EL LIBRO DE LA
MUJER 
  
Sobre el poder de lo femenino- II `parte

 



 

Capítulo 9

 Familia y control de la natalidad

 

La familia ha sido el elemento social básico durante miles de años, y, sin embargo,  tú dudas de su validez en tu nuevo mundo. ¿Qué sugieres que puede reem­plazarla?

       Al hombre se le ha quedado pequeña la familia. La utilidad de la familia  se ha terminado; ha durado demasiado. Es una de las instituciones más  antiguas, por lo que sólo alguien muy percepti­vo puede ver que ya está  muerta. A los demás les llevará tiempo re­conocer el hecho de que la familia  ha muerto. Ha cumplido su trabajo. Ya no es relevante en el nuevo con­texto; ya no  es relevante para la nueva humanidad que está na­ciendo. La familia ha sido buena y mala. Ha servido de ayuda —el hom­bre ha  sobrevivido gracias a ella— y ha sido muy dañina porque ha corrompido la  mente humana. Pero en el pasado no había alterna­tiva, no había forma de  elegir otra cosa. Era un mal necesario. Esto no tiene por qué ser así en el  futuro. En el futuro puede haber es­tilos alternativos. Mi idea es que el futuro no va a tener un patrón fijo; tendrá muchos,  muchos estilos alternativos. Si varias personas aún eligen tener una familia,  deberían tener libertad para hacerlo. Será un porcentaje muy pequeño. Hay familias en el mundo —muy pocas, no más del 1 por 100que son  ealmente bellas, que son realmente beneficiosas, en las que sucede el  crecimiento; en las que no hay autoridad, no hay juegos de poder, no hay  posesión; en las que no se destruye a los niños; en las que la esposa no trata  de destruir al marido y el ma­rido no trata de destruir a la esposa; en las que  hay amor y liber­tad; en las que las personas están juntas por puro gozo, sin  nin­gún otro motivo; en las que no hay política. Sí, este tipo de familias  ha existido sobre la Tierra; aún están ahí. Para esas per­sonas no es necesario  cambiar. En el futuro pueden continuar vi­viendo en familias. Pero para la inmensa mayoría, la familia es algo feo. Puedes preguntar a los  psicoanalistas y te dirán: «Todo tipo de enfermeda­des mentales surgen de la  familia. Todo tipo de psicosis, neurosis, surgen de la familia. La familia crea  seres humanos muy, muy en­fermos.» Sufís: The People ofthe Path, vol. 2, cap. 12. La familia es la causa básica de todas las neurosis. Tenemos que comprender  la estructura psicológica de la familia, lo que hace a la conciencia humana. Lo primero es: condiciona al niño a cierta ideología religiosa, dogma  político, alguna filosofía, alguna teología. Y el niño es tan inocente y  abierto, tan vulnerable, que puede ser explotado. Aún no puede decir que no,  no se le cruza por la mente decir que no, e in­cluso si pudiese decir que no,  no lo diría porque depende total­mente, absolutamente de la familia.  Está tan desvalido que tiene que estar de acuerdo con la familia, con  cualquier tontería que la familia quiera que acepte. La familia no contribuye a que el niño indague; le da creencias, y las  creencias son venenos. Una vez que el niño está cargado de creencias,  su capacidad de indagar está incapacitada, paralizada, le han cortado las  alas. Para cuando llegue el momento en que sea ca­paz de indagar, estará  tan condicionado que iniciará cualquier in­vestigación con un cierto  prejuicio, y con un prejuicio tu indaga­ción no es auténtica. Llevas  ya una conclusión a priori; estás buscando simplemente pruebas que  apoyen tu conclusión incons­ciente. Te vuelves incapaz de descubrir la verdad. Por eso hay tan pocos budas en el mundo: la causa básica es la familia. Si no,  todo niño que nace es un buda, viene con el poten­cial para alcanzar la  conciencia suprema, para descubrir la verdad, para vivir una vida de dicha.  Pero la familia destruye todas estas di­mensiones; lo vuelve totalmente plano. Todo niño llega con una inteligencia tremenda, pero la familia lo vuelve  mediocre, porque vivir con un niño inteligente resulta molesto. Un niño  inteligente duda, es escéptico, hace preguntas, es desobediente, es— rebelde.  Y la familia quiere alguien que sea obe­diente, que esté dispuesto a seguir,  a imitar. Por eso, hay que des­truir la semilla de la inteligencia desde el  principio mismo, hay que quemarla casi completamente, para que no  haya ninguna posibili­dad de que surjan brotes de ella. Es un milagro que algunas pocas personas como Zaratustra, Jesús,  Lao Tse, Buda, escaparan de la estructura social, del condi­cionamiento  de la familia. Parece que son grandes cimas de la conciencia, pero  en realidad todo niño nace con la misma cualidad, con el mismo  potencial. El 99 por 100 de las personas pueden llegar a ser budas, sólo tiene que desaparecer la familia. De otra forma, habrá cristianos y  musulmanes e hindúes y jainistas y budistas, pero no Budas, ni  Mahaviras, ni Mahomas; eso no será posible. Mahoma se rebeló  con­tra su cultura, Buda se rebeló contra su cultura, Jesús se rebeló  contra su cultura. Todos ellos son rebeldes, y la familia está  abso­lutamente en contra del espíritu rebelde. La humanidad está atravesando una fase muy crítica. Tenemos que  decidir si queremos vivir según el pasado o si queremos vivir un  nuevo estilo de vida. ¡Ya basta! Hemos intentado el pasado y sus pa­trones y todos ellos  han fracasado. Ya es hora, ha llegado el momento de librarse del  pasado y crear un nuevo estilo de vida en la Tierra.  Philosophia Ultima, cap. 3..

 Para mí, un estilo alternativo es la comuna, es el mejor. Una comuna significa gente viviendo en una familia líquida. Los  Niños pertenecen a la comuna, pertenecen a todos. No hay  pro­piedad personal, no hay ego personal. Un hombre vive con una  mu­jer porque quieren vivir juntos, porque lo valoran, porque lo  dis­frutan.  En el momento en que sienten que ya no hay amor, no siguen  aferrándose el uno al otro. Se despiden llenos de gratitud, llenos  de amistad. Empiezan a estar con otras personas. El único problema en el pasado era qué hacer con los niños. En una comuna, los niños pueden pertenecer a la comuna, y eso  Será mucho mejor. Tendrán más oportunidades de crecer con  muchos más tipos de personas. De otra forma, un niño crece  con la madre. Durante años, la madre y el padre son las únicas  imá­genes de seres humanos para él. Naturalmente, empieza a  imi­tarlos.Los niños se vuelven imitadores de sus padres, y  perpetúan el mismo tipo de enfermedad en el mundo, como  hicieron sus padres. Se vuelven reproducciones duplicadas.  Esto es muy destructivo. Y no hay manera de que los niños  hagan otra cosa; no tienen ningu­na otra fuente de información. Si cien personas viven juntas en una comuna, habrá muchos  hombres y muchas mujeres; el niño no necesita fijarse y  obsesio­narse con un patrón de vida. Puede aprender de su padre,  puede aprender de sus tíos, puede aprender de todos los hombres  de la co­munidad. Tendrá un alma más grande. Las familias aplastan a las personas y les dan almas muy pe­queñas.  En la comuna el niño tendrá un alma más grande; tendrá más  posibilidades, estará mucho más enriquecido en su ser. Verá a  muchas mujeres; no tendrá sólo una idea de la mujer. Es muy  des­tructivo tener sólo una idea única de la mujer, porque durante  toda tu vida seguirás buscando y buscando a tu madre. Cuando  te ena­mores de una mujer, ¡observa!  Existen todas las posibilidades de que hayas encontrado a  alguien que es similar a tu madre, y pue­de que eso sea lo que  deberías haber evitado. Todo niño está enfadado con su madre. La madre tiene que  Prohibir muchas cosas, la madre tiene que decir que no, no se  puede evitar.  Incluso una buena madre necesita decir que no a veces, y  restringir y negar.  El niño siente rabia, ira. Odia a la madre y tam­bién la ama porque  ella es su supervivencia, su fuente de vida y energía. Así que odia  a la madre y ama a la madre a la vez. Y ése se vuelve el patrón. Amarás a la mujer y odiarás a la mis­ma  mujer.  Y no tienes ninguna otra elección. Seguirás siempre buscando,  inconscientemente, a tu madre. Y eso les sucede tam­bién a las  mujeres, continúan buscando a su padre. Toda su vida es una  búsqueda para encontrar a papá en un marido. Pero tu papá no es la única persona en el mundo; el mundo es  mucho más rico. Y de hecho, si puedes encontrar un papá, no  se­rás feliz. Puedes ser feliz con un amado, con un amante, no  con tu papá. Si puedes encontrar a tu madre, no serás feliz con  ella. Ya la conoces, no queda nada que explorar.  Eso ya es familiar, y la fami­liaridad engendra desprecio. Deberías  buscar algo nuevo, pero no tienes ninguna imagen. En una comuna un niño tendrá un alma más rica. Conocerá a  muchas mujeres, conocerá a muchos hombres; no será adicto  a una o dos personas. La familia crea en ti una obsesión, y la obsesión es contraria a  la humanidad.  Si tu padre está peleándose con alguien y ves que está equivocado,  no importa, tienes que estar con tu padre y de par­te suya. De igual  forma que la gente dice: «¡Tenga o no tenga ra­zón, mi país es mi  país!»; y dice también: «Mi padre es mi padre, tenga o no tenga  razón. Mi madre es mi madre, tengo que estar con ella.» Si no,  será una traición. Eso te enseña a ser injusto. Puedes ver que tu madre está  equi­vocada y está luchando con el vecino y el vecino tiene razón,  pero tienes que estar a favor de tu madre. Ese es el aprendizaje de  una vida injusta. En una comuna no estarás demasiado apegado a una familia,  no habrá familia a la que apegarse. Serás más libre, estarás menos  obsesionado.  Serás más justo. Y recibirás amor de muchas fuentes. Sentirás que  la vida  “es” amorosa. La familia te enseña un tipo de conflicto con la sociedad, con  otras familias.  La familia exige el monopolio. Te pide que estés con ella y contra todos. Tienes que estar al servicio de tu familia.  Tienes que seguir luchando por el nombre y la reputación de la  fa­milia. La familia te enseña ambición, conflicto, agresión. En  una comuna serás menos agresivo, te sentirás más a gusto con el  mun­do porque has conocido a tanta gente. Eso es lo que voy a crear aquí, una comuna, donde todos se­rán  amigos.  Incluso los maridos y las mujeres no deberían ser más que amigos.  Su matrimonio debería ser sólo un acuerdo entre dos, que han  decidido estar juntos porque son felices juntos. En el momento  en que siquiera uno de ellos decide que se está asentan­do la  infelicidad, se separan. No es necesario el divorcio. Como no hay  matrimonio, no hay divorcio. Se vive espontáneamente.

Cuando vives sin felicidad, poco a poco te acostumbras a la in­felicidad. Uno no debería tolerar la infelicidad nunca, ni  siquiera un momento. Puede que haya estado bien vivir con un hombre en el pasado,  que te haya dado alegría, pero si ya no resulta alegre tie­nes que  dejarlo. Y no hay necesidad de enfadarse y ponerse des­tructivo,  y no hay necesidad de guardar rencor, porque con res­pecto al  amor no se puede hacer nada. El amor es como una brisa. Ves... simplemente viene. Si está  ahí, está ahí.  Luego se va. Y cuando se ha ido, se ha ido. El amor es un misterio, no lo puedes manipular. El amor no  debería ser manipulado, no debería ser legalizado, no debería  ser forzado, por ningún motivo. En una comuna, las personas vivirán juntas por el puro gozo de  estar juntas, por ninguna otra razón. Y cuando el gozo ha  desapare­cido, se separan.  Quizá se sientan tristes, pero tienen que separarse. Quizá la nostalgia  del  pasado aún les ronde la cabeza, pero tienen que separarse. Se deben el uno al otro que no deberían vivir sin felicidad, porque de  otra forma la infelicidad se vuelve un hábito. Se separan con dolor  en el corazón, pero sin rencor.  Buscarán otras parejas. En el futuro no habrá matrimonio como el del pasado, y no ha­brá  divorcio como en el pasado. La vida será más líquida, con más  confianza. Habrá más confianza en los misterios de la vida que  en la claridad de la ley, más confianza en la vida misma que en  nin­guna otra cosa, los tribunales, la policía, los curas, la Iglesia. Y los niños deberían pertenecer a todos, no deberían llevar los  distintivos de su familia. Pertenecerán a la comuna; la comuna  cui­dará de ellos.

Este será el paso más revolucionario de la historia humana, la  gente empezando a vivir en comunas y empezando a ser sinceros,  honestos, confiados, y abandonado paulatinamente la ley. En una familia, el amor desaparece tarde o temprano. Es posi­ble  que, para empezar, no haya existido en absoluto desde el prin­cipio  mismo.  Quizá ha sido un matrimonio de conveniencia, por otros motivos,  por dinero, poder, prestigio. Puede que no haya ha­bido amor desde  el principio.  Entonces los niños nacen de un lazo conyugal que es más como un  lazo mortal, los niños no nacen del amor. Desde el principio mismo  están abandonados. Y esta ausen­cia de amor en la casa los vuelve  apagados y poco amorosos. Su pri­mera lección de la vida la  aprenden de sus padres, y los padres no son amorosos, y hay celos  y luchas y enfados continuos. Y los ni­ños siguen viendo la cara  fea de sus padres. Así se destruye su esperanza. No pueden creer que el amor vaya a  suceder en su vida si no ha sucedido en la vida de sus padres. Y  ven también a otros padres, a otras familias. Los niños son muy  perceptivos; miran continuamente a su alrededor y observan.  Cuando ven que no hay posibilidad de amor, empiezan a pensar  que el amor sólo existe en la poesía, sólo existe para los poetas, los  visionarios, no existe realmente en la vida. Y una vez que has  aprendido la idea de que el amor es sólo poesía, nunca sucederá,  porque te has cerrado a él. Verlo suceder es la única forma de dejar que te suceda más ade­lante  en tu propia vida. Si ves que tu padre y tu madre comparten un  profundo amor, un gran amor, que cuidan el uno del otro, que son  compasivos el uno con el otro, que se respetan, entonces has visto  suceder el amor. Así surge la esperanza. Cae una semilla en tu  corazón y empieza a crecer. Sabes que también te va a suceder a ti. Si no lo has visto, ¿cómo vas a creer que te va a suceder a ti tam­bién?  Si no les sucedió a tus padres, ¿cómo te va a suceder a ti? De hecho,  harás todo lo posible para evitar que te suceda; de otra for­ma,  parecerá como una traición a tus padres.

Esto es lo que he observado en la gente: las mujeres siguen di­ciendo  en lo profundo de su inconsciente: «Mira, mamá, estoy su­friendo  tanto como tú.»  Los muchachos siguen diciéndose a sí mis­mos más adelante: «Papá,  no te preocupes, mi vida es tan desdichada como la tuya. No te he  superado, no te he traicionado. Sigo siendo la misma persona  desdichada que eras tú. Llevo la cadena, la tradición. Soy tu  representante, papá, no te he traicionado. Mira, estoy hacien­do  lo mismo que tú solías hacer con mi madre, se lo estoy  haciendo a la madre de mis hijos. Y lo que solías hacerme a mí,  se lo estoy ha­ciendo a mis hijos. Los estoy criando como tú me criaste a mí.» Pero la idea misma de criar a los niños es una tontería. Como  mucho, puedes ayudar, pero no puedes criarlos. La idea misma  de formar a los niños es una tontería, no sólo es una tontería, es  muy dañina, inmensamente dañina. No puedes formar... Un niño  no es una cosa, no es algo que se pueda formar. Un niño es como un árbol. Sí, le puedes ayudar. Puedes prepa­rar  el terreno, puedes poner fertilizantes, puedes regar, puedes ver  si el Sol llega a la planta o no, eso es todo. Pero no es que tú estés  criando laplanta, está brotando por sí misma. Puedes ayudarla;  no puedes criarla y no puedes formarla. Los niños son misterios inmensos. En cuanto empiezas a  for­marlos, en cuanto empiezas a crear patrones y un carácter  en tor­no a ellos, los estás aprisionando. Nunca podrán perdonarte.  Y eso será lo único que aprenderán. Y harán lo mismo con sus  hijos, y así sucesivamente. Cada generación continúa dando sus neurosis a la gente nueva  que llega a la Tierra. Y la sociedad persiste con toda su locura,  su sufrimiento. No, ahora es necesario algo diferente. El hombre se ha hecho  mayor de edad y la familia es algo que pertenece al pasado; no  tie­ne ningún futuro.  La comuna será lo que sustituya a la familia, y será mucho más  beneficiosa. Pero sólo las personas meditativas pueden estar juntas en una  comuna.  Sólo cuando sabéis celebrar la vida podéis estar juntos; sólo  cuando conoces ese espacio que llamo meditación puedes es­tar  con la gente, puedes ser amoroso.

El hombre no puede ser feliz sin libertad, y vuestra vieja  es­tructura familiar destruía la libertad. Y como destruía la  libertad, destruía el amor. Ha sido una especie de medida necesaria  para la supervivencia.  Sí, de alguna forma ha protegido el cuerpo, pero ha destruido el  alma. Ya no es necesaria. Tenemos que proteger tam­bién el alma.  Esto es mucho más esencial y mucho más impor­tante. La familia no tiene futuro, no como se ha entendido hasta aho­ra.  Lo que sí tiene futuro es el amor y las relaciones amorosas.  «Marido» y «esposa» se van a convertir en palabras feas y sucias. Y cuando monopolizas a una mujer o a un hombre, también  monopolizas a los niños. Estoy totalmente de acuerdo con  Thomas Cordón. Él dice:«Creo que todos los padres tienen el  potencial de abusar de sus hijos, porque la manera básica de  criar niños es me­diante el poder y la autoridad.  Creo que es destructivo que tantos padres tengan la idea: "Es mi hijo, puedo hacer lo que quiera con él." Es violento, es  destructivo, tener la idea: "Es mi hijo y puedo hacer lo que me venga  en gana con él."» Un niño no es una cosa, no es una silla, no es un  coche. No puedes hacer lo que te venga en gana con él. Llega a  través de ti, pero no te pertenece. Le pertene­ce a Dios, a la existencia.  Como mucho, eres un guardián; no te vuelvas posesivo. Pero la idea entera de la familia es una idea de posesión: posees  propiedades, posees una mujer, posees un hombre, posees unos  ni­ños, y la posesión es un veneno. Por todo ello, estoy en contra de la familia. Pero no estoy di­ciendo  que los que sean realmente felices en sus familias —fluidas, vivas,  amorosas— tengan que destruirlas. No, eso no es necesario. Su  familia ya es una comuna, una pequeña comuna. Y, por supuesto, una comuna mayor será mucho mejor, con más  posibilidades, más gente. Gentes diferentes aportan canciones  dife­rentes, gentes diferentes aportan estilos de vida diferentes,  gentes diferentes aportan alientos diferentes, brisas diferentes,  gentes dife­rentes aportan rayos de luz diferentes, y los niños  deberían entrar en contacto con tantos estilos de vida diferentes  como sea posible, para que puedan elegir, para que puedan tener  la libertad de elegir. Y deberían enriquecerse, porque al conocer a tantas mujeres no  están obsesionados con la cara de su madre o el estilo de su ma­dre.  Así, podrán amar a muchas más mujeres, a muchos más hom­bres.  La vida será mucho más una aventura.

 He oído que: Una madre en unos grandes almacenes llevó a su hijo al de­partamento  de juguetes. Al divisar un gigantesco caballo de balan­cín, el niño se subió  a él y empezó a mecerse durante casi una hora.Venga, hijo —suplicó la madre—, tengo que ir a casa a preparar la cena  de papá. —El muchachito se negó a moverse y todos los es­fuerzos de la  madre fueron en vano. El director de los grandes al­macenes intentó  también persuadir al chico, pero sin ningún éxi­to. Por fin, desesperados,  llamaron al psiquiatra de los almacenes. Se acercó suavemente y susurró algo al oído del niño, e inme­diatamente  éste saltó y corrió al lado de su madre.¿Cómo lo ha hecho? —preguntó la madre incrédulamente—.  ¿Qué le ha  dicho? El psiquiatra vaciló un momento, y luego dijo: —Lo único que le he dicho es: ¡Si no te bajas del caballo ahora mismo,  te voy a dar una buena paliza!

Tarde o temprano la gente aprende que el miedo funciona, que la autoridad  funciona, que el poder funciona. Y los niños son tan desvalidos y tan  dependientes de sus padres que les puedes asustar. Se vuelve tu técnica  explotarlos y oprimirlos, y ellos no tienen adonde ir. En una comuna tendrán muchos sitios a los que ir. Tendrán muchos tíos  y muchas tías y mucha gente, no estarán tan desvali­dos. No estarán tanto  en tus manos como ahora mismo. Tendrán más independencia, menos  desamparo. No podrás coaccionarlos tan fácilmente. Y todo lo que ven en casa es desdicha. A veces, sí, ya lo sé, a ve­ces el marido  y la mujer son amorosos, pero siempre sucede en pri­vado. Los niños no lo  saben.  Los niños sólo ven las malas caras, el lado feo. Cuando la madre y el padre  son amorosos, lo hacen con la puerta cerrada. No hacen ruido, nunca  permiten que los niños se­pan qué es el amor. Los niños sólo ven el  conflicto, quejas, peleas, golpes más o menos sutiles, insultos,  humillaciones.  Los niños es­tán siempre viendo lo que pasa.

 Un hombre está en el cuarto de estar leyendo el periódico. En­tra su  esposa y le da un tortazo.Pero ¿por qué? —pregunta el marido indignado. —Por ser tan mal amante. Un poco después, el marido se acerca a su mujer, que está mi­rando  televisión, y le da una sonora bofetada.¿A qué viene esto? —grita ella. A lo que él contesta: —Por saber la diferencia.

 Y esto sigue sin parar, y los niños observan siempre lo que está pasando.  ¿Es esto la vida? ¿Para esto se supone que es la vida? ¿Esto es todo lo que  hay? Empiezan a perder la esperanza. Antes de en­trar en la vida ya son  fracasados, han aceptado el fracaso. Si sus pa­dres, que son tan listos y  poderosos, no pueden triunfar, ¿qué es­peranza les queda a ellos?  Es imposible. Y han aprendido los trucos, trucos para ser desdichado, trucos para ser  agresivo.  Los niños nunca ven que suceda el amor. En una comuna habrá más  posibilidades.  El amor debería salir un poco más a la luz. La gente debería saber que  el amor sucede.  Los niños pequeños deberían saber qué es el amor. Deberían ver a gente  sien­do cariñosa... En un mundo mejor, más comprensivo, el amor estará por to­das partes. Los niños verán qué es el cariño. Los niños verán el gozo que produce querer  a alguien. Si observan, aprenden. Si sa­ben lo que sucede, sus puertas se  abren. Habría que aceptar más el amor y rechazar más la violencia. El amor  debería ser más asequible. Dos personas que hacen el amor no deberían  preocuparse de que nadie se entere. Deberían reírse, cantar, gritar de  alegría, para que todo el barrio sepa que alguien está amando a alguien,  que alguien está haciendo el amor. El amor debería ser un gran don. El amor debería ser algo di­vino. Es sagrado. La vida puede volverse un paraíso aquí y ahora. Hay que quitar las barreras.  La familia es una de las mayores barreras3.

 

 ¿Por qué están todas las religiones en contra de la anticoncepción?

 

El Papa está en contra de la anticoncepción. Es normal que lo esté, porque  todas las religiones están en contra de los métodos anticonceptivos, por  la sencilla razón de que se reducirá el número de sus miembros. Es un juego  político: ¿quién tiene un número ma­yor, los católicos o los protestantes,  los hindúes o los jainistas o los musulmanes? Es todo una política de números, sobre todo por la democracia. Cada  persona es un voto: cuantos más niños tengas, más votos tie­nes. Y quien  tenga más votos gobernará el país, gobernará el mun­do. De forma que  todos los jefes religiosos, todas las instituciones religiosas, todos los  propagandistas religiosos están en contra de la anticoncepción Pero, en realidad, la anticoncepción es una de las mayores ben­diciones que  le han sucedido a la humanidad en toda la historia hu­mana.  Es la mayor revolución.  Ninguna revolución es tan impor­tante comparada con la invención  de los anticonceptivos, porque a través de los anticonceptivos la mujer  puede llegar a ser igual que el hombre. Sólo mediante los anticonceptivos  puede la mujer tener todos los derechos que el hombre siempre ha  reclamado para sí mismo. De otra forma, ella estaría casi siempre  embarazada. La mujer no podía trabajar en una fábrica, no podía trabajar en  una oficina,  No podía ser médico, no podía ser profesora. Como mu­cho, podía  tan sólo ser ama de casa, y esto significa simplemente ser una criada  doméstica.  Y gastaba toda su vida dando a luz. No podía hacer otra cosa, no  podía pintar, no podía escribir poesía, no podía tocar música, no  podía bailar.  ¿Cómo vas a bailar si estás continua­mente embarazada? Es algo  tan deprimente, tan repugnante. Pero en el pasado todo su trabajo era ser como una fábrica, se­guir  dando a luz a niños. Empezaba hacia los catorce años y conti­nuaba  mientras el hombre tenía la suficiente potencia para seguir procreando.  Tener dos docenas de hijos no constituía una excep­ción, una docena  era algo muy normal. Pero una mujer que da doce hijos al mundo o  dos docenas de hijos al mundo no tendrá tiempo para nada más. Esa es la causa básica de la esclavitud de la mujer. Y cuando es­taba  continuamente embarazada y enferma e indispuesta a causa del  embarazo, tenía que depender del hombre, dependía económi­camente  del hombre. Y si dependes económicamente del hombre, no puedes  ser libre. La economía es uno de los factores fundamen­tales.  Si el dinero viene del hombre, entonces el dinero viene con ciertas  condiciones. Si necesitamos una humanidad en la que el hombre y la mujer sean  iguales, entonces los anticonceptivos deberían usarse todo lo posible;  deberían ser algo normal... Los anticonceptivos han transformado la cualidad misma del sexo:  el sexo se vuelve algo divertido. El sexo ya no es algo tan se­rio  como solía ser. Se vuelve como un juego, dos cuerpos jugando uno  con otro, eso es todo. No hay nada de malo en ello. Juegas al fútbol,  ¿qué tiene de malo? Juegas al vóleibol, ¿qué tiene de malo?  Es algo entre dos energías corporales. El sexo también es un juego, pero antes no lo era. Antes de los  anticonceptivos, era algo muy serio. Los anticonceptivos han  erra­dicado toda esa seriedad. Y es normal que ahora las religiones  ten­gan miedo, porque su edificio entero se puede desmoronar a  causa de los anticonceptivos. Lo que los ateos no pudieron hacer  en si­glos, los anticonceptivos lo pueden hacer en décadas. Ya lo han  he­cho: los anticonceptivos han liberado al hombre de los sacerdotes. Los anticonceptivos son una bendición, pero el Papa no puede estar  a favor de ellos porque su poder está en juego, y no sólo el Papa,  sino todos los jefes de las demás religiones, los shankaracharyas  y los ayatolás y los imanes, estarán en contra de los anti­conceptivos.  Todo su negocio está en peligro. Yo estoy a favor de los anticonceptivos. Deberían usarse  abun­dantemente. A los niños deberían enseñarles los padres y  las es­cuelas a usar los anticonceptivos, para que el sexo sea algo  diverti­do, para que pierda toda aquella seriedad. Sólo entonces se  puede liberar la mujer. Sin los anticonceptivos la mujer está destinada a seguir siendo  una esclava. La mitad de la humanidad viviendo en la esclavitud  no es una escena agradable de ver. Y el Papa está también en contra del aborto. ¿Por qué está esa  gente en contra del aborto? Están siempre hablando de la inmor­talidad del alma. Entonces, ¿por qué tener miedo al aborto? El alma es inmortal, así que no hay pecado en el aborto. Lo único  que has hecho al abortar es evitar que el alma entre en este cuerpo.  El alma encontrará otro cuerpo, si no es en esta Tierra, será en  alguna otra, porque los científicos dicen que hay al menos cincuenta  mil planetas. Ese es el número mínimo de los que al­bergan vida.  Puede que haya más, pero cincuenta mil es casi segu­ro. Así que si  no es en este planeta, será en algún otro... Y es bue­no cambiar de  gente, ¿qué hay de malo en ello? Si este planeta se está poniendo  demasiado lleno, llevar alguna gente a otros plane­tas... Eso es lo  que hace el aborto. El alma dice: «¿Puedo entrar, se­ñora?», y tú  dices: «No, esto ya está demasiado lleno. Prueba en al­guna otra  puerta.» Y hay otras posibilidades, así que no estás destruyendo nada.  Esa misma gente por un lado dice que la vida es inmortal, que  el alma es inmortal, y por el otro te asustan diciéndote que estás  ma­tando un alma, que estás matando una vida, hacen que te sientas  culpable.

Solo hay dos posibilidades: o el alma es inmortal y entonces no has matado nada; o el alma es mortal, y entonces tampoco has mata­do nada. Y estas son las dos únicas posibilidades. O crees en la in­mortalidad del alma, y entonces no has matado nada porque no hay nada que se pueda matar, o crees en la mortalidad del alma, y enton­ces no hay nada que matar; no hay alma realmente, sólo hay cuerpo.

Y tenemos que decidir cuánta gente puede vivir gozosamente en este planeta. Pero hay también una estrategia oculta detrás de ello: a los sacerdotes, los papas y los demás, no les gustaría que el hombre viviera gozosamente, por la sencilla razón de que si la gen­te empieza a vivir con gozo, con alegría, con dicha, ¿a quién le va a importar su Paraíso y su cielo? La gente tiene que vivir total­mente desgraciada, sólo entonces puede predicar: «Mira, esta vida es un valle de lágrimas. Busca la otra vida, la vida del más allá. Esta vida es un infierno, así que no pierdas el tiempo viviéndola. Usa el tiempo encontrando otra vida, la vida divina.»

Les conviene que el mundo permanezca desdichado. Y psicoló­gicamente se las han arreglado para mantenerte desdichado, psi­cológicamente están intentando mantenerte desdichado, y biológi­camente, de todas las maneras posibles te están haciendo tan desdichado que tienes que acudir a ellos por consejo, tienes que considerarlos tus salvadores.

Mi visión es diferente.

Yo mantengo la idea de que esta vida, aquí y ahora, tiene capa­cidad para hacerse celestial. No es necesario anhelar ningún otro cielo, ningún otro paraíso. Podemos transformar esta vida en un fenómeno muy bello. Philosophia Ultima, cap. 3.

 

 

 

 

 

¿Qué opinas del aborto?

 

El aborto no es un pecado; en este mundo superpoblado es una virtud. Y si el aborto es pecado, entonces el Papa polaco, la madre Teresa y compañía son los responsables, porque están en contra de los anticonceptivos, están en contra de los métodos de control de la natalidad, están en contra de la pildora. Esa es la gente causan­te de todos los abortos, ellos son los responsables. ¡En mi opinión son grandes criminales!

¡En este mundo superpoblado, en el que hay gente hambrien

ta muriéndose, estar en contra de la pildora es simplemente im­perdonable!

La pildora es una de las contribuciones más significativas de la ciencia moderna a la humanidad, puede convertir la Tierra en un Paraíso.

Pero ciertamente en ese Paraíso no habrá huérfanos, y enton­ces ¿qué pasará con la madre Teresa y los misioneros de la caridad? Y en ese Paraíso ¿quién escuchará al Papa polaco? La gente será tan feliz, ¿a quién le va a importar esa gente? ¿Y quién pensará en un Paraíso después de la muerte? Si el Paraíso existe aquí y ahora, en­tonces no hay necesidad de inventar, proyectar, soñar, fantasear un Paraíso en el más allá.

Han fantaseado el Paraíso en el más allá porque hemos vivido en el infierno en esta Tierra.

Y este infierno les viene muy bien a los sacerdotes, a la gente que se llama religiosa, a los santos, a los papas, a todo tipo de ayatolás y shankaracharyas, a todos esos tipos de embaucadores. To­dos ellos están en contra de la pildora. ¡Si tienen algo contra la pil­dora, entonces convertidla en polvo! ¡Si el problema es que sea una pildora, entonces trituradla! Encontrad alguna otra forma. Esa es la gente causante de los orfanatos, los abortos, y les viene muy bien. ¡Están haciendo un buen trabajo!

He oído algo sobre dos hermanos; solían tener un negocio. Su negocio era: uno de ellos entraba en un pueblo por la noche y po­nía alquitránen las ventanas y las puertas de la gente, y por la ma­ñana se iba.

Por la mañana llegaba el otro hermano, gritando por las calles del pueblo: «¡Limpio el alquitrán! ¡Si alguien quiere que le limpien las ventanas, aquí estoy!» Y por supuesto, tenía mucho trabajo, ¡todo el pueblo le necesitaba! Para cuando terminaba, el otro her­mano ya había destruido las puertas y ventanas de algún otro pue­blo, y entonces llegaba este otro hermano. ¡Les iba muy bien y es­taban ganando mucho dinero!

Esto es lo que está haciendo esa gente. Estás en contra de la pildora, estás en contra de los anticonceptivos, estás en contra de la esterilización, estás en contra de todas las técnicas de control

de la natalidad, y así, naturalmente, habrá abortos, habrá huérfa­nos y mendigos. Entonces les puedes servir y ganar grandes virtu­des, porque sin servicio nunca irás al cielo.

Esa pobre gente es necesaria como trampolín para que tú va­yas al cielo.

A mí me gustaría destruir la pobreza, no quiero ayudar a los pobres. ¡Ya basta! Durante diez mil años los tontos han estado ayu­dando a los pobres; no ha servido de nada. Pero ahora tenemos la tecnología suficiente para destruir la pobreza por completo.

Así que si hay que perdonar a alguien es a esta gente. Es al Papa, a la madre Teresa, etcétera, a quienes hay que perdonar. Son criminales, pero su crimen es de una naturaleza tal que se necesi­ta mucha inteligencia para comprenderlo5.

 

 

 

Me quedé muy sorprendido al oírte apoyar la produc­ción de niños de probeta, diciendo que podrían ser ge­nios, más bellos y más sanos que los seres humanos. Pero lo único que importa es la belleza de nuestro ser interno, ¿no? ¿O estabas bromeando?

 

No. Me pongo serio en muy raras ocasiones, y cuando hice esa afirmación estaba muy serio. Lo digo en serio, porque el hombre que ha sido creado por la naturaleza ciega, por la biología ciega, no ha resultado ser un crecimiento real para la humanidad. Puedes verlo.

Charles Darwin dice que los monos se hicieron hombres. Pero desde entonces —eso debe haber sucedido hace un millón de añosdurante este millón de años el hombre no ha creado nada mejor. Los monos fueron mucho más inteligentes; al menos ellos hicieron que naciera la humanidad. Los seres humanos parecen ser total­mente impotentes. Continúan creando réplicas exactas de sí mis­mos. Esto hay que pararlo.

Zen: Zest, Zip, Zap andZing, cap. 13.

 

He oído que sucedió en una oficina: llegaron órdenes de arriba de que la oficina estaba demasiado atestada de archivos viejos —de hace treinta, cincuenta años— y que había que destruirlos. ¡Pero asegurándose de que se guardaran copias de todo! Pero entonces, ¿para qué sirve? ¿Para qué destruir los ori­ginales?

Hasta ahora, el hombre se ha unido a la mujer accidentalmen­te. Por eso te sientes sorprendido —cualquiera se sentiría sorpren­dido, lo comprendo— al pensar que un bebé no debería tener el úte­ro de la madre, el calor de la madre, el cuidado de la madre, el amor de la madre... Pero, ya sabes, hay muchas otras cosas también en la madre: sus quejas, su odio, sus celos, su estupidez. El bebé también cogerá todas esas cosas.

Y ya se puede ver, los especímenes andan sueltos por todo el mundo. Esto es lo que ha salido de vuestras relaciones: Adolf Hitler nació de una relación humana; él estuvo en el útero de una madre. José Stalin nació de la misma manera. Y también todos es­tos criminales: Alejandro Magno, Napoleón Bonaparte, Mussolini, Mao Zedong, Nadir Sha, lamerían, Gengis Kan; la historia está llena de estos monstruos. Ellos también salieron de mujeres amo­rosas.

Yo ya no confío en la biología ciega. Confío más en un ser hu­mano consciente. Es mejor dar el nacimiento del niño a una pro­beta, en la que puedes elegir el mejor semen, el mejor óvulo de la mujer. Y no hay necesidad de preocuparse de que sean anónimos; de hecho, todos los hospitales deberían tener un banco. Tienen bancos de sangre; deberían tener bancos de semen y óvulos, y de­berían asegurarse de que la mejor célula de semen y el mejor óvu­lo se junten de manera muy clínica, en una probeta.

No tendrán la herencia de vuestro feo pasado. Serán seres fres­cos, y podemos programar esos óvulos y esas células de semen para hacer posible más salud, más vida, más inteligencia.

En cada relación amorosa el hombre libera millones de célu­las vivas. Sólo una de ellas llegará al óvulo femenino. Todas co­rren —es una gran carrera... millones de seres humanos, aunque sean muy pequeños y no los puedas ver con los ojos—, es una gran

carrera, mayor que cualquier carrera que sucede en la Tierra.

Proporcionalmente a su tamaño, la distancia entre el semen y el óvulo de la mujer es de tres kilómetros. Si fueran de tu tamaño, el recorrido sería de más de tres kilómetros. Un recorrido de más de tres kilómetros... y están luchando con fuerza para sobrevivir, porque no tienen mucho tiempo. Están siempre cerca de la terce­ra guerra mundial. Sólo pueden vivir dos horas, nada más. Y sólo una célula llega al óvulo, porque entonces éste se cierra. Sucede muy raramente que dos células lleguen simultáneamente; así na­cen los gemelos.

Rabindranath Tagore, uno de los más grandes poetas de la In­dia, era el decimotercer hijo de su padre. Los otros doce resulta­ron ser idiotas, nadie conoce ni siquiera sus nombres. Y es un ca­mino ciego y oscuro. Si el padre de Rabindranath hubiese parado tras el número doce —que parece ser un buen momento para pa­rar; una docena es suficiente, más que suficiente—, entonces os hubierais perdido uno de los seres más bellos de la Tierra: un gran poeta, un gran pintor y un gran ser humano... bello en to­dos los aspectos.

Pero en una probeta es tan fácil. Esos doce deberían haber sido descartados. Hemos elegido que Rabindranath sea el primer hijo, y quién sabe cuánto potencial más habría habido en él si hubiera conseguido el mejor óvulo femenino. Nadie lo sabe.

¿Sabes?, cuando el primer tren fue de Londres a una estación cercana, un viaje de menos de trece kilómetros, nadie estaba dis­puesto a montarse en él... ni siquiera gratis. Servían comida gra­tis, pero nadie estaba dispuesto a entrar porque el cura había di­cho por la mañana en la iglesia que Dios nunca había creado ningún ferrocarril: «¡No es natural, es peligroso, es inhumano! ¡No os montéis!»

¿Qué crees que habría pasado si la gente hubiera parado? No habría habido trenes, ni coches ni aviones, ni cohetes para llegar a la Luna.

¡Y tenemos que llegar a las estrellas! Necesitamos cuerpos más fuertes, necesitamos gente más inteligente, y necesitamos gente que esté limpia de todas esas tonterías pasadas. Esto sólo es posible si creamos un método clínico, médico, para el nacimiento del hombre.

Estoy absolutamente a favor de ello6.

 

 

Mi miedo acerca de tu visión del nacimiento de un nuevo hombre mediante probetas e ingeniería genéti­ca no tiene nada que ver con la tecnología en sí, sino con el miedo de quién podría controlar la tecnología. ¿Quién puede garantizar que este conocimiento será utilizado por seres humanos conscientes, y no por los políticos idiotas que convertirían nuestro nuevo mun­do mejor en el 1984 de Orwell?

 

¿Quién controla la tecnología hoy? ¿Quién controla todas vues­tras armas nucleares? ¿Quién controla todos vuestros descubri­mientos científicos? ¿Habéis levantado vuestra voz contra ello? ¿Habéis pensado siquiera que la vida entera en la Tierra está ahora en manos de políticos idiotas?

Y siempre ha sido así. Cualquier cosa que se descubre es cap­turada inmediatamente por los gobiernos, así que ¿por qué la pregunta se refiere sólo a la ingeniería genética? ¿No te da mie­do que los políticos tengan armas nucleares que pueden des­truirte setecientas veces? Aunque si te destruyen una vez, no será necesario que te destruyan de nuevo; como no eres el único hijo de Dios, no resucitarás; y no hay por aquí mesías que te de­vuelvan a la vida.

Pero tienes miedo —y puedo comprenderlo— de que si la in­geniería genética está en manos de los políticos, ciertamente no van a crear al hombre lleno de belleza, amor, silencio, inteli­gencia, encanto. Van a crear robots de acero, para que sean to­dos soldados que luchen, que maten. Ya lo sé. Por eso he pro­puesto que no debería haber naciones, que el mundo debería

The Last Testament, vol. 1, cap. 3.

tener sólo un gobierno funcional. Hay que eliminar todas las fronteras, hay que quemar todos los pasaportes y las tarjetas de residencia. Que eres un ser humano es suficiente para entrar a cualquier país.

Por eso, recuerda todo el contexto de todo lo que digo; de otra forma me malinterpretarás. Quiero un solo mundo, para que no haya guerra y no sean necesarios los soldados. Quiero un gobierno mundial. Quiero que el presidente del gobierno mundial sólo sea presidente durante seis meses, para que no pueda hacer ningún daño. Y quiero que una persona sólo pueda ser elegida una vez. Es­tas son las precauciones.

La ingeniería genética, el nacimiento de niños en los laborato­rios científicos, estará en manos de los científicos.

Hemos probado la religión y ha fracasado. Hemos probado la política y ha fracasado. Ahora tenemos que probar la ciencia. Dadle una oportunidad, porque en trescientos años ha creado más progreso que el hombre en toda su historia de millones de años.

Y os he propuesto que el mundo debería tener una única aca­demia de las ciencias para que no haya científicos rusos, ni cien­tíficos estadounidenses, ni científicos hindúes, ni científicos cristianos, todo eso pertenece al pasado. Esa academia contará con todos los genios del mundo. Los demás esfuerzos han fraca­sado, habría que dar a la ciencia una segunda oportunidad. No hay ningún mal en ello. Como mucho, puede fracasar, la peor posibilidad es que la ciencia pueda fracasar, pero no creo que pueda fracasar.

Tenemos que preparar un nuevo tipo de hombre. De ese nuevo tipo de hombre —meditativo, silencioso, amoroso— irán saliendo científicos.

Tengo la visión entera del nuevo hombre: sin religiones, sin na­cionalidades, sin gobiernos, sólo un gobierno funcional, y una po­derosa academia mundial de científicos. Y la ciencia puede ser el factor decisivo.

No tengas miedo. Los científicos no son monstruos, los cientí­ficos son muy humanos. Y si la meditación continúa floreciendo y

los sannyasins siguen creciendo, los científicos serán los primeros interesados en el viaje interior. Lo necesitan; de otra forma, sus vi­das están desequilibradas. Sólo van hacia fuera, siempre hacia fue­ra. Necesitan ciertos métodos pora poder ir hacia dentro y mante­ner cierto equilibrio. Y un científico meditativo no puede concebir la creación de monstruos, de asesinos.

La ciencia ha sido una bendición para el hombre. Puede ser una bendición aún mayor si hay sólo un mundo. From the False to the Truth, cap. 31.

 

 

Creatividad

 

 

 

¿Podrías hablar de la mujer creativa? Soy una mujer, y el espíritu creativo bulle en mí con fuerza. Sé que las mujeres pueden ofrecer al mundo del arte una visión, un entendimiento, una suavidad nunca antes vistos. Siento que el arte tiene una base diferente para empe­zar. Quizá es porque el arte puede nacer del amor y ya no necesita ser conquistado

 

       A la creatividad no le atañe que seas hombre o mujer. Si te sien­tes creativa, bien. Pero no creas que vas a aportar algo más ele­vado a la creatividad, algo que el hombre no ha podido hacer.

¿Por qué seguir poniendo líneas divisorias entre el hombre y la mujer? La verdad es que todo hombre lleva una mujer dentro de sí, y que toda mujer lleva un hombre dentro de sí. Y tiene que ser así, porque seas hombre o mujer, estás creado por un hom­bre y una mujer. Ambos han contribuido a tu creación mitad y mitad. Tanto tu padre como tu madre están vivos en ti. Es sólo una cuestión de qué lado de la moneda está hacia arriba y cuál está debajo.

Desde luego, el arte será mejor si tanto los hombres como las mujeres crean desde sus diferentes ángulos. Pero de la forma que tú lo dices, no comprendes la creatividad en absoluto. Dices que la creatividad puede surgir del amor; que la pintura, la escultura y la danza no necesitan ser conquistadas. Pero hay un 99 por 100 de posibilidades de que el amor te satisfaga tan plenamente que no temolestes por pintar. No te molestarás en gastar tu tiempo hacien­do una estatua.

El amor satisface tan plenamente que ¿a quién le importa es­cribir poesía? La poesía la escribe la gente que ha perdido el tren. Ahora se consuelan de alguna forma escribiendo poemas sobre el amor, el amor que no conocen.

Es muy difícil ser creativo por amor. Sí, habrá un tipo diferen­te de creatividad. Si amas a un hombre, quizá tu cocina se con­vierta en el campo de tu creatividad. Te gustaría que tu hombre tu­viera la mejor comida. Te gustaría que tu hombre tuviera la mejor ropa. ¡Mira mi ropa! Esta es la creatividad que surge del amor.

Raramente es posible que una mujer que ama se preocupe por la pintura, la poesía, la danza, etcétera. Es realmente el com­plejo de inferioridad del hombre —que no puede amar tan pro­fundamente, que no puede dar a luz a un niño— lo que le hace en­contrar sustitutos para competir con la mujer. Crea pinturas, crea esculturas, crea arquitectura, crea el diseño de un jardín. Quiere sentir que también él puede crear. Básicamente, esto sale de su complejo de inferioridad. Ve a la mujer y su inmenso poder para crear vida. Él crea una estatua muerta, no importa lo bella que sea, está muerta.

Quien haya hecho esta pregunta parece estar en contra de los hombres, y cualquier mujer que esté en contra de los hombres está dejando de ser natural ella misma. Al estar en contra de los hom­bres, se está convirtiendo ella misma en un hombre. Ahora ella se está sintiendo psicológicamente inferior porque el hombre puede pintar y crear música y danza. Naturalmente, tendrá que dejar de tener hijos para que su propia creatividad pueda dirigirse hacia es­tas cosas: la pintura, la poesía, la música.

Pero me gustaría decirte que así fracasarás. Estás compitiendo con el hombre, y no necesitas competir: ya eres superior. No nece­sitas escribir poesía, tú eres poesía. Tu amor es tu música. ¡Tu co­razón latiendo con tu amante es tu danza!

Pero si quieres crear poesía, música y danza, tendrás que pri­varte del amor. Tendrás que estar en el mismo espacio que el hom­bre: sintiéndote inferior y encontrando sustitutos para la creatividad. Eso es feo. No puedo apoyarlo. La mujer es el sexo superior; no necesita probarlo...

Pero si no sientes deseos de tener hijos, y quieres pintar y quie­res componer música, está perfectamente bien.

De hecho, muchas mujeres deberían hacer eso, porque la Tie­rra está tan superpoblada. Puedes ayudar muchísimo si desvías tu creatividad de los niños a las pinturas, porque las pinturas no ne­cesitan comida. La danza está perfectamente bien. Baila todo lo que quieras, eso no crea ninguna Etiopía. Escribe poesía. Porque quizá algunas pocas personas tengan que sufrir escuchando tus poemas, aburriéndose con ellos, pero eso no es un gran problema. Se las pueden arreglar para esquivarte.

Pero si no tienes deseos de tener niños, está perfectamente bien. Por supuesto, tendrás que crear otra cosa. Hazlo, pero no pienses que tu creatividad será más elevada que la de un hombre. No puede serlo, por la sencilla razón de que tú eres el sexo supe­rior, no tienes en ti esa inferioridad que es el incentivo para que el hombre ponga toda su vida en su pintura.

¡Está compitiendo con tu bebé! E incluso si es un Picasso, muere desesperado. Toda su vida ha intentado pintar algo, pero ninguna pintura puede estar viva, ningún poema puede estar vivo. Así que recuerda que una mujer puede crear, pero lo más probable es que su creatividad sea sólo de tercera categoría. Pero es buena para el mundo. Ya no queremos más población, queremos reducir la población a un cuarto de lo que es hoy. De forma que estarás contribuyendo a un gran proyecto. Serás una bendición al no dar a luz a un niño.

Pero abandona esa idea de que estarás creando algo superior por amor. Si realmente quieres crear algo, no pienses en el amor tampoco, porque el amor satisface de una manera tan completa. Es un milagro tal que ¿quién quiere escribir poesía?

No he encontrado nunca a un solo amante, hombre o mujer, que haya creado poesía, que haya creado pinturas, que haya creado esculturas, por la sencilla razón de que están tan satisfechos. Todas esas cosas creativas necesitan una insatisfacción, una herida que tienes que tapar.

Estoy perfectamente contento con tu idea. Realiza cualquier actividad creativa que quieras; pero recuerda, no tienes el comple­jo de inferioridad del hombre, así que no puedes competir con el hombre de ninguna forma. Ya estás es una posición mejor. El hom­bre es pobre; ten compasión del pobre hombre. From Death to Deathlessness, cap. 1..

 

 

El otro día dijiste que las mujeres crean niños, y los hombres crean las artes y otras cosas materiales. ¿Es antinatural o neurótico que la mujer no desee tener un hijo y prefiera ser artista? Yo nunca he querido te­ner un hijo. La danza, la música, la poesía, el teatro y la pintura eran mi pasión y expresión. ¿Podrías hacer algún comentario?

 

No hay nada antinatural en ello. Si no quieres tener un hijo, tienes derecho a no tenerlo. Si quieres poner tu creatividad en la pintura, en el arte, en la música, eso está perfectamente bien, mu­cho mejor que crear un niño que está destinado a ser una carga en la Tierra. ¿Y quién sabe qué tipo de niño saldrá de ti?...

Una pintura es inofensiva. La música es bella, la danza servirá. No, eso no tiene nada de antinatural. Los hombres han dicho una y otra vez que tener hijos es el deber natural de las mujeres. Así es como han conseguido mantener a la mujer en la esclavitud, porque si una mujer continúa dando a luz a niños, ¿qué tiempo le queda para pintar? ¿Qué tiempo le queda para crear música, poesía, teatro?

Así que, por un lado, han estado forzando a la mujer a perma­necer embarazada continuamente. Hace sólo cien años, cualquier mujer, por todo el mundo, estaba embarazada continuamente. Un hijo toma nueve meses de su vida, luego tiene que criarlo. Y cuan­do el niño no tiene todavía ni seis meses, ella ya está embarazada de nuevo. Es como fumar un cigarrillo tras otro. E incluso un solo niño es un agobio tal...

 

Estoy de acuerdo contigo. Me han preguntado muchas veces: «¿No te gustaría tener un hijo?» Yo dije: «¿Yo? Acabaría matando al niño o suicidándome; ¡no podríamos coexistir! ¿Un niño en mi habitación? ¡Imposible!» Tan sólo para estar alerta, nunca me he casado, porque ¿quién sabe?, puede que la mujer con quien me case quisiera un niño. Entonces surgirían dificultades.

No hay problema, a no ser que sientas que lo hay. No escuches a nadie lo que diga, que es antinatural. Puede que sea antinatural para ellos, así que pueden dar a luz a tantos niños como quieran. Si te sientes bien pintando, escribiendo poesía, componiendo mú­sica, estás dando hijos mejores al mundo, hijos que son inofensi­vos, que harán gozar a muchas personas. From the False to the Truth, cap. 34..

 

 

 

¿Es verdad que consideras pecaminoso el sexo enca­minado a la reproducción? He leído también tus pala­bras diciendo que el mayor acto creativo de una mu­jer es producir un niño, y que existe una gran diferencia entre una madre y una mujer. Si esto es así, ¿hay entonces pecado en participar en el sexo y en el amor con la esperanza de crear un niño y sentir la ale­gría de la creación y la energía renovadora del Uni­verso?

 

Sí, hasta ahora el mayor acto creativo de una mujer ha sido dar a luz a un niño, pero ya no va a ser así. La Tierra no estaba tan po­blada en el pasado; era una necesidad, una gran necesidad, y la mu­jer la satisfizo. Pero ahora ella tiene que crecer a nuevas dimensio­nes de la creatividad, y sólo entonces será capaz de ser igual que el hombre. De otra forma, en el pasado ha sido tan sólo una fábrica y el hombre la ha utilizado para crear más niños. Tener más niños era beneficioso económicamente, era un negocio, porque te ayudaban de todas las maneras posibles; en el pasado no eran una carga.

 

En los países pobres aún perdura la idea de que cuantos más hi­jos tengas mejor te irá económicamente. En el pasado eso era ver­dad, hoy día es absolutamente falso. Mahoma se casó con nueve mujeres y permitió que los musulmanes se casaran con cuatro mu­jeres simplemente para crear más musulmanes, porque había una guerra continua entre los musulmanes y los no musulmanes y era una cuestión de poder, la política de los números. De forma que era importante económica y políticamente que los hombres se ca­saran con más mujeres, y la gente robaba mujeres de las demás tri­bus. Era más importante robar una mujer que un hombre, porque el hombre no es tan reproductivo; un hombre es suficiente para ser­vir a muchas mujeres y un hombre puede producir muchos niños.

Pero ahora todo ha cambiado, el mundo está superpoblado. Ahora lo que se necesita es desviar la creatividad de las mujeres a nuevas dimensiones: a la poesía, a la literatura, a la pintura, a la música, a la arquitectura, a la escultura, a la danza. Ahora habría que permitir a la mujer acceso a toda la gama de la creatividad.

Crear un niño ahora es peligroso. Superpoblar la Tierra ahora es suicida; ya somos más de los necesarios.

Dar a luz a niños ahora no es creativo, ¡es destructivo! Todo el contexto ha cambiado y tenemos que aprender nuevas maneras de vivir en un nuevo contexto. Y la mujer no podía crear gran poesía, gran música, gran arte, gran literatura; no podía ser científica, mística, no podía hacer nada, porque en el pasado estaba conti­nuamente embarazada. Estaba mal nutrida, torturada por tantos hijos, docenas de hijos, siempre embarazada, enferma. Aún no ha­bía vivido totalmente, no tenía el tiempo suficiente para vivir.

Por vez primera, gracias a los anticonceptivos y los métodos de control de la natalidad y la esterilización, es posible que la mujer