5.
LA
UNIDAD
DEL
VACÍO.
EL
MUNDO
EXISTE
DEBIDO
A
TI;
tú
lo
creas,
eres
su
creador.
Cada
ser
crea
un
mundo
alrededor
de
sí
mismo,
el
cual
depende
de
su
mente.
La
mente
puede
que
sea
una
ilusión,
pero
es
creativa;
crea
sueños.
Y
depende
de
ti
si
creas
un
cielo
o
un
infierno.
Aunque
dejes
este
mundo
no
te
será
posible
abandonarlo.
Donde
sea
que
vayas
volverás
a
crear
el
mismo
mundo,
porque
el
mundo
brota
constantemente
de
ti,
como
las
hojas
brotan
del
árbol.
Vosotros
no
vivís
en
el
mismo
mundo,
no
podéis
porque
vuestras
mentes
no
son
iguales.
Tú
puedes
estar
viviendo
en
el
infierno
y
el
que
está
justo
a
tu
lado
puede
estar
viviendo
en
el
cielo;
¿acaso
crees
que
vivís
en
el
mismo
mundo?
¿Cómo
vais
a
vivir
en
el
mismo
mundo
si
vuestras
mentes
son
diferentes?
Así
que
lo
primero
que
hay
que
entender
es
que
no
se
puede
abandonar
el
mundo
a
no
ser
que
la
mente
desaparezca.
Ambos
están
relacionados,
dependen
el
uno
del
otro,
forman
un
círculo
vicioso.
Si
la
mente
está
ahí...
Y
una
mente
es
siempre
una
mente
particular.
Cuando
la
mente
deja
de
ser
una
mente
particular,
cuando
se
convierte
en
Mente
con
mayúscula,
ya
no
es
una
mente,
se
convierte
en
consciencia.
Una
mente
es
siempre
una
mente
particular
y
desprende
un
aroma
particular
a
su
alrededor,
que
es
tu
mundo.
La
mente
crea
al
mundo,
luego
el
mundo
crea
a
la
mente
y
la
ayuda
a
permanecer
como
tal.
Este
es
el
círculo
vicioso.
Pero
el
origen
está
en
la
mente;
el
mundo
es
sólo
una
consecuencia.
La
mente
es
substancial;
el
mundo
es
sólo
su
sombra.
Y
uno
no
puede
deshacerse
de
su
sombra,
pero
eso
es
lo
que
toda
la
gente
trata
de
hacer.
Si
esta
mujer
no
encaja
contigo,
tú
piensas
que
otra
encajará.
Tratas
de
cambiar
el
mundo,
pero
tú
sigues
siendo
el
mismo.
Convertirás
a
la
próxima
mujer
en
una
réplica
exacta
de
la
anterior.
Volverás
a
crear,
porque
la
mujer
será
sólo
una
pantalla.
Y
te
sorprenderás:
la
gente
que
se
ha
casado
muchas
veces
tiene
una
experiencia
realmente
extraña.
Una
persona
que
se
ha
casado
diez
veces
reconoce
el
hecho
de
que:
«¿Cómo
es
que
siempre
me
ocurre
lo
mismo?
¿Cómo
es
que
en
un
mundo
tan
enorme
siempre
me
encuentro
con
el
mismo
tipo
de
mujer?
¡Parece
imposible
hasta
por
casualidad!,
¡una
y
otra
vez!».
El
problema
no
es
la
mujer,
el
problema
es
la
mente.
La
mente
vuelve
a
ser
atraída
por
el
mismo
tipo
de
mujer,
y
otra
vez
crea
la
misma
relación;
se
vuelve
a
encontrar
con
el
mismo
lío
y
el
mismo
infierno.
Y
lo
mismo
ocurre
con
todo
lo
que
haces.
¿Crees
que
serías
más
feliz
si
vivieras
en
un
palacio?
¡Te
equivocas!
¿Quién
es
el
que
va
a
vivir
en
el
palacio?
Serás
tú
quien
viva
allí.
Y
si
no
eres
capaz
de
ser
feliz
en
una
cabaña,
tampoco
serás
capaz
de
ser
feliz
en
un
palacio.
¿Quién
va
a
vivir
en
el
palacio?
Los
palacios
no
existen
fuera
de
ti.
Si
puedes
ser
feliz
viviendo
en
una
cabaña,
podrás
ser
feliz
viviendo
en
un
palacio,
porque
quien
crea
el
mundo
a
tu
alrededor
eres
tú.
De
otra
forma,
al
igual
que
te
disgusta
la
cabaña,
te
disgustará
el
palacio;
aún
más,
porque
será
más
grande.
Será
un
infierno,
exactamente
igual;
con
más
decoración,
pero
un
infierno
decorado
no
es
el
cielo.
Y
aun
si
te
meten
a
la
fuerza
en
el
cielo
tratarás
de
encontrar
una
salida
o
allí
mismo
crearás
tu
infierno.
He
oído
una
historia
acerca
de
un
hombre
que
murió;
era
modisto,
un
gran
hombre
de
negocios.
Y
de
alguna
forma,
por
algún
error,
entró
en
el
cielo.
Allí
se
encontró
con
su
socio.
Al
socio
se
le
veía
tan
triste
como
en
la
Tierra.
Así
que
le
preguntó:
«¿Qué
pasa?
¿Cómo
es
que
se
te
ve
tan
infeliz
estando
en
el
cielo?».
El
socio
le
respondió:
«Esto
está
bien,
pero
yo
personalmente
prefiero
Miami».
Y
él
también
llegó
a
esta
conclusión
a
los
pocos
días.
Así
que
volvieron
a
hacerse
socios
y
se
propusieron
abrir
otra
empresa.
Y
ocurrirá
lo
mismo
en
cualquier
parte
que
vayas,
porque
tú
eres
el
mundo.
Tú
creas
un
mundo
alrededor
tuyo,
y
luego
el
mundo
ayuda
a
la
mente
que
lo
ha
creado.
El
hijo
ayuda
al
padre,
el
hijo
ayuda
a
la
madre,
la
sombra
ayuda
a
lo
que
la
mantiene;
y
así
la
mente
se
refuerza
y
de
nuevo
vuelves
a
crear
el
mismo
mundo
sobre
las
mismas
bases.
¿Por
dónde
empezar
la
transformación?
¿Cómo
cambiar?
SI
MIRAS,
la
primera
mirada
te
dirá
que
cambies
el
mundo,
porque
es
lo
más
obvio
a
tu
alrededor.
¡Cámbialo!
Y
eso
es
lo
que
has
estado
haciendo
durante
vidas:
cambiando
constante
mente
el
mundo,
cambiando
esto
y
lo
de
más
allá,
cambiando
de
casas,
de
cuerpos,
de
mujeres,
de
amigos;
cambiando,
pero
sin
darte
cuenta
nunca
del
hecho
de
que
sigues
igual,
¿cómo
vas
a
cambiar
el
mundo
así?
A
eso
se
debe
que
se
haya
creado
una
falsa
tradición
de
renunciación
en
todo
el
mundo.
Deja
tu
hogar
y
vete
a
un
monasterio.
Huye
de
lo
mundano
y
vete
a
los
Himalayas.
¡Huye
del
mundo!
Es
muy
fácil
irse
a
los
Himalayas,
pero
¿cómo
vas
a
huir
de
ti
mismo?
Allí
volverás
a
crear
el
mismo
mundo;
exactamente
el
mismo.
Puede
que
esta
vez
sea
en
miniatura,
puede
que
no
sea
a
tan
gran
escala,
pero
volverás
a
hacer
lo
mismo.
Tú
eres
el
mismo,
¿cómo
vas
a
hacer
algo
diferente?
Una
comprensión
más
profunda
revela
que,
cuando
cambie
la
mente,
cambiará
el
mundo.
Entonces,
estés
donde
estés
se
te
revelará
un
mundo
diferente.
Profundizas,
y
entonces
entiendes
que
si
quieres
vivir
realmente
sin
el
mundo
a
tu
alrededor...
Porque
por
muy
maravilloso
que
sea
el
mundo,
tarde
o
temprano
se
volverá
aburrido
y
te
cansarás
de
él.
Aunque
estés
en
el
mismo
cielo
añorarás
el
infierno,
porque
la
mente
necesita
cambiar.
No
puede
vivir
en
lo
eterno,
no
puede
vivir
en
lo
que
no
cambia,
porque
la
mente
siempre
añora
una
nueva
curiosidad,
alguna
sensación
nueva,
alguna
excitación
nueva.
La
mente
no
puede
parar
el
tiempo
y
habitar
en
lo
atemporal.
Es
'por
eso
que
la
mente
no
puede
vivir
en
el
ahora,
en
el
aquí,
porque
el
ahora
no
forma
parte
del
tiempo;
no
cambia
nunca,
es
eterno.
Es
sencillamente
tal
como
es.
Allí
no
ocurre
nada.
Está
vacío.
Buda
a
esto
lo
llamó
shunyata;
vacío
absoluto.
En
ese
vacío
no
ocurre
nada,
nadie
viene,
nadie
va.
No
hay
nadie
porque,
si
hubiera
alguien,
algo
ocurriría.
La
mente
no
puede
vivir
en
el
eterno
ahora.
La
mente
quiere
cambios,
espera
y
espera
contra
toda
esperanza.
La
situación
en
sí
es
desesperada,
pero
la
mente
sigue
esperando.
He
oído
que:
Mulla
Nasrudin
estuvo
muchos
años
sin
trabajo
porque
quería
ser
actor
y
no
tenía
talento
para
ello.
Pero
cada
día,
religiosamente,
iba
a
ver
a
su
representante.
Llamaba
a
la
puerta
muy
esperanzado,
entraba
en
la
oficina
y
preguntaba:
«¿Hay
algo
nuevo?
¿Has
conseguido
algo
para
mí?».
Y
el
representante
siempre
le
respondía
lo
mismo:
«Nada,
por
el
momento
no
hay
nada».
Pasaron
los
días,
los
meses
y
los
años,
y
la
llamada
de
Nasrudin
se
convirtió
en
una
rutina.
En
cualquier
época
del
año,
hiciera
el
tiempo
que
hiciera,
bueno
o
malo,
su
representante
estaba
seguro
de
que
Nasrudin
aparecería.
Y
volvería,
lleno
de
esperanza,
a
preguntar
de
nuevo,
y
el
hombre
volvería
a
responderle
lo
mismo:
«Nasrudin,
no
he
conseguido
nada,
no
te
he
encontrado
nada».
Un
día
la
llamada
sonó
diferente,
un
poco
más
triste,
y
cuando
Mulla
entró,
hasta
su
representante
se
sorprendió,
y
pensó:
«¿Por
qué
estará
tan
triste
hoy?».
Mulla
dijo:
«Escucha,
durante
las
dos
semanas
siguientes
no
me
comprometas
con
nadie,
me
voy
de
vacaciones».
Así
es
como
funciona
la
mente:
sigue
esperando,
¡Y
no
sólo
durante
varios
años,
sino
durante
varias
vidas!
Una
y
otra
vez
llamas
a
la
misma
puerta
con
la
misma
insistencia
y
la
misma
pregunta,
y
la
respuesta
siempre
es
no.
¿Qué
otra
cosa
has
conseguido
a
través
de
la
mente
excepto
noes?
El
sí
nunca
ha
llegado
de
esta
forma,
no
puede.
La
mente
es
un
esfuerzo
inútil.
Es
como
un
desierto,
nada
crece
en
él,
nada
puede
crecer.
Pero
ella
sigue
esperando.
Hasta
el
desierto
sueña;
y
sueña
con
jardines
maravillosos,
con
ríos
que
fluyen,
con
arroyos
y
cascadas.
Hasta
el
desierto
sueña...,
y
ese
es
el
sueño
de
la
mente.
Uno
tiene
que
estar
atento.
No
hay
necesidad
de
perder
más
tiempo;
no
hay
necesidad
de
llamar
a
la
puerta
de
ningún
representante.
Ya
has
vivido
lo
suficiente
con
la
mente.
No
has
conseguido
nada
a
través
de
ella.
¿No
ha
llegado
ya
el
momento
de
estar
atento
y
consciente?
Lo
que
has
conseguido
ha
sido
mucho
sufrimiento,
desdicha,
angustia
y
frustración;
si
a
eso
lo
llamas
conseguir
algo,
entonces
todo
va
bien.
Siempre
que
te
mueves
con
la
mente
algo
va
mal,
porque
la
mente
es
el
mecanismo
de
lo
erróneo.
Observa:
siempre
hay
algo
que
va
mal.
El
hijo
de
Mulla
Nasrudin
acababa
de
entrar
en
la
escuela.
La
maestra,
que
estaba
dando
geografía
y
hablaba
de
la
forma
de
la
Tierra,
le
preguntó:
«¿Qué
forma
tiene
la
Tierra?».
Él
se
quedó
en
silencio;
así
que
para
provocar
su
respuesta
ella
le
preguntó:
«¿Es
plana?».
El
niño
contestó:
«No».
Un
poco
más
esperanzada,
le
volvió
a
preguntar:
«¿Entonces
es
una
esfera,
tiene
forma
redonda?».
El
hijo
de
Nasrudin
volvió
a
contestar:
«No».
Entonces
sorprendida,
le
dijo:
«Sólo
hay
dos
posibilidades:
o
es
plana
o
es
redonda,
y
dices
que
ni
una
ni
otra.
¿Entonces
cómo
te
imaginas
que
es?».
El
niño
contestó:
«¡Mi
papá
siempre
dice
que
el
mundo
está
torcido!».
Para
la
mente
todo
está
torcido;
no
porque
realmente
lo
esté,
sino
porque
esa
es
la
manera
de
ver
de
la
mente:
cualquier
cosa
que
pasa
a
través
de
ese
medio
que
es
la
mente,
se
tuerce.
Igual
que
cuando
metes
algo
recto
en
el
agua,
por
ejemplo
una
paja,
y
de
repente
ves
que
al
introducirla
en
el
agua
ocurre
algo:
se
tuerce,
ya
no
está
recta.
La
sacas
del
agua,
y
de
nuevo
vuelve
a
estar
recta.
La
vuelves
a
introducir
y...
Y
tú
sabes
que
aunque
esté
dentro
del
agua
la
paja
sigue
estando
recta,
pero
tus
ojos
no
lo
ven
así.
Puedes
sacarla
y
meterla
cien
veces.
Y
aunque
de
sobra
sepas
que
la
paja
sigue
estando
recta,
el
agua,
como
medio,
te
dará
la
falsa
información
de
que
no
está
recta.
Sabes
por
innumerables
experiencias
que
el
sufrimiento
es
creado
por
la
mente,
pero
de
nuevo
vuelves
a
caer
en
la
trampa.
La
mente
crea
sufrimiento.
No
puede
crear
otra
cosa
porque
no
puede
encontrarse
con
la
realidad.
Sólo
puede
soñar;
esa
es
la
única
capacidad
que
tiene.
Sólo
puede
soñar.
Y
los
sueños
no
pueden
satisfacerte,
porque
siempre
que
se
enfrentan
a
la
realidad
se
hacen
añicos.
Vives
en
una
casa
de
cristal,
no
puedes
afrontar
la
realidad.
Siempre
que
la
realidad
llega,
tu
casa
se
derrumba,
y
ya
has
vivido
en
muchas
casas
que
se
han
hecho
pedazos.
Llevas
sus
ruinas
en
tu
mente,
la
angustia
resultante.
Y
eso
ha
hecho
que
te
vuelvas
amargado.
Saborea
a
cualquiera
y
te
sabrá
amargo.
Y
esa
es
también
la
experiencia
que
los
demás
tienen
de
ti:
todo
el
mundo
sabe
amargo.
Si
te
acercas
todo
se
vuelve
agrio;
si
te
mantienes
alejado
todo
te
parecerá
maravilloso.
Si
te
acercas
se
vuelve
amargo;
porque
cuando
te
acercas,
las
mentes
se
penetran
entre
sí
y
todo
se
tuerce.
Nada
queda
recto.
Tienes
que
darte
cuenta
de
esto
por
experiencia
propia,
no
como
una
teoría
mía
o
de
Sosan.
Sosan
no
te
puede
ayudar
en
eso,
tampoco
yo.
Tiene
que
ser
un
fenómeno
de
tu
propia
experiencia.
Cuando
lo
experimentas
se
convierte
en
una
verdad,
y
empiezan
a
cambiar
muchas
cosas:
entonces
te
desprendes
de
la
mente.
Cuando
la
mente
se
evapora,
desaparecen
todos
los
mundos.
Cuando
la
mente
se
evapora,
los
objetos
desaparecen;
entonces
dejan
de
ser
objetos.
Entonces
ya
no
sabes
dónde
acabas
tú
y
dónde
comienzan
las
cosas,
entonces
ya
no
hay
fronteras.
Las
divisiones
desaparecen.
Al
principio
te
sientes
como
si
todo
se
hubiera
vuelto
borroso,
pero,
poco
a
poco,
te
vas
asentando
en
este
nuevo
fenómeno
que
es
el
de
la
no-mente.
Las
estrellas
siguen
estando
ahí
pero
ahora
forman
parte
de
ti,
ya
no
son
objetos.
Las
flores
y
los
árboles
siguen
estando
ahí
pero
ahora
florecen
en
ti,
ya
no
florecen
afuera.
Entonces
vives
con
la
totalidad.
Se
ha
roto
la
barrera;
la
barrera
era
tu
mente.
Por
primera
vez
ya
no
hay
mundo,
porque
el
mundo
significa
la
totalidad
de
los
objetos.
Por
primera
vez
hay
un
Universo;
«universo»
significa
«uno».
Recuerda
el
vocablo
«uni».
¿A
esto
le
llamas
tú
Universo?
Estás
equivocado.
No
lo
llames
Universo,
para
ti
es
un
multiverso.
Muchos
mundos,
no
uno
solo,
no
es
un
Universo;
no
todavía.
Pero
cuando
la
mente
desaparece,
los
mundos
desaparecen.
No
hay
objetos.
Los
límites
se
cruzan
y
se
mezclan
entre
ellos.
El
árbol
se
convierte
en
la
roca,
la
roca
se
convierte
en
el
sol,
el
sol
se
convierte
en
la
estrella,
la
estrella
se
convierte
en
la
mujer
que
amas,
y
todo
se
mezcla
entre
sí.
Y
ahí
no
estás
separado.
Ahí
lates,
vibras
en
el
centro
del
propio
corazón.
Entonces
es
un
Universo.
La
mente
se
evapora,
los
objetos
desaparecen;
la
fuente
de
los
sueños
se
desvanece.
¿Qué
has
estado
haciendo
hasta
ahora?
Has
estado
tratando
de
conseguir
un
sueño
mejor.
Por
supuesto
que
ha
sido
en
vano,
pero
todo
el
afán
de
la
mente
radica
en
conseguir
un
sueño
mejor.
No
creas
que
la
mente
puede
darte
un
mejor
sueño:
un
sueño
es
un
sueño.
Aunque
sea
mejor,
no
te
satisfará.
No
puede
darte
una
satisfacción
profunda.
¡Un
sueño
es
un
sueño!
Si
estás
sediento
necesitas
agua
real,
no
agua
de
sueños.
Si
estás
hambriento
necesitas
pan
real,
pan
substancial,
no
un
pan
de
sueños.
Puede
que
durante
cierto
tiempo
puedas
engañarte,
pero
¿cuánto
tiempo?
Cada
noche
ocurre:
algunas
veces
tienes
hambre,
la
mente
crea
un
sueño
en
el
que
comes
manjares.
Por
unos
minutos
está
bien,
aun
por
horas,
pero
¿cuánto
tiempo
puede
durar?
¿Puedes
seguir
soñando
ese
sueño
infinitamente?
Te
ayuda
a
dormir,
a
que
no
te
interrumpa
el
sueño.
Si
no,
el
hambre
no
te
dejaría
dormir,
y
tendrías
que
levantarte
e
ir
a
la
despensa.
Esto
ayuda:
de
esta
manera
puedes
continuar
durmiendo,
creyendo
que
estás
comiendo;
sin
necesidad
de
levantarte.
Pero
por
la
mañana
sabrás
que
la
mente
te
ha
engañado.
Toda
tu
vida
es
como
un
sueño,
sustituyes
la
realidad
por
sueños.
Así
cada
día
todo
se
hace
pedazos,
cada
día
tropiezas
con
la
realidad,
porque
la
realidad
brota
por
todos
los
sitios.
¡No
lo
puedes
evitar!
Un
sueño
es
algo
muy
frágil;
y
la
realidad
lo
sacude
y
lo
rompe.
Por
tu
propio
bien,
es
bueno
que
la
realidad
rompa
tus
sueños,
que
los
haga
añicos.
Pero
de
nuevo
vuelves
a
recoger
sus
pedazos
y
vuelves
a
crear
otros
sueños.
¡Déjalo
ya!
Ya
lo
has
hecho
muchas
veces.
No
has
conseguido
nada.
¡Basta
ya!
Una
vez
que
entiendes
que
tienes
que
dejar
de
soñar,
el
mundo
de
los
objetos
desaparece.
El
mundo
estará
ahí,
pero
no
será
el
mundo
de
los
objetos.
Entonces
todo
cobra
vida,
todo
se
vuelve
subjetivo.
A
esto
es
a
lo
que
se
refieren
las
personas
religiosas
cuando
dicen
que
todo
es
Dios.
En
realidad,
¿qué
quieren
decir
con
eso?
Dios
es
sólo
una
metáfora.
No
hay
nadie
sentado
en
el
cielo,
controlando,
dirigiendo,
haciendo
que
las
cosas
funcionen.
Dios
es
sólo
una
metáfora;
una
metáfora
para
decir
que
las
cosas
en
el
mundo
no
son
cosas,
sino
personas.
En
su
interior
tienen
una
subjetividad.
Todo
está
vivo
y
vibrando.
Y
este
vibrar
no
es
un
proceso
fragmentado,
este
vibrar
es
un
todo
vibrando.
Sientes
el
latir
del
corazón
cerca
del
corazón,
en
el
corazón.
Pero
¿crees
que
ocurre
sólo
en
el
corazón?
Estás
equivocado;
todo
el
cuerpo
vibra.
El
corazón
sólo
lo
indica;
todo
el
cuerpo
vibra.
Por
eso
cuando
el
corazón
se
para,
el
cuerpo
se
muere.
No
era
realmente
el
corazón
lo
que
vibraba;
todo
el
cuerpo
estaba
vibrando
a
través
del
corazón;
el
corazón
era
sólo
un
indicador.
Tú
vibras,
pero
el
todo
vibra
a
través
de
ti;
tú
eres
sólo
un
indicador,
un
corazón.
El
Universo
vibra
y
late
a
través
de
ti.
Tú
no
eres,
el
Universo
es.
Y
el
Universo
no
es
la
totalidad
de
los
objetos,
es
una
subjetividad.
Existe
como
una
persona.
Está
vivo,
consciente.
No
es
una
organización
mecánica.
Es
una
unidad
orgánica.
Ahora
intenta
entender
estas
palabras
de
Sosan:
Cuando
los
objetos
del
pensamiento
se
desvanecen,
el
sujeto
pensante
se
desvanece;
y
cuando
la
mente
se
desvanece,
los
objetos
se
desvanecen.
Las
cosas
son
objetos
debido
al
sujeto,
y
la
mente
es
tal
debido
a
las
cosas.
LAS
COSAS
ESTÁN
AHÍ
A
TU
ALREDEDOR
debido
a
ti.
Tú
las
atraes.
Si
sientes
el
infierno
a
tu
alrededor,
eres
tú
quien
lo
ha
atraído.
No
te
enfades
por
ello,
no
empieces
a
luchar
contra
ello;
no
sirve
de
nada.
Lo
has
atraído
tú,
tú
lo
has
invitado;
¡tú
lo
has
creado!
Y
tus
deseos
se
han
realizado:
lo
que
necesitabas,
ahora
está
a
tu
alrededor.
Y
entonces
empiezas
a
pelearte
y
a
enfadarte.
¡Lo
has
conseguido!
Recuerda
siempre
que
todo
lo
que
ocurre
a
tu
alrededor
está
enraizado
en
la
mente.
La
mente
es
siempre
la
causa.
Es
el
proyector,
afuera
sólo
hay
pantallas;
tú
te
proyectas
a
ti
mismo.
Si
te
parece
desagradable,
entonces
cambia
la
mente.
Si
sientes
que
cualquier
cosa
que
procede
de
la
mente
es
un
infierno,
una
pesadilla,
entonces
abandona
la
mente.
Trabaja
sobre
la
mente,
no
pretendas
arreglar
la
pantalla,
no
vayas
pintándola,
cambiándola.
Trabaja
sobre
la
mente.
Pero
hay
un
problema,
y
el
problema
es
que
piensas
que
tú
eres
la
mente.
Así
que,
¿cómo
vas
a
dejarla?
Sientes
que
puedes
dejarlo
todo,
cambiarlo,
volverlo
a
pintar,
decorarlo
de
nuevo,
volverlo
a
arreglar,
pero
¿cómo
vas
a
dejarte
a
ti
mismo?
Esta
es
la
raíz
de
todo
problema.
Tú
no
eres
la
mente,
estás
más
allá
de
ella.
Has
llegado
a
identificarte
con
ella,
eso
sí
es
verdad,
pero
no
eres
la
mente.
Y
este
es
el
propósito
de
la
meditación:
darte
pequeños
vislumbres
de
que
no
eres
la
mente.
Por
unos
momentos
la
mente
para...,
y
¡tú
todavía
estás
ahí!
Por
el
contrario,
eres
más,
estás
lleno
de
ser.
Cuando
la
mente
para,
es
como
si
se
hubiera
parado
un
drenaje
que
te
estuviera
constantemente
drenando.
De
pronto
la
energía
te
desborda.
¡Sientes
más!
Si
te
das
cuenta
de
que
la
mente
no
está
ahí,
pero
«yo
soy»,
aunque
sólo
sea
por
un
momento,
habrás
alcanzado
el
profundo
núcleo
de
la
verdad.
Entonces
será
fácil
abandonar
la
mente.
Tú
no
eres
la
mente,
de
otra
forma
¿cómo
podrías
abandonarte
a
ti
mismo?
Primero
hay
que
abandonar
la
identificación,
entonces
puede
abandonarse
la
mente.
Todo
el
método
de
Gurdjieff
radica
en
cómo
desidentificarse.
La
próxima
vez
que
tengas
un
deseo,
obsérvalo.
Di
para
tu
interior:
«Voy
a
observar
adónde
va
esta
mente».
Y
al
estar
mirándolo
sentirás
una
distancia.
¿Quién
es
este
observador,
el
espectador?
Y
el
deseo
se
mueve
y
crea
sueños.
A
veces,
puede
que
te
olvides
y
te
vuelvas
uno
con
el
deseo.
Céntrate
de
nuevo,
mira
otra
vez
el
deseo:
el
deseo
se
mueve
por
sí
mismo.
Es
como
si
hubiera
aparecido
una
nube,
ha
surgido
un
pensamiento
en
el
cielo
de
tu
ser.
Y
recuerda,
si
puedes
no
identificarte
aunque
sea
por
un
instante
(el
deseo
está
ahí
y
tú
estás
ahí
pero
hay
una
distancia),
de
repente
hay
iluminación,
te
llega
una
luz.
Ahora
sabes
que
la
mente
funciona
por
sí
misma,
que
es
un
mecanismo.
¡Puedes
dejarla
a
un
lado!
Puedes
usarla,
o
puedes
no
usarla;
tú
eres
el
maestro.
Ahora
el
esclavo,
el
mecanismo,
está
en
su
lugar;
ya
no
es
el
amo.
Entonces
es
posible
dejarlo.
Sólo
cuando
eres
diferente
de
algo,
puedes
abandonarlo.
Meditar,
atestiguar,
sentarse
en
silencio
y
mirar
la
mente
será
de
gran
ayuda.
Sin
forzar,
simplemente
sentándose
y
observando.
Sin
hacer
mucho,
sólo
observando,
como
se
observa
a
los
pájaros
volando
en
el
cielo.
Sólo
tumbándose
en
el
suelo
y
observando,
sin
hacer
nada,
indiferente.
Sin
que
realmente
te
concierna
adónde
van;
van
a
su
aire,
van
a
lo
suyo.
Recuerda,
los
pensamientos
también
son
como
los
pájaros
se
mueven
por
sí
mismos,
a
su
aire.
Y
a
veces
ocurre
que
los
pensamientos
de
la
gente
que
está
a
tu
alrededor
entran
en
tu
cielo
y
tus
pensamientos
entran
en
su
cielo.
Por
eso
es
que
a
veces
sientes
que
en
presencia
de
alguna
persona
de
repente
te
entristeces;
en
cambio
con
otra
sientes
cómo
te
sube
la
energía,
sientes
alegría
y
felicidad.
Sólo
con
mirar
a
alguien,
con
estar
cerca
de
él,
cambia
algo
en
tu
estado
de
ánimo.
Ocurre
hasta
con
los
lugares.
Entras
en
una
casa
y
de
repente
te
inunda
una
pesadez.
Entras
en
otra,
y
de
repente
te
sientes
muy
liviano,
como
si
te
hubieran
salido
alas,
sientes
que
puedes
volar,
que
no
tienes
peso.
Penetras
en
un
ambiente
y
ya
no
eres
el
mismo,
algo
ha
cambiado.
Entras
en
otro
ambiente,
y
de
nuevo
algo
vuelve
a
cambiar.
Esta
es
la
base
del
satsang,
estar
en
presencia
de
un
Maestro,
el
cual
no
tiene
pensamientos.
Sólo
con
su
presencia,
sólo
estando
junto
a
él,
a
veces
sus
no-pensamientos,
su
no-mente,
llaman
a
tu
puerta.
En
ciertos
momentos...,
y
no
puede
ser
manipulado,
uno
tiene
que
esperar,
uno
sólo
puede
rezar,
esperar
y
observar.
No
puede
forzarse
porque
no
es
un
pensamiento.
Un
pensamiento
es
una
cosa,
puede
ser
proyectado.
El
no-pensamiento
no
es
una
cosa,
no
puede
proyectarse.
Un
pensamiento
tiene
su
propio
movimiento
y
propulsión.
Siempre
que
estés
cerca
de
una
persona
que
tenga
muchos
pensamientos,
te
llenará
con
ellos.
Sólo
estando
cerca
derramará
su
mente
en
ti;
no
importa
si
habla
o
no,
esa
no
es
la
cuestión.
Desde
su
cabeza
están
cayendo
constantemente
pensamientos,
como
chispas,
por
todas
partes;
y
tú
los
recoges.
Y
a
veces
hasta
te
das
cuenta
de
que
este
pensamiento
no
es
tuyo,
pero
cuando
llega
te
llena,
y
te
identificas
con
él.
Esa
ira
no
es
tuya;
el
que
estaba
enfadado
era
otro
pero
tú
sentiste
algo
dentro
de
ti.
Alguien
estaba
resentido
y
su
odio
te
tocó.
Todo
es
infeccioso,
y
la
mente
es
la
enfermedad
más
infecciosa
del
mundo.
Ningún
virus
puede
competir
con
ella,
infecta
a
todo
el
mundo
a
su
alrededor.
Si
pudieras
ver,
te
darías
cuenta
de
que
de
la
cabeza
de
los
demás
salen
chispas.
Son
de
diferentes
colores.
Es
por
eso
que
muchos
místicos
pueden
ver
el
aura,
porque
cuando
se
encuentran
con
una
persona
oscura,
ven
que
su
aura
es
oscura.
Si
tus
ojos
vieran
con
claridad
podrías
verlo.
Cuando
tienes
una
persona
feliz
a
tu
lado
puedes
verlo.
Aunque
todavía
no
la
hayas
visto,
aunque
llegue
por
detrás,
de
pronto
sientes
que
hay
algo
feliz
a
tu
alrededor.
Los
pensamientos
no
son
tuyos,
no
son
tú.
Cuando
mueres,
tus
pensamientos
se
esparcen
por
todos
los
sitios.
Ocurre
así,
la
próxima
vez
que
estés
cerca
de
un
moribundo,
obsérvalo;
es
una
experiencia
en
sí
misma.
Cuando
un
hombre
se
esté
muriendo,
siéntate
y
observa
lo
que
le
ocurre
a
tu
mente.
Te
sorprenderás;
pensamientos
que
nunca
habías
tenido
antes,
pensamientos
a
los
que
no
estás
acostumbrado,
pensamientos
que
te
son
absolutamente
desconocidos,
de
repente
brotarán
en
ti;
¡flop!
El
hombre
se
está
muriendo
y
arroja
sus
pensamientos
por
todas
partes,
igual
que
arroja
sus
semillas
un
árbol
cuando
se
está
muriendo.
Es
presa
del
pánico;
antes
de
morir,
el
árbol
tiene
que
soltar
sus
semillas
para
que
nazcan
otros.
Nunca
te
acerques
a
un
hombre
que
se
está
muriendo
si
no
eres
consciente,
porque
si
no
el
muerto
te
influenciará.
Básicamente,
nunca
te
quedes
cerca
de
un
hombre
con
el
que
te
sientas
oscuro,
pesado,
triste,
a
no
ser
que
seas
consciente.
Pero
si
te
das
cuenta,
no
hay
problema.
La
oscuridad
viene
y
pasa;
nunca
te
identificas
con
ella.
¿Has
notado
alguna
vez,
al
entrar
en
una
iglesia
con
la
gente
rezando
que
te
sientes
inmediatamente
diferente?
Tanta
gente
rezando...,
aunque
la
oración
no
sea
muy
real,
aunque
sólo
sea
una
oración
dominical,
pero
aun
así
están
rezando,
y
por
unos
momentos
se
abren
las
ventanas;
esos
momentos
son
diferentes.
El
fuego
te
enciende,
y
de
repente
sientes
que
algo
en
ti
cambia.
¡Estate
consciente!
Y
mira
cómo
entran
los
pensamientos
en
la
mente,
cómo
te
identificas
y
te
haces
uno
con
ellos.
Y
se
mueven
muy
rápidamente,
su
velocidad
es
enorme,
no
hay
nada
tan
rápido
como
un
pensamiento.
No
se
puede
crear
nada
más
veloz
que
un
pensamiento.
No
tarda
nada
en
llegar
a
cualquier
sitio.
Salta
de
una
infinidad
a
otra;
el
espacio
no
existe
para
él.
Los
pensamientos
están
ahí,
moviéndose
a
gran
velocidad.
Y
debido
a
esa
rapidez
no
puedes
ver
dos
pensamientos
por
separado.
Siéntate,
cierra
los
ojos,
ralentiza
todos
los
procesos
corporales.
Que
la
respiración
se
vuelva
más
lenta,
el
latir
del
corazón
más
lento,
la
presión
sanguínea
más
lenta.
Ralentiza
todo,
relájate,
porque
si
todo
va
más
lento,
los
pensamientos
tendrán
que
ir
más
lentos
pues
todo
está
unido.
Cuando
todo
se
ralentiza,
el
pensamiento
tiene
que
ir
más
lento.
Es
por
eso
que
al
dormir
profundamente
los
pensamientos
paran:
porque
todo
va
muy
lento
y
el
pensamiento
es
algo
tan
veloz
que
se
produce
una
ruptura
y
el
proceso
no
puede
continuar.
El
hombre
está
en
un
estado
muy
lento,
mientras
que
el
pensamiento
es
algo
tan
rápido
que
ambos
no
pueden
continuar
juntos.
El
pensamiento
desaparece.
En
el
dormir
profundo,
tan
sólo
por
algunas
horas,
como
mucho
durante
dos
horas,
el
pensamiento
se
para,
porque
estás
completamente
relajado.
RELÁJATE
Y
SIMPLEMENTE
OBSERVA:
a
medida
que
el
proceso
se
vaya
haciendo
más
lento
serás
capaz
de
ver
espacios.
Entre
dos
pensamientos
hay
un
intervalo;
en
este
intervalo
habita
la
consciencia.
Entre
dos
nubes
hay
un
intervalo;
en
este
intervalo
aparece
el
cielo
azul.
Ralentiza
el
proceso
del
pensamiento
y
fíjate
en
los
intervalos,
presta
más
atención
a
los
intervalos
que
a
las
nubes.
Cambia
la
atención
de
lugar,
cambia
la
gestalt.
No
te
fijes
en
la
figura,
fíjate
en
el
fondo.
Si
pongo
una
pizarra,
una
pizarra
grande
del
tamaño
de
toda
esta
pared,
la
marco
con
un
punto
blanco
y
os
pregunto
qué
veis,
hay
un
noventa
y
nueve
por
ciento
de
posibilidades
de
que
no
veáis
la
pizarra,
sino
el
punto
blanco;
porque
vemos
la
figura,
no
el
fondo.
La
pizarra
es
enorme,
y
aun
así
si
os
pregunto:
«¿Qué
veis
aquí?»,
diréis:
«Veo
un
puntito
blanco».
No
se
ve
una
pizarra
tan
enorme
y,
en
cambio,
se
ve
un
puntito
blanco,
que
es
casi
invisible.
¿Por
qué?,
porque
este
es
el
modelo
fijo
de
la
mente:
mirar
la
figura,
no
el
fondo,
mirar
la
nube,
no
el
cielo;
mirar
el
pensamiento,
no
la
consciencia.
Hay
que
cambiar
esta
gestalt.
Préstale
más
atención
al
fondo
y
menos
a
la
figura.
Te
acercarás
más
a
la
realidad.
Esto
es
lo
que
se
hace
constantemente
en
la
meditación.
La
mente,
debido
a
su
hábito,
se
fijará
en
la
figura.
Tú
tan
sólo
vuelve
a
cambiar...,
fíjate
en
el
fondo.
Tú
estás
aquí,
yo
estoy
aquí.
Podemos
mirar
a
los
demás
de
dos
maneras.
Yo
puedo
mirar
el
fondo
(en
el
fondo
hay
árboles,
plantas,
tierra,
cielo),
tienes
de
fondo
el
Universo
infinito;
o
te
puedo
mirar
a
ti,
tú
eres
la
figura.
Pero
la
mente
siempre
se
fija
en
la
figura.
Por
eso
ocurre
que
si
vas
a
ver
a
alguna
persona
como
Sosan,
Jesús
o
Buda,
sientes
que
sus
ojos
no
te
miran.
Tú
eres
sólo
la
figura
y
ellos
están
mirando
el
fondo.
Su
gestalt
es
diferente.
Puede
que
sientas
que
en
sus
ojos
haya
cierta
frialdad
porque
no
te
prestan
atención.
Tú
eres
sólo
una
nube.
Para
personas
como
Buda,
cuando
miran,
estás
ahí,
pero
sólo
como
una
pequeña
parte
del
fondo.
El
fondo
es
infinito,
y
eres
sólo
un
punto.
Pero
a
ti
te
gustaría
que
alguien
te
mirara,
que
mirara
al
puntito,
como
si
fueras
el
Universo,
como
si
nada
existiera
más
allá
de
ti.
El
amor
de
Buda
te
parecerá
distante.
Y
tú
necesitas
un
amor
apasionado,
unos
ojos
que
te
miren
a
ti
y
se
olviden
del
todo.
Eso
no
le
es
posible
a
un
buda.
Ocupas
tu
lugar,
pero
aun
así
eres
sólo
un
pequeño
punto.
Por
muy
maravilloso
que
seas,
eres
sólo
una
parte
de
un
fondo
infinito;
y
no
se
te
puede
prestar
toda
la
atención.
Por
eso
el
ego
se
siente
muy
herido
cuando
está
cerca
de
un
buda,
porque
quiere
toda
la
atención:
«Mírame,
yo
soy
el
centro
del
mundo».
Pero
no
eres
el
centro
del
mundo.
En
realidad
el
mundo
no
tiene
ningún
centro,
porque
un
centro
sólo
sería
posible
si
el
mundo
fuera
limitado.
Si
fuera
un
círculo
finito
entonces
podría
haber
un
centro,
pero
es
un
círculo
infinito.
Es
absurdo
pensar
en
un
centro.
No
hay
centro
en
el
mundo;
el
mundo
existe
sin
ningún
centro.
Y
eso
es
hermoso.
Por
eso
todo
el
mundo
puede
pensar:
«Soy
el
centro».
Si
hubiera
un
centro
eso
sería
imposible.
Por
eso
los
mahometanos,
los
cristianos
y
los
judíos
no
permiten
afirmaciones
tales
como
las
de
los
hindúes,
que
afirman:
«Yo
soy
Dios;
aham
brahmasmi».
Para
ellos
eso
es
una
herejía:
«¿Qué
estás
diciendo?
Sólo
Dios
es
el
centro.
Y
nadie
más
lo
es».
Pero
los
hindúes
pueden
afirmar
desenfadadamente:
«Yo
soy
Dios»,
porque
ellos
dicen
que
no
hay
ningún
centro
o
que
todo
el
mundo
es
el
centro.
Pero
cuando
pides
que
se
te
preste
toda
la
atención,
eso
es
la
mente,
el
viejo
hábito
de
la
mente
de
no
mirar
el
fondo
y
fijarse
solamente
en
la
figura.
Durante
la
meditación
tienes
que
cambiar
de
la
figura
al
fondo,
de
la
estrella
al
firmamento.
Cuanto
más
ocurra
este
giro,
más
sentirás
que
no
eres
la
mente
y
llegarás
a
sentir
más
fácilmente
que
la
puedes
dejar...
Es
como
quitarte
un
vestido.
Te
lo
has
hecho
tan
ceñido
que
parece
que
fuera
tu
propia
piel.
Pero
no
lo
es,
es
sólo
un
vestido;
y
te
lo
puedes
quitar
fácilmente.
Pero
hay
que
entender
que
uno
es
el
fondo,
no
la
figura.
Y
cuando
esta
mente
se
evapora,
dice
Sosan,
el
mundo
objetivo
simplemente
se
desvanece.
¿Qué
quiere
decir?
¿Quiere
esto
decir
que
si
estás
en
profunda
meditación,
que
si
has
alcanzado
la
meta
de
la
no-mente,
desaparecerán
estos
árboles,
se
desvanecerán?
¿Que
entonces
esta
casa
ya
no
estará
aquí?
¿Que
tú
ya
no
estarás
sentado
aquí?
¿Que,
si
lo
has
conseguido,
esta
silla
en
la
que
estoy
sentado
se
desvanecerá?
No.
Los
objetos
desaparecen
como
tales.
No
esta
silla,
no
este
árbol;
ellos
permanecen,
pero
ahora
no
están
limitados.
Ahora
ya
no
tienen
fronteras.
Ahora
esta
silla
se
encuentra
enlazada
con
el
sol
y
con
el
cielo,
ahora
la
figura
y
el
fondo
se
vuelven
uno.
No
hay
una
figura
separada
del
fondo,
sus
identidades
han
desaparecido.
Ya
no
son
objetos,
porque
ahora
tú
ya
no
eres
un
sujeto.
Krishnamurti
repite
constantemente
algo
muy
hermoso:
en
profunda
meditación
el
observador
se
convierte
en
lo
observado.
Esto
es
verdad,
pero
te
parecerá
absurdo.
Si
estás
mirando
una
flor,
¿está
Krishnamurti
diciendo
que
te
convertirás
en
la
flor?
¿Entonces
cómo
vas
a
volver
a
casa?
O
puede
que
alguien
venga
y
la
arranque,
y
entonces
te
hallarás
en
un
problema.
«El
observador
se
convierte
en
lo
observado.»
¿Quiere
él
decir
que
te
conviertes
en
la
flor?
No;
pero
aun
así,
en
cierto
sentido
sí.
No
te
conviertes
en
la
flor
en
el
sentido
de
que
dejes
de
ser
un
hombre
y
alguien
te
pueda
arrancar
y
llevarte
consigo.
No,
en
ese
sentido
no.
Pero
cuando
no
hay
mente,
no
existe
ya
ninguna
línea
divisoria
que
te
separe
de
la
flor
y
la
flor
ya
no
tiene
ningún
limite
que
la
separe
de
ti.
Ambos
os
habéis
convertido
en
un
algo
subjetivo,
os
habéis
encontrado
y
fundido.
Tú
sigues
siendo
tú,
la
flor
sigue
siendo
la
flor,
nadie
puede
arrancarte
por
error,
pero
existe
una
unión.
Esto
ocurre
solamente
algunas
veces
en
tu
vida,
en
algunos
momentos
en
los
que
amas
a
alguien.
Y
eso
también
es
infrecuente,
porque
la
mente
del
ser
humano
nunca
le
deja
ni
siquiera
amar.
Constantemente
va
creando
su
propio
absurdo,
creando
su
propio
mundo.
Y
al
amante
no
se
le
permite
una
cercanía
tal
que
llegue
al
fondo.
La
figura,
el
ego,
está
siempre
entremedias.
Pero
algunas
veces
ocurre.
Desde
luego
ocurre
a
pesar
tuyo.
Es
tan
natural
que,
aun
a
pesar
de
todas
las
objeciones,
a
veces
la
realidad
se
topa
contigo.
A
pesar
de
todas
tus
medidas,
a
pesar
de
todos
tus
sueños,
a
veces
te
penetra,
a
veces
no
estás
suficientemente
protegido.
A
veces
te
olvidas,
o
estás
tan
ocupado
en
algo
que
se
abre
alguna
ventana,
de
forma
que
la
realidad
entra
cuando
tú
no
estás
mirando.
En
algunos
momentos
de
amor,
esto
ocurre:
que
el
observador
se
convierte
en
lo
observado.
Esta
es
una
hermosa
meditación:
si
amas
a
alguien,
siéntate
con
esa
persona
y
miraos
a
los
ojos;
sin
pensar
nada,
sin
pensar
en
quién
es
esa
persona,
sin
crear
un
proceso
de
pensamiento,
sólo
mirándoos
a
los
ojos.
Puede
que
haya
algunos
vislumbres
en
los
que
el
observador
se
convierta
en
lo
observado,
en
los
que
te
perderás
y
no
sabrás
quién
eres;
no
sabrás
si
tú
te
has
convertido
en
el
amado
o
el
amado
se
ha
convertido
en
ti.
Los
ojos
son
unas
puertas
maravillosas
para
entrar
el
uno
en
el
otro.
¿Y
por
qué
digo
que
sólo
es
posible
en
el
amor?
Porque
sólo
en
el
amor
dejas
de
estar
a
la
defensiva.
Te
relajas.
No
tiene
miedo
del
otro,
puedes
ser
vulnerable,
puedes
permitírtelo.
De
otra
forma
uno
está
siempre
a
la
defensiva,
porque
no
sabe
qué
va
a
hacer
el
otro,
no
sabe
si
le
hará
daño.
Y
si
no
estás
a
la
defensiva,
el
otro
te
puede
herir
gravemente.
En
el
amor
os
podéis
mirar
a
los
ojos
el
uno
al
otro.
Habrá
momentos
en
los
que
el
fondo
y
la
figura
se
disuelvan
el
uno
en
el
otro.
Se
te
removerán
hasta
los
mismos
cimientos.
De
repente
verás
que
no
eres,
y
aun
así
eres.
En
alguna
parte,
en
lo
más
profundo,
ha
habido
un
encuentro.
Esto
le
ocurre
a
un
verdadero
meditador
con
el
propio
Universo:
no
es
que
se
convierta
en
un
árbol,
pero
aun
así
se
convierte
en
un
árbol.
Cuando
está
con
un
árbol,
no
hay
ninguna
división.
Y
cuando
se
armoniza
con
esta
tierra
sin
fronteras,
entonces
se
mueve
sin
fronteras.
Este
es
el
significado
de
Sosan.
Cuando
la
mente
desaparece,
los
objetos
se
desvanecen.
Cuando
los
objetos
se
desvanecen,
tú
te
desvaneces,
el
ego
se
desvanece.
Todo
está
relacionado.
Entiende
la
relatividad
de
ambos,
así
como
la
realidad
básica:
la
unidad
del
vacío.
Tu
EXISTES
debido
a
los
objetos
de
tu
alrededor.
Tus
límites
existen
debido
a
los
límites
del
resto
de
las
cosas
que
te
rodean.
Cuando
ellas
pierden
sus
límites,
tú
pierdes
los
tuyos;
sois
relativos
uno
con
respecto
al
otro,
estáis
juntos.
Tu
mente
y
tus
objetos
externos
están
unidos,
hay
un
puente
entre
ellos.
Si
desaparece
una
orilla,
el
puente
se
derrumba.
Y
con
el
puente
también
desaparecerá
la
otra
orilla,
porque
no
hay
ninguna
posibilidad
de
que
exista
una
orilla
sin
la
otra.
Este
es
el
significado
de
la
relatividad.
Y
entonces
existe
una
unidad;
la
unidad
del
vacío.
Tú
estás
vacío
y
la
flor
está
vacía,
si
la
flor
no
tiene
ninguna
línea
divisoria,
¿cómo
va
a
existir
un
centro?
Esta
es
una
de
las
cosas
profundas
de
las
que
Buda
ha
llegado
a
darse
cuenta,
y
solamente
los
budistas
lo
han
expresado
de
una
forma
tan
hermosa.
Dicen
que
no
hay
alma,
que
no
hay
ser.
Y
esto
ha
sido
muy
mal
interpretado,
porque
los
hindúes
alegan
que
toda
su
religión
se
basa
en
el
alma,
en
el
ser,
el
ser
supremo.
Y
Buda
dice:
«Cuando
no
existe
ninguna
línea
divisoria,
¿cómo
va
a
existir
el
ser?».
Cuando
no
hay
delimitación
y
la
mente
se
ha
quedado
en
silencio
total,
¿cómo
puede
existir
el
«yo»?
Porque
el
«yo»
es
un
ruido.
¿Cómo
puedes
decir
«yo
soy»
cuando
es
el
todo?
Cuando
la
figura
y
el
fondo
se
han
hecho
uno,
¿cómo
puedes
decir
«yo
soy»?
Este
es
el
vacío
de
Buda;
anatma.
Esta
palabra
es
hermosa:
anatma,
no-ser.
Ya
no
eres
y
aun
así
eres.
Realmente,
por
primera
vez
existes
como
el
todo,
pero
no
como
el
individuo,
no
como
lo
definido,
lo
demarcado,
lo
delimitado.
Existes
como
el
todo,
pero
no
existes
como
un
individuo,
no
como
una
separación
demarcada,
definida.
Ahora
ya
no
eres
una
isla,
eres
la
vasta
expansión
del
vacío.
Y
lo
mismo
pasa
con
la
flor,
lo
mismo
pasa
con
el
árbol,
con
los
pájaros
y
los
otros
animales,
con
las
rocas,
con
las
estrellas
y
con
el
sol.
Cuando
tu
ser
desaparece,
desaparece
el
ser
de
todas
las
cosas,
porque.
ellas
eran
el
reflejo
de
tu
ser,
eran
el
eco
de
tu
ser
resonando
en
el
Universo,
eran
el
reflejo
de
tu
locura.
Ahora
ya
no
esta
ahí.
Sosan
está
diciendo
que
cuando
hay
vacío
hay
unidad.
Si
tú
eres,
¿cómo
puede
haber
alguna
unidad?
Tu
propio
estar
separado
crea
la
separación.
Los
musulmanes
dicen
que
aman
a
los
hindúes,
que
son
hermanos;
los
cristianos
dicen
que
aman
a
los
judíos,
que
son
sus
hermanos.
Todos
son
hermanos,
¿pero
cómo
puedes
ser
hermano
de
alguien
siendo
cristiano?
¿Cómo
puedes
ser
hermano
de
alguien
siendo
hindú?
Tu
demarcación,
tu
delimitación
contiene
en
sí
misma
la
enemistad.
Como
mucho,
puedes
tolerar
al
otro,
pero
no
puedes
ser
uno
con
el
otro.
Y
llamarle
«hermano»
no
sirve
de
nada,
porque
nadie
se
pelea
tan
ferozmente
como
lo
hacen
los
hermanos.
Al
decir
que
soy
hindú,
me
estoy
separando
del
todo.
Al
decir
que
tengo
poder,
me
estoy
separando
del
Universo.
Al
decir
que
soy
extraordinario,
me
estoy
separando
a
mí
mismo
del
Universo.
Esto
es
lo
que
dice
Chuang
Tzu:
sé
simple,
normal.
Quiere
decir:
no
te
separes
de
ninguna
manera,
no
hagas
definiciones
concisas
acerca
de
ti
mismo.
Vive
con
límites
flexibles,
que
estén
siempre
dispuestos
a
encontrarse
y
fundirse.
Entiende
la
relatividad
de
ambos,
así
como
la
realidad
básica:
la
unidad
del
vacío.
En
este
Vacío
ambos
son
indistinguibles...
No
se
les
puede
distinguir,
no
se
les
puede
sentir
como
algo
separado;
separado
del
otro.
Están
separados,
pero
su
separación
es
algo
totalmente
diferente.
Puedes
distinguirla,
pero
esa
no
es
la
separación
del
ego.
Es
como
una
ola
en
el
océano.
Puedes
distinguirla.
La
ola
es
la
ola,
no
el
océano;
y
aun
así
es
el
océano.
La
ola
no
puede
existir
sin
el
océano.
El
océano
la
origina,
el
océano
la
hace
surgir,
el
océano
ondea
en
ella,
el
océano
late
en
ella.
Como
forma
está
separada,
pero
como
existencia
no
lo
está.
Tú
sigues
estando
separado,
y
aun
así
no
lo
estás.
Esta
es
la
paradoja
más
fundamental
que
un
hombre
llega
a
experimentar
cuando
experimenta
el
no-ser,
anatma.
...y
cada
uno
contiene
en
sí
mismo
el
mundo
entero.
No
estando
separado,
no
pierdes
nada,
ganas
el
todo.
Y
siempre
tienes
miedo
de
perder.
Siempre
piensas:
«Si
me
pierdo
a
mí
mismo,
entonces
dejo
de
ser.
¿Y
qué
voy
a
ganar
con
ello?».
Te
pierdes
a
ti,
pero
ganas
el
todo.
Y
no
pierdes
nada
más
que
tu
desdicha,
tu
angustia,
tu
ansiedad.
¡Qué
otra
cosa
puedes
perder!
No
tienes
nada
que
perder
excepto
tu
sufrimiento,
tu
esclavitud.
...y
cada
uno
contiene
en
él
mismo
el
mundo
entero.
Cuando
te
pierdes
a
ti
mismo,
te
conviertes
en
el
mundo
entero.
Todo
es
tuyo.
Sois
mendigos
debido
a
vosotros
mismos;
podéis
ser
emperadores.
La
mente
es
la
escudilla
con
la
que
pedís.
He
oído
una
historia
sufí.
Es
una
de
las
más
antiguas
enseñanzas
sufíes.
Un
mendigo
llegó
al
palacio
de
un
emperador.
El
emperador
estaba
en
el
jardín,
así
que
le
oyó
llegar.
El
guarda
de
la
entrada
le
fue
a
dar
algo,
pero
el
mendigo
le
respondió:
«Espera,
tengo
una
condición:
yo
sólo
acepto
limosna
de
los
amos,
nunca
de
los
sirvientes».
El
emperador
lo
oyó.
Estaba
paseando
cerca
de
allí,
así
que
salió
a
ver
a
este
mendigo,
pues
normalmente
los
mendigos
no
ponen
condiciones.
¿Cómo
vas
a
poner
condiciones
si
eres
un
mendigo?
Pensó:
«Este
mendigo
es
realmente
extraño».
Así
que
salió
a
verle;
y
realmente
este
era
un
mendigo
extraño.
El
emperador
nunca
había
visto
antes
a
un
hombre
que
tuviera
tal
aspecto
de
emperador;
él
no
era
nada
comparado
con
el
mendigo.
Este
hombre
estaba
rodeado
de
cierta
gloria,
de
cierta
gracia.
Sus
ropas
eran
casi
andrajos,
iba
casi
desnudo,
pero
la
escudilla
que
llevaba
era
muy
bonita.
El
emperador
preguntó:
«¿A
qué
viene
esa
condición?».
Y
el
mendigo
contestó:
«A
que
los
sirvientes
también
son
mendigos
y
yo
no
quiero
abusar
de
nadie.
Sólo
los
amos
pueden
dar.
¿Cómo
van
a
dar
los
sirvientes?
Pero
si
puedes
dar,
da
y
yo
lo
aceptaré.
Pero
luego
tengo
otra
condición:
que
mi
escudilla
debe
quedar
totalmente
llena».
¡Una
escudilla
tan
pequeña!
El
emperador
soltó
una
carcajada
y
dijo:
«Debes
de
estar
loco,
¿acaso
crees
que
no
voy
a
poder
llenarla?».
Y
le
ordenó
a
sus
ministros
que
trajeran
piedras
preciosas,
únicas,
incomparables,
y
que
llenarán
la
escudilla
de
este
mendigo.
Pero
pronto
se
hallaron
en
dificultades,
ya
que
en
cuanto
empezaron
a
llenar
la
escudilla,
las
piedras
caían
en
ella
y
sin
hacer
ningún
sonido,
simplemente
desaparecían.
La
escudilla
seguía
estando
siempre
vacía.
Entonces
el
emperador
se
halló
en
un
dilema.
Su
ego
estaba
en
juego:
¡él,
un
gran
emperador
que
gobernaba
todas
esas
tierras,
ni
siquiera
podía
llenar
una
pequeña
escudilla!
Y
ordenó:
«¡Traedlo
todo
si
hace
falta,
pero
hay
que
llenar
esta
escudilla!».
Trajeron
todos
sus
tesoros...,
durante
días
vaciaron
todas
sus
arcas,
pero
la
escudilla
seguía
vacía.
Ya
no
quedaba
nada.
El
propio
emperador
se
había
convertido
en
un
mendigo,
lo
había
perdido
todo.
El
emperador
se
postró
a
los
pies
del
mendigo
y
le
dijo:
«Ahora
yo
también
soy
un
mendigo
y
sólo
te
pido
una
cosa:
¡enséñame
el
secreto
de
esta
escudilla,
parece
mágica!».
El
mendigo
dijo:
«No
hay
ningún
secreto.
Está
hecha
de
mente
humana.
No
hay
nada
mágico
en
ella».
La
mente
humana
no
es
otra
cosa
que
esta
escudilla.
Aunque
sigas
llenándola,
siempre
permanece
vacía.
Aunque
le
eches
el
mundo
entero,
aunque
le
eches
todos
los
mundos,
simplemente
desaparecerán
sin
hacer
un
solo
ruido.
Por
mucho
que
le
des,
ella
sigue
pidiendo.
Dale
amor,
y
aparecerá
la
escudilla
del
mendigo,
y
tu
amor
desaparecerá.
Dale
la
vida
entera,
y
ahí
estará
la
escudilla,
mirándote
con
ojos
de
queja
y
diciéndote:
«No
me
has
dado
nada,
aún
estoy
vacía».
La
única
prueba
de
que
he
recibido
algo
es
ver
que
la
escudilla
se
llena;
y
sigue
vacía.
Por
supuesto,
esta
lógica
es
aplastante:
no
has
dado
nada.
Has
logrado
muchísimas
cosas,
y
todas
han
desaparecido
en
la
escudilla
del
mendigo.
La
mente
es
un
proceso
autodestructivo.
Hasta
que
la
mente
no
desaparezca
seguirás
siendo
un
mendigo.
Todo
lo
que
obtengas
será
en
vano;
seguirás
estando
vacío.
Y
si
disuelves
esta
mente,
el
vacío
te
llenará
por
primera
vez.
Ya
no
serás,
pero
te
habrás
convertido
en
el
todo.
Si
eres,
seguirás
siendo
un
mendigo.
Si
no
eres,
te
conviertes
en
un
emperador.
Por
eso,
en
la
India,
a
los
mendigos
les
llamamos
swamis.
Swami
quiere
decir:
maestro,
emperador.
No
puedes
encontrar
una
palabra
mejor
para
los
sannyasin.'
Cuando
yo
pensaba
en
qué
nombre
darle
a
los
nuevos
sannyasin,
no
pude
encontrar
ninguno
mejor.
Swami
es
el
mejor.
Significa:
uno
que
se
ha
disuelto
a
sí
mismo
tan
totalmente
que
ya
no
es;
uno
que
se
ha
convertido
en
el
mundo
entero,
en
el
maestro
de
todo.
De
otra
forma
hasta
los
emperadores
siguen
siendo
mendigos.
Siguen
deseando,
pidiendo
y
sufriendo.
Si
no
haces
ninguna
discriminación
entre
burdo
y
sutil
no
te
tentarán
el
prejuicio
y
la
opinión.
SI
NO
HACES
NINGUNA
DISTINCIÓN
entre
burdo
y
sutil,
entre
bueno
y
malo,
hermoso
y
feo,
esto
y
aquello;
si
no
haces
ninguna
distinción,
si
no
discriminas,
simplemente
aceptas
el
todo
como
es.
No
pones
tu
mente
en
ello,
no
te
vuelves
un
juez.
Simplemente
dices:
«Así
es».
La
espina
está
ahí,
tú
dices:
«Así
es».
La
rosa
está
ahí,
tú
dices:
«Así
es».
Un
santo
está
ahí,
tú
dices:
«Así
es».
Un
pecador
está
ahí,
tú
dices:
«Así
es».
Y
el
todo
sabe;
nadie
más
puede
saber
por
qué
existe
el
pecador.
Debe
de
haber
una
razón,
pero
ese
es
un
misterio
del
que
se
tiene
que
ocupar
el
todo,
no
es
para
que
te
preocupes
por
él.
El
todo
deja
que
nazcan
santos
y
pecadores,
espinas
y
rosas;
sólo
el
todo
sabrá
el
porqué.
Simplemente
entra
en
el
todo
y
no
hagas
ninguna
distinción.
Tú
también
sabrás
por
qué,
pero
solamente
cuando
te
hayas
convertido
en
el
todo.
El
misterio
se
resuelve
cuando
tú
mismo
te
has
convertido
en
el
misterio.
No
lo
puedes
resolver
mientras
sigas
siendo
tú
mismo.
Si
sigues
siendo
tú
mismo
te
convertirás
en
un
gran
filósofo.
Tendrás
muchas
respuestas
y
ninguna;
tendrás
muchas
teorías
pero
no
la
verdad.
Pero
si
te
conviertes
en
el
propio
misterio,
entonces
sabrás.
Pero
este
conocimiento
es
tan
delicado
que
no
puede
decirse
con
palabras.
Este
conocimiento
es
tan
paradójico
que
desafía
todo
lenguaje.
Este
conocimiento
es
tan
contradictorio
(porque
los
opuestos
pierden
sus
demarcaciones,
se
vuelven
uno)
que
ninguna
palabra
puede
expresarlo.
La
figura
es
la
palabra
y
el
fondo
es
el
silencio.
En
este
conocimiento
la
figura
y
el
fondo
se
han
vuelto
uno,
el
silencio
y
la
palabra
se
han
hecho
uno.
¿Cómo
podrías
expresarlo?
Y
aun
así
tiene
que
ser
expresado,
porque
hay
muchos
que
están
sedientos
de
ello.
Con
sólo
oír
hablar
acerca
de
ello,
puede
que
el
corazón
de
alguien
se
ponga
en
marcha.
Por
eso
Sosan
está
diciendo
todo
esto.
Sosan
sabe
que
no
puede
ponerse
en
palabras,
porque
siempre
que
dices
algo
tienes
que
discriminar.
Siempre
que
dices
algo
tienes
que
elegir
una
palabra.
Siempre
que
tienes
que
decir
algo,
prefieres
esto
a
aquello,
y
de
esa
forma
entra
la
mente.
Pero
nadie
lo
ha
intentado
de
mejor
forma
que
Sosan.
Él
es
incomparable.
No
puedes
encontrar
a
ningún
otro
hombre
que
haya
puesto
tan
bellamente
este
silencio
en
palabras.
Hasta
Buda
se
sentiría
celoso.
Este
Sosan
es
verdaderamente
un
Maestro;
un
Maestro
del
silencio
y
un
Maestro
de
las
palabras.
Él
ha
puesto
en
este
mundo
algo
que
no
pertenece
a
este
mundo.
Él
ha
puesto
en
palabras
la
experiencia
de
su
profundo
silencio.
Escucha
sus
palabras;
no
sólo
las
escuches,
absórbelas.
Deja
que
se
disuelvan
en
tu
corazón.
No
las
memorices.
Deja
que
entren
en
tu
ser
y
se
conviertan
en
tu
propia
sangre,
en
tus
propios
huesos.
Absórbelas,
aliméntate
con
ellas,
digiérelas,
y
olvídalas.
Estas
palabras
tienen
un
tremendo
poder
de
transformación.
Vivir
en
el
Gran
Camino
no
es
ni
fácil
ni
difícil,
pero
aquellos
que
tienen
una
visión
limitada
son
miedosos
e
indecisos:
cuanto
más
se
apresuran,
más
lentos
van,
y
el
apego
no
tiene
límites;
estar
apegado,
aunque
sea
a
la
idea
de
la
iluminación,
es
desviarse.
Deja
que
las
cosas
sean
a
su
manera
y
no
habrá
ni
ir
ni
venir.
Obedece
a
la
naturaleza
de
las
cosas
(tu
propia
naturaleza)
y
andarás
libre
y
tranquilo.
Cuando
el
pensamiento
está
cautivo,
la
verdad
se
oculta,
pues
todo
es
oscuro
y
confuso,
y
la
gravosa
práctica
de
juzgar
trae
consigo
irritación
y
hastío.
¿Qué
beneficio
se
puede
sacar
de
las
distinciones
y
las
separaciones?
Si
deseas
ir
por
el
Camino
único,
no
desprecies
ni
siquiera
el
mundo
de
los
sentidos
y
las
ideas.
En
realidad,
aceptarlo
plenamente
es
idéntico
a
la
verdadera
Iluminación.
El
hombre
sabio
no
persigue
ninguna
meta,
pero
el
tonto
se
encadena
a
sí
mismo.
Hay
un
Dharma,
una
verdad,
una
ley,
no
varias;
las
distinciones
surgen
por
las
tenaces
necesidades
del
ignorante.
Buscar
la
Mente
con
la
mente
discriminatoria
es
el
mayor
de
los
errores.