
1 Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.
3 Todas las cosas fueron hechas por El; y sin El no se ha hecho cosa alguna de cuantas han sido hechas.
4 En El estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
5 Y la luz en las tinieblas brilla, y las tinieblas no la han acogido.
6 Apareció un hombre enviado por Dios: su nombre era Juan.
7 Este vino como testigo, para dar testimonio de la Luz, a fin de que por medio de él todos creyesen.
8 No era él la Luz, sino quien había de dar testimonio de esa Luz.
11 Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron.
12 Mas a cuantos le recibieron, aún a aquellos que creen en su nombre, les dio el poder de transformarse en hijos de Dios.
14 Y la Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros ‑y contemplamos su gloria, gloria como hijo único del Padre‑ lleno de gracia y de verdad.
16 Y de su plenitud nosotros todos recibimos, y gracia por gracia.
17 Pues la ley fue dictada por Moisés; pero la gracia y la verdad vinieron a través de Jesús el Cristo.
Y LA PALABRA SE HIZO CARNE
Hablaré acerca de Cristo, pero no acerca del Cristianismo. El cristianismo no tiene nada que ver con Cristo. En realidad, el cristianismo es anti‑Cristo, tal como el Budismo es anti‑Buda y el Jainismo, anti‑Mahavir. Cristo tiene en sí algo que no puede ser organizado: su verdadera naturaleza es la rebelión, y la rebelión no puede ser organizada. Apenas la organizas, la matas. Entonces queda sólo el cadáver. Puedes venerarlo, pero eso. no te puede transformar. Puedes llevar la carga durante siglos y siglos, pero sólo será un peso, no te liberará. Por eso, quisiera dejar algo totalmente claro desde el principio: estoy enteramente de parte de Cristo, pero ni siquiera una pequeña parte de mí está de parte del cristianismo. Si quieres a Cristo, tienes que trascender el cristianismo. Si te aferras demasiado al cristianismo, no te será posible entender a Cristo. Cristo está más allá de todas las iglesias. Cristo es el principio mismo de la religión. En Cristo se cumplen todas las aspiraciones de la humanidad. El es una síntesis excepcional. Normalmente, un ser humano vive en agonía, angustia, ansiedad, dolor y sufrimiento. Si miras a Krishna, verás que él se ha ido al otro polo: vive en éxtasis. No hay agonía; la angustia ha desaparecido. Puedes amarle, puedes bailar con él un rato, pero faltará el puente. Tú estás con angustia, él está en éxtasis ‑¿dónde está el puente?
Alguien como Buda se ha ido aún más lejos. Ni está angustiado, ni está en éxtasis. Se halla absolutamente tranquilo y en calma. Está tan lejos que puedes mirarle, pero no puedes creer en su existencia. Parece un mito ‑quizás la cristalización de los deseos de la humanidad. ¿Cómo puede un hombre así caminar sobre la tierra, trascendiendo en esa forma toda angustia, todo éxtasis? El se encuentra demasiado lejos.
Jesús es la culminación de toda aspiración. Está angustiado, como tú, tal como nace cada hombre ‑angustiado sobre la cruz. Se halla en el éxtasis que Krishna logra a veces: celebra; es una canción, es una danza. Y también es trascendencia. Hay momentos, cuando llegas a estar más y más cerca de él, en que verás que su ser más interno no es ni la cruz ni la celebración, sino la trascendencia.
Esa es la belleza de Cristo: allí existe un puente. Te puedes acercar a él poco a poco, y te puede guiar hacia lo desconocido‑y tan lentamente que ni siquiera te darás cuenta cuando cruces el límite, cuando entres en lo desconocido desde lo conocido, cuando el mundo desaparezca y Dios aparezca. Puedes confiar en él, porque se parece tanto a ti, y al mismo tiempo es tan distinto. Puedes creer en él, porque él es parte de tu angustia; puedes entender su lenguaje.
Por eso Jesús se convirtió en un hito importante en la historia de la consciencia. No es tan sólo una coincidencia el hecho de que el nacimiento de Jesús se haya convertido en la fecha más importante de la historia. Tiene que ser así. Antes de Cristo, un mundo; después de Cristo, ha existido un mundo totalmente diferente - una demarcación en la consciencia del hombre. Hay tantos calendarios, tantas formas; pero el calendario que se basa en Cristo es el más importante. Con él, algo ha cambiado en el hombre; con él, algo ha penetrado en la consciencia del hombre. Buda es hermoso, magnífico, pero no de este mundo; Krishna es adorable ‑pero aún así, falta el puente. Cristo es el puente.
De ahí que haya elegido hablar sobre Cristo. Pero recuerda siempre, no estoy hablando del cristianismo. La Iglesia es siempre anti‑Cristo. Una vez que tratas de organizar a una rebelión, ésta tiene que hundirse. No puedes organizar a una tormenta -¿cómo vas a organizar a una rebelión?‑. Una rebelión está viva y es verdadera sólo cuando es un caos.
Con Jesús, un caos penetró en la consciencia de la humanidad. Ahora, la organización no debe hacerse en el exterior, en la sociedad; el orden debe ser llevado al núcleo más interno de tu ser. Cristo ha traído un caos. Ahora, partiendo de ese caos, debes renacer totalmente: un orden que proviene del ser más interno. No una nueva Iglesia, sino un hombre nuevo; no una nueva sociedad, sino una nueva consciencia humana. Ese es el mensaje.
Y estas palabras del evangelio de San Juan ‑debes haberlas oído tantas veces, has debido leerlas tantas veces. Se han convertido en algo casi inútil, sin sentido, insignificante, trivial. Han sido repetidas tantas veces que ahora no repica ninguna campana en tu interior cuando las oyes. Pero estas palabras son tremendamente poderosas. Puede que hayas perdido su significado; pero sí llegas a estar un poco alerta, consciente, puedes recuperar el significado de estas palabras. Será necesario un esfuerzo para recuperar el significado ... similar al que es necesario para reclamarle un terreno al océano.
El cristianismo ha cubierto estas hermosas palabras Con tantas interpretaciones que la frescura original se ha perdido -a través de las bocas de los sacerdotes, que simplemente repiten como loros sin saber lo que están diciendo: sin saber, sin dudar, sin temblar ante la santidad de estas palabras. Simplemente, repiten palabras como robots mecánicos. Sus ademanes son falsos, porque todo ha sido entrenado.
Una vez fui invitado a una universidad teológica cristiana. Me sorprendí cuando me mostraron el establecimiento. Es una de las universidades teológicas más grandes de la India: cada año preparan entre doscientos y trescientos sacerdotes y misioneros cristianos ‑un entrenamiento de cinco años. Y todo debe ser enseñado: incluso cómo pararse en el púlpito, cómo hablar, dónde dar más énfasis, cómo mover las manos ‑‑todo debe ser enseñado. Y entonces todo se vuelve falso: entonces, la persona sólo está haciendo ademanes vacíos.
Estas palabras son como el fuego, pero a través de siglos de repetición, de repetición de loro, se ha acumulado mucho polvo alrededor del fuego. Mi esfuerzo consistirá en descubrirlas de nuevo. Deben estar muy alertas, porque estaremos pisando un terreno bien conocido de una manera muy desconocida, pisando un territorio muy conocido con una actitud muy diferente y totalmente nueva. El territorio será viejo. Me esforzaré por darte una nueva consciencia para verlo. Me gustaría prestarte mis ojos para que pudieras ver las cosas viejas con una nueva luz. Y cuando tienes nuevos ojos, todo se vuelve nuevo. Escucha:
Al principio existía la Palabra,
y la Palabra estaba con Dios,
y la Palabra era Dios.
Los Upanishads se pueden sentir pobres, los Vedas pueden sentir envidia: Al principio existía la Palabra.
¿Qué quiere decir el evangelio cuando dice al principio? Los cristianos lo han estado interpretando como sí al principio significara que hubo un principio. Han estado usando e interpretando estas palabras, "al principio", como si mostraran algo acerca del principio del tiempo. Pero ... sin tiempo, ¿cómo puede haber un principio? Para empezar, en primer lugar será necesario el tiempo. Si el tiempo no existía, entonces ¿qué quieres decir con al principio?
Al principio forma parte del tiempo y no puede preceder al tiempo; por lo tanto, al principio no quiere decir que hubo un día en que Dios creó al mundo. Esa es una soberana estupidez. Al principio e s sólo una forma de hablar. Al principio no se refiere al principio en absoluto, porque nunca ha habido un principio ‑y no puede haber un final, Dios es eterno, Su creatividad es eterna, siempre ha sido así y siempre lo será.
Debido a estas palabras –“al principio”‑, ha habido mucha controversia durante siglos. Hasta ha habido sacerdotes y obispos necios que han tratado de fijar la fecha exacta: cuatro mil cuatro años antes de Cristo, en un lunes determinado, el mundo comenzó. ¿Y qué estaba haciendo Dios antes de eso? La eternidad lo debió preceder ‑cuatro mil años no es nada. ¿Qué estaba haciendo El antes de eso? ¿Nada en absoluto? Entonces, ¿por qué de pronto, en cierta fecha, El inició la Creación?
Ha sido un problema, pero el problema surge debido a una interpretación equivocada. No, “al principio" es sólo una forma de hablar. Uno tiene que comenzar en alguna parte, el evangelio debe comenzar en alguna parte. La vida es eternidad, la vida nunca comienza en ninguna parte, pero cada historia tiene que empezar y cada escritura tiene que tener un comienzo. Deben escoger arbitrariamente una palabra, y no podrían haber escogido mejor: al principio. Al principio significa que simplemente no sabemos.
Pero desde el principio mismo, si es que hubo un principio, Dios ha sido creativo. Permítanme tratar de decirlo de un modo diferente: Dios es creatividad. Hasta puedes dejar de lado la palabra Dios. De hecho, el evangelio mismo no quiere usar la palabra “Dios". Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.
Al principio existía la Palabra. ¿De qué palabra estás hablando, qué es esta palabra? Quien ha conocido la verdad sabe muy bien que la palabra Dios es vana: no hay nombre ni definición ‑ todas las palabras son pequeñas, no pueden contener lo absoluto. La Palabra es simplemente una manera de indicar lo que no tiene nombre, lo desconocido. Al principio existía la Palabra.
Los judíos, que precedieron a Jesús, de quienes Jesús fue la culminación misma ... Naturalmente, ellos negaron a Jesús; ésa es otra historia. A veces ocurre que alguien que está entre nosotros alcanza la culminación de toda la raza, pero esa realización es tan vasta y tan grande y tú estás tan bajo, que no puedes creerlo; tienes que negarlo.
Cristo se elevó muy alto. Los judíos habían estado esperando a este hombre durante siglos ‑¡qué ironía!‑ , habían esperado durante siglos que este hombre apareciera, todas sus esperanzas estaban volcadas a este hombre, que transformaría sus vidas y traería el reino de Dios sobre la tierra ... entonces, este hombre surgió; y ellos, que habían estado esperándolo, no pudieron creer, no pudieron confiar. ¿Qué sucedió?
Se aficionaron demasiado a la espera misma. "Bueno, si éste fuese el hombre, ¿qué haríamos?". La espera tendría que finalizar, habría que ponerle fin. Y habían esperado tanto ‑de hecho, la espera se había convertido en su única actividad, en toda su actividad religiosa: esperar la llegada del hijo de Dios. Y de pronto llega este hombre y dice: "Aquí estoy".
Pero ahora, ellos preferían aferrarse a su espera que mirar a este hombre ‑‑porque el mirarle sería el fin; ya no habría nada que esperar. El futuro desaparece,. la esperanza desaparece, el deseo desaparece. Este hombre matará toda esperanza, todo deseo, todo futuro ‑ ¡es demasiado! La vieja mente se ha vuelto adicta a su propia espera, la vieja mente se ha vuelto adicta a su propio sufrimiento, frustración ‑ahora es demasiado.
Así sucede: si has estado enfermo durante mucho tiempo, poco a poco empiezas a acumular cierta inversión en la enfermedad. Entonces, comienzas a temer ‑si llegas a estar sano de nuevo, el miedo surge, porque tendrás que volver a la oficina otra vez, a la vida cotidiana. Durante estos años has estado descansando: no has tenido ansiedades, pudiste descansar. Ahora vuelve la responsabilidad. No sólo eso ‑durante estos años en que has estado enfermo, todo el mundo ha sido compasivo contigo, casi todo el mundo ha tratado de quererte. Has llegado a ser el centro de tu familia, de tus amigos, de tus conocidos; todo el mundo ha sido amable. Moverse de nuevo en el mundo cruel y áspero; la mente retrocede, no parece valer la pena.
Si una raza ha estado esperando demasiado tiempo y los judíos siempre han estado esperando. Todavía están esperando ‑ y e! hombre ha surgido y se ha ido. Pero han invertido demasiado en la espera, su espera se ha convertido en su oración, sus sinagogas no son más que salas de espera hasta que llegue el Mesías. ¡Y él estuvo aquí!
Y les digo, si él viene de nuevo ‑ aunque no creo que vuelva a cometer el mismo error si viniera de nuevo, los judíos aún no le aceptarían; pues entonces, ¿qué pasaría con su espera? Han vivido demasiado en ella; su encarcelamiento se ha convertido en su casa, y ya la han decorado. Y ahora, moverse en el riguroso cielo abierto ... donde a veces el sol quema demasiado, otras veces llueve, y otras hace frío o hace calor ... es peligroso. Ahora están resguardados.
Al principio existía la Palabra ...
Los judíos han enfatizado insistentemente que el nombre de Dios no debería ser pronunciado, porque es algo para guardar muy profundamente dentro del corazón. Pronunciarlo es hacerlo profano; decirlo es hacerlo formar parte del lenguaje y del mundo corrientes. Decirlo una y otra vez es hacer que pierda su significado e importancia.
Si amas a alguien y todo el día le estás diciendo: "Te amo, te amo" muchas veces, y gozas diciéndolo, al principio puede que la otra persona se sienta feliz, pero tarde o temprano va a ser demasiado. "Te amo, te amo" estás convirtiendo una hermosa palabra en algo inútil. No la uses demasiado. Entonces es importante, entonces lleva un significado. De hecho, puede que los que están realmente enamorados no la usen en absoluto. Si el amor no es obvio, no se puede verbalizar ‑ no hay necesidad de decirlo. Y si es obvio, ¿para qué decirlo? Debería haber unas pocas palabras claves que utilices muy poco, muy de vez en cuando. Deberían ser guardadas para ocasiones especiales, cuando tocas una cima.
Los judíos siempre han insistido en que el nombre de Dios no debería ser utilizado. Era la costumbre antiguamente, antes de Cristo, que sólo al Sumo Sacerdote del . templo de Salomón le fuera permitido usarlo ‑‑y sólo una vez al año. A nadie más le era permitido eso. Por lo tanto, la Palabra es el código, el código para el nombre de Dios. Algo debe utilizarse para indicarlo, y éste es un hermoso código: la Palabra. No utilizan ninguna palabra, simplemente dicen: la Palabra. Lo mismo se ha hecho también ‑en la India. Si preguntas a los Sikhs, los seguidores de Nanak, ellos dirán: Nam, el Nombre. No dicen ningún nombre; simplemente dicen, el Nombre. Quiere decir lo mismo que la Palabra.
Sólo al Sumo Sacerdote le era permitido, y el Sumo Sacerdote tenía que purificarse a sí mismo. Durante todo el año se purificaría a sí mismo, y ayunaría y oraría y se prepararía. Y entonces, un día del año, toda la comunidad se reuniría. Aún entonces, el Sumo Sacerdote no pronunciaría la palabra ante la multitud: se retiraría a la más recóndita capilla del templo y las puertas se cerrarían. En profundo silencio, donde nadie pudiera oír ‑‑la multitud estaría esperando afuera y no era posible que oyeran‑ él pronunciaría el nombre con absoluta santidad, profundo amor, intimidad. Estaba pronunciando el nombre en representación de toda la comunidad.
Era bienaventurado el día en que el nombre era pronunciado. Y luego, durante todo el año, el nombre no debía llevarse a los labios. Tienes que llevarlo dentro del corazón; debe convertirse en una semilla. Si sacas la semilla de la tierra una y otra vez, nunca brotará. Ponla muy profunda. Ponle agua, protégela, pero mantenla sumergida en la oscuridad para que germine, muera y renazca.
El nombre de Dios tiene que ser guardado en lo profundo del corazón. Ni siquiera tú deberías oírlo: debería estar tan profundo dentro de tu ser, en tus profundidades subliminales, que ni siquiera alcanzara a tu propia mente. Es eso lo que significa el que el Sumo Sacerdote se retire a la capilla más recóndita. Nadie oye, las puertas están cerradas, y él pronuncia el nombre una vez. El significado es éste : ve a la más recóndita capilla del centro de tu corazón, purifícate a ti mismo y, de vez en cuando, cuando sientas la fragancia de tu ser ‑‑cuando estés en el clímax de tu energía, cuando estés realmente vivo y ni un ápice de tristeza persista a tu alrededor, eres feliz, tremendamente feliz, extáticamente feliz y tranquilo y silencioso, te encuentras en un estado en que puedes agradecer, en que te puedes sentir agradecido ... entonces, ve a la capilla más recóndita. Tu mente será dejada fuera ‑ésa es la multitud. Entras más profundamente en el corazón, y ahí proclamas tan silenciosamente que ni siquiera tu mente pueda oír. Allí debe ser llevada la Palabra.
Al principio existía la Palabra,
Y la Palabra estaba con Dios
Y la Palabra era Dios.
No hay diferencia entre Dios y Su nombre. El no tiene nombre; El, en sí mismo, es Su nombre. Su ser es Su nombre; Su existencia es Su nombre. Nace un niño. ¿Cuál es su nombre? ‑ninguno. Pero él es. Ese “ser" es su nombre. Entonces, con propósitos utilitarios, le damos un nombre y poco a poco olvidará su "ser" y se identificará con el nombre. Si alguien insulta a ese nombre, se pondrá furioso; si alguien lo elogia, se pondrá contento. ¡Y el nombre nunca le perteneció!
Dios es el niño, siempre el niño, siempre la inocencia del mundo. El no tiene nombre, Ese es el, significado de este dicho : y la Palabra estaba con Dios. Ser, existencia, vida : y la Palabra estaba con Dios. ‑ Su nombre es Su ser. No repitas Su nombre, movilízate dentro de Su ser ‑ésa es la única forma de llegar a El. En realidad, olvídate de El. Movilízate dentro de tu propio "ser" y llegarás a El.
Todas las cosas fueron hechas por El;
y sin El no se ha hecho cosa alguna
de cuantas han sido hechas.
Dios es creatividad. Decir que Dios es el Creador ya es falsificarle, pero decir: "Dios es creatividad", no será comprensible. La gente pensaría: "¿Por qué usar 'Dios'? ‑con ‘creatividad’ bastaría". Decimos: "Dios es el Creador”, pero debido a esta expresión surgen muchos desatinos. Y entonces, ¿cuándo creó El al mundo? Y entonces, ¿por qué no lo creó antes? ¿Por qué no pudo crearlo antes, por qué lo creó en el momento en que lo creó? ¿Por qué lo creó así como es? ¿Por qué no lo puede mejorar?
Tanta miseria, tanto sufrimiento en el mundo, y El es el Creador. El se convierte entonces en el acusado. Entonces, nos sentimos furiosos: sí El es el Creador, entonces El es el responsable de todo. ¿Por qué no lo puede cambiar? Surgen entonces todo tipo de problemas, y los teólogos se dedican a contestar estas preguntas.
Para empezar, si miras el asunto directamente, no será necesario planteárselas siquiera. Dios no es el creador, él es creatividad. La creatividad es Su ser. Siempre ha estado creando; no puede tomar vacaciones de Su creatividad. ¡Eso no es posible; no puedes tomar vacaciones de tu naturaleza más interna ‑ no. Todo lo que puedes dejar no es tu naturaleza; lo que no puedes dejar lo es.
La naturaleza de Dios es la creatividad. Siempre ha estado creando. Y no hay otra manera: el mundo sólo puede existir tal como existe ahora. Es la única manera. Lo que sea que pienses, condenes o aprecies no tiene importancia. Es como acercarse a una rosa y preguntarle: "¿Por qué tienes esa cantidad de pétalos? Podrías tener unos pocos más. ¿Qué es lo que anda mal?". Pero si tuviera más, surgiría nuevamente la misma pregunta.
Sea como sea el mundo, la gente siempre creará preguntas. Por lo tanto, aquellos que saben, dejan la mente de lado y aceptan el mundo. Y sólo hay dos caminos: aceptar la mente y estar contra el mundo o aceptar el mundo y arrojar la mente. Esta es la única manera en que son las cosas y como pueden ser, y no hay nadie a quien te puedas quejar, ni nadie que pueda escuchar tus quejas y mejorar algo. Dios es creatividad, no un Creador.
Todas las cosas fueron hechas por El ‑ ¡en realidad, todas las cosas son hechas de El, no por El! Y sin El no se ha hecho cosa alguna de cuantas han sido hechas.. Y no solamente en el pasado; aún ahora, siempre que algo es creado El es el creador, tu eres sólo el instrumento.
Pintas un cuadro o escribes una canción, ¿Qué crees: que eres el creador? En el momento de profunda creatividad desapareces, Dios entra nuevamente en escena. Por‑ lo tanto, no es una cuestión del pasado. Dondequiera y cuando quiera que la creatividad se presenta, es siempre a través de El. Pregunta a todos los grandes poetas. Dirán que siempre que los grandes poemas descienden sobre ellos, eran, a lo más, receptores pasivos. Sucedió; ellos no fueron los creadores.
La idea de que puedes crear es simplemente tu ilusión. Toda la creatividad Le pertenece. Aún a través de ti, todo lo que es creado, El lo crea. Comprender esto es un gran esclarecimiento. Al entender esto, el ego desaparece; comprender esto es permitirle a El tomar total posesión de ti. Te conviertes en un instrumento; y de pequeñas cosas, grandes cosas llegan a ser posibles. Entonces El se mueve a través de ti. Si tú danzas, El danza. A lo más, eres el terreno donde El danza. Cuando cantas, El canta. A lo más, tú eres la flauta, la flauta vacía que se vuelve un canal para ello. A lo más, tu puedes permitir es siempre El quien está haciendo las cosas.
A esto me refiero cuando digo "flota", cuando digo “fluye con el río". Permite que Su creatividad fluya a través de ti. No impongas ningún patrón sobre EI; no impongas tu voluntad. Si puedes permitirte a ti mismo estar totalmente poseído, no hay sufrimiento, y dejas de ser un ser humano. El Jesús que hay dentro de ti se ha convertido en Cristo en el instante mismo en que permites la posesión total. Desaparece entonces el Jesús y aparece el Cristo.
Cristo es el principio; Jesús es el hijo del carpintero José. Jesús desapareció en un momento determinado y Cristo entró. "Cristo" significa simplemente que ahora el hombre dejó de ser hombre, y está ahora poseído por Dios. Al igual que cuando alguien se vuelve loco y dices: "Este hombre ha enloquecido", puedes decir, "Este hombre está 'endiosado' “. El hombre dejó ya de estar allí.
En El estaba la vida;
y la vida era la luz de los hombres
Dios es la única existencia, el único ser: la única vida que hay, la única danza que existe; el único movimiento, la única energía que hay. En el océano y en las olas; en el mundo ilusorio y en la verdad, en los sueños y en el soñador, la única energía que hay es Dios. Todo es El; El es todo.
En El estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y cuando sea que llegas a entender esto ‑esto: que El es la única vida‑ tu vida se ilumina. Y entonces, estás lleno de luz. Dios es vida! Si comprendes esto, toda tu vida se llenará de luz. Su vida se convierte en una luz en tu entendimiento. Cuando Su vida se refleja en tu interior, se convierte en luz.
Y la luz en las tinieblas brilla;
y las tinieblas no la han acogido.
Y la luz brilla a tu alrededor. La vida te rodea por todas partes ‑en los pájaros, en los árboles, en el río. La vida te rodea por todas partes, no existe nada más ‑estás viviendo en el océano de la vida. Fuera y dentro, adentro y afuera, solamente la vida burbujea. Una gran corriente de vida, y eres como un pez dentro de ella.
Y la luz en las tinieblas brilla;
y las tinieblas no la han acogido.
Tú no la acoges. Aún estás identificado con la oscuridad, tus ojos están aún cerrados. Estás ciego. Esto es algo hermoso que comprender:
Apareció un hombre enviado por Dios ...
Debía ser así. Estas son parábolas, pero yo digo que debía ser así, porque ¿cómo puede un hombre que ha vivido en la oscuridad ser capaz de llegar a la luz por sí mismo, solo? Necesitará a un Maestro.
Sí estás profundamente dormido, ¿cómo vas a despertarte a ti mismo? ‑parece imposible. Se requiere a alguien que ya esté despierto para sacarte de tu sueño, para darte una sacudida, de modo que la aguja de tu inconsciencia se salga fuera del surco y tome una nueva ruta. Por un instante, abres los ojos y miras.
Apareció un hombre enviado por Dios;
su nombre era Juan.
A menos que Dios mismo vaya a hacerlo, parece casi imposible que logres darte cuenta de qué es qué. Por lo tanto, todas las religiones del mundo ... los Hindúes los llaman avatares; dicen, "El hombre, por sí sólo, es tan indefenso que Dios tiene que descender". Avatar significa, el descenso de Dios, El mismo tiene que venir a despertarte.
Esto simplemente muestra cuán profundamente dormido estás, nada más ‑no es que tengas que creer fanáticamente que Dios desciende. Sólo muestra que estás tan profundamente dormido que, a menos que Dios descienda, no pareces tener posibilidades, Y si a veces despiertas, eso sólo demuestra que Dios ha descendido a despertarte.
Apareció un hombre enviado por Dios;
su nombre era Juan.
Este vino como testigo, para dar testimonio de la Luz,
a fin de que por medio de él todos creyesen.
Estoy aquí. Si puedes verme, llegarás a confiar en cosas que no habías sido capaz de darte cuenta por ti mismo. A través de mi, puedes tener un vislumbre de lo que todavía no ha sido visto.
Y Dios es lo que no ha sido visto. Se necesita a alguien que pueda ser un testigo, que pueda dar testimonio, que pueda decir: "Sí, yo Le conozco", que pueda resonar en tus profundidades, que te pueda dar el sabor, a través de su contacto, de que "Sí, Dios existe". Dios nunca puede ser sólo una creencia, porque una creencia será impotente. Su naturaleza será intelectual, mental, pero no te transformará. Puedes acarrear la creencia durante toda tu vida: será parte de tu chatarra, no te transformará.
La confianza, la fe, son diferentes. La creencia es intelectual; la confianza es existencial Pero, ¿cómo puedes llegar a confiar si no te acercas a un hombre que pueda dar testimonio, que pueda decir desde las profundidades de su ser:"Sí, Dios es”? Si te permites ser vulnerable a él, y su ser conmociona algo dentro de ti, entonces nace la confianza.
Este vino como testigo‑‑‑Juan se transformó en un testigo‑ ... para dar testimonio de la Luz ... El ha conocido la Luz, él viene de la Luz. Recuerda, quien conoce la Luz también sabe que viene de la Luz, porque no hay otra manera de estar aquí.
Puede que no lo sepas, pero tú también vienes de la Luz. Esa es la verdadera fuente ‑la semilla y la fuente de toda vida. Puede que no te des cuenta, puede que lo hayas olvidado, puede que hayas olvidado totalmente de dónde viniste‑ la fuente está tan lejos que no la recuerdas en absoluto‑ pero quien sea que dentro de ti tome consciencia de la Luz, inmediatamente se dará cuenta de que "Yo vengo de El". En realidad, de inmediato se dará cuenta de que "Yo soy El. Mí padre y yo somos uno".
Como arriba es abajo. Proclamará, al igual que los profetas de los Upanishads han proclamado: "Aham Brahmasmi ... Yo soy eso". 0 dirá, como Mansoor: "Ana Zahak ... Yo soy la verdad". O, como Jesús: "Yo y mi Padre somos uno". Jesús dice: "Si confías en mí, has confiado en Aquél que me ha enviado; si me amas, has amado al que no conoces".
Este vino como testigo, para dar testimonio de la Luz, a fin de que por medio de él todos creyesen. Juan es una puerta, una ventana: a través suyo, puedes tener un vislumbre de las lejanas cimas del Himalaya.
No era él la Luz, sino quien
había de dar testimonio de esa Luz.
Esto tiene que ser entendido, ésta es una de las cosas realmente significativas. Siempre que llega un hombre como Jesús, es precedido por alguien que prepara el terreno. Tiene que ser así, porque se necesita un terreno ya preparado. La vida es una profunda continuidad; todo está conectado, todo es una unidad. Juan vino a preparar el terreno porque habían muchas malezas. La hierba estaba creciendo, mil y un tipos de árboles repletaban la tierra. Tenían que ser cortados ‑quitar las malezas, cambiar la tierra. Sólo entonces podría venir el jardinero a sembrar las nuevas semillas.
Siempre hay alguien que precede a un hombre como Jesús. Así dice el evangelio: No era él la Luz, sino quien había de dar testimonio de esa Luz ‑él vino a preparar el terreno.
Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron.
Ha venido a ayudar; ha venido a satisfacer las aspiraciones de siglos. Ha venido a lo que era suyo y los suyos no le recibieron.. Esto es algo muy irónico, pero siempre ha sucedido así. Jesús nació judío y éstos no le aceptarán. Buda nació Hindú, y éstos no le aceptarán. Siempre ha sido así. ¿Por qué? Porque siempre que nacen hombres como Jesús o Buda, suponen tal rebelión que todo lo establecido se estremece.
El hombre corriente vive en el pasado y para el hombre corriente el pasado es más importante, porque ya está establecido, es sólido. Tiene muchos intereses en el pasado, mucha inversión en el pasado. Por ejemplo, si de repente me acerco a ti y te digo que la manera en que has orado es incorrecta, y has estado orando de esa manera durante cincuenta años ‑entonces es mucho lo que está en juego. El creerme supondrá poner en duda cincuenta años de tu propia vida; el creerme equivale a aceptar que has sido un bobo durante cincuenta años. ¡Es demasiado! Lucharás, te defenderás.
Y cuando es cuestión de raza ... durante miles de años, una raza completa ha estado haciendo ciertas cosas; y entonces, llega un Jesús y pone las cosas patas arriba. Todo es nuevamente un caos. Disuelve todo lo que está establecido, arranca todo lo que se creía importante, crea confusión. Tiene que hacerlo así, porque te trae la cosa verdadera. Pero durante siglos has creído que la verdad era otra. ¿Qué elegir: Jesús o tu propio y prolongado pasado? ¿Qué elegir: Jesús o la tradición?
¿Sabes de dónde viene la palabra "tradición"?
Viene de la misma raíz que la palabra “comercio". También viene de la misma raíz que la palabra "traidor". La tradición es un comercio, es un negocio ‑y la tradición es también una traición.
La tradición cree en ciertas cosas que no son verdad ‑la tradición traiciona a la verdad‑‑‑; por lo tanto, cuando la verdad aparece, hay conflicto. Lo puedes ver aquí. He nacido Jaina, pero ellos no me aceptarán. Aquí puedes encontrar Cristianos, Judíos, Mahometanos, Hindúes, Budistas, pero muy pocos Jainas. A ellos les es imposible aceptarme. Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron.
Los Jainas están demasiado en mi contra. Los Hindúes también lo están, aunque en menor grado. Pero los Cristianos no, los judíos en absoluto. Cuanto más te alejas, menor es el antagonismo. Nací Jaína; los Jainas son una pequeña comunidad, rodeada de Hindúes por todas partes. Los Jainas son casi Hindúes: por lo tanto, los Jainas serán muy antagónicos, los Hindúes un poco menos y los Mahometanos, Cristianos y judíos no tanto.
Cuanto más te alejes, menor será el antagonismo. De ahí que puedas entender por qué aquí hay tanta gente de tantos países diferentes, y, sin embargo, no hay muchos indios. Con los indios hay un problema: su tradición está en peligro. Si creen en mi, su tradición ... tendrán que perderla.
Por eso, cerca de mí verás más gente joven que gente mayor: porque la gente joven no tiene mucha inversión en el pasado. De hecho, un joven se halla en busca del futuro, y un viejo, en busca del pasado. Un joven tiene un futuro; el viejo sólo tiene el pasado. El futuro significa muerte: toda su vida es pasado. Por tanto, cuando un hombre de setenta viene a mí resulta muy difícil cambiarle, porque setenta años se me oponen. Cuando viene un muchachito de siete, un pequeño Siddhartha, no hay nada contra lo cual luchar. Puede entregarse en forma total, no hay nada ‑no tiene pasado, sólo futuro. Puede aventurarse, puede arriesgarse; no tiene nada que perder. Pero un viejo tiene mucho que perder. Por eso, si viene un erudito ‑uno que sabe demasiado sin saber‑ tendrá que luchar mucho, producirá todo tipo de discusiones, se defenderá. Tiene mucho que perder. Pero cuando llega un hombre inocente que dice: "No sé mucho", es fácil, porque está dispuesto a dejarse ir.
Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron.
Mas a cuantos le recibieron,
aún a aquéllos que creen en su nombre,
les dio el poder de transformarse en hijos de Dios.
Y la Palabra se hizo carne...
Muy poca gente se acercó a él. Juan vivió cerca del río Jordán, en la intemperie, fuera de ciudades y pueblos. Los que realmente quisieran transformarse le buscarían y llegarían hasta él. Muy pocos fueron, pero aquellos que lo hicieron ‑aún a aquellos que creen en su nombre, les dio el poder de transformarse en hijos de Dios. Aquellos que pudieron confiar fueron transformados. Y él preparó el terreno: éstos serían los primeros que estarían preparados para la aparición de Jesús.
Y la Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros
‑y contemplamos su gloria,
gloria como hijo único del Padre
lleno de gracia y de verdad.
Y la Palabra se hizo carne ‑una de las frases más hermosas del evangelio‑ y habitó entre nosotros. Con Jesús, es como si la Palabra se hubiese convertido en carne: Dios se ha convertido en hombre. El secreto se ha abierto; lo oculto ha sido revelado; el misterio se ha convertido en una verdad abierta. Todas las puertas del templo están abiertas.
Y la Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros... Juan produjo la atmósfera, porque la Palabra sólo puede llegar a ser carne cuando el que escucha está listo.
Si estás listo, te podré decir lo que llevo dentro de mi corazón. Si no estás listo, será imposible pronunciarlo; será absolutamente inútil. De hecho, no puede ser expresado hasta que estés listo. Cuando tu corazón esté dispuesto, esa misma disposición hará aparecer la verdad que llevo dentro de mi corazón. Entonces, el corazón puede hablar al corazón, lo profundo puede responder a lo profundo.
Juan reunió a un grupo, un pequeño grupo de gente escogida que fueran capaces de confiar, que fueran capaces de ver con los ojos de la confianza. Sólo en esa situación es posible la aparición de Jesús. Recuerda esto: si el que escucha está dispuesto, sólo entonces puede ser pronunciada la verdad.
Durante muchos años estuve viajando por este país, durante todo el año, sólo para encontrar gente que fuera capaz de transformarse a sí misma, de modo que lo que llevo dentro de mí pudiera convertirse en carne, pudiera ser pronunciado. Ahora, la gente me pregunta por qué no voy ya a ninguna parte. Ese trabajo ya está hecho. Ahora, aquellos que estén dispuestos vendrán a mí. En este momento, ésa es la única forma.
Por eso, no quiero que vengan aquí masas y multitudes: porque si vienen, no me será posible pronunciar aquello que está dentro de mí ... y me gustaría compartirlo antes de partir. Sólo si estás listo, y únicamente si lo estás, podrá algo del más allá descender sobre ti.
Y la Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros
‑y contemplamos su gloria,
gloria como hijo único del Padre‑
Y esto es, realmente, algo que tiene que ser entendido, porque los cristianos lo han estado mal interpretando continuamente. Ellos siguen diciendo que Cristo es el único hijo engendrado por Dios. Sí, por un lado es verdad, ‑pero no es verdad en el sentido en que los cristianos lo dicen.
Buda también es el único hijo de Dios, y Krishna también es el único hijo de Dios. Recuerda, lo enfatizo: el único hijo engendrado por Dios. Yo también soy el único hijo de Dios., y tú también eres el único hijo de Dios. Entonces , ¿por qué decir "el único hijo engendrado"? Si todos son Sus hijos, ¿por qué decirlo?
Tiene un significado, un sentido; tiene que decirse. Es similar a esto: te enamoras de una mujer y dices: "Eres la única mujer, la única mujer hermosa en el mundo". No es que esto sea verdad; pero aún así, es la verdad de un instante de amor. No es un hecho corriente: es una verdad. Cuando le dices a una mujer: "Eres la única mujer hermosa que ha existido o existirá en el mundo", eso no quiere decir que conoces a todas las mujeres que han existido en el mundo antes, o que sabes que todas las mujeres que existirán después no van a ser más bellas que ésta. ¿Cómo puedes saberlo, cómo puedes comparar? Este no es un hecho lógico; es una comprensión poética.
En ese momento de amor, las estadísticas quedan a un lado. Algún lógico puede alegar: "¡Espera! ¿Conoces a todas las mujeres que existen en el mundo en este momento? ¿Has mirado, buscado, y has concluido que ésta es la mujer más bella del mundo? ¿Qué estás diciendo? Estás usando un lenguaje comparativo".
Pero tú dirás: "No me preocupan las otras mujeres, y esto no es comparativo. No estoy comparando; simplemente, afirmo una verdad acerca de mis sentimientos. No es una realidad del mundo exterior; es una verdad de mí sentimiento interno. Esto es lo que siento: que ésta es la mujer más hermosa del mundo. No estoy diciendo nada acerca de esta mujer; estoy diciendo algo acerca de mi corazón. No conozco a todas las mujeres; no es necesario". No es una comparación. Es un sentimiento. Estás tan poseído por el sentimiento que no decir esto estará mal.
Cuando amas a Jesús, él es el único hijo de Dios. Por lo tanto, esta frase es correcta: dice, ... gloria como hijo único del Padre. "Como" ‑ como si fuera el único hijo de Dios. Para aquellos que se enamoran de Jesús para ellos, él es el único hijo de Dios. No dicen nada acerca de Buda o en contra de Buda. No están comparando.
A eso me refiero cuando digo que Buda también es el único hijo de Dios, y que tú también lo eres. Todos en este mundo son únicos. Una vez que alcanzas tu realización interior, eres el único hijo de Dios ‑‑como si toda la existencia existiera para ti, y nada más que para ti. Los árboles florecen para ti y los pájaros .cantan para ti y los ríos fluyen para ti y las nubes se juntan para ti.
Cuando alcanzas tu realización, te transformas en el centro de la existencia. O, si te llenas de amor hacia un Buda, un Jesús o cualquiera, estas afirmaciones de amor no deberían ser tomadas como la exposición de un hecho. Son realizaciones poéticas. No puedes discutirlas; no son en absoluto discutibles. Son afirmaciones del corazón.
Y la Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros ... lleno de gracia y de verdad. Cuando la verdad existe, hay gracia. y cuando hay gracia, hay verdad.
Trata de entender esto. Sólo puedes poseer la gracia si eres verdadero. Si tienes alguna mentira dentro de ti, esa mentira perturbará tu gracia, esa mentira será venenosa para tu belleza, porque esa mentira tiene que estar oculta, reprimida. A nadie se le permitirá conocerla. No puedes estar abierto; estarás cerrado por la mentira. Si engañas, no puedes ser libre y fluido. Estarás estancado con tu engaño. Por lo tanto, no digo que las mentiras sean malas porque hagan daño a los demás ‑ no. Son malas porque perderás tu propia gracia. Los engaños no son malos porque engañes a los demás; son malos porque perturbarán tu flujo, y no estarás fluyendo. Te empezarás a helar. Estarás estancado, muerto, en muchos puntos. Tendrás bloqueos en tu ser.
Mira a un niño. Cada niño tiene gracia. Y después, ¿dónde desaparece la gracia? Si cada niño trae gracia al mundo, ¿en dónde desaparece? Poco a poco ésta se desvanece, y entonces todos se vuelven feos y sin gracia.
Muy rara vez encontramos a alguien que sea capaz de ser tan agraciado como lo era cuando niño. ¿Qué sucede? ¿Por qué un niño es agraciado?
¿Has visto a algún niño del que puedas decir que es feo? No, eso no existe. Un niño feo, imposible. Todos los niños son bellos, incondicionalmente hermosos. Están fluyendo, y son verdaderos. Cuando quieren llorar, lloran; cuando quieren reír, ríen. Cuando están furiosos, están furiosos; cuando están amorosos, están amorosos. Son verdaderos en cada momento, nunca engañan.
Pero pronto aprenden la política. Pronto aprenderán que: "A mamá le gusta que yo sonría. Si sonrío es más fácil persuadirla, es más fácil manipularla". ¡Un niñito se está convirtiendo en un político! El espera. Puede estar furioso por dentro, pero cuando la madre se acerca sonríe, porque ésa es la única manera de conseguir el helado. Ahora la sonrisa es falsa, y una sonrisa falsa es fea, porque el ser total no está implicado en ella; es algo pintado desde afuera. Y luego, más y más cosas serán pintadas, más y más personalidades se juntarán, y la esencia se perderá. Así te vuelves feo. La verdad y la gracia van siempre unidas. La verdad es gracia, y la gracia es verdad.
El evangelio capta el punto exacto del ser de Jesús: verdad y gracia. El era verdad, era profundamente verdadero hasta el núcleo mismo ‑suprema, absolutamente verdadero. Así es como se metió en problemas. Vivir con una sociedad que es absolutamente falsa, vivir en ella con absoluta veracidad, significa meterse en problemas.
Y la gracia. El no era ni un político ni un sacerdote. Simplemente, amaba la vida y la vivía. No estaba aquí para predicar nada, no tenía ningún dogma que inculcar, no tenía ideas que forzar sobre la gente. En realidad, vivió una vida llena de gracia, pureza y fluidez, y fue contagioso. Con quien fuera que se contactara ‑‑ el que llegara a tener contacto con él se quedaría hipnotizado, magnetizado. Este hombre era un niño, un niño inocente. La gente se sentía atraída. La gente dejó sus casas, sus trabajos; simplemente, comenzaron a seguirle.
El no era un predicador, no estaba entregándole ninguna revolución política al mundo, no estaba proclamando ninguna reforma para el mundo. Simplemente, estaba entregándote una manera fluida de vivir. Y ése era el problema ‑ porque los Judíos son una de las razas más reprimidas del mundo. Muy reprimidos, moralistas, puritanos. Ese se convirtió en el punto problemático. Ellos se guían por principios. Se guían por la ley, y la ley debe ser respetada.
Naturalmente, tienen mucho éxito en el mundo. Si respetas la ley, tendrás mucho éxito. Si te guías por el amor, estás destinado al fracaso. Es una desgracia, es desafortunado, pero es así: la ley triunfa, el amor fracasa ‑en el mundo. En lo que a Dios respecta, el amor triunfa, la ley fracasa; ‑ pero, ¿a quién le importa Dios?
Los judíos son muy respetuosos de la ley, muy buenos ciudadanos, y dondequiera que vayan siempre tienen éxito, porque siempre van con la ley. Se rigen por la aritmética. Por ese motivo, obtienen la mayoría de los Premios Nóbel. Nadie puede competir con ellos. Tienen mucho talento: tienen éxito en los negocios, en la política; hagan lo que hagan, siempre hacen lo adecuado. Pero son puritanos muy formalistas, profundamente cautivos de la mente. Una profunda resaca prosigue en la mente.
Y Jesús empezó a hablar acerca de la ley. El evangelio dice:
Y de su plenitud nosotros todos recibimos,
y gracia por gracia.
Pues la ley fue dada por Moisés;
pero la gracia y la verdad
vinieron a través de Jesús, el Cristo.
La Ley fue dada por Moisés. Moisés es el fundamento del judaísmo. Naturalmente, esto era necesario, porque a menos que la ley sea establecida, el amor no será posible. La ley es imprescindible, es una necesidad, pero no es suficiente.
Moisés le entregó la ley al mundo. La gente era primitiva, inculta; no tenían sentido social. Moisés creó una sociedad, y una de las más perdurables: la judía. Y en realidad, Moisés debe haber sido realmente genial, porque proporcionó la ley, y los judíos han sobrevivido a todo tipo de catástrofes. Debe haberles dado una base muy estable. Pero él era un legislador, al igual que Manu fue el legislador para los Hindúes. Moisés es el Manu de los Judíos; él trajo la ley.
Permítanme contarles una pequeña historia. En cierta ocasión, Moisés se cruzó con un hombre que estaba rezando. Pero su oración era tan absurda ‑no sólo absurda, sino un insulto a Dios‑ que Moisés se detuvo. Era absolutamente ilegal. Era preferible no rezar que hacerlo de esa manera, porque este hombre estaba diciendo cosas increíbles. Decía, "Déjame acercarme a ti, Dios mío, mi Señor, y prometo que limpiaré tu cuerpo cuando esté sucio. Incluso si tienes piojos, yo te los quitaré ... Y soy un buen zapatero, te haré zapatos perfectos. Andas con zapatos tan viejos ‑ y tan sucios, están totalmente sucios ... Y nadie cuida de ti, mi Señor. Yo cuidaré de ti. Cuando estés enfermo, te serviré y te daré medicina. ¡Y también soy un buen cocinero!".
¡Así es como estaba orando! Así que Moisés le dijo "¡Detente ! ¡Detén este absurdo! ¿Qué estás diciendo ? ¿A quién le estás hablando ‑ a Dios? ¿Y El tiene piojos en Su cuerpo ? ¿Y Sus ropas están sucias y tú las limpiarás? ¿Y no hay nadie ahí para cuidarle, y tú serás Su cocinero? ¿De quién has aprendido esta oración?".
El hombre contestó, "No la he aprendido en ninguna parte. Soy un hombre muy pobre e ignorante, y no sé cómo rezar. La he inventado yo mismo, y éstas son las cosas que conozco. Los piojos me molestan mucho; por lo tanto, le deben molestar a El. Y a veces la comida no es buena ‑mi esposa no es una buena cocinera‑‑‑ y me duele el estómago. El también debe estar sufriendo. Esta es sólo mi propia experiencia, que se ha transformado en mi oración. Pero si conoces la oración adecuada, enséñamela".
Entonces Moisés le enseñó la oración adecuada. El hombre se inclinó frente a Moisés, le dio las gracias con lágrimas de profunda gratitud, y se alejó. Moisés estaba muy contento. Pensé que había hecho una buena obra. Miró al cielo para ver lo que opinaba Dios del asunto.
¡Y Dios estaba furioso! El dijo: "Te he enviado ahí para que acerques‑a la gente a mí, pero has alejado a uno de los que más me ama. Ahora, él orará en forma adecuada, pero no será una oración en absoluto ‑ porque la oración no tiene nada que ver con la ley. Es amor. El amor es ley en sí mismo; no necesita otra ley".
Pero Moisés es el legislador. El fundó la sociedad: trajo los diez mandamientos. Esos Diez Mandamientos han sido los cimientos de todo el mundo occidental: judaico, Cristiano, Mahometano ‑las tres religiones dependen de la ley de Moisés.
Por lo tanto, el mundo entero ha conocido sólo a dos legisladores: el Oriente conoce a Manu y el Occidente conoce a Moisés. Hindúes, Jainas, Budistas: Manu les ha proporcionado la ley, la ley les ha sido dada por Manu; y Moisés se la ha entregado a Mahometanos, Cristianos y judíos.
Estos dos legisladores han creado al mundo entero. Y debe haber algo en ello: ambos nombres empiezan con “M” Manu y Moisés. Y luego llega Marx, que es la tercera "M". China y Rusia ‑ a ambas les entregó las leyes. Estos son los tres grandes "M": legisladores.
Pues la ley fue dada por Moisés ...
La ley es para la sociedad; el amor es para el individuo. La ley se refiere a cómo te comportas con los demás; el amor se refiere a cómo te comportas contigo mismo. El amor es un florecimiento interior; la ley es la conducta externa. Dado que vives con gente, debes respetar las leyes, pero eso no es suficiente ‑es bueno, pero no es suficiente. Si una persona se limita a respetar las leyes, estará muerta. Será un buen ciudadano, pero estará muerto. La ley puede ser el fundamento de la sociedad, pero no puede ser el edificio mismo. Puedes vivir según la ley, pero no puedes vivir en ella. No te da suficiente espacio. Para eso, el amor es necesario.
Jesús fue la realización de Moisés. Jesús estaba completando lo que inició Moisés, pero los judíos le negaron; lo que Manu inició lo estaba completando Buda, pero los Hindúes te negaron. Marx aún necesita a un Buda o a un Jesús en el mundo. El vendrá algún día, pero los comunistas le negarán.
Comienzan a centrarse en la ley. Y desde ese punto de vista, el amor parece estar en contra de la ley. Y en realidad, la ley sólo es necesaria para que el amor pueda llegar a ser posible. La ley es necesaria para que la gente pueda vivir en paz y en amor; la ley no es, en sí, el fin. Es el medio; el amor es el fin. Pero cuando la gente se vuelve demasiado obediente de la ley, hasta el amor mismo parece ilegal. Y se vuelven temerosos del amor, porque ‑¿quién sabe?‑ estás recorriendo un sendero peligroso.
El amor es locura; la ley, cálculo. La ley es confiable, la sociedad puede decidir con ella. Pero el amor no es confiable ¿quién decidirá? El amor no conoce reglas: no es aritmética, ‑es poesía. Es peligroso. El amor es siempre salvaje, y la ley es social.
Recuerda esto: respeta la ley, pero no te limites a eso; de otra manera, habrás vivido en vano. De hecho, no habrás vivido. Respeta la ley, porque si no lo haces tendrás problemas. Debes vivir en una sociedad, tienes que seguir ciertas reglas, pero sólo son reglas. No hay nada supremo respecto a ellas, no hay nada de Dios en ellas.
Déjame decirte esto: los Diez Mandamientos fueron creados por Moisés. No provienen
de Dios, eso no es posible. Esos Diez Mandamientos son reglas humanas del juego. "No robarás" ‑‑‑porque la propiedad es individual.
Pero si el juego cambia y la propiedad llega a repartirse, "No robarás" no tendrá sentido como ley. O bien, si algún día el mundo llega a ser realmente opulento, habrá tanto que nadie robará. Sólo si hay pobreza es posible el robo. La gente está hambrienta y es pobre y entonces roban. Pero si la sociedad es rica ‑como va a serlo algún día‑ y hay demasiadas cosas: todo lo que necesites, hay más disponible ... entonces, ¿quién será ladrón? El mandamiento desaparecerá en ese momento. Ya no será necesario.
Los Diez Mandamientos son sociales. Moisés trae la ley; Jesús trae la verdad, la gracia, el amor. El amor viene de Dios, la ley viene de la mente. El amor es de Dios, la ley es del hombre.
Y con amor, la gracia ocurre. Y con amor ‑la verdad. Recuerda esto, porque entender a Jesús es entender el fenómeno del amor. Entender a Jesús es entender los detalles de la gracia. Entender a Jesús es entender la verdad. Recuerda: si puedes entender la verdad, la verdad libera. Y no existe otra liberación.
SEGUNDO DISCURSO
22 DE OCTUBRE DE 1975
¿Quién te preparó el camino?
Nadie me preparó el camino, ni tampoco yo le estoy preparando el camino a nadie. Esto tiene que ser entendido.
Hay cuatro posibilidades. Una, la más vieja y la más usada, es la que ‑se dio en el caso de Jesús. Juan el Bautista preparó el camino; el discípulo precedió al Maestro. Esto tiene ventajas, pero también tiene limitaciones y defectos ‑eso es necesariamente así. Cuando el discípulo precede al Maestro, creará limitaciones que le son propias y el Maestro tendrá que funcionar dentro de esas limitaciones. Tiene sus ventajas, pues cuando llega el Maestro, no tendrá que preocuparse de preparar el terreno ‑el terreno ya estará dispuesto, puede comenzar de inmediato a sembrar las semillas‑‑‑ pero el terreno estará dispuesto a la manera deL discípulo. No puede estarlo al estilo del Maestro; por lo tanto, éste tendrá que funcionar dentro de ciertas limitaciones. Eso es lo que produjo todo el problema en la historia de Jesús.
Juan el Bautista es un tipo de hombre diferente de Jesús, un hombre muy fiero, casi en llamas ‑y siempre enardecido. Usa un lenguaje que le es apropiado, pero que nunca podrá ser apropiado para Jesús. Jesús es muy silencioso, muy apacible. Juan el Bautista no es ese tipo de hombre.
Es un profeta y Jesús es un Mesías; y la diferencia entre un profeta y un Mesías es grande. Un profeta es un hombre religioso, profundamente religioso, pero funciona como un político: utiliza el lenguaje de la revolución, utiliza un lenguaje muy violento ‑‑ excitando los corazones y el ser de los hombres, agitándolos. Un profeta es como un terremoto. Un Mesías es muy tranquilizante, silencioso como un valle del Himalaya ‑perezoso, adormecido. Puedes descansar con un Mesías. Con un profeta, siempre estarás en movimiento.
Debido a esto, Juan el Bautista usó la terminología de la política: la revolución, el reino de Dios. E incluso ese "reino'' debe ser tomado por la fuerza. Tiene que ser, de hecho, atacado. El no fue comprendido, pues siempre serás mal interpretado si utilizas el lenguaje del mundo exterior para referirte al mundo interior. Los políticos tuvieron miedo: "¿De qué reino está hablando este hombre? ¿De qué revolución? ¿ A qué se refiere cuando dice que el reino debe ser tomado por la fuerza?".
Juan el Bautista es muy impaciente. Desea cambio inmediato; no puede esperar. El creó la atmósfera en que Jesús tuvo que funcionar. Juan el Bautista murió en prisión, fue decapitado por los gobernantes ‑ fue absolutamente mal interpretado‑ pero nadie tuvo la culpa: él mismo la tuvo.
Pero debido a él ... y Jesús le iba a seguir, Jesús fue discípulo de su propio discípulo. Fue iniciado por Juan el Bautista, porque éste le precedió. Se creó un vínculo. Fue así como tuvo que utilizar la misma terminología. Era casi seguro que no le comprenderían.
Juan el Bautista murió en prisión, decapitado. Jesús murió en la cruz ‑asesinado. Juan el Bautista también estaba hablando del reino de Dios. Naturalmente, él no era agresivo, pero la terminología en sí parecía política. El era un hombre muy inocente, no tenía nada que ver con política.
Pero Juan el Bautista ayudó, en cierta forma. Jesús pudo trabajar porque todos los discípulos de Juan el Bautista estaban listos para recibirle, él no era un extraño. Juan el Bautista había producido una pequeña abertura, había creado una pequeña claridad en la oscuridad de la humanidad. Cuando llegó fue recibido; había una casa lista para él ‑unas pocas personas receptivas a él. Eso no hubiera sido posible si hubiese venido solo, sin un predecesor. Pero la casa fue construida por Juan el Bautista, y los discípulos que éste atrajo fueron. atraídos por él. Eso produjo el conflicto.
Este es el formato más antiguo: el Maestro es precedido por un discípulo que cumple el rol de predecesor y prepara el terreno. Debido a sus defectos y limitaciones, ha habido otra forma: la opuesta.
Ramakrishna es sucedido por Vivekananda; no es precedido por nadie. El Maestro viene primero, y entonces le sigue el discípulo. Esto tiene sus ventajas, porque el Maestro crea toda la atmósfera, el Maestro es quien crea la situación completa en que va a producirse el crecimiento. ‑ cómo van a desenvolverse las cosas. El da el lenguaje, el patrón, la dirección, la dimensión.
Pero esto tiene defectos, porque el Maestro es infinito; y cuando llega el discípulo, éste resulta ser muy finito. Y entonces el discípulo tiene que elegir, porque no puede moverse en todas direcciones. El Maestro puede estar mostrando todas las direcciones, te puede estar guiando hacia el infinito; pero cuando el discípulo llega, debe elegir, debe seleccionar, y entonces fuerza su propio patrón en ello.
Ramakrishna fue sucedido por Vivekananda. Ramakrishna es uno de los florecimientos más grandiosos que hayan ocurrido nunca; Vivekananda es el profeta. Ramakrishna es el Mesías, pero Vivekananda determinó todo el rumbo. Las inclinaciones de Vivekananda eran de tipo extrovertido, no de tipo introvertido. Sus propias inclinaciones apuntaban más hacia la reforma social, hacia el cambio político. Estaba más interesado en traer riquezas a la gente, en destruir la pobreza y el hambre. Cambió enteramente el rumbo.
La Misión Ramakrishna no es fiel a Ramakrishna; la Misión Ramakrishna es fiel a Vivekananda. La Misión Ramakrishna funciona ahora como un servicio social. Siempre que hay hambruna, están allí para servir a la gente. Cuando hay un terremoto, están ahí para servir a la gente. Cuando hay una inundación ‑y ninguna de estas cosas falta en la India‑ ellos están ahí. Son buenos servidores, pero la revolución interior de Ramakrishna ha desaparecido completamente dentro del desierto de Vivekananda.
Ramakrishna funcionó más libremente que Jesús, porque no tuvo un patrón preconcebido. Vivió más espontáneamente que Jesús. No tuvo ningún límite; pudo funcionar en cualquier dirección. Podía volar como un pájaro en el cielo, no había ninguna limitación. Pero luego llega el discípulo. El organiza, y, naturalmente, lo organiza a su manera.
Las dos maneras tienen ventajas, y las dos tienen defectos. También existe una tercera posibilidad, que nunca ha sido utilizada antes. Krishnamurti es el primero en el mundo en utilizar esta tercera posibilidad. La tercera posibilidad consiste en negar a ambos: predecesores y sucesores, ambos. Es negativa.
El método de Krishnamurti es vía negativa. Así entonces, primero negó a aquellos que le prepararon el terreno. Esa era la única forma de desembarazarse de las limitaciones. Negó a todo el Movimiento Teosófico: Annie Besant, Leadbeater ‑ ellos fueron los que prepararon todo el terreno, y trabajaron duro para Krishnamurti. Ellos fueron los que cumplieron el rol de Juan el Bautista para él. Crearon para él una extensa oportunidad en el mundo; pero entonces, cuando él estuvo listo, miró, vio los defectos y las limitaciones: ocurriría lo mismo que en el caso de Jesús. Y entonces, simplemente negó. Negó que ellos prepararan el terreno o que hubiera alguna necesidad de prepararlo.
Al negarles, él estaba consciente de que también tenía que negar su calidad de Mesías ‑‑porque si él decía que era el Mesías, podía negar a los predecesores, pero entonces vendrían los sucesores. Y entonces se plantearía el mismo problema que se había presentado con Ramakrishna. Así que negó: "Nadie me ha precedido y nadie va a sucederme". Negó a Leadbeater, a Annie Besant y al Movimiento Teosófico, y durante toda su vida ha negado que alguien vaya a convertirse en su heredero o sucesor.
Esto tiene su belleza propia, pero también sus problemas. Puedes ser libre, muy libre, absolutamente libre ‑porque no. hay limitaciones por ningún lado, ni antes ni después‑ pero tu libertad está en la negatividad. No creas. Tu libertad no alcanza ninguna realización, es vana ‑no ayudas. Es como si alguien estuviese tan pendiente de no enfermar ‑trabajando continuamente y pendiente de no caer enfermo‑ que olvida que a veces también tiene que disfrutar de la salud. De otra manera, puede que no enfermes, pero el sólo estar pendiente de que "Uno no debe enfermarse y debe permanecer alerta" se convierte en un tipo de enfermedad.
Krishnamurti está tan alerta al respecto ‑que ningún tipo de cautiverio debería crearse en ninguna parte, que no debiera existir ninguna atadura‑ que trabajó duro, pero no pudo ayudar a nadie. Ha sido hermoso para él mismo, pero no ha sido beneficioso para la humanidad. El es un hombre libre, pero su libertad es sólo para él. Esa libertad no pudo llegar a ser saboreada en miles y miles de gargantas; no pudo crear un impulso. El se ha mantenido como un pináculo de la libertad pero no existe puente. Puedes mirarle ‑‑ es como una hermosa pintura o una hermosa poesía‑ pero nada se puede hacer al respecto, no te transforma. Ha roto todos los puentes. Esta es la tercera posibilidad ‑nunca se probó antes. El fue el primero.
Yo he probado la cuarta. Que tampoco ha sido usada. La cuarta consiste en que durante la mitad de mi vida yo mismo he trabajado como Juan el Bautista; y ahora, durante la otra mitad funcionaré como un Cristo. Esta es la cuarta posibilidad: preparar el terreno y también sembrarlo, sembrar las semillas.
También tiene sus inconvenientes; es imposible encontrar un camino que no los tenga. Tiene cualidades y tiene defectos. La ventaja es que soy ambos: por lo tanto soy, en cierta forma, totalmente libre. Todo lo que he hecho en mi primer paso lo hice sabiendo perfectamente bien cuál iba a ser el segundo paso. El Juan el Bautista que había en mí conocía perfectamente bien al Cristo que iba a seguirle: ambos se hallaban en profunda armonía. Son una persona; no hay problema en ello. Por lo tanto, el Juan el Bautista que había en mí no podía crear ninguna limitación para el Jesús que iba a seguirle ‑libertad total.
Y ningún Vivekananda me va a seguir. Yo soy mi propio Vivekananda y soy mi propio Juan el Baustista; por lo tanto, nadie puede limitarme en forma alguna cuando me haya ido. Y soy positivo: si Krishnamurti es vía negativa, yo soy vía positiva. He aceptado ambos papeles, y tengo una cierta libertad que ni siquiera Krishnamurti puede tener. El tiene que negar constantemente, y la negación en sí se convierte en una preocupación, en una profunda ansiedad. No tengo nada que negar; sólo tengo que decir que sí a la totalidad.
Pero existen problemas, y el problema más grande es que siempre seré contradictorio. Todo lo que ha dicho Juan el Bautista, tendrá que contradecirlo el Cristo que hay en mí. Siempre seré contradictorio.
Durante muchos años me estuve moviendo, llegando a cada persona, a cualquiera que tuviera alguna capacidad de crecimiento. Nunca nadie pensó que algún día el vagabundo que había en mí simplemente se sentaría en su habitación cerrada y que ni siquiera saldría de esa habitación ‑‑ ¡contradictorio! Durante años hablé en términos de revolución: naturalmente Juan el Bautista tiene que hablar de esa manera. Entonces, de repente, dejé de hablar de la revolución, de la sociedad, del bienestar de la humanidad; olvidé todo al respecto. Ahora sólo existe el individuo.
Contradictorio. Si observas, puedes encontrar dos corrientes paralelas, y la primera corriente ha estado en constante contradicción con la otra corriente. Durante esos muchos años, el Acharya, el Juan el Bautista, estaba haciendo una cosa. Ahora el Bhagwan, algo completamente diferente, está haciendo algo totalmente contradictorio.
Más tarde, será imposible decidir si este hombre era uno solo o dos. Y me figuro que algún día alguien sospechará que este hombre eran dos, porque las contradicciones son obvias, y no hay manera de resolverlas. Este es el problema conmigo‑ pero alguien tenía que probar la cuarta posibilidad, y estoy feliz de haberla probado yo. Cada cosa en esta tierra tiene sus inconvenientes, así que no puedes escapar de los inconvenientes. Por una u otra parte aparecerá el problema; por lo tanto, es solamente cuestión de elección ‑ lo que a ti te acomode.
Esto me acomoda perfectamente. Ser libre para contradecirse es un gran prodigio, porque así no me preocupo en absoluto de lo que digo. No guardo cuentas, no necesito preocuparme acerca de lo que dije ayer. Puedo contradecirme: ésta es una gran libertad.
Y si me amas, sé que encontrarás en lo profundo de mí que las contradicciones ya están resueltas. Pero eso le ocurrirá sólo a aquellos que confían, eso sólo les sucederá a aquellos que se acerquen más y más a mí. Todas las contradicciones están en la superficie: en mi interior ya están resueltas, porque soy uno.
Funcioné como Juan el Bautista; ahora funcionaré como Cristo. Así que nadie me ha precedido, y nadie será mi sucesor. Soy un círculo perfecto.
¿Por qué vacilo en disfrutar cualquier cosa?
El goce no está permitido; estás condicionado en contra del goce. Desde tu infancia misma te han enseñado que si estás contento, significa que algo anda mal ‑ si eres desgraciado, todo está bien. Nadie se preocupa si eres desgraciado; pero si estás demasiado contento, todo el mundo se inquieta por ti. Debes haber hecho algo malo.
cuando quiera que un niño está contento, los padres empiezan a buscar la causa: debe haber hecho alguna fechoría o algo. ¿Por qué está tan alegre? ‑ los padres no están contentos. Sienten profunda envidia de la alegría del niño. Puede que no se den cuenta de ello, pero están envidiosos. Es fácil tolerar la desgracia de otros, pero es casi imposible tolerar la felicidad de los demás.
Estaba leyendo una anécdota. Un padre muy religioso estaba educando a su hijo lo mejor posible. Un día, cuando iban a ir a la iglesia, le dio al muchacho dos monedas: una rupia y una piastra. También le dio a elegir: que pusiera lo que creyera adecuado en el plato de donativos de la iglesia. Podía elegir la rupia o la piastra.
Naturalmente, el padre creía y esperaba que pondría la rupia en el plato (*). El había sido educado de esa manera ‑podía esperarse eso de él, se podía confiar.
El padre esperó. Al salir de la iglesia, estaba muy ansioso por saber lo que había pasado. Preguntó al muchacho: "¿Qué hiciste?".
(*) Una rupia es mucho más valiosa que una piastra (N. del T.)
El chico admitió que había donado la piastra y se había guardado la rupia para él.
El padre no lo podía creer. Dijo, "¿Por qué? ¿Por qué hiciste eso? ‑‑siempre te hemos inculcado grandes principios".
El muchacho dijo: "Me preguntas por qué. Te diré la razón. Primero habló el sacerdote en la iglesia. En su sermón dijo: 'Dios ama al que da alegremente'. Pude donar la piastra alegremente ‑‑pero no la rupia".
Dios ama al que da alegremente. Estoy absolutamente de acuerdo con el muchacho: lo que hagas no es el problema; eres religioso si puedes hacerlo alegremente. Puede que sea una moneda de una piastra ‑‑ no Importa. Es inmaterial, porque la verdadera moneda que estás dando es tu alegría.
Pero desde muy al principio, a cada niño le enseñan a no ser tan alegre. Ser alegre es ser infantil. Ser alegre es ser natural, pero no civilizado; ser alegre equivale, de algún modo, a ser primitivo, inculto. Por lo tanto, has sido educado para no ser alegre, y todo lo que siempre has disfrutado fue condenado una y otra vez. Sí te divertías corriendo y gritando alrededor de la casa, siempre había alguien que estuviese ahí diciendo: "!Deja de hacer tonterías! ¡Estoy leyendo el periódico!" ‑como si el periódico fuera algo muy valioso.
Un niño gritando y corriendo es una vista mucho más hermosa que cualquier periódico. Y el niño no puede entender: ¿Por qué tengo que detenerme? ¿Por qué no dejas de leer tu periódico?". El niño no puede entender: "¿Qué hay de malo en que corra y esté alegre?".
¡ Detente! ‑toda la jovialidad es suprimida, el niño se pone serio. Ahora se sienta en una esquina y se siente infeliz. La energía necesita movimiento: el niño es energía, se deleita en ella. Quiere moverse y bailar y gritar y chillar. Está tan lleno de energía que desea rebalsarse, pero todo lo que hace es malo. O la madre le dice: "Quédate tranquilo", o se lo dice el padre, o la sirvienta, o los hermanos o los vecinos. Todo el mundo parece estar en contra de ese fluido de energía.
Sucedió una vez que la esposa de Mulla Nasrudín se hallaba muy furiosa. Su pequeño hijo estaba molestando mucho creando mucho fastidio. Finalmente, agotada, empezó a correr tras él ‑quería zurrarle bien pero él huyó hacía arriba, y se escondió debajo de la cama. Ella se esforzó mucho, pero no pudo sacarlo de ahí. Y era una mujer muy gorda, así que no pudo meterse debajo, Por lo tanto, le dijo: "Espera, ya verás cuando llegue tu padre".
Cuando Mulla Nasrudín llegó, ella le contó toda la historia. El respondió: "No te preocupes; déjamelo a mí. Yo lo arreglaré".
Así que subió, caminando muy silenciosamente; miró debajo de la cama y se quedó sorprendido ‑ sorprendido de la manera en que el muchacho le dio la bienvenida. El muchacho dijo: "Hola papá ‑¿también a ti te está persiguiendo?".
Todo el mundo le persigue. El exceso de energía les resulta molesto. Y eso es una delicia para el niño. El no pide mucho; simplemente, pide un poco de libertad para ser feliz y ser él mismo. Pero eso no se le concede.
"Es hora de ir a dormir". Cuando él no tiene ganas de ir a dormir, es hora de hacerlo. Tiene que obligarse a sí mismo. Y cómo vas a forzar el sueño ‑ ¿has pensado alguna vez en ello? El sueño no es algo voluntario, ¿cómo puedes forzarlo? Se da vueltas en su cama ‑infeliz, desgraciado ‑y no se imagina cómo va a conciliar el sueño. Pero ya es hora; hay que producir sueño, porque de otro modo, irá en contra de las reglas.
Y entonces, por la mañana, cuando quiere dormir un poco más‑es entonces cuando tiene que levantarse. Cuando quiere comer algo, se lo impiden; cuando no quiere comer nada, se le fuerza. Y esto sigue y sigue. Poco a poco, el niño llega a la conclusión de que todo lo que le produce alegría tiene algo malo. Todo lo que le hace feliz es malo, y todo lo que le pone triste y serio está bien, es bueno y es aceptado.
Ese es el problema. Tú preguntas, "¿Por qué vacilo en disfrutar cualquier cosa?". Porque tus padres, tu sociedad, todavía te persiguen.
Si estás realmente conmigo, arroja ese disparate que te han forzado a asimilar. Sólo hay una religión en el mundo y esa religión es, ser feliz. Todo lo demás es inmaterial e irrelevante. Si eres feliz, estás en lo correcto; si eres desgraciado, estás equivocado.
Cada día viene gente a verme ‑viene la esposa o viene el marido, y la esposa dice ser muy desgraciada porque el marido está haciendo algo malo. Siempre le digo a esa gente que si el marido está haciendo algo malo, lo deje a él ser infeliz. "¿Por qué sufres? El mal, por sí solo, le llevará a ser infeliz‑ ¿Porqué te preocupas tu?".
Pero la esposa dice: "Pero él no es desgraciado.
Se va a la taberna y se divierte. No es en absoluto desgraciado".
Entonces yo digo: "Hay algo mal en ti, no en él. La infelicidad es el índice. Tú eres la que debe cambiar; olvídate de él. Si el es feliz, está en lo correcto .
Te digo: es mejor ir feliz a la taberna que ser infeliz yendo al templo ‑ porque finalmente, uno descubre que la felicidad es el templo. Por lo tanto, lo que hagas no es el problema ‑ sino la calidad que traes al acto mientras lo haces.
Sé feliz y serás virtuoso; sé infeliz y cometerás lo que la gente religiosa llama pecado. Debes haberles oído decir que el pecador sufrirá algún día en el futuro, en alguna vida futura, y que el santo será feliz en algún momento futuro, en una vida futura. Yo digo que esto es absolutamente falso. El santo es feliz aquí y ahora, y el pecador es infeliz. La vida es inmediata, no espera tanto.
Por lo tanto, si te sientes infeliz, significa que has estado haciendo algo malo contigo mismo. Si no puedes disfrutar ‑ si aparece algún tipo de vacilación, si sientes temor, culpa ‑ quiere decir que la sombra de tus padres aún acecha desde algún rincón. Puede que estés disfrutando ‑o tratando de disfrutar ‑ un helado, pero en lo profundo del inconsciente acecha la sombra del padre o de la madre. "Esto es malo. No comas demasiado, va a hacerte daño". Estás comiendo, pero la vacilación está allí. La vacilación demuestra que existe contradicción.
Trata de entender tu vacilación y tírala a un lado.
Y éste es uno de los fenómenos más increíbles: si arrojas la vacilación, puede ocurrir que dejes automáticamente de comer demasiado helado (porque comer demasiado puede ser parte de ello). Cuando ellos lo prohibieron, crearon simultáneamente cierta atracción. Cada prohibición produce atracción. Ellos dijeron: "No lo comas", y eso ha producido una atracción hipnótica, magnética, hacia el helado.
Si dejas de estar indeciso, dejas a un lado todas las voces paternales, toda la educación a que te obligaron a someterte. Puede que repentinamente comiences a ver el helado como una cosa corriente. A veces uno puede disfrutarlo, pero no es un alimento. No tiene valor nutritivo ‑puede ser hasta perjudicial. Pero entonces entiendes. Si es perjudicial, comprendes y no lo comes. Y siempre puedes comerlo de vez en cuando, a veces, hasta las cosas perjudiciales no lo son tanto. De vez en cuando puedes disfrutarlo, pero no existe la obsesión de comer grandes cantidades, Esa obsesión forma parte de la represión.
Arroja las vacilaciones. La gente viene a mí y me asegura que quieren amar, pero dudan; quieren meditar pero dudan; les gustaría bailar, pero dudan. Si esta indecisión está ahí y sigues alimentándola, toda tu vida será un desperdicio. Ya es hora: ¡arrójala! Y no es necesario hacer nada más; sólo toma consciencia de que ésta es solamente la forma en que te criaron, nada más.
Con consciencia, puedes deshacerte de ella; no forma parte de tu ser. Está solamente en tu mente, es sólo una idea que ha sido