Medita también sobre el conocimiento
que te llega durante el sueño.
Simplemente te deslizas en el sueño como si fuera una cierta
clase de ausencia. No lo es; tiene una presencia propia. El estar dormido
no es solamente la negación del estar despierto. Si lo fuera, entonces
no habría nada sobre lo que meditar. El dormir no es como la oscuridad,
como una ausencia de luz; no. El dormir, tiene su propia positividad. Existe,
y existe al igual que existe tu estar despierto. Y cuando medites y los
misterios del sueño te sean revelados, entonces descubrirás
que no existe diferencia alguna entre estar despierto y estar dormido.
Ambos existen por sí mismos. El dormir no es solamente dejar de
estar despierto; es una clase de actividad diferente. De ahí los
sueños.
Soñar es una actividad tremenda, más poderosa que tu
pensar, más importante, porque pertenece a una parte de tu ser más
profunda que el pensar. Cuando te duermes, la mente que funcionó
todo el día se encuentra cansada, agotada. Es una mente diminuta,
una décima parte comparada con el inconsciente que es nueve veces
más grande y poderoso. Y si la comparas con el superconsciente,...
la comparación no es posible, porque el superconsciente es infinito,
el superconsciente es omnipotente, omnipresente, omnisciente. El superconsciente
es lo que Dios es. Incluso comparado con el inconsciente, el consciente
es muy pequeño. Se cansa, necesita descanso para recargarse. El
consciente se apaga. Durante el sueño empiezas una frenética
actividad: el soñar.
Y ¿por qué ha sido despreciado? Porque la mente ha sido
entrenada para sentirse identificada con el consciente, de forma que pienses
que durante el sueño dejas de existir. Por eso el dormir parece
una pequeña muerte. Nunca piensas en lo que entonces sucede. Patanjali
dice, «Medita sobre ello y descubrirás muchas cosas en tu
propio ser».
Te llevará algo de tiempo penetrar conscientemente en el sueño,
porque incluso cuando estás despierto no eres consciente. De hecho,
te mueves estando despierto como si estuvieras profundamente dormido, como
un sonámbulo, como uno que camina estando dormido; no estás
realmente muy despierto. No pienses que porque tus ojos están abiertos,
eres consciente. Ser consciente significa que hagas lo que hagas o suceda
lo que suceda en todo momento, lo haces con plena lucidez. Incluso si levanto
mi mano haciéndote una indicación, lo hago con plena consciencia.
Puede ser hecho de una forma robótica, mecánica; no eres
consciente de lo que le sucede a la mano. En realidad, no la has movido.
Se ha movido por sí misma, es inconsciente. Por eso es tan difícil
penetrar en tu propio sueño.
Pero si uno lo intenta... En lo primero que hay que esforzarse es:
mientras estés despierto permanece más atento, porque allí
es donde has de empezar a esforzarte. Caminando por la calle, camina siendo
plenamente consciente, como si estuvieras haciendo algo sumamente importante.
Es muy importante. Deberías dar cada paso con plena atención.
Si puedes hacerlo, solamente entonces serás capaz de penetrar en
el sueño.
Ahora mismo tu consciencia es muy difusa. En el instante en que tu
mente consciente se desconecta, esa débil consciencia desaparece
como una pequeña onda. No tiene energía, es muy, muy débil,
como un parpadeo, con voltaje cero. Has de comunicarle más energía,
tanta energía que cuando la mente consciente se desconecte, esa
consciencia pueda continuar por sí misma y tú te duermas
siendo consciente. Esto puede suceder si realizas todas tus otras actividades
con consciencia: caminar, comer, dormir, bañarte. Intenta durante
el día que todo lo que hagas se convierta en una excusa para el
adiestramiento interior de tu plena consciencia. Así, la actividad
se convierte en algo secundario. El ser consciente durante esa actividad
se convierte en lo principal.
Cuando por la noche ceses en tu actividad y te vayas a dormir, esa
consciencia continuará. Incluso mientras te estés durmiendo,
esa consciencia se convertirá en un observador: sí, el cuerpo
se está durmiendo. Poco a poco, el cuerpo se va relajando. Tú
no lo verba-lizas; simplemente observas como, poco a poco, los pensamientos
van desapareciendo. Observa los espacios. Poco a poco, el mundo se va volviendo
muy, muy distante. Vas acercándote a los fundamentos de tu ser,
al inconsciente. Si eres capaz de dormirte siendo consciente, solamente
entonces será posible que esa continuidad perdure durante toda la
noche. Eso es lo que Patanjali quiere expresar al decir, «Medita
también sobre el conocimiento que te llega durante el sueño».
Y el soñar puede aportarte mucho conocimiento porque es tu casa
de los tesoros, tu almacén de muchas, muchas vidas. Y has estado
acumulando allí muchas cosas. Trata primero de ser consciente mientras
estás despierto, mientras estás en estado de vigilia, y luego,
por sí misma, la consciencia se convertirá en algo tan poderoso
que no importará en qué actividad te encuentres implicado;
no habrá diferencia entre caminar de verdad o caminar en sueños.
Y cuando por primera vez te duermas siendo consciente, verás
cómo cambia tu mecanismo. Incluso sentirás el click del instante
en que desaparece el estado de vigilia, de la mente que se apaga; comienza
otro reino. El ser ha cambiado de marcha. Entre esas dos marchas hay un
pequeño punto muerto. Porque siempre que cambias de marcha, has
de pasar por el punto muerto. Poco a poco, te irás volviendo consciente
no sólo del cambio de marcha, sino del espacio entre las dos y en
ese espacio alcanzarás tu primer vislumbre del superconsciente.
Cuando la mente consciente cambia al inconsciente, tan sólo
durante un ínfimo instante, serás capaz de contemplar el
superconsciente. Pero ése es un capítulo posterior de la
historia; lo menciono sólo de pasada. Primero, tendrás que
ser consciente del inconsciente y eso supondrá un tremendo cambio
en tu vida.
Cuando empieces a observar tus sueños, descubrirás que
existen cinco tipos de sueños. La primera clase de sueños
es pura basura. Y muchos miles de psicoanalistas están trabajando
en esa basura. No sirve de nada. Aparece porque con el transcurso del día,
trabajando durante todo el día, acumulas mucha basura. Es igual
que cuando el cuerpo se ensucia y necesitas un baño, necesitas limpiarte.
De la misma forma, la mente acumula suciedad. Y no existe un medio para
poder limpiar la mente, de forma que la mente posee un mecanismo automático
para librarse de toda la basura, de toda la suciedad. El soñar no
es nada más que la nube de polvo que levanta la mente al limpiarse;
la primera clase de sueños. Y ésa es la clase más
numerosa de sueños; casi el noventa por ciento. Casi el noventa
por ciento de sueños son simplemente polvo que es limpiado; no les
prestes mucha atención. Y, poco a poco, a medida que tú consciencia
vaya creciendo, serás capaz de ver que es suciedad.
La segunda clase de sueños es una especie de satisfacción
de tus necesidades. Existen muchas necesidades—necesidades naturales—pero
los sacerdotes y los mal llamados maestros religiosos han envenenado tu
mente. No te permiten ni siquiera satisfacer tus necesidades fundamentales.
Las han condenado por completo. Y esa condena ha penetrado en ti, de modo
que suspiras por satisfacer muchas de esas necesidades. Esas necesidades
insatisfechas demandan cumplimiento. Y la segunda clase de sueños
no es nada más que una satisfacción de esas necesidades.
Sea lo que sea lo que hayas negado a tu ser—debido a los sacerdotes y a
los envenenadores—en sueños la mente trata de satisfacerlo de una
u otra forma.
El otro día un joven vino—muy sensible, muy sensitivo—y me preguntó,
«He venido para plantearte una pregunta muy importante, pues toda
mi vida depende de ella. Mis padres me están obligando a casarme
y yo no veo que eso sea importante, de forma que he venido para preguntar:
¿Es importante o no es importante el matrimonio? ¿Debería
o no debería casarme?» Yo le dije, «Cuando tienes sed,
¿preguntas si el beber es o no es importante? ¿He de beber
o no he de beber agua?» La pregunta de si es importante, no surge.
La pregunta es si estás o no estás sediento. Puede que el
agua y el beber sean importantes, pero eso es irrelevante. Lo importante
es si tú tienes o no tienes sed. Y sé que aunque bebas una
y otra vez, volverás a tener sed. De modo que la mente puede decir,
«¿Qué importancia tiene, cuál es su propósito:
beber una y otra vez y tener sed siempre? Parece ser simplemente una rutina.
Parece que no contiene significado alguno».
Ésta es la forma en que la mente consciente ha estado intentando
controlar todo tu ser, porque la importancia de algo pertenece a la mente
consciente. La mente inconsciente no sabe de importancias. Sabe lo que
es el hambre, sabe lo que es la sed, sabe lo que es una necesidad; no sabe
si son importantes. De hecho, la vida no tiene ningún significado.
Si lo preguntas, vas camino del suicidio. La vida carece de significado;
simplemente es, y existe de una forma tan hermosa sin significado que no
tiene porque tenerlo. ¿Qué significado tiene la existencia
de un árbol, o el sol que sale cada día por la mañana,
o la luna por la noche? ¿Cuál es el significado de un árbol
floreciendo? ¿Y cuál es el significado de los pájaros
cantando por la mañana y de los ríos fluyendo y de las olas—esas
tremendas olas del océano—golpeando una y otra vez contra las rocas?
¿Cuál es su significado?
El Todo carece de significado. El Todo existe de forma absolutamente
hermosa sin significado alguno. De hecho, si tuviera un significado,
el Todo no podría haber sido tan hermoso. Porque con lo significativo
se introduce el cálculo, con lo significativo se introduce la astucia,
con lo significativo se introduce la razón, con lo significativo
se introduce la división: eso es importante, esto no es importante;
esto es más importante, eso es menos importante. El Todo existe
sin ninguna distinción. Todo es absolutamente hermoso simplemente
por estar ahí, no por tener algún significado. Nada tiene
un propósito.
De modo que le dije al joven, «Si preguntas sobre si es importante,
estás planteando una pregunta equivocada y eso te conducirá
por un camino equivocado»—ésa es la forma en que los sacerdotes
se han vuelto tan poderosos: haces preguntas equivocadas y ellos te proporcionan
falsas respuestas.
Le dije, «Simplemente obsérvate a ti mismo. ¿Necesitas
a una mujer para sentirte satisfecho? ¿Suspira todo tu ser
por tener amor? Porque el amor es un hambre, una sed. Cuando ves a una
hermosa mujer pasando por tu lado, ¿sucede de repente algo en ti?
¿Una oleada, algo invisible, un cierto cambio? ¿No sucede
nada? Sigues caminando igual que caminabas, como si la mujer no hubiera
pasado. Si vas por una calle y una hermosa mujer pasa junto a ti y tú
sigues caminando de la misma forma que lo hacías antes de que ella
pasara, si nada ha sucedido, si en tu ser no ha aparecido ni una sola oscilación,
ni un murmullo, entonces no hay necesidad de que te cases, pero no preguntes
sobre su importancia.
Pero si algo sucede, si empiezas a caminar un poco más de prisa,
si empiezas a entonar una canción, si empiezas a mirar a esa hermosa
mujer, o empiezas a evitarla... si algo así sucede—no me refiero
a si empiezas a ir en la misma dirección en que va la mujer, o empiezas
a correr en la dirección opuesta; eso no es importante—si algo sucede,
entonces tienes una necesidad y esa necesidad ha de ser satisfecha. Porque
una necesidad existe para ser satisfecha. Puede que llegue un día
en el que cruces la calle y el encontrarte con una mujer carezca de importancia.
También esto es bueno, pero también aquello es bueno. Todo
es sagrado y santo. Existe un momento para estar enamorado y existe un
momento para trascenderlo. Existe un tiempo para relacionarse y disfrutar
con la relación y existe un tiempo para estar solo para disfrutar
de la belleza del descanso. Y todo es bello».
Pero uno debería atender a la necesidad y no a la importancia.
Lo importante pertenece a la mente consciente; la necesidad pertenece al
inconsciente. Y de esta forma la segunda clase de sueños aparece:
continúas reprimiendo tus necesidades; entonces la mente las satisface
en los sueños. Puede que no te cases, que hayas leído grandes
libros y te encuentres envenenado por los pensadores y que ellos hayan
moldeado tu mente según unas determinadas pautas; entonces dejas
de estar abierto a la Existencia misma; las filosofías te han cegado.
Entonces empiezas a reprimir tus necesidades. Y luego estas necesidades
emergerán, surgirán, durante el sueño, porque el inconsciente
no sabe de filosofías, el inconsciente no conoce ni propósitos,
ni importancias. El inconsciente solamente sabe una cosa: lo que
necesita tu ser para sentirse satisfecho.
Entonces el inconsciente provoca su propia clase de sueños.
Ésta es la segunda clase de sueños. Es muy importante comprenderlos
y meditar sobre ellos porque el inconsciente está tratando de decirte
«¡No seas tonto! Sufrirás por ello. No hagas pasar hambre
a tu ser. No seas un suicida y no vayas suicidándote lentamente
al eliminar tus necesidades».
Recuerda: los deseos pertenecen a la mente consciente; las necesidades
al inconsciente. Y comprender esa distinción es muy, muy importante,
muy significativo.
Los deseos pertenecen a la mente consciente. El inconsciente no sabe
de deseos, al inconsciente no le preocupan los deseos. ¿Qué
es un deseo? El deseo surge de tu pensar, de tu condiciona-miento, de tu
adiestramiento. Te gustaría ser presidente de un país; al
inconsciente esto no le preocupa. El inconsciente no está interesado
en ser el presidente de una nación; el inconsciente solamente está
interesado en cómo ser una unidad orgánica satisfecha. Pero
la mente consciente dice, «Conviértete en presidente.
Y si para ser presidente has de sacrificar a tu mujer, entonces sacrifícala.
Si has de sacrificar tu cuerpo, sacrifícalo. Si has de sacrificar
tu descanso, sacrifícalo. Conviértete en el presidente de
la nación». O acumula riquezas; eso pertenece a la mente consciente.
El inconsciente no sabe de riquezas, el inconsciente solamente conoce lo
natural. Está incontaminado por la sociedad. Es como los animales,
como los pájaros, como los árboles. El inconsciente
no ha sido condicionado por la sociedad, por los políticos. Sigue
siendo puro.
Atiende a los sueños de la segunda clase y medita sobre ellos
y te indicarán qué es lo que necesitas. Satisface las necesidades
y no te preocupes por los deseos. Si quieres ser realmente feliz, satisface
tus necesidades y no te preocupes por los deseos. Si quieres ser desgraciado,
reprime tu necesidades y persigue los deseos.
Así es como te has convertido en un desgraciado. La cosa es
muy simple; tanto si eres feliz como desgraciado, la cosas son muy simples.
Un hombre que atiende a sus necesidades y las sigue, es igual que un río
fluyendo hasta el océano... el río no pregunta si ha de fluir
hacia el este o hacia el oeste; simplemente busca el camino. Este u oeste
son indistintos. El río que fluye hacia el océano no sabe
de deseos; solamente conoce sus necesidades. Por eso los animales parecen
ser tan felices. ¿No tienen nada y son tan felices? ¿Y tú
tienes tantas cosas y eres tan desgraciado? Incluso los animales te sobrepasan
en su belleza, en su felicidad. ¿Qué es lo que ocurre? Los
animales no poseen una mente consciente para controlar y manipular el inconsciente;
no está dividido.
La segunda clase de sueños contiene muchas cosas que revelarte.
Con los de la segunda clase empiezas a cambiar tu consciencia, empiezas
a cambiar tu comportamiento, empiezas a cambiar tu modelo de vida. Atiende
a tus necesidades; atiende siempre a lo que tu inconsciente diga. Y recuerda
siempre: el inconsciente está en lo cierto porque posee la sabiduría
intemporal. Tú has existido durante millones de vidas. El consciente
pertenece a esta vida; ha sido educado en las escuelas y en las universidades
y por la familia y por la sociedad en la que has nacido por coincidencia.
Pero el inconsciente contiene todas las experiencias de todas tus vidas.
Contiene la experiencia de cuando fuiste una roca, contiene la experiencia
de cuando fuiste un árbol, contiene la experiencia de cuando fuiste
un animal; lo contiene todo, todo el pasado. El inconsciente es tremendamente
sabio y el consciente es tremendamente estúpido. Ha de ser así
porque el consciente sólo pertenece a esta vida, es muy pequeño,
sin experiencia; es muy infantil. El inconsciente es la sabiduría
eterna. Escúchalo.
En la actualidad el psicoanálisis en Occidente solamente hace
esto y nada más: escucha esa clase de sueños y cambia tu
pauta de vida de acuerdo a ellos. Y el psicoanálisis ha ayudado
a mucha gente. Tiene sus propias limitaciones, pero ha sido de ayuda porque,
al menos, esta parte—el prestar atención a los sueños de
la segunda clase—hace que tu vida sea más relajada, menos tensa.
Luego existe una tercera clase de sueños. Esta tercera clase
de sueños es una comunicación desde el superconsciente. La
segunda clase de sueños es una comunicación desde el inconsciente.
La tercera clase de sueños no abunda, porque hemos perdido todo
contacto con el superconsciente. Pero aún así surge, porque
el superconsciente es tuyo. Puede que se haya convertido en una nube y
haya desaparecido del cielo, puede que se haya evaporado, puede que esté
muy lejos, pero todavía está anclado en ti.
La comunicación desde el superconsciente es muy escasa. Cuándo
estás muy, muy alerta, solamente entonces puedes empezar a percibirla.
Si no, se pierde entre el polvo que la mente arroja en los sueños
y en la satisfacción de los deseos en los que la mente va soñando;
cosas incompletas, reprimidas. Desaparecerá. Pero cuando te vuelves
consciente es como un diamante brillando, absolutamente distinto de todas
las piedras que le rodean.
Cuando puedas sentir y descubrir un sueño que procede del superconsciente,
obsérvalo, medita sobre él, porque se convertirá en
tu guía, te conducirá a tu Maestro, te llevará al
modo de vida que encaja contigo, te conducirá a la verdadera disciplina.
Ese sueño se convertirá en una profunda guía interior.
Con el consciente puedes encontrar a un maestro, pero el maestro no será
más que un profesor. Con el inconsciente puedes encontrar un maestro,
pero el maestro no será más que un amante; te enamorarás
de una determinada personalidad, de un cierto tipo. Pero sólo el
superconsciente puede conducirte al verdadero Maestro. Entonces él
no es un profesor; tú no te encuentras extasiado con lo que él
dice, no te quedas deslumbrado; más bien, al contrario, tu superconsciente
te indica que ese hombre encajará contigo, que ese hombre será
la auténtica posibilidad de que tú crezcas, que ese hombre
podrá convertirse en tus cimientos.
Hay luego una cuarta clase de sueño: el que surge de las vidas
pasadas. No es escaso; aparece en numerosas ocasiones. Pero en tu interior
todo está confuso; no puedes distinguir nada. No estás ahí
para poder distinguir.
En Oriente hemos trabajado mucho esta cuarta clase de sueños.
Debido a estos sueños nos dimos de bruces con el fenómeno
de la reencarnación. Con estos sueños, te vas, poco a poco,
volviendo consciente de tus vidas pasadas. Vas yendo hacia atrás,
retrocedes en el tiempo. Entonces muchas cosas empiezan a cambiar en ti,
porque si incluso en un sueño eres capaz de recordar quién
eras en tu vida pasada, muchas cosas dejarán de ser importantes
y muchas otras nuevas cosas adquirirán importancia. El conjunto
cambia, tu gestalt cambia.
Debido a que acumulaste demasiada riqueza en una vida pasada, moriste
como el hombre más rico del país... y en tu interior eras
un mendigo... y otra vez estás haciendo lo mismo en esta vida. De
repente, la gestalt cambiará. Si eres capaz de recordar lo que hiciste
y cómo todo se convirtió en nada, si eres capaz de recordar
las muchas vidas, las numerosas ocasiones que has estado haciendo lo mismo
una y otra vez... eres como un disco rayado, un círculo vicioso;
empiezas con lo mismo y acabas con lo mismo. Si eres capaz de recordar
algo de tus vidas, te sorprenderá de repente el ver que nunca has
hecho nada nuevo. Una y otra vez acumulaste riqueza; una y otra vez trataste
de ser políticamente poderoso; una y otra vez te convertiste en
excesivamente erudito; una y otra vez te enamoraste, y una y otra vez te
alcanzó el sufrimiento que conlleva el amor. Cuando ves esta repetición,
¿cómo puedes seguir siendo el mismo? De repente, esta vida
es transfigurada. No puedes seguir en la misma rutina por más tiempo.
Por esto en Oriente la gente ha estado preguntando y preguntando durante
milenios, «¿Cómo puedo salir de esta rueda de vidas
y muertes?» Parece ser la misma rueda, parece ser la misma historia
una y otra vez; una repetición. Si lo desconoces, entonces piensas
que haces cosas novedosas y te excitas sobremanera. Y yo puedo ver que
has estado haciendo esas mismas cosas una y otra vez.
En la vida no hay nada nuevo; es una rueda, surca el mismo camino.
Debido a que te vas olvidando del pasado, sientes tanta excitación.
Una vez recuerdas, toda excitación desaparece. En ese recordar,
surge el sanyas.
El sanyas es un esfuerzo para salirse de la rutina del samsar. Es un
esfuerzo para saltar fuera de la rueda, es decirse a uno mismo, «¡Ya
basta! Voy a dejar de participar en esta misma vieja estupidez. Voy a salir
de ella». El sanyas es salirse por completo de la rueda; no de la
sociedad, sino de tu propia rueda interior de vidas y muertes. Ésta
es la cuarta clase de sueños.
Entonces existe una quinta clase de sueños; la última
clase. La cuarta clase es retroceder hacia tu pasado; la quinta clase es
avanzar hacia el futuro. Es muy, muy escasa. Sucede sólo a veces;
cuando te encuentras muy, muy vulnerable, abierto, flexible. El pasado
alarga su sombra y el futuro alarga su sombra y se refleja en ti. Si puedes
llegar a ser consciente de tus sueños, algún día también
serás consciente de esta posibilidad: el futuro mira hacia ti. De
repente, simplemente se abre una puerta y el futuro entra en comunicación
contigo.
Esos son los cinco tipos de sueños. La psicología moderna
comprende solamente los de la segunda clase. La psicología rusa
comprende solamente los de la primera clase. Los otros tres tipos, las
otras tres clases, son casi desconocidos, pero el Yoga los comprende todos.
Si meditas y en sueños te vuelves consciente de tu ser interior,
sucederán muchas más cosas. Lo primero: poco a poco, cuanto
más consciente vayas siendo de tus sueños, menos y menos
te convencerá la realidad de tus horas de vigilia. De ahí
que los hindúes digan que el mundo es como un sueño. Ahora
mismo, justo lo contrario es lo que ocurre: debido a que la realidad del
mundo de tus horas de vigilia te convence tanto, piensas mientras sueñas
que esos sueños son también reales. Nadie siente—mientras
está soñando—que el sueño es irreal. Mientras sueñas
parece perfecto, parece absolutamente real. Por la mañana podrás
darte cuenta de que fue un sueño, pero eso carece de importancia
porque entonces otra mente es la que estará funcionando. Esta mente
no fue en absoluto testigo de ello; esta mente sólo ha oído
el rumor. Esta mente consciente que se despierta por la mañana y
dice que todo fue un sueño, esta mente no fue testigo de ello. ¿Cómo
va a decir pues algo? Simplemente ha oído algún rumor. Es
como si estuvieras dormido y dos personas estuvieran hablando, y tú—mientras
duermes y debido a que hablan en voz alta—oyes unas palabras de aquí
y allí y te quedas con un revoltijo de impresiones.
Esto es lo que sucede: mientras el inconsciente crea los sueños
hay una tremenda actividad. El consciente se encuentra dormido y tan sólo
oye murmullos, y por la mañana dice, «Todo es falso. Sólo
fue un sueño». En este mismo momento, si estás soñando
sentirás que es absolutamente real. Incluso las cosas absurdas parecen
ser reales, lo ilógico parece real, porque el inconsciente no conoce
la lógica. En sueños caminas por una carretera y ves venir
un caballo; de repente el caballo deja de ser un caballo, el caballo se
ha convertido en tu esposa. Y a tu mente no se le ocurre pensar «¿Cómo
puede ser posible? ¿Cómo puede haberse transformado tan de
repente el caballo en mi mujer?» No surge ninguna duda, no hay problema.
El inconsciente desconoce la duda. Incluso crees en un fenómeno
tan absurdo; estás convencido de su realidad.
Justo lo contrario sucede cuando te vuelves consciente de los sueños
y sientes que eran realmente sueños, que nada es real; sólo
un psico-drama, un drama mental. Tú eres el escenario y tú
eres los actores y tú eres el que escribe la historia y tú
eres el director y tú eres el productor y tú eres el espectador;
no existe nadie más; es una simple creación de la mente.
Cuando te vuelves consciente de esto, entonces el mundo de tus horas de
vigilia cambia. Descubrirás entonces que sucede lo mismo;
en un escenario mayor, pero el sueño es el mismo.
Los hindúes denominan a este mundo «maya», ilusorio,
un sueño, una proyección mental. ¿Qué quieren
decir? ¿Quieren decir que es irreal? No, no es irreal. Pero cuando
tu mente se entremezcla, tú mismo creas de ello un mundo irreal.
No vivimos en el mismo mundo; todo el mundo vive en su propio mundo. Hay
tantos mundos como mentes. Cuando los hindúes dicen que esos mundos
son maya, quieren decir que la realidad más la mente, es maya. No
sabemos lo que es la realidad, eso que existe de por sí. La realidad
más mente es ilusión, maya. Cuando alguien, un Buda, Despierta
por completo, entonces descubre la realidad sin la mente. Entonces es la
Verdad, el Brahman, lo Supremo. Le sumas la mente y todo se convierte en
un sueño, porque la mente es eso que crea los sueños. Si
le quitas la mente, nada puede convertirse en un sueño; sólo
la realidad permanece en su pureza cristalina. La mente es como un espejo.
En el espejo se refleja el mundo. Ese reflejo no puede ser real, ese reflejo
es simplemente un reflejo. Cuando el espejo desaparece, el reflejo desaparece.
Ahora puedes ver lo real.
Una noche de luna llena y el lago se encuentra en silencio y la luna
es reflejada en el lago y tratas de alcanzar la luna. Esto es lo que todo
el mundo ha estado tratando de hacer durante muchas vidas: tratando de
alcanzar la luna en el espejo del lago. Y evidentemente nunca tienes éxito;
no puedes tenerlo, no es posible. Uno ha de olvidarse del lago y mirar
exactamente en la dirección opuesta. Ahí está la luna.
La mente es el lago en el que el mundo se convierte en ilusorio. Tanto
si sueñas con los ojos cerrados como si sueñas con los ojos
abiertos, no importa. Si la mente se encuentra presente, todo lo que sucede
es un sueño. Éste será tu primer descubrimiento si
meditas sobre los sueños.
Y lo segundo que descubrirás será que tú eres
un testigo, que el sueño está allí, pero tú
no formas parte de él. Tú no eres parte de tu mente; tú
la trasciendes. Estás en la mente, pero no eres la mente. Lees a
través de la mente, pero no eres la mente. Utilizas la mente, pero
no eres la mente. De repente eres un testigo, has dejado de ser una mente.
Y éste testigo es la realización final, suprema. Entonces,
tanto si sueñas de dormido como si sueñas mientras estás
despierto, no hay diferencia; sigues siendo un testigo. Permaneces en el
mundo, pero el mundo no puede penetrar en ti. Las cosas están ahí,
pero la mente no está en las cosas y las cosas no están en
la mente. De repente, aparece el testigo y todo cambia.
Es muy, muy sencillo una vez descubres su truco. Si no, parece muy,
muy difícil, casi imposible. ¿Cómo ser consciente
mientras se sueña? Parece imposible, pero no lo es. Te llevará
de tres a nueve meses si cada noche al irte a dormir, mientras te estás
durmiendo, tratas de mantenerte alerta y observando. Pero recuerda, no
trates de mantenerte alerta en un sentido activo, porque si lo haces no
conseguirás dormirte. Sólo una alerta pasiva, suelta, natural,
relajada, como mirando desde la esquina, sin ponerle demasiada actividad;
simplemente una consciencia pasiva, sin implicarse demasiado. Sentado a
la orilla y el río fluyendo junto a ti y tú simplemente observas.
Te llevará de tres a nueve meses. Entonces, algún día,
de repente el sueño estará cayendo sobre ti como una cortina
oscura, como una pantalla oscura, como si el sol se hubiera puesto y la
noche descendiera. Se asienta a tu alrededor, pero en tu interior una llama
sigue ardiendo. Estás observando, silencioso, pasivo; entonces empieza
el mundo de los sueños. Entonces son interpretadas muchas obras,
muchos psico-dramas, y tú sigues observando. Poco a poco, van apareciendo
las diferencias; ahora puedes ver qué clase de sueño es.
Entonces, de repente, un día te das cuenta de que es lo mismo que
estando despierto. No existe una diferencia cualitativa. Todo se convierte
en ilusorio. Y cuando el mundo es ilusorio, solamente el testigo es real.
Esto es a lo que Patanjali se refiere cuando dice, «Medita también
sobre el conocimiento que te llega durante el sueño». Y eso
te convertirá en un hombre realizado.
Medita también sobre cualquier cosa que te atraiga
Medita sobre la cara de tu amado; medita. Si amas las flores, medita
sobre una rosa. Medita sobre la luna, sobre lo que quieras. Si amas la
comida, medita sobre la comida. ¿Por qué dice Patanjali,
«... cualquier cosa que te atraiga»? Porque la meditación
no ha de ser un esfuerzo obligado. Si es obligado, está condenado
al fracaso desde el mismo comienzo; algo obligado nunca te hará
natural. Por esto, desde el mismo principio, descubre algo que te atraiga.
No hay necesidad de crear conflictos innecesarios. Y has de entender esto,
porque la mente tiene una capacidad natural para meditar si le proporcionas
objetos que la atraigan.
En una pequeña escuela, un niño está escuchando:
los pájaros están gorjeando en los árboles y él
escucha; está absorto escuchando. Está en comunión.
Se ha olvidado del maestro, ha olvidado la clase. Ha dejado de estar allí;
él es una atención extática. La meditación
ha surgido. Entonces el maestro le dice, «¿Qué haces?
¿Estás dormido? ¡Concéntrate en la pizarra!»
Entonces el chico ha de esforzarse, lo ha de intentar. Esos pájaros
nunca le dijeron al niño, «¡Presta atención!
¡Escucha cómo cantamos!» Simplemente sucedió
porque el niño sentía una profunda atracción. La pizarra
parece poco atractiva y su maestro tiene un aspecto feroz, y todo resulta
una obligación. Lo intenta, pero mediante el esfuerzo nadie puede
meditar. Una y otra vez la mente se escapa. Muchas son las cosas que suceden
fuera de la clase: de repente un perro empieza a ladrar, un mendigo pasa
cantando, o alguien toca la guitarra. En el exterior ocurren millones de
cosas y él tiene que enfocar su atención una y otra vez en
la pizarra, en la fea aula.
Hemos construido escuelas a modo de prisiones. En la India, los edificios
de la escuela y de la prisión son del mismo color: rojos. Las aulas
son repugnantes. Allí no hay nada atractivo: ni juguetes, ni música,
ni árboles, ni pájaros; nada. El aula se ha construido para
obligar a tu atención. Has de aprender a concentrarte.
Y ésta es la diferencia entre concentración y meditación.
La concentración es algo obligado; la meditación es natural.
Patanjali dice,
Medita también sobre cualquier cosa que te atraiga.
Entonces, espontáneamente, todo tu ser empieza a florecer. Simplemente
mira la cara de tu amado. Medita sobre sus ojos.
Generalmente los maestros religiosos te dirán, «¿Qué
estás haciendo? ¿Es esto meditación?» Te enseñan
a no pensar en tu amado mientras estás meditando. Creen que es una
distracción. Y esto es algo muy sutil que ha de ser comprendido:
en el mundo no existen distracciones. Si haces esfuerzos que no son naturales,
entonces aparecen las distracciones. Tú las creas. A todo tu ser
le gustaría contemplar la cara de tu esposa, de tu marido, de tu
hijo, y el maestro religioso te dice, «Eso son distracciones, son
fantasías. Ve al templo, a la iglesia; medita sobre la cruz».
Meditas sobre la cruz. Una y otra vez te acuerdas de tu amada. Ahora, la
cara de tu amada se convierte en una distracción. No es que sea
una distracción, no hay nada de especial en meditar sobre la cruz.
Simplemente eres estúpido. ¿Qué necesidad hay de ir
y meditar sobre la cruz? Si te atrae, bien, pero no hay una necesidad implícita.
La cruz no contiene una cualidad especial.
De hecho, siempre que surge la meditación, aparece una cualidad
especial. La meditación aporta una cualidad especial. No está
en el objeto; está en ti. Cuando meditas sobre algo, le das tu ser
interior. De repente se convierte en sagrado. Los objetos no son sagrados;
la meditación los hace sagrados. Puedes meditar sobre una roca,
y de repente la roca se convierte en el templo. Ningún Buda es tan
hermoso como esa roca si meditas sobre ella. ¿Qué es meditación?
Es cubrir la roca con tu consciencia. Es dar vueltas alrededor de la roca,
absorto en tan profunda comuni-cación, que aparece un puente entre
tú y la roca. La separación desaparece; estáis unidos.
En realidad, no sabes quién es el observador y quién es lo
observado. El observador se convierte en lo observado; lo observado se
convierte en el observador. Ahora no sabes quién es la roca y quién
es el meditador. De repente, las energías se encuentran y se mezclan,
y allí está el templo. No crees innecesariamente distracciones,
pues entonces te convertirás en un desgraciado.
Vino alguien que había estado practicando una cierta clase de
mantra durante muchos años y me dijo, «Una y otra vez me distraigo».
Yo le pregunté, «¿Qué te distrae?» Su
esposa había muerto y él la amaba mucho. Yo conocía
a esa mujer; era realmente una bella persona. Él nunca volvió
a casarse. Realmente la amaba. Ninguna otra mujer le atrajo nunca. Ahora
ella ha muerto y surge el vacío y él experimenta su soledad.
Debido a esta soledad acudió a un maestro, «¿Cómo
puedo librarme del recuerdo de mi esposa?» Y él le dio un
mantra. Estuvo entonando el mantra durante al menos tres años
y siempre que entonaba el mantra como un robot, una y otra vez, aparecía
la mujer, aparecía el rostro. No era capaz de olvidar a la mujer.
El mantra no resultó tener la potencia suficiente. Por eso vino
aquí muy afligido. Dijo, «Han pasado tres años y me
sigue acechando siempre su recuerdo y parece que no puedo quitármelo
de encima. Ni incluso este mantra me ha ayudado. Y lo he estado practicando
absoluta y religiosamente durante tres años». Le dije, «Eres
un estúpido. No tienes necesidad de utilizar este mantra. Repite
el nombre de tu esposa; conviértelo en un mantra. Mantén
su foto delante de ti; mira su foto, conviértela en la imagen del
Divino». Él dijo, «¿Qué estás diciendo?
Ella es lo que me distrae». Por esto le dije, «Haz de la distracción
tu meditación. ¿Por qué crear conflictos?»
Una distracción puede convertirse en el objeto mismo de meditación.
Y es una distracción porque en lo profundo tiene un cierto atractivo,
una cierta armonía. Por eso el mantra resultó inútil,
impotente; porque el mantra es algo sobreimpuesto. Alguien pronuncia una
palabra y tú la repites, y la palabra carece para ti de atractivo.
Antes no existía para ti, no está enraizada en ti. La esposa
es algo muy profundo. El amor es más profundo que cualquier mantra:
entonces ¿por qué pierdes tu tiempo? Él dijo, «Lo
intentaré». Y al cabo de unos días me escribió
una carta, «¡Es tremendo! Me siento muy calmado y tranquilo.
Y, realmente, mi mujer es maravillosa. Ni tengo que pensar que me está
distrayendo».
Recuerda esto porque puede que estés haciendo muchas cosas como
ésta. Siempre que sientas que algo te distrae, eso solamente demuestra
que sientes una atracción natural hacia ello; nada más. Entonces,
¿por qué crear un conflicto? Ve en la misma dirección,
conviértelo en objeto de meditación. Sé natural, no
reprimas, no crees conflictos y lo lograrás.
Nadie lo logra nunca a través de conflictos; el conflicto crea
una personalidad dividida. Ve hacia lo que te atrae naturalmente. Entonces
serás uno, entonces serás un todo, entonces no estarás
dividido, entonces serás de una pieza; no serás una casa
dividida contra ella misma. Y cuando te mueves como una sola pieza, en
tu movimiento aparece una danza y no hay nada en ella que no sea divino.
Puede que te sorprenda. Sucedió una vez que un gran monje budista,
Nagarjuna, se encontraba en un pequeño pueblo. Alguien llegó...
alguien se sintió muy atraído por él. Pero el hombre
le dijo, «Tu forma de vida, la forma en que te comportas como un
emperador vestido con las ropas de un mendigo, me atrae profundamente.
También me gustaría convertirme en un hombre religioso, pero
existe un problema. Poseo una vaca y la amo muchísimo. ¡Y
es tan hermosa! No soy capaz de dejarla». Una simple vaca... No tenía
esposa, ni niños, nunca estuvo casado, pero amaba a la vaca. Y mientras
decía esto se sentía un poco estúpido. Dijo, «Digo
esto porque sé que tú lo comprenderás. Pero éste
es todo mi problema: demasiado apego a esa vaca. ¡Y la he criado
y ella siente tanto apego por mí y me ama tanto...! ¿Qué
he de hacer?» A lo que Nagarjuna contestó, «No tienes
necesidad de ir a ninguna parte. Si alguien ama a otro ser tan profundamente,
entonces no hay necesidad de ir a ninguna parte. Convierte ese amor en
tu meditación. Medita sobre la vaca».
No crees ningún conflicto. Recuerda, si el amor y la meditación
se encuentran en conflicto, la meditación saldrá derrotada.
El amor ganará porque el amor es muy hermoso. La meditación
sólo puede ganar si vuela con las alas del amor. Emplea al amor
como vehículo.
Esto lo que Patanjali quiere decir:
Medita también sobre cualquier cosa que te atraiga.
... cualquier cosa; no hago distinciones. Y no es necesario que te aferres a un solo objeto, porque los objetos pueden cambiar. Esta mañana puedes sentir que sientes amor hacia tu hijo, y mañana puedes no sentirlo. No crees entonces ningún conflicto. Descubre siempre hacia dónde está fluyendo tu amor; cabalga sobre tu amor. Hoy es hacia una flor, mañana es hacia un niño, pasado mañana amas la luna; éste no es el problema. Todos los objetos son hermosos. Sea lo que sea lo que te atraiga, fluye con naturalidad, cabalga sobre ello, medita sobre ello. Lo importante es ser total, no tener divisiones. En tu ser indiviso, la meditación florece.
Así, el yogui se convierte en el Maestro de todo,
desde lo infinitesimal hasta lo infinito
Desde lo más pequeño a lo más grande, él
se convierte en el Maestro de todas las cosas. La meditación es
la puerta al poder infinito. La meditación es la puerta al superconsciente.
Ya eres consciente; entra en las profundidades del incons-ciente. Dirígete
a los fundamentos de tu ser. Ve acumulando más y más consciencia
de forma que puedas penetrar en el sueño, en el estar dormido. Ve
acumulando consciencia en tus horas de vigilia; eso te ayudará a
penetrar en el inconsciente. Entonces, acumula más consciencia en
el inconsciente y eso te ayudará a entrar en el superconsciente.
Se necesita energía. Ahora mismo, tu energía es muy débil,
no es suficiente. Crea más energía siendo consciente.
Es como cuando calientas agua, cuando calientas hielo. Si calientas
hielo, se funde. A una cierta temperatura se convierte en agua. Entonces
has de calentarla más y más si quieres que se evapore. Sigue
calentando; entonces, a una cierta temperatura, a unos determinados grados,
de repente se produce un salto y se evapora. La cantidad se transforma
en calidad. El cambio cuantitativo se convierte en cualitativo. Por debajo
de una cierta temperatura es hielo; más allá de esa temperatura
se convierte en agua. Por debajo de una cierta temperatura, de nuevo, sigue
siendo agua; más allá de esa temperatura se evapora, se convierte
en vapor. Cuando es hielo, se encuentra casi sin vida y cerrada: fría,
sin calidez suficiente para estar viva. Cuando es agua, fluye más,
tiene más vida, no está cerrada. Se ha fundido, es más
cálida. Pero el agua sigue un movimiento descendente. Cuando se
evapora, la dimensión cambia. Ha dejado de ser horizontal, se convierte
en vertical; asciende.
Primero, ve volviéndote más y más atento durante
las horas de vigilia. Eso te elevará hasta una cierta temperatura.
En realidad es una determinada temperatura de calor interior, una cierta
temperatura de consciencia. Esto te ayudará a penetrar en el inconsciente.
Entonces, vuélvete más y más consciente en el inconsciente.
Será necesario esforzarte más, se creará más
energía. Entonces, de repente, un día descubrirás
que estás ascendiendo; habrás dejado de tener un peso. Ahora
la gravedad no te afectará. Estarás empezando a convertirte
en superconsciente.
El superconsciente tiene todo el poder; es omnipotente, es omnisciente,
es omnipresente. El superconsciente está en todas partes. El superconsciente
contiene todo el poder que es posible, y el superconsciente lo ve todo;
se ha convertido en una absoluta claridad de visión.
Eso es lo que Patanjali dice,
Así, el yogui se convierte en el Maestro de todo,
desde lo infinitesimal hasta lo infinito.