Y EMPEZO A LLOVER DE NUEVO

Erase una vez... y sigue siendo, una gota de agua que vivía en un hermoso lago de aguas turbias en sus orillas y nítidas hacia el interior.
Gota, que así se llamaba, vivía mezclada con miles y millones de otras gotas similares a ella, pero por un  extraño proceso, conocido más tarde como «La Nautomorfósica Inspiración», había tomado conciencia de sí misma.
Se veía capaz de singularizar su membrana, que la separaba de las otras de al lado y, aunque estaba inexorablemente unida a ellas, notaba que era diferente, independiente y distinta del resto de sus congéneres.
Lo primero que hizo Gota desde que despertó a esa nueva percepción del mundo que la rodeaba, fue tratar de comunicarse con las que estaban más cerca para explicarles su increíble experiencia y descubrir lo que ese nuevo estado de su emoción significaba para las demás. Pero todo intento de transmitirlo era inútil. Sus vecinas no le hacían el menor caso, parecían como dormidas, sin pensamientos. ¡¡Vacías!!
 
 —¿Pero qué me está pasando?—se preguntó—¿Me estaré volviendo loca?

Y se sintió muy sola.
Y brotaron en su mente las primeras preguntas.

  —¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué estamos todas aquí?  ¿De dónde venimos?  ¿ Hacia dónde vamos? ¿Qué hay más allá, en cualquier dirección en la que vivo? ¿Habrá alguien mas que sienta lo mismo que yo?

Su pesar le inquietaba y aumentaba el agobio por la opresión de las otras gotas que, ignorantes de lo que sucedía a su alrededor, sencillamente dormían aletargadas.
Y tomó una decisión.
Viviría sólo dedicada a desentrañar los misterios sobre el significado de su existencia.
Haciendo uso del talento que le proporcionaba su nuevo estado de conciencia se las apañó para inventarse un medio de locomoción de lo más ingenioso. Descubrió que aplicando una gran fuerza en su membrana lograba movimientos de contracción y dilatación que la desplazaban, ¡navegando a una considerable velocidad!
Teniendo en cuenta que hasta entonces tan sólo se había dejado llevar por las corrientes aleatorias que, incomprensiblemente para Gota, se producían de vez en cuando, poder moverse con entera libertad ¡era todo un primer paso!
Fijó un rumbo al azar y se puso en marcha sin tener ni idea de lo que debía buscar ni de lo que encontraría en su camino.
Y de esta forma empezó su maravillosa aventura.

Su primer encuentro con el destino sobrevino bien pronto. Sucedió al pasar por entre un grupo de gotas que, según dedujo al verlas turbias, debían haber sido arrastradas desde la orilla hacía poco por alguna de aquellas extrañas «corrientes». No se podía ver nada a una membrana de distancia. Justo al cruzarlas algo apareció de pronto del otro lado y por  poco le rompe la piel dando fin a su recién contraída misión. El choque fue tan violento que estuvo temblando y tomando diversas formas un buen rato. No podía enfocar la mirada, todo se distorsionaba. Hasta que al  fin cesó el  tembleque y ante su vista apareció el motivo del encontronazo. Era otra gota que, al parecer,  también conocía el método de traslación que ella creía haber inventado.
Su sorpresa fue de las que no te dejan hablar.

   —Pe... pe... pe...
  —Pe, pe ¿sólo sabes decir eso?—le inquirió la agredida, irritada por la violencia del choque.
   —Perdona, lo siento—se disculpó Gota con voz temblorosa al percibir el mal humor de quien le  hablaba—Al pasar por entre esas turbias de la orilla no vi  nada y ... de repente...  apareciste tú.
  —Vamos, que te ha sorprendido verme. ¿Y por qué, si se puede saber?
  —Pues, porque eres como yo.
  —¿Y eso te sorprende? ¿En serio?
  —De verdad. Creía que era la única que había despertado a este extraño conocimiento.
   —¡Ya! Bueno, eso me indica que hace poco que estás en esto, ¿no? Pues has tenido suerte porque nada más empezar has dado con una experta en estas materias, o sea yo, TRADUS, el científico. Sé mucho y voy camino de saber bastante más.
   —¿Y qué es lo que sabes?
   —Muchas cosas, por ejemplo que ésas que te has encontrado no vienen de la orilla aunque estén turbias. Y que si sigues en la dirección que vas te encontrarás muchas más.
   Y ¿por qué? me preguntarás tú... pues porque estás yendo hacia Fondo,  el agua oscura donde nada se ve y suceden cosas muy extrañas. No te aconsejo que sigas por ahí. Nada bueno sacarás con ello, lo más probable es que te vuelvas turbia como las demás que viven allí.
  —¿Y qué más sabes, Tradus?
  —Sé por ejemplo que tú y yo y todas las gotas estamos compuestas de dos sustancias sutiles que se llaman «hidrógeno» y «oxígeno». Y sé, en contra de lo que opinan mis colegas científicos, que no son las corrientes las que nos arrastran a los terribles «agujeros negros».
   —¿Agujeros negros?—se interesó extrañada Gota.
   —Así es. ¿No habías oído hablar de ellos? ¡Pues vaya! Si que he dado con una novata.
  —Pues has de saber que esos extraños túneles son lo que los antiguos describen como masas oscuras con una fuerza de atracción tan poderosa que nada, ni la luz, puede escapar de su proximidad. Pero yo estoy convencido, por el contrario y así lo pienso demostrar, que es precisamente una de nuestras sustancias sutiles, el oxígeno, lo que atrae a esos «agujeros negros»  y les impulsa a engullirnos.
  Además...—miró a su alrededor  y añadió en voz baja— te diré un secreto si prometes guardármelo.
  —Te lo «pometo».
  —Se dice prometo. Bueno, es igual, no creo que supieses  repetir lo que te voy a decir.
  Estoy plenamente convencido de que tras el misterio de los «agujeros negros» se hallan unos enormes y temibles monstruos que se alimentan de nosotras. Cuando somos absorbidos por ellos nos extraen el oxígeno mediante un proceso que aún no he podido descubrir, y luego nos devuelven al lago a través de unos orificios desarrollados con gran precisión, como si nada hubiese sucedido.
  —¿Y qué ocurre después con nosotras?
  —Que perdemos gran parte de nuestra energía. Nos quedamos como atontadas, apáticas, deprimidas por un tiempo, hasta que poco a poco, dependiendo de la intensidad de la luz y de la profundidad en la que estemos, recuperamos gradualmente la fuerza vital. Y así una y otra vez sin remedio.
  —¿Y hay muchos agujeros negros de esos por aquí?
   —¡Montones! Nos acechan en nuestras vidas constantemente. Nos atacan, nos chupan, nos deprimen, nos recuperamos y vuelta a empezar.
  —¡Qué horror! ¡Oye, Tradus! Con tanto como sabes, seguro que me podrás aclarar las dudas que me invaden y mi viaje se habrá terminado antes de lo que me imaginaba.
   —No estés tan segura. Sé muchas cosas, pero lo cierto es que cada vez que doy solución a una se me plantean otras mil nuevas. Así es la vida de los científicos, ¡¡¡ERRADICAR LO IRRACIONAL!!!. ¡¡RECHAZAR LO INDEMOSTRABLE!!—Su voz sonora clamó las consignas— ¡Este y no otro es el objetivo de la ciencia! Pero, veamos ¿cuáles son tus cuestiones?
   —Quisiera saber de dónde venimos y para qué estamos aquí. Y también cuál es mi misión en esta vida y si hay vida después de secarnos.
  —¡Casi nada! Esas son las preguntas que nos hacemos todas al alcanzar la consciencia. Y son sin duda esas preguntas las que nos mueven a investigar. Se puede decir que gracias a ellas—que yo también me hice hace mucho, mucho tiempo—he ido descubriendo todo lo que sé. Pero, ¡ay!, todavía no tengo más que respuestas parciales a tus preguntas.


RICARDO PICAZO, Y empezó a llover de nuevo

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