
La primera palabra es “austeridad”. Los masoquistas han convertido la
austeridad en tortura de uno mismo. Creen que cuanto más torturas
el cuerpo, más espiritual te vuelves. Torturar el cuerpo es el camino
para convertirse en espiritual; eso es lo que entiende el masoquista.
Torturar el cuerpo no es un camino; la tortura es violencia. Tanto
si torturas a los demás como si te torturas a ti mismo, es violencia
y la violencia nunca puede ser religiosa. ¿Cuál es la diferencia
entre torturar el cuerpo de otro y torturar tu propio cuerpo? ¿Cuál
es la diferencia? El cuerpo es el “otro”. Incluso tu propio cuerpo es el
otro. Tu cuerpo está algo más cerca y el cuerpo del otro
está algo más lejos; eso es todo. Y, debido a que tu cuerpo
está más cerca, es más probable que se convierta en
víctima de tu violencia; puedes torturarlo. Y durante miles de años
la gente ha estado torturándolo bajo la falsa idea de que ése
es el camino hacia Dios.
En primer lugar, ¿por qué te ha dado Dios un cuerpo?
No te ha suministrado ningún instrumento para torturar tu cuerpo.
Más bien al contrario, te ha provisto de sensibilidad, sensitividad—gracias
a los sentidos—para disfrutarlo, no para torturarlo. Te ha hecho extremadamente
sensible porque a través de la sensibilidad, la consciencia crece.
Si torturas tu cuerpo, te volverás más y más insensible.
Si te tumbas sobre un lecho de clavos, poco a poco, te irás volviendo
insensible. El cuerpo tendrá que volverse insensible; ¿cómo
si no podrías aguantar continuamente esos clavos? En cierto modo,
el cuerpo se irá muriendo, perderá su sensibilidad. Si permaneces
bajo el tórrido sol continuamente, el cuerpo se protegerá
a sí mismo insensibilizándose. Si te sientas desnudo en los
Himalayas mientras nieva y todo a tu alrededor está cubierto de
nieve, poco a poco, el cuerpo perderá su sensibilidad al frío.
Se convertirá en un cuerpo muerto.
Y con un cuerpo sin vida, ¿cómo vas a ser capaz de percibir
las bendiciones de la Existencia? ¿Cómo podrás sentir
la constante lluvia de bendiciones que está aconteciendo a cada
instante? La Existencia continúa vertiendo millones de bendiciones
sobre ti; no puedes ni siquiera contarlas. En realidad, para convertirte
en un hombre religioso necesitas más sensibilidad, no menos, porque
cuanto más sensible seas, más serás capaz de ver lo
Divino en todas partes. La sensibilidad debería convertirse en el
ojo, en la capacidad de penetrar. Cuando te vuelves absolutamente sensible,
el roce de la más ligera brisa, te entrega el mensaje; e incluso
una hoja corriente agitada por el viento se convierte en un tremendo fenómeno
debido a tu sensibilidad. Miras un guijarro corriente y se convierte en
un Kohinoor. Depende de tu sensibilidad.
La vida es más vida si eres más sensible; la vida es
menos vida si eres menos sensible. Si tienes un cuerpo completamente acartonado,
sin ninguna sensibilidad, la vida en él es nula, la vida desaparece
de allí; estás ya en tu tumba. Los masoquistas han hecho
esto. Su sadhana se ha convertido en un esfuerzo por restar vida al cuerpo
y a la sensibilidad.
Para mí, exactamente lo opuesto es el camino. Austeridad no
significa tortura; austeridad significa llevar una vida sencilla, una vida
austera. ¿Por qué una vida sencilla? ¿Por qué
no una vida muy complicada? Porque cuanto más complicada sea la
vida, menos sensible serás. Un rico es menos sensible que un pobre
porque su esfuerzo por acumular riquezas le hace volverse insensible. Has
de ser insensible si estás dispuesto a acumular riquezas. Te has
de convertir en un absoluto asesino y no preocuparte de lo que les suceda
a los demás. Sigues acumulando tesoros y los demás se mueren.
Te vas volviendo más y más rico y los demás pierden
en ello sus vidas. Un rico ha de ser insensible; si no, no puede ser rico.
Si no ¿cómo va a ser capaz de explotar a los demás?
Sería imposible.
Oí de un hombre muy rico. Mulla Nasrudin fue a verle. Deseaba
algún donativo para un orfanato que dirigía. El rico le dijo,
“De acuerdo Nasrudin, te daré algo, pero has de cumplir con una
condición; y nunca nadie la ha cumplido. Observa mis ojos. Uno es
auténtico y el otro, falso. Si eres capaz de decirme exactamente
cuál es el falso y cuál es el verdadero, te daré el
donativo”.
Nasrudin le miró a los ojos y le dijo, “El ojo izquierdo es
el auténtico y el ojo derecho es el falso”.
Sorprendido, el rico le dijo, “Pero ¿cómo lo adivinaste?”.
Él le contestó, “Pues porque en el ojo izquierdo he visto
algo de compasión. Por esto ha de ser falso”.
Vio algo de compasión, sólo un destello, y por tanto
tenía que ser falso. Un rico no puede ser rico, si es sensible.
Al acumular riquezas, va muriendo.
Hay dos formas de matar tu cuerpo: una es la del camino del masoquista,
mediante la tortura; otra es el camino del rico que acumula riquezas y
basura. Poco a poco, toda la basura que va acumulando se convierte en una
barrera que le impide moverse, que le impide ver, que le impide oír,
que le impide saborear, que le impide oler. Una vida austera significa
una vida sin complicaciones, simple. No es un cultivar la pobreza, recuérdalo,
porque si cultivas la pobreza mediante el esfuerzo, entonces eso mismo
la irá matando.
Una vida sencilla es una vida de gran comprensión, sin cultivar
nada. Convertirse en pobre no es una práctica. Puedes practicar
el ser pobre, pero mediante la práctica, tus sentidos se endurecerán.
La práctica de cualquier cosa te endurece; pierdes flexibilidad,
pierdes suavidad. Dejas de ser flexible como un niño; te vuelves
rígido como un viejo. Lao Tse dice, “La rigidez es muerte; la fluidez
es vida”. Una vida sencilla no es una vida cultivada, ni pobre. No conviertas
la pobreza en tu meta y no trates de cultivarla. Simplemente comprende
que cuanto más sencillos y descargados se encuentren tu cuerpo y
mente, más penetrarás en la Existencia. Completamente descargado,
podrás contactar directamente con la realidad; cargado no podrás
hacerlo. Un rico tiene siempre ante sí su cuenta corriente.
¿Has visto a Isabel, la reina de Inglaterra? No es capaz ni
siquiera de dar la mano sin tener los guantes puestos. No es capaz de entrar
en contacto con lo humano sin tener los guantes puestos. Incluso el contacto
humano parece ser algo impuro, algo repugnante. Una reina, un rey, vive
encapsulado; no es sólo cuestión de la mano. Eso es simplemente
un símbolo para decir que la reina vive en una tumba; ha dejado
de estar viva.
En la edad media, en Europa se creía que los reyes y las reinas
no tenían dos piernas porque nadie les había visto nunca
desnudos. Se pensaba que solamente tenían una pierna. No eran humanos;
vivían distantes.
El ego siempre trata de vivir de forma distante y la distancia te vuelve
insensible. Te vuelves incapaz de acercarte y tocar al niño que
juega en la calle. No puedes acercarte a un árbol y abrazarlo. No
puedes acercarte a la vida; estás simulando que eres superior a
la vida, más grande que la vida, mayor que la vida. Has de crear
una distancia porque sólo entonces crees que podrás tener
un ser mayor que la vida. Pero la vida no pierde nada con tu estupidez;
solamente te estás volviendo más y más insensible.
Estás ya muerto. La vida necesita que estés más vivo.
Cuando Patanjali dice “austeridad”, quiere decir, “Sé simple
y no cultives la simpleza”. Porque la simplicidad cultivada no es simplicidad.
¿Cómo va a ser simple una simplicidad cultivada? Es muy compleja;
la has estado calculando, cultivando, intentando ser simple.
Sé de un hombre. Una vez pasé por el pueblo en el que
vivía. Mi chófer me dijo, “Tu amigo vive aquí, en
las afueras del pueblo”. Así que le dije, “Vale. Me pararé
sólo unos minutos y veré qué está haciendo”.
Él era un monje jaino. Cuando me acerqué a su casa, a través
de la ventana pude verle caminar desnudo. Los monjes jainos tienen cinco
niveles; poco a poco van cultivando el ser sencillos. En el quinto nivel,
en el último, se desnudan. Primero han de llevar tres prendas de
vestir, luego dos, luego una y por fin esa una ha de ser abandonada. Éste
es el más elevado ideal de sencillez: cuando uno va absolutamente
desnudo, sin nada puesto, sin ninguna carga, ni ropa; nada. Pero yo sabía
que ese hombre estaba solamente en el segundo nivel, entonces ¿por
qué iba desnudo?
Llamé a la puerta; él la abrió, pero ahora iba
envuelto en un lunghi. Así que le pregunté, “¿Qué
ocurre? Acabo de verte por la ventana e ibas desnudo”. Él dijo,
“Sí, lo estoy practicando. Estoy practicando el quinto nivel, el
último. Primero lo practico dentro de la casa, luego lo practicaré
con los amigos y luego, poco a poco, iré saliendo por el pueblo
y por último al mundo exterior. He de practicar. Me tomara como
mínimo algunos años abandonar mi timidez y sentirme suficientemente
valiente para salir desnudo al mundo”.
Yo le dije, “Harías mejor en enrolarte en un circo. Irás
desnudo, pero una simpleza practicada no es simpleza; es algo muy calculado.
Eres muy taimado y das cada paso con astucia. En realidad, nunca te desnudarás.
Una desnudez practicada es como llevar de nuevo ropas, unas ropas muy sutiles.
Las estás creando con la práctica”.
Si te sintieras como un niño inocente, simplemente abandonarías
tus ropas y saldrías al mundo. ¿De qué tienes miedo?
¿De que la gente se ría? ¿Qué hay de malo en
su risa? Déjales reír. Tú puedes participar, también
puedes reír con ellos. Se burlarán de ti... pues estupendo,
porque nada mata tanto al ego como que la gente se ría de uno. Es
bueno; te están ayudando. Pero practicándolo durante cinco
años, no conseguirás nada. La desnudez ha de ser inocente
como la de un niño. La desnudez debería ser fruto de la comprensión,
no de una práctica. Mediante la práctica estás tratando
de obtener un sustituto para la comprensión. La inocencia no pertenece
a la mente, no forma parte de tus cálculos, de tus razonamientos.
La inocencia pertenece a la comprensión del corazón”.
La austeridad no puede ser practicada. Simplemente has de echar un
vistazo a la vida y ver que cuanto más complicado te vuelves, menos
sensible eres. Y cuando menos sensibles eres, más te alejas de la
Divinidad que eres. Cuanto más sensible te vuelves, más y
más y más te acercas. Y llegará un día
en que serás sensible hasta las mismas raíces de tu ser;
de repente dejarás de estar ahí. Serás simplemente
pura sensibilidad, sensitividad. Ya no estarás ahí; serás
simplemente consciencia. Entonces todo es hermoso, todo está vivo;
no hay nada muerto. Todo es consciencia; no hay nada vivo, ni nada muerto.
Todo es consciencia; nada es inconsciencia. Al aumentar tu sensibilidad,
el mundo cambia. En el último momento, cuando la sensibilidad
alcanza su clímax total, supremo, el mundo desaparece; sólo
existe Dios. En realidad no se ha de encontrar a Dios; se ha de descubrir
la sensibilidad. Se ha de ser sensible tan totalmente que nada quede excluido,
apartado... y de repente Dios esta ahí. Dios siempre ha estado ahí;
sólo ha ocurrido que no eras sensible.
Para mí, austeridad significa una vida sencilla, una vida de
comprensión. No es necesario que vayas a vivir a una choza, no necesitas
ir desnudo. Puedes vivir de forma sencilla, con comprensión. La
pobreza no te ayudará, pero la comprensión lo hará.
Puedes obligarte a ser pobre, puedes obligarte a ir sucio, pero eso no
te ayudará.
Esto es lo que está ocurriendo en Occidente con los hippies
y otras gentes. Están cometiendo el mismo error que ha estado cometiendo
la India durante mucho tiempo. En el pasado, la India ha conocido toda
clases de hippies. Han llevado la vida más mugrienta. Simplemente—en
nombre de la austeridad—no se bañaban pues decían, “¿Por
qué preocuparse, por qué arreglar el cuerpo?”
¿Sabías que los monjes jainos no se bañan? No
puedes sentarte a su lado; apestan. No se cepillan los dientes. No puedes
hablar con ellos; sus bocas exhalan mal olor, mal aliento. Y creen que
eso es austeridad porque dicen, “Incluso bañar, o limpiar el cuerpo,
es ser materialista. Entonces te relacionas demasiado con el cuerpo. Así
que, ¿por qué preocuparte?” Pero esta clase de actitud es
simplemente desplazarse al otro extremo, de una estupidez a otra.
Hay gente que se ocupa de su cuerpo durante las veinticuatro horas.
Encontrarás mujeres desperdiciando su tiempo delante del espejo.
Ésta es una clase de estupidez: limpiar continuamente, sin darte
cuenta de que sólo es una parte. Está bien, límpiala,
pero no te dediques a ella continuamente durante todo el día, porque
si no, se convierte en una obsesión. Un cuerpo limpio es positivo,
pero una continua obsesión con la limpieza... eso es locura. Hay
gente que continuamente trata de embellecer sus cuerpos. Casi la mitad
de las industrias del mundo se dedican al embellecimiento el cuerpo: polvos,
jabones, perfumes.
La pulcritud es buena, pero no debería convertirse en una obsesión.
Se ha convertido en una obsesión en Occidente y ahora viene el otro
extremo. La gente que se halla preocupada en exceso por el cuerpo, por
su indumentaria y su limpieza y esto y lo otro, son “cabezas cuadradas”.
Pero los hippies se han desplazado al otro extremo; no se preocupan para
nada de eso. Van sucios y su suciedad se ha convertido en una religión.
Es como si por ir sucio fueran a alcanzar algo. Simplemente se están
volviendo más y más insensibles a las bellezas de la vida.
Y debido a que te has vuelto tan insensible, las drogas han adquirido
tanta importancia. Ahora parece que no puedes ser sensible sin drogas químicas.
La realidad es lo contrario: un hombre austero es tan sensible que no necesita
la ayuda de las drogas. Todo aquello que tú experimentas gracias
a las drogas, él lo vive simplemente gracias a su sensibilidad.
Tú ingieres la droga y un árbol corriente se convierte en
un maravilloso fenómeno; cada hoja se convierte en sí misma
en una mundo único... miles de matices de verde en un árbol.
Y cada flor emana luz, se convierte en un prisma. Un árbol corriente
frente al que has pasado tantas veces y al que nunca has mirado, de repente
se transforma en un sueño, en un éxtasis, en un arco iris
de colores. Esto es lo que le sucede a un hombre sensible sin ingerir droga
alguna. Tomar drogas quiere decir que te irás endurecido y amodorrando
y acartonado tanto que necesitarás una agresión química
en tu cuerpo. Solamente entonces, durante unos instantes, la ventana se
abrirá y verás la poesía de la vida... y luego, otra
vez, la ventana se cerrará. Y necesitarás más y más
cantidad de esa droga. Y llegará el momento en que incluso las drogas
no te servirán. Entonces estarás totalmente petrificado.
Vuélvete más sensible, vuélvete más austero.
Y cuando digo “vuélvete”, no me refiero a que practiques; quiero
decir “comprende”. Trata de ver que siempre que eres sencillo las cosas
resultan hermosas. Cuando te vuelves complejo, las cosas se convierten
en un problema. Creas más rompecabezas y todo se convierte en un
lío, las cosas se embrollan.
Vive una vida sencilla, satisface tus necesidades, no tengas deseos
absurdos. Necesitas comida, necesitas vestidos, necesitas un cobijo; se
acabó. Necesitas alguien a quien amar, necesitas que alguien te
ame. Amor, comida, cobijo; es sencillo, pero creas millones de deseos.
Si quieres un Rolls Royce entonces surgen las dificultades. Si necesitas
un palacio, o no te sientes satisfecha con la mujer que eres, si necesitas
ser una Miss Universo—y todas tus Misses Universo están casi muertas—estás
deseando algo imposible... y así sigues y sigues. Has de irlo posponiendo,
“Algún día, cuando tenga un palacio, entonces me sentaré
en silencio”. Pero mientras tanto la vida se escapa de entre tus dedos.
Incluso aunque tuvieras un palacio, te olvidarías de cómo
sentarte en silencio porque cuidando del palacio te olvidas de cómo
sentarte. Esto es lo que le sucede a toda la gente ambiciosa: tiene prisa.
Y su apresuramiento se convierte en su modo de vivir. Les llega un momento
en que alcanzan lo que persiguen, pero entonces no pueden detenerse. Y
lo sé muy bien: si durante todo el día has estado pensando
y pensando, entonces no puedes detenerte.
Mulla Nasrudin llegó a casa un día después de
haber decidido hacer algo y no olvidarlo. Había hecho un nudo en
su vestido para así poder recordarlo. Cuando llego a casa estaba
muy enfadado porque se le había olvidado. “Aquí está
el nudo, pero ¿para qué?” Intentó recordar. Su esposa
insistía, “Ahora vete a dormir y mañana por la mañana
ya pensarás qué es”. Pero él le decía, “No,
es algo muy importante. Es tan importante que había decidido hacerlo
esta noche. No puedo olvidarlo bajo ningún concepto, así
que vete tú a la cama”.
A mitad de la noche, cuando el reloj marcaba las dos, se acordó.
Había decidido a acostarse temprano. Para eso había hecho
el nudo.
Esto es lo que le sucede a toda la gente ambiciosa. Desean con tanta
intensidad que para cuando alcanzan su meta se han olvidado por completo
de qué era lo que buscaban. En primer lugar, ¿para qué
deseaban tantas cosas? Ahora que las han alcanzado, se han olvidado. Aunque
recuerden que deseaban estar en silencio, relajados, disfrutar de la vida,
ahora su pauta de vida y todo su condicionamiento no les permite relajarse,
no les permite sentarse en silencio y disfrutar. Cuando has estado corriendo
tras tus ambiciones durante toda tu vida, no es fácil detenerte.
El correr se convierte en tu ser. Si quieres detenerte, ahora es el momento.
El detenerse no tiene futuro, éste es el momento.
Las necesidades son algo sencillo. Un hombre puede vivir una vida muy
sencilla y austera y disfrutarla. No se necesitan comidas especiales para
disfrutar de la comida; solamente se necesita una lengua sensible. Para
cuando seas capaz de acumular apetitosos comidas, habrás perdido
la capacidad de disfrutarlas. Disfrútalas mientras perdura el momento.
Disfrútalas mientras estás vivo. No lo dejes de lado y no
lo pospongas.
Un hombre austero vive momento a momento, “Este día es
suficiente en sí mismo y el mañana ya cuidará del
mañana”. Jesús dice una y otra vez, “Mira los lirios del
campo, ¡qué bellos son! No se preocupan por el mañana.
Incluso Salomón no era tan hermoso en los instantes de su mayor
gloria como lo son los lirios del campo”. Mira esos pájaros, están
disfrutando. En este mismo instante toda la Existencia está celebrando,
excepto tú.
¿Qué es lo que va mal en el hombre? El problema es que
piensa que para disfrutar se han de cumplir primero determinadas condiciones.
Ése es el problema. En realidad, para disfrutar de la vida no se
necesitan condiciones especiales; es una invitación incondicional.
Pero el hombre piensa que primero han de satisfacerse determinadas premisas
y que sólo entonces podrá disfrutar de la vida. Ésta
es la mente compleja. La mente sencilla siente que uno ha de disfrutar
todo aquello que tiene a mano. ¡Disfrútalo! No hay condiciones
que satisfacer. Y cuanto más disfrutas este momento, más
te vuelves capaz de disfrutar el siguiente. La capacidad aumenta y cuanto
mayor se vuelve, más y más alto asciende; es infinita. Y
cuando alcances el disfrute infinito, eso es lo que es Dios. Dios no es
una persona sentada en algún lugar esperándote. Para cuando
llegues ya se habrá aburrido, esperándote y esperándote.
Si tiene sentido común se habrá suicidado... esperando.
Dios no es una persona. No es una meta: es un modo de disfrutar la
vida aquí y ahora. Dios es la actitud de sentirse dichoso sin razón
alguna. Tú te sientes desgraciado sin ningún motivo; ésa
es la mente compleja.
Un día vi a Mulla Nasrudin yendo en el cortejo de un hombre
rico que acababa de morir. Toda la ciudad estaba allí y Mulla Nasrudin
estaba llorando y sollozando. Así que le pregunté, “¿Qué
ocurre Nasrudin? ¿Tenías alguna relación con el difunto?”
Él me contestó, “No”. “Y entonces, ¿porque estás
llorando?” le pregunté. Él me contestó, “Porque no
mantuve ninguna relación con él. ¡Por eso lloro!”
La gente llora porque mantiene relaciones; la gente llora porque no
mantiene ninguna relación. Parece que quieres llorar sea cual sea
la situación. Eres desgraciado sin tener motivo alguno. Aún
no me encontrado a una sola persona que tenga una sola razón para
ser desgraciado. Tú las creas. Debido a que parece absurdo sentirse
desgraciado sin razón alguna, tú creas esa razón.
Lo justificas, lo argumentadas, la inventas; sois grandes inventores. Y
cuando has encontrado la razón o has creado esa razón—una
vez inventada—entonces te quedas tranquilo. Ahora nadie puede decir que
eres desgraciado sin motivo.
En realidad, la situación es ésta: no existe causa alguna
para sufrir y no existe causa alguna para sentirse dichoso. Solamente depende
de tu actitud. Si quieres ser feliz, puedes serlo sea cual sea la situación;
la situación carece de importancia. Ser feliz es una capacidad;
a pesar de cualquier situación puedes ser feliz. Pero si has decidido
ser desgraciado, también puedes ser desgraciado sea cual sea
la situación; la situación es irrelevante. Incluso si eres
recibido en el cielo, si se te da la bienvenida, puedes sentirte desgraciado;
encontrarás una razón u otra.
Se le preguntó a un gran místico—un místico tibetano,
Marpa— “¿Estás seguro que cuando mueras iras al cielo?” Él
contestó, “¡Absolutamente!” El hombre le dijo, “Pero ¿cómo
puedes tener tanta seguridad? Aún no has muerto y desconoces lo
que Dios alberga en su mente”. Marpa le dijo, “No me preocupa lo que Dios
piense; eso es cosa suya. Estoy seguro debido a lo que yo pienso. Esté
donde esté, seré feliz; y allí donde esté,
éste será el cielo. De modo que no importa si me llevan al
infierno o al cielo. Es irrelevante”.
He oído una hermosa anécdota sobre Adolf Hitler. A través
de sus amigos se enteró de que existía una mujer judía,
una gran astróloga, y que todo aquello que predecía siempre
se cumplía. Hitler se resistía un poco a ir porque la mujer
era judía. Entonces le asaltó una idea; no pudo dormir durante
días, “Si la mujer puede predecir verdaderamente el futuro, entonces
vale la pena consultarla incluso aunque sea judía”.
La mujer fue llamada en secreto. Hitler le preguntó, “¿Puedes
decirme cuándo voy a morir?” La mujer cerró sus ojos, entró
en contemplación y dijo, “En una fiesta judía”. Hitler le
dijo, “¿Qué quieres decir? ¿Qué fiesta?” Ella
le contestó, “Eso carece de importancia. Mueras cuando mueras, siempre
será una fiesta judía”.
Marpa dijo, “Es irrelevante lo que Dios piense. Vaya adonde vaya, allí
estará el cielo, porque sé que soy feliz sin causa
alguna”.
Un hombre austero ha descubierto que la felicidad es la naturaleza
de la vida. No necesitas ningún motivo para ser feliz. ¡Puedes
sentirte feliz simplemente por estar vivo! La vida es felicidad, la vida
es gozo, pero eso sólo es posible para un hombre austero. Un hombre
que acumula cosas siempre piensa que será feliz gracias a esas cosas.
Palacios, dinero, cosas... debido a todas esas cosas, será feliz.
Las riquezas no son el problema; el problema es la actitud de los hombres
que tratan de ser ricos. La actitud es: a menos que posea todas esas cosas,
no podré ser feliz. Este hombre seguirá siendo siempre infeliz.
Un hombre austero sabe que la vida es tan sencilla que tenga lo que tenga,
puede ser feliz. No necesita supeditarlo a nada.
Entonces “austeridad” significa volver a tus necesidades. Los deseos
son locuras; las necesidades son naturales. Comida, cobijo, amor. Haz descender
toda tu energía vital hasta el nivel de las necesidades y serás
feliz. Un hombre feliz no puede ser más que religioso; un hombre
infeliz no puede ser más que irreligioso. Puede que yo rece,
puede que acuda el templo y a la mezquita... no importa. ¿Cómo
va a poder rezar un hombre infeliz? Su oración contendrá
una gran queja, un lamento. Habrá un profundo rencor. La oración
es gratitud, no una queja.
Solamente un hombre feliz puede sentirse agradecido. Todo su corazón
llora con una gratitud absoluta; las lágrimas brotan de sus ojos
porque Dios le ha dado tanto sin haberlo pedido. Y Dios te ha dado tanto
simplemente dándote la vida. Un hombre feliz es feliz tan sólo
porque es capaz de respirar; eso es suficiente. Simplemente el respirar
durante un momento es suficiente, más que suficiente. ¡La
vida es una gran bendición! Pero un hombre infeliz no es capaz
de verlo.
Así que recuerda: cuanto más te centres en el poseer,
menos feliz serás. Cuanto menos feliz seas, más te alejarás
de lo Divino, de la oración, del estar agradecido, del ser austero.
Vive con lo necesario y olvídate de los deseos; son fantasías
de la mente, oscilaciones en el lago. Solamente te alteran y nunca pueden
conducirte a sentirte satisfecho.
... austeridad, estudio de uno mismo y entrega a Dios.
Todos están relacionados. Si eres simple, serás capaz
de observarte. Un hombre complejo no puede observarse porque está
muy dividido. Tiene a su alrededor muchas cosas: muchos deseos, muchos
pensamientos. Numerosos problemas nacen de esos deseos y de esos pensamientos.
Continuamente vive en una multitud. Es difícil poder estudiarse
a uno mismo. Solamente un hombre austero come, duerme y ama; eso es todo.
Tiene tiempo suficiente y le queda suficiente energía para observar;
simplemente para ser, simplemente para observarse; sentarse y observar.
Y es feliz. Ha comido bien, ha saciado su hambre. Ha amado bien, el
hambre más profunda de su ser ha sido saciada. Ahora, ¿qué
hacer? Se sienta, se observa; cierra sus ojos y observa su propio ser.
No hay una multitud, no hay mucho que hacer. Las cosas son tan sencillas
que las puede hacer fácilmente. Y las cosas sencillas poseen la
característica de que mientras uno las hace se puede estudiar a
sí mismo. Lo complejo es demasiado para la mente. Ha de implicarse
en exceso y de forma fragmentaria y el estudio de uno mismo se vuelve imposible.
Lo que Patanjali quiere decir con “estudio de uno mismo” es idéntico
a lo que Gurdjieff se refería con “recuerdo de sí”, o a lo
que Buda se refería con “correcta plena atención”, o a lo
que Jesús se refería al decir “estar más alerta”,
o a lo que Krishnamurti se refiere cuando insiste en decir “sé consciente”.
Cuando no tienes nada que hacer, cuando no tienes muchas cosas que hacer,
cuando las sencillas tareas cotidianas se han acabado, ¿adónde
irá tu energía? ¿En qué se convertirá
tu energía?
Ahora mismo, siempre tienes un nivel de energía muy, muy
bajo, porque esa energía se disipa en muchas ocupaciones, esa energía
se implica en muchas cosas. Nunca tienes suficiente energía. Y sin
energía no hay posibilidad de ser consciente porque la consciencia
es la transformación más sutil de la energía. Es la
crema de tu energía. Y si no tienes suficiente exceso de energía,
no puedes ser consciente. En el punto de menor energía, en el nivel
de menor energía, no puedes ser consciente; necesitas un exceso
de energía.
A un hombre austero le queda tanta energía que, ¿qué
va a hacer con esa energía? Todo lo que tenía que hacer ha
sido hecho; el día se ha acabado. Está sentado en silencio;
la energía se dirige hacia las capas más sutiles, asciende
y asciende más alto, se va acumulando, se convierte en una columna,
en un pilar de energía. Ahora puedes estudiarte a ti mismo. Podrás
observar incluso los más sutiles aspectos de tus pensamientos, de
tus emociones, de tus sentimientos.
... estudio de uno mismo y entrega a Dios.
Siempre que observas, tú dejas de estar presente. La austeridad
conduce al estudio de uno mismo; el estudio de uno mismo conduce a la ausencia
de ego, porque entonces no estás presente. Cuanto más te
conoces, menos eres. Solamente los ignorantes son. Los Iluminados no son.
Son como un vacío, son como un inmenso cielo. Si penetrarás
en un Buda, no le encontrarías en parte alguna. Encontrarías
un infinito espacio, pero allí no habría nadie. Si entraras
en mí, no me encontrarías... sólo un vacío,
un inmenso cielo, una total libertad para ti. No te encontrarías
conmigo; yo no estoy aquí.
Cuando te vuelves más y más consciente de tu interior,
tú eres menos y menos. Siempre es la misma proporción: cuanto
más inconsciente eres, más eres; cuanto más consciente
eres, menos eres. Cuando te vuelves perfectamente consciente, dejas de
ser. Toda la energía se ha convertido en consciencia; para el ego
no queda nada. Y entonces el ego desaparece de la misma forma que una serpiente
se desprende de su vieja piel. Ahora es una piel muerta yaciendo allí;
cualquiera puede cogerla. Entonces surge la entrega a Dios. No puedes entregarte
a Dios porque tú eres la barrera.
La gente acude a mí y me dice, “Queremos entregarnos”. No es
posible. ¿Cómo vas a entregarte? Tú eres la ausencia
de entrega. Cuando tú no eres, surge la entrega. Cuando tú
dejas de ser, surge la entrega. Recuerda pues que tú no puedes entregarte.
No puede ser un esfuerzo realizado por tu parte; es imposible. Solamente
puedes hacer una cosa—lo que Patanjali está diciendo—: sé
austero, sencillo. Entonces queda tanta energía que espontáneamente
se convierte en consciencia y en esa consciencia tú dejas de estar
ahí. De repente descubres que la entrega ha sucedido. De repente,
sin hacer nada de tu parte... no has hecho nada y la entrega ha sucedido.
La entrega a Dios es la existencia en ti del estado de ausencia de ego.
No es una acción por tu parte; en ella no hay esfuerzo. Si hay esfuerzo,
entonces no es entrega.
La entrega es un darse cuenta de repente. Cuando eres consciente y
la llama esta ardiendo en lo alto, de repente te das cuenta de que ya no
hay oscuridad. Te has entregado; es una revelación, una realización.
De repente te quedas sorprendido. Tú no estás y Dios está
ahí. En tu ausencia, Dios existe; en tu presencia, sólo hay
sufrimiento. En tu presencia no hay nada posible; en tu ausencia todo el
infinito se vuelve posible. Son términos correlacionados: austeridad,
estudio de uno mismo y entrega a Dios.
La práctica del Kriya Yoga reduce el sufrimiento
y conduce hasta el samadhi.
Esos tres escalones reducen el sufrimiento y te conducen hacia el samadhi, lo supremo, lo último más allá de lo cual nada existe. Cuando te has entregado a Dios, te has convertido en Dios; esto es el samadhi.
El sufrimiento es causado por la falta de atención,
el egoísmo, las atracciones, las repulsiones,
el apego a la vida y el temor a la muerte.
En realidad, la causa es solamente el ego. Todo lo demás son
simples consecuencias del ego. La ausencia de atención hacia uno
mismo es el ego. Sientes que eres porque no sabes. Estás sumido
en la oscuridad, nunca te has encontrado contigo mismo y entonces crees
que eres. Esto crea toda clase de sufrimientos: egoísmo, atracción
hacia lo que es inútil, rechazos—que son el otro extremo de la atracción—el
apego a la vida y el temor a la muerte. Te aferras a la vida porque desconoces
lo que es la vida. Si lo supieras no te aferrarías a ella porque
la vida eterna... ¿Por qué apegarse a ella? Continúa
y continúa y nunca se detiene. Te preocupas innecesariamente al
aferrarte. Es como si un río fluyera y tú empujaras ese río
hacia el océano, cuando él ya avanza por sí mismo.
No necesitas empujarle; sufrirás innecesariamente. Pensarás
que eres un mártir porque estás empujando el río y
conduciéndolo hacia el océano. El río avanza por sí
mismo; no le molestes, no tienes por qué hacerlo. Si quieres ir
al océano conviértete simplemente en parte del río
y el río te llevará. Pero no ayudes al río. Tú
has estado haciendo eso. La vida transcurre por sí misma, no es
necesario nada más. ¿Qué has hecho para merecer nacer?
¿Qué has hecho para estar aquí? ¿Qué
has hecho para estar vivo? ¿Has hecho algo? Si no has hecho nada,
entonces ¿por qué te preocupas? La vida avanza por sí
misma. Los estúpidos crean el sufrimiento; ésa es la situación.
Oí una vez. Un hombre rico, un gran rey, iba en su carruaje.
Por la carretera vio a un pobre campesino, un anciano, transportando una
pesada carga sobre su cabeza... Y el peso era excesivo. El rey sintió
compasión. Le dijo, “Ven, viejo, siéntate junto a mí
en el carro. Te dejaré donde me digas”. El viejo se subió
al carruaje pero llevaba aún su carga sobre la cabeza. El rey le
dijo, “¿Estás loco? ¿Por qué no dejas en el
suelo tu carga?” El hombre le dijo, “Estoy en el carro, pero esta carga
es excesiva para el carro y los caballos. Mi carga es excesiva. Gracias
señor, pero déjame que cargue con ella. Sería demasiado
para el carro y los caballos”.
Tanto si llevas tu carga sobre tu cabeza, como si la dejas en el carro,
para los caballos es lo mismo; han de transportarla.
La vida carga consigo misma. ¿Por qué no dejas descansar
tu carga sobre la vida? Pero te aferras. Y cuando te apegas a la vida,
surge el temor a la muerte. No hay muerte y no hay temor a la muerte. El
aferrarse a la vida crea el miedo a la muerte y el miedo a la muerte, crea
la muerte. Si no, no hay muerte ni miedo.
La vida es eterna. Nunca nadie ha muerto; nunca nadie morirá.
Eso que existe seguirá existiendo. Siempre ha existido, no puede
salir de la Existencia. Nada puede salirse de la Existencia; nada puede
salir ni nada puede entrar. La Existencia es total. Todo permanece; las
formas cambian, los ambientes cambian, los nombres cambian.
Esto es lo que los hindúes denominan nama-rupa. Formas y nombres
cambian; lo demás siempre permanece, todo permanece. Has estado
aquí millones de veces, estarás aquí millones de veces,
estarás aquí para siempre. La vida es eterna. Evidentemente,
tu nombre no será el mismo. Puede que no tengas de nuevo el mismo
rostro, puede que no tengas de nuevo el cuerpo de un hombre o de una mujer,
pero eso no importa, carece de importancia. Estarás aquí
como las olas del océano... vienen y van, vienen y van. Las formas
cambian, pero es el mismo océano el que se agita.
El sufrimiento es causado por la falta de atención, el egoísmo, las atracciones, las repulsiones, el apego a la vida y el temor a la muerte. Tanto si están en los estados de atenuación, alteración, expansión, o letargo, es debido a la falta de atención que las demás causas de sufrimiento pueden operar.
Las causas del sufrimiento pueden adoptar muchas formas; pueden
estar en forma de semillas. Puedes cargar con tu sufrimiento en forma de
semilla; adormecido. Puedes no ser consciente de él, pero en una
determinada situación, si el terreno es el adecuado y la semilla
obtiene el agua y el sol que necesita, germinará. De modo que puede
que sientas durante años que no tienes codicia y de repente un día,
cuando surja la oportunidad precisa, la codicia estará ahí.
Entonces la semilla se encuentra en una forma tan sutil que no eres consciente
de ella. Tan sutil que a menos que busques muy profundamente en tu interior
no serás capaz de descubrir que está ahí.
O puede que adopte una forma alterna: a veces te sentirás feliz
y a veces te sentirás infeliz. Te sientes feliz con el amor; te
sientes infeliz con el odio, pero el amor y el odio son el fenómeno
alterno de una misma energía.
A veces estará ahí en su forma perfecta: cuando te sientes
deprimido, tan deprimido que quieres suicidarse, o cuando, a veces, te
sientes tan feliz que casi te vuelves loco. Has de observar todas esas
formas porque Patanjali dice, “Todas esas formas existen debido a la falta
de atención; no prestas suficiente atención”.
Primero sé consciente de los fenómenos superficiales:
la codicia, la ira, el odio. Luego profundiza y serás capaz de percibir
el fenómeno alternante. Los dos están conectados. Ve aún
más profundo, sé más consciente y percibirás
un sutilísmo fenómeno dentro de ti, casi como una sombra,
pero que en cualquier momento puede adquirir una sustancialidad. Y así
sucede con un hombre santo—que tan sólo un instante antes era santo—;
aparece una hermosa mujer y toda la santidad desaparece. ¡En un solo
instante! Estaba ahí en una forma sutil.
O puede estarlo en forma de semilla. Darse cuenta de la semilla es
lo más difícil porque aún no ha germinado. Se necesita
una consciencia perfecta.
Pero todo el método de Patanjali es ser consciente, prestar
más y más atención. Te volverás más
consciente si te vuelves austero, simple. Te volverás más
consciente y el estudio de ti mismo será posible. Con el estudio
de uno mismo, desaparece el ego y uno se percibe entregado. Y entregarse
es estar en el camino correcto.