TAO LOS TRES TESOROS: VOL 2
capitulos 1 y 2
Tao: Los Tres Tesoros Vol. 2
Charlas sobre el Tao Te King de Lao Tse
Capítulo 1
Sobre el Conocimiento de la Ley Eterna
Alcanza la suma pasividad,
aférrate firmemente a las bases de la quietud.
Las diez mil cosas toman forma y despiertan a su actividad,
pero yo las observo regresar a su reposo
como la vegetación que crece exhuberante,
pero que vuelve a la raíz (al suelo) del que brota.
Volver a la raíz es reposar;
a eso se le llama “regresar al propio destino”.
Regresar al propio destino es encontrar la Ley eterna;
conocer la Ley eterna es estar Iluminado.
No conocer la Ley eterna
es exponerse al desastre.
La muerte es el destino. Ha de ser así porque es el origen: vienes de la muerte y vas a la muerte. La vida es simplemente un momento entre dos nadas; sólo un vuelo de pájaro entre dos estados del no-ser.
Si la muerte es el destino —como en verdad es— entonces toda la vida se convierte en una preparación, en un entrenamiento para ella, en una disciplina para aprender a morir debidamente, a morir total y absolutamente. La totalidad de la vida consiste en aprender a morir. Pero, de algún modo, la humanidad tiene un concepto equivocado de la muerte: el concepto de que la muerte es una enemiga. Ésta es la base de toda idea errónea, la base de la desviación de la humanidad respecto a la Ley eterna, al Tao. ¿Cómo ha ocurrido esto? Has de comprenderlo.
El hombre ha considerado a la muerte como la enemiga de la vida, como si la función de la muerte fuera destruir la vida, como si la muerte estuviera en contra de la vida. Si ésta es tu idea, entonces, evidentemente, has de luchar contra la muerte y la vida se convierte en un esfuerzo por sobrevivir a la muerte. Entonces estás luchando contra tu propio origen, estás luchando contra tu destino, estás luchando contra algo que va a pasar. Toda esa lucha es absurda porque no puedes evitar la muerte.
Si fuera algo exterior a ti podrías evitarla, pero es interior. La llevas contigo desde el mismo momento en que naces. Realmente, empiezas a morir cuando empiezas a respirar; en ese momento. No es correcto decir que la muerte llega al final; siempre ha estado contigo desde el principio mismo. Es parte de ti, es tu centro más profundo, crece contigo; un día alcanzará su clímax, un día florecerá. El día en que mueres no es el día en que te llega la muerte, sino el día en que floreces. La muerte ha estado creciendo en tu interior durante todo este tiempo y ahora ha alcanzado su punto culminante; y una vez la muerte alcanza su clímax empiezas a desaparecer de vuelta al origen.
Pero el hombre ha tomado una actitud equivocada y esa actitud errónea crea lucha, forcejeos, violencia. Un hombre que considera a la muerte como opuesta a la vida nunca puede ser no-violento. Es imposible. Un hombre que piensa en la muerte como en un enemigo nunca puede sentirse en paz, en casa. Es imposible. ¿Cómo puedes estar a gusto cuando el enemigo te está acechando? En cualquier momento saltará sobre ti y te destruirá. La sombra de la muerte siempre está cerniéndose sobre ti. Puede ocurrir en cualquier momento. ¿Cómo vas a descansar cuando la muerte te acecha? ¿Cómo vas a relajarte? El enemigo no te permitirá relajarte.
De ahí la tensión, la ansiedad, la angustia, de la humanidad. Cuanto más luchas con la muerte, más ansioso te vuelves. Ha de ser así; es una consecuencia natural. Si luchas contra la muerte sabes que vas a ser derrotado. ¿Cómo puedes estar contento con una vida que va a acabar en derrota? Sabes que por mucho que te esfuerces no podrás vencer a la muerte. En tu interior sólo tienes una certeza y ésa es la de tu muerte. En la vida, todo lo demás es incierto; sólo la muerte es cierta. Sólo hay una certeza, y en esa certeza tienes un enemigo. Luchando contra la certeza y depositando tus esperanzas en falsedades ¿cómo vas a descansar? ¿Cómo podrás estar relajado, tranquilo, calmado? Es imposible.
La gente viene a mí y me dice que les gustaría sentirse en paz, les gustaría sentirse en el mundo como si fuera su hogar, les gustaría estar en silencio. Sienten que necesitan relajarse. Pero miro en sus ojos y allí está el miedo a la muerte. Quizá, tan sólo estén tratando de relajarse para luchar más fácilmente contra la muerte; quizá estén intentando reposar para adquirir más fortaleza ante la muerte. Pero si la muerte está ahí ¿cómo vas a relajarte, a estar en silencio, en paz, como en tu hogar? Si la muerte es la enemiga, entonces, básicamente, toda la vida se convierte en tu enemiga. Entonces, a cada instante, en todas partes, proyecta su sombra; entonces, a cada instante, en todas partes, resuena el eco de la muerte. La vida entera se vuelve hostil y empiezas a luchar.
La idea fundamental de la mente occidental es luchar para sobrevivir. Dicen: “La supervivencia del más apto”, “La vida es una lucha”. ¿Por qué una lucha? Es una lucha porque consideras a la muerte como el enemigo. Una vez comprendes que la muerte no es lo opuesto a la vida sino parte de ella, una parte intrínseca de ella de la cual nunca podrá separarse, una vez aceptas a la muerte como amiga, de repente tiene lugar una transformación. Eres transfigurado; ahora ves las cosas de forma diferente. Ya no hay lucha, ni guerra; no estás luchando contra nadie, puedes relajarte, puedes estar en casa. Sólo cuando la muerte se convierte en amiga, la vida también se convierte en amiga. Esto puede parecerte paradójico, pero es así; sólo en apariencia es paradójico. Si la muerte es tu enemiga, entonces, en lo profundo, la vida también es tu enemiga, porque la vida te conduce a la muerte.
La vida, sea de la clase que sea, te conduce a la muerte: la vida del pobre, la vida del rico, la vida exitosa y la vida del fracaso, la vida del sabio y la vida del ignorante, la vida del pecador y la del santo. Todas las vidas, se diferencien en lo que se diferencien, te llevan a la muerte. ¿Cómo puedes estar enamorado de la vida si estás en contra de la muerte? Entonces tu amor simplemente es posesividad, tu amor no es más que un apego. Al estar contra la muerte te aferras a la vida, pero te es fácil entender que esta misma vida te está acercando cada día más a la muerte. De modo que estás condenado; todos tus esfuerzos están condenados al fracaso. Y entonces aparece la ansiedad; todo tu ser empieza a temblar. Vives asustado y entonces te vuelves violento y pierdes la cabeza.
En Occidente la proporción de locos es muy superior a la de Oriente. La razón es clara: Occidente considera a la muerte como opuesta a la vida. Pero Oriente tiene un punto de vista totalmente diferente: vida y muerte son una unidad; las dos caras de un mismo fenómeno. Una vez aceptas la muerte, de inmediato aceptas muchas cosas. De hecho, si aceptas la muerte como parte de la vida, entonces todos los demás enemigos también son aceptados como amigos porque la dualidad básica queda disuelta —la dualidad entre vida y muerte, ser y no-ser—. Si la dualidad básica queda resuelta, entonces todas las demás dualidades son simplemente superficiales; se disuelven. De repente, estás en casa: tus ojos están claros, sin humo que los ciegue; ves con una claridad absoluta, sin oscuridad a tu alrededor.
Pero ¿por qué? ¿Por qué ha ocurrido en Occidente?... También está sucediendo en Oriente porque Oriente está volviéndose más y más occidental cada día. En la educación, en las actitudes científicas, Oriente ha dejado de ser puramente Oriente; está ya contaminado. Actualmente, Oriente también se está volviendo ansioso, temeroso. ¿Te has fijado en la gran conciencia del tiempo que existe en Occidente? No ocurre así en Oriente. La poca que hay, ¿te has fijado que aparece sólo en las áreas cultas y educadas? Si visitas los pueblos verás que no existe una conciencia del tiempo. De hecho, la conciencia del tiempo es la conciencia de la muerte: cuando tienes miedo de la muerte, el tiempo se acorta. Con tantas cosas por hacer y tan poco tiempo disponible eres consciente de cada segundo que pasa. La vida se está acortando porque estás tenso, porque tienes prisa y haces muchas cosas intentando disfrutar de todas ellas, corriendo de un lugar a otro, de un goce a otro... y sin disfrutar de nada porque eres excesivamente consciente del tiempo.
La gente de Oriente no es tan consciente del tiempo porque ha aceptado la vida. Puedes que no sepas que en India llamamos a la muerte, “tiempo”. Llamamos a la muerte “kal”, y también llamamos al tiempo, “kal”. “Kal” significa “tiempo” y “kal” significa, también, “muerte”. Utilizar la misma palabra para ambos implica una muy profunda comprensión; es muy revelador. Tiempo es muerte; muerte es tiempo. Cuanto más consciente eres de la muerte, más consciente eres del tiempo; cuanto menos consciente de la muerte, menos consciente del tiempo. Entonces, la cuestión del tiempo no surge. Si has absorbido completamente la muerte en la vida, la conciencia del tiempo desaparece. ¿Por qué en Occidente —y ahora en Oriente— hay tanta ansiedad respecto a la muerte, y en tal grado que eres incapaz de disfrutar de esta vida?
Viviendo en un mundo sin tiempo las piedras son más felices que el hombre; viviendo en un mundo donde no se conoce la muerte los árboles son más dichosos que el hombre. No es que no mueran, sino que no conocen la muerte. Los animales son felices, dichosos; los pájaros cantan; toda la Existencia, excepto el hombre, es dichosamente inconsciente de la muerte. Sólo el hombre es consciente de la muerte y eso crea todos los demás problemas; ése es el problema original, la brecha fundamental.
No debería ser así pues el hombre es lo superior, lo más refinado, la culminación de la Existencia. ¿Por qué sucede esto con el hombre? Siempre que alcanzas la cumbre más elevada, junto a ella se encuentra el valle más profundo. Una alta cumbre sólo existe junto a un profundo valle. Para las piedras no hay infelicidad ninguna, ningún valle, porque su felicidad también se encuentra en la tierra llana. El hombre es una cumbre; ha subido alto, pero debido a esta ascensión junto a él ha surgido un valle, un abismo. Miras hacia abajo y sientes náuseas; miras hacia abajo y te entra miedo. El valle forma parte de la cumbre, el valle no puede existir sin la cumbre y la cumbre no puede existir sin el valle. Van unidos; forman una unidad. Pero el hombre en lo alto de la cumbre mira hacia abajo y se siente mareado, asustado; tiene nauseas, miedo.
El hombre es consciente; en eso radica todo el problema.
La consciencia es una espada de doble filo; corta por ambos lados. Puede hacerte absolutamente feliz con una felicidad no conocida en toda la Existencia; y puede hacerte realmente infeliz y miserable con una infelicidad desconocida también en todo el mundo. El hombre es una posibilidad doble; al ser consciente, ante él se abren, de súbito, dos caminos.
La consciencia puede transformarse en una bendición, pero también puede convertirse en maldición. Toda bendición conlleva una maldición; el problema es que depende de ti el escoger. Permíteme explicártelo y luego podremos adentrarnos fácilmente en el sutra.
El hombre es consciente. En el instante en que el hombre se vuelve consciente, es también consciente de su fin, de que va a morir. Se vuelve consciente del mañana, del tiempo, consciente del paso del tiempo, y entonces, más pronto o más tarde, llegará el fin. Cuanto más consciente es, más se convierte la muerte en un problema, en el único problema. ¿Cómo evitarla? Esto es utilizar la consciencia de una manera equivocada. Es como si le dieras un telescopio a un niño y el niño no supiera usarlo. Puede que mirara por el telescopio utilizándolo al revés.
La consciencia es un telescopio; puedes mirar a través de ella por el extremo equivocado. Y utilizar el extremo equivocado produce ciertos beneficios... y eso genera más problemas. A través del extremo equivocado del telescopio puedes ver ciertos beneficios a tu alcance; a corto plazo, son posibles muchos beneficios. La gente que es consciente del tiempo obtiene ganancias en comparación con la gente que no es consciente del tiempo. La gente que es consciente de la muerte logra muchas cosas comparado con aquéllos que no son conscientes de muerte alguna. Por eso Occidente continúa acumulando riquezas materiales mientras que Oriente ha permanecido pobre. Si no eres consciente de la muerte, ¿qué te importa la riqueza?
La gente vive momento a momento como si el mañana no existiese. ¿Quién se va a preocupar por acumular? ¿Para qué? El hoy es tan bonito... ¿por qué no celebrarlo? ¡Ya nos ocuparemos del mañana cuando llegue!
En Occidente han acumulado riquezas infinitas porque son muy conscientes del tiempo. Han reducido toda su vida a los bienes, a los objetos materiales... a construir rascacielos. Han acumulado mucha riqueza... ése es el beneficio de mirar por el extremo equivocado. Sólo pueden ver determinadas cosas cercanas, inmediatas; son incapaces de ver más lejos. Sus ojos se han vuelto como los de un ciego que no puede ver lejos. Sólo mira aquello que puede obtener de forma inmediata, sin pensar que puede, a la larga, suponer un coste tremendo. A largo plazo este beneficio puede no ser un beneficio. Puedes construirte una gran casa, pero para cuando esté lista puede que sea la hora de irte; acaso no puedas vivir en absoluto en ella. Podrías haber vivido agradablemente en una casa pequeña, incluso una cabaña te hubiera valido, pero elegiste vivir en un palacio. Ahora el palacio está listo, pero el hombre se ha ido. Ya no está.
La gente acumula riquezas a costa de sí mismos. Al final, por último, un día se dan cuenta de que se han perdido a sí mismos y que han estado adquiriendo cosas inútiles. El precio ha sido muy alto, pero ahora nada puedes hacer: ha pasado el momento.
Si eres consciente del tiempo te volverás loco acumulando bienes; transformarás toda tu energía vital en bienes. Un hombre consciente del conjunto disfrutará este momento tanto cuanto pueda. Fluirá. No se preocupará por el mañana porque sabe que el mañana nunca llega. En su interior sabe que, al final, sólo has de obtener una cosa: a ti mismo.
Vive y hazlo totalmente para que entres en contacto contigo mismo... No hay ninguna otra manera de entrar en contacto contigo. Cuanto más profundamente vives, más profundamente te conoces a ti mismo —en las relaciones, en la soledad. Cuanto más te adentras en las relaciones, en el amor, más profundamente sabes. El amor se convierte en un espejo. Y uno que nunca ha amado no sabe estar solo; a lo sumo es un solitario.
Aquél que ha amado y ha conocido lo que es una relación, es capaz de estar solo. Ahora, su soledad posee una calidad totalmente diferente; no es solitud. Ha vivido una relación, ha satisfecho su amor, ha conocido al otro... y se ha conocido a sí mismo a través del otro. Ahora puede conocerse directamente, ahora no es necesario el espejo. Tan sólo imagínate a alguien que nunca se haya encontrado con un espejo. ¿Podrá cerrar los ojos y ver su cara? Es imposible. Ni siquiera puede imaginarse su cara, no puede meditar sobre ella. Pero el hombre que se ha encontrado con un espejo, que se ha mirado en él, que ha descubierto su cara a través de él, puede cerrar los ojos y ver interiormente su rostro. Eso es lo que sucede con las relaciones. Cuando una persona empieza una relación, la relación le sirve de espejo, le refleja, y descubre muchas cosas en sí mismo que nunca supo que existían.
A través del otro descubre su ira, su codicia, sus celos, su posesividad, su compasión, su amor, y miles de estados de ánimo de su ser. A través del otro descubre muchos climas. Entonces, lentamente, llega un momento en que puede estar solo; puede cerrar los ojos y conocer directamente su propia consciencia. Por eso digo que para la gente que nunca ha amado, la meditación es muy, muy difícil.
Los que han amado profundamente pueden convertirse en grandes meditadores; los que a través de una relación han amado, están ahora en posición de valerse por sí mismos. Han madurado. Ahora el otro no es necesario. Si el otro está presente, pueden compartir, pero la necesidad ha desaparecido; ahora no hay dependencia.
La consciencia se convierte a menudo en conciencia de la muerte. Si la consciencia se convierte al final en conciencia de la muerte, aparece el miedo. Ese miedo crea en ti una continua tendencia a huir. Entonces estás huyendo de la vida; donde hay vida, tú huyes de ella porque donde hay vida siempre surge el destello, el vislumbre, de la muerte.
La gente que teme desmesuradamente a la muerte nunca se enamora de seres humanos; se enamora de cosas... las cosas nunca mueren porque nunca han vivido. Los objetos perduran para siempre. Y es más: son reemplazables. Si pierdes un automóvil puedes reemplazarlo por otro automóvil exactamente de la misma marca. Pero no puedes reemplazar a una persona. Si tu esposa muere, muere para siempre. Puedes tener otra esposa, pero ninguna mujer podrá reemplazarla. Para bien o para mal, ninguna otra mujer podrá ser esa misma mujer. Si tu hijo muere podrás adoptar a otro, pero no podrás relacionarte con ningún hijo adoptivo de la misma manera que con tu propio hijo. La herida permanece, no puede ser curada. La gente que tiene demasiado miedo a la muerte llega a tener miedo a la vida. Entonces empiezan a acumular bienes: un gran palacio, un gran automóvil, millones de dólares, de rupias, esto y lo otro,... objetos inmortales. Una rupia es más inmortal que una rosa. No se interesan por las rosas; sólo siguen acumulando rupias. Una rupia nunca muere, es casi inmortal; pero una rosa... Por la mañana estaba viva y por la tarde ha dejado de existir. Ellos sienten temor hacia las rosas; no las miran. O, a veces, si surge el deseo, compran flores de plástico. Están muy bien; puedes estar tranquilo con flores de plástico porque te ofrecen la sensación de inmortalidad. Perduran por y para siempre. Una auténtica rosa por la mañana está viva; por la tarde, se ha marchitado, los pétalos han caído al suelo, ha vuelto al origen mismo. Surge de la tierra, florece un rato y lanza su fragancia a toda la Existencia. Entonces, misión cumplida, mensaje entregado. Vuelve en silencio a la tierra y desaparece sin una sola lágrima, sin luchar. ¿Has visto cómo caen a tierra los pétalos de una flor? ¡De qué bella manera y con qué gracia caen! Sin aferrarse; ni por un instante intentan retenerse. Sopla una brisa y toda la flor cae a tierra, vuelve a su origen.
El hombre que tenga miedo a la muerte tendrá miedo a la vida, tendrá miedo al amor, porque el amor es una flor; el amor no es una rupia. El hombre que tiene miedo a la vida podrá casarse, pero nunca se enamorará. El matrimonio es como una rupia; el amor es como una rosa. Puede haberlo o no haberlo; no puedes tener seguridades respecto a él; la inmortalidad no se le puede aplicar. Un matrimonio es algo a lo que aferrarse; supone una certificación, una fuerza legal. Tras él están la fuerza de la policía y del presidente; todos ellos aparecerán si algo sale mal.
Pero con el amor... tiene la fuerza de las rosas, evidentemente, pero las rosas no son policías, no son presidentes, no pueden protegerlo. El amor viene y va; el matrimonio simplemente viene. Es un fenómeno muerto, es una institución. Es absolutamente increíble que a la gente le guste vivir en instituciones. Asustados, temiendo a la muerte, han eliminado exhaustivamente todas las posibilidades de muerte. Están creando una ilusión a su alrededor para que todo permanezca como está. Todo está seguro y controlado. Ocultos tras esta seguridad se sienten un poco tranquilos, pero eso es una estupidez, una tontería. Nada puede salvarles; la muerte vendrá y llamará a sus puertas y morirán.
La consciencia puede asumir dos posiciones. Una es tener miedo a la vida porque a través de la vida llega la muerte. Otra es amar a la vida tan intensamente que empieces también a amar a la muerte porque es el centro más profundo en ti. La primera surge del pensamiento; la segunda actitud surge de la meditación. La primera actitud surge de un exceso de pensamientos; la segunda actitud surge de una mente sin pensamientos, de la no-mente. La consciencia puede ser reducida a pensamientos; los pensamientos pueden re-fundirse como consciencia. Simplemente fíjate en un río en el frío invierno. Cuando los icebergs empiezan a aparecer quiere decir que el agua se está helando. Entonces el frío se incrementa, la temperatura cae bajo cero y el río entero se hiela. Ahora no hay movimiento alguno, nada fluye. La consciencia es un río, un arroyo; cuando aparecen pensamientos, el arroyo se hiela. Si hay muchos pensamientos, muchos obstáculos-pensamientos, no hay ninguna posibilidad de que fluya. Entonces el río está completamente helado. Estás muerto.
Pero si el río fluye libremente, si fundes los icebergs, si fundes todo lo helado, todos los pensamientos... De eso es de lo que trata la meditación: un esfuerzo por descongelar los pensamientos. Pueden re-convertirse de nuevo en consciencia. Entonces el río fluye, entonces el río es un flujo vivo, vibrante; danzando, se acerca al mar.
¿Por qué a la gente le gusta estar congelada? Porque un río helado no puede dirigirse al mar. El mar significa la muerte. El río desaparecerá, desaparecerá para siempre, se volverá uno con el infinito, ya no será una individualidad, no tendrá su propio nombre; el Ganges no será ya el Ganges, el Volga no será el Volga. Desaparecen en lo desconocido.
Si la mente tiene miedo se convierte en un torbellino de pensamientos. Si eres un hombre excesivamente inclinado a pensar, si continuamente estás pensando, mañana y tarde, desde la tarde a la mañana —de día, pensamientos, pensamientos y más pensamientos; de noche, sueños, sueños y más sueños— tu río está helado. Eso también forma parte del miedo: tu río está tan helado que no puedes moverte, de modo que el océano queda muy lejos. Si te mueves, penetrarás en el océano.
La meditación es un esfuerzo por descongelarte. Los pensamientos, poco a poco, van fundiéndose como la nieve, te vas volviendo fluido de nuevo, y la mente se convierte en un arroyo. Ahora, sin que nada se lo impida, sin obstáculos, se dirige hacia el mar.
Si la consciencia se vuelve meditativa entonces aceptas la muerte, entonces la muerte no es algo aparte; eres tú. Entonces aceptas la muerte como un reposo; entonces aceptas la muerte como una última relajación; entonces aceptas la muerte como una jubilación. Te retiras. Durante todo el día has estado trabajado duramente; por la tarde vienes a casa y entonces te vas a dormir, te retiras. La vida es como el día; la muerte, como la noche. De nuevo volverás; vendrán muchas otras mañanas; bajo formas diferentes volverás una y otra vez aquí, hasta que llegue la muerte absoluta. Esta muerte absoluta es para aquéllos que se han desprendido por completo de los pensamientos. Es para aquéllos que saben, de forma absoluta, que vida y muerte son las dos caras de una misma moneda; para aquéllos que ya no temen a la muerte; para los que no sienten ni el más ligero temor; para los que no sienten ya apego por la vida.
De modo que existen dos fases en la desaparición final. La primera es no tener miedo de la muerte. Y una vez no tienes miedo de la muerte, el segundo paso es no sentir pasión por la vida. Entonces la trasciendes.
Y Lao Tse ha dicho que ésta es la Ley eterna. “Conocerla es estar Iluminado; no conocerla es exponerse al desastre”.
Ahora el sutra:
Alcanza la suma pasividad,
aférrate firmemente a las bases de la quietud.
Las diez mil cosas toman forma y despiertan a su actividad,
pero yo las observo regresar a su reposo,
como la vegetación que crece exhuberante,
pero que vuelve a la raíz (al suelo) del que brota.
Volver a la raíz es reposar:
a eso se le llama “regresar al propio destino”.
Regresar al propio destino es encontrar la Ley Eterna;
conocer la Ley eterna es estar Iluminado.
No conocer la Ley eterna
es exponerse al desastre.
Ahora, has de comprender muchas cosas.
Primero, “suma pasividad”. La muerte es pasividad. La muerte es la suma pasividad. No podrás hacer nada. Así es cómo juzgamos cuándo un hombre está muerto: cuando no respira, cuando no puede abrir los ojos, cuando no puede hablar, cuando no puede moverse. ¿Cómo juzgas cuándo un hombre está muerto? Cuando no puede hacer nada, cuando es la suma pasividad. Un hombre muerto es completamente pasivo; es incapaz de hacer nada.
Eso me recuerda una historia.
Un día Mulá Nasrudin dijo:
—Algunas personas están muertas cuando parecen estar vivas, y otras están vivas aunque parecen estar muertas. ¿Cómo podemos averiguar si un hombre está muerto o vivo?
Y repitió la última frase en voz tan alta que su esposa la oyó y le dijo:
—¡Estúpido! Si sus manos y pies están fríos sabrás que está muerto.
Unos días después Nasrudin estaba cortando leña en el bosque cuando se dio cuenta de que sus extremidades estaban casi congeladas por el frío. Entonces dijo:
—Parece que me llega la muerte... pero los muertos no cortan leña. Han de estar cómodamente acostados, porque no necesitan movimiento físico.
Y se tumbó bajo un árbol.
Justo entonces una manada de lobos, muy hambrientos debido al crudo invierno, pasó por allí. Creyendo que Mulá estaba muerto saltaron sobre su asno y se lo comieron.
—Así es la vida —pensó Mulá—. Una cosa condiciona la otra. Si hubiera estado vivo, no os habrías tomado tantas libertades con mi asno.
La muerte es pasividad. No puedes hacer nada. Si estás tratando de aprender a morir —y eso es lo mismo que intentar aprender; no son dos artes, sino uno sólo— entonces debes aprender a ser pasivo en el más alto grado. Siempre estás haciendo algo; tu mente nunca te permite estar pasivo. La mente ansía actividad porque a través de la actividad la mente permanece viva. Intenta ser pasivo unos instantes cada día. Si puedes permanecer pasivo durante una hora todos los días, una diferente dimensión de consciencia se te revelará.
Eso es técnicamente conocido como “meditar”: mantenerte pasivo por unos instantes. Durante veintitrés horas haz lo que quieras —en la vida es necesario el trabajo, la actividad— pero la vida también necesita un equilibrio entre actividad e inactividad, de modo que, por lo menos de vez en cuando, vuélvete completamente inactivo. Piensa como pensó Mulá: “Durante una hora estoy muerto”. Deja entonces que el mundo continúe con lo que está haciendo; durante una hora permanece completamente muerto a ello.
¿Por qué Lao Tse dice: “suma pasividad”? ¿No es suficiente con estar pasivo? “Suma” tiene un significado: cuando empiezas a ser pasivo te esfuerzas por ser pasivo... porque no sabes ser pasivo.
La gente viene a mí y me pregunta cómo relajarse. Si les digo algo, si les digo que han de relajarse de así, lo harán, pero todo “hacer” es contrario a la relajación. No puede haber un modo porque un “cómo” implica que hay que hacer algo. De hecho, la relajación surge cuando no estás haciendo nada, ni siquiera esforzándote por relajarte, porque ese esfuerzo será un estorbo. De la gente que no puede dormirse fácilmente, de los que padecen insomnio, el 99 por 100 lo sufre debido a su mente; sólo un 1 por 100 puede tener algún problema físico. El resto, los noventa y nueve, padecen simplemente un problema mental: tienen la idea de que no pueden dormirse de manera que se esfuerzan por dormir. Todo lo que han de dejar de hacer es esforzarse. Si “haces” algo, este mismo “hacer” no te permitirá dormirte. Por eso, cuando estás entusiasmado y la mente está en marcha, no puedes conciliar el sueño. Pero cuando la excitación desaparece y la mente se queda sin nada que hacer, simplemente pones la cabeza en la almohada y te duermes. No has de hacer nada más. Eso es todo. Descansas la cabeza y te duermes. Pero una persona que padece insomnio no se lo cree. Piensa que los demás están conspirando en su contra. Le cuentan que simplemente reclinan la cabeza y se duermen, pero él lo ha estado intentando durante años y nunca le ha sucedido. Así que deben de estar escondiendo algún secreto.
Nadie está escondiendo ningún secreto. Es algo muy simple: no haces nada y el sueño se presenta. No puedes obligarle a que aparezca. Si lo intentas, el resultado será el opuesto. Ni siquiera le esperes. Simplemente acuéstate y deja de preocuparte; olvídate de él. Simplemente disfruta del acostarte: siente las frías sábanas, disfruta la calidez, la sensación de estar en la cama. Sencillamente disfruta.
A veces, el simple respirar es algo hermoso: estás vivo y respiras. No todos somos tan afortunados. Para cada persona viva hay treinta personas muertas en el mundo pues la Tierra lleva viviendo desde hace mucho. Por cada persona viva hay treinta personas muertas, bajo la tierra. Eres afortunado por estar sobre la tierra, no bajo ella. Pronto estarás abajo. Pero entre tanto, disfruta de poder respirar. Respirar, simplemente, es, a veces, tremendamente hermoso; te da paz.
“Suma pasividad” significa que incluso el esfuerzo por estar pasivo ha de desaparecer. Entonces es suma pasividad. Y éste es el punto más profundo al que la meditación puede conducirte.
La gente viene y me dice que hablo de pasividad, pero que todas mis meditaciones son activas. ¿Por qué? Hay una razón, una lógica en ello. Aunque te parezca una locura, esa locura tiene un método tras ella. Y el método es que a menos que hayas realizado una actividad total no podrás estar en una suma pasividad.
Si has trabajado duro el día entero, por la tarde, cuando llegas a casa estás ya casi dormido, te estás casi durmiendo, estás listo para dormirte. Los pobres, incluso los mendigos, nunca padecen insomnio; sólo los muy ricos padecen insomnio. El insomnio es un gran lujo; no todos podemos permitírnoslo. Sólo la gente que no ha estado trabajando, los que han estado descansando el día entero, tienen dificultades para dormir. Su lógica es estúpida, pero es muy lógica. Creen que habiendo estado entrenándose el día entero para dormir, el sueño debería venirles más fácilmente. Han estado descansando, relajándose, el día entero, esperando la noche, entrenándose al máximo, pero por la noche descubren que no pueden conciliar el sueño. Les es imposible. Si estás relajado durante todo el día, ¿cómo vas dormir por la noche?
La vida transcurre entre extremos. Por eso digo: Ama si quieres estar solo; adéntrate en el otro si quieres estar total y absolutamente solo. Sé activo si quieres ser pasivo. No tengas miedo de los extremos; la vida es una polaridad. Por eso la vida es vida y muerte; la muerte es su otro extremo.
Alcanza la suma pasividad,
Aprende a ser pasivo. No estés siempre haciendo cosas; a veces, deja también que las cosas sucedan. De hecho, todas las grandes cosas suceden; nunca son “hechas”. El amor sucede; nadie puede enamorarse a propósito. Aunque te lo ordenen, aunque un Adolfo Hitler te ordene que ames, ¿qué puedes hacer? Puedes simular, puedes actuar, pero ¿cómo vas a amar verdaderamente por decreto? Es imposible. He observado que los que han amado sin estar realmente enamorados, se han convertido en observadores, han alcanzado una cierta posición de observador. Particularmente, las prostitutas se convierten en observadores porque no aman a la persona, no se implican en ello. Sólo es su cuerpo el que se mueve; sólo hay gestos, gestos vacíos de amor; y ellas siempre se mantienen distantes. Todo se desarrolla mientras ellas se mantienen distantes sin implicarse. Fácilmente pueden convertirse en observadores. Los amantes no pueden competir con las prostitutas porque se involucran en el acto, se olvidan de sí mismos.
Recuérdalo: muévete entre extremos. Y si realmente quieres ser consciente te diré que, en ocasiones, trates te olvidarte por completo de ti mismo. Involúcrate totalmente de manera que “tú” desaparezcas; cuando de repente regreses, estarás totalmente presente. Olvidando, recordando, viviendo, muriendo, despertando, yendo a dormir, amando, meditando... muévete entre los extremos, utiliza los opuestos, sé simplemente como las dos ruedas de una carreta o las dos alas de un pájaro. No intentes permanecer en un extremo porque entonces te quedarás paralizado.
“Alcanza la suma pasividad”... y recuerda siempre que todos lo hermoso “sucede”: el amor sucede —no puedes provocarlo—, la meditación sucede —no puedes provocarla—, la relajación sucede —no puedes provocarla—. De hecho la vida te ha “sucedido” a ti; no has hecho nada para tenerla, no te la has ganado. Y la muerte te sucederá; no puedes hacer nada al respecto. Todo lo hermoso, lo profundo, sucede. Sólo lo fútil es hecho por el hombre.
Ni siquiera puedes respirar; también sucede. Sintoniza con el mundo del “suceder”.
Si me preguntas a mí, el mundo material es el mundo del “hacer” y el mundo espiritual es el mundo del “suceder”. Haz, pero entonces sólo obtendrás “cosas”; sé, y deja que todo suceda y lograrás el Ser de la Existencia. Dios nunca es alcanzado mediante el esfuerzo; Dios “sucede”. Tienes que permitirle aparecer; no puedes forzarle, no puedes atacarle, no puedes ser violento con Él... y toda actividad es violencia. Tan sólo puedes dejar que suceda.
Por eso, Lao Tse dice que aquéllos que quieren alcanzar la Verdad suprema han de desarrollar una mente femenina. La mente femenina es el no-hacer: el hombre hace, la mujer espera; el hombre penetra, la mujer simplemente recibe. Pero lo más grande sucede a la mujer, no al hombre: queda embarazada. De hecho, al hombre nada le sucede. Puede ser reemplazado mediante una inyección, puede ser reemplazado por una jeringuilla. No es una parte fundamental de la vida.
Todo sucede a la mujer; ella se convierte en el nuevo hogar de una nueva vida. Se dispone a nacer un nuevo dios y ella se convierte en el templo. El hombre permanece como extranjero... y el hombre es el hacedor; la mujer se encuentra en el extremo receptor. Por eso, Lao Tse dice que si quieres recibir lo Supremo, sé femenino, sé receptivo, sé pasivo.
... aférrate firmemente a las bases de la quietud.
Si eres pasivo permanecerás en profundo silencio, recogido, en calma, en quietud. Aférrate a eso. Una vez sepas lo que es, aférrate fuerte a ello. Ahora mismo no puedes porque ni siquiera sabes si existe algo en ti. Tu débil y calmada voz interior —ese pequeño, diminuto, atómico, centro del ciclón— está ahí. Si permaneces pasivo, lentamente te deslizarás hacia él. Un día, de repente, comprenderás que el ciclón del mundo puede continuar, pero que no altera tu centro. La perturbación está lejos; ni siquiera lo toca.
Sucedió que un Maestro zen fue invitado a una reunión de amigos y estaban comiendo y hablando cuando de repente empezó un terremoto. El edificio en el que estaban era una construcción de siete pisos y ellos se encontraban en el séptimo, de modo que su vida estaba en peligro. Todos trataron de escapar. El anfitrión, mientras corría, quiso ver qué hacía el Maestro. Él permanecía allí sin ni siquiera un asomo de ansiedad en su rostro. Con los ojos cerrados estaba sentado en su silla, igual que lo había estado antes.
El organizador se sintió un poco culpable creyendo haberse comportado como un cobarde. No era correcto que el invitado se quedara allí sentado mientras que el anfitrión huía. Los demás, los otros veinte invitados, ya habían bajado por la escalera, pero él se detuvo y, temblando de miedo, se sentó junto al Maestro.
El terremoto se calmó y el Maestro abrió los ojos reanudando la conversación que había interrumpido debido al terremoto. Retomó exactamente la misma frase, como si no hubiera pasado nada.
El anfitrión no se sentía ahora de humor para escuchar, no estaba de humor para entender nada porque todo su ser estaba alterado y tenía miedo. Aunque el temblor se había calmado, el miedo todavía estaba allí. Le dijo:
—Ahora no cuentes nada porque no podré entenderlo. Estoy descentrado. El terremoto me ha perturbado demasiado. Pero hay una pregunta que me gustaría hacerte. Todos los otros invitados habían salido corriendo; yo también estaba ya en la escalera, corriendo, cuando de repente me acordé de ti. Al verte aquí sentado con los ojos cerrados, sentado tan tranquilo, tan impertérrito, me sentí un cobarde. Soy el anfitrión y no debería haberme ido corriendo. Así que regresé y me senté a tu lado. Me gustaría hacerte una pregunta. Todos intentamos escapar. ¿Qué te pasó a ti? ¿Qué dices del terremoto?
El Maestro contestó:
—Yo también escapé. Tú escapaste exteriormente; yo escapé interiormente. Tu huída era una inutilidad porque dondequiera que fueras te encontrarías con el terremoto. Por eso no tenía sentido, era inútil. Hubieras podido llegar al sexto, o al quinto, o al cuarto piso, pero también allí había el terremoto. Yo me refugié en un punto dentro de mí al que ningún terremoto nunca llega, al que nunca puede llegar. Entré en mi centro.
Esto es lo que Lao Tse dice: “... aférrate firmemente a las bases de la quietud”. Si eres pasivo, poco a poco te irás dando cuenta del centro dentro de ti. Lo llevas desde el principio, siempre ha estado allí, sólo que no lo conoces, no estás atento. Una vez eres consciente de él, toda la vida se vuelve diferente. Puedes permanecer en el mundo y estar fuera de él porque siempre estás en contacto con tu centro. Puedes estar en medio de un terremoto y mantenerte impertérrito porque nada te toca.
En el Zen dicen que un Maestro zen que ha alcanzado su centro interno puede atravesar un arroyo sin que el agua le toque nunca los pies. ¡Qué hermoso! No afirman que el agua no moje sus pies —el agua los mojará—; dicen algo respecto al mundo interior, el más allá interior. Nada lo toca; todo afecta sólo a la periferia mientras que el centro permanece intacto, puro, inocente, virgen.
Las diez mil cosas toman forma y despiertan a su actividad,
pero yo las observo regresar a su reposo,...
Lao Tse dice: “Miro, observo la vida y veo lo que sucede”.
... como la vegetación que crece exhuberante,
pero que vuelve a la raíz (al suelo) del que brota.
Todo regresa al origen. Brota una nueva semilla; luego llega la primavera y ella está exuberantemente viva. Entonces un día vuelve atrás; ha completado el círculo: desaparece de nuevo en la tierra.
El hombre no es una excepción. Nada puede ser una excepción. Al igual que los animales retroceden, al igual que los árboles retroceden, al igual que los ríos retroceden, el hombre retrocede.
Volver a la raíz es reposar;
La vida es actividad, acción; la muerte es pasividad. “Volver a la raíz es reposar”. Es hermoso. Siempre que un hombre que ha vivido correctamente, que ha entendido correctamente, muere, ves el la paz en su rostro; no la angustia, ni el éxtasis, ni la agonía. Puedes ver toda su vida entera escrita en su rostro: vivió bien, amó bien, comprendió bien... y regresa a casa. No hay ninguna queja, no hay rencor, sino gratitud y agradecimiento. El círculo está completo; aparece el reposo.
Siempre que un hombre que no ha vivido bien, que ha vivido a medias, muere, muestra agonía en su rostro. Su rostro se vuelve desagradable.
La muerte es el criterio. Si mueres de forma bella, sin saber yo nada de tu vida, solamente viendo tu rostro al morir, puedo escribir toda tu biografía. En la muerte no puedes mentir; en la vida, sí. En la vida puedes sonreír cuando en tu interior hay ira, puedes presentar una falsa apariencia, pero en la muerte nadie es tan hábil. La muerte revela la verdad. La muerte hace salir a la superficie de tu rostro tu realidad. Por esto, cuando mueras, tu muerte revelará cómo has vivido: si tu vida fue una verdadera vida, auténtica, o una vida desagradablemente deshonesta.
Al santo no se le conoce por su vida, porque puede estar fingiendo; el santo sólo es conocido en la muerte, porque entonces no puedes simular.
Volver a la raíz es reposar;...
Un santo muere en gracia; la muerte se convierte en la culminación de toda la vida, el toque final.
... a eso se le llama “regresar al propio destino”.
Todo vuelve a su origen. En Occidente se tiene la idea de “progreso lineal”; en Oriente tenemos la idea de “progreso circular”. Estos conceptos son totalmente diferentes y mucho depende de ellos. En Occidente se cree que todo se mueve y continúa moviéndose en línea, en línea recta. En Oriente creemos que todo se mueve en círculos, como una rueda. La palabra misma samsara —el mundo— significa “rueda”. Todo regresa a su origen, una y otra y otra vez. Así es cómo se suceden las estaciones, así es cómo se mueve la Tierra, así es cómo se mueve el Sol, así es cómo todo el firmamento y las estrellas se mueven: en círculo. El círculo es el proceso básico; el círculo es la Ley eterna de la vida. No es lineal. Si las cosas se movieran en línea entonces la historia sería muy importante porque nunca sucedería de nuevo lo mismo. Por eso, en Occidente la historia se ha vuelto tan importante. En Oriente nunca nos ha interesado la historia; de hecho no tenemos una historia escrita. Sólo hemos escrito mitologías, los Puranas. Los Puranas no son historia porque a nosotros no nos interesa la historia.
Si todo se mueve en círculos lo mismo sucederá una y otra vez. Por esto nos interesamos por lo esencial; no nos preocupan los hechos. A nadie le importa saber cuándo nació Buda, pero a los occidentales sí les preocupa saber la fecha en que nació. A nosotros no, porque sabemos que antes han habido miles de Budas y que otros miles nacerán de nuevo, de modo que la fecha no es importante. Entonces Buda se convierte simplemente en el símbolo de todos los Budas, el símbolo del estado esencial del Buda.
Por esto hemos descrito la historia de Buda como un mito, como un arquetipo; no hemos escrito su historia. La historia se preocupa por los detalles: cuándo nació, cuál era el nombre de su padre, en qué pueblo nació, cuándo murió, qué hizo. Esto no es importante para nosotros. A lo que sucedió sí le damos importancia; no a lo que hizo, sino a lo que sucedió. Cualquier fecha sirve como fecha de su nacimiento. Incluso aunque nunca hubiera nacido, nos valdría. Eso no es, en absoluto, lo que importa. Para nosotros, él es el símbolo de todos los Budas nacidos o por nacer en el futuro. Él es un símbolo, una rueda.
Nos quedamos con lo esencial. Lo esencial se convierte en Purana, el mito; lo no-esencial se convierte en historia. La historia no sirve para nada. Henry Ford ha dicho que la historia es basura. Lo es. Pero los Puranas... los Puranas son la Verdad. Ahora te sorprenderás: la historia se refiere a los hechos; los Puranas no narran hechos, los Puranas no cuentan hechos,... pero los Puranas son la Verdad. La historia es el detalle innecesario, es hablar de la periferia,... pero en la historia de Occidente eso es importante porque todo se mueve linealmente. Nada volverá a suceder exactamente igual, de modo que has de prestar atención a los detalles. Jesús no volverá a aparecer; sólo surge una vez. De ahí el fanatismo, el dogmatismo de los cristianos.
Mahoma no nacerá de nuevo porque Mahoma y el islam surgen de la misma raíz: la tradición judía. La tradición judía, el cristianismo y el islam, proceden de la misma raíz, de la misma idea... pero para nosotros eso no es importante. Buda apareció, aparecerá, y seguirá apareciendo. No hay necesidad de preocuparse por los detalles. Podrás ver esos detalles de nuevo, una y otra vez, porque regresará.
La vida es un círculo. Cuando la vida es un círculo sabes que la muerte es el reposo: es regresar al mismo punto, volver a la madre tierra, retirarse a la consciencia universal, regresar al origen mismo del que procedes. Entonces no luchas contra ella, entonces no hay conflicto; simplemente la aceptas. La aceptación se convierte en tu vida y a través de la aceptación surge el contento.
Volver a la raíz es reposar;
a eso se le llama “regresar al propio destino”.
Regresar al propio destino es encontrar la Ley Eterna;...
Ésta es la Ley Eterna, el círculo.
... conocer la Ley eterna es estar Iluminado.
Y una vez conoces la Ley no luchas contra ella porque toda lucha es fútil, infructuosa. Simplemente la aceptas y vives acorde a ella. El sabio es el que vive en consonancia con la Ley; el necio se opone a ella. Nadie va a castigarte. Si vas contra la Ley, tus propios actos te castigarán. Es como si quisieras atravesar una pared; te golpearías la cabeza. ¡No es que Dios esté allí sentado ordenando a la pared que golpee la cabeza del hombre! ¡Tonto! No hay necesidad de un Dios: si vas contra la Ley, sufres. De modo que si sufres, ten la seguridad de que vas en contra de la Ley. Si te sientes feliz, ten la seguridad de que, de algún modo, a sabiendas o sin saberlo, actúas de acuerdo a la Ley.
Intenta descubrir en tu vida los momentos de beatitud y los momentos de sufrimiento. Analízalos y verás que cuando te sentiste feliz y dichoso fue porque actuaste según la Ley, y siempre que experimentaste sufrimiento fue porque actuaste contra la Ley.
... conocer la Ley eterna es estar Iluminado.
No conocer la Ley eterna
es exponerse al desastre.
Nadie más es responsable; sólo tú, únicamente tú. Si sufres es debido a ti; si te sientes dichoso, es debido a ti. Tú eres tu infierno y también tu cielo.
No Elección
La primera pregunta:
El pequeño Sidarta dijo sabiamente una vez que Osho es una niña. Yo siento lo mismo. Muchas veces lo has dicho y tu manera de entregarte y tu pasividad, recogen la mujer esencial de Lao Tse. Si fuera posible elegir, ¿asumirías una forma masculina para tu última venida?
Lo primero: el pequeño Sidarta no es tan pequeño; es uno de los antiguos. Sus palabras pueden ser las de un niño, pero su sabiduría, no. Si observas al pequeño Sidarta comprenderás por qué se pensaba que Lao Tse nació anciano. Sidarta ha nacido anciano. Cuando dice algo, sabe exactamente lo que dice; por eso lo dice.
Tiene razón. La expresión última es siempre femenina; la forma del cuerpo no tiene importancia. La forma del ser interno siempre es de mujer; tanto si es Buda, Zarathustra, Cristo, o Lao Tse, da lo mismo; la expresión última es siempre la del ser femenino, el misterio femenino. Toda agresión desaparece, toda violencia desaparece y uno se transforma en receptividad total: lo que una mujer es.
Te conviertes en un útero, un útero tan infinito que puedes contener al universo entero. Por eso los conceptos hindúes de Dios son más los de una madre que los de un padre. Encierran un gran significado.
“Si fuera posible elegir, ¿asumirías una forma masculina?” En realidad, elegir es siempre masculino, escoger es ser masculino; no escoger es ser femenino. Aceptar todo lo que pueda suceder es ser femenino; recibir agradecido todo lo que se te pueda dar, es ser femenino. Quejarte, refunfuñar, tener inquina, escoger, tener opiniones propias, es ser masculino; siempre que quieres algo según tu voluntad, eres masculino; el ego ha entrado. El ego es masculino. Así que elegir no es, realmente, posible. “Feminidad” significa “entrega”: uno se mueve como una nube blanca sin ideas propias, aceptándolo todo y haciéndolo con alegría, con felicidad, porque todas las direcciones son Suyas, todas las formas son Suyas.
¿Cómo escoger? ¿Qué escoger? Elegir implica también rechazar; al elegir rechazas algo. En toda elección hay un rechazo. Si quieres ser el Todo, ¿cómo vas a elegir? Tienes que permanecer sin elegir.
Recuerda que cuanto más escoges, más se adentra en ti la mente masculina; cuanto menos escoges permaneciendo en un estado de no-elección, dejándoselo todo a la Existencia, más femenino te vuelves. Y el misterio es que al volverte femenino, todo —sin excluir nada— te sucede. Dejas de vivir como fragmento y vives como Todo. Por eso, no hubo elección para mí.
Pronto tampoco habrá elección para ti. Prepárate. Prepárate para no elegir. Si quieres que el Todo llueva sobre ti, entonces no elijas. Si eliges, seguirás siendo un mendigo; si no eliges, te convertirás en emperador.
La segunda pregunta:
A veces tengo la sensación de que no somos nosotros los que verdaderamente te escuchan. ¿Tienes otros discípulos que no veamos, que desconozcamos, menos dormidos que nosotros?
Si te contestó que sí, eso no significará nada para ti; si te contestó “no”, será una mentira. Ahora ya puedes entenderlo. Te lo repetiré: Si te contestó que sí, eso no significará nada para ti; si te contestó “no”, será una mentira.
La tercera pregunta:
No sé nada... ni siquiera qué preguntar. ¿Qué pregunta puedo hacerte? ¿Qué respuestas puede haber para los problemas de un alma dormida cuando ya has enunciado la única respuesta: “Mantenerse despierto, ser total”?
Es tu presencia lo que busca mi pregunta, no tu respuesta.
Ésta es una pregunta compleja y surge de una mente muy compleja. La pregunta parece ser muy simple, directa, clara. Y no lo es. Al principio el que pregunta dice: “No sé nada”. Si eso fuera verdad, no manifestarías la última parte; aquí acabarías por completo. Si realmente sintieras que no sabes nada entonces ¿qué te quedaría por decir? Punto final. Hubiera sido suficiente. Pero no; entonces surgen tus conocimientos.
No sé nada... ni siquiera qué preguntar. ¿Qué pregunta puede hacerte? ¿Qué respuestas puede haber para los problemas de un alma dormida cuando ya has enunciado la única la respuesta: “Mantenerse despierto, ser total”? Todo esto son tus conocimientos. Si realmente has escuchado como dices que lo has hecho —si sabes que la única respuesta ha sido enunciada—, si realmente la has escuchado, no puedes ser ignorante. Si realmente la has oído, entonces ¿cómo puedes decir que estás durmiendo? Dormido, no puedes oírla.
“Mantente despierto, sé total”... porque para entenderlo tendrás que salir de tu sueño. Debes de haber soñado que has oído la respuesta.
Al principio dices: “No sé nada”. ¿Crees que es necesario explicar nada más? Eso es, en sí mismo, auto-explicativo. No necesitas nada más; no hay que añadir nada para aclararlo. De hecho, todo lo que puedas añadir lo enturbiará más. Es muy simple “No sé nada”. Pero no, sabes bien que es simplemente un truco. Sabes que estás jugando el juego de ser ignorante para parecer sabio porque has oído que los sabios dicen no saber nada en absoluto. Eres muy astuto. Esta astucia te matará, esta astucia no te ayudará.
Si no sabes nada, no sabes nada. Y si no sabes nada y puedes permanecer con tu ignorancia, sentirás mi presencia porque cuando alguien es ignorante, ese alguien es inmenso, infinito. La ignorancia no tiene límite; sólo los conocimientos tienen límites, sólo los conocimientos son limitados. La ignorancia no tiene ninguna limitación, la ignorancia es infinita. Los conocimientos son algo cerrado; la ignorancia es una apertura, una infinita apertura. El conocimiento es ruidoso; la ignorancia es silenciosa... no hay nada respecto a lo cual puedas armar alboroto, no hay nada para armar jaleo. ¡Eres ignorante! ¡Se acabó!
Y si eres muy ignorante, no deberías decir todo lo que dices a continuación; simplemente: eso no puede coexistir con la ignorancia. No; estás intentando ser sabio. Dices: “No sé nada... ni siquiera qué preguntar. ¿Qué pregunta puedo hacerte?” ¿De dónde surgen estas palabras? ¿De tu ignorancia? “¿Qué respuestas puede haber para los problemas de un alma dormida... ?” Ya lo sabes todo. Eres un alma dormida; no hay palabras para contestar tus preguntas... “... cuando ya has enunciado la única respuesta....” Ya has oído claramente la respuesta, conoces la respuesta: “Mantenerse despierto, ser total”.
“Es tu presencia lo que busca mi pregunta, no tu respuesta”. Si eres ignorante, no hay ninguna necesidad de que busques mi presencia; ya la tienes. En tu infinita ignorancia, sin límites, te encuentras conmigo, te encuentras con el Todo, encuentras a Dios, encuentras al Tao.
No conoces la belleza de la ignorancia, no. Estás simulando ser ignorante, pero tu conocimiento no te lo permitirá. Se interpone, está siempre a tu alrededor. Aun cuando dices que eres ignorante harás que esa ignorancia parezca sabiduría, decorarás esa ignorancia con tus conocimientos. La ignorancia está desprovista de todo, desnuda; no puedes decorarla; sólo los conocimientos pueden ser decorados, pulidos. El conocimiento es como una prostituta: siempre en el mercado, a la venta. ¿La ignorancia? ¿Quién compra ignorancia? ¿A quien puedes venderla? Nadie la necesita. De hecho, todos la tenemos ya en nuestro interior. No hay ninguna necesidad de decorarla. Es como la noche: oscura, silenciosa, sin un solo movimiento. Las palabras no pueden coexistir con la ignorancia. De manera que lo que dices en la primera parte, lo destruyes en la última y cuando acabas tu pregunta lo has destruido completamente.
No juegues ese juego contigo porque nadie más que tú va a resultar engañado.
Sucedió que un discípulo estuvo con un Maestro zen durante muchos años y nada sucedió. Trató de cumplir todo lo que el Maestro le decía, pero nada sucedía... porque, en realidad, no lo estaba intentando de corazón; sólo lo fingía. Simplemente fingía que lo intentaba; estaba jugando un juego; no era sincero. Y entonces empezó a preguntar a los demás:
—¿Qué puedo hacer? Hago absolutamente todo lo que el Maestro me dice, y no sucede nada.
Alguien le dijo:
—Y no sucederá. Es difícil, es casi imposible. Si realmente quieres que suceda, la única manera es morir.
Por entonces el hombre se había vuelto un experto en el arte del fingir. Dijo:
—Lo haré.
Y se fue a ver al Maestro.
De repente, mientras el Maestro le estaba mirando, cayó a tierra, cerró los ojos y fingió estar muerto. El Maestro se río de corazón... porque puedes simular muchas cosas, pero ¿cómo puedes simular estar muerto? Es el mayor absurdo. El Maestro le dijo:
—Lo has hecho muy bien, pero tengo una pregunta antes de que desaparezcas por completo: ¿Qué hay del koan, del problema que te he dado para resolver?
El Maestro le había dado un problema sobre el que meditar, un problema muy conocido: si quieres aplaudir con una sola mano, ¿a qué sonará el sonido de esa sola mano?
El hombre abrió un ojo y dijo:
—Maestro, no lo he resuelto todavía.
El Maestro le empezó a pegar con dureza, le dio de puntapiés y le dijo:
—Hipócrita, ni siquiera sabes esto: los muertos no contestan preguntas.
Estás muerto, pero inmediatamente contestas a una pregunta. Si eres verdaderamente ignorante todo lo que has escrito es falso, inútil, fútil, sin sentido, tonterías. Pero si eso tiene sentido entonces lo que has dicho al principio es mentira. Por esto te digo que la pregunta es compleja.
Y entonces deseas mi presencia. No puedes desear una presencia. Tienes que esperarla; no puedes desearla. Es un regalo; siempre que estás listo, se te da. Tu conocimiento no te permite recibir mi respuesta. Estás diciendo que no te interesan en absoluto mis respuestas... porque ya sabes las respuestas; eres un sabio. Pero deseas mi presencia. ¿Qué has hecho para ganártela? ¿Crees que simplemente deseándola eres merecedor de ella? Entonces, ¿por qué los demás están tratando de obtener mi respuesta? ¿Son todos unos necios excepto tú? De hecho, aprender a responder es una etapa para poder alcanzar la presencia. Haces una pregunta, yo te respondo, y, lentamente, tus preguntas van desapareciendo. Con ello no vas a saber más. Si adquieres más conocimientos, entonces aparecerán más preguntas. No; si realmente me escuchas, si tratas de entenderme —no las palabras, sino el espacio entre las palabras; no las líneas, sino el espacio entre líneas; no lo que digo, sino lo que quiero decir—, si lo entiendes, lo comprenderás y, poco a poco, las preguntas se desvanecerán. Y cuando surja la mente sin preguntas, de súbito mi presencia irrumpirá en ti. Estas respuestas son para volverte ignorante; estas respuestas son para sacarte de tu erudición, para ayudarte a des-aprender. Pero todo depende de ti. Puedes recopilar mis respuestas sin atender a su significado, puedes coleccionar palabras, pero se convertirán —cada vez más— en una carga de conocimientos sobre ti, sobre tu cabeza. Entonces surgirán más preguntas, porque cada respuesta es capaz de crear mil y una preguntas. Y entonces estarás pasando de largo, entonces en realidad no habrás estado aquí conmigo, sino en tu propia fantasía, en la fantasía de tu ego. No es mi fantasía; es la tuya. No has estado conmigo.
Si realmente me escuchas, simplemente con el escuchar las preguntas desaparecerán. Y cuando en tu mente no haya una sola pregunta será el momento en que podrás decir: “No sé nada”.
Ni siquiera podrás plantear una pregunta porque plantear una pregunta es saber algo. ¿Cómo puedes hacer una pregunta sin saber nada? Incluso para hacer una pregunta es necesario un cierto conocimiento; si no, ¿cómo formularás la pregunta? Si preguntas: “¿Quién es Dios? ¿Qué es Dios?”, por lo menos conoces algo de Dios pues si no, la pregunta no surgiría. Un niño no puede preguntar de repente: “¿Dónde está Dios?” No; primero tiene que aprender que Dios existe, que Dios creó el mundo; luego, gracias a ese aprendizaje, surgirá la pregunta. Las preguntas no nacen de la ignorancia; las preguntas surgen de lo que conoces. Cuando las preguntas se desvanecen, te queda la infinitud de la ignorancia: una noche oscura, bonita, aterciopelada, infinita. Estás en ella, disuelto tan completamente como una gota en el océano. Entonces sientes mi presencia. Tus conocimientos son la barrera.
Y dices que te interesa mi contestación... entonces estás destruyendo el puente, entonces no podrás sentir mi presencia. Será imposible. Primero tienes que permitir que acabe con todo lo que sabes, destruirlo, demoler eso que no es correcto en ti. Sólo entonces puedes ser creativo. La presencia es un fenómeno creativo. Mis respuestas simplemente son destructivas; están para destruir algo. Son para redescubrir tu ignorancia y con ello, el infinito. Si puedes volverte totalmente ignorante habrás dado el primer paso para volverte totalmente sabio. La totalidad es el puente. Si eres totalmente ignorante, entonces la totalidad ha aparecido ya... y la totalidad es el puente. Entonces, alcanzar la sabiduría a través de la ignorancia no es un gran problema; el puente está abierto, el puente está listo. Así que sé total. En este momento sólo puedes ser total en la ignorancia. Lo próximo en suceder será ser total en la sabiduría. Pero sigues aferrado a los pequeños trozos de conocimiento.
No intentes ser astuto conmigo. Sé sincero. Si eres ignorante, entonces sé ignorante... y tocarás mi presencia, entrarás en mí y me permitirás entrar en ti. Pero si no eres capaz de sentir mi presencia, intenta entonces sentir primero mi respuesta. Déjame demolerte, destruirte, para que surja la explosión creativa.
La cuarta pregunta:
No tengo ganas de hacer nada. Parece que ya nada me importa. La vida supone un inmenso esfuerzo: el cuerpo requiere comida y sufre un constante malestar físico; el ego desea atención; la mente continúa con su movimiento constante. Con frecuencia pienso en lo hermoso que sería morir. ¿Es suicidarse escapar de la vida? ¿Hay alguna razón por la que uno no deba suicidarse?
Hay muchas cosas que has de comprender. El problema es muy delicado. Primero: si ya no tienes deseos de hacer nada, ¿cómo vas a desear suicidarte? Eso es un deseo. ¿Cómo puedes suicidarte sin desearlo? En realidad es el deseo supremo.
“Parece que ya nada me importa”. Si nada parece importarte, tampoco el suicidio puede ser importante para ti. ¿Cómo vas a elegir? ¿Cómo escogerás entre vida y muerte? Será una huída, un escapar de la vida. Y el que está huyendo de la vida también está huyendo de la muerte. Por eso digo que es muy delicado. Si estás harto de la vida, si estás muy cansado de la vida, si ya no deseas nada, si estás aburrido, entonces tu suicidio tendrá una característica negativa. Será puro aburrimiento, un hartzago, no será un verdadero suicidio. Será negativo, será fútil y serás devuelto a la vida porque la vida es una disciplina; estás aquí para aprender algo. Si eres extático, si celebras la vida y te sientes tan feliz que te adentras en la muerte bailando, entonces no es ningún suicidio; es el samadhi, el nirvana. Buda también entró en la muerte, pero no estaba cansado de la vida; estaba satisfecho. Intenta comprender la diferencia.
Hay sólo una religión en el mundo que permite el suicidio: el jainismo. Mahavira —el mayor defensor de la no-violencia— autorizó a sus discípulos a suicidarse, pero sólo aquéllos que no estaban hartos de la vida, aquéllos que no se sentían aburridos, cansados, sino que habían vivido la vida de forma completa, perfecta, total, aquéllos que habían conocido todo lo que la vida puede dar y que lo habían experimentado, aquellos que se sentían satisfechos. Esos no están destruyéndose a sí mismos oponiéndose a la vida, sino que se sienten satisfechos, con el trabajo cumplido. Están volviendo al origen.
Mahavira es realmente muy valeroso. Ningún otro Maestro religioso ha sido tan valeroso como para permitir el suicidio. Pero él ha establecido unas condiciones: no debe ser cometido en un estado de ánimo negativo porque entonces no lo estarás comprendiendo y volverás de nuevo; debe ser completamente positivo. Otra condición es que no debes ingerir ningún veneno, ni saltar desde una colina, ni a un río, ni lanzarte al océano. No, eso puede hacerse en un instante. Has de ayunar, ayunar hasta morir. Eso te lleva setenta, ochenta, noventa, a veces cien días. Tendrás millones de oportunidades para repensártelo una y otra vez.
Si sientes algo de insatisfacción, regresarás. Mantener una decisión durante cien días es difícil para la mente; sólo el que no tiene mente puede mantener una decisión durante cien días. Si no, en cualquier momento, después de tres, cuatro, o cinco días de ayuno, el cuerpo y la mente te dirán: “¡Tonto! ¡Empieza a comer! ¿Qué estás haciendo? La vida es muy valiosa y no has hecho esto ni lo otro, no has vivido esto y lo otro. ¡Vívelo! ¿Quién sabe? Puede que no regreses de nuevo a la vida. Si no te sientes realmente satisfecho, regresarás”.
Para mantener una decisión durante cien días y dirigirte alegremente hacia la muerte, es absolutamente necesaria una no-mente. Suicidarte en un instante no te servirá de nada porque en un instante puedes engañarte, puedes vivir una ficción. Puedes envenenarte en un instante. Si la gente que va a suicidarse
pudiera ser entretenida, aunque fuera sólo por un momento, nunca se suicidarían; si lo pospusieran un solo instante, cambiarían de idea.
Se suicidan sumidos en una especie de locura. Están tan hartos que toman la decisión en un instante sin tener la oportunidad de retractarse de su elección. No les queda tiempo. Dan el salto. Pueden sufrir en el océano y llorar y gemir gritando: “¡Salvadme!”, pero ahora es demasiado tarde. Todo su ser desea volver a la vida. Y pronto regresarán a través de un útero... Eso no es un suicidio; un suicidio temporal no es un suicidio. Regresarás de nuevo a otro útero, y —peor aún— tu suicidio te acechará convertido en karma. Será como una oscura sombra, una melancolía que circundará tu rostro, que envolverá tu ser. Vivirás envuelto en la muerte. Y eso no será bueno.
Puedo permitírtelo y admitir tu suicidio. Eso es lo que intento, eso es lo que estoy haciendo aquí: predicar el suicidio total. “Total” significa “sin posibilidad de volver atrás”... y eso sólo es posible a través de la meditación profunda. Llega un momento en que todos los deseos desaparecen.
Dices: “No tengo ganas de hacer nada....”
Eso no es verdad. Si alguien te ofreciera el cargo de Presidente de los Estados Unidos sin que te costara nada por tu parte, sin campaña electoral, sin luchas, si simplemente te lo ofrecieran, lo aceptarías. No estás harto de la vida; estás harto de luchar. No estás en un estado de ausencia de deseos; estás en un estado de frustración. Has deseado cosas y no las has podido alcanzar; ahora te sientes frustrado.
Si existiera alguna posibilidad de que un ángel de Dios apareciera y te dijera: “Estoy aquí, dispuesto. Cualquier deseo que tengas será satisfecho. Simplemente dímelo”, mil y un deseos pugnarían por manifestarse en tu mente. Y si te dijera que puedes escoger sólo tres deseos no sabrías cuáles escoger y cuáles dejar. Te volverías loco.
Frustración no es ausencia de deseos. Recuerda siempre que lo negativo es peligroso. Todos nos sentimos frustrados. No podrás encontrar un hombre que nunca haya contemplado la posibilidad de suicidarse —la vida es una lucha así—. El amor es una lucha, la vida es una lucha, todo es una lucha: uno piensa muchas veces en el suicidio; te proporciona un alivio temporal.
Los psicólogos dicen que todo hombre —todo hombre inteligente, no me estoy refiriendo a los idiotas—, todo hombre de inteligencia media ha pensado en suicidarse por lo menos diez veces en su vida... piensa en ello atenta y seriamente, reflexiona al respecto al menos, como mínimo, diez veces. ¿Por qué? Porque la vida es una lucha de la que te gustaría desembarazarte, devolver el billete, regresar a casa, en muchas ocasiones. Pero es algo temporal. Te ayuda. Simplemente pensar en la posibilidad de suicidarte, pensar que aunque todas las demás opciones estén cerradas por lo menos ésta está abierta, te ayuda. Te relaja la mente; te vas a dormir y por la mañana, de vuelta en la tienda, lo has olvidado todo. Tener el sentimiento de que si todo falla hay siempre una salida para ti —puedes suicidarte por lo menos— es un alivio temporal. Si todo se ha convertido en una esclavitud, existe aún la esperanza de poder suicidarte. Ésa es tu libertad.
El hombre es libre para suicidarse. Ningún otro animal puede suicidarse, ningún otro animal es tan libre. No eres libre para nacer, pero sí para morir.
En India hay un nivel superior: el nivel de los devas. Los devas no son equivalentes a los ángeles del cristianismo, no. Los ángeles pertenecen a los cuentos de hadas. Los devas están en un nivel de consciencia superior. Los animales son absolutamente esclavos; no pueden suicidarse. El hombre es un poco más libre: no es libre de nacer, no es libre de entrar en la vida, pero es libre para salir de ella. Los devas son libres en ambos sentidos: libre para nacer y libres para morir. Los animales existen con ambas opciones cerradas; el hombre existe con una sola opción abierta; los devas están en un estado superior de consciencia dónde ambas opciones están abiertas. Pueden entrar en la vida, pueden salir de ella; tienen la entrada y la salida abiertas. Tienen más libertad, un poco más de libertad.
Si quieres suicidarte, reflexiona sobre si es o no es por ausencia de deseos. Si es por ausencia de deseos, entonces ¿de dónde surge el deseo de suicidarte? Si es debido a tu ausencia de deseos, no me preguntarás nada; simplemente lo harás. Si realmente has vivido, entonces estarás satisfecho. ¿Te tomarás entonces la molestia de venir aquí y preguntarme? ¿Para qué? Quizás te sientes frustrado y te gustaría tener un consuelo, a alguien que te consolase. Quizás tienes miedo de la idea misma del suicidio y quieres que te diga: “No, no lo hagas”, para tener yo la responsabilidad y no tú. Pero no soy de esa clase de hombres. Te digo: “Si realmente quieres suicidarte, entonces hazlo”. Pero si es así, ¿por qué vienes aquí para preguntarme?
Un joven vino a preguntarme si debía casarse o permanecer soltero.. es como el suicidio, el mismo problema: ¿Has de suicidarte o debes seguir vivo? Seguir soltero es una especie de suicidio porque cercenas la mitad de la vida; decides vivir a medias. El matrimonio es para toda una vida. Por eso le pregunté al joven:
—¿Por qué me lo preguntas a mí? Si no sientes atracción por las mujeres, ¿de dónde surge esta pregunta? ¡Olvídala! Estoy de acuerdo, no hay ninguna necesidad de casarse. Pero si surge el deseo, entonces ve y cásate.
Entonces me preguntó:
—Si es así ¿por qué no te casaste tú?
Yo le dije:
—Porque así lo decidí. Pero nunca pregunté a nadie. Nunca he preguntado nada a nadie. Uno debe ser responsable. Nunca he preguntado nada a nadie en la vida. ¿Para qué? Si tengo claridad me moveré con ella; aunque yerre, así es como ha de transcurrir mi vida: a través de los errores, a través del ensayo y el error. Pero nunca lanzo la responsabilidad sobre los demás.
Si quieres suicidarte, hazlo... pero no, no quieres suicidarte. Quieres que te diga: “Es una mala acción, es un gran pecado. No te suicides”. Entonces puedes colgarte de mí, montarte sobre mis hombros. Te sientes frustrado, todos nos sentimos frustrados, pero si escapas de la vida a través de la frustración te verás regresando de nuevo. Si realmente quieres escapar, entonces entiende la vida, vívela, vívela hasta sus últimas consecuencias, para poder conocer lo ilusorio y descubrir que la vida entera y sus esperanzas son simplemente sueños. Entonces podrás salir del sueño; entonces el suicidio no será ningún suicidio; será el samadhi. Entonces la muerte no acabará sólo con tu cuerpo; acabará también con tu mente. Dejas de tener mente. Entonces no tiene sentido regresar.
“No tengo ganas de hacer nada. Parece que ya nada me importa. La vida supone un inmenso esfuerzo...” Lo es, pero es bueno porque a través del esfuerzo, creces, maduras. Si la vida no fuera esfuerzo ¿cómo madurarías, cómo crecerías? Serías simplemente un terruño de tierra, sin vida. La vida te pone en forma, te da tono; la vida te da agudeza. En realidad, todo es como debe ser: la lucha es necesaria para volverte más vivo. Si no hubiera lucha estarías muerto antes de la muerte. Por eso, siempre que observes los rostros de la gente que lo tiene todo en su vida, los verás pálidos, muertos, tristes, embotados... porque no tienen nada por lo que esforzarse. Los hijos de los ricos casi siempre son idiotas. Los ricos no dan genios al mundo, no. Porque el genio necesita luchar; la lucha proporciona agudeza. Si eres rico y tu padre lo tiene todo, no tienes nada de que preocuparte; por eso, simplemente vives y vegetas. ¿Cómo vas a crecer, cómo vas a madurar? “La vida supone un inmenso esfuerzo...” No digas eso. La vida tiene que ser esfuerzo.
“El cuerpo requiere comida y sufre un constante malestar físico...” ¿Y qué tiene de malo? ¿Te gustaría tener un cuerpo que no necesitara comida? Sí; más pronto o más tarde la ciencia lo va a hacer posible: cuerpos de plástico. Pero ya puedes imaginarte qué pesadilla... un cuerpo de plástico con todas las partes reemplazables. Si tienes algo mal, acudes a la estación de servicio y te lo cambian, simplemente. El limpiador viene y te limpia; alguien te llena de combustible, pone un poco de gasolina, reemplaza algo, o dice que el asunto está mal y que has de cambiarte todo el cuerpo, de modo que tendrás que acudir al taller...
Con un cuerpo de plástico no habría necesidad de comida, ni incomodidades; ninguna incomodidad en absoluto. Si te eliminaran la mano, dejarías de sentir dolor, pero cuando abrazaras a tu amante tampoco sentirías placer, recuérdalo. Sería un cuerpo de plástico encontrándose con otro cuerpo de plástico; sería más parecido a una colisión, a un accidente, que a un abrazo.
La incomodidad puede desaparecer, pero con ella desaparecerá toda comodidad. El dolor puede desaparecer —estamos ya a punto y creo que los científicos van a lograrlo porque la mente tiene una tendencia, una obsesión, por completarlo todo—. Ahora lo tenemos casi al alcance. El hombre puede librarse completamente del dolor, de la incomodidad, de la enfermedad, del mal, e incluso de la muerte... porque un cuerpo de plástico nunca morirá. Al poder reemplazarlo, la idea de la muerte desaparece.
Simplemente piensa un poco en ello, piensa que tienes un cuerpo de plástico. ¿Cómo te volverás un Buda con un cuerpo de plástico? Seguirás siendo un idiota, porque los opuestos desaparecerán... y los opuestos te dan la oportunidad de crecer. Dolor y placer, consuelo e incomodidad, frustración y satisfacción; te dan la oportunidad de crecer. No intentes escapar.
“El ego desea atención; la mente continúa con su movimiento constante...” Entonces deja que el ego muera. ¿Por qué vas tú a morir? Te aferras al ego... estás dispuesto a destruir el cuerpo, pero no dispuesto a destruir tu ego. Si el ego es el problema, entonces deshazte del ego. El cuerpo no te ha hecho nada, el cuerpo es hermoso, el cuerpo es como un templo, uno de los más grandes milagros de la Existencia. Disfrútalo, celébralo, porque a través de él puedes celebrarlo todo. Sin él seríais fantasmas dentro de máquinas.
“Con frecuencia pienso en lo hermoso que sería morir...” ¡Hermoso! Entonces ahí tienes tu deseo. En realidad deseas una buena vida. “Hermoso” significa una vida vegetativa, sin hacer nada y consiguiéndolo todo, recibiéndolo todo sin hacer ningún esfuerzo. ¡Qué ingrato eres! Has recibido mucho sin hacer nada para merecértelo,... pero nunca surge gratitud en ti; al contrario, surge la idea del suicidio. El suicidio es la mayor queja contra Dios. ¿Has pensado alguna vez así? “Suicidio” significa: “No vale la pena vivir nuestra vida. Llévatela”. “Suicidio” significa: “¡Qué mierda de vida me has dado! Quiero abandonarla”.
El suicidio es la mayor queja que puedes presentar contra la Existencia y contra Dios.
No, ésa no es la manera. No ayudará. Y si estás buscando algo “hermoso”, el suicidio no te ayudará. Es uno de los fenómenos más dolorosos, más desagradables. No es hermoso. Crees que acabará en un minuto, así que piensas: “Aunque sea el infierno, acabará en un segundo”. Pero no sabes nada del tiempo. En un segundo puedes sufrir eternamente porque en un segundo puedes disfrutar también eternamente.
El tiempo es relativo. No estoy hablando del tiempo del reloj; quizás en el reloj sólo transcurra un segundo entre el hombre vivo y el cadáver. Pero en ese segundo no sabes cuánto ha sufrido. Quizás lo entiendas de esta manera: a veces estás sentado a la mesa y te viene sueño. Cuando despiertas, sólo ha transcurrido un minuto según tu reloj, pero has dormido mucho. Ni siquiera en un minuto podrías contar lo que soñaste; tardarías una hora en contar detalladamente tu sueño. Puedes haber vivido una vida entera, desde el nacimiento hasta la misma muerte; puedes haberte casado, tenido niños, verlos casados y mucho más... y sólo ha transcurrido un minuto de tiempo de reloj. El tiempo de los sueños discurre en un nivel distinto.
La gente que muere ahogada —accidental o intencionadamente— contempla toda su vida en el lapso de un solo segundo. Su vida entera, millones de detalles, desde el principio hasta el fin, hasta el momento mismo en que se están ahogando; lo ven en un instante.
¿Cómo es posible en un instante, en un momento? Es posible. Fíjate en la naturaleza. Hay moscas que nacen y en una hora están muertas. En tu mente puedes pensar: “Pobres moscas”. ¡No sabes nada sobre el tiempo! Están en un nivel de tiempo diferente. En una hora viven igual que tú en setenta años; nacen, se enamoran, se casan, tienen niños, todas las miserias y frustraciones, todo sucede —luchas, tribunales, elecciones, todo... — y están muertas en una hora... y tú ni has acabado de comer.
Empezaste a comer y aún no has acabado cuando ellas han acabado su vida. Y han vivido igual que tú en setenta años. Una vida muy compacta, comprimida. De hecho, si puedes vivir los setenta años de vida en una hora, parece una pérdida de tiempo vivirla en 70 años. Es el hombre el que debe ser calificado de “pobre” y no la mosca. La mosca parece ser más inteligente: vive toda su vida en una hora. Pero tú para vivir esa vida necesitas setenta años. No eres tan inteligente, tan listo.
En un instante de suicidio sufres todo un infierno; en un solo momento de samadhi celebras todo el cielo. El tiempo no tiene importancia porque el tiempo tiene muchos niveles.
El suicidio nunca puede ser hermoso si surge de la frustración. Si es un florecimiento, si te has desarrollado en la vida alcanzando un punto en el que la vida no tiene nada más que ofrecerte, si lo has aprendido todo, entonces tu etapa escolar se ha completado, tu entrenamiento ha terminado. Entonces hay una posibilidad, como en la disciplina de Mahavira. Él te lo permite... pero ni siquiera en este caso te lo permitiré yo, porque mi sentimiento es que si realmente lo has aprendido todo ¿para qué suicidarte? ¿Por qué no esperar? ¿Qué prisa tienes? Si te sientes tan satisfecho, ¿qué prisa hay para terminar así? ¿Por qué no puedes esperar? Si no puedes esperar, hay una cosa que, por lo menos, no has aprendido: paciencia.
Así que yo no soy como Mahavira. La gente que intenta suicidarse carece, por lo menos, de paciencia. Serán devueltos a la vida porque esa es una de las cosas más importantes que hay que aprender: la paciencia, el esperar. No tienen esa cualidad; si no ¿a qué viene la prisa? Si te has Iluminado a la edad de cuarenta años y te has de morir a los setenta, ¿no puedes esperar treinta años? ¿Qué clase de Iluminación es ésta si no puedes esperar ese tiempo?
Es un estado de mucha tensión; pareces estar muy ansioso. No pareces estar muy contento, ni resplandeciente. Un hombre de consciencia Iluminada acepta la vida, acepta la muerte. Cuando llega no le pide a la muerte que espere un minuto más; cuando no le llega, no la invita a venir un solo minuto antes. ¿Para qué? Que la muerte venga hoy o mañana, es lo mismo para él.
Esta paciencia es el florecimiento último. Y pienso que la actitud de Mahavira puede ser valerosa, pero está equivocado. El valor no siempre es correcto. Sólo el valor, por sí solo, no es correcto, no. Hay más cosas implicadas y has de comprenderlas.
“¿Es suicidarse un escapar de la vida?” Sí. “¿Hay alguna razón por la que uno no deba suicidarse?”
No hay ninguna razón, pero tampoco hay ninguna razón por la que hayas de suicidarte. La vida es irracional. No hay ninguna razón para vivir, no hay ninguna razón para morir. La vida no es un fenómeno de causa-efecto; es un misterio. No hay ninguna razón para vivir ni para continuar viviendo, pero eso no es razón suficiente para morir. No hay ninguna razón para suicidarte.
¿Qué hacer pues? Fluye. Ni de una ni de otra forma tienes ninguna razón, de modo que no elijas. Permanece sin elegir. Si eliges, serás devuelto de nuevo —una y otra vez— a la rueda de la vida y de la muerte. Si te mantienes sin elegir, simplemente desaparecerás de la rueda en el cosmos. Ése es el verdadero, el auténtico, suicidio. Entonces no podrás ser forzado a volver a la vida material, al cuerpo. Entonces vivirás una existencia sin cuerpo. Eso es lo que moksha significa: liberación total.
La quinta pregunta:
Sé que no debería sentir apego. Ahora me estoy juzgando a mí mismo por haberme comprado una hermosa prenda naranja en vez de tener el coraje de circular, como hacen algunos, vestido con algún sucio harapo.
Ten por lo menos el valor de llevar esas hermosas prendas naranja. No estoy en contra de la belleza, ni estoy a favor de los harapos... pero tampoco estoy en contra de ellos. Que te gusten los harapos es tu elección; si disfrutas con lo bello, es tu elección. Has de ser totalmente libre para decidir.
Tampoco para estas nimiedades la sociedad te da libertad. Si yo tuviera que decidir, te daría libertad total: si quisieras ir desnudo, deberías hacerlo. Si estuviera en mi mano, sólo establecería una regla: no has de interferir en la libertad de los demás. Eso es todo. Cuando interfieres en la libertad de alguien, sólo entonces cometes un crimen. Si estás haciendo algo sólo para ti, sin perjudicar a nadie, deberías ser completamente libre.
El Estado sólo debería garantizar la libertad de cada uno, libertad para hacer lo que uno quisiera. El Estado no debería ser algo positivo, sino simplemente algo negativo, negativo en el sentido que tú debes disfrutar de tu vida, pero hay también otra gente y ellos han de poder disfrutar de la suya. No debes interferir en su vida, ni ellos interferir en la tuya. Eso es todo lo que el Estado debería hacer. No está para crear orden, sino sólo para crear una situación en la que se prevenga el desorden. Eso es todo.
De modo que si alguien disfruta llevando harapos, si para él los harapos son bonitos, nadie debería interferir. Y si tú disfrutas con la ropa bonita, ¿por qué no? ¿Por qué tienes miedo de disfrutar la ropa bonita? Tú decides.
Ten coraje. Sólo hay una clase de coraje que apoyo y es el coraje de ser uno mismo. Ten valor, ten el coraje de ser tú mismo. Y no te preocupes por los demás a menos que estés interfiriendo en su vida y en su libertad; sólo entonces detente.
Ahora bien, si llevas ropas bonitas no estás interfiriendo en la vida de nadie. Es tu decisión. Pero la mente se ha convertido en algo tan condicionado que siempre se fija en la sociedad, en lo que los demás están haciendo. Si vives en la sociedad de hoy, en el mundo de lo formal, tienes que seguir ciertas reglas. Realmente nadie te dice nunca que las sigas, pero las sigues; sólo por tradición, por un cierto conformismo: has de utilizar un cierto tipo de vestido, tienes que cortarte el pelo de una determinada manera, tienes que usar esto y lo otro. Sigues un modelo. Entonces, si te vuelves hippy, de nuevo la mente empieza a inclinarse hacia otro modelo: ahora tienes que llevar el pelo largo. Si no lo haces, la gente se reirá; dirán que eres un anticuado. Entonces tienes que llevar harapos. Si no lo haces dirán: “¿Qué estás haciendo aquí? Ya no eres de los nuestros; eres un forastero, un intruso”.
De manera que hay dos tipos de conformismo: el del conformista con lo establecido y el conformismo del rebelde... pero los dos son conformismos. Unos llevan el pelo corto; otros, el pelo largo; pero los dos son iguales, no difieren en nada.
Si vives en un mundo hippy y no hueles como el mismo infierno, no eres un hippy, no eres un verdadero hippy. Serás rechazado. Tienes que ir sucio, tienes que ir desarreglado; si no, no eres rebelde. Si vives en la sociedad normal de hoy, según lo establecido, entonces tienes que usar perfume y loción de afeitado, esto y aquello. Si vas sucio, no te aceptarán.
La mente es conformista. De modo que conozco sólo una rebelión y es la rebelión de una mente meditativa, la rebelión en la que abandonas la mente y te mueves por ti mismo. Pero recuerda siempre no interferir en la vida de los demás.
Por ejemplo: si quieres ir sucio, entonces ve a los Himalayas, porque ir sucio puede interferir en la vida de otras personas. Cuando estás sucio y hueles mal, puede que no estés agrediendo a los demás con tus manos, pero les estás agrediendo con tu olor. Es una agresión. Si el otro se siente molesto, entonces eres agresivo. Si quieres estar sucio —y no hay nada malo en ir sucio— entonces ve a los Himalayas, al sitio más remoto, para que nadie entre en contacto contigo. Entonces podrás disfrutar de tu mal olor, y lo harás felizmente. No tienes derecho a lanzar tu olor y suciedad sobre los demás; no, eso no está bien.
Nadie debe interferir de ninguna manera en la vida de los demás, ni nadie debe permitir que los demás interfieran en su vida. Así es cómo ha de ser un hombre: ni intentar esclavizar a los demás, ni permitir que nadie le esclavice. Uno debería vivir una vida de libertad y permitir que los demás vivan libremente. No tengas miedo; si te gusta el hermoso naranja, úsalo; eso está bien. Todo lo que te guste es bueno. Sólo hay una condición: si no interfiere, es hermoso, es moral.
La sexta pregunta:
Tengo una pregunta... pero no puedo descifrar cuál es.
Tengo la respuesta, pero a menos que tú la descifres, no podré saber cuál es. ¿Vale?
La séptima pregunta:
Procedemos de la nada y a ella volvemos. El alma
permanece en torno al cuerpo si éste es enterrado después de morir y abandona el
cuerpo de inmediato si éste es incinerado. ¿Cómo se relaciona el alma con la
nada?
Te equivocas por completo. El alma es la nada. No están relacionados. El alma es la nada. El cuerpo es algo; el alma no es nada.
El cuerpo está lleno; el alma está vacía. Por eso el cuerpo tiene forma y el alma es informe, pero la misma palabra “nada” te asusta y te da miedo. Si el alma no es nada, entonces ¿dónde irá tu ego? Entonces no te queda donde apoyarte. De hecho, no hay donde apoyarte. El ego existe como existe un sueño, sin apoyarse en nada, sin tener substancia. El ego existe como un espejismo.
Si te adentras en ti mismo empezarás a sentir, cada vez más, que no hay nada; sólo el inmenso espacio. No encontrarás nadie; allí no encontrarás a nadie. No encontrarás lo que denominan “atma”, el Yo; no. Son sólo otros nombres para el ego; nombres religiosos, nombres espirituales, pero nombres para el ego. Allí no encontrarás a nadie. Allí no hay nadie. Y ésa es su belleza. Cuando encuentres esa nada te quedarás en completo silencio, te convertirás en esa nada.
Éste es el miedo de ir hacia adentro; por eso vas hacia fuera, más y más. Emprendes lejanos viajes, pero nunca emprendes el viaje más corto. De Kabul a Delhi, de Delhi a Puna, de Puna a Goa, de Goa a Katmandú; recorres el mundo entero, desde Nueva York a Kabul, pero no vas hacia tu interior.
Ésa es la playa más cercana, la montaña más cercana, la Meca más próxima y el Kasi más próximo, el templo más cercano, el gurudwara. Pero nunca vas allí porque si fueras, te asustarías. Es una muerte; allí mueres.
¿Preguntas por el suicidio? Entra, y el suicidio te sobrevendrá sin tu pedirlo. Entra y no te encontrarás: desapareces, te evaporas. En esa ausencia todo está presente. En esa nada, se encuentra Todo.
La octava pregunta:
Parece que la energía y el ego son lo mismo. En vez de deshacernos del ego, ¿por qué no aprendemos a utilizarlo?
Ése es el significado de deshacernos de él; si puedes usar el ego, te has deshecho de él. Ahora mismo, es el ego el que está usándote a ti. El ego se ha convertido en el amo y tú te has convertido en su esclavo, en su sirviente. En ti, todo está al revés. Deshacerte del ego simplemente significa destronar al ego. ¡Claro que has de usarlo! Incluso yo tengo que utilizar la palabra “yo” continuamente. Uno tiene que usarlo.
Si lo utilizas, te has deshecho de él, pero si él está usándote a ti, entonces ése es el problema. Deshacerte del ego no significa que abandones la palabra “yo”, sino que cuando la uses no haya ego en ella. El ego sólo puede ser ego cuando es entronizado, cuando se sienta en lo alto, cuando se convierte en el centro de toda tu vida. Úsalo... te desharás de él; deshazte de él... te volverás capaz de utilizarlo.
La novena pregunta:
Algún día, ¿no podríamos celebrar contigo la ceremonia del té en vez de un discurso?
¿Qué crees que es mi discurso? Entonces te has estado perdiendo el té que te estoy ofreciendo. El té es un símbolo de consciencia, porque no te permite dormir. Eso es lo que te estoy ofreciendo. Vienes a mí y te digo: “Toma una taza de té”. Ése es todo el significado de lo que he estado diciéndote: una taza de té.
Y la última pregunta:
Cuando mueras, ¿nos invitarás a ir contigo? No me gustaría quedarme atrás cuando te vayas.
¿Por qué hemos de esperar a que llegue mi muerte? ¡Te estoy invitando ya! ¡Te invito ahora mismo!
Recuerda que si estás conmigo en este instante, estarás para siempre conmigo. ¿Por qué posponerlo hasta el momento de mi muerte? Si lo pospones hoy, mañana moriré y de nuevo lo pospondrás. Lo importante es recordar que si quieres estar conmigo aquí y ahora, no has de preocuparte por la muerte ni por el mañana; no es lo importante. Es del todo irrelevante. Quédate aquí conmigo; has recibido la invitación. Entonces podrás estar para siempre conmigo.
Eso no es, en absoluto, de lo que hay que hablar. Si estás aquí conmigo en este momento, estarás para siempre conmigo porque este momento contiene la eternidad. No hay ningún otro momento excepto éste. No hay más tiempo que el presente.