Tratamos de razonar nuestro camino hacia él:
no funcionó;
pero en el momento en que nos rendimos,
ningún obstáculo quedó.
El se presentó a nosotros por bondad:
¿De qué otro modo podríamos haberlo conocido?
La razón nos llevó hasta la puerta;
pero fue su presencia la que nos hizo entrar.
Pero, ¿cómo podrás nunca conocerlo
mientras seas incapaz de conocerte?
Uno por uno es uno,
ni más, ni menos:
el error comienza con la dualidad;
la unidad no conoce el error.
El camino que debes recorrer tú mismo
consiste en pulir el espejo de tú corazón.
No es con rebelión y discordia
como se pule el espejo del corazón,
liberándolo de la herrumbre
de la hipocresía y incredulidad.
Tu espejo es pulido por tu certeza:
por la pureza sin aleación de tu fe.
Libérate de las cadenas que has forjado a tu alrededor;
Pues serás libre cuando estés libre de la arcilla.
El cuerpo es oscuro, el corazón brilla radiante;
El cuerpo es mero abono, el corazón es un jardín florido.
Hakim Sanai: para mí este nombre es tan dulce como la miel, tan dulce como el néctar. Hakim Sanai es único, único en el mundo del Sufismo. Ningún otro Sufi ha sido capaz de alcanzar tal altura y de esperar una penetración de tal profundidad. Hakim Sanai ha sido capaz de hacer casi lo imposible.
Si tuviese que rescatar sólo dos libros de todo el mundo de los místicos, entonces los dos libros serían estos: uno sería del mundo del Zen, el camino de la consciencia: el Hsin Hsin Ming de Sosan. He hablado de él; contiene la quintaesencia del Zen, del camino de la consciencia y la meditación. El otro libro sería el Hadiqatu'l Haqiqat de Hakim Sanai: El Jardín amurallado de la Verdad; en pocas palabras, El Hadiqa: El Jardín. Éste es el libro en el que entraremos hoy.
El Hadiqa es la fragancia esencial del camino del amor. Así como Sosan fue capaz de capturar el alma misma del Zen, Hakim Sanai fue capaz de capturar el alma misma del Sufismo. Libros así no son escritos, nacen. Nadie los puede componer. No son fabricados en la mente, por la mente; vienen del más allá... son un regalo. Nacen tan misteriosamente como nace un niño, un pájaro o florece una rosa. Nos llegan, son regalos.
Entonces, primero entraremos en el nacimiento misterioso de este gran libro El Hadiqa, El Jardín. La historia es tremendamente hermosa.
El Sultán de Ghazna Bahramshah avanzaba con su gran ejército hacia la India en un viaje de conquista. Hakim Sanai, un famoso poeta de la corte, también estaba con él, acompañándolo en este viaje de conquista. Llegaron al lado de un gran jardín, un jardín amurallado.
Ése es el significado de firdaus: el jardín amurallado. Y de firdaus viene la palabra «paradise» (paraíso) en inglés.
Estaban apurados; el Sultán avanzaba con un gran ejército a conquistar India. No tenía tiempo. Pero sucedió algo misterioso y tuvo que parar, no hubo modo de evitado.
El sonido de un canto proveniente del jardín captó la atención del Sultán. Él era un amante de la música pero nunca había oído nada como esto. Tenía grandes músicos en su corte y grandes cantantes y bailarines, pero nada que pudiera compararse a esto. El sonido del canto, la música y la danza. .. lo había escuchado sólo desde afuera pero tuvo que dar a su ejército la orden de detenerse.
Era tan extático. El sonido mismo de la danza, de la música y del canto era psicodélico, como si se vertiese vino dentro de él: el Sultán se embriagó. El fenómeno no parecía ser de este mundo. Ciertamente había en él algo del más allá: algo del cielo tratando de alcanzar la tierra, algo de lo desconocido tratando de comunicarse con lo conocido. Él tuvo que detenerse para escuchar esto.
Había éxtasis en ello, tan dulce y sin embargo tan doloroso: desgarraba el corazón. Él quería seguir adelante, estaba apurado; debía llegar pronto a India, aquel era el momento óptimo para conquistar al enemigo. Pero no había manera. En el sonido había un magnetismo tan fuerte, extraño e irresistible que a pesar suyo tuvo que entrar al jardín.
Era Lai-Khur, un gran místico Sufi, pero conocido por las masas sólo como un borracho y un loco. Lai-Khur es uno de los nombres más grandes en toda la historia del mundo. No se sabe mucho acerca de él; la gente como él no deja muchas huellas tras de sí. Excepto esta historia, nada ha sobrevivido. Pero Lai-Khur ha vivido en la memoria de los Sufis a través de las épocas. Él siguió rondando en el mundo de los Sufis porque nunca más se vio un hombre como él.
Estaba tan ebrio que la gente no estaba equivocada al llamarlo borracho. Estaba ebrio las veinticuatro horas, ebrio de lo divino. Caminaba como un borracho, vivía como un borracho, totalmente abstraído del mundo. Y sus palabras eran simplemente una locura. Éste es el pico más alto del éxtasis, cuando las expresiones del místico sólo pueden ser entendidas por otros místicos. Para las masas comunes parecen irrelevantes, parecen gibberish.
Te sorprenderá saber que la palabra «gibberish» en inglés está basada en el nombre de un místico Sufi: Jabbar. La palabra inglesa «gibberish» surgió a causa de las palabras de Jabbar. Pero incluso Jabbar no era nada en comparación con Lai-Khur.
Para los ignorantes, sus palabras eran ultrajantes, sacrílegas, estaban en contra de la tradición y en contra de todas las formalidades, los amaneramientos y las etiquetas: contra todo lo que se conoce y se entiende como religión. Pero para aquellos que sabían, no eran sino oro puro.
Él estaba disponible sólo para unos pocos escogidos, porque sólo muy pocas personas podían elevarse a las alturas en las que él vivía. Él vivía en el Everest, el Everest de la consciencia, más allá de las nubes. Sólo los que eran suficientemente afortunados y suficientemente valientes como para escalar la montaña eran capaces de entender lo que él estaba diciendo. Para las masas comunes era un loco. Para los conocedores era simplemente un vehículo de Dios, y todo lo que iba llegando a través de él era pura verdad: verdad y sólo verdad.
Él se había hecho deliberadamente una mala reputación. Ésa fue su manera de volverse invisible ante las masas. Los Sufis hacen eso; tienen un método muy extraño de volverse invisibles. Permanecen visibles, permanecen en el mundo, no escapan de él, pero crean deliberadamente un cierto ambiente a su alrededor para que la gente deje de venir a ellos. Las multitudes, la gente curiosa, la gente estúpida, simplemente deja de venir a ellos; los Sufis no existen para ellos, se olvidan de ellos completamente. Éste ha sido un antiguo método de los Sufis para poder trabajar con sus discípulos.
Puedes verlo aquí. Ustedes son mis Sufis. Yo soy casi invisible para la gente que vive en Poona. Estoy aquí y no estoy aquí: no estoy aquí para ellos, estoy aquí sólo para ustedes. Aquí soy invisible hasta para los vecinos. Ellos ven y sin embargo no ven, oyen y sin embargo no oyen.
Lai-Khur se había hecho deliberadamente una mala reputación. Ahora, ¿puedes encontrar a un hombre que tenga más mala reputación que yo? Y es tan bueno... mantiene alejados a los tontos. Entonces él era visible sólo para los perceptivos. Un maestro, si realmente quiere trabajar, si tiene la intención seria de hacer algo, tiene que volverse invisible para aquellos que no son auténticos buscadores.
Eso es lo que solía hacer Gurdjieff, el debe haber aprendido algunas cosas de Lai-Khur. Gurdjieff había vivido con maestros Sufis por muchos años antes de volverse él mismo un maestro. Y cuando haya terminado esta historia verás muchas semejanzas entre Gurdjieff y Lai-Khur.
Lai-Khur pidió vino y propuso un brindis «por la ceguera del Sultán Bahramshah».
Ahora, en primer lugar el gran místico pidió vino. Se supone que las personas religiosas no toman vino. Para un musulmán tomar vino es uno de los mayores pecados; está en contra del Corán, está en contra de la idea religiosa de cómo debería ser un santo. Lai-Khur pidió vino y propuso un brindis «por la ceguera del Sultán Bahramshah».
El Sultán debe haberse vuelto loco. Debe haber estado furioso: ¿llamarlo ciego a él? Pero se encontraba bajo el gran impacto extático de Lai-Khur. Entonces, aunque por dentro estaba hirviendo, no dijo ni una sola palabra. Esos hermosos sonidos y la música y la danza aún lo tenían hechizado, aún estaban allí en su corazón. Había sido transportado a otro mundo. Pero otros objetaron. Sus generales y sus cortesanos objetaron.
Cuando surgieron las objeciones, Lai-Khur se puso a reír locamente e insistió en que el Sultán merecía ser llamado ciego por haberse embarcado en un viaje tan tonto. Dijo: «¿Qué puedes conquistar en el mundo? Todo quedará atrás. La idea de conquistar es estúpida, totalmente estúpida. ¿Adónde estás yendo? ¡Eres ciego! Porque el tesoro está dentro de ti. Y tú te vas a India; perdiendo el tiempo, haciéndole perder el tiempo a los demás. ¿Qué más se necesita para llamar ciego a un hombre?».
Lai-Khur insistió: «El Sultán es ciego. Si no fuese ciego debería volver a su hogar y olvidar todo acerca de esta conquista. No construyas casas con cartas, no hagas castillos en la arena. No vayas tras los sueños, no seas loco. ¡Vuelve! ¡Mira hacia adentro!».
El hombre que tiene ojos mira hacia adentro, el hombre ciego mira hacia fuera. El hombre que tiene ojos busca el tesoro adentro.
El hombre ciego se precipita por todo el mundo, mendigando, robándole a la gente, asesinando, con la esperanza de encontrar algo que le falta. Nunca se encuentra de esa manera, porque no es afuera donde lo has perdido. Lo has perdido en tu propio ser: la luz debe ser llevada allí.
Lai-Khur insistía en que el Sultán era ciego. «Si no lo eres, dame una prueba: ordena al ejército que retorne. Olvídate completamente de esta conquista y nunca más te embarques en ninguna otra conquista. Todo esto es una insensatez».
El Sultán estaba impresionado, pero no fue capaz de volver. Debe haber sido la misma situación que había ocurrido antes, cuando Alejandro el Grande venía a conquistar India y otro místico, Diógenes, se rió de él. Y le dijo: «¿Por qué? ¿Para qué estás haciendo un viaje tan largo? ¿Y qué ganarás con conquistar la India, o con conquistar el mundo entero?».
Y Alejandro dijo: «Quiero conquistar el mundo entero para así poder finalmente descansar, relajarme y disfrutar».
Y Diógenes se rió y le dijo: «Debes ser un tonto, ¡porque yo estoy descansando ahora!». Y estaba descansando, relajándose a la orilla de un pequeño río. Era temprano en la mañana y estaba tomando un baño de sol, desnudo en la arena. Dijo: «Estoy descansado y me estoy relajando ahora, y no he conquistado el mundo. Ni siquiera he pensado en conquistar el mundo. No parece tener ningún sentido que trates de conquistar el mundo y volverte victorioso sólo para después descansar y relajarte, porque yo estoy descansando sin haber conquistado nada. Y la orilla de este río es lo suficientemente ancha como para contenernos a los dos. Descansa aquí. Deshazte de tus ropas y toma un buen baño de sol, ¡y olvida todo acerca de la conquista!
«Y mírame: soy un conquistador sin conquistar el mundo. Y tú eres un mendigo.»
La situación debe haber sido la misma con el Sultán Bahramshah, y Lai-Khur debe haber sido otra vez el mismo tipo de hombre. En este mundo han habido sólo dos tipos de personas: las que saben y las que no saben. Es la misma escena representada una y otra vez, la misma historia actuada una y otra vez. Una vez es Alejandro el Grande el que actúa de ciego y Diógenes el que trata de despertarlo. Otra vez es Lai-Khur el que está tratando de despertar al Sultán Bahramshah.
Alejandro dijo: «Lo siento. Puedo entender lo que dices pero no puedo volver atrás. Tengo que conquistar el mundo; si no lo conquisto no podré descansar. Perdóname. Tienes razón, lo admito».
Y lo mismo sucedió con Bahramshah. Él estaba triste y avergonzado. Pero dijo: «Perdóname, tengo que ir, no puedo regresar. India debe ser conquistada. No podré descansar o sentarme en silencio hasta que no la haya conquistado».
Luego Lai-Khur pidió un brindis «por la ceguera de Hakim Sanai», porque él era la persona más importante del grupo después de Bahramshah. Era su asesor, su consejero, su poeta. Era el hombre más sabio de su corte, y su fama había llegado también a otras tierras. Ya era un poeta consumado, un gran hombre sabio, bien conocido.
Luego pidió un brindis «por la ceguera de Hakim Sanai», lo que debió causarle al gran poeta una considerable sacudida. Ante esto hubo objeciones aún mayores, por la excelente reputación, sabiduría y carácter de Sanai. Él era un hombre de carácter, un hombre muy virtuoso, muy religioso. Nadie podría haber encontrado ningún defecto en su vida. Había vivido una vida muy, muy consciente, al menos ante sus propios ojos. Era un hombre de gran consciencia ética.
Surgieron más objeciones porque quizás el Sultán era ciego, codicioso, tenía una gran lujuria, gran deseo de poseer cosas, pero eso no se podía decir de Hakim Sanai. Él había vivido la vida de un hombre pobre aunque había estado en la corte. Aunque era el hombre más respetado de la corte de Bahramshah, había vivido como un hombre pobre: simple, humilde y con gran sabiduría y carácter. Pero Lai-Khur replicó que el brindis era aún mas apropiado ya que Sanai parecía no ser consciente del propósito para el que había sido creado; y cuando, a la brevedad, fuera llevado ante su hacedor y se le preguntara qué podía mostrar de sí mismo, él sólo sería capaz de mostrar algunos elogios estúpidos para reyes tontos, meros mortales como él.
Lai-Khur dijo que era aún más apropiado porque de Hakim Sanai se espera mucho más que del Sultán Bahramshah.
Dijo:«Él tiene un potencial mayor y lo está desperdiciando, lo está desperdiciando en hacer elogios para reyes tontos. Él no será capaz de enfrentarse a su Dios, estará en dificultades, no será capaz de responder por sí mismo. Todo lo que será capaz de mostrar será esta poesía, escrita en alabanza a reyes tontos como este hombre ciego, Bahramshah.
Él es más ciego, totalmente ciego».
Escuchando estas palabras y mirando a los ojos a aquel loco, Lai-Khur, algo increíble le sucedió a Hakim Sanai: un satori, una súbita experiencia iluminadora. Algo murió en él al instante, inmediatamente. Y algo nació, algo totalmente nuevo. En un momento, la transformación había ocurrido. Ya no era el mismo hombre. Este loco había penetrado realmente en su alma. Este loco había logrado despertado.
En la historia del Sufismo, éste es el único caso de satori. En el Zen hay muchos casos; te he estado hablado acerca de estos casos. Pero en el mundo del Sufismo éste es el único caso de satori, iluminación súbita: no metodológica, no gradual; sucedió en un shock.
Lai-Khur debe haber sido un hombre de tremenda percepción.
Hakim Sanai se inclinó, tocó los pies de este loco y lloró lágrimas de felicidad por haber llegado a casa. Murió y renació. Eso es un satori: morir y renacer. Es un renacimiento.
Dejó al Sultán y se unió a una peregrinación hacia la Meca. El Sultán no estaba dispuesto a dejado ir, no estaba listo para hacerlo. Trató de impedírselo por todos los medios; hasta le ofreció a su única hermana en matrimonio, y la mitad del reino. Pero ahora todo carecía de sentido. Hakim Sanai simplemente rió y dijo: «Ya no soy un ciego. Gracias, pero estoy terminado. Este loco me ha terminado de un plumazo, de un solo golpe».
Y se fue en una peregrinación a la Meca. ¿Por qué? Más tarde, cuando le preguntaron, dijo: «Tan sólo para absorber, para digerir lo que aquel loco me había dado tan súbitamente. ¡Fue demasiado! Fue desbordante. Fue abrumador. Necesitaba digerido. Él me había dado más de lo que yo merecía».
Entonces se fue a la Meca en una peregrinación, a meditar, a estar en silencio, a ser un peregrino desconocido, a ser anónimo. La cosa había sucedido pero tenía que ser absorbida. La luz había sucedido, pero uno debe acostumbrarse a ella.
Y cuando se acostumbró a la nueva gestalt, a la nueva visión, volvió a Lai-Khur y le presentó este libro, El Hadiqa. Es lo que escribió en su camino de vuelta de la Meca.
Vertió su experiencia, su satori, en este libro. Estas palabras están saturadas de satori. Así es como nació este gran libro, como nace un niño: misteriosamente; como una semilla se convierte en un brote: misteriosamente; como un pájaro sale del huevo: misteriosamente. Como un capullo se abre temprano a la mañana, y se torna una flor, y la fragancia se esparce en los vientos.
Sí, este libro no fue escrito. Este libro es un regalo de Dios. Este libro es un regalo de Dios y una gratitud de Hakim Sanai a este extraño loco, Lai-Khur.
Ahora los sutras.
Tratamos de razonar nuestro camino hacia él:
no funcionó;
pero en el momento en que nos rendimos.
ningún obstáculo quedó.
Hakim Sanai era un hombre de carácter, un hombre religioso. Lo había intentado intensamente, había probado todos los modos posibles de llegar a Dios. Era un hombre muy inteligente, con muchos conocimientos, conocido como un hombre sabio. Era una persona muy capaz y racional. Había tratado de llegar a Dios por medio de la razón de todos los modos posibles.
Pero nadie ha llegado jamás a Dios por medio de la razón. Ésa no es la puerta hacia él, es la pared que te lo impide. La razón es perfectamente capaz de conocer lo superficial, pero no puede bucear en las profundidades. Sólo sabe nadar en la superficie. La razón es perfectamente buena en lo que concierne al viaje hacia afuera, pero es totalmente impotente en lo que concierne al viaje hacia adentro.
La razón es buena y adecuada si quieres saber acerca de la materia. Pero es totalmente incapaz si quieres saber algo acerca de la consciencia. La razón puede medir, pero la consciencia no se puede medir. La razón puede pesar, pero la consciencia no tiene peso. La razón puede ver, pero la consciencia es invisible. La razón tiene los cinco sentidos a su servicio, pero la consciencia está detrás de los cinco sentidos. No la puedes tocar, no la puedes oler, no la puedes degustar, no la puedes oír, no la puedes ver: está detrás de estas cinco ventanas de los sentidos que se abren hacia fuera.
Puedes ver la luz del sol, pero no puedes ver tu luz interior con tus ojos. Puedes oír cantar a los pájaros, pero no puedes oír cantar a tu propio corazón.
La razón es capaz de medir. Así es como la palabra «materia» comenzó a existir. «Materia» significa lo que puede ser medido: «mensurable» es el significado de la palabra «materia». La razón mide, entonces cualquier cosa que pueda caer en la trampa de la razón es materia. Pero hay cosas que no son mensurables. ¿Cómo medir el amor? ¿Cómo medir la consciencia? Lo inconmensurable está allí. Pero si insistes en usar sólo la razón para conocerlo, permanecerás ignorante de lo inconmensurable. Entonces permanecerás ignorante de Dios.
Hakim Sanai dice:
Tratamos de razonar nuestro camino hacia él:
no funcionó ...
No puede funcionar... su naturaleza es inadecuada. La lógica no puede sacar conclusiones acerca de lo incognoscible. La lógica entra en el mundo de lo conocido; la lógica no puede dar un salto cuántico hacia lo desconocido.
¿No lo has observado? Tu mente sólo puede pensar en lo conocido. ¿Cómo pensarías en lo desconocido? Si es desconocido, no hay modo de pensar en ello. El pensar está basado en lo conocido. Por eso pensar es repetitivo, se mueve en un círculo. Sí, puede seguir refinando lo conocido, puede seguir refinándolo más y más, puede seguir puliendo lo conocido, pero nunca puede llegar a conocer lo desconocido.
Como máximo, puede sacar conjeturas acerca de lo desconocido. Pero una conjetura es una conjetura, nunca puede volverse una certeza. Nunca te dará fe, no puede convertirse en confianza, porque en el fondo sabes que es una conjetura, podría ser así, podría no ser así. No puede convertirse en una roca sobre la cual se puede levantar el templo de la vida. No, sigue siendo dudoso. Toda conjetura está enraizada en la duda: quizás sea así, quizás no.
Hay tres capas de existencia. Una es lo conocido: una parte iluminada muy pequeña, un punto iluminado muy pequeño que hemos llegado a conocer. Luego, rodeándolo está lo desconocido infinito, una gran noche de oscuridad. Pero acerca de lo desconocido podemos hacer unas pocas conjeturas, podemos inferir, porque lo conocido y lo desconocido no son cualitativamente diferentes. Lo que hoy es conocido ayer era desconocido, y lo que hoy es desconocido quizás se vuelva conocido mañana. Así que lo conocido y lo desconocido son correlativos; son de la misma familia.
La ciencia vive en estos dos mundos, lo conocido y lo desconocido. Basas tu razonamiento, tu conjetura, tu inferencia en lo conocido, y entonces puedes deducir algo de lo desconocido y puedes llegar a entrar en la oscuridad e iluminar un poco más de territorio.
Pero hay algo más, el tercer reino: lo incognoscible. La lógica puede funcionar perfectamente en lo conocido; funciona sólo parcialmente en lo desconocido, a manera de conjeturas; y no puede funcionar en absoluto en lo incognoscible. Lo incognoscible está más allá de la lógica, más allá de la razón, más allá del conocimiento, más allá de la mente. Y lo incognoscible es Dios.
Recuerda, Dios no es desconocido. Si Dios fuera desconocido entonces la ciencia lo conocería algún día. Dios es incognoscible. Sí, Dios puede ser experimentado y vivido pero no puede ser conocido, no se lo puede reducir a un conocimiento, no se lo puede reducir a una hipótesis, no se lo puede reducir a una fórmula como H2O.
Dios sigue siendo un misterio. Hasta para aquellos que lo han experimentado, Dios sigue siendo un misterio. De hecho, cuanto más profundamente entras en él, más profundo se vuelve el misterio. Cuanto más penetras en él, más y más desapareces. Un día, no es que Dios es conocido, por el contrario, el conocedor desaparece. El conocedor se disuelve tal como una gota de rocío se desliza hacia el océano.
En el mundo de la ciencia lo desconocido se transforma constantemente en lo conocido. Y se tiene la esperanza de que un día lo desconocido desaparecerá completamente y todo será conocido.
En el mundo de la religión la historia es totalmente diferente, diametralmente opuesta. No es que desaparece lo desconocido sino que desaparece el conocedor. Y un día todo se vuelve incognoscible. Lo incognoscible es incognoscible, lo desconocido se vuelve incognoscible, y lo conocido también se vuelve incognoscible. Entonces el misterio es total y absoluto.
Tratamos de razonar nuestro camino hacia él:
no funcionó;
pero en el momento en que nos rendimos.
ningún obstáculo quedó.
Dios sucede en un estado de soltar, en la entrega. No puedes buscar a Dios... la búsqueda sigue siendo racional, toda búsqueda está basada en la mente. La mente es la gran buscadora. Y toda búsqueda, toda indagación está basada en la curiosidad.
Y en el fondo, detrás de toda tu búsqueda está el ego: «Quiero convertirme en un conocedor». No saber, duele; permanecer ignorante, duele. El ego quiere gratificarse. Y el ego no puede conocer a Dios, porque el ego es la barrera. No estamos separados de la existencia pero el ego nos ha dado la ilusión de estar separados. El ego significa simplemente la ilusión de estar separados de la existencia.
Entregarse es abandonar la ilusión de la separación. Soltar significa: «yo no soy más». Soltar significa: «me disuelvo». Soltar significa: «abandono toda búsqueda, toda indagación». Soltar significa: «sólo estaré pasivo y disponible». Y entonces sucede.
Así es cómo le sucedió a Sanai. Mirando a los ojos a ese hombre, Lai-Khur, escuchando sus extrañas palabras, escuchando su extraña música, sintiendo su presencia... sucedió. Y Sanai había trabajado toda su vida y no se había acercado nada. Y luego, de la nada, en la presencia del maestro Lai-Khur, simplemente sucedió por sí mismo.
Debe haber sido un shock para él cuando Lai-Khur dijo: «¡Hakim Sanai, eres un ciego!». Nadie le había dicho eso nunca a Hakim Sanai. Era respetado y se pensaba que era un sabio; hasta reyes y emperadores solían pedir su consejo. ¡Y este loco, este mendigo, lo llama ciego! Debe haberle causado un shock. En ese shock su mente se detuvo. Fue casi como un shock eléctrico.
Si estás disponible para la energía del maestro, ésta es un shock eléctrico. Puede destrozar tu mente. Puede crear un caos: un caos hermoso, un caos del cual nacen estrellas. Y el impacto de Lai-Khur creó un caos así.
Sanai desapareció. Por un momento no estuvo allí. Sólo el maestro y su presencia, y esas grandes olas que venían del maestro... él se ahogó. Fue un momento de soltarse. Y Dios vino en la forma de Lai-Khur. Dios vino a través de la flauta de Lai-Khur.
... pero en el momento en que nos rendimos
ningún obstáculo quedó
Él se presentó a nosotros...
Cuando estás en un estado de soltarte, Dios viene. El hombre nunca llega a Dios. Éste es uno de los fundamentos del Sufismo siempre es Dios el que llega al hombre.
Dios está constantemente tratando de llegar a ti, pero no lo dejas. Estás muy cerrado, nunca dejas tus ventanas abiertas. Estás cerrado con fuerza, nada puede entrar en ti; estás cerrado herméticamente. Dios está intentando llegar a ti por todos los medios, como una madre que busca a su hijo. Pero tú no estás disponible, no estás presente. Tienes mucho miedo y estás muy a la defensiva.
Sucede casi todos los días. Cuando te inicio en sannyas, trato de llegar a ti. Pero muy raramente aparece alguien que esté disponible. Muy raramente puedo encontrar un modo de llegar a tu corazón.
Pero cuando sucede, inmediatamente ya no eres el mismo. A veces sucede, una persona está disponible y abierta, no se está defendiendo, deja caer la armadura que todos llevamos siempre.
Tenemos tanto miedo de la gente, tenemos tanto miedo del amor, tenemos tanto miedo de los otros, que nos mantenemos a distancia. Eso se vuelve un hábito. Cuando llegas frente a un maestro, ese hábito está allí.
Hace sólo dos noches había un joven sannyasin que volvía a su hogar. Le pregunté: «¿Cuándo te vas?», y no me contestó. Le pregunté: «¿Cuándo volverás?», y él no me respondió. Luego le pedí que se acercara, «así puedo tocar tu cabeza.» Él ni siquiera se acercó a mí: totalmente cerrado, no me dio ninguna apertura.
Éstos son sólo modos de encontrar una apertura. No importa cuándo te vas, si hoy o mañana. Sólo te pregunto para que me puedas dar una pequeña apertura. Empiezo la comunicación para poder convertirla en comunión.
Pero él no estaba listo para decir nada. No hay nada de malo si no quieres decir nada, está perfectamente bien. El silencio puede ser inmensamente hermoso. Pero el silencio debe ser abierto, sólo entonces es hermoso; de otro modo es la cosa más fea que hay. Él tenía miedo de decir cualquier cosa, tenía miedo de pronunciar una palabra, porque si lo hacía, yo encontraría una entrada. Al menos para pronunciar esa palabra se tendría que haber abierto un poco.
No habría estado tan mal si hubiera sido un silencio abierto; habría sido tremendamente hermoso. Pero no fue un silencio abierto; si lo hubiera sido, él se habría acercado. Lo estaba llamando para que se acercara y él no lo hizo. Quería tocarlo, porque si las palabras no podían llegar a él quizás mi presencia hubiera podido. Pero él tampoco permitió eso.
Dios está tratando de llegar a ti. Y cuando estás en la presencia de un maestro, Dios está tratando intensamente de llegar a ti.
Dice Sanai:
El se presentó a nosotros por bondad ...
Porque Sanai no iba en busca de Dios, él iba en un viaje de conquista con el rey, sucedió de la nada, súbitamente. Ese canto, esa danza, la música de Lai-Khur: fue tomado de sorpresa. Imagínate, allí había mucha gente. El sultán estaba allí pero se lo perdió, no estaba abierto. Hakim Sanai lo captó. Él estaba abierto, permitió que sucediera, no se resistió.
Él se presentó a nosotros por bondad ...
Recuerda: Dios no viene a ti porque lo merezcas. ¿Qué mérito puedes tener? No porque te lo hayas ganado, no porque lo merezcas, sólo porque él es bondadoso. Él es Rahim, él es Rahman, él es compasivo. Estos son los nombres Sufis de Dios. Rahim significa compasivo, Rahman, nuevamente, significa compasivo, misericordioso, bondadoso. Él viene a ti por su bondad. Él no viene por tus esfuerzos; él viene por tu entrega.
¿De qué otro modo podríamos haberlo conocido?
Sanai dice: «Ahora puedo decir que no había modo de conocerlo. Lo había intentado de todos los modos posibles; lo había buscado de todos los modos racionales». Si adhieres a la razón, inevitablemente te volverás ateo, tarde o temprano. O te volverás un hipócrita. Ésa es la gente que hay a tu alrededor. Aquellos que están tratando de llegar a Dios a través de la razón y de la mente inevitablemente caen en estas dos categorías: o se vuelven hipócritas, los así llamados religiosos, a esta gente la encontrarás en las iglesias, los templos, las mezquitas y gurudwaras, leyendo el Corán, el Gita y la Biblia. Éstos son los así llamados religiosos, los hipócritas. Son deshonestos; no han encontrado nada, pero ni siquiera están listos para aceptar que han fallado. No están listos para aceptar el fracaso de su ego y en consecuencia, han empezado a creer. No han encontrado nada pero creen. Esta creencia es falsa, hace que la persona sea falsa.
Por eso todas las personas así llamadas religiosas son falsas; son feas: una cosa en la superficie y en el fondo otra cosa totalmente diferente. En el fondo, mil y una dudas, y en la superficie tan solo una creencia pintada. No sale de su ser, no es parte de su vida. No ha crecido en ellos, no está basada en una experiencia existencial. Han creído por miedo, han creído por frustración. Creyeron porque no pudieron llevar adelante su investigación, estaban cansados, perdieron el coraje, estaban descorazonados. Y tampoco tienen la suficiente autenticidad como para decir: «Hemos tratado y no lo hemos encontrado. Entonces quizás él no existe».
Ésa es la otra categoría: el ateo. El ateo al menos es verdadero; al menos es sincero y honesto. El teísta ni siquiera es honesto. El teísta está en un dilema: cree en la honestidad, pero se basa en la deshonestidad.
Ahora en todo el mundo tus iglesias, tus sacerdotes, continúan enseñándote: «Sé honesto y cree en Dios». ¿Y has pensado alguna vez que estas dos cosas no pueden existir juntas? Sé honesto y cree en Dios: éste es un dilema, estás creando una contradicción. Si la persona tiene que ser honesta no puede creer en Dios porque, ¿qué significará la creencia para una persona honesta? O lo sabes o no lo sabes. Si lo sabes, no hay necesidad de creer: ya lo sabes. Si no lo sabes, ¿cómo puedes creer?
Si la persona tiene que ser honesta, no puede creer, es necesario que no crea. Y si la persona tiene que creer, no puede ser honesta. Ahora has creado una contradicción en el ser de la persona. Esto es lo que reduce a todos a hipócritas. Entonces te conviertes en dos, o hasta en muchos. Entonces pierdes la integridad. Te vuelves dual: dices una cosa y haces otra, haces una cosa y dices lo contrario. Nunca eres uno. Y cuando no eres uno, nunca eres dichoso.
La dicha es producto de la unidad.
La razón no lo puede encontrar. La razón no es la única puerta que hay en tu ser, en tu ser hay puertas más profundas. ¿No eres consciente del corazón? ¿No puedes sentir el latido del corazón? ¿No has visto que suceda nada a través del corazón? Cuando miras una flor de loto y sientes la belleza, ¿es por la razón? ¿Acaso la razón puede probar que la flor es bella?
La razón ni siquiera ha sido capaz de definir qué es la belleza. Para la mente racional no hay belleza. Pero sabes que la belleza existe y cuando la ves, te sobrecoge. La mente racional dice que no hay belleza, que es sólo una ilusión, una proyección, un sueño.
La noche de luna llena: ¿es sólo una ilusión? Su esplendor hipnótico, ¿es sólo una proyección de tu mente? No puede ser así porque hasta el océano, que no tiene mente, es afectado. No puede ser así. Cuando el sol se levanta hasta los pájaros son afectados, no puede ser sólo la mente y su proyección.
La belleza existe. Pero la razón no tiene modo de acercársele, se siente desde el corazón. ¿Acaso no has sentido la belleza? El amor existe: eso tampoco sucede a través de la razón, eso también se siente desde el corazón. Cuando te enamoras, ¿puedes justificarlo racionalmente? ¿Puedes decir qué es el amor? Nadie ha sido aún capaz de hacerlo.
Dios es todas estas experiencias juntas: la experiencia de la belleza, la experiencia de la bondad, la experiencia del amor, la experiencia de la verdad. Todas estas experiencias suceden: no trates de alcanzarlas a través de la razón, suceden a través del corazón. Todas estas experiencias que vienen a través del corazón, la totalidad de ellas se llama Dios. Dios no es una persona sentada en algún lugar allá arriba en el cielo.
Satyam, shivam, sundaram: ésa ha sido. la definición de Dios en Oriente. Satyam: él es verdad. Shivam: él es bondad. Sundaram: él es belleza.
Éstas san las experiencias que mueven tu corazón. Y Dios es la experiencia suprema a través del corazón. Conocer lo real a través del corazón es el significado. de experimentar a Dios. Conocer lo real a través de la mente es la experiencia de la materia.
La realidad es una.
Nunca caigas en la falacia de pensar que hay das realidades: materia y consciencia ... Dios y el mundo. No.
La realidad es una; aquello que es, es uno. Pero te puedes acercar a ese uno de dos maneras. Tienes dos enfoques posibles. Lo puedes alcanzar a través de tu cabeza: entonces es materia, entonces la interpretación de la realidad viene en términos materialistas. O puedes alcanzado. a través del corazón, y entonces es consciencia o Dios.
Éstas san nuestras interpretaciones. Y por cierto que la interpretación que viene del corazón es más elevada, más profunda, más honda. Y transforma tu vida: te transporta a otra dimensión de dicha, de bendición.
EL se presentó a nosotros por bondad:
¿De qué otro modo podríamos haberlo conocido?
La razón nos llevó hasta la puerta;
pero fue su presencia la que nos hizo entrar.
Y recuerda una cosa más: el Sufismo no está en contra de la razón. Ésa es la diferencia entre el enfoque Zen y el enfoque Sufi. El Zen es irracional, dice: abandona la razón, abandónala totalmente. El Sufismo no es irracional, es supra-racional. Dice: usa la razón, pero sólo te llevará hasta la puerta. No te puede hacer entrar al templo, solo te lleva hasta la puerta. Usa la razón, pero no te dejes atrapar por ella, no te quedes atascado en ella.
Así es como le sucedió a Sanai. Había usado su razón hasta el máximo de su potencial. Por eso le fue posible a Lai-Khur hacerlo entrar al templo. El sultán se lo perdió porque ni siquiera había usado la razón hasta su punto óptimo. Otros también estaban allí, y ninguno lo captó. Solo Sanai lo captó. Él había usado su razón hasta su punto óptimo, había visto que ésta llega hasta cierto límite, te lleva hasta cierto punto, y luego se queda atascada, luego se agota, y la realidad sigue esparciéndose más allá de ella, entonces la realidad es más grande que la razón.
Usa la razón hasta donde ella puede llevarte, pero no te quedes allí. Ve más allá de ella.
El Zen es irracional, el Zen es absurdo, ésa es su belleza. El Sufismo es supra-racional, no es absurdo, ésa es su belleza. Los dos son puertas correctas hacia lo divino. Pero el Zen es negativo, dice: abandona el razonamiento. El Sufismo es positivo, dice: usa el razonamiento pero recuerda siempre que hay algo más allá de él. Nunca olvides el-más allá.
El Zen es vía negativa, el Sufismo es vía positiva. El Sufismo es totalmente positivo. Entonces, la gente que tiene una inclinación por lo positivo encontrará más fácil tener una afinidad con el Sufismo, y la gente que tiene un enfoque negativo y está sintonizada con lo negativo y lo disfruta, encontrará más fácil seguir el camino del Zen. Uno debe decidir. Uno debe observar sus inclinaciones, sus características.
La razón nos llevó hasta la puerta;
pero fue su presencia la que nos hizo entrar.
Usa la razón, llega hasta la puerta, y recuerda que lo real aún está por ocurrir. Espera. Espera con tremenda apertura, permanece vulnerable. No te cierres, no empieces a sacar una conclusión. Una conclusión significa que te estás cerrando. Si la razón puede darte una conclusión, de este modo o de aquel, a favor o en contra de Dios, estás acabado; entonces no hay más allá.
Date cuenta de que la razón no es concluyente, y mantente sin sacar una conclusión y espera. Has llegado hasta la puerta, ahora su presencia te hará entrar.
Éste es el significado de la gran máxima de que cuando el discípulo está listo, aparece el maestro. Es posible que Lai-Khur estuviera cantando, bailando y tocando música sólo para Hakim Sanai. Los modos de obrar de la existencia son misteriosos. La trampa estaba lista para Hakim Sanai: ese hombre estaba listo, había llegado hasta la puerta.
Lo mismo le sucedió a Ornar Khayyam, otro gran Sufi. Él era un matemático, un gran matemático, un genio. Había usado su razón al máximo, y luego se le hizo entrar. Y el gran matemático se convirtió en un borracho, el gran matemático empezó a hablar de vino, de borracheras, y nació el gran Rubaiyat.
Leyendo el Rubaiyat de Ornar Khayyam, uno no puede creer que él fuera un gran matemático. Uno no puede concebir qué tipo de matemático era ¡su poesía es tan pura! ¿Cómo puede un matemático alcanzar tal pureza en la poesía? Un matemático es un lógico, funciona por medio del silogismo; es muy práctico, muy objetivo. No permite que su subjetividad entre en sus observaciones; es muy desapegado. Y la matemática es la única ciencia perfecta en el mundo. Todas las otras ciencias son más o menos, la matemática es la única ciencia perfecta. ¿Cómo puede un perfecto científico volverse un Sufi? Pero ahora puedes entender cómo sucedió. Cuando llegas al extremo de tu razón, y si aún estás disponible, si no estás cerrado, si aún no has llegado a una conclusión... de un modo u otro, si aún no re has convertido en un teísta o en un ateo, si aún tienes consciencia de que la razón nunca es concluyente, entonces su presencia te hará entrar. Él aparecerá como un maestro y te hará entrar.
Y entonces puede pasar en un momento. Cuando uno esta parado en el límite, entonces en un momento puedes entrar en lo incognoscible.
Pero, ¿cómo podrás nunca conocerlo
mientras seas incapaz de conocerte?
Sólo puedes conocer a Dios si te has conocido a ti mismo. ¿Y dónde estás tú? No estás en tu cabeza, estás en tu corazón. La cabeza puede caer en coma, y todavía estarás vivo. Hay gente que cae en coma y sigue en coma durante años.
El corazón parece ser el punto de contacto entre tú y el universo. Es a través del corazón que estás conectado con el universo, y uno tiene que conocer su propio corazón: eso es el autoconocimiento, ése es el significado de «conócete a ti mismo». Porque sólo conociendo tu corazón conocerás el contacto con el universo. Entrando en tu corazón, serás capaz de entrar en lo supremo.
Uno por uno es uno,
ni más, ni menos:
el error comienza con la dualidad;
la unidad no conoce el error.
Tienes muchas mentes pero sólo un corazón. ¿Has observado este hecho? No tienes una mente; eres multipsíquico, tienes muchas mentes. Ellas cambian constantemente, tu mente cambia a cada momento. En un momento está llena de duda, en otro momento está llena de creencia, y en otro momento está nuevamente llena de duda. En un momento quiere dar el salto, en otro momento escapa. En un momento estás tan lleno de amor, en otro momento estás tan lleno de enojo y odio.
Obsérvalo: tienes mil y una mentes, y van rotando. En tu cabeza hay una especie de sistema de rotación. Por un momento una mente se vuelve el amo, y en ese momento decides algo y piensas que serás capaz de hacerlo. No serás capaz, porque en el momento siguiente el monarca se habrá ido. Es un sistema de rotación: ha surgido otra mente, ahora ha surgido otro rayo de la rueda. Y esta mente no sabe nada de la decisión que ha tomado la otra mente.
Este yo no sabe nada del otro yo, y destruirá cualquier cosa que hayas decidido. En un momento decides no fumar nunca más, en otro momento estás sacando tu paquete de cigarrillos. Y te sorprendes, hace un momento lo habías decidido, y la decisión parecía ser tan total, tan confiable. Y ahora todo se ha ido, se ha ido por completo, no queda nada de ello. Y estás perfectamente dispuesto a fumar otra vez. Y otra vez esa vieja mente volverá y te torturará, y te arrepentirás y pensarás que eres culpable.
Pero esto seguirá cambiando. La mente es un cambio continuo, es un continuum de muchas mentes. Por eso los que viven en la mente viven una vida desintegrada, fragmentada.
El corazón es uno, siempre es uno. El corazón significa la consciencia observadora que hay en ti. ¿Quién es el observador de la cabeza? Trata de meditar sobre esto. Viene el enojo, ¿quién está observando? Sabes perfectamente bien que hay enojo; sabes perfectamente bien que está viniendo y creciendo, sabes perfectamente bien que pronto te abrumará. y luego se está yendo, retrocediendo, desapareciendo ... sabes que se ha ido. Se ha ido, se ha ido, ya no está más allí. ¿Quién está observando?
El amor va y viene. Viene la desdicha, viene la felicidad, todo viene y todo se va. ¿Quién está observando? El observador permanece.
Hay una sola cosa en ti que es constante, y es el observador. Todo cambia, sólo el observador permanece. Siempre está ahí, aun cuando estás profundamente dormido está observando los sueños, aun cuando no hay sueños está observando el sueño profundo. Cuando estás despierto está observando el mundo, cuando estás dormido está observando tu mundo interno, pero la observación continúa. Ni siquiera por un momento se detiene la observación. Esto es lo único eterno que hay en ti, lo único no temporal: tu corazón. .. Los Sufis lo llaman el corazón... y es uno. Y conocer al uno es ir mas allá de todos los errores.
Uno por uno es uno,
ni más, ni menos:
el error comienza con la dualidad;
la unidad no conoce el error.
Esta unidad es llamada Unión Mística. Ésta es la unidad mística. Ésta es la integración, la individuación, el centramiento del alma, y entonces puedes permanecer centrado aun cuando hay un ciclón rugiendo a tu alrededor. Entonces eres el centro del ciclón.
Entonces puedes permanecer en el mundo sin ser del mundo. Todos los errores surgen de la dualidad. Y tú no eres solamente dual, eres una multiplicidad. Entonces, errores, errores y errores ... ¡te has dividido en tantos fragmentos! Eres una multitud, ése es tu problema, y la multitud está peleando constantemente. Y sigue peleando. Eres una guerra civil.
Y en consecuencia tu vida pierde toda alegría, toda dicha y toda gracia.
Sé uno y repentinamente se alcanza la gracia. Repentinamente y sin esfuerzo te vuelves elegante. Entonces tu vida tiene una belleza propia. Es exquisita. Ya no es más esa vida común, fea, vulgar, mundana. Ahora es lo más santo de lo santo. Es sagrada, es divina.
El camino que debes recorrer tú mismo
consiste en pulir el espejo de tú corazón.
¿Cuál es el significado de «pulir el espejo de tu corazón»? Más y más, haz de tu corazón tu centro. Cae en tu centro más y más. Toda vez que te acuerdes, muévete al corazón, baja de la cabeza. Sé observador, despierto.
Pero debes estar despierto de un modo muy amoroso. De no ser así, también estar despierto puede volverse sólo parte de la mente. Si es estar despierto amorosamente, si es estar despierto del corazón, entonces lo será desde el centro de tú ser.
Entonces, cuando estés consciente, sé también amoroso. Permite que el amor y la consciencia se encuentren y se mezclen; permite que tu consciencia sea bañada por el amor. Puedes observar una flor sin amor, la observación estará allí pero sin amor será un fenómeno seco: Esta observación es posible aun a través de la cabeza, pero entonces no pulirá el espejo de tu corazón.
Observa y, sin embargo, sé amoroso. Observa amorosamente. Lentamente, tu observación y tu amor se vuelven uno: son dos aspectos del mismo fenómeno. Entonces esto es pulir el corazón. El amor es el método de pulir el corazón. La consciencia te ayuda a llegar al corazón y el amor te ayuda a pulirlo. Y cuanto más se lo pule, mejor refleja la realidad.
El camino que debes recorrer tú mismo
consiste en pulir el espejo de tú corazón.
No es con rebelión y discordia...
No es necesario que pelees contigo mismo, no es necesario que te impongas nada, no es necesario que estés en conflicto. Tienes que llegar a estar en armonía, no en discordia.
Por eso, el Sufismo no tiene nada que ver con el ascetismo. El asceta es un masoquista; no es una persona realmente religiosa. No se ama, se odia.
El Sufi se ama, el Sufi ama todo. El Sufi es amor.
No es con rebelión y discordia
como se pule el espejo del corazón,
liberándolo de la herrumbre de la hipocresía y la incredulidad.
Recuerda, te dije que si actúas desde la mente las posibilidades son dos. Una es la hipocresía, la así llamada persona religiosa: hindú, musulmana, cristiana, jaina, judía, la así llamada persona religiosa, el hipócrita. Ésta es una posibilidad.
La otra posibilidad es la incredulidad, el ateísmo: «No hay Dios. He buscado, he buscado hasta los límites mismos de mi razón y no he hallado a Dios. No hay Dios».
Ambas actitudes son tontas. Uno debería permanecer sin sacar una conclusión. Uno debería permanecer en el límite de la razón sin conclusión alguna, simplemente silencioso, pasivo, disponible. Entonces la presencia de Dios te hace entrar.
Tu espejo es pulido por tu certeza:
por la pureza sin aleación de tu fe.
Hay una certeza a la que se llega a través de la razón, pero esa certeza siempre está basada en la duda. La duda no puede ser destruida por la razón ya que ésta se alimenta de duda, la razón comienza con la duda. La razón empieza cuestionando, razonar es básicamente escéptico. Entonces, aun si llega a una conclusión, ésta será sólo hipotética. Será sólo temporaria. Si se revelan algunos hechos nuevos, la conclusión deberá, ser cambiada.
Es por eso que la ciencia nunca puede decir: «Ésta es la verdad». La ciencia sólo puede decir: «Hasta ahora, lo que conocemos parece ser la verdad». Sólo puede decir: «Hasta el momento, hasta ahora, esto parece ser la verdad. No podemos decir nada sobre el mañana. Vendrán nuevos hechos, se revelarán nuevos hechos, entonces tendremos que cambiar».
Hoy en día, Newton está desactualizado. Pronto Albert Einstein estará desactualizado, pero Buda jamás estará desactualizado, Lai-Khur jamás estará desactualizado, Jesús jamás estará desactualizado. Porque nada de lo que dijeron está basado en la duda. No llegaron a ello a través de la razón, llegaron a la conclusión a través del corazón, y el corazón conoce lo eterno porque está en contacto con lo eterno. La cabeza sólo está en contacto con lo temporal, lo momentáneo.
Entonces, hay una certeza a la que se llega a través del amor, no a través de la lógica. Hay una certeza a la que se llega no por medio de la cabeza, no a través de la cabeza, no por medio de algún silogismo, sino por medio de un corazón que canta, un corazón que baila.
¿Has sentido alguna vez alguna conclusión, alguna certeza, alguna certidumbre surgiendo de tu amor? Entonces entenderás el significado. Cuando dices: «Amo a esta mujer», ¿has llegado a esta conclusión a través de la razón? Si has llegado a ella a través de la razón, podrá desaparecer en cualquier momento.
Es por eso que en Occidente el amor se ha vuelto un fenómeno muy momentáneo. Hasta al amor se llega a través de la cabeza. Llegas a la conclusión: «Ésta parece ser la mujer más hermosa de todas las que conocido hasta ahora. ¿Quién sabe del mañana? Puede haber una mujer de nariz más larga, una mujer con cabellos más hermosos, una mujer con ojos de un brillo más profundo... ¿quién sabe? Nada puede decirse del mañana. Esta mujer podrá volverse desactualizada; siempre puedes encontrarte con una persona mejor.
Si llegas a la conclusión a través de la cabeza, entonces el amor nunca llegará a ser profundo e íntimo. Será momentáneo, será sólo arbitrario. Esto es lo que está ocurriendo en el mundo. El amor se ha vuelto muy arbitrario y del momento; es sólo un arreglo del momento.
Éste no es el modo de crecer profundamente en el amor. El amor requiere intimidad. El amor requiere una certeza a la que no se llega a través de la cabeza sino a través del corazón. Cuando se llega a una certeza a través del corazón, es para siempre. No cambia.
Benditas son aquellas pocas personas que aún pueden tener en su amor alguna certeza del corazón. Ahora son muy raros en la Tierra; esa tribu está desapareciendo, esa especie está desapareciendo. y ésa es una gran calamidad.
Ahora, si vienes a mí y, al escucharme, al encontrarme lógico, atractivo para tu lógica y razón, te conviertes en discípulo, eso no llegará muy lejos. Mañana podré decir algo que sea contradictorio, que te deje perplejo. Eso creará dudas.
Pero si es una relación del corazón: no oyendo lo que digo sino viendo lo que soy, no escuchando sólo mis palabras sino también mis silencios, no escuchando la filosofía que enseño sino la presencia que derramo sobre ti... entonces hay una certeza que es fe, que es confianza, que es para siempre.
Si llegas a través de tu razón, es sólo arbitrario. Nunca estarás en un estado de soltarte. Estarás siempre allí, observando por el rabillo del ojo: si algo va en contra de tu cabeza, entonces yo no soy para ti. Entonces tengo que estar siempre satisfaciendo tus expectativas, cosa que no puedo hacer, cosa que ningún maestro puede hacer nunca. Y cualquier cosa que diga, siempre la interpretarás a tu modo.
el espejo del corazón es pulido por tu certeza:
por la pureza sin aleación de tu fe.
Libérate de las cadenas que has forjado a tu alrededor;
pues serás libre cuando estés libre de la arcilla.
El cuerpo es oscuro, el corazón brilla radiante;
El cuerpo es mero abono, el corazón es un jardín florido.
Desidentifícate de tu cabeza y desidentifícate de tu cuerpo. Recuerda que no eres otra cosa que tu observación. Y esto no quiere decir que debas estar en contra del cuerpo. Los Sufis tampoco están en contra del cuerpo; aman al cuerpo porque el cuerpo es el abono. Puede volverse fragancia; debe ser transformado.
... el corazón es un jardín florido.
El cuerpo debe funcionar como abono en el jardín del corazón. Uno no debe estar en contra del cuerpo o en contra de la cabeza. Usa la cabeza hasta llegar a la puerta, usa el cuerpo de manera que se convierta en el suelo.
Pero recuerda siempre, la flor del corazón, la flor de estar despierto del corazón debe abrirse en ti. Y puede florecer en cualquier momento. Todo lo que se necesita es abandonar las cadenas que has forjado a tu alrededor: tus defensas, tu armadura, tus protecciones.
Libérate de las cadenas que has forjado a tu alrededor;
pues serás libre cuando estés libre de la arcilla.
Nos hemos identificado demasiado con la tierra, con el cuerpo, con la arcilla. Nos hemos identificado demasiado con la materia, hemos olvidado que no somos nada más que un testimoniar. Este testimoniar es tu realidad última. Permite que se convierta también en tu realidad inmediata, y te convertirás en el jardín del corazón. y florecerás.
Y a menos que florezcas convertido en un gran loto, en un gran loto dorado, tu vida será en vano.
Eso es lo que Lai-Khur le dijo a Sanai: «No malgastes tu vida escribiendo elogios para reyes tontos. Dios pronto te encontrará, y no serás capaz de responderle. No sigas siendo ciego. Haz algo: ¡Abre tus ojos!».
Sanai escuchó y fue transformado ... escúchame: tú también puedes ser transformado.
... Suficiente por hoy.
En el Altar de lo Real
Amado Maestro, hoy en el discurso te miré y me sentí muy superficial y falso. No parece haber nada más profundo dentro de mí. ¿Estos sentimientos muestran que todavía no tengo un centro? También me impacta que en este momento esto parece ser mi rostro.
Nadie puede existir sin un centro. La vida es imposible sin un centro; puede ser que no te des cuenta de él, ése es otro asunto. No tiene que ser creado, sólo tiene que ser redescubierto. Y recuerda, no estoy diciendo «descubierto», estoy diciendo «redescubierto».
El niño que está en el útero de su madre permanece perfectamente consciente del centro. El niño que está en el útero de su madre está en el centro, vibra en el centro, pulsa en el centro. En el útero de su madre el niño es el centro, todavía no tiene circunferencia. Es sólo esencia, todavía no tiene personalidad.
La esencia es el centro, aquello que es tu naturaleza, aquello que es dado por Dios. La personalidad es la circunferencia, aquello que es cultivado por la sociedad; no es dada por Dios. Existe por crianza, no existe por naturaleza.
Cuando el niño sale del útero entra en contacto por primera vez con algo externo a sí mismo. Y ese contacto crea la circunferencia. Muy lentamente la sociedad inicia al niño en sus propias costumbres. La sociedad cristiana hará del niño un cristiano, y la hindú hará de él un hindú, y así sucesivamente. Entonces se imponen sobre el niño capa sobre capa de condicionamiento.
Básicamente, si entras en una personalidad bien desarrollada encontrarás estas tres cosas. Primero una capa positiva muy delgada: positiva pero falsa. Ésa es la capa que finge, ésa es la capa en la están contenidas todas tus máscaras. Fritz Perls solía llamar a esa capa la «capa de Eric Berne». Es allí donde juegas todo tipo de juegos.
Podrás estar llorando por dentro, pero en esa capa sigues sonriendo. Podrás estar lleno de ira, podrás querer asesinar a la otra persona, pero sigues siendo dulce. Y dices: «¡Qué bueno que hayas venido! ¡Estoy tan feliz, tan contento de verte!». Tu rostro muestra alegría, y eso es falso.
Pero para existir en una sociedad falsa necesitarás una capa falsa. De otro modo estarás en tantas dificultades como estuvo Sócrates, como estuvo Jesús, como estoy yo. Esa capa falsa hace que sigas siendo parte de la sociedad falsa, hace que no te desarmes. Es un mundo falso, lo que en Oriente hemos llamado «maya». Es ilusorio, es todo falsedad, falsificación.
La otra persona también está sonriendo tan falsamente como tú. Nadie está sonriendo realmente. La gente está cargando heridas pero ha decorado sus heridas con flores, está ocultando sus heridas detrás de las flores.
Los padres están apurados por darle esta capa al niño. Están apurados porque saben que el niño tiene que existir como miembro de una sociedad falsa. Para el niño será difícil sobrevivir sin ella; ésta funciona como un agente lubricante.
Ésta es una capa muy delgada, superficial. Rasguña a cualquiera un poquito y repentinamente encontrarás que las flores han desaparecido; y detrás están escondidos la ira y el odio y todo tipo de cosas negativas... y esa es la segunda capa: negativa, pero aún falsa.
La segunda capa es más gruesa que la primera. La segunda capa es aquella en la que hay que hacer mucho trabajo. Es allí donde entran las psicoterapias. Y dado que detrás de la capa positiva hay una gran capa negativa, siempre tienes miedo de ir hacia adentro porque ir hacia adentro significa que tendrás que cruzar por ese fenómeno desagradable, esa basura sucia que has juntado año tras año, tu vida entera.
¿De dónde viene la segunda capa? El niño nace como un centro puro, como inocencia, sin dualidad. Él es uno. Está en el estado de unión mística: todavía no sabe que está separado de la existencia. Vive en unidad; no ha conocido ninguna separación, el ego todavía no ha surgido.
Pero inmediatamente la sociedad empieza a trabajar en el niño. Dice: «No hagas esto. Esto no sería aceptable para la sociedad, reprímelo. Haz esto, porque esto es aceptable para la sociedad y serás respetado, amado, apreciado».
Entonces en el niño se crea una dualidad, en la circunferencia surge una dualidad. La primera capa, la positiva, es la que tienes que mostrarle a los demás, y la segunda es la capa negativa que tienes que esconder dentro de ti.
El niño es inocente: inocente en su amor, inocente en su enojo. No hace una distinción. Cuando ama, ama, ama totalmente. Cuando está enojado, está totalmente enojado, es puro enojo. De allí la belleza del niño. Aun cuando está enojado tiene una belleza y una gracia magníficas, aun en su enojo, porque la totalidad est