que continúe por toda la eternidad, pero básicamente el amor es un fenómeno del mo­mento. Si sucede de nuevo al momento siguiente, eres biena­venturado. Si no sucede, deberías estar agradecido de que, al me­nos, sucedió antes.

Permanece abierto: quizá pueda suceder otra vez, si no con esta persona, entonces con otra. La cuestión no son las personas, la cuestión es el amor. El amor debería seguir fluyendo, no debería detenerse.

Pero, en su estupidez, la gente empieza a pensar: «Si esta per­sona se me escapa de las manos me voy a pasar el resto de mi vida sediento de amor.» Y no sabe que al tratar de sujetar a esta perso­na permanentemente en cautiverio, estará sediento. No tendrá amor. No puedes obtener amor de un esclavo. No puedes conse­guir amor de tus posesiones; de tu silla, tu mesa, tu casa, tus mue­bles, no puedes obtener amor.

Sólo puedes conseguir amor de un ser libre cuya unicidad res­petes, cuya libertad respetes. Este momento de amor ha sucedido a causa de la libertad del otro. No lo destruyas tratando de poseer­lo, tratando de sujetarlo, creando una atadura legal, un matrimo­nio. Deja que el otro sea libre, y permanece libre tú mismo. No de­jes tampoco que nadie te posea.

Poseer o ser poseído, ambas cosas son feas. Si eres poseído pierdes tu alma misma.

Los amantes sólo aman cuando aún no están en una relación fija, establecida. Cuando la relación se asienta, el amor muere. En cuanto la relación está fija, en vez de amor sucede otra cosa: la po­sesión.

Siguen llamándolo amor, pero no se puede engañar a la exis­tencia. Con sólo llamarlo amor no puedes cambiar nada. Ahora es odio, no amor. Es miedo, no amor. Es un apaño, no es amor. Pue­de ser cualquier cosa, menos amor.

Cuanto más profundamente trates de comprender, más claro quedará que el amor y el odio no son dos cosas. Es sólo un error lingüístico llamarlos amor y odio. En el futuro, al menos en los tra­tados y libros psicológicos, no pondrán «y» entre los dos. En reali­dad es mejor usar una sola palabra, «amorodio». Son los dos lados de una misma misma moneda. From Darkness to Light, cap. 20.

 

 

 

Durante un año he estado viviendo con un hombre al que le gusta estar también con otras mujeres, y no sé qué hacer con mis celos

 

Siempre es difícil para una mujer, a no ser que también ella empiece a amar a otra gente; si no, seguirá siendo difícil. No se puede evitar, e impedírselo a él también es feo. Entonces estás des­truyendo su felicidad, y si destruyes su felicidad, se vengará de ti; no se sentirá tan amoroso. Si intentas dominarle, para impedir que vaya aquí o allá, se sentirá agobiado.

El problema es que durante siglos el hombre siempre ha vivi­do así. Y la mujer nunca ha vivido así por varias razones. Primero, en el pasado, el problema eran los hijos —si se quedaba embaraza estaría en dificultades—, así que era una cuestión de seguridad, de finanzas y todo eso. Segundo, el hombre mismo ha estado ense­ñando a la mujer a ser pura, a ser virgen, a amar siempre a una sola persona. El hombre ha estado usando una doble moral: una moral para la mujer y otra para sí mismo. La mujer tiene que ser pura, devota, entregada. ¿Y el hombre? Ya se sabe: «Los chicos son tra­viesos.»

El hombre se ha guardado toda la libertad para sí mismo. Y en el pasado podía hacerlo porque tenía las finanzas en sus manos. Así que era poderoso económicamente. Tenía los estudios, tenía el tra­bajo. La mujer no tenía trabajo ni estudios. Todo su mundo se li­mitaba a la casa. No tenía contactos fuera de la casa, así que le re­sultaba casi imposible enamorarse. Por lo menos necesitas tener contactos, sólo entonces te puedes enamorar de alguien. Y el hom­bre ha creado una gran Muralla China alrededor de la mujer... Du­rante siglos, los musulmanes ni siquiera han permitido que los de­más vean la cara de su mujer. Y la mujer no podía hablar con ningún hombre. Una larga represión ha calado hasta los huesos.

Ahora las cosas han cambiado. Ahora la mujer es culta, puede tener trabajo. Es tan libre como el hombre. Puede conocer a gen

te, puede enamorarse, puede disfrutar de la vida. El problema del embarazo ahora es irrelevante; la pildora ha proporcionado una de las mayores libertades. Pero la vieja mente persiste, y esto no es algo trivial, miles y miles de años de condicionamiento. Tu madre y la madre de tu madre y todas las mujeres que te han precedido, todas estaban condicionadas, y ese condicionamiento ha penetrado también en ti.

Así que el problema existirá, a no ser que te vuelvas muy cons­ciente y lo sueltes. Sólo hay dos posibilidades: una posibilidad es seguir dando la lata a tu amigo, como han hecho las mujeres du­rante siglos. Eso no ayuda; eso simplemente hace que el hombre se sienta más repelido por la mujer. Cuanto más refunfuñas, más lo lanzas a los brazos de otra, porque se cansa, se aburre de ti, y le gustaría ir a alguna otra parte y conocer a alguien que no refunfu­ñase; y será un alivio. Dar la lata no va a ayudar y, además, es des­tructivo.

La otra posibilidad es: sé valiente, dile que si es eso lo que quie­re, entonces que tome nota: tú también harás lo mismo. ¡No debe­ría haber una doble moral! Si él disfruta amando a otras mujeres, tú disfrutarás amando a otros hombres. Le amas, pero también amarás a otras personas. Déjaselo claro, y si inmediatamente él se asusta, si él mismo es un tipo celoso, o bien dirá: «No lo volveré a hacer» —pero entonces está parando por voluntad propia— o no hay necesidad de preocuparse; tú también empiezas a moverte. ¡No hay nada de malo en ello!

No estoy diciendo que él esté haciendo algo malo. Lo único que digo es: no debería haber una doble moral, sino sólo una para los dos. Y cada pareja tiene que decidir cuál es su propia norma; ése es el compromiso. O bien los dos decidís que permaneceréis el uno para el otro, monógamos, eso está bien, si los dos lo decidís de bue­na gana, felizmente, alegremente... Si no es posible —uno dice: «Me gustaría conservar mi libertad»— ¡entonces tú también conservas tu libertad! ¿Por qué estar triste? La tristeza surge porque él se está divirtiendo y tú te quedas ahí sentada pensando en él. ¡Diviértete también!

Y esta no es solo una pregunta personal tuya. Esta va a ser la

pregunta de todas las mujeres en el futuro. Ármate de valor y dile antes de que empiece a actuar: «Así van a ser las cosas, no estés ce­loso de mí.» Porque los hombres son aún más celosos; su ego mas­culino chovinista se siente más herido: «¿Mi mujer haciendo el amor con otro?» Empiezan a sentir que no son suficientemente hombres. Pero eso es problema suyo. Primero ponle muy claro que vais a seguir una cierta norma. Cuando dos personas deciden vivir juntas, tienen que desarrollar una cierta norma de conducta. Cuando estás solo, entonces eso no es necesario. Tened unas reglas del juego, pero que sean aplicables a los dos miembros de la pareja.

De forma que cualquier decisión que se tome... o él decide no estar con otras personas —está bien— o decide que aún quiere su li­bertad; entonces, tú también estás liberada. Entonces no tengas miedo; ¡empieza a hacerlo tú también! Hay mucha gente bella; ¿por qué limitarse sólo a una persona? Cada persona puede darte algo que nadie más puede. Cada persona tiene tal singularidad.

¿Por qué no amar a muchas personas y enriquecer tu amor? De hecho, esto no va contra el hombre que amas. He observado que si amas a muchas personas amarás más también a tu amante —es una aritmética sencilla— porque estarás más avezado en el amor. Podrás conocer muchos aspectos del amor. Te volverás más enriquecido, más desarrollado, más maduro.

Y este aferrarse a una persona es un tipo de inmadurez. ¿Por qué aferrarse? El amor es bello y divino, y todos los amores son for­mas de Dios, así que ¿por qué obsesionarse con una forma cuando esa forma no está obsesionada contigo? Si estáis obsesionados el uno con el otro, entonces está bien.

Esta es una idea que no es científicamente verdadera, que si el hombre va y tiene una pequeña aventura con una mujer, su propia mujer sufrirá; ya no tendrá tanto amor como solía. Eso no es cier­to. No sufrirá, tendrá más amor. Y pronto, al ver a otras mujeres, al conocer a otras mujeres, el hombre se dará cuenta más y más: «¿De qué me sirve hacerlo? Mi propia mujer puede darme todo esto, y de una manera mucho más íntima, con mucho más cariño, con mucha más dedicación. ¿Por qué voy a comportarme como un mendigo?» Él volverá a casa deseándote mucho más.

De hecho, la psicología moderna sugiere que para que un ma­trimonio dure es bueno tener alguna aventura de vez en cuando, porque esto contribuye a que el matrimonio siga funcionando. Si no hay ninguna aventura adicional, el matrimonio se vuelve un fe­nómeno realmente aburrido. Se vuelve muy pesado, el mismo hombre, la misma mujer, la misma conversación, el mismo amor. Tarde o temprano todo se vuelve una rutina. Entonces se ha ido toda la emoción y todo es repetitivo, monótono.

Ten una buena charla con él y ponle muy claro que si él está disfrutando, tú también eres libre. ¡Y sé libre!

La libertad necesita un poco de valentía, necesita agallas, pero la disfrutarás. Y no va a estropear nada en vuestra relación; la me­jorará. Dejarás de darle la lata. Cuando tú misma empieces a estar de vez en cuando con otras personas, dejarás de refunfuñar. De he­cho, esa es la razón por la que las mujeres no andan con otros, por­que entonces no tendría sentido refunfuñar. Y les encanta refunfu­ñar, les da poder.

Si también ellas andan con otros, no pueden hacer que su ma­rido se sienta culpable. Y hacer que el marido se sienta culpable da un poder inmenso. Pero esto está mal. Nunca hagas que otro se sienta culpable. Si amas a esa persona, ¿por qué hacer que se sien­ta culpable? Si le gusta vivir así, ¡déjalo a su aire! Ten tú también algunas aventuras. Eso hará que los dos seáis más libres el uno del otro. Y cuando el amor es libre y se da en libertad, tiene una cua­lidad totalmente diferente. Tiene algo realmente bello.

Entonces no hay conflicto, ni peleas, ni celos, ni nada por el es­tilo. Hay una relación apacible y tranquila, silenciosa. Cuando tú estás teniendo algunos nuevos amores y él está teniendo algunos nuevos amores, los dos estáis siempre en una especie de luna de miel; estar juntos es siempre algo hermoso. Entonces las cosas nunca se vuelven viejas y podridas.

Sólo un poco de valentía... ¡y sucederá! Don't LookBefare You Leap, cap. 1.


 

 

 

 

Capítulo 13

 

 

Meditación

 

 

 

¿Qué es la meditación?

 

 

       ¿Q ué es la meditación? ¿Es una técnica que se puede practicar? ¿Es un esfuerzo que hay que hacer? ¿Es algo que la mente puede lograr? No, no es nada de esto.

Todo lo que la mente pueda hacer no puede ser meditación, es algo más allá de la mente, la mente es absolutamente impotente ahí. La mente no puede entrar en la meditación; donde acaba la mente, comienza la meditación.

Esto hay que recordarlo, porque en nuestra vida, todo lo que ha­cemos lo hacemos con la mente; todo lo que logramos, lo logramos a través de la mente. Y entonces, cuando empezamos a mirar para dentro, de nuevo empezamos a pensar en términos de técnicas, mé­todos, hacer, porque la experiencia entera de nuestra vida nos mues­tra que todo puede ser hecho por la mente. Sí, excepto la meditación, todo puede ser hecho por la mente; todo se hace por la mente, ex­cepto la meditación. Porque la meditación no es un logro; ya está ahí, es tu propia naturaleza. No hay que lograrla; sólo hay que reconocer­la, sólo hay que recordarla. Está ahí, esperándote, tan sólo un giro ha­cia dentro y está disponible. La llevas contigo desde siempre.

La meditación es tu naturaleza intrínseca, es tú, es tu ser, no tiene nada que ver con hacer algo. No puedes tenerla, no puedes no tenerla, no se puede poseer. No es una cosa. Es tú. Es tu ser.

Una vez que comprendes lo que es la meditación, todo se vuelve claro: de otra forma, seguirás andando a tientas en la oscuridad.

La meditación es un estado de claridad, no un estado de la mente. La mente es confusión. La mente nunca está clara. No pue­de estarlo. Los pensamientos crean nubes a tu alrededor, son nu­bes sutiles. Crean una niebla, y se pierde la claridad. Cuando los pensamientos desaparecen, cuando ya no hay nubes rodeándote, cuando existes sencillamente en tu ser, la claridad sucede. Enton­ces puedes ver a lo lejos; entonces puedes ver hasta el final de la existencia; entonces tu mirada se vuelve penetrante, hasta el cen­tro mismo del ser.

La meditación es claridad, absoluta claridad de visión. No pue­des pensar en ello. Tienes que dejar de pensar. Cuando digo: «Tie­nes que dejar de pensar», no tomes conclusiones rápidamente, porque tengo que utilizar el lenguaje. Así que digo: «Deja de pen­sar», pero si empiezas a dejar, no comprendes, porque de nuevo la estás reduciendo a hacer algo.

«Deja de pensar» significa simplemente que no hagas nada. Siéntate. Deja que los pensamientos se asienten por sí mismos. Deja que la mente cese por sí misma. Tú simplemente te sientas mirando a la pared, en un rincón silencioso, sin hacer nada en ab­soluto. Relajado. Suelto. Sin ningún esfuerzo. Sin ir a ninguna parte. Como si te estuvieras durmiendo despierto, estás despierto y estás relajado, pero todo tu cuerpo se está durmiendo. Tú perma­neces alerta por dentro, pero todo el cuerpo entra en una profun­da relajación.

Los pensamientos se asientan por sí mismos, no necesitas meterte entre ellos, no necesitas intentar arreglarlos. Es como si el agua de un arroyo se hubiera llenado de barro..., ¿qué haces? No te tiras al arroyo y empiezas a tratar de ayudarlo a aclararse, ¿verdad? Así lo embarrarás más. Simplemente te sientas a la orilla. Esperas. No hay nada que hacer. Porque cualquier cosa que hagas embarra­rá más el arroyo. Si alguien ha pasado por el arroyo y han salido las hojas muertas a la superficie y se ha levantado el barro, lo único que se necesita es paciencia. Simplemente te sientas a la orilla. Ob­serva, con indiferencia. Y según vaya fluyendo el arroyo, se llevará las hojas muertas, y el barro comenzará a asentarse, porque no puede estar flotando para siempre.

Después de un rato, de pronto te darás cuenta, el arroyo está cristalino de nuevo.

Siempre que pasa un deseo por tu mente, el arroyo se emba­rra. Así que, simplemente, siéntate. No intentes hacer nada. En Japón, este «simplemente sentarse» se llama zazen: simplemen­te sentarse y no hacer nada. Y un día sucede la meditación. No es que tú la traigas; viene a ti. Y cuando viene, la reconoces in­mediatamente. Siempre ha estado ahí, pero no estabas mirando en la dirección correcta. El tesoro estaba dentro de ti, pero tú es­tabas ocupado en otra parte: en los pensamientos, en los deseos, en mil y una cosas. No estabas interesado en una única cosa... tu propio ser.

Cuando la energía va hacia dentro —cuando tu energía vuelve a la fuente— de pronto se alcanza la claridad. Entonces puedes ver las nubes a mil millas de distancia, y puedes oír música antigua en los pinos. Entonces todo está disponible para ti. Ancient Music in the Fines, cap. 7..

La meditación es una aventura, una aventura en lo desconoci­do, la mayor aventura que pueda tomar la mente humana...

La me­ditación es simplemente ser, sin hacer nada, ninguna acción, nin­gún pensamiento, ninguna emoción. Simplemente eres. Y es un puro deleite. ¿De dónde viene este deleite cuando no estás hacien­do nada? Viene de ninguna parte, o viene de todas partes. No tiene causa, porque la existencia está hecha del material que llamamos alegría. lAm the Cate, cap.5.

La meditación sólo te hace consciente de tu potencial, lo que puedes ser, lo que puedes hacer, lo que no has hecho, lo que no has usado. Los psicólogos dicen que el hombre sólo está usando el 5 por 100 de su potencial. ¡Qué desperdicio!, sólo el 5 por 100. El 95 por 100 se ha ido a la basura por no usarlo; y la gente quiere vi­vir mucho tiempo. ¿Para qué?

Puedes vivir muy intensamente en esta corta vida si usas el 100 por 100 de tu potencial. Será mejor que vivir diez mil años usando sólo el 5 por 100 de tu potencial. Vivir sólo setenta años es sufi­ciente si usas el 100 por 100 de tu potencial, ¡te volverás una llama de alegría!  Hallelujah!, cap. 31

Cuando no estás haciendo nada en absoluto —corporalmente, mentalmente, a ningún nivel—, cuando ha cesado toda actividad y simplemente eres puro ser, eso es la meditación. No puedes hacer­la, no puedes practicarla; sólo tienes que comprenderla.

Siempre que puedas, encuentra algún rato para simplemente ser, deja todo el hacer. Pensar también es hacer, la concentración también es hacer. Si aunque sea por un solo momento no haces nada y estás simplemente en tu centro, completamente relajado, eso es meditación. Y una vez que le hayas cogido el tranquillo, pue­des permanecer en ese estado todo el tiempo que quieras. Al final, puedes permanecer en ese estado las veinticuatro horas del día.

Una vez que te hayas dado cuenta de la manera en que tu ser puede permanecer sereno, lentamente puedes empezar a hacer co­sas, manteniéndote alerta para que tu ser no se agite. Esta es la se­gunda parte de la meditación. Primero, aprender simplemente a ser, y luego aprender a realizar pequeñas acciones: limpiar el sue­lo, tomar una ducha, pero permaneciendo centrado. Luego podrás hacer cosas complicadas.

 

Por ejemplo, yo os estoy hablando, pero mi meditación per­manece sin perturbar. Puedo seguir hablando, pero en mi centro no hay ni una pequeña oscilación; está en silencio, en silencio ab­soluto.

Así que la meditación no está contra la acción. No es que ten­gas que escaparte de la vida. Simplemente te enseña una nueva manera de vivir: te vuelves el centro del ciclón.

Tu vida continúa, y continúa mucho más intensamente —con más alegría, con más claridad, más visión, más creatividad— y, sin embargo, tú mantienes una distancia, como alguien que observa

.desde una colina, simplemente viendo todo lo que sucede a tu al­rededor. No eres el que hace, eres el que observa.

Ese es todo el secreto de la meditación, que te vuelves el que observa. La acción continúa a su propio nivel, no hay problema: cortar madera, sacar agua del pozo. Puedes hacer todo tipo de co­sas pequeñas y grandes; sólo hay una cosa que no está permitida: que pierdas tu centro.

Esa conciencia, esa vigilancia, debería permanecer absoluta­mente despejada, sin interrupción. La meditación es un fenómeno muy sencillo. From Misery io Enlightenment, cap. 2.

 

 

 

¿Puedes explicar los pasos básicos que conducen al es­tado supremo de la conciencia meditativa?

 

El primer paso en la conciencia es ser muy consciente de tu cuerpo. Muy poco a poco, uno se vuelve alerta ante cada gesto, cada movimiento. Y según te vas volviendo alerta, empieza a suceder un milagro: muchas cosas que antes solías hacer, simplemente desa­parecen. Tu cuerpo se vuelve más relajado, tu cuerpo se armoniza más, una profunda paz empieza a prevalecer incluso en tu cuerpo, una música sutil vibra en tu cuerpo.

Entonces, empieza a tomar conciencia de tus pensamientos; hay que hacer lo mismo con los pensamientos. Son más sutiles que el cuerpo y, por supuesto, también más peligrosos.

Y cuando tomes conciencia de tus pensamientos, te sorprenderá ver lo que sucede en tu interior. Si escribes lo que pasa en cualquier momento, será una gran sorpresa. No podrás creer que esto es lo que pasa dentro de ti. Escribe durante unos diez minutos. Cierra la puer­ta, cierra con llave puertas y ventanas para que no entre nadie, para que puedas ser totalmente honesto, ¡y manten la chimenea encendida para poder tirarlo al fuego!, para que nadie lo sepa más que tú. Y sé completamente honesto, escribe todo lo que te pasa por la mente.

Después de diez minutos, léelo, ¡verás que llevas dentro una mente loca! Como no nos damos cuenta, toda esta locura sigue pa­sando como una corriente de fondo. Afecta todo lo que haces, afec­ta todo lo que no haces; lo afecta todo. ¡Y su suma total va a ser tu vida! Tienes que cambiar a este loco. Y el milagro de la conciencia es que no necesitas hacer nada más que ser consciente.

El mero fenómeno de observarlo, lo cambia. Lentamente, el loco desaparece, lentamente, los pensamientos empiezan a caer en ciertos patrones; ya no son un caos, empiezan a ser un cos­mos. Y, de nuevo, prevalece una paz profunda. Y cuando tu cuer­po y tu mente estén en paz verás que también se han armonizado entre ellos, que hay un puente. Ya no van en direcciones diferen­tes, no van montados en caballos diferentes. Por primera vez hay acuerdo, y ese acuerdo ayuda inmensamente a trabajar en el ter­cer paso: el de tomar conciencia de tus sentimientos, emociones, humores.

Esta es la etapa más sutil y la más difícil, pero si puedes tomar conciencia de los pensamientos, este es sólo un paso más. Necesi­tas un poco más de conciencia intensa al empezar a reflejar tus hu­mores, tus emociones, tus sentimientos.

Una vez que eres consciente de los tres —cuerpo, pensamientos y emociones—, se unen para formar un solo fenómeno. Y cuando los tres son uno, funcionando juntos perfectamente, vibrando jun­tos, sentirás la música de los tres; se han vuelto una orquesta. En­tonces sucede el cuarto, que no lo puedes hacer, sucede por sí mis­mo. Es un regalo de la totalidad. Es una recompensa para los que han hecho estos tres.

Y el cuarto es la conciencia suprema que te despierta. Uno toma conciencia de su propia conciencia, eso es el cuarto. Eso te hace un buda, un ser despierto. Y sólo en ese despertar uno llega a saber lo que es la dicha. El cuerpo conoce el placer, la mente co­noce la felicidad, el corazón conoce la alegría, el cuarto conoce la dicha. La dicha es la meta de sannyas, de ser un buscador, y la conciencia es el camino hacia ella. The OldPond... Plop!, cap. 22.

 

 

 

¿Necesitamos meditaciones especiales para las mu­jeres?

 

No. La meditación tiene que ver con tu conciencia, y la conciencia no es ni hombre ni mujer. Esta es una de las cosas fun­damentales que quiero que el mundo comprenda.

Todas las religiones han negado a la mujer la posibilidad del crecimiento espiritual, pensando que su cuerpo es diferente, que su biología es diferente: ella no será capaz de alcanzar el floreci­miento supremo de la conciencia. Pero es extraño que durante tan­tos siglos nadie haya indagado: ¿quién alcanza el florecimiento su­premo, el cuerpo, la mente o la conciencia?

El cuerpo es diferente. Si el cuerpo entrase en meditación, entonces desde luego que habría necesidad de meditaciones di­ferentes para las mujeres que para los hombres. Como el cuerpo no tiene que ver con la meditación, no hay que hacer diferencias. Por ejemplo, en el yoga, en el que el cuerpo es muy importante —todas las posturas de yoga están basadas básicamente en la fi­siología—, hay muchas posturas que no son adecuadas para el cuerpo de una mujer, y hay muchas otras que son más adecua­das para el cuerpo de una mujer que para el de un hombre. Así que el yoga puede hacer una distinción: yoga para hombres, yoga para mujeres.

La mente también es diferente. El hombre piensa lógicamente, lingüísticamente. A la mujer le afectan más las emociones, los sen­timientos, que no son verbales. Por eso tiende a no querer discutir lógicamente. Más bien preferiría gritar y luchar, llorar y gemir. Así ha sido durante siglos, y así gana, porque el hombre simplemente se siente avergonzado. Puede que él tenga razón lógicamente, pero la mujer no funciona lógicamente.

De forma que si la meditación tuviera que ver con la mente, también entonces habría un tipo diferente de meditación para las mujeres que para los hombres. Pero la meditación tiene que ver

con el centro más esencial de tu ser, que no se puede dividir en masculino o femenino.

La conciencia es simplemente conciencia. Un espejo es un es­pejo. No es hombre, no es mujer. Simplemente refleja.

La conciencia es exactamente igual que un espejo que refleja. Y meditación es permitir que tu espejo refleje, que simplemente refleje la mente en acción, el cuerpo en acción. No importa que se trate del cuerpo de un hombre o de una mujer; no importa cómo funcione la mente, emocional o lógicamente. Cualquiera que sea el caso, la conciencia simplemente tiene que estar alerta. Esa vigi­lancia, esa conciencia, es la meditación.

Así que en meditación no es posible ninguna diferencia entre el hombre y la mujer. Light on the Path, cap. 35

 

 

 

¿Puedes hablar de la meditación como proceso de «limpieza»?

 

La meditación es un proceso de librarse de todo el pasado, de librarse de todas las enfermedades, de librarse de todo el pus que se ha acumulado en ti.

Es doloroso, pero es una limpieza, y no hay otra manera de limpiarte. Walking in Zen, Sitting in Zen, cap. 14.

Todas las meditaciones no son más que estratagemas para pu­rificar tu ser interno. Toda la ciencia de la religión tiende hacia un objetivo: cómo purificar el ser interno del hombre, cómo soltar el pasado, la carga, lo muerto, lo embotado, cómo volver al hombre más sensible. Cuanto más profunda sea la sensibilidad, más pro­fundamente.entramos en la existencia. Y Dios es el centro mismo de la existencia. A no ser que entremos en nuestro propio centro

no existe ninguna posibilidad de entrar en contacto con la fuente de toda la vida . Let Go!, cap. 6

Lo primero que se necesita es una catarsis. La catarsis saca todo lo malo que hay dentro de ti, todo lo reprimido. Expulsas to­das tus represiones, las liberas. Pero hay que añadir muchas cosas nuevas a los métodos tradicionales, como el hatha yoga —¡han pa­sado dos mil años desde que se creó!—, y esta catarsis, en mi opi­nión, es lo más importante que hay que añadir. Para Occidente, hay que crear muchas cosas nuevas, hay que concebir y probar muchas cosas nuevas. Yo mismo estoy probando muchas cosas. The Etemal Quest, cap. 4.

 

 

 

¿Por qué haces hincapié en las meditaciones caóticas en vez de en las sistemáticas?

Utilizo métodos caóticos en vez de sistemáticos porque un mé­todo caótico es muy útil para derribar el centro del cerebro. El cen­tro no se puede derribar mediante ningún método sistemático por­que la sistematización es trabajo del cerebro. Mediante un método sistemático, el cerebro se fortalecerá; se le dará más energía.

Mediante los métodos caóticos, el cerebro se anula. No tiene nada que hacer. El método es tan caótico que automáticamente el centro se va del cerebro al corazón. Si practicas mi método de me­ditación dinámica vigorosamente, sin sistema, caóticamente, tu centro se va al corazón. Entonces hay una catarsis.

Se necesita una catarsis porque tu corazón está muy reprimi­do debido a tu cerebro. Tu cerebro se ha apoderado tanto de tu ser que te domina. No hay sitio para el corazón, así que los anhelos del corazón se reprimen. Nunca te has reído totalmente, nunca has vi­vido totalmente, nunca has hecho nada totalmente. El cerebro siempre entra para sistematizar, para hacer que todo sea matemá­tico, y se reprime el corazón.

Así que, lo primero, se necesita un método caótico para empu­jar al centro de conciencia desde el cerebro al corazón. Luego se necesita la catarsis para desahogar el corazón, para expulsar las re­presiones, para abrir el corazón. Si el corazón se ha vuelto ligero y abierto, entonces se empuja el centro de conciencia aún más hacia abajo; llega al ombligo. El ombligo es la fuente de vitalidad, la se­milla de la que sale todo lo demás: el cuerpo y la mente y todo.

Utilizo este método caótico con mucha consideración. La me­todología sistemática no servirá ahora, porque el cerebro la usará como su propio instrumento. Y tampoco el simple canto de bhajans Bhajans: canciones devocionales hindúes. (N. del T.)— servirá ahora, porque el corazón está tan cargado de repre­siones que no puede florecer en un canto auténtico. El canto sólo puede ser un escape ahora; la oración sólo puede ser un escape. El corazón no puede florecer en oración porque está agobiado de re­presiones. No he visto ni una sola persona que pueda entrar pro­fundamente en oración auténtica. La oración es imposible porque el amor mismo se ha vuelto imposible.

Hay que empujar a la conciencia hasta la fuente, hasta las raí­ces. Sólo entonces hay una posibilidad de transformación. Así que utilizo métodos caóticos para empujar la conciencia desde el cere­bro hacia abajo.

Cuando estás en un caos, el cerebro deja de funcionar. Por ejemplo, si estás conduciendo un coche y de repente alguien corre delante del coche, reaccionas tan súbitamente que no puede ser obra del cerebro. El cerebro necesita tiempo. Piensa en lo que ha­cer y en lo que no hacer. Así que siempre que hay la posibilidad de un accidente y frenas, sientes algo cerca del ombligo, como si fue­ra tu estómago el que reacciona. Tu conciencia va al ombligo a cau­sa del accidente. Si el accidente se pudiera calcular de antemano, el cerebro sería capaz de afrontarlo; pero cuando estás en un acci­dente, sucede algo desconocido. Y te das cuenta de que tu concien­cia se ha ido al ombligo.

 

Si preguntas a un monje zen: «¿Desde dónde piensas?», él pone la mano en el vientre. Cuando los occidentales entraron en con­tacto con los monjes japoneses por vez primera, no podían enten­derlo. «¡Qué tontería! ¿Cómo vas a pensar desde el vientre?» Pero la respuesta zen es significativa. La conciencia puede usar cual­quier centro del cuerpo, y el centro que está más cerca de la fuen­te original es el ombligo. El cerebro es el más lejano de la fuente original, de forma que si la energía vital va hacia fuera, el centro de conciencia será el cerebro. Y si la energía vital va hacia dentro, al final el ombligo será el centro.

Se necesitan métodos caóticos para empujar la conciencia a sus raíces, porque la transformación sólo es posible desde las raí­ces. De otra forma, seguirás verbalizando y no habrá transforma­ción. No es suficiente saber lo que está bien. Tienes que transfor­mar las raíces; si no, no cambiarás...

Tal como yo veo la situación, el hombre moderno ha cambiado tanto que necesita nuevos métodos, nuevas técnicas. Los métodos caóticos ayudarán a la mente moderna, porque ella misma es caó­tica. Este caos, esta rebeldía del hombre moderno es, en realidad, una rebelión de otras cosas: del cuerpo en contra de la mente y en contra de sus represiones. Si hablamos en términos yóguicos, po­demos decir que es la rebelión del centro del corazón y del centro del ombligo contra el cerebro.

Estos centros están contra el cerebro porque éste ha mono­polizado todo el territorio del alma humana. Esto ya no se puede tolerar más. Por eso las universidades se han vuelto centros de rebelión. No es accidental. Si consideramos toda la sociedad como un cuerpo orgánico, entonces la universidad es la cabeza, el cerebro.

A causa de la rebeldía de la mente moderna, tiende a ser indul­gente con los métodos informales y caóticos. La meditación diná­mica ayudará a sacar del cerebro el centro de conciencia. Y enton­ces quien la utilice no será rebelde, porque la causa de la rebelión se satisfará. Estará tranquilo.

Así que, para mí, la meditación no es sólo una salvación para el individuo, una transformación del individuo; también puede pro

porcionar el trabajo preparatorio para la transformación de toda la sociedad, del ser humano como tal. El hombre, o tendrá que suici­darse o tendrá que transformar su energía. The Psychology ofthe Esoteric, cap. 4.

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He oído hablar de la meditación como una ciencia y, a veces, como un arte. ¿Cómo la ves tú?

 

La meditación es cogerle el tranquillo. No es una ciencia, no es un arte, no es una destreza; es cogerle el tranquillo. Todo lo que se necesita es cogerle el tranquillo a entrar en un silencio espontá­neo. El silencio se puede cultivar, pero un silencio cultivado no es un silencio verdadero; es tan sólo reprimir tus pensamientos, tu agitación, y sentarte sobre ellos. Pero el volcán sigue ahí y de al­guna forma te las estás arreglando para mantenerlo bajo control. Ese silencio no es muy profundo; no puede serlo. Eso es lo que mu­cha gente sigue haciendo y lo llama meditación, oración: simple­mente reprimen su proceso de pensamientos y los pensamientos continúan por debajo; simplemente se vuelven subterráneos, eso es todo. Desaparecen de la superficie y empiezan a moverse por de­bajo, pero siguen ahí. Sólo un momento de despiste y volverán a salir. Toma demasiada energía reprimirlos, y es inútil.

La verdadera meditación consiste en cogerle el tranquillo, no es un arte, el tranquillo de entrar en un silencio espontáneo. Lo que quiero decir exactamente es: si observas, veinticuatro horas al día, todos los días, encontrarás algunos momentos en los que en­tras automáticamente en silencio. Llegan por sí mismos; es sólo que no los hemos observado. Así que lo primero de lo que hay que darse cuenta es de cuándo llegan estos momentos... y cuando lle­guen, simplemente deja todo lo que estés haciendo. Siéntate en si­lencio, fluye con el momento. Ha llegado naturalmente, no lo has forzado, así que no se trata de una represión; simplemente estás permitiéndole que te posea. Y llegan..., son naturales; siempre se

abren algunas ventanas por sí mismas, pero estamos tan ocupados que nunca vemos que se ha abierto una ventana y que está entran­do la brisa y que ha entrado el Sol; estamos tan ocupados con nues­tro trabajo.

No se puede forzar que estas aberturas sucedan en un período determinado, pero la gente trata de hacer meditación en un perío­do determinado, y a veces, muy raramente, hay una coincidencia; si no, nunca sucede. Conviertes tu meditación en un ritual.

 

Así que observa... por la mañana temprano, cuando aún estés fresco después de un largo y profundo sueño y el mundo esté des­pertándose y los pájaros hayan empezado a cantar y esté saliendo el Sol... si sientes que te rodea un momento, que crece un espacio en ti, entra en él. Siéntate en silencio bajo un árbol, a la orilla del río, o en tu habitación, y simplemente sé... nada que hacer. Celebra ese espacio, y no trates de prolongarlo. Cuando desaparezca, levántate; olvídalo. Tienes que hacer muchas otras cosas. Y no lo añores, ven­drá de nuevo por sí mismo; siempre llega sin invitación. Es muy tí­mido: si lo invitas, nunca viene; si lo persigues, desaparece.

Es muy delicado y muy tímido; es muy femenino, ese espacio llamado meditación, pero viene. Si puedes esperar pacientemente, viene, y muchas veces al día.

A veces, por la noche, cuando todo se ha vuelto silencioso, de pronto está ahí; entonces sumérgete en él. Y a veces sucede inclu­so en el mercado, cuando hay ruido por todas partes. Está ahí y te sientes transportado. Entonces hay un silencio divino. No ha sido creado por ti, sino que es un regalo de Dios, prasad; es la gracia.

Y una vez que le hayas cogido el tranquillo, vendrá más y más. Entonces empiezas a entrar en una especie de armonía con él. Co­mienza una historia de amor entre tú y ese espacio llamado silen­cio, serenidad, tranquilidad, quietud. Y el lazo se hace más y más profundo. Por último, definitivamente, siempre está ahí. Siempre puedes cerrar los ojos un momento y mirarlo; está ahí. Casi pue­des tocarlo, se vuelve tangible. Pero es cogerle el tranquillo, no es un arte. No puedes aprenderlo... tienes que embeberte en él. The TongueTip Tosté ofTao, cap. 17.

 

 

 

¿Cuál es la forma correcta de meditar?

 

Me estás preguntando por la meditación correcta. La tarea pri­mera y más primaria es limpiar tu ser interior de todos los pen­samientos. No se trata de elegir quedarse con los pensamientos buenos y expulsar los malos. Para un meditador, todos los pensa­mientos son simplemente basura; no es cuestión de buenos y ma­los. Todos ellos ocupan el espacio dentro de ti, y a causa de esta ocupación, tu ser interno no puede estar completamente en silen­cio. Así que los buenos pensamientos son tan malos como los ma­los; no hagas ninguna distinción entre ellos. ¡Tira la casa por la ventana!

La meditación necesita absoluta quietud, un silencio tan pro­fundo que nada se agite en tu interior. Una vez que comprendes exactamente lo que significa la meditación, no es difícil alcanzarla. Es nuestro derecho de nacimiento; somos perfectamente capaces de tenerla. Pero no puedes tener las dos: la mente y la meditación.

La mente es un trastorno. La mente no es otra cosa que una lo­cura normal.

Tienes que ir más allá de la mente, a un espacio en el que nun­ca ha entrado un pensamiento, en el que no funciona la imagina­ción, en el que no surge ningún sueño, en el que simplemente eres nadie.

Es más una comprensión que una disciplina. No es que tengas que hacer mucho; por el contrario, no tienes que hacer nada ex­cepto comprender claramente qué es la meditación. Esa compren­sión misma detendrá el funcionamiento de la mente. Esa com­prensión es casi como un señor ante el que los criados dejan de discutir entre sí, o incluso de hablar entre sí; de pronto entra el se­ñor en casa y hay silencio. Todos los criados empiezan a estar ocu­pados, al menos a mostrar que están ocupados. Justo un momento antes, estaban todos riñendo y peleándose y discutiendo, y nadie hacía nada.

Comprender lo que es la meditación es invitar a que entre el señor. La mente es una criada. En cuanto entra el señor con todo su silencio, con toda su alegría, de pronto la mente entra en un si­lencio absoluto.

Una vez que has alcanzado un espacio meditativo, la ilumina­ción es sólo cuestión de tiempo. No puedes forzarla. Sólo tienes que ser una espera, una intensa espera, con gran anhelo, casi como una sed, un hambre, no una palabra...

En la meditación, el anhelo se vuelve una sed de iluminación y una paciente espera, porque es un fenómeno tan grande y tú eres tan diminuto... Tus manos no pueden alcanzarla; no está a tu al­cance. Vendrá y te desbordará, pero no puedes hacer nada para traerla a ti. Eres demasiado pequeño, tus energías son demasiado pequeñas. Pero cuando estás esperando realmente con paciencia y anhelo y pasión, viene. En el momento apropiado, viene. Siempre ha venido.  TheNewDawn, cap. 16.

 


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