cap 2- pregunta 1ª
Osho, ¿qué estoy buscando?
El hombre es una búsqueda del Yo, no un yo sino el Yo. El hombre está buscando
constantemente el paraíso perdido; en algún lugar, en lo profundo de los seres
humanos, persiste la nostalgia. Hemos conocido algo que ahora es sólo un
recuerdo muy distante. Este recuerdo ni siquiera es consciente, le hemos perdido
la pista, no sabemos dónde está. Pero la fragancia sigue apareciendo.
Entonces, la religión no es un fenómeno accidental. No va a desaparecer del
mundo. Ningún comunismo, ningún fascismo puede hacerla desaparecer. La religión
seguirá existiendo porque es esencial. A menos que un hombre sobrepase a la
humanidad, a menos que un hombre se convierta en un Buda, la religión sigue
siendo relevante. Sólo para un Buda la religión es irrelevante. Él ha llegado,
ahora no necesita hacer búsqueda alguna.
No hay búsquedas diferentes para diferentes seres humanos. La búsqueda es única,
es una, es universal. Es la búsqueda del Yo, el Yo supremo. Uno quiere saber:
“¿Quién soy yo?”, porque todo lo demás es secundario. Sin conocerse a sí mismo
cualquier cosa que uno haga carece de propósito. A menos que sepa exactamente
quién soy, toda mi vida será fútil. No dará fruto, no florecerá, no tendrá
plenitud.
El primer paso tiene que ser el
autoconocimiento. Pero la paradoja es que si empiezas a buscar un yo te perderás
el Yo. Al decir “un yo” me refiero al ego, al proceso de “egoar”. Ése es un yo
falso; como no podemos encontrar el Yo verdadero, empezamos a crear el falso,
sólo para consolarnos. Es un sustituto. Pero el sustituto nunca puede volverse
la verdad, el sustituto se vuelve una atadura.
La verdad libera. Los sustitutos de la verdad crean prisiones. El ego es la
prisión más grande que el hombre ha inventado hasta ahora. Todos se sienten
sofocados, aplastados. No es que alguien te lo esté haciendo, tú mismo te lo
estás haciendo. Has dado un paso equivocado. En vez de buscar lo que es, has
empezado a sustituirlo por algo: por un juguete, por una cosa falsa. Podrá
consolarte pero no puede traer celebración a tu vida. Y todo consuelo es suicida
porque mientras permaneces consolado el tiempo se te va escurriendo de las
manos.
El Yo no es un yo. El Yo es exactamente un no-yo: en él no hay idea de “yo”, es
universal. Todas las ideas surgen en él, pero no puede ser identificado con
ninguna de las ideas que surgen en él. Todas las ideas surgen en él, todas las
ideas se disuelven en él. Es el cielo, el contexto de todos los contextos, es el
espacio en el que todo sucede. Pero el espacio mismo nunca sucede: permanece,
está siempre allí, y dado que está siempre allí, es fácil perdérselo. Dado que
está allí tanto y está allí siempre, nunca te das cuenta de su presencia.
Es como el aire, no te das cuenta de su presencia. Es como el océano que rodea al pez: el pez nunca toma conciencia de él. Es como la presión del aire: la presión es tanta y siempre ha estado allí... pero no te das cuenta. Es como la gravedad: es tanta... pero no te das cuenta. Es como la Tierra dando vueltas y vueltas a gran velocidad alrededor del sol: la Tierra es una nave espacial pero nadie se da cuenta. Estamos a bordo de una nave espacial y está andando a gran velocidad. Pero no nos damos cuenta.
La conciencia necesita de algunas brechas.
Cuando no hay brechas te quedas dormido; no puedes permanecer consciente.
Si uno siempre ha sido sano, no será consciente de la salud. La conciencia
necesita brechas: a veces no deberías estar sano, deberías enfermarte, entonces
podrías saber de qué se trata la salud. Si en el mundo no hubiese oscuridad y
sólo hubiese luz, nadie habría conocido jamás la luz; la gente se la habría
perdido.
Es así como nos seguimos perdiendo el Yo original, puedes llamarlo Dios o
nirvana, no importa. Los Sufis tienen dos palabras hermosas. Una es fana, fana
significa disolver el ego, disolver el sustituto falso. Y la otra palabra es
baqa, baqa significa la llegada, el surgimiento del Yo real.
El Yo real es universal. ¿Cómo encontrarlo? No está lejos, entonces no tienes que hacer un largo viaje hasta él. Está tan cerca que no se necesita viaje alguno. Está dentro de ti. En vez de viajar tendrás que aprender a sentarte en silencio.
De esto se trata la meditación: sentarse en silencio sin hacer nada. Surgen pensamientos: tú los observas. Surgen deseos: tú los observas. Permaneces como observador. No te conviertes en una víctima de los deseos y pensamientos que están surgiendo; permaneces como observador. Permaneces como el contexto de todos los contextos, permaneces como el espacio ante el cual todo aparece. Pero el espacio nunca aparece ante sí mismo, no puede, es imposible.
El espejo no puede reflejarse a sí mismo, los
ojos no se pueden ver a sí mismos. No puedo agarrar mi mano con la misma mano,
es imposible.
Esto es lo más fundamental que hay que recordar. Tú eres el observador y nunca
lo observado, tú eres el testigo y nunca lo testimoniado. Eres pura
subjetividad. Nunca apareces como objeto... ¿cómo puedes aparecer como objeto
frente a ti mismo? Cualquier cosa que aparezca frente a ti, no eres tú.
Sigue eliminando los contenidos. Sigue
diciendo: “Neti, neti, no soy esto, no soy eso.” Sigue eliminando, y llega un
momento en que no queda nada por eliminar. Hay puro silencio: ningún contenido
se mueve frente a ti, el espejo no refleja nada. Ese es el momento en que el
autoconocimiento surge en ti. Te vuelves iluminado.
Entonces debes recordar estas cosas fundamentales: el Yo es un no-yo. El Yo no
es personal, es universal. El Yo es el espacio o contexto en el que aparece,
ocurre, surge todo lo “posicional” en la vida. Es la pantalla de la vida, pero
la pantalla misma nunca aparece en la pantalla, no puede hacerlo. Todo lo demás
aparece sobre ella, ella misma permanece oculta. Es subjetividad pura.
Esta subjetividad pura es la meta última que todos están buscando. Pero parece
difícil. Somos muy propensos a identificarnos con los contenidos. Entonces, en
vez de buscar lo real creamos algo irreal, lo cual es fácil. Lo artificial
siempre es fácil, puedes fabricarlo.
Tu ego es un fenómeno fabricado. Y una vez que has fabricado el ego... ¿Cómo se
fabrica el ego? “Soy hindú”: ahora estás en camino de crear un ego. “Soy
hermoso, soy inteligente, soy esto, soy aquello.” Estás trayendo más y más
ladrillos para construir la prisión llamada ego.
Y eso es lo que seguimos haciendo durante toda nuestra vida. Gana más dinero,
ten una cuenta bancaria más grande, y tu ego se sentirá más arraigado, más
sostenido, más seguro. Vuélvete famoso: cuanta más gente te conozca, más grande
pensarás que eres.
De ahí viene la constante búsqueda de atención.
Si nadie te presta atención, te ves reducido a nada. Si caminas por la calle y
nadie te saluda, si la gente pasa a tu lado sin ni siquiera notarte,
repentinamente empiezas a sentir que la tierra desaparece bajo tus pies.
¿Qué ha pasado? Que ellos no están alimentando tu ego. Las personas alimentan el
ego de los demás porque es así como ellas mismas pueden ser alimentadas. Alguien
dice: "¿Cómo estás?" Realmente está diciendo: “Pregúntame a mí cómo estoy.”
Simplemente está pidiendo gratificación mutua. Y las personas se gratifican unas
a otras. Nos sostenemos el ego mutuamente: alguien te alaba, tú lo alabas en
retribución.
Eso es lo que llamamos sociedad. Depende de las satisfacciones mutuas; y la
mayor de las satisfacciones parece ser la gratificación del ego.
De ahí que la gente esté tan interesada en la política, porque la política puede
gratificarte como ninguna otra cosa. Si te vuelves políticamente poderoso todo
el país estará en tu poder, todo el país tendrá que prestarte atención. Puedes
imponer tu voluntad sobre la gente, tienes poder.
El poder de un político es el poder de la violencia. Ahora controla todo el
mecanismo de la violencia, controla a la policía, controla al gobierno, a los
militares, controla todo. Puede imponer su voluntad sobre ti. Es por eso que los
políticos tarde o temprano tienden a volverse violentos. En el fondo los
políticos ansían las guerras porque sólo en las guerras un político se vuelve un
“gran” político. Si miras la historia te darás cuenta de esto.
Winston Churchill no habría sido un líder tan grande si no hubiese habido una
Segunda Guerra Mundial. Ni Adolf Hitler habría tenido tanto poder si no hubiese
habido una Segunda Guerra, ni tampoco Mussolini. La guerra creó el contexto:
pudieron ser tan violentos como fue posible. Pudieron masacrar gente, asesinar
gente de a millones.
La gente presta atención inmediatamente cuando eres violento. Si vives una vida
pacífica ningún periódico publicará una nota sobre ti en toda tu vida. Pero si
matas a alguien o te suicidas, inmediatamente estarás en los periódicos.
Hace pocos días, el Reverendo Jones se suicidó
junto con sus novecientos discípulos. Nunca antes habías oído hablar de ese
pobre hombre, nadie sabía que existía alguien así. Ahora todo el mundo sabe.
Ellos habían vivido en esa comuna durante muchos años pero nadie les había
prestado atención. Es posible que si les hubieran prestado atención, quizás no
hubiesen tenido que recurrir a un extremo tal, quizás no se hubiesen suicidado.
Éste fue su modo de hacer que todo el mundo sintiese su presencia: es un modo
muy patológico, muy feo, pero es el mismo fenómeno otra vez. La gente está
buscando el ego: si no lo pueden encontrar siendo creativos, lo encontrarán
siendo destructivos. Si no lo pueden encontrar siendo un gran santo, lo
encontrarán siendo un gran pecador.
Alguien le preguntó a George Bernard Shaw: “¿Adónde te gustaría ir cuando
mueras, al cielo o al infierno?” Él dijo: “Depende.”
“¿Que quieres decir con ‘depende’?”
Él dijo: “Si en el cielo voy a ser el primero, entonces al cielo. Si allí voy a
ser el segundo, entonces no. Entonces es mejor estar en el infierno pero ser el
primero.”
Él está bromeando pero está diciendo una verdad, una verdad acerca de ti, una
verdad acerca de toda la humanidad, acerca del modo en que ésta vive por su
ambición, por su “egoar”.Recuerda, el Yo real no tiene nada que ver con que
alguien te preste atención. Nota la diferencia: el yo falso necesita que los
demás te presten atención y el Yo real sólo necesita tu atención, sólo tu
atención es suficiente.
Si vuelves tu atención hacia adentro, conocerás el Yo real. Si sigues buscando
la atención de los demás, vivirás siempre en una entidad falsa que puede
desaparecer en cualquier momento si no la alimentas continuamente. Tienes que
sustentarla.
El ego no es una entidad. No es un sustantivo, es un verbo. Por eso estoy diciendo que está “egoando”. No puedes sentirte satisfecho por mucho tiempo con ninguna atención que se te preste, tienes que pedir y ansiar más. Tienes que seguir “egoando”; el ego sólo puede existir “egoando”. Es un proceso, ¡y es tan falso!, ¡y sus demandas son tan feas! Es una mentira. Te demanda más y más mentiras, y para gratificarlo tienes que volverte totalmente falso. Tienes que volverte una personalidad.
Una personalidad significa un fenómeno falso,
una máscara. Tienes que convertirte en un actor; ya no eres una persona real, ya
no eres más auténtico. No tienes ninguna sustancia, eres sólo una sombra. Y a
causa de esta sombra existe siempre miedo a la muerte, porque esta sombra puede
desaparecer en cualquier momento.
Tu banco puede entrar en quiebra e inmediatamente desapareciste: no eres nadie.
Puedes perder tu poder porque hay otros competidores empujándote. Esta vida
entera es un constante empujar y tironear, de ahí que exista tanta agonía.
¿Conoces la raíz de la palabra “agonía”? Viene
de “ag”, “ag” significa empujar. Estás siendo empujado continuamente, y cuando
te toca el turno, tú empujas a otros. Eso crea agonía.
El mundo entero vive con angustia y agonía. Sólo la persona que llega a conocer
su Yo real va más allá de eso y entra en el mundo del éxtasis. Y esos son los
dos estados: agonía y éxtasis.
Tú estás en agonía, como todos los demás. Y lo que buscas es éxtasis. Recuerda
siempre, tus compromisos, tus ideologías, tus así llamados valores supremos, tus
teologías, filosofías y religiones proveen contextos, a menudo contextos
valiosos para la existencia individual. Pero no son lo que tú eres.
Tú ni siquiera eres tu cuerpo. Tú no eres tu
mente. Tú no eres ni blanco ni negro, no eres ni indio ni alemán. No puedes ser
definido de ningún modo, todas las definiciones serán insuficientes. Tú eres
indefinible, eres algo que sobrepasa a todas las definiciones. Eres el cielo
vasto en el que aparecen los planetas y aparece la Tierra y el sol y la luna y
las estrellas... y en el que todos desaparecen... y el cielo permanece como ha
permanecido siempre. El cielo no conoce el cambio. Tú eres ese cielo que no
cambia. Las nubes van y vienen, tú estás siempre allí.
Cuando Ramana Maharshi estaba muriendo alguien le preguntó: “Bhagwan, pronto
estarás dejando tu cuerpo, ¿adónde irás?” Él abrió los ojos, se rió y dijo:
“¿Adónde puedo ir? He estado aquí, estaré aquí. ¿Adónde puedo ir, adónde? No hay
ningún lugar a donde ir. Estoy en todos lados: he estado aquí y permaneceré aquí
para siempre.”
Él está diciendo que ha llegado a conocer su ser como cielo: ya no es más una
nube.
Si realmente quieres buscar el Yo real, no te apegues a ningún compromiso, a
ningún programa, a ninguna idea. Permanece desapegado, flexible, fluido; no te
estanques. Permanece siempre en un estado descongelado, no te congeles. En el
momento en que te congelas tienes en tus manos algo falso, ha surgido una nube.
Permanece derretido, no te comprometas con ninguna forma, con ningún nombre. Y
entonces empieza a pasarte algo tremendo: por primera vez empiezas a sentir
quién eres. La sensación no viene desde afuera, surge desde las profundidades de
tu ser. Te inunda. Es luz, luz completa, es dicha, dicha completa. Es algo
divino. Es otro nombre de Dios.
Nunca te cristalices, si te cristalizas en
algo, estarás enjaulado. Permanece libre, permanece en libertad. Toda identidad
crea fijación, y toda fijación, toda identificación, es un obstáculo. Cuanto más
fija es tu identidad, menos capaz eres de experimentar. El asunto no es no tener
una posición sino no identificarte con ella.
No estoy diciendo que no pienses. Sé inteligente, capaz de pensar, pero nunca te
identifiques con ningún pensamiento. Usa el pensamiento como una herramienta,
como un instrumento; recuerda que tú eres el amo. No apegarte a ninguna posición
que puedas tener en un momento en particular es el comienzo del autoconocimiento.
Uno es, uno experimenta el estar vivo en la medida en que pueda trascender las
posiciones particulares y pueda asumir otros puntos de vista.
A eso me refiero con permanecer fluido, fluyendo. Uno debería estar disponible
para el presente. Muere al pasado a cada momento, de modo que nada en ti
permanezca fijo. No lleves un carácter alrededor de ti; todo carácter es una
armadura, una prisión.
El verdadero hombre de carácter no tiene carácter... esto te sorprenderá. El
verdadero hombre de carácter no tiene carácter, tiene conciencia pero no
carácter. Vive momento a momento. Es responsable, pero responde a partir del
momento, no a partir de contextos pasados. No lleva en su ser programas hechos.
Cuantos más programas hechos tengas, más ego serás. Cuando no tengas ningún
programa, nada ya hecho en ti, cuando seas a cada momento tan fresco como si
hubieses nacido de nuevo... eso es para mí la libertad. Y sólo una conciencia
libre puede conocer el Yo verdadero.
Ésta es la búsqueda. Ninguna otra cosa podrá
satisfacer jamás. Todos son consuelos, y es mejor abandonarlos, es mejor tomar
conciencia de que los consuelos no ayudarán.
A eso llamo sannyas: abandonar todos los consuelos, renunciar a los consuelos,
no al mundo sino a los consuelos, renunciar a todo lo que es falso, volverse
verdadero, volverse simple, natural, espontáneo. Ésa es mi visión de un
sannyasin, la visión de la libertad total.
Y en esos hermosos momentos de libertad total, entran en ti los primeros rayos
de luz, las primeras vislumbres de quién eres. Y la grandeza de esto es tal, y
el esplendor es tal que te sorprenderás al encontrar que has estado llevando el
reino de Dios dentro de ti, sin darte cuenta en absoluto y por tanto tiempo. Te
sorprenderá que sea posible no conocer un tesoro tal. Dentro de ti hay un tesoro
inagotable.
Jesús repite una y otra vez: “El reino de Dios
está dentro de ti.” Llámalo el reino de Dios o el Yo supremo o el nirvana o como
prefieras... ésa es nuestra búsqueda, la de todos, no sólo la de los seres
humanos sino la de todos los seres. Hasta los árboles están creciendo hacia él,
hasta los pájaros lo están buscando, hasta los ríos corren hacia él. Toda la
existencia es una aventura.
Y ésa es la belleza de esta existencia. Si no fuese una aventura, la vida sería
absolutamente aburrida. La vida es una celebración porque es una aventura.
Osho, UNION MISTICA VOL2, cap 2- pregunta 1ª