Y se sintió muy sola.
Y brotaron en su mente las primeras preguntas.
—¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué estamos todas aquí? ¿De dónde venimos? ¿ Hacia dónde vamos? ¿Qué hay más allá, en cualquier dirección en la que vivo? ¿Habrá alguien mas que sienta lo mismo que yo?
Su pesar le inquietaba y aumentaba el agobio por la opresión
de las otras gotas que, ignorantes de lo que sucedía a su alrededor,
sencillamente dormían aletargadas.
Y tomó una decisión.
Viviría sólo dedicada a desentrañar los misterios
sobre el significado de su existencia.
Haciendo uso del talento que le proporcionaba su nuevo estado de conciencia
se las apañó para inventarse un medio de locomoción
de lo más ingenioso. Descubrió que aplicando una gran fuerza
en su membrana lograba movimientos de contracción y dilatación
que la desplazaban, ¡navegando a una considerable velocidad!
Teniendo en cuenta que hasta entonces tan sólo se había
dejado llevar por las corrientes aleatorias que, incomprensiblemente para
Gota, se producían de vez en cuando, poder moverse con entera libertad
¡era todo un primer paso!
Fijó un rumbo al azar y se puso en marcha sin tener ni idea
de lo que debía buscar ni de lo que encontraría en su camino.
Y de esta forma empezó su maravillosa aventura.
Su primer encuentro con el destino sobrevino bien pronto. Sucedió
al pasar por entre un grupo de gotas que, según dedujo al verlas
turbias, debían haber sido arrastradas desde la orilla hacía
poco por alguna de aquellas extrañas «corrientes». No
se podía ver nada a una membrana de distancia. Justo al cruzarlas
algo apareció de pronto del otro lado y por poco le rompe
la piel dando fin a su recién contraída misión. El
choque fue tan violento que estuvo temblando y tomando diversas formas
un buen rato. No podía enfocar la mirada, todo se distorsionaba.
Hasta que al fin cesó el tembleque y ante su vista apareció
el motivo del encontronazo. Era otra gota que, al parecer, también
conocía el método de traslación que ella creía
haber inventado.
Su sorpresa fue de las que no te dejan hablar.
—Pe... pe... pe...
—Pe, pe ¿sólo sabes decir eso?—le inquirió
la agredida, irritada por la violencia del choque.
—Perdona, lo siento—se disculpó Gota con voz temblorosa
al percibir el mal humor de quien le hablaba—Al pasar por entre esas
turbias de la orilla no vi nada y ... de repente... apareciste
tú.
—Vamos, que te ha sorprendido verme. ¿Y por qué,
si se puede saber?
—Pues, porque eres como yo.
—¿Y eso te sorprende? ¿En serio?
—De verdad. Creía que era la única que había
despertado a este extraño conocimiento.
—¡Ya! Bueno, eso me indica que hace poco que estás
en esto, ¿no? Pues has tenido suerte porque nada más empezar
has dado con una experta en estas materias, o sea yo, TRADUS, el científico.
Sé mucho y voy camino de saber bastante más.
—¿Y qué es lo que sabes?
—Muchas cosas, por ejemplo que ésas que te has
encontrado no vienen de la orilla aunque estén turbias. Y que si
sigues en la dirección que vas te encontrarás muchas más.
Y ¿por qué? me preguntarás tú...
pues porque estás yendo hacia Fondo, el agua oscura donde
nada se ve y suceden cosas muy extrañas. No te aconsejo que sigas
por ahí. Nada bueno sacarás con ello, lo más probable
es que te vuelvas turbia como las demás que viven allí.
—¿Y qué más sabes, Tradus?
—Sé por ejemplo que tú y yo y todas las gotas
estamos compuestas de dos sustancias sutiles que se llaman «hidrógeno»
y «oxígeno». Y sé, en contra de lo que opinan
mis colegas científicos, que no son las corrientes las que nos arrastran
a los terribles «agujeros negros».
—¿Agujeros negros?—se interesó extrañada
Gota.
—Así es. ¿No habías oído hablar
de ellos? ¡Pues vaya! Si que he dado con una novata.
—Pues has de saber que esos extraños túneles son
lo que los antiguos describen como masas oscuras con una fuerza de atracción
tan poderosa que nada, ni la luz, puede escapar de su proximidad. Pero
yo estoy convencido, por el contrario y así lo pienso demostrar,
que es precisamente una de nuestras sustancias sutiles, el oxígeno,
lo que atrae a esos «agujeros negros» y les impulsa a
engullirnos.
Además...—miró a su alrededor y añadió
en voz baja— te diré un secreto si prometes guardármelo.
—Te lo «pometo».
—Se dice prometo. Bueno, es igual, no creo que supieses
repetir lo que te voy a decir.
Estoy plenamente convencido de que tras el misterio de los «agujeros
negros» se hallan unos enormes y temibles monstruos que se alimentan
de nosotras. Cuando somos absorbidos por ellos nos extraen el oxígeno
mediante un proceso que aún no he podido descubrir, y luego nos
devuelven al lago a través de unos orificios desarrollados con gran
precisión, como si nada hubiese sucedido.
—¿Y qué ocurre después con nosotras?
—Que perdemos gran parte de nuestra energía. Nos quedamos
como atontadas, apáticas, deprimidas por un tiempo, hasta que poco
a poco, dependiendo de la intensidad de la luz y de la profundidad en la
que estemos, recuperamos gradualmente la fuerza vital. Y así una
y otra vez sin remedio.
—¿Y hay muchos agujeros negros de esos por aquí?
—¡Montones! Nos acechan en nuestras vidas constantemente.
Nos atacan, nos chupan, nos deprimen, nos recuperamos y vuelta a empezar.
—¡Qué horror! ¡Oye, Tradus! Con tanto como
sabes, seguro que me podrás aclarar las dudas que me invaden y mi
viaje se habrá terminado antes de lo que me imaginaba.
—No estés tan segura. Sé muchas cosas, pero
lo cierto es que cada vez que doy solución a una se me plantean
otras mil nuevas. Así es la vida de los científicos, ¡¡¡ERRADICAR
LO IRRACIONAL!!!. ¡¡RECHAZAR LO INDEMOSTRABLE!!—Su voz sonora
clamó las consignas— ¡Este y no otro es el objetivo de la
ciencia! Pero, veamos ¿cuáles son tus cuestiones?
—Quisiera saber de dónde venimos y para qué
estamos aquí. Y también cuál es mi misión en
esta vida y si hay vida después de secarnos.
—¡Casi nada! Esas son las preguntas que nos hacemos todas
al alcanzar la consciencia. Y son sin duda esas preguntas las que nos mueven
a investigar. Se puede decir que gracias a ellas—que yo también
me hice hace mucho, mucho tiempo—he ido descubriendo todo lo que sé.
Pero, ¡ay!, todavía no tengo más que respuestas parciales
a tus preguntas.