EL VERDADERO SABIO

 


 Una vez le preguntaron a un místico jasida, Josep Jacob,
 “¿Cuál es la diferencia entre un rabí y un zadik?” Un rabí es un sacerdote corriente, pertenece a la religión organizada, a la iglesia, al templo, a la sinagoga. Un zadik es un Maestro rebelde; no pertenece a ninguna organización. Sólo se pertenece a sí mismo.
El rabí es un maestro; el zadik es un Maestro. El maestro enseña, pero él mismo no ha sufrido ninguna transformación. El zadik también es un maestro, pero enseña guiado por su propia vida, guiado por su ser. Es lo que en la India llamamos un satgurú. Un Maestro Iluminado es un zadik en lenguaje jasida.
De modo que alguien le preguntó a Josep Jacob, “¿Cuál es la diferencia entre un rabí y un zadik?”. El Maestro contestó, “El zadik se recuerda a sí mismo; el rabí sabe”.
El rabí sabe muchas cosas, pero no se recuerda a sí mismo. Se encuentra perdido entre su conocimiento. Puede que sea un gran erudito, puede ser muy bueno por lo que a las escrituras concierne, pero ¡un zadik se recuerda! Puede que no sepa mucho, o puede que sí sepa, pero eso es irrelevante. Él se recuerda, se recuerda a sí mismo. Y ese recordarse es la diferencia.
Al que hacía la pregunta le resultó muy difícil entenderlo, de modo que dijo, “Por favor, explícamelo más detalladamente”. Y el jasida le contó una historia.
Le contó que una vez un príncipe tenía encolerizado a su padre debido a su mal comportamiento. La forma en que el príncipe se comportaba era tan baja, tan poco digna de un rey, que el padre tuvo que expulsarle del reino.
Pero el padre pensaba que se arrepentiría y que pediría perdón y que luego regresaría. Pero el príncipe sencillamente desapareció. Nunca volvió a tratar de contactar con su padre, nunca mostró deseo de volver a su palacio. Pareció como si hubiera estado esperando escapar de su reino y escapar del palacio de su padre.
Deambuló por todo el reino y se juntó con un grupo de borrachos, de jugadores y de prostitutas, con la peor gente. Se unió a ellos. Y no sólo se convirtió en miembro de su grupo, sino que, poco a poco, se convirtió en su jefe. Era, desde luego, un príncipe y poseía el carisma del líder.
Pasaron muchos años. El padre se iba haciendo cada vez más y más viejo y estaba apesadumbrado, apenado, por la situación de su único hijo. Viendo que la muerte se le acercaba envió a uno de sus más inteligentes ministros para que tratara de que su hijo regresara.
El ministro partió en un bello carruaje de oro, con numerosos sirvientes; iba acompañado de todo un séquito. En las afueras de la ciudad levantó una gran tienda dorada y envió a un mensajero hasta el príncipe, pero él no se comprometió personalmente. El ministro permaneció en las afueras de la ciudad porque era degradante para él entrar en ella. Era una ciudad pobre y para él le resultaba totalmente inconcebible adentrarse en el agujero negro en el que el príncipe vivía con toda aquella sucia gente. El ministro trató de contactar con el príncipe, pero no le fue posible; la distancia era inmensa. Fracasó y tuvo que regresar.
Entonces se envió a otro hombre, uno más valiente. Tenía mucho valor y había comprendido el por qué del fracaso del primer mensajero, el por qué no había logrado comunicarse con el príncipe.
Por eso no fue allí como un ministro. Llegó allí como un hombre corriente vestido de manera corriente, sin sirvientes. Llegó y se mezcló con el grupo. Fue entablando amistad con ellos, pero poco a poco, empezó a sentir que él también amaba esa libertad. El palacio era como una prisión; no había libertad. Pero allí todos eran absolutamente libres, totalmente libres. Nadie ponía peros a nadie; todos podían ser como eran. Eran borrachos, pero eran buena gente. Eran jugadores, pero eran buena gente. También él fracasó porque nunca regresó para informar al rey.
El rey estaba muy triste. Todo el asunto se le escapaba de las manos. Le pidió que fuera a un tercer ministro, el cual no sólo era valiente, sino también sabio. Ésa iba a ser su última tentativa.
El tercer ministro le pidió que le diera tres meses para prepararse. Solamente entonces iría. El rey le preguntó, “¿Cómo te vas a preparar?” Él contestó, “Tratando de recordarme a mí mismo”.
Se le concedieron los tres meses. Acudió a un zadik, a un Maestro, para aprender a estar más consciente. El primer ministro había actuado de una forma completamente inútil; no había habido comunicación posible. El segundo lo había hecho mejor, pero también había fallado porque no pudo recordarse a sí mismo. Por eso le dijo al Maestro, “Ayúdame a que pueda recordarme a mí mismo y sea capaz de recordar que salí de palacio con una determinada misión que cumplir”. Meditó durante tres meses, un método de recuerdo de sí que Buda denomina “ser plenamente consciente”. Y entonces se fue.
También se comportó como el segundo. Fue vestido como un campesino, con ropas corrientes. Y no sólo como un campesino, sino como un borracho. Pero sólo estaba simulando; no estaba realmente borracho. Y vivió con el grupo, disfrutó de su compañía, simuló beber, simuló apostar, incluso simuló enamorarse de una prostituta. Pero todo era fingido; estaba actuando. Y continuamente, como una corriente subterránea, se recordaba a sí mismo, “¿Quién soy yo? ¿Por qué he venido aquí? ¿Para qué?” se observaba a sí mismo, era un testigo. Y desde luego, tuvo éxito.
El místico jasida le contestó al que preguntaba, “Él era un zadik”. El primer hombre era un rabí, un maestro. Mientras te estás ahogando en el río, él se queda en la orilla dándote buenos consejos, pero nunca salta al río para salvarte. No sabe salvarse a sí mismo. Tiene miedo de entrar en el río. No conoce el arte del nadar, el arte del recordarse a sí mismo. No tiene valor. Se acerca a la orilla, se aferra a un lugar muy distante, seguro, confiando en su propia situación, en su propia seguridad. Habla con hermosas palabras, puede explicártelo todo sobre el nadar, pero no puede saltar y salvarte. No sabe cómo hay que nadar. Es un rabí, un profesor.
Puedes encontrar esa clase de maestros por todo el mundo. Son buenos para dar consejos, pero para nada más. Sus consejos son prestados; no dan consejos surgidos de su propia experiencia. Esto no es saber; es conocimiento. No han pasado por ello, no han sido transformados por ello. No es suyo, no ha surgido de su consciencia. No son seres cristalizados. Sus mentes están llenas de conocimiento; sus corazones están completamente vacíos.
El otro hombre era valeroso, pero su valor era mayor que su sabiduría. Él mismo se estaba ahogando. Recuerda pues que cuando saltes a un río para salvar a alguien, lo principal es que sepas nadar.
Sucedió una vez. Yo estaba sentado a la orilla de un río. Un hombre se estaba ahogando, de modo que corrí hacia allí para lanzarme al río, pero antes de que pudiera llegar otro hombre que estaba en la orilla, saltó. Entonces me detuve. Estaba casi a punto de saltar y me detuve. Otro había ya saltado. Pero entonces me di cuenta  que aquel otro hombre se estaba empezando también a ahogar. Me creó más problemas. Tuve que saltar y salvarlos a los dos.
Le pregunté al otro hombre, “¿Qué ha sucedido? ¿Por qué saltaste?”
Él me dijo, “¡Me olvidé por completo! El hombre se estaba ahogando y concentre tanto mi atención en el deseo de salvarle que me olvidé por completo de que no sé nadar”.
Eres capaz de olvidarte. En un momento de intensidad puedes ser hipnotizado. El hombre era valeroso, pero no suficientemente sabio. Podrás encontrar también esa clase de maestros. No te dejes impresionar por su valor, porque el valor a solas no puede ayudar.
La tercera clase de maestro es un zadik. Él sabe a través de su propia experiencia aquello que el hombre de la primera clase sólo sabe como conocimiento prestado. Es tan valeroso como él, asume el riesgo, pero también es sabio. Se recuerda a sí mismo.
Recordarse a uno mismo es el arte y la ciencia de la religión. Puedes condensar la religión en una sola expresión: “recuerdo de sí”.
Antes de que empecemos a profundizar en lo que es el recuerdo de sí, es un deber, es un requisito imprescindible, que comprendas la inconsciencia en que vives; tu sueño. Por lo general, piensas que estás perfectamente despierto. Estás en un error. Sólo un Buda, un Baal Shem, un Moisés, un Mahavira, están despiertos. Tú estás completamente dormido. Ahora mismo puedo oírte roncando, estás profundamente dormido. Sólo porque seas capaz de abrir los ojos no puedes pretender estar despierto. Eso no es suficiente para estar despierto.
Por ejemplo, un hombre se encuentra en coma. Respira, pero aunque respire, ¿puedes afirmar que estar vivo? Casi vegeta. Sólo por respirar, nadie esta vivo, y sólo por abrir tus ojos, no estás despierto. Incluso un borracho caminando por la calle, camina con los ojos abiertos. ¿Puedes decir que está despierto? No está despierto en absoluto. El estar despierto es una cualidad interior de la consciencia; no tiene nada que ver con tener los ojos abiertos o cerrados.
En el Gita, Krishna dice: “Cuando todo el mundo está profundamente dormido, también entonces el yogui está despierto”—ya nisha sarvabuthayam tasyam jagrati samyami—cuando todo el mundo está sumido en un profundo sueño, cuando todo el mundo está en su noche, el yogui esta todavía despierto. Eso no significa que el yogui nunca duerma, no. Duerme, pero sólo sus ojos están cerrados. Su cuerpo duerme, pero él esta alerta y atento. En lo profundo una corriente de auto recuerdo discurre. Por lo que respecta al cuerpo, está profundamente dormido, pero el Yo-testigo permanece alerta. Sigue ardiendo como una luz interior.
Uno que se recuerda a sí mismo, no duerme ni aun estando profundamente dormido. Y uno que no sabe cómo recordarse a sí mismo, no está despierto aunque sus ojos estén abiertos.
Te mueves en el mundo, haces tu trabajo, desempeñas tu oficio, regresas a casa, peleas, amas, odias, comes, duermes, haces toda clase de cosas, pero todo sucede como si fueras un robot. Todo es mecánico; tú no lo estás haciendo. No te das cuenta cuando lo estás haciendo. Simplemente sucede y tú te comportas como un mecanismo.
Observa tus estados de humor. Alguien te insulta y tú te enfadas. ¿Hay un intervalo entre el insulto y la rabia? ¿Hay un intervalo cuando meditas, estés o no estés enfadado? Si lo hay, ¿vale la pena enfadarse? O puede que ese hombre diga una verdad y que no sea un insulto, sino que simplemente corrobore un hecho. ¿Te das un poco de tiempo para reflexionar sobre toda la situación, o simplemente reaccionas? Reaccionas. No hay intervalo, no hay separación. El insulto... la ira... Sucede como cuando alguien enciende la luz. Encendido; pagado.
Y la luz no es libre. Cuando conectas la corriente, la bombilla no puede decir, “Ahora mismo no tengo ganas. Quiero descansar un rato. Puedes seguir conectándome, pero no tengo ganas de iluminar”. No, la luz no puede decir nada. La enciendes y ha de encenderse. La apagas y ha de apagarse.
¿Sucede lo mismo con tu vida? Alguien te sonríe y tú sonríes. ¿Es tu sonrisa una simple reacción? ¿O es una respuesta? Una respuesta no es una reacción y una reacción no es una respuesta. ¿Cuál es la diferencia entre reacción y respuesta?
Una reacción es automática; es algo que llevas incorporado. Alguien te sonríe; tú sonríes. Alguien está enfadado; tú te enfadas. El otro lo provoca; tú simplemente reaccionas.
Una respuesta es algo consciente. Puede que el otro esté enfadado, pero tú decides si enfadarte.
Buda cruzaba un pueblo. Un grupo de gente que estaba en su contra se reunió alrededor de él y se puso a insultarlo gravemente. Él escuchó en silencio, con infinita paciencia. En realidad, debido a su paciencia, aquella gente empezó a inquietarse. Empezaron a sentirse incómodos, porque si insultas a un hombre y él escucha como si escuchara música, hay algo que va mal. ¿Qué es lo que está sucediendo?
Empezaron a mirarse unos a otros y uno le preguntó a Buda, “¿Qué ocurre? ¿No entiendes lo que te estamos diciendo?”
Buda le dijo, “Guardo silencio precisamente porque lo entiendo. Si hubierais venido aquí hace diez años, entonces habría saltado sobre vosotros. Entonces no tenía comprensión. Ahora comprendo. Y no puedo castigarme a mí mismo por vuestra estupidez. Sois vosotros los que decidís si insultarme o no insultarme, pero es mi libertad aceptar o no aceptar el insulto. No podéis obligarme a que acepte vuestros insultos. Simplemente los rechazo; no valen nada. Podéis recuperarlos. Rehuso aceptarlos”.
La gente estaba asombrada. No podían entender de qué iba aquello. Le dijeron, “Por favor, explícanoslo”.
Él les dijo, “Sentaos y escuchad. En el último pueblo que atravesé, la gente vino a mí con dulces y guirnaldas, pero mi estómago estaba lleno y por esto les dije, “No puedo comer nada más. Por favor retirad vuestros regalos y dádselos a los que encontréis por el pueblo como prasad. Es mi regalo para la gente del pueblo”. ¿Qué creéis que hicieron?”
Uno dijo, “Debieron de ir al pueblo y distribuir los dulces”. Buda le dijo, “Ahora escucha. ¿Qué harás tú? Has venido con tus insultos y yo te digo que mi estómago está lleno y que no voy a aceptarlos. Y ahora, pobres desgraciados, ¿qué haréis? Tendréis que regresar y repartirlos por el pueblo”.
 Buda está respondiendo. Tú reaccionas. Él simplemente rió. Y lo que dijo es muy hermoso. Dijo, “No he de castigarme a mí mismo por vuestra estupidez. Podéis ser estúpidos; ésa es vuestra libertad. Pero, ¿por qué he de castigarme a mí mismo? Una vez acepto vuestro insulto, empiezo a castigarme a mí mismo”.
Cuando te enfadas, te castigas a ti mismo por la falta del otro. Toda reacción es inconsciente. Toda respuesta es un fenómeno de plena atención. Pero no puedes sencillamente dejar de reaccionar y empezar a responder. No es una decisión. Para pasar de una a otra necesitas el recuerdo de sí, necesitas consciencia. Si no lo haces así, antes de que te des cuenta habrás reaccionado.
 Alguien te insulta y antes de que te des cuenta, estás ya enfadado. La ira ha surgido. Es un fenómeno muy sutil. Se necesita una muy profunda consciencia, se necesita recordarse.
Buda solía enseñar a sus discípulos a caminar, pero a caminar siendo plenamente conscientes. Camina, sabiendo que estás caminando. No es que tengas que verbalizar y repetir en tu interior, “Estoy caminando”. Si lo repites, no eres consciente. Ten simplemente la sensación de ser consciente. Camina, con consciencia; come, con consciencia; respira, con consciencia. Inhalas; deja que se refleje en tu ser la entrada del aire. Exhalas; deja que se refleje en tu ser la salida del aire. Y sentirás un tremendo silencio descendiendo sobre ti.
Sí eres capaz de observar el aliento entrante y saliente, entrando y saliendo, esto es el mantra más penetrante que nunca se haya inventado. No hay necesidad de repetir, “Aum, Aum... Ram, Ram,...” porque continuamente existe un gran mantra natural: inhalar, exhalar. No necesitas crear un mantra artificial. Simplemente observa la respiración. Y al observarla, surge un gran cambio. El cambio es el siguiente: si caminas y observas el caminar, descubrirás que existe el caminar, pero que el caminante ha desaparecido. Sí comes, existe el comer, pero aquél que come ha desaparecido.
El ego no es más que inconsciencia condensada. Cuando te vuelves consciente, poco a poco, esa inconsciencia condensada que denominamos “ego”, desaparece. Es como si enciendes una luz en la habitación; la oscuridad desaparece. La consciencia es la luz, la luz de la que hablábamos el primer día. Sé una luz por ti mismo.
Bajo la luz de otro puedes sentirte feliz, vivo, durante unos instantes, pero entonces tendrás que partir porque el camino de otro nunca podrá ser tu camino. Enciende tu propia llama, ilumina tu propio ser. Bajo esa luz, lo que desaparece es el ego porque el ego no es más que—recuérdalo—capas y capas de inconsciencia.
Obsérvate... mientras caminas, mientras comes, al acostarte, al tumbarte, al quedándote dormido. Sigue observando. Simplemente observa y toda la inquietud desaparecerá  y sentirás una tranquilidad rodeándote, una calma, un silencio. La calidad de este silencio es muy, muy diferente, de la calma ordinaria. A veces te sientes tranquilo... por ejemplo, esta mañana. Los árboles están en silencio, no sopla el viento, los pájaros están callados, descansando. Hay paz. Pero esto es tranquilidad; no es silencio.
El silencio es algo interior; la tranquilidad es algo exterior. La tranquilidad depende de condiciones externas; el silencio es incondicional. No confundas puedes la tranquilidad con el silencio, porque si confundes la tranquilidad con el silencio... Y millones de personas lo han hecho. La gente va a los Himalayas a buscar silencio. Encontrarán tranquilidad, pero no silencio. En los Himalayas hay una tranquilidad perfecta, pero siempre que regreses otra vez al mundo descubrirás que esa tranquilidad ha desaparecido.
El silencio es algo en lo que puedes confiar. Está en tu interior. La tranquilidad depende de ciertas condiciones, las cuales no dependen de ti. Nunca podrás ser un maestro de la tranquilidad, pero no hace falta. Sí conoces el silencio, donde quiera que vayas, tu silencio llenará el espacio. Conocerás su secreto interior.
La tranquilidad es posible mediante la tecnología científica; el silencio no. La tranquilidad es posible en una habitación climatizada, a prueba de sonidos. Puedes estar más tranquilo que en los Himalayas, pero esa tranquilidad no te será de mucha ayuda. Te hartarás de ella y añorarás salir. Te sentirás muy inquieto.
John Cage informa en su libro “Silencio” que en la universidad de Harvard han construido una habitación, dedicada a la experimentación científica, absolutamente a prueba de ruidos. Una vez, Cage entró en ella, en la mejor habitación insonorizada de todo el mundo. Había una quietud absoluta, pero de improviso empezó a oír dos sonidos. Se inquietó, porque había oído que aquel lugar estaba absolutamente insonorizado. Así que le preguntó a un técnico, “¿Qué ocurre?”.
El técnico sonrió. Le dijo, “Esos sonidos están en tu interior. El primer sonido es tu sistema nervioso; sólo es tu mente funcionando en tu interior. Y el otro sonido no es más que en tu sangre circulando por el cuerpo; la circulación sanguínea”.
Cage le dijo, “Pero nunca antes había oído esos dos sonidos”.
El técnico le contestó, “Nunca los habías oído porque hay muchos sonidos en el exterior. Ahora todo está absolutamente tranquilo, no hay ningún sonido. Por eso oyes el funcionamiento del mecanismo interior; el cerebro trabajando continuamente, millones de nervios continuamente trabajando y a la circulación sanguínea continuamente fluyendo, como el curso de un río”.
Cage dijo, “Entonces la quietud no sirve. Se necesita silencio”.
Incluso en la habitación más tranquila, tu agitación interior estará presente. Oirás tus propios pensamientos, oirás el funcionamiento de tu propio cuerpo, oirás tus propios latidos.
El silencio es algo del más allá, incondicional. Aparece sólo cuando te recuerdas. Sí eres capaz de recordarte a ti mismo mientras haces millones de cosas, cosas corrientes... mientras cavas en el jardín, mientras riegas los árboles, mientras hablas con otro, mientras escuchas a alguien... simplemente sigue observando. Todo lo que suceda se ha de reflejar en ti. Y recuerda una cosa: no has de verbalizarlo, porque al verbalizar te pierdes su belleza. Puedes decir, “Estoy caminando; estoy levantando mi pie izquierdo; éste es mi pie derecho; estoy inhalando; estoy exhalando”. Si empiezas a verbalizar interiormente entonces te llenarás otra vez de tu propio ruido.
Simplemente observa el aire como entra; no pienses en ello. Simplemente obsérvalo, siéntelo. Acompáñalo cuando entre en ti. Entonces, la respiración se detiene durante un segundo. Entonces permanece en completo silencio durante ese segundo, sin que nada se mueva, sin ningún movimiento. En ese estado de ausencia de movimiento te encuentras lo más cercano a Dios que nunca has estado. Luego el aire empieza a ser expulsado. Acompáñalo. Y otra vez, en el exterior, durante un solo segundo, la respiración se detiene. Entonces observa. En esa detención, otra vez, estás junto a Dios.
Conviértelo en un ritmo. Entonces no necesitas ninguna otra meditación. Simplemente  el recordarte, te traerá tu propio tesoro.
Por lo general, vivimos dormidos. Todos somos sonámbulos, caminando, actuando en sueños. A veces, trata  de observarte mientras actúas dormido y entonces sabrás lo que esto significa.
Caminas por la calle y mil y un pensamientos bullen en tu mente. Caminas como un robot, sin  ser consciente de adónde vas, de lo que haces, de por qué caminas, de lo que ocurre en tu cuerpo, de los árboles con que te has cruzado, del viento que está soplando. No, no sientes nada. La flor exhala su aroma, pero no te alcanza. El mundo es hermoso; tú no te das cuenta. Estás perdido en la profundidad de tus pensamientos, pero aún así te mueves.
Date una sacudida. Por un instante, sé consciente. Observa la situación y de repente descubrirás la diferencia entre la vida corriente de dormido y la vida de un Buda. Durante un solo instante te has convertido en un Buda. Cuando eres consciente, durante un solo instante te conviertes en un Buda. Toda la esencia de un Buda llega a ti. Y su sabor creará en ti un profundo deseo de convertirlo en el estado eterno de tu ser.
Hazte más y más consciente, y utiliza toda clase de situaciones. No hay necesidad de trascender el mundo, no hay necesidad de salirse del mercado. Estés donde estés, utiliza cualquier situación para Despertarte. Puedes utilizar cualquier situación.
Por esto los jasidas no están contra el mundo, no están a favor de la renunciación, no abandonan el mundo. Viven en el mundo de una manera corriente y utilizan toda clase de situaciones para ir volviéndose más y más conscientes y estando más alerta.
Utiliza cualquier situación, porque todas la situaciones pueden utilizarse.
Ahora, escucha esta hermosa historia.

En Roptchitz, la ciudad donde vivía el rabí Neftalí, la gente rica que vivía en casas aisladas o en las afueras de la ciudad acostumbraba contratar  a alguien para que vigilara sus propiedades por la noche.
Una noche mientras el rabí Neftalí paseaba por los bosques que rodeaban la ciudad, se encontró con uno de esos vigilantes haciendo su ronda.
“¿Para quién trabajas?”, le preguntó.

Una simple pregunta, pero una simple pregunta puede convertirse en una profunda pregunta. Una sencilla situación, pero una sencilla situación puede ser utilizada para Despertar. Lo mundano es también lo sagrado; es  lo ordinario y también lo extraordinario. En la materia se encuentra escondido lo inmaterial. Lo único que necesitas es conocer el secreto: cómo utilizarlo.

¿Para quién trabajas?”, le preguntó.

Una simple pregunta, una formalidad. Pero se convirtió en un vislumbre. Cada instante puede convertirse en una puerta.

 El hombre le contestó a su vez preguntándole, “Y tú rabí, ¿para quién trabajas?

 Al caminar el rabí por la misma carretera, el vigilante pensó que quizás también estuviera trabajando como guarda para alguien.

 “Y tú rabí, ¿para quién trabajas?”

De nuevo una pregunta corriente, pero a veces, si estás en el estado de ánimo adecuado, sintonizado, algo tan corriente puede convertirse en un mensaje de lo Divino.

Esas palabras golpearon al zadik como un rayo. “No trabajo para nadie, todavía”, musitó a duras penas...

 En cierta manera, un hombre tremendamente alerta. Si no, hubiera dicho, “Estoy trabajando para Dios”. Un rabí, un maestro corriente hubiera dicho eso y con ello no hubiera querido significar nada. Este rabí era un hombre sincero, un hombre auténtico. La pregunta adquirió una tremenda importancia,

“Y tú rabí, ¿para quién trabajas?” Esas palabras golpearon al zadik como un rayo. “No trabajo para nadie, todavía”, musitó a duras penas...

¿Cómo va a decir que está trabajando para Dios? Él no trabaja para ningún rico. Es un nombre de Dios, un sacerdote, un rabí, pero no un sacerdote corriente. Él está alerta.

“No trabajo para nadie, todavía”

 Es muy difícil decirlo y aún mucho más difícil que lo diga un rabí, porque por lo general los sacerdotes del templo piensan y dicen que trabajan para Dios sin saber lo que están diciendo, lo que están afirmando. Por lo general, los sacerdotes no tienen dudas.
Recuerda: sólo una persona tremendamente sincera, duda. Los tontos, los estúpidos, los hipócritas, siempre están muy seguros, nunca dudan. Son obstinadamente seguros; siempre tienen una certeza absoluta. Sólo un ser humano muy, muy inteligente... y con “inteligencia” no quiero decir “intelecto”. Con “inteligencia” me refiero a “comprensión”. No me refiero a un  experto intelectual. Con “inteligencia” me refiero al resplandor de la comprensión. Un ser inteligente siempre duda porque la vida es un tremendo misterio. ¿Cómo vas a tener certeza de algo?
Lao Tse dice, “Mientras que los demás están absolutamente seguros, yo soy el único que esta confuso”. Lao Tse, un hombre absolutamente Iluminado, dice, “Mientras los demás están cuerdos, yo parezco estar loco”. Dice, “Camino, pero de forma vacilante, como alguien que camina sobre un arroyo  helado. Camino, pero temeroso, como alguien rodeado de enemigos. Pero los demás, simplemente no están preocupados en absoluto. Parecen tener una seguridad total”.
La vacilación revela una mente tremendamente delicada. Él no es capaz de afirmar nada que no sea absolutamente cierto, incluso en una charla corriente, formal. ¿Cómo puede decir un hombre que aún no ha conocido a Dios, “Estoy trabajando para Dios”? Eso sería una profanación, sería sacrílego.

“No trabajo para nadie, todavía”

 Lo que Neftalí dice es lo siguiente: “Ya no trabajo para nadie en este mundo. Las metas de este mundo han desaparecido y las metas del otro mundo aún no están claras. Estoy en una transición. Aquí, nada parece tener importancia, y para lo de allí, mis ojos están aún cerrados”. Está diciendo, “No trabajo para satisfacer ninguna ambición de este mundo. ¿Y del otro mundo? Está aún muy lejano. Estoy en camino. He dejado lo viejo y todavía no he entrado en lo nuevo. Estoy simplemente en medio de un puente. La antigua orilla ha desaparecido para siempre; la nueva orilla está oculta entre las brumas. No trabajo para nadie, hasta ahora”.
Llega un momento en la vida de cada meditador en el que el mundo dejar de tener sentido y en el que Dios todavía no se ha convertido en algo importante. Éste es el punto más peligroso, el obstáculo mayor que se ha de cruzar, porque la mente tiende a ir hacia atrás, porque antes al menos uno estaba ocupado y había algo significativo. Ahora, las antiguas  ocupaciones han desaparecido y lo nuevo parece que no surge. Uno está en un limbo, está colgado en el medio. Ése es el punto en el que la paciencia es necesaria, en el que se necesita un infinita paciencia. Y ése es el punto en el que un Maestro puede ayudar, persuadiéndote de que no vayas hacia atrás, porque la mente tendrá la tendencia a hacerlo. Surgirán mil y una tentaciones para que regreses, porque, ¿qué tontería estás haciendo? Has abandonado tu antigua vida, pero al menos en ella había algún significado. Y si no significado, al menos alguna ocupación, al menos algo que hacer. Al menos no te sentías vacío. Puede que las cosas no fueran eternas, importantes, puede que fueran temporales, momentáneas, perecederas, pero al menos poseían algún significado, al menos tenían un contenido. Eso también ha desaparecido. Y lo eterno no aparece por ninguna parte.
Esta situación es absolutamente necesaria. A menos que la mente alcance  un estado en el que deje de pensar en el pasado, en regresar al pasado, lo nuevo no puede surgir. La tentación del pasado revela una profunda ligadura con ese pasado. Cuando la tentación ha desaparecido y sigues estando en el vacío, sin apresurarte, sin inquietarte, entonces dejas que el vacío se asiente. Y de repente, lo eterno se presenta. Te has convertido en el templo.
Aquí hay muchos que han estado meditando durante mucho tiempo y que han alcanzado este estado. Entonces sus mentes les dicen, “Vuelve a casa. Escapa de este nombre. No has ganado nada. Por el contrario, has perdido mucho. Tu vieja identidad ha desaparecido, tu antiguo nombre ha desaparecido, no puedes encontrar tu antigua imagen en ninguna parte. ¿Y lo nuevo? Lo nuevo no ha aparecido. ¿Cuándo aparecerá?” La mente se encuentra asustada, tiene miedo. ¿Sucederá o no sucederá? ¿Has llegado a un callejón sin salida?
Solamente sucede cuando te has establecido en el vacío. El  Todo sólo llega cuando te has asentado en la nada. Para que el Todo descienda, se requiere un vacío absoluto. Incluso un ligero apego, incluso una ligera tentación de volver al pasado, es un obstáculo.

 “No trabajo para nadie, todavía”, musitó a duras penas.

 Un hombre realmente sincero.

...y empezó a caminar arriba y abajo por donde estaba aquél hombre, durante un buen rato.

¿Qué estaba haciendo? Debió de estar cavilando. ¿Qué había ocurrido? Este hombre, un vigilante corriente... al menos podía decir que trabajaba para alguien. Neftalí dice, “Soy un hombre religioso, un sacerdote, un rabí, y ni siquiera puedo decir eso. Al menos este vigilante tiene alguna ocupación, trabaja en algo, hace algo importante. Puede que en realidad no sea importante, pero él cree que está haciendo un trabajo importante. Y yo, un hombre religioso, a duras penas puedo decir que no trabajo para nadie, todavía”.

...y empezó a caminar arriba y abajo por donde estaba aquél hombre, durante un buen rato.

Pensando, contemplando, meditando.

Finalmente le preguntó, “¿Quieres ser mi sirviente?”.
“Me gustaría,”—le contestó el hombre—“pero ¿cuáles serían mis obligaciones?”.
“Hacerme recordar”, le dijo el rabí Neftalí.

“Hacerme recordar” que el mundo ha desaparecido, pero que Dios aún no ha sido alcanzado. “Hacerme recordar” que lo material ha desaparecido y que lo inmaterial aún no se ha materializado. “Hacerme recordar” que lo conocido ya ha dejado de ser importante y que lo desconocido está todavía muy lejos. “Hacerme recordar” que no he de olvidarme de esto. Mantenerme alerta una y otra vez. Hacer que resuene en mi interior esa nota para que no me duerma.
Una hermosa historia, muy significativa; y puede convertirse en parte de tu tesoro interior. Deja que así sea, porque habrá muchas situaciones en las que necesitarás que alguien te lo recuerde. Te dormirás una y otra vez. Es natural, porque el dormirse es el camino de menor resistencia.
Es muy cómodo dormirse; es muy incómodo Despertar. Y tu sueño puede obedecer a muchos intereses. A veces, durmiendo profundamente, tienes hermosos sueños, y cuando te despiertas, todos los sueños desaparecen y has de encarar la realidad desnuda. Hay la tentación de seguir dormido, de no encarar la realidad. Y tú puedes crear sueños muy hermosos.
Esto es lo que hacemos en el mundo: nos construimos una hermosa casa, un sueño todo de mármol. Pero sigue siendo un sueño. Antes o después tendrás que dejarlo; aquí, ninguna casa  puede convertirse en tu hogar. Tendrás que dejar tras de ti todas las casas; a lo sumo te darán descanso por una noche. Por la mañana tendremos que seguir, de forma que no te apegues excesivamente.
El mundo puede ser a lo sumo un saraya, un dharmashala, un lugar de descanso para una noche. Por la mañana continuamos. No te aferres, no te apegues a él. No creas que el sueño es real. Deja que se te recuerde una y otra vez que esto es un sueño. Todo te induce a pensar que es una realidad, porque cuando el sueño es hermoso, ¿quién quiere pensar que es un sueño? Desde luego que cuando un sueño se convierte en una pesadilla, empiezas a sospechar que debe de ser un sueño. Por eso es que el dolor y la angustia extrema a veces despiertan la espiritualidad.
Tu esposa ha muerto y tú la amabas, la amabas muchísimo. Ahora te has quedado solo. No es sólo que tu amada haya muerto, sino que también algo en tu interior murió con ella porque mantenías con ella una íntima relación. Habíais interpenetrado vuestros seres, formabais parte el uno del otro, erais miembros el uno del otro. Ahora ha muerto. No sólo ha muerto alguien exteriormente; en tu interior algo de tu corazón también ha muerto. Dejarás de sentir muchos latidos, nunca volverás a estar tan vivo de nuevo. Puede que en esta situación el shock provoque un Despertar.
Las desgracias no son siempre desgracias; a veces resultan ser bendiciones, grandes bendiciones. Y las bendiciones que tú crees que son bendiciones puede que no sean más que narcóticos, puede no ser más que drogas. Los hermosos sueños son drogas. Te ayudan  a dormir. Puede que los llames tranquilizantes.
El sufrimiento no siempre es sufrimiento. Dukka, la angustia, la agonía, puede convertirse en una puerta hacia el éxtasis. Deja que te lo diga, “Benditos son aquellos lo suficientemente desafortunados para conocer la angustia, benditos aquellos que están angustiados porque pueden ser Despertados”. Utiliza tu angustia como una fuerza para Despertarte porque cuando te sientes cómodo, tiendes a dormirte. Cuando estás incómodo, existe una mayor probabilidad de Despertar.
Continúa siempre recordando  que el mundo en el que vives es un fenómeno pasajero. Es como una gota de rocío en una hoja de  hierba. En cualquier instante, se levanta la brisa y la gota se evapora y se pierde para siempre. El mundo es una gota de rocío en una hoja de hierba. Esto es lo que dijo Mahavira, “Una gota de rocío en una hoja de hierba”. En cualquier instante... en realidad estás ya desapareciendo, tú estás ya muriéndote. No morirás un día en un tiempo futuro. No trates de engañarte a ti mismo. Has estado muriéndote desde el mismo día en que naciste. Tu primer aliento lo diste entrando en la muerte. Has estado continuamente muriéndote. Puede que te lleve setenta años, ochenta años, cien años, morir completamente, pero estás muriendo a cada instante. La gota de rocío está desapareciendo. En cualquier momento habrá desaparecido por  completo.
Hace sólo unos días, estaba hablando de una santa mujer, Sahajo. Ella dice, “El mundo es como la última estrella del amanecer”—jagat taraiya bhor ki. Sigue observando. Hace sólo un instante estaba ahí y un momento después ya no está. La última estrella de la madrugada, desvaneciéndose, desvaneciéndose, desvaneciéndose por momentos.
Recuerda que el mundo es un sueño. ¿Cuál es la definición de “sueño”? “Sueño” es aquello que existe pero que no dura para siempre. Un sueño no existía antes y no existirá después. Entre dos no-existencias, un fragmento de un instante... y parece real. “Una existencia entre dos no-existencias”... ésa es la definición de “sueño”.
 ¿Y cuál es la definición de “realidad”? Existencia, existencia, existencia. Pasado, presente, futuro. Existencia.
El sueño no existe en el pasado, ni existe en el futuro. Sólo existe en el presente. ¿Cómo va a existir entre dos no-existencias? Es imposible. Y desengáñate. Debes de haberlo proyectado, ha de ser una proyección, la satisfacción de un deseo. No está aquí; la pantalla está vacía. La historia existe en tu interior; el proyector está oculto en tu mente y tú continúas proyectando. Vives en un sueño y para que exista un sueño tú has de estar dormido. Por esto te digo, “Estás dormido profundamente; puedo oírte roncar”.
Cuando hablo de dormir, me refiero a ello metafísicamente. No me refiero al sueño corriente en el que te deslizas por la noche. Ése es un sueño con los ojos cerrados, y durante el día duermes con los ojos abiertos. Unos ojos abiertos o cerrados; ésa es la única diferencia entre tu día y tu noche.
¿Has observado nunca el hecho de que por la noche te olvidas completamente de tu vida durante el día? En realidad, por la mañana puede que recuerdes algo del sueño que tuviste, pero por la noche nunca recuerdas nada de tu vida durante el día; nada en absoluto. ¿Qué significa esto? Significa que incluso los sueños que tienes son un poco reales. Puedes recordarlos. Cuando te despiertas por la mañana puedes recordar los sueños de la noche durante unos segundos. Su realidad penetra en ti. Pero por la noche cuando te duermes, no te acuerdas ni siquiera durante unos segundos de tu vida de día, de quién eres—un presidente de un país, un primer ministro, un mendigo, o un don nadie. No recuerdas nada en absoluto. Incluso te olvidas de tu nombre. ¿Estás casado? ¿Eres un padre de familia? Te olvidas de todo. Rico o pobre, te olvidas de todo.
Chuang Tse comenta que una vez soñó que se había convertido en mariposa. Por la mañana se encontró aturdido porque en su corazón surgió la sospecha de que si por la noche, en sueños, Chuang Tse podía convertirse en mariposa, la inversa era también posible: la mariposa podía estar soñando que se había convertido en Chuang Tse. Si Chuang Tse puede convertirse en una mariposa en sueños, ¿por qué una mariposa no puede convertirse en un Chuang Tse en su sueño?
Todos los sueños—tanto si Chuang Tse sueña que se ha convertido en una mariposa, como si una mariposa sueña que se ha convertido en Chuang Tse—son sueños. Todo devenir es soñar; llegar a ser algo es en sí soñar. Cuando Despiertas, eres; el “llegar a ser” desaparece. Entonces no te conviertes en nada. Ni Chuang Tse se convierte en mariposa, ni la mariposa se transforma en un Chuang Tse. Cuando eres, inmediatamente te das cuenta que no existe ni Chuang Tse, ni mariposa. Solamente existe Dios, y Él no es ninguna de las dos cosas. Las trasciende.

...entonces empezó a caminar arriba y abajo por donde estaba aquél hombre, durante un buen rato. Finalmente le preguntó, “¿Quieres ser mi sirviente?”.
“Me gustaría,”—le contestó el hombre—“pero ¿cuáles serían mis obligaciones?”.
“Hacerme recordar”, le dijo el rabí Neftalí.

 Te será difícil encontrar un hombre que pueda ayudarte a recordarte constantemente. Pero la historia es puramente simbólica, es una parábola. Puedes convertir a tu mente en el sirviente que te ayude a recordar. La mente puede convertirse en el vigilante.
El otro día surgió una pregunta, “¿Puede ser utilizada la mente para el despertar espiritual?” Sí. Ha de ser utilizada. Puede ser utilizada y ha de ser utilizada. La mente se ha de convertir en el sirviente para ayudarte a recordar. Por lo general la mente se ha convertido en el amo y tú te has convertido en el sirviente. Si la mente se ha convertido en el amo y tú te has convertido en el sirviente, esto es el estado de sueño. Si la mente se convierte en el sirviente y tú te conviertes en el amo, entonces estás en camino de Despertar. Entonces la mente te ayuda a recordarte.
¿Qué es la meditación? La meditación es un esfuerzo para  hacer que la mente te ayude a recordarte a ti mismo. La meditación es también una función de la mente, pero la  relación que se establece es totalmente distinta. Tú eres el amo; la mente se convierte en el sirviente. Utilizas la mente como sirviente y la mente es hermosa. Deja que la mente se convierta en el amo y todo se estropeará.
El hombre mundano vive en una situación desagradable. La mente es el amo y él es el sirviente. El sanyasin, el hombre del otro mundo, simplemente invierte la situación. Todo es lo mismo, pero se cambia el orden. Ahora la mente es el sirviente y él se convierte en el amo. Entonces emplea su mente para recordarse a sí mismo. Y llega un momento en el que no hay necesidad de que se le ayude a recordarse. Entonces el ser consciente se convierte en algo natural, en algo que fluye por sí mismo. Entonces puedes retirar la mente, entonces la mente puede ser relevada.
De modo que hay tres estados: la mente como amo—el noventa y nueve por ciento de la gente está en este estado; luego la mente como sirviente—muy pocos, algunos, los buscadores, aquellos que están en el camino; y por fin, la mente cuando no funciona, cuando se ha retirado porque el estar despierto se ha vuelto natural. Es el estado de un Buda.
Utiliza tu mente como sirviente y recuerda continuamente que la mente tendrá que retirarse algún día.
Cuando la mente es retirada por completo, el mundo desaparece. Entonces no puedes regresar a mundo. Esto es lo que los hindúes denominan “Detener el ciclo de nacimientos y muertes”. Cuando uno ha Despertado por completo, esa consciencia no tiene ni nacimiento ni muerte. Es eterna.
Utiliza la mente. Apóyate en la mente, deja que te sirva de escalón. Simplemente has de invertir el orden.
Te contaré una historia. Sucedió que un hombre, un buscador, se encontró con un hombre por el camino, el cual le dijo, “Hay un pozo escondido en una cueva. Ve allí y plantéale una pregunta. Si preguntas con sinceridad, el pozo te responderá. Y esto es un milagro que sólo unos pocos grandes adeptos conocen”.
El hombre se puso a buscar. Le fue difícil llegar al pozo, pero, de alguna manera, se las ingenió. Apoyado en el brocal, le preguntó, “¿Qué es la vida?”
No surgió respuesta alguna. Sólo se escuchó el eco. Repitió su pregunta y el pozo le respondió, “¿Qué es la vida?” Pero el hombre era realmente sincero de modo que continuó. Se cuenta que durante tres días, día y noche, estuvo preguntando una y otra vez, “¿Qué es la vida?” Y el pozo solamente resonaba con su propia voz. Pero él no se dio por vencido; continuó.
Si trabajas con la mente durante muchos días, durante muchos años, la mente no te dará la clave; simplemente te reverberará. Pero un buscador sincero continúa y continúa y continúa; no se cansa.
Después de tres días se cuenta que el pozo se percató de que el hombre era sincero y de que no iba a desistir. De modo que el pozo le dijo, “De acuerdo, te diré lo que es la vida. Ve al pueblo más cercano. Visita las tres primeras tiendas y regresa y cuéntame”.
El hombre se quedó asombrado porque ¿qué clase de respuesta era ésta? Pero, “De acuerdo, si el pozo lo dice, lo he de hacer...” Se fue a la ciudad y visitó las tres primeras tiendas, pero se quedó aún más atónito y asombrado. No había nada.
En la primera tienda había unas cuantas personas trabajando con piezas de metal. Fue a la siguiente tienda. Allí había algunas personas más que estaban preparando unas cuerdas. Entró en la tercera tienda. Era la tienda de un carpintero y allí había gente que trabajaba la madera. Se dijo a sí mismo, “¿Es esto la vida?”
Regresó al pozo y le dijo, “¿Qué quieres decir? Fui allí y las visité. Y esto es lo que te cuento, pero no veo la relación”.
El pozo le dijo, “Ahora te he enseñado el camino. Recórrelo. Algún día descubrirás la clave. Te he mostrado el camino; ahora  recórrelo”.
El buscador se enfadó y dijo, “¡He sido engañado! ¿Qué he obtenido estando durante tres días seguidos preguntando a este pozo? ¿Que he ganado volcando tan sinceramente mi corazón ante este pozo? He sido engañado. No he ganado nada”. Frustrado, se alejó.
Al cabo de muchos años de deambular, un día llegó cerca de un jardín. Era una noche de luna, una noche de luna llena y alguien estaba tocando un sitar. Se quedó embelesado. La magia funcionó. Como si fuera  atraído por un imán, entró en el jardín. No pidió  permiso. Se acercó hasta el que tocaba; aquel hombre se encontraba en profunda meditación, tocando el sitar. Se sentó allí y se puso a escuchar. A la luz de la luna observó al hombre, al instrumento. Nunca antes había visto un instrumento así.
De repente, se dio cuenta que aquellos carpinteros estaban trabajando en objetos similares. Estaban preparando sitares. Y la gente que laboraba el metal... esas piezas también pertenecían al sitar. Y las cuerdas.
De repente, como si las nubes hubieran desaparecido y hubiera descubierto algo, se puso a bailar. El músico se dio cuenta; dejó de tocar. Pero nadie podía detener la danza del buscador.
El músico le preguntó,” ¿Qué sucede? ¿Qué te ha pasado?”
El hombre le dijo, “He comprendido. La vida lo tiene todo. Sólo se requiere una nueva combinación. Miré en las tres tiendas. Todo estaba allí, pero no había sitar. Todo existía por separado. Se necesitaba ordenarlo; todo estaba en un caos. Todo estaba allí; todo lo que se necesitaba estaba allí. Solamente se requería una síntesis, una conexión... y entonces esa música tan hermosa empezaría a brotar. La vida lo tiene todo. Ahora he comprendido. Solamente se necesita una nueva ordenación”.
Tienes todo lo que necesitas. Dios nunca envía a nadie al mundo como mendigo. Todo el mundo nace emperador, pero vive como un mendigo sin saber cómo disponer las cosas.
La mente debe ser el sirviente; la consciencia debe ser el amo. Y entonces el instrumento queda montado y es posible una gran música.
Y llega un momento en el que el instrumento no es en absoluto necesario. Se dice que cuando un músico alcanza la perfección, se deshace del sitar porque entonces es inútil, porque entonces su música interior ha surgido. El sitar exterior simplemente le ayudaba a ir hacia dentro. Siempre que un arquero es perfecto, tira el arco. Entonces no lo necesita. Siempre que surge la perfección, no depende de nada.
Construye el sitar de tu vida y entonces serás capaz de retirar la mente por completo. Entonces habrás trascendido el círculo de nacimientos y muertes. Y eso es lo que es Dios.
Eso es lo que esta hermosa historia te cuenta: “Hazme recordar”. No caigas de nuevo una y otra vez víctima de las antiguas pautas: la mente como amo y yo como sirviente.
“Hazme recordar” que yo soy el amo.
 
 



EL VERDADERO SABIO, Osho

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