MIEDO

La etología del miedo

EL MIEDO SOLO EXISTE EN EL MECANISMO DE LA MENTE. Tendrás que aprender a separarte del mecanismo. Nos hemos identificado tanto con el mecanismo que nos hemos olvidado por completo de la distancia. Solo es la mente, y la mente no es otra cosa que el conjunto de los condicionamientos recibidos de otros.
Empieza a observar un poco. Por ejemplo, ves una rosa e inmediatamente dices: «Es hermosa». Analízalo, obsérvalo: ¿de quién son las palabras que estás repitiendo? ¿Esta aseveración de que la flor es hermosa es tu experiencia aquí, ahora, en este momento? ¿Es realmente tu experiencia en este momento, o simplemente estás repitiendo unas palabras que has leído en un libro o que has oído decir a alguien cuando eras niño? Un profesor, un familiar, un amigo… haz memoria, lo que encuentres te sorprenderá.
Si te observas en profundidad lograrás recordar: «Es cierto, esa determinada persona fue la primera a quien le oí decir: “Mira que flor tan hermosa”». Eso entró a formar parte de tu programa, y lo has estado repitiendo desde entonces. Y cuanto más lo has repetido, más se ha ido integrando. Ahora es casi como una grabación magnetofónica: Ves la flor, que es el estímulo, e inmediatamente viene la respuesta, la grabación empieza a reproducirse diciendo: «Es hermosa». No eres tú quien lo está diciendo.
El programa ni siquiera te ha permitido ver la flor.
Tampoco el miedo procede de tu ser. Obsérvalo, analízalo, entra en ello, y te sorprenderás al descubrir quién te ha enseñado.
Alguien te ha hecho temer al amor, a los extraños, a lo desconocido, cuando eras pequeño; de ahí esas voces. Podrás descubrir de quién son esas voces; de tu madre, de tu padre… y no estoy diciendo que estuvieran equivocados. Cuando lo dijeron, tenían sentido.
Pero ahora no lo tiene. Ya eres mayor, ahora esos programas no son apropiados, no son más que resacas del pasado; pero siguen ahí porque la mente no sabe cómo borrarlos; a no ser que te vuelvas muy consciente y los borres conscientemente. La mente no puede borrar sus programas automáticamente. La mente solo tiene la posibilidad de ser programada, no puede desprogramarse a sí misma.
Este es uno de los problemas más fundamentales que se han de afrontar. Y en eso consiste mi trabajo: ayudarte a tomar conciencia de tu programación y, así, puedas separarte y ver que no eres el programa. Solo entonces, cuando haya la suficiente distancia, podrás borrar muchos programas que simplemente han caducado, que ya no tienen sentido pero que, si no te separas de ellos, llevas y llevarás hasta que mueras.
Según he observado, el niño se identifica con su mente programada alrededor de los cinco años. Hasta esa edad, el niño todavía está vivo, porque aún no ha sido programado; después, se transforma en un mecanismo.
Alrededor de los cinco años de edad, se deja de aprender por completo. Uno repite el programa cada vez mejor, más hábilmente, más eficientemente pero, básicamente, es el mismo programa hasta la muerte… a no ser que, por azar, llegues a una situación, a un campo de energía en el que se te pueda hacer consciente; casi obligándote, a pesar de ti mismo, a darte cuenta de todo este disparate que la mente te está jugando.
Siempre que te encuentras con algo nuevo tu mente te dice: «¡Espera! Esto es muy extraño; es algo que no habías hecho nunca antes». La mente te dice: «No hagas nada que no hayas hecho antes; no lo hagas, es arriesgado. ¿Quién sabe cuál será el resultado? ». La mente es siempre ortodoxa porque vive a través de programas. Ella quiere que solo hagas aquello que ya has hecho, porque en eso eres bueno, eficiente. Es más seguro, ya sabes hacerlo.
Pero si entras en alguna extraña situación, ¿quién sabe lo que puede ocurrir? ¿Quién sabe si será lo correcto o no? ¡Ten cuidado! La mente te dice: «Ajústate al viejo programa, limítate a vivir como lo has estado haciendo hasta ahora; si mantienes la misma rutina, habrá menos posibilidades de errar».
La mente quiere evitar errores, pero la vida no; la vida quiere ir a través de los errores para aprender más; porque solo se aprende yendo a través del intento y el error. Si dejamos de cometer errores, también dejamos de aprender. Y por lo que yo he observado, la gente que deja de aprender se vuelve neurótica; el no aprender es una especie de neurosis. Uno siente miedo a aprender más, así que se mantiene en la misma rutina. Uno se cansa, se aburre pero, no obstante, sigue manteniéndose en la misma rutina porque se ha acostumbrado a ella; le resulta familiar, conocida.
La aparición del miedo solo es una indicación de que ha surgido algo que va en contra del programa que has estado siguiendo hasta ahora, de que has llegado a una situación en la que tendrás que volver a aprender. Eso significa que tendrás que abandonar tu neurosis, significa que todo lo que has hecho, desde tu niñez hasta ahora, desde que tenías cinco años hasta ahora, ha de ser borrado, abandonado poco a poco… para que puedas volver a ser un niño y reanudar el proceso de aprendizaje donde lo habías dejado.
La intensidad con la que me afecta el miedo va desde una ligera incomodidad o nudo en el estómago hasta un pánico vertiginoso, como si el mundo se fuera a acabar. ¿De dónde procede? ¿Adónde se dirige? Todos tus miedos son producto de la identificación.
Cuando amas a una persona, con el amor, en el mismo paquete, viene el miedo: esa persona puede dejarte. Ya ha dejado a otro para estar contigo; hay precedentes, puede que contigo haga lo mismo. Tienes miedo, sientes un nudo en el estómago. Tu apego es tan grande que no puedes entender el simple hecho de que has venido al mundo solo. Antes, vivías sin esa persona, y estabas perfectamente, sin el nudo en el estómago. Un día, si esa persona se va… ¿a qué viene ese nudo? Tú ya sabes cómo estar sin esa persona, podrás volver a estar solo.
El miedo a que mañana puedan cambiar las cosas… uno se puede morir, se puede arruinar, perder su empleo, mil y una cosas pueden cambiar. Estás repleto de miedos, y ninguno de ellos es válido; porque ayer también estabas repleto de todos esos miedos, innecesariamente. Las cosas pueden haber cambiado, pero todavía sigues vivo. El ser humano tiene una enorme capacidad para ajustarse a cualquier situación.
Se dice que los hombres y las cucarachas son los seres que tienen la mayor capacidad de ajustarse. Por eso, donde sea que haya hombres, habrá cucarachas, y donde haya cucarachas, habrá hombres.
Van juntos, son similares. Los primeros hombres que llegaron a lugares tan remotos como el Polo Norte o el Polo Sur se dieron cuenta de que habían traído consigo a las cucarachas y que, además, estaban perfectamente sanas y reproduciéndose.
Solo con observar su distribución en la Tierra se puede ver que el hombre vive en miles de diferentes climas, situaciones geográficas, políticas, sociológicas, religiosas; no obstante, se las apaña para vivir. Y lleva siglos viviendo… las cosas van cambiando y él se va adaptando.
No hay nada que temer. Aunque se acabe el mundo, ¿qué importa? ¡Tú te acabarás con él! ¿Acaso crees que cuando el mundo se acabe quedarás tú solo en una isla? No te preocupes, ¡algunas cucarachas te harán compañía! ¿Qué problema hay si se acaba el mundo? Es algo que me han preguntado muchas veces, pero ¿dónde está el problema? Si se acaba, se acaba. No supondrá ningún problema para nosotros porque no estaremos aquí; estaremos acabándonos con él, y no habrá nadie para preocuparse por ello. En realidad, será la liberación definitiva del miedo. El final del mundo significará el final de todos los problemas, de todas las molestias, de todos los nudos en el estómago. No veo dónde está el problema.
Pero sé que todo el mundo está lleno de miedo. Todo el mundo lleva una especie de coraza, y hay razones para ello. La primera es que el niño nace completamente indefenso a un mundo del que no sabe nada. Como es natural, le da miedo lo desconocido que se encuentra. Todavía no ha olvidado esos nueve meses absolutamente amparado y seguro en los que no había ni problemas ni responsabilidades ni preocupación por el mañana.
Para nosotros, son nueve meses, pero para el niño, es una eternidad. Él no sabe nada de calendarios, no sabe nada de minutos, horas, días, meses. Ha vivido una eternidad en una seguridad absoluta, sin ninguna responsabilidad y, de repente, es arrojado a un mundo desconocido en el que depende de otros. Es normal que tenga miedo. Todos son más grandes y poderosos, y no puede vivir sin su ayuda. Sabe que es dependiente; ha perdido su independencia, su libertad.
El niño es débil, vulnerable, inseguro. Automáticamente empieza a crear una coraza, una protección para sí mismo, de diferentes formas. Por ejemplo, tiene que dormir solo; está en la oscuridad y tiene miedo, pero tiene a su osito de peluche y se convence a sí mismo de que no está solo; su amigo está con él. Se pueden ver niños con sus ositos de peluche en los aeropuertos, en las estaciones de tren. ¿Crees que es solo un juguete? Para ti, lo es, pero para el niño, es un amigo; un amigo que está ahí cuando no hay nadie más para consolarle; en la oscuridad de la noche, cuando está solo en la cama, el osito de peluche siempre está con él.
Creará ositos de peluche psicológicos. Recuerda, aunque un hombre adulto puede pensar que no tiene ositos de peluche, se equivoca. ¿Qué es su Dios? Un osito de peluche. Debido a su miedo en la infancia, el hombre ha creado una figura paternal que lo sabe todo, que está presente en todas las partes, si tienes la fe suficiente en él, te protegerá. Pero la propia idea de la protección, la propia idea de que se necesita un protector, es infantil en sí misma.
Entonces aprendes a rezar, que no es más que una parte de tu coraza psicológica; el fin de la oración es recordarle a Dios que estás aquí, solo, en medio de la noche.
Nuestras plegarias, cánticos, mantras, nuestras escrituras, nuestros dioses, forman parte de nuestra coraza psicológica. Es algo muy sutil. El cristiano cree que solo él será salvado, nadie más. Pues bien, ese es su mecanismo defensivo, todo el mundo irá al infierno menos él, porque él es cristiano. Pero eso es común en todas las religiones, todos creen igualmente que solo ellos serán salvados. No tiene nada que ver con la religión, tiene que ver con el miedo y con ser salvado del miedo. Así que, en cierto modo, es natural; pero, en un determinado punto de tu madurez, la inteligencia exige que se abandone. El osito de peluche estaba bien cuando eras niño, pero un día lo tienes que abandonar.
Finalmente, un día te desharás de tu coroza, eso significará que habrás dejado de vivir desde el miedo. ¿Qué tipo de vida puede surgir del miedo? Cuando te quitas la coraza, puedes vivir desde el amor, puedes vivir de una forma madura. La persona plenamente madura no tiene miedo, ni defensa; es, psicológicamente, abierta y vulnerable.
Hasta cierto punto, la coraza puede ser una necesidad; quizá lo sea. Pero cuando te hagas mayor, y no me refiero solo al tamaño sino también a la madurez, empezarás a ver lo que llevas a cuestas. Si te fijas atentamente, encontrarás miedo detrás de muchas cosas.
Una persona madura debería desconectarse de todo aquello que esté conectado al miedo. Así es como llega la madurez.
Observa todos tus actos, todas tus creencias, y mira a ver si están basados en la realidad, en la experiencia, o en el miedo. Hay que deshacerse inmediatamente de todo aquello que esté basado en el miedo, sin pensárselo dos veces. Eso es tu coraza.
Yo no puedo fundirla por ti, solo puedo mostrarte cómo deshacerte de ella. Nadie te puede quitar tu coraza psicológica. Serás tú quien tenga que luchar. Tú eres el único que puede hacer algo para quitártela, que es ver todas y cada una de sus partes. Si algo está basado en el miedo, deshazte de ello. Si está basado en la razón, en la experiencia, en la comprensión, en vez de deshacerte de ello, lo que tienes que hacer es convertirlo en parte de tu ser.
Pero en tu coraza no encontrarás ni una sola cosa que esté basada en tu experiencia. Todo es miedo, de la A a la Z.
Vivimos desde el miedo, por eso vamos envenenando todas las experiencias. Si cuando amamos a alguien lo hacemos desde el miedo, nuestro amor se deteriora, se envenena. Buscamos la verdad pero, si lo hacemos desde el miedo, no la encontraremos.
Hagas lo que hagas, recuerda una cosa: Desde el miedo no vas a crecer. Solo te empequeñecerás y morirás. El miedo está al servicio de la muerte.
Una persona sin miedo tiene todo lo que la vida quiere regalar.
Entonces no hay ninguna barrera. Será colmada de regalos, y todo lo que haga tendrá fuerza, poder, certeza, una gran sensación de autoridad.
Una persona que vive desde el miedo siempre está temblando en su interior. Siempre está al borde de la locura, porque la vida es grande, y si siempre tiene miedo… y existen toda clase de miedos.
Se puede hacer una lista muy larga, te sorprenderá la cantidad de miedos que existen; ¡aun así, estás vivo! Por todas partes hay infecciones, enfermedades, peligros, secuestros, terrorismo… ¡y la vida es tan pequeña! Y, al final, está la muerte, que no se puede eludir. Toda tu vida se oscurecerá.
Abandona el miedo; lo adoptaste inconscientemente en tu infancia; ahora abandónalo conscientemente y sé maduro. Si lo haces, la vida puede ser una luz que se va intensificando según vas creciendo.
¿Cómo se puede dominar el miedo o eliminarlo por completo? El miedo no se puede eliminar por completo, tampoco puede ser dominado, solo puede ser comprendido. Aquí, la palabra clave es comprensión. Solo la comprensión es fuente de mutación, ninguna otra cosa. Si intentas dominar tu miedo, se quedará reprimido en ti, se ocultará más profundamente en ti. Eso no servirá de nada, complicará más las cosas. Dominarlo quiere decir que, cuando emerge, lo puedes reprimir. Puedes reprimirlo tan profundamente que llegue a desaparecer por completo de tu conciencia.
Entonces nunca serás consciente de él, pero estará en el sótano, y ejercerá cierta atracción. Se las apañará para manipularte, pero lo hará de una forma tan indirecta que no te darás cuenta. Pero entonces el peligro habrá profundizado y ni siquiera podrás comprenderlo.
No hay que dominar el miedo, no hay que eliminarlo. Además, no se puede eliminar, porque en el miedo hay cierta energía y ninguna energía puede ser destruida. ¿Has observado que en el miedo hay una energía inmensa?; lo mismo ocurre con la ira; ambos, el miedo y la ira son diferentes aspectos del mismo fenómeno energético.
La ira es agresiva y el miedo es no agresivo. El miedo es ira en su estado negativo, la ira es miedo en su estado positivo. ¿Has notado lo poderoso que te sientes, la cantidad de energía que tienes cuando estás enfadado? Cuando estás enfadado eres capaz de levantar y arrojar una roca tan grande que en otras circunstancias serías incapaz de mover. Cuando estás enfadado te vuelves tres o cuatro veces más fuerte. Eres capaz de hacer cosas que normalmente no puedes hacer.
Con miedo, puedes correr tan rápido que serías la envidia de cualquier corredor olímpico. El miedo produce energía; el miedo
es energía, y la energía no puede ser destruida. De la existencia, no se puede eliminar ni una pizca de energía. Eso es algo que siempre has de tener en cuenta, porque si no, lo que hagas será erróneo. No se puede destruir nada, lo único que se puede hacer es cambiar su forma. No se puede destruir ni una piedrecilla, ni la más ínfima partícula de arena; solo se puede cambiar su forma.
No se puede destruir ni una gota de agua. Se la puede convertir en hielo, se la puede evaporar, pero no desaparecerá. Seguirá estando en alguna parte, no se la puede sacar de la existencia.
Tampoco el miedo se puede destruir. Y se ha intentado muchas veces; la gente ha intentado destruir el miedo, la ira, la sexualidad, la avaricia y cosas por el estilo. El mundo entero ha estado afanándose continuamente en destruir tus energías, ¿cuál ha sido el resultado? Que el hombre se ha convertido en un desastre.
Nada se destruye, todo sigue estando aquí; lo único que se ha conseguido es que las cosas se hayan vuelto más confusas.
Intentar destruir algo no tiene sentido, porque nada se puede destruir.
Entonces ¿qué hay que hacer? Hay que entender el miedo.
¿Qué es el miedo? ¿Cómo surge? ¿De dónde viene? ¿Cuál es su mensaje? Investígalo; sin ningún juicio; solo así comprenderás.
Si tienes la idea preconcebida de que no deberías tener miedo, de que el miedo es malo y, por lo tanto, no debería existir, no podrás investigar. ¿Cómo vas a confrontar el miedo? ¿Cómo vas a mirar al miedo directamente a los ojos si ya has decidido de antemano que es tu enemigo? Nadie mira al enemigo directamente a los ojos. Si crees que es algo malo, intentarás pasar de largo, sortearlo, no prestarle atención. Intentarás no cruzarte con él, pero eso no servirá de nada, seguirá estando ahí.
Primero, abandona toda condena, juicio, evaluación. El miedo es una realidad. Hay que afrontarlo, hay que comprenderlo.
Solo se le puede transformar por medio de la comprensión. De hecho, por medio de la comprensión se le transforma. No hace falta hacer nada más; la comprensión lo transforma.
¿Qué es el miedo? En primer lugar, el miedo siempre está relacionado con un deseo. Si, por ejemplo, quieres ser famoso, el hombre más famoso del mundo, surge el miedo. ¿Qué pasa si no lo consigues?; entonces surge el miedo. Luego el miedo aparece como producto del deseo. Quieres llegar a ser el hombre más rico del mundo pero ¿y si no lo consigues? Empiezas a temblar, aparece el miedo. Quieres poseer a una mujer, entonces surge el miedo a que mañana no puedas retenerla a tu lado, a que se vaya con otro. Ella está viva, así que puede irse. Si estuviera muerta no podría irse; pero todavía está viva. Solo se puede poseer a un cadáver; en ese caso no hay nada que temer, el cadáver se quedará. Se puede poseer muebles, entonces no hay nada que temer. Pero cuando intentas poseer a un ser humano, aparece el miedo. ¿Quién sabe?, ayer no era tuya, hoy es tuya… ¿Quién sabe si mañana se irá con otro? Entonces aparece el miedo. El miedo nace del deseo de poseer, es un subproducto; cuando se quiere poseer, surge el miedo.
Si no quieres poseer, no hay miedo. Si no albergas el deseo de ser en el futuro esto o aquello, no hay miedo. Si no quieres ir al cielo, no hay miedo; entonces, el sacerdote no puede amedrentarte.
Si no quieres ir a ninguna parte, nadie puede amedrentarte.
Si empiezas a vivir en el momento, el miedo desaparecerá.
El miedo viene a través del deseo. El deseo, básicamente, produce miedo.
Obsérvalo. Siempre que sientas miedo, mira a ver de dónde procede; qué deseo lo está creando; y sé consciente de su inutilidad.
¿Cómo se puede poseer a un hombre o a una mujer? Es una idea extremadamente absurda, estúpida. Solo se pueden poseer las cosas, no las personas.
Una persona es una libertad. Una persona es hermosa por la libertad.
El pájaro es hermoso volando por el cielo, si lo enjaulas ya no es el mismo pájaro, recuérdalo, parece el mismo pájaro pero ya no lo es. ¿Dónde está el cielo? ¿Dónde está el sol? ¿Dónde los vientos? ¿Dónde las nubes? ¿Dónde la libertad de sus alas? Todo ha desaparecido. Ese no es el mismo pájaro.
Amas a una mujer porque es una libertad. Luego la enjaulas: vais al juzgado y os casáis; construyes una hermosa jaula para ella, puede que la jaula sea de oro con diamantes engastados, pero ella ya no es la misma mujer. Entonces surge el miedo, miedo porque puede que no le guste esta jaula y vuelva a anhelar libertad, porque la libertad es un valor supremo, no se puede abandonar.
El hombre está hecho de libertad, la conciencia está hecha de libertad. Así que, tarde o temprano, la mujer empezará a aburrirse, a estar harta. Empezará a buscar a otro. Eso te da miedo. Tu miedo surge de tu deseo de poseer; pero, en primer lugar, ¿por qué quieres poseer? No seas posesivo, y no tendrás miedo. Y, cuando no tienes miedo, gran parte de la energía que requiere, que captura, que encierra el miedo, está a tu disposición; puedes utilizarla creativamente. Se puede convertir en danza, en celebración.
¿Tienes miedo a la muerte? No puedes morir, porque, en primer lugar, no existes. ¿Cómo vas a morir? Busca en el interior de tu ser, en profundidad. ¿Hay alguien ahí que se vaya a morir? Por muy meticulosamente que busques, no encontrarás ningún ego, ningún «yo». Así que no hay posibilidad de morir. Lo único que origina el miedo a la muerte es la idea del ego. Sin ego, no hay muerte. Eres todo silencio, inmortalidad, eternidad; no como tú, sino como un cielo abierto, ilimitado, indefinido; sin ninguna idea del yo o el mí que le contamine. Entonces no hay miedo.
El miedo viene porque hay otras cosas. Tendrás que observar esas cosas, y el observarlas empezará a cambiarlas.
Así que, por favor, no preguntes cómo dominar o destruir el miedo. No hay que dominarlo, no hay que eliminarlo. No puede ser dominado ni destruido, solo puede ser comprendido. Deja que la comprensión sea tu única ley.
Sé que cualquier idea de seguridad externa es insensata e irrealista, pero ¿no existe alguna seguridad interna que podamos conseguir esforzándonos? No hay ninguna seguridad, ni interna ni externa. La seguridad no existe, por eso la existencia es tan hermosa. Imagínate que una mañana una rosa empezase a pensar en su seguridad; ¿qué ocurriría? Para estar completamente segura, la rosa tendría que ser de plástico; si no, estará insegura. Cualquier ráfaga de viento fuerte puede arrancarle los pétalos. O puede pasar un niño y cortarla.
O puede pasar una cabra y comérsela. Puede ocurrir cualquier cosa; y aunque no pase ningún niño, ninguna cabra, ninguna ráfaga de viento, al atardecer se habrá marchitado. Aunque no ocurra nada extraordinario, se marchitará.
Pero en eso radica la belleza de la rosa, por eso es tan hermosa; porque vive rodeada por la muerte, desafiando a la muerte, desafiando a los vientos. Un desafío tan grande para una florecilla tan pequeña, insignificante, pero está por encima de todas las dificultades y peligros. Puede que tan solo por unos minutos o unas horas, eso no importa, el tiempo es inmaterial, pero tiene su propio día. Ha vivido, ha hablado con los vientos, con el sol y la luna, ha visto las nubes. Y con una gran dicha, ¡con una gran pasión! Luego muere; no se aferra. Una rosa aferrándose sería fea; solo los seres humanos son capaces de tal fealdad. Cuando llega su hora, la flor simplemente muere y desaparece en la tierra de la que procede. No hay seguridad externa ni seguridad interna. La inseguridad es el material del que está hecha la vida.
Esa es la diferencia entre mi trabajo y el de otros profesores: ellos te proporcionan seguridad, yo te quito la seguridad. Te hago consciente de las beldades de la vida; sus riesgos, sus inseguridades.
Te hago más sensible. Y esa mayor sensibilidad alberga un desafío y una aventura mayores. Entonces uno no se preocupa de si habrá o no habrá un mañana, hoy es más que suficiente. Si somos capaces de amar, si somos capaces de vivir, este día es más que suficiente.
Un simple momento de amor profundo es eternidad. ¿A quién le importa la seguridad? La propia idea surge de la avaricia, la propia idea surge del ego. Ya sea seguridad interna o seguridad externa, no hay ninguna diferencia. Uno tiene que indagar concienzudamente y ver que no hay seguridad, que no es posible en la propia situación de existencia. En ese mismo momento, ocurre una gran revolución en tu ser; eres metamorfoseado.
Jesús llama a ese momento
metanoia. Eres convertido… no significa que te conviertes en cristiano, en católico o en protestante.
En ese momento dejas de ser mundano.
Buscar seguridad es ser mundano. Vivir en inseguridad como una rosa es ser espiritual.
La seguridad es del mundo; la inseguridad es de lo divino.
 


 

DE VUELTA AL LISTADO DE LIBROS


© Editorial Gulab