YOGA: LA CIENCIA DEL ALMA

VOL3 


 El hombre duerme casi una tercera parte de su vida, aproximadamente veinte años. Pero el dormir ha sido desaprovechado, terriblemente desaprovechado. Nadie piensa en ello, nadie medita sobre ello. Esto ha sucedido porque el hombre ha prestado demasiada atención a su mente consciente.
La mente posee tres dimensiones. De la misma forma que la materia tienes tres dimensiones, también la mente tiene tres dimensiones. Solamente una dimensión es consciente; otra dimensión es inconsciente y hay todavía una tercera dimensión que constituye el superconsciente. Estas tres dimensiones pertenecen a la mente—de forma análoga a la materia—porque en lo profundo la mente también es materia. O, puedes decirlo de otra forma: la materia es también mente. Ha de ser así, porque sólo existe lo Uno.
La mente es materia sutil; la materia es mente sin refinar. Pero corrientemente, el hombre vive sólo en una dimensión: el consciente. El sueño pertenece al inconsciente, el soñar pertenece al inconsciente. La meditación, el éxtasis, pertenecen al super-consciente, de la misma forma que el estar despierto y el pensar pertenecen al consciente. Penetremos pues, lentamente, en el fenómeno de la mente.
Lo primero que hay que recordar sobre la mente es que es como un iceberg; su parte superior se encuentra en la superficie. Puedes verla, pero sólo es una décima parte del total. Nueve décimas partes están ocultas debajo. Generalmente no puedes verlas a menos que te sumerjas en las profundidades. Pero éstas son sólo dos dimensiones. Existe una tercera dimensión, como si una parte del iceberg se hubiera evaporado y se hubiese convertido en una pequeña nube suspendida en el cielo. Alcanzar el inconsciente es difícil. Es casi imposible alcanzar esa nube. Desde luego forma parte del mismo iceberg, pero como vapor.
Por eso la meditación es tan difícil, por eso el samadhi es tan arduo. Requiere toda tu energía. Exige total devoción. Solamente entonces se hace posible el movimiento vertical hacia esa especie de nube que es la superconsciencia. El consciente está aquí; tú me escuchas desde el consciente. Si piensas en lo que estoy diciendo, si en tu interior mantienes una especie de diálogo con todo lo que estoy diciendo, si en tu interior  van surgiendo comentarios, eso es la mente consciente.
Pero puedes escucharme sin pensar, en profundo amor, de corazón a corazón, sin verbalizar lo que estoy diciendo, sin juzgar lo que estoy diciendo, sin evaluar si está bien o mal. Sin valorar. Simplemente escucha desde un profundo amor como si la mente hubiera desaparecido y el corazón escuchara y latiera alegremente. Entonces, el inconsciente está escuchando. Entonces, todo lo que diga profundizará hasta tus mismas raíces.
Pero también existe la tercera posibilidad: puedes escuchar a través del superconsciente. Entonces, incluso el amor supone una alteración; muy sutil, pero incluso el amor es entonces una alteración. Entonces no existe nada: ni pensamientos, ni sentimientos. Simplemente te vuelves un vacío, una ausencia,.... Y en ese vacío cae todo lo que te digo. Entonces, estás escuchando desde el superconsciente.
Ésas son las tres dimensiones. Mientras estás despierto, vives en el consciente: trabajas, piensas, haces esto y lo otro. Cuando te duermes, el consciente deja de funcionar; descansa. Otra dimensión empieza a trabajar: el inconsciente. Entonces no puedes pensar, pero puedes soñar. Y durante la noche se suceden ininterrumpidamente unos ocho ciclos de sueños. Sólo durante unos pocos instantes dejas de soñar; durante el tiempo restante, sueñas.
Patanjali dice,

Medita también sobre el conocimiento
que te llega durante el sueño.

Simplemente te deslizas en el sueño como si fuera una cierta clase de ausencia. No lo es; tiene una presencia propia. El estar dormido no es solamente la negación del estar despierto. Si lo fuera, entonces no habría nada sobre lo que meditar. El dormir no es como la oscuridad, como una ausencia de luz; no. El dormir, tiene su propia positividad. Existe, y existe al igual que existe tu estar despierto. Y cuando medites y los misterios del sueño te sean revelados, entonces descubrirás que no existe diferencia alguna entre estar despierto y estar dormido. Ambos existen por sí mismos. El dormir no es solamente dejar de estar despierto; es una clase de actividad diferente. De ahí los sueños.
Soñar es una actividad tremenda, más poderosa que tu pensar, más importante, porque pertenece a una parte de tu ser más profunda que el pensar. Cuando te duermes, la mente que funcionó todo el día se encuentra cansada, agotada. Es una mente diminuta, una décima parte comparada con el inconsciente que es nueve veces más grande y poderoso. Y si la comparas con el superconsciente,... la comparación no es posible, porque el superconsciente es infinito, el superconsciente es omnipotente, omnipresente, omnisciente. El superconsciente es lo que Dios es. Incluso comparado con el inconsciente, el consciente es muy pequeño. Se cansa, necesita descanso para recargarse. El consciente se apaga. Durante el sueño empiezas una frenética actividad: el soñar.
Y ¿por qué ha sido despreciado? Porque la mente ha sido entrenada para sentirse identificada con el consciente, de forma que pienses que durante el sueño dejas de existir. Por eso el dormir parece una pequeña muerte. Nunca piensas en lo que entonces sucede. Patanjali dice, «Medita sobre ello y descubrirás muchas cosas en tu propio ser».
Te llevará algo de tiempo penetrar conscientemente en el sueño, porque incluso cuando estás despierto no eres consciente. De hecho, te mueves estando despierto como si estuvieras profundamente dormido, como un sonámbulo, como uno que camina estando dormido; no estás realmente muy despierto. No pienses que porque tus ojos están abiertos, eres consciente. Ser consciente significa que hagas lo que hagas o suceda lo que suceda en todo momento, lo haces con plena lucidez. Incluso si levanto mi mano haciéndote una indicación, lo hago con plena consciencia. Puede ser hecho de una forma robótica, mecánica; no eres consciente de lo que le sucede a la mano. En realidad, no la has movido. Se ha movido por sí misma, es inconsciente. Por eso es tan difícil penetrar en tu propio sueño.
Pero si uno lo intenta... En lo primero que hay que esforzarse es: mientras estés despierto permanece más atento, porque allí es donde has de empezar a esforzarte. Caminando por la calle, camina siendo plenamente consciente, como si estuvieras haciendo algo sumamente importante. Es muy importante. Deberías dar cada paso con plena atención. Si puedes hacerlo, solamente entonces serás capaz de penetrar en el sueño.
Ahora mismo tu consciencia es muy difusa. En el instante en que tu mente consciente se desconecta, esa débil consciencia desaparece como una pequeña onda. No tiene energía, es muy, muy débil, como un parpadeo, con voltaje cero. Has de comunicarle más energía, tanta energía que cuando la mente consciente se desconecte, esa consciencia pueda continuar por sí misma y tú te duermas siendo consciente. Esto puede suceder si realizas todas tus otras actividades con consciencia: caminar, comer, dormir, bañarte. Intenta durante el día que todo lo que hagas se convierta en una excusa para el adiestramiento interior de tu plena consciencia. Así, la actividad se convierte en algo secundario. El ser consciente durante esa actividad se convierte en lo principal.
Cuando por la noche ceses en tu actividad y te vayas a dormir, esa consciencia continuará. Incluso mientras te estés durmiendo, esa consciencia se convertirá en un observador: sí, el cuerpo se está durmiendo. Poco a poco, el cuerpo se va relajando. Tú no lo verba-lizas; simplemente observas como, poco a poco, los pensamientos van desapareciendo. Observa los espacios. Poco a poco, el mundo se va volviendo muy, muy distante. Vas acercándote a los fundamentos de tu ser, al inconsciente. Si eres capaz de dormirte siendo consciente, solamente entonces será posible que esa continuidad perdure durante toda la noche. Eso es lo que Patanjali quiere expresar al decir, «Medita también sobre el conocimiento que te llega durante el sueño».
Y el soñar puede aportarte mucho conocimiento porque es tu casa de los tesoros, tu almacén de muchas, muchas vidas. Y has estado acumulando allí muchas cosas. Trata primero de ser consciente mientras estás despierto, mientras estás en estado de vigilia, y luego, por sí misma, la consciencia se convertirá en algo tan poderoso que no importará en qué actividad te encuentres implicado; no habrá diferencia entre caminar de verdad o caminar en sueños.
Y cuando por primera vez te duermas siendo consciente, verás cómo cambia tu mecanismo. Incluso sentirás el click del instante en que desaparece el estado de vigilia, de la mente que se apaga; comienza otro reino. El ser ha cambiado de marcha. Entre esas dos marchas hay un pequeño punto muerto. Porque siempre que cambias de marcha, has de pasar por el punto muerto. Poco a poco, te irás volviendo consciente no sólo del cambio de marcha, sino del espacio entre las dos y en ese espacio alcanzarás tu primer vislumbre del superconsciente.
Cuando la mente consciente cambia al inconsciente, tan sólo durante un ínfimo instante, serás capaz de contemplar el superconsciente. Pero ése es un capítulo posterior de la historia; lo menciono sólo de pasada. Primero, tendrás que ser consciente del inconsciente y eso supondrá un tremendo cambio en tu vida.
Cuando empieces a observar tus sueños, descubrirás que existen cinco tipos de sueños. La primera clase de sueños es pura basura. Y muchos miles de psicoanalistas están trabajando en esa basura. No sirve de nada. Aparece porque con el transcurso del día, trabajando durante todo el día, acumulas mucha basura. Es igual que cuando el cuerpo se ensucia y necesitas un baño, necesitas limpiarte. De la misma forma, la mente acumula suciedad. Y no existe un medio para poder limpiar la mente, de forma que la mente posee un mecanismo automático para librarse de toda la basura, de toda la suciedad. El soñar no es nada más que la nube de polvo que levanta la mente al limpiarse; la primera clase de sueños. Y ésa es la clase más numerosa de sueños; casi el noventa por ciento. Casi el noventa por ciento de sueños son simplemente polvo que es limpiado; no les prestes mucha atención. Y, poco a poco, a medida que tú consciencia vaya creciendo, serás capaz de ver que es suciedad.
La segunda clase de sueños es una especie de satisfacción de tus necesidades. Existen muchas necesidades—necesidades naturales—pero los sacerdotes y los mal llamados maestros religiosos han envenenado tu mente. No te permiten ni siquiera satisfacer tus necesidades fundamentales. Las han condenado por completo. Y esa condena ha penetrado en ti, de modo que suspiras por satisfacer muchas de esas necesidades. Esas necesidades insatisfechas demandan cumplimiento. Y la segunda clase de sueños no es nada más que una satisfacción de esas necesidades. Sea lo que sea lo que hayas negado a tu ser—debido a los sacerdotes y a los envenenadores—en sueños la mente trata de satisfacerlo de una u otra forma.
El otro día un joven vino—muy sensible, muy sensitivo—y me preguntó, «He venido para plantearte una pregunta muy importante, pues toda mi vida depende de ella. Mis padres me están obligando a casarme y yo no veo que eso sea importante, de forma que he venido para preguntar: ¿Es importante o no es importante el matrimonio? ¿Debería o no debería casarme?» Yo le dije, «Cuando tienes sed, ¿preguntas si el beber es o no es importante? ¿He de beber o no he de beber agua?» La pregunta de si es importante, no surge. La pregunta es si estás o no estás sediento. Puede que el agua y el beber sean importantes, pero eso es irrelevante. Lo importante es si tú tienes o no tienes sed. Y sé que aunque bebas una y otra vez, volverás a tener sed. De modo que la mente puede decir, «¿Qué importancia tiene, cuál es su propósito: beber una y otra vez y tener sed siempre? Parece ser simplemente una rutina. Parece que no contiene significado alguno».
Ésta es la forma en que la mente consciente ha estado intentando controlar todo tu ser, porque la importancia de algo pertenece a la mente consciente. La mente inconsciente no sabe de importancias. Sabe lo que es el hambre, sabe lo que es la sed, sabe lo que es una necesidad; no sabe si son importantes. De hecho, la vida no tiene ningún significado. Si lo preguntas, vas camino del suicidio. La vida carece de significado; simplemente es, y existe de una forma tan hermosa sin significado que no tiene porque tenerlo. ¿Qué significado tiene la existencia de un árbol, o el sol que sale cada día por la mañana, o la luna por la noche? ¿Cuál es el significado de un árbol floreciendo? ¿Y cuál es el significado de los pájaros cantando por la mañana y de los ríos fluyendo y de las olas—esas tremendas olas del océano—golpeando una y otra vez contra las rocas? ¿Cuál es su significado?
El Todo carece de significado. El Todo existe de forma absolutamente hermosa sin significado alguno. De hecho, si  tuviera un significado, el Todo no podría haber sido tan hermoso. Porque con lo significativo se introduce el cálculo, con lo significativo se introduce la astucia, con lo significativo se introduce la razón, con lo significativo se introduce la división: eso es importante, esto no es importante; esto es más importante, eso es menos importante. El Todo existe sin ninguna distinción. Todo es absolutamente hermoso simplemente por estar ahí, no por tener algún significado. Nada tiene un propósito.
De modo que le dije al joven, «Si preguntas sobre si es importante, estás planteando una pregunta equivocada y eso te conducirá por un camino equivocado»—ésa es la forma en que los sacerdotes se han vuelto tan poderosos: haces preguntas equivocadas y ellos te proporcionan falsas respuestas.
Le dije, «Simplemente obsérvate a ti mismo. ¿Necesitas a una mujer para sentirte satisfecho? ¿Suspira  todo tu ser por tener amor? Porque el amor es un hambre, una sed. Cuando ves a una hermosa mujer pasando por tu lado, ¿sucede de repente algo en ti? ¿Una oleada, algo invisible, un cierto cambio? ¿No sucede nada? Sigues caminando igual que caminabas, como si la mujer no hubiera pasado. Si vas por una calle y una hermosa mujer pasa junto a ti y tú sigues caminando de la misma forma que lo hacías antes de que ella pasara, si nada ha sucedido, si en tu ser no ha aparecido ni una sola oscilación, ni un murmullo, entonces no hay necesidad de que te cases, pero no preguntes sobre su importancia.
Pero si algo sucede, si empiezas a caminar un poco más de prisa, si empiezas a entonar una canción, si empiezas a mirar a esa hermosa mujer, o empiezas a evitarla... si algo así sucede—no me refiero a si empiezas a ir en la misma dirección en que va la mujer, o empiezas a correr en la dirección opuesta; eso no es importante—si algo sucede, entonces tienes una necesidad y esa necesidad ha de ser satisfecha. Porque una necesidad existe para ser satisfecha. Puede que llegue un día en el que cruces la calle y el encontrarte con una mujer carezca de importancia. También esto es bueno, pero también aquello es bueno. Todo es sagrado y santo. Existe un momento para estar enamorado y existe un momento para trascenderlo. Existe un tiempo para relacionarse y disfrutar con la relación y existe un tiempo para estar solo para disfrutar de la belleza del descanso. Y todo es bello».
Pero uno debería atender a la necesidad y no a la importancia. Lo importante pertenece a la mente consciente; la necesidad pertenece al inconsciente. Y de esta forma la segunda clase de sueños aparece: continúas reprimiendo tus necesidades; entonces la mente las satisface en los sueños. Puede que no te cases, que hayas leído grandes libros y te encuentres envenenado por los pensadores y que ellos hayan moldeado tu mente según unas determinadas pautas; entonces dejas de estar abierto a la Existencia misma; las filosofías te han cegado. Entonces empiezas a reprimir tus necesidades. Y luego estas necesidades emergerán, surgirán, durante el sueño, porque el inconsciente no sabe de filosofías, el inconsciente no conoce ni propósitos, ni  importancias. El inconsciente solamente sabe una cosa: lo que necesita tu ser para sentirse satisfecho.
Entonces el inconsciente provoca su propia clase de sueños. Ésta es la segunda clase de sueños. Es muy importante comprenderlos y meditar sobre ellos porque el inconsciente está tratando de decirte «¡No seas tonto! Sufrirás por ello. No hagas pasar hambre a tu ser. No seas un suicida y no vayas suicidándote lentamente al eliminar tus necesidades».
Recuerda: los deseos pertenecen a la mente consciente; las necesidades al inconsciente. Y comprender esa distinción es muy, muy importante, muy significativo.
Los deseos pertenecen a la mente consciente. El inconsciente no sabe de deseos, al inconsciente no le preocupan los deseos. ¿Qué es un deseo? El deseo surge de tu pensar, de tu condiciona-miento, de tu adiestramiento. Te gustaría ser presidente de un país; al inconsciente esto no le preocupa. El inconsciente no está interesado en ser el presidente de una nación; el inconsciente solamente está interesado en cómo ser una unidad orgánica satisfecha. Pero la mente consciente dice, «Conviértete en  presidente. Y si para ser presidente has de sacrificar a tu mujer, entonces sacrifícala. Si has de sacrificar tu cuerpo, sacrifícalo. Si has de sacrificar tu descanso, sacrifícalo. Conviértete en el presidente de la nación». O acumula riquezas; eso pertenece a la mente consciente. El inconsciente no sabe de riquezas, el inconsciente solamente conoce lo natural. Está incontaminado por la sociedad. Es como los animales, como los pájaros, como  los árboles. El inconsciente no ha sido condicionado por la sociedad, por los políticos. Sigue siendo puro.
Atiende a los sueños de la segunda clase y medita sobre ellos y te indicarán qué es lo que necesitas. Satisface las necesidades y no te preocupes por los deseos. Si quieres ser realmente feliz, satisface tus necesidades y no te preocupes por los deseos. Si quieres ser desgraciado, reprime tu necesidades y persigue los deseos.
Así es como te has convertido en un desgraciado. La cosa es muy simple; tanto si eres feliz como desgraciado, la cosas son muy simples. Un hombre que atiende a sus necesidades y las sigue, es igual que un río fluyendo hasta el océano... el río no pregunta si ha de fluir hacia el este o hacia el oeste; simplemente busca el camino. Este u oeste son indistintos. El río que fluye hacia el océano no sabe de deseos; solamente conoce sus necesidades. Por eso los animales parecen ser tan felices. ¿No tienen nada y son tan felices? ¿Y tú tienes tantas cosas y eres tan desgraciado? Incluso los animales te sobrepasan en su belleza, en su felicidad. ¿Qué es lo que ocurre? Los animales no poseen una mente consciente para controlar y manipular el inconsciente; no está dividido.
La segunda clase de sueños contiene muchas cosas que revelarte. Con los de la segunda clase empiezas a cambiar tu consciencia, empiezas a cambiar tu comportamiento, empiezas a cambiar tu modelo de vida. Atiende a tus necesidades; atiende siempre a lo que tu inconsciente diga. Y recuerda siempre: el inconsciente está en lo cierto porque posee la sabiduría intemporal. Tú has existido durante millones de vidas. El consciente pertenece a esta vida; ha sido educado en las escuelas y en las universidades y por la familia y por la sociedad en la que has nacido por coincidencia. Pero el inconsciente contiene todas las experiencias de todas tus vidas. Contiene la experiencia de cuando fuiste una roca, contiene la experiencia de cuando fuiste un árbol, contiene la experiencia de cuando fuiste un animal; lo contiene todo, todo el pasado. El inconsciente es tremendamente sabio y el consciente es tremendamente estúpido. Ha de ser así porque el consciente sólo pertenece a esta vida, es muy pequeño, sin experiencia; es muy infantil. El inconsciente es la sabiduría eterna. Escúchalo.
En la actualidad el psicoanálisis en Occidente solamente hace esto y nada más: escucha esa clase de sueños y cambia tu pauta de vida de acuerdo a ellos. Y el psicoanálisis ha ayudado a mucha gente. Tiene sus propias limitaciones, pero ha sido de ayuda porque, al menos, esta parte—el prestar atención a los sueños de la segunda clase—hace que tu vida sea más relajada, menos tensa.
Luego existe una tercera clase de sueños. Esta tercera clase de sueños es una comunicación desde el superconsciente. La segunda clase de sueños es una comunicación desde el inconsciente. La tercera clase de sueños no abunda, porque hemos perdido todo contacto con el superconsciente. Pero aún así surge, porque el superconsciente es tuyo. Puede que se haya convertido en una nube y haya desaparecido del cielo, puede que se haya evaporado, puede que esté muy lejos, pero todavía está anclado en ti.
La comunicación desde el superconsciente es muy escasa. Cuándo estás muy, muy alerta, solamente entonces puedes empezar a percibirla. Si no, se pierde entre el polvo que la mente arroja en los sueños y en la satisfacción de los deseos en los que la mente va soñando; cosas incompletas, reprimidas. Desaparecerá. Pero cuando te vuelves consciente es como un diamante brillando, absolutamente distinto de todas las piedras que le rodean.
Cuando puedas sentir y descubrir un sueño que procede del superconsciente, obsérvalo, medita sobre él, porque se convertirá en tu guía, te conducirá a tu Maestro, te llevará al modo de vida que encaja contigo, te conducirá a la verdadera disciplina. Ese sueño se convertirá en una profunda guía interior. Con el consciente puedes encontrar a un maestro, pero el maestro no será más que un profesor. Con el inconsciente puedes encontrar un maestro, pero el maestro no será más que un amante; te enamorarás de una determinada personalidad, de un cierto tipo. Pero sólo el superconsciente puede conducirte al verdadero Maestro. Entonces él no es un profesor; tú no te encuentras extasiado con lo que él dice, no te quedas deslumbrado; más bien, al contrario, tu superconsciente te indica que ese hombre encajará contigo, que ese hombre será la auténtica posibilidad de que tú crezcas, que ese hombre podrá convertirse en tus cimientos.
Hay luego una cuarta clase de sueño: el que surge de las vidas pasadas. No es escaso; aparece en numerosas ocasiones. Pero en tu interior todo está confuso; no puedes distinguir nada. No estás ahí para poder distinguir.
En Oriente hemos trabajado mucho esta cuarta clase de sueños. Debido a estos sueños nos dimos de bruces con el fenómeno de la reencarnación. Con estos sueños, te vas, poco a poco, volviendo consciente de tus vidas pasadas. Vas yendo hacia atrás, retrocedes en el tiempo. Entonces muchas cosas empiezan a cambiar en ti, porque si incluso en un sueño eres capaz de recordar quién eras en tu vida pasada, muchas cosas dejarán de ser importantes y muchas otras nuevas cosas adquirirán importancia. El conjunto cambia, tu gestalt cambia.
Debido a que acumulaste demasiada riqueza en una vida pasada, moriste como el hombre más rico del país... y en tu interior eras un mendigo... y otra vez estás haciendo lo mismo en esta vida. De repente, la gestalt cambiará. Si eres capaz de recordar lo que hiciste y cómo todo se convirtió en nada, si eres capaz de recordar las muchas vidas, las numerosas ocasiones que has estado haciendo lo mismo una y otra vez... eres como un disco rayado, un círculo vicioso; empiezas con lo mismo y acabas con lo mismo. Si eres capaz de recordar algo de tus vidas, te sorprenderá de repente el ver que nunca has hecho nada nuevo. Una y otra vez acumulaste riqueza; una y otra vez trataste de ser políticamente poderoso; una y otra vez te convertiste en excesivamente erudito; una y otra vez te enamoraste, y una y otra vez te alcanzó el sufrimiento que conlleva el amor. Cuando ves esta repetición, ¿cómo puedes seguir siendo el mismo? De repente, esta vida es transfigurada. No puedes seguir en la misma rutina por más tiempo.
Por esto en Oriente la gente ha estado preguntando y preguntando durante milenios, «¿Cómo puedo salir de esta rueda de vidas y muertes?» Parece ser la misma rueda, parece ser la misma historia una y otra vez; una repetición. Si lo desconoces, entonces piensas que haces cosas novedosas y te excitas sobremanera. Y yo puedo ver que has estado haciendo esas mismas cosas una y otra vez.
En la vida no hay nada nuevo; es una rueda, surca el mismo camino. Debido a que te vas olvidando del pasado, sientes tanta excitación. Una vez recuerdas, toda excitación desaparece. En ese recordar, surge el sanyas.
El sanyas es un esfuerzo para salirse de la rutina del samsar. Es un esfuerzo para saltar fuera de la rueda, es decirse a uno mismo, «¡Ya basta! Voy a dejar de participar en esta misma vieja estupidez. Voy a salir de ella». El sanyas es salirse por completo de la rueda; no de la sociedad, sino de tu propia rueda interior de vidas y muertes. Ésta es la cuarta clase de sueños.
Entonces existe una quinta clase de sueños; la última clase. La cuarta clase es retroceder hacia tu pasado; la quinta clase es avanzar hacia el futuro. Es muy, muy escasa. Sucede sólo a veces; cuando te encuentras muy, muy vulnerable, abierto, flexible. El pasado alarga su sombra y el futuro alarga su sombra y se refleja en ti. Si puedes llegar a ser consciente de tus sueños, algún día también serás consciente de esta posibilidad: el futuro mira hacia ti. De repente, simplemente se abre una puerta y el futuro entra en comunicación contigo.
Esos son los cinco tipos de sueños. La psicología moderna comprende solamente los de la segunda clase. La psicología rusa comprende solamente los de la primera clase. Los otros tres tipos, las otras tres clases, son casi desconocidos, pero el Yoga los comprende todos.
Si meditas y en sueños te vuelves consciente de tu ser interior, sucederán muchas más cosas. Lo primero: poco a poco, cuanto más consciente vayas siendo de tus sueños, menos y menos te convencerá la realidad de tus horas de vigilia. De ahí que los hindúes digan que el mundo es como un sueño. Ahora mismo, justo lo contrario es lo que ocurre: debido a que la realidad del mundo de tus horas de vigilia te convence tanto, piensas mientras sueñas que esos sueños son también reales. Nadie siente—mientras está soñando—que el sueño es irreal. Mientras sueñas parece perfecto, parece absolutamente real. Por la mañana podrás darte cuenta de que fue un sueño, pero eso carece de importancia porque entonces otra mente es la que estará funcionando. Esta mente no fue en absoluto testigo de ello; esta mente sólo ha oído el rumor. Esta mente consciente que se despierta por la mañana y dice que todo fue un sueño, esta mente no fue testigo de ello. ¿Cómo va a decir pues algo? Simplemente ha oído algún rumor. Es como si estuvieras dormido y dos personas estuvieran hablando, y tú—mientras duermes y debido a que hablan en voz alta—oyes unas palabras de aquí y allí y te quedas con un revoltijo de impresiones.
Esto es lo que sucede: mientras el inconsciente crea los sueños  hay una tremenda actividad. El consciente se encuentra dormido y tan sólo oye murmullos, y por la mañana dice, «Todo es falso. Sólo fue un sueño». En este mismo momento, si estás soñando sentirás que es absolutamente real. Incluso las cosas absurdas parecen ser reales, lo ilógico parece real, porque el inconsciente no conoce la lógica. En sueños caminas por una carretera y ves venir un caballo; de repente el caballo deja de ser un caballo, el caballo se ha convertido en tu esposa. Y a tu mente no se le ocurre pensar «¿Cómo puede ser posible? ¿Cómo puede haberse transformado tan de repente el caballo en mi mujer?» No surge ninguna duda, no hay problema. El inconsciente desconoce la duda. Incluso crees en un fenómeno tan absurdo; estás convencido de su realidad.
Justo lo contrario sucede cuando te vuelves consciente de los sueños y sientes que eran realmente sueños, que nada es real; sólo un psico-drama, un drama mental. Tú eres el escenario y tú eres los actores y tú eres el que escribe la historia y tú eres el director y tú eres el productor y tú eres el espectador; no existe nadie más; es una simple creación de la mente. Cuando te vuelves consciente de esto, entonces el mundo de tus horas de vigilia cambia.  Descubrirás entonces que sucede lo mismo; en un escenario mayor, pero el sueño es el mismo.
Los hindúes denominan a este mundo «maya», ilusorio,  un sueño, una proyección mental. ¿Qué quieren decir? ¿Quieren decir que es irreal? No, no es irreal. Pero cuando tu mente se entremezcla, tú mismo creas de ello un mundo irreal. No vivimos en el mismo mundo; todo el mundo vive en su propio mundo. Hay tantos mundos como mentes. Cuando los hindúes dicen que esos mundos son maya, quieren decir que la realidad más la mente, es maya. No sabemos lo que es la realidad, eso que existe de por sí. La realidad más mente es ilusión, maya. Cuando alguien, un Buda, Despierta por completo, entonces descubre la realidad sin la mente. Entonces es la Verdad, el Brahman, lo Supremo. Le sumas la mente y todo se convierte en un sueño, porque la mente es eso que crea los sueños. Si le quitas la mente, nada puede convertirse en un sueño; sólo la realidad permanece en su pureza cristalina. La mente es como un espejo. En el espejo se refleja el mundo. Ese reflejo no puede ser real, ese reflejo es simplemente un reflejo. Cuando el espejo desaparece, el reflejo desaparece. Ahora puedes ver lo real.
Una noche de luna llena y el lago se encuentra en silencio y la luna es reflejada en el lago y tratas de alcanzar la luna. Esto es lo que todo el mundo ha estado tratando de hacer durante muchas vidas: tratando de alcanzar la luna en el espejo del lago. Y evidentemente nunca tienes éxito; no puedes tenerlo, no es posible. Uno ha de olvidarse del lago y mirar exactamente en la dirección opuesta. Ahí está la luna.
La mente es el lago en el que el mundo se convierte en ilusorio. Tanto si sueñas con los ojos cerrados como si sueñas con los ojos abiertos, no importa. Si la mente se encuentra presente, todo lo que sucede es un sueño. Éste será tu primer descubrimiento si meditas sobre los sueños.
Y lo segundo que descubrirás será que tú eres un testigo, que el sueño está allí, pero tú no formas parte de él. Tú no eres parte de tu mente; tú la trasciendes. Estás en la mente, pero no eres la mente. Lees a través de la mente, pero no eres la mente. Utilizas la mente, pero no eres la mente. De repente eres un testigo, has dejado de ser una mente. Y éste testigo es la realización final, suprema. Entonces, tanto si sueñas de dormido como si sueñas mientras estás despierto, no hay diferencia; sigues siendo un testigo. Permaneces en el mundo, pero el mundo no puede penetrar en ti. Las cosas están ahí, pero la mente no está en las cosas y las cosas no están en la mente. De repente, aparece el testigo y todo cambia.
Es muy, muy sencillo una vez descubres su truco. Si no, parece muy, muy difícil, casi imposible. ¿Cómo ser consciente mientras se sueña? Parece imposible, pero no lo es. Te llevará de tres a nueve meses si cada noche al irte a dormir, mientras te estás durmiendo, tratas de mantenerte alerta y observando. Pero recuerda, no trates de mantenerte alerta en un sentido activo, porque si lo haces no conseguirás dormirte. Sólo una alerta pasiva, suelta, natural, relajada, como mirando desde la esquina, sin ponerle demasiada actividad; simplemente una consciencia pasiva, sin implicarse demasiado. Sentado a la orilla y el río fluyendo junto a ti y tú simplemente observas.
Te llevará de tres a nueve meses. Entonces, algún día, de repente el sueño estará cayendo sobre ti como una cortina oscura, como una pantalla oscura, como si el sol se hubiera puesto y la noche descendiera. Se asienta a tu alrededor, pero en tu interior una llama sigue ardiendo. Estás observando, silencioso, pasivo; entonces empieza el mundo de los sueños. Entonces son interpretadas muchas obras, muchos psico-dramas, y tú sigues observando. Poco a poco, van apareciendo las diferencias; ahora puedes ver qué clase de sueño es. Entonces, de repente, un día te das cuenta de que es lo mismo que estando despierto. No existe una diferencia cualitativa. Todo se convierte en ilusorio. Y cuando el mundo es ilusorio, solamente el testigo es real.
Esto es a lo que Patanjali se refiere cuando dice, «Medita también sobre el conocimiento que te llega durante el sueño». Y eso te convertirá en un hombre realizado.

Medita también sobre cualquier cosa que te atraiga

Medita sobre la cara de tu amado; medita. Si amas las flores, medita sobre una rosa. Medita sobre la luna, sobre lo que quieras. Si amas la comida, medita sobre la comida. ¿Por qué dice Patanjali, «... cualquier cosa que te atraiga»? Porque la meditación no ha de ser un esfuerzo obligado. Si es obligado, está condenado al fracaso desde el mismo comienzo; algo obligado nunca te hará natural. Por esto, desde el mismo principio, descubre algo que te atraiga. No hay necesidad de crear conflictos innecesarios. Y has de entender esto, porque la mente tiene una capacidad natural para meditar si le proporcionas objetos que la atraigan.
En una pequeña escuela, un niño está escuchando: los pájaros están gorjeando en los árboles y él escucha; está absorto escuchando. Está en comunión. Se ha olvidado del maestro, ha olvidado la clase. Ha dejado de estar allí; él es una atención extática. La meditación ha surgido. Entonces el maestro le dice, «¿Qué haces? ¿Estás dormido? ¡Concéntrate en la pizarra!» Entonces el chico ha de esforzarse, lo ha de intentar. Esos pájaros nunca le dijeron al niño, «¡Presta atención! ¡Escucha cómo  cantamos!» Simplemente sucedió porque el niño sentía una profunda atracción. La pizarra parece poco atractiva y su maestro tiene un aspecto feroz, y todo resulta una obligación. Lo intenta, pero mediante el esfuerzo nadie puede meditar. Una y otra vez la mente se escapa. Muchas son las cosas que suceden fuera de la clase: de repente un perro empieza a ladrar, un mendigo pasa cantando, o alguien toca la guitarra. En el exterior ocurren millones de cosas y él tiene que enfocar su atención una y otra vez en la pizarra, en la fea aula.
Hemos construido escuelas a modo de prisiones. En la India, los edificios de la escuela y de la prisión son del mismo color: rojos. Las aulas son repugnantes. Allí no hay nada atractivo: ni juguetes, ni música, ni árboles, ni pájaros; nada. El aula se ha construido para obligar a tu atención. Has de aprender a concentrarte.
Y ésta es la diferencia entre concentración y meditación. La concentración es algo obligado; la meditación es natural.
Patanjali dice,

Medita también sobre cualquier cosa que te atraiga.

Entonces, espontáneamente, todo tu ser empieza a florecer. Simplemente mira la cara de tu amado. Medita sobre sus ojos.
Generalmente los maestros religiosos te dirán, «¿Qué estás haciendo? ¿Es esto meditación?» Te enseñan a no pensar en tu amado mientras estás meditando. Creen que es una distracción. Y esto es algo muy sutil que ha de ser comprendido: en el mundo no existen distracciones. Si haces esfuerzos que no son naturales, entonces aparecen las distracciones. Tú las creas. A todo tu ser le gustaría contemplar la cara de tu esposa, de tu marido, de tu hijo, y el maestro religioso te dice, «Eso son distracciones, son fantasías. Ve al templo, a la iglesia; medita sobre la cruz». Meditas sobre la cruz. Una y otra vez te acuerdas de tu amada. Ahora, la cara de tu amada se convierte en una distracción. No es que sea una distracción, no hay nada de especial en meditar sobre la cruz. Simplemente eres estúpido. ¿Qué necesidad hay de ir y meditar sobre la cruz? Si te atrae, bien, pero no hay una necesidad implícita. La cruz no contiene una cualidad especial.
De hecho, siempre que surge la meditación, aparece una cualidad especial. La meditación aporta una cualidad especial. No está en el objeto; está en ti. Cuando meditas sobre algo, le das tu ser interior. De repente se convierte en sagrado. Los objetos no son sagrados; la meditación los hace sagrados. Puedes meditar sobre una roca, y de repente la roca se convierte en el templo. Ningún Buda es tan hermoso como esa roca si meditas sobre ella. ¿Qué es meditación? Es cubrir la roca con tu consciencia. Es dar vueltas alrededor de la roca, absorto en tan profunda comuni-cación, que aparece un puente entre tú y la roca. La separación desaparece; estáis unidos. En realidad, no sabes quién es el observador y quién es lo observado. El observador se convierte en lo observado; lo observado se convierte en el observador. Ahora no sabes quién es la roca y quién es el meditador. De repente, las energías se encuentran y se mezclan, y allí está el templo. No crees innecesariamente distracciones, pues entonces te convertirás en un desgraciado.
Vino alguien que había estado practicando una cierta clase de mantra durante muchos años y me dijo, «Una y otra vez me distraigo». Yo le pregunté, «¿Qué te distrae?» Su esposa había muerto y él la amaba mucho. Yo conocía a esa mujer; era realmente una bella persona. Él nunca volvió a casarse. Realmente la amaba. Ninguna otra mujer le atrajo nunca. Ahora ella ha muerto y surge el vacío y él experimenta su soledad.
Debido a esta soledad acudió a un maestro, «¿Cómo puedo librarme del recuerdo de mi esposa?» Y él le dio un mantra.  Estuvo entonando el mantra durante al menos tres años y siempre que entonaba el mantra como un robot, una y otra vez, aparecía la mujer, aparecía el rostro. No era capaz de olvidar a la mujer. El mantra no resultó tener la potencia suficiente. Por eso vino aquí muy afligido. Dijo, «Han pasado tres años y me sigue acechando siempre su recuerdo y parece que no puedo quitármelo de encima. Ni incluso este mantra me ha ayudado. Y lo he estado practicando absoluta y religiosamente durante tres años». Le dije, «Eres un estúpido. No tienes necesidad de utilizar este mantra. Repite el nombre de tu esposa; conviértelo en un mantra. Mantén su foto delante de ti; mira su foto, conviértela en la imagen del Divino». Él dijo, «¿Qué estás diciendo? Ella es lo que me distrae». Por esto le dije, «Haz de la distracción tu meditación. ¿Por qué crear conflictos?»
Una distracción puede convertirse en el objeto mismo de meditación. Y es una distracción porque en lo profundo tiene un cierto atractivo, una cierta armonía. Por eso el mantra resultó inútil, impotente; porque el mantra es algo sobreimpuesto. Alguien pronuncia una palabra y tú la repites, y la palabra carece para ti de atractivo. Antes no existía para ti, no está enraizada en ti. La esposa es algo muy profundo. El amor es más profundo que cualquier mantra: entonces ¿por qué pierdes tu tiempo? Él dijo, «Lo intentaré». Y al cabo de unos días me escribió una carta, «¡Es tremendo! Me siento muy calmado y tranquilo. Y, realmente, mi mujer es maravillosa. Ni tengo que pensar que me está distrayendo».
Recuerda esto porque puede que estés haciendo muchas cosas como ésta. Siempre que sientas que algo te distrae, eso solamente demuestra que sientes una atracción natural hacia ello; nada más. Entonces, ¿por qué crear un conflicto? Ve en la misma dirección, conviértelo en objeto de meditación. Sé natural, no reprimas, no crees conflictos y lo lograrás.
Nadie lo logra nunca a través de conflictos; el conflicto crea una personalidad dividida. Ve hacia lo que te atrae naturalmente. Entonces serás uno, entonces serás un todo, entonces no estarás dividido, entonces serás de una pieza; no serás una casa dividida contra ella misma. Y cuando te mueves como una sola pieza, en tu movimiento aparece una danza y no hay nada en ella que no sea divino.
Puede que te sorprenda. Sucedió una vez que un gran monje budista, Nagarjuna, se encontraba en un pequeño pueblo. Alguien llegó... alguien se sintió muy atraído por él. Pero el hombre le dijo, «Tu forma de vida, la forma en que te comportas como un emperador vestido con las ropas de un mendigo, me atrae profundamente. También me gustaría convertirme en un hombre religioso, pero existe un problema. Poseo una vaca y la amo muchísimo. ¡Y es tan hermosa! No soy capaz de dejarla». Una simple vaca... No tenía esposa, ni niños, nunca estuvo casado, pero amaba a la vaca. Y mientras decía esto se sentía un poco estúpido. Dijo, «Digo esto porque sé que tú lo comprenderás. Pero éste es todo mi problema: demasiado apego a esa vaca. ¡Y la he criado y ella siente tanto apego por mí y me ama tanto...! ¿Qué he de hacer?» A lo que Nagarjuna contestó, «No tienes necesidad de ir a ninguna parte. Si alguien ama a otro ser tan profundamente, entonces no hay necesidad de ir a ninguna parte. Convierte ese amor en tu meditación. Medita sobre la vaca».
No crees ningún conflicto. Recuerda, si el amor y la meditación se encuentran en conflicto, la meditación saldrá derrotada. El amor ganará porque el amor es muy hermoso. La meditación sólo puede ganar si vuela con las alas del amor. Emplea al amor como vehículo.
Esto lo que Patanjali quiere decir:

Medita también sobre cualquier cosa que te atraiga.

... cualquier cosa; no hago distinciones. Y no es necesario que te aferres a un solo objeto, porque los objetos pueden cambiar. Esta mañana puedes sentir que sientes amor hacia tu hijo, y mañana puedes no sentirlo. No crees entonces ningún conflicto. Descubre siempre hacia dónde está fluyendo tu amor; cabalga sobre tu amor. Hoy es hacia una flor, mañana es hacia un niño, pasado mañana amas la luna; éste no es el problema. Todos los objetos son hermosos. Sea lo que sea lo que te atraiga, fluye con naturalidad, cabalga sobre ello, medita sobre ello. Lo importante es ser total, no tener divisiones. En tu ser indiviso, la meditación florece.

Así, el yogui se convierte en el Maestro de todo,
 desde lo infinitesimal hasta lo infinito

Desde lo más pequeño a lo más grande, él se convierte en el Maestro de todas las cosas. La meditación es la puerta al poder infinito. La meditación es la puerta al superconsciente.
Ya eres consciente; entra en las profundidades del incons-ciente. Dirígete a los fundamentos de tu ser. Ve acumulando más y más consciencia de forma que puedas penetrar en el sueño, en el estar dormido. Ve acumulando consciencia en tus horas de vigilia; eso te ayudará a penetrar en el inconsciente. Entonces, acumula más consciencia en el inconsciente y eso te ayudará a entrar en el superconsciente. Se necesita energía. Ahora mismo, tu energía es muy débil, no es suficiente. Crea más energía siendo consciente.
Es como cuando calientas agua, cuando calientas hielo. Si calientas hielo, se funde. A una cierta temperatura se convierte en agua. Entonces has de calentarla más y más si quieres que se evapore. Sigue calentando; entonces, a una cierta temperatura, a unos determinados grados, de repente se produce un salto y se evapora. La cantidad se transforma en calidad. El cambio cuantitativo se convierte en cualitativo. Por debajo de una cierta temperatura es hielo; más allá de esa temperatura se convierte en agua. Por debajo de una cierta temperatura, de nuevo, sigue siendo agua; más allá de esa temperatura se evapora, se convierte en vapor. Cuando es hielo, se encuentra casi sin vida y cerrada: fría, sin calidez suficiente para estar viva. Cuando es agua, fluye más, tiene más vida, no está cerrada. Se ha fundido, es más cálida. Pero el agua sigue un movimiento descendente. Cuando se evapora, la dimensión cambia. Ha dejado de ser horizontal, se convierte en vertical; asciende.
Primero, ve volviéndote más y más atento durante las horas de vigilia. Eso te elevará hasta una cierta temperatura. En realidad es una determinada temperatura de calor interior, una cierta temperatura de consciencia. Esto te ayudará a penetrar en el inconsciente. Entonces, vuélvete más y más consciente en el inconsciente. Será necesario esforzarte más, se creará más energía. Entonces, de repente, un día descubrirás que estás ascendiendo; habrás dejado de tener un peso. Ahora la gravedad no te afectará. Estarás empezando a convertirte en superconsciente.
El superconsciente tiene todo el poder; es omnipotente, es omnisciente, es omnipresente. El superconsciente está en todas partes. El superconsciente contiene todo el poder que es posible, y el superconsciente lo ve todo; se ha convertido en una absoluta claridad de visión.
Eso es lo que Patanjali dice,

Así, el yogui se convierte en el Maestro de todo,
desde lo infinitesimal hasta lo infinito.
 
 



YOGA: LA CIENCIA DEL ALMA, VOL 3

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