YOGA: LA CIENCIA DEL ALMA

VOL 2


 
Patanjali está hablando del fenómeno de Dios. Dios no es  el creador. Para Patanjali, Dios es el florecimiento supremo de la consciencia individual. Todo el mundo y todas las cosas se encuentran en el camino de convertirse en Dioses. No sólo tú, sino las piedras, las rocas, todas las partes de la Existencia, están en el camino de convertirse en Dios. Algunos ya han llegado, algunos están llegando, otros llegarán.
Dios no es el creador, sino la culminación, la cima, el clímax de la Existencia. El no se encuentra en el principio; El está al final. Y, desde luego, en cierto sentido, El también está en el principio, porque al final sólo puede florecer aquello que siempre ha estado allí como semilla desde el comienzo mismo. Dios es lo potencial, la posibilidad escondida; has de recordar esto. De modo que Patanjali no tiene un solo Dios. Tiene infinitos Dioses. Toda la Existencia está llena de Dioses.
Una vez comprendes el concepto que de Dios tiene Patanjali, entonces Dios no ha de ser realmente adorado. Has de llegar a ser uno con El; ésa es la única adoración. Si sigues adorando a Dios, eso no servirá. De hecho, es una tontería. El rendir culto, el auténtico rendir culto, debería consistir en convertirte tú mismo en un Dios. Todos los esfuerzos deberían concentrarse en llevar tu potencial hasta el punto en el que explotara como realidad, en el que la semilla germinara y aquello que estuviera oculto allí desde la eternidad, se manifestara. Tú eres Dios inmanifestado, y el esfuerzo es por llevar lo inmanifestado al nivel de lo manifestado, llevarlo al plano de la manifestación.

Más allá de los límites del tiempo,
El es el Maestro de Maestros.

Patanjali está hablando de su concepto de Dios. Cuando alguien se convierte en una flor, cuando alguien se convierte en un loto, muchas cosas le suceden y muchas cosas empiezan a suceder en la Existencia a través de él.  Se convierte en un gran poder, en un poder infinito, y a través de él, de muchas formas, otros son ayudados a convertirse en dioses por derecho propio.

Más allá de los límites del tiempo,
El es el Maestro de Maestros.

Hay tres clases de Maestros. Uno no es exactamente un Maestro; más bien es un maestro. Un maestro es uno que enseña, que ayuda a la gente a conocer cosas, sin haberlas él mismo realizado. A veces los maestros pueden atraer a miles de personas. Lo único que es necesario es que sean buenos profesores. Puede que no se conozcan a sí mismos, pero pueden hablar, pueden argumentar, pueden predicar, y mucha gente puede sentirse atraída con sus charlas, con sus prédicas, con sus sermones. Hablando continuamente de Dios puede que se estén engañando a sí mismos. Poco a poco puede que empiecen a creerse que saben.
Cuando hablas de algo, el mayor peligro es que empieces a creerte que sabes. Enseñar es algo muy atractivo porque colma al ego. Cuando alguien te escucha atentamente, satisface a tu ego profundamente porque sientes que sabes y que él no sabe. Tú eres el que sabe y él es el ignorante.
Sucedió que un sacerdote, un gran sacerdote, fue llamado a un manicomio para que les dijera unas cuantas palabras a los internos. El sacerdote no esperaba mucho, pero se quedó sorprendido. Un loco le estuvo escuchando con suma atención; nunca había visto a nadie escucharle tan atentamente. Casi casi le estaba engullendo. Asimilaba cada palabra en su corazón. El hombre ni pestañeaba. Estaban tan atento que parecía como si estuviera hipnotizado.
Cuando el sacerdote hubo finalizado su sermón, vio que el hombre se dirigía hacia el superintendente y le decía algo. El sacerdote sintió curiosidad. Tan pronto como pudo, le preguntó al superintendente, "¿Qué le decía este hombre? ¿Le decía algo sobre mi sermón?" El superintendente le dijo, "¡Si!" El sacerdote le preguntó, "¿Le importaría decirme que le ha dicho?" El superintendente se resistió un poco, pero le dijo, "¡Sí! El hombre me ha dicho, «¿Ve? Yo estoy dentro y él está fuera»".
Un profesor  está exactamente en el mismo lugar, en el mismo bote, en el que tú estás. El también es un interno. No posee nada más que lo que posees tú; sólo un poco más de información. La información no significa nada. Tú también puedes acumularla. Por lo general, se necesita una inteligencia media para acumular información. Uno no necesita ser un genio, uno no ha de poseer mucho talento. Una inteligencia corriente es suficiente. Puedes acumular información. Puedes seguir acumulando, puedes convertirte en un maestro.
Un maestro es uno que enseña sin saber. Si es un buen orador, si es un buen escritor, si tiene una cierta personalidad, si posee un cierto carisma, unos ojos magnéticos, un cuerpo agradable, atrae a la gente. Y poco a poco va volviéndose más y más hábil. Pero los que están a su alrededor no pueden ser discípulos. Seguirán siendo estudiantes. Incluso aunque él pretenda ser un Maestro, no puede hacer de ti un discípulo. Como máximo puede hacer de ti un estudiante. Un estudiante es uno que va en busca de más información y un maestro es uno que ha acumulado más información. Esta es la primera clase de Maestro, aquél que no es en absoluto un Maestro.
 Existe luego una segunda clase de Maestro: aquél que se conoce a sí mismo. Diga lo que diga, puede decir como Heráclito, "He buscado". O como Buda, puede decir, "Lo he encontrado" Heráclito es más cortés. El hablaba a gente que podía no haberle entendido si hubiera dicho como Buda, "Lo he encontrado". Buda dice, "Soy el más perfecto hombre Iluminado que jamás ha existido". Parece egoísta, pero no lo es. El hablaba a sus discípulos, los cuales eran capaces de entender que allí no había ningún ego.
Heráclito estaba hablando a gente que no eran sus discípulos; tan sólo gente corriente. Ellos no hubieran entendido. Cortésmente él dice, "Yo he buscado", y deja la otra parte—"Lo he encontrado"— a tu imaginación. Buda nunca dice, "Yo he buscado". El dice, "¡Lo he encontrado! Y esta Iluminación nunca ha tenido lugar antes. Es absoluta".
Uno que ha llegado es un Maestro. El aceptará discípulos. Los estudiantes están prohibidos; los estudiantes no pueden acudir allí por sí mismos. Incluso si por casualidad se acercan, partirán tan pronto como les sea posible porque él no les estará ayudando a acumular más conocimiento. El tratará de transformarte. Te dará tu ser;  no conocimiento. Te dará más ser, no más conocimiento. Te volverá centrado; y el centro está en algún lugar cerca del ombligo, no en la cabeza.
Todo aquél que vive en la cabeza está descentrado. La palabra es hermosa, la palabra "descentrado", significa "fuera de centro". En realidad todo aquél que vive en la cabeza está loco. La cabeza es la periferia. Puedes vivir en tus pies o puedes vivir en tu cabeza; la distancia desde el centro es la misma. El centro está alrededor del ombligo.
Un maestro te ayuda a arraigarte más y más en la cabeza; un Maestro te desarraigará de la cabeza y te replantará. Es exactamente como replantarte; implica mucho dolor. Ha de ser así. Hay sufrimiento, angustia, porque cuando replantas, la planta ha de ser arrancada del suelo. Ha de ser así. Y entonces, otra vez, ha de volverse a plantar en un nuevo suelo. Llevará tiempo. Las viejas hojas caerán. Toda la planta pasara por la angustia, la incertidumbre, no sabrá si va a sobrevivir o no. ¡Es un renacimiento! Con un maestro no hay renacimiento; con un Maestro renaces.
Sócrates está en lo cierto. El dice, "Soy una comadrona". Sí, un Maestro es una comadrona. Te ayuda a volver a nacer. Pero eso significa que tendrás que morir; solamente entonces puedes renacer. De modo que un Maestro no es sólo una comadrona; Sócrates dice sólo la mitad. El Maestro también es un asesino; un asesino y una comadrona. Primero te matará tal como eres, y solamente entonces podrá lo nuevo brotar de ti. De tu muerte, saldrá la resurrección.
Un maestro nunca te cambia. Seas lo que seas, seas quien seas, simplemente te proporciona más información. Te añade cosas; mantiene la continuidad. Puede que te modifique, puede que te refine, puede que te culturice más, que te pula más. Pero seguirás siendo el mismo; la base será la misma.
Con un Maestro, aparece una discontinuidad. Tu pasado se vuelve como si nunca hubiera sido tuyo, como si perteneciera a algún otro, como si lo hubieras soñado. No es real, fue una pesadilla. La continuidad se rompe. Aparece una brecha. Lo viejo desaparece y lo nuevo llega, y en medio hay una brecha. Esa separación es el problema, esa separación ha de ser superada. Ante esa brecha muchos simplemente se asustan y retroceden. Se apresuran a volver a aferrarse a su viejo pasado.
Un Maestro te ayuda a cruzar esta brecha, pero para un maestro no existe nada de esto; no hay problema. Un maestro te ayuda a aprender más, mientras que la ocupación primera de un Maestro es ayudarte a des-aprender. Esa es la diferencia.
Alguien le preguntó a Ramana Maharshi, "He venido de muy lejos para aprender de ti. ¡Enséñame!" Ramana rió y dijo, "Si has venido a aprender entonces ve a cualquier otra parte porque aquí lo que hacemos es des-aprender. Aquí no enseñamos. Ya sabes demasiado; ése es tu problema. Si aprendes más, aparecerán más problemas. Te enseñamos cómo des-aprender, cómo volver atrás".
Un Maestro atrae discípulos; un maestro, estudiantes. ¿Qué es un discípulo? Se ha de comprender todo exactamente; solamente entonces podrás comprender a Patanjali. ¿Quién es un discípulo? ¿Cuál es la diferencia entre un estudiante y un discípulo? Un estudiante busca conocimiento; un discípulo busca una transformación, una mutación. Esta harto de sí mismo. Ha llegado al punto en el que se da cuenta de que, "Tal como soy, no valgo nada; soy polvo, nada más. Tal como soy no valgo nada".
Ha llegado para alcanzar un nuevo nacimiento, un nuevo ser. Está dispuesto a cargar con la cruz, a atravesar los dolores de la muerte y del renacimiento; de ahí, la palabra "discípulo". La palabra "discípulo" proviene de "disciplina"; él está dispuesto a cumplir con cualquier disciplina. Está dispuesto a cumplir todo lo que le diga el Maestro; está dispuesto a seguirlo. Hasta ahora, ha seguido sólo a su propia mente, durante muchas vidas, y no ha llegado a ninguna parte. Ha escuchado a su propia mente y se ha ido metiendo en más y más problemas. Ahora ha llegado a un punto en el que siente, "¡Ya basta!"
Entonces va y se entrega al Maestro. Esto es disciplina, el primer paso. El dice, "Ahora te escucharé. Ya he escuchado suficiente a través de mi propia mente. He sido un seguidor, un discípulo de mi propia mente y eso no conduce a ninguna parte. Me he dado cuenta. Ahora tú eres mi Maestro". Eso significa, "Ahora tú eres mi mente. Todo lo que digas, lo escucharé. Donde quiera que me conduzcas, iré. No haré preguntas porque esas preguntas surgirán de mi mente".
Un discípulo es uno que ha aprendido una cosa a través de su vida: que la mente es el creador de los problemas, que la mente es la causa original de su sufrimiento. La mente siempre dice, "Otro es la causa de mis sufrimientos; no yo". Un discípulo es uno que ha aprendido que esto es un truco, una trampa de la mente. Esta siempre dice, "El otro es el responsable; yo no soy el responsable". De esta forma se salva a sí misma, se protege, permanece segura. Un discípulo es aquél que ha comprendido que esto es falso, que sólo es una treta de la mente. Ha llegado a percibir todo el absurdo de la mente.
La mente te conduce hacia el deseo; el deseo te conduce hacia la frustración. Te conduce hacia el éxito; todo éxito se convierte en un fracaso. Te atrae hacia la belleza; la belleza siempre deriva en fealdad. Te lleva hacia más y más cosas; nunca cumple ninguna promesa. Te promete cosas, pero ni una sola promesa se cumple. Te hace dudar y la duda se convierte en un gusano en el corazón; venenoso. No te permite confiar y sin confianza no hay crecimiento. Cuando comprendes todo esto, solamente entonces puedes convertirte en un discípulo.
Cuando llegas ante el Maestro, simbólicamente pones tu cabeza a sus pies. Esto es deshacerte de tu cabeza; éste es el significado de poner tu cabeza a sus pies. Tú dices, "Ahora continuaré sin cabeza. Ahora, todo lo que digas se convertirá en mi vida". Esto es entregarse. Un Maestro tiene discípulos que están dispuestos a morir y renacer.
Luego existe una tercera categoría: El Maestro de Maestros. Primero está el maestro de estudiantes, segundo está el Maestro de discípulos, y luego, en tercer lugar, está el Maestro de Maestros. Patanjali dice que cuando un Maestro se convierte en un Dios—y convertirse en Dios quiere decir trascender el tiempo, convertirse en uno para el cual el tiempo no existe, para el cual el tiempo ha dejado de existir, para el cual no existe el tiempo; convertirse en uno que ha llegado a la comprensión de la eternidad, de la ausencia de tiempo, en uno que no sólo ha cambiado y se ha convertido en bueno, que no sólo ha cambiado y se ha vuelto consciente, sino que ha trascendido el tiempo—se convierte en un Maestro de Maestros. ¡Ahora él es un Dios!
¿Qué hará entonces el Maestro de Maestros? Este nivel solamente se alcanza cuando un Maestro deja el cuerpo; nunca antes. En el cuerpo puedes ser consciente, en el cuerpo puedes darte cuenta que no existe el tiempo. Pero el cuerpo tiene un reloj biológico. Siente hambre y al cabo de un cierto tiempo vuelve el hambre; saciedad y hambre; sueño, enfermedad, salud. Por la noche el cuerpo ha de dormir, por la mañana ha de despertar. El cuerpo posee un reloj biológico. Por eso la tercera clase de Maestro aparece solamente cuando un Maestro finalmente deja el cuerpo, cuando no ha de volver de nuevo al cuerpo.
Buda emplea dos palabras. La primera es Nirvana, Iluminación. Cuando Buda se Iluminó—estando aún en el cuerpo— eso fue la Iluminación, el Nirvana. Después de cuarenta años dejó el cuerpo. A esto él le llama el Nirvana absoluto, el Mahaparanirvana. Entonces se convirtió en un Maestro de Maestros y ha seguido siendo un Maestro de Maestros.
Cada Maestro, cuando deja el cuerpo de forma permanente, cuando no ha de volver de nuevo, se convierte en un Maestro de Maestros. Mahoma, Jesús, Mahavira, Buda, Patanjali, han seguido siendo Maestros de Maestros, y han estado siempre guiando a Maestros, no a discípulos. Siempre que alguien se convierte en un Maestro en el camino de Patanjali, aparece de inmediato un contacto con Patanjali cuya alma flota en el infinito, con la consciencia individual que se denomina "Dios". Siempre que una persona siguiendo el camino de Patanjali se convierte en un Maestro, siempre que se Ilumina, de inmediato surge una comunicación con el Maestro original que ahora es un Dios.
Siempre que alguien que sigue a Buda se Ilumina, inmediatamente surge una relación. De repente se encuentra unido a Buda, al Buda que ha dejado de estar ya en el cuerpo, al Buda que ya no existe en el tiempo ni en el espacio, pero que aún es, al Buda que se ha convertido en uno con la totalidad, pero que aún es.
Esto es muy paradójico y muy difícil de comprender porque no podemos comprender nada que trascienda el tiempo. Toda nuestra comprensión está dentro del tiempo; toda nuestra comprensión está dentro del espacio. Cuando alguien dice que Buda existe más allá del tiempo y del espacio, nos parece absurdo.
Cuando dices que Buda existe más allá del espacio, eso significa que no existe en un lugar en particular. ¿Y cómo va existir alguien sin existir en un lugar determinado? El existe; ¡Simplemente existe! No puedes indicar dónde, no puedes decir dónde está. En este sentido está en ninguna parte y en este sentido está en todas partes. Para la mente que vive en el espacio, es muy difícil comprender algo que trasciende el espacio. Pero con aquellos que siguen los métodos de Buda y se convierten en Maestros, de inmediato surge un contacto. Buda sigue guiando a la gente que sigue su camino, Jesús guía a la gente que sigue su camino.
En el Tíbet existe un lugar en Kailash donde, cada año en el día en que Buda dejó el mundo, en la noche de luna llena de Vaishakh, quinientos Maestros se reúnen. Cuando quinientos Maestros se reúnen en ese lugar cada año, ven a Buda descendiendo; de nuevo se vuelve visible.
Esta es una antigua promesa y Buda aún la cumple. Quinientos Maestros han de estar presentes; ni uno menos, porque si no, no es posible. Esos quinientos Maestros sirven de contrapeso, de ancla, para que Buda descienda. Un solo Maestro menos y el fenómeno no sucede. A veces no alcanzaron los quinientos Maestros. Entonces, ese año, no hubo contacto, no hubo un contacto visible.
Pero el Tíbet tiene muchos Maestros, de forma que no es muy difícil. El Tíbet es el país con más Iluminados; así ha permanecido hasta ahora. No será así en el futuro, gracias a Mao. El ha destruido toda la sutil pauta que el Tíbet ha creado. Todo el país era un monasterio. En otros países existían monasterios, pero el Tíbet existía dentro del monasterio.
Era una regla que una persona de cada familia tenía que tomar sanyas y convertirse en un lama, y esta regla fue instaurada de forma que cada año al menos quinientos Maestros estuvieran siempre disponibles. Cuando quinientos Maestros se juntan en Kailash justo a la media noche, a las doce en punto, Buda es de nuevo  visible. Desciende en el tiempo y el espacio.
Ha continuado guiando; todos los Maestros continúan guiando. Una vez que te aproximas a un Maestro, no a un maestro, puedes confiar. Incluso aunque no alcances la Iluminación en esta vida, habrá para ti, de forma continuada, una sutil guía, incluso aunque no te des cuenta de que estás siendo guiado.
Mucha gente de Gurdjieff ha venido a mí. Han venido porque Gurdjieff les ha estado dirigiendo hacia mí. No hay nadie más hacia quien Gurdjieff pueda empujarles o dirigirles. Y esto es una desgracia, pero es así. Ahora no existe ningún Maestro en el sistema de Gurdjieff, de modo que él no puede establecer contacto. Mucha gente de Gurdjieff empezará a venir antes o después, y no serán conscientes de ello porque no podrán comprender lo que estará sucediendo. Pensarán que es puramente accidental.
Si un Maestro existe en un determinado camino en el tiempo y en el espacio, entonces el Maestro original puede ir enviando instrucciones. Y así es como las religiones han permanecido vivas. Una vez la cadena se rompe, la religión muere. Por ejemplo, la religión jaina ha muerto porque no existe ni un solo Maestro al cual Mahavira pueda dirigirse y enviar nuevas instrucciones. Porque con cada época las cosas cambian, la mente cambia, de modo que las técnicas han de ser cambiadas, nuevos métodos han de ser diseñados, se han de añadir nuevas cosas, se han de borrar cosas viejas. Cada época necesita de un gran trabajo.
Si un Maestro existe en un determinado camino, entonces el Maestro original, que ahora es un Dios, puede continuar. Pero sí en  la Tierra no existe un Maestro, entonces la cadena se rompe y la religión muere. Y esto sucede muchas veces.
Por ejemplo, Jesús nunca trató de crear una nueva religión, nunca pensó en ello. El era un judío y estaba recibiendo instrucciones directas de los antiguos Maestros judíos que se habían convertido en Dios. Pero los judíos no eran capaces de atender esas nuevas instrucciones. Ellos decían, "Esto no está escrito en las escrituras. ¿De qué estás hablando?" En las escrituras está escrito que si alguien te golpea con un ladrillo tú le has de lanzar una roca: ojo por ojo, vida por vida. Y Jesús empezó a decir que has de amar a tu enemigo, y que si él te golpea en una mejilla, le has de ofrecer la otra.
No estaba escrito en las escrituras judías, pero ésta fue la nueva enseñanza porque la época había cambiado. Este era un nuevo método para ser desarrollado y Jesús estaba recibiendo instrucciones directamente de los dioses; de los dioses en el sentido de Patanjali: los profetas. Pero lo que él enseñaba no estaba escrito en las escrituras. Los judíos le mataron sin saber qué era lo que estaban haciendo. Por eso Jesús les dijo en el último momento, cuando estaba en la cruz, "Dios, perdónales porque no saben lo que hacen. Están suicidándose. Se están matando a sí mismos porque están rompiendo la conexión con sus propios Maestros".
Y eso fue lo que sucedió. El asesinato de Jesús se convirtió en la mayor calamidad para los judíos y durante dos mil años han tenido que sufrir porque no han establecido ningún contacto. Viven según las escrituras; son la gente que se basa más en las escrituras de todo el mundo. Viven con las escrituras: el Talmud, la Torah, y no atienden a ningún esfuerzo que provenga de las más altas fuentes más allá del tiempo y del espacio.
Esto ha sucedido muchas veces. Así es como las nuevas religiones nacen. ¡Es innecesario! ¡No hay necesidad! Pero los viejos no escuchan. Ellos preguntan, "¿Dónde está esto escrito?" No está escrito. Es una nueva instrucción, una nueva escritura. Y si no escuchas la nueva escritura, la nueva enseñanza se convertirá en una nueva religión. Y puedes ver como la nueva religión siempre parece ser más poderosa que la antigua. Debido a la novedad de sus enseñanzas, puede ayudar más al hombre.
Los judíos siguieron siendo los mismos. El cristianismo se extendió a la mitad de la Tierra; ahora medio mundo es cristiano. Los jainos han permanecido en la India como una minoría muy pequeña porque no escuchan. Y no tienen ningún Maestro vivo. Tienen muchos sadhus, monjes; muchos, porque pueden permitírselo. Son una comunidad rica. Pero no hay un solo Maestro vivo. No les puede llegar ninguna instrucción desde fuentes superiores. Una de las mayores revelaciones de la Teosofía en la India—en esta época, en todo el mundo—fue que los Maestros seguían instruyendo continuamente. Patanjali dice que ésta es la tercera categoría de Maestros: El Maestro de Maestros. Esto es lo que él quiere decir con "Dios".
 
Más allá de los límites del tiempo,
 El es el Maestro de Maestros.

¿Qué es el tiempo y como trascenderlo? Trata de comprender. El tiempo es deseo porque para el deseo se necesita al tiempo. El tiempo es la creación del deseo. Si no tienes tiempo, ¿cómo vas a desear? No hay espacio para que surja el deseo. El deseo necesita del futuro. Por eso la gente que tiene millones de deseos teme siempre a la muerte. ¿Por qué temen siempre a la muerte? Porque la muerte acaba con el tiempo definitivamente. Deja de haber tiempo.  Y tú tienes millones de deseos y entonces se presenta la muerte.
La muerte significa que ahora ya no hay futuro, la muerte significa que ahora no hay más tiempo. Puede que el reloj continúe funcionando, pero tú no estarás funcionando. Y el deseo necesita tiempo para ser colmado, necesita futuro. No puedes tener deseos en el presente; en el presente no existe el desear. ¿Puedes desear algo desde el presente? ¿Cómo vas a desearlo? Si deseas, de inmediato el futuro se ha introducido. El mañana o el momento siguiente ha llegado. ¿Cómo vas a desear en este mismo momento, aquí y ahora?
Desear es imposible sin tiempo; el tiempo es también imposible sin deseos. Juntos forman un solo fenómeno: dos caras de la misma moneda. Cuando uno deja de tener deseos, se vuelve eterno. El futuro se detiene, el pasado se detiene. Solamente existe el presente. Cuando el desear se detiene es como un reloj que sigue funcionando tras haberle sido quitadas las manecillas. Imagínate un reloj que siga funcionando sin manecillas; no puedes decir qué hora es.
Un hombre sin deseos es un reloj sin manecillas. Ese es el estado de un Buda. El vive en el cuerpo; el reloj sigue funcionando, porque el reloj posee su propio proceso biológico que lo hace continuar. Tendrá hambre y querrá comida. Tendrá sed y querrá beber. Tendrá sueño y querrá irse a dormir. El cuerpo lo necesitará, por esto está funcionando. Pero el ser más interno no tiene tiempo: el reloj carece de manecillas.
Pero estás anclado en el mundo, en este mundo de tiempo, debido a este cuerpo. Tu cuerpo posee un peso y debido a esa fuerza gravitacional la gravedad todavía actúa sobre ti. Cuando uno deja el cuerpo, cuando un Buda deja su cuerpo, entonces el mecanismo deja de funcionar. Entonces es pura consciencia, sin cuerpo, sin hambre, ni saciedad; sin cuerpo, sin ser; sin cuerpo; entonces no lo necesita. Recuerda esas dos palabras: deseo y necesidad. El deseo pertenece a la mente; la necesidad pertenece al cuerpo. Con deseos y necesidades, eres un reloj sin manecillas. Y cuando la necesidad también desaparece, has trascendido el tiempo. Esto es la eternidad; más allá del tiempo está la eternidad.
Por ejemplo, si no miró el reloj no sé qué hora es. Para saber qué hora es he de estar mirándolo continuamente todo el día. Incluso aunque haya mirado la hora hace cinco minutos, he de volver a mirarla para saber la hora exacta, porque en mi interior no existe el tiempo; solamente es el cuerpo el que funciona.
La consciencia no tiene tiempo. El tiempo es creado cuando la consciencia desea algo. Entonces, de inmediato, se crea el tiempo. En la Existencia no existe el tiempo. Si el hombre no existiera sobre la Tierra, el tiempo desaparecería de inmediato. Los árboles estarían ahí, las rocas estarían ahí, el sol saldría y la luna se ocultaría y todo continuaría tal y como es, pero no existiría el tiempo porque el tiempo no llega con el presente; llega con el recuerdo del pasado y la imaginación del futuro.
Un Buda no tiene pasado. Ha acabado con él, no acarrea con él. Un Buda no tiene futuro. También ha acabado con eso porque no tiene deseos. Pero las necesidades están allí porque el cuerpo está allí. Han de satisfacerse algunos karmas más. Durante unos cuantos días más el cuerpo seguirá funcionando. Es la antigua inercia la que lo mantiene. Has de dar cuerda a un reloj. Aunque dejes de darle cuerda, seguirá funcionando durante unas cuantas horas o unos cuantos días. La antigua inercia continúa.

Más allá de los límites del tiempo,
 El es el Maestro de Maestros.

Cuando la necesidad y el deseo desaparecen—ambos—el tiempo desaparece. Y acuérdate de distinguir entre deseo y necesidad; si no te verás sumido en una gran confusión. Nunca trates de abandonar las necesidades. Nadie puede abandonarlas a menos que el cuerpo desaparezca. Y no te confundas con lo que son. Recuerda siempre lo que es una necesidad y lo que es un deseo.
Las necesidades surgen del cuerpo y el deseo nace de la mente. La necesidad pertenece al animal; el desear es humano. Desde luego, cuando sientes hambre necesitas comer. Te paras cuando deja de haber necesidad; tu estómago dice de inmediato, "¡Es suficiente!" Pero la mente dice, "Un poco más. ¡Sabe tan bien!" Esto es deseo. Tu cuerpo dice, "Tengo sed", pero el cuerpo nunca desea Coca-Cola. El cuerpo dice, "Sed", y entonces bebes. No puedes beber más agua de la necesaria. Pero si puedes beber más Coca-Cola. Es un fenómeno mental.
La Coca-Cola es lo único universal en esta época, incluso en la Rusia soviética. Ningún otro artículo se ha introducido allí, pero la Coca-Cola se ha introducido. Ni siquiera el telón de acero sirve de nada porque la mente humana es la mente humana.
Observa siempre dónde acaba la necesidad y dónde empieza el deseo. Conviértelo en una consciencia continua. Si eres capaz de distinguirlos habrás alcanzado algo, una pista para la existencia. Tener necesidades es hermoso; desear es feo. Pero hay gente que continúa deseando y va reduciendo sus necesidades. ¡Son tontos, estúpidos! No puedes encontrar a mayores idiotas en el mundo porque están haciendo justo lo opuesto  alo que hay que hacer.
Hay gente que ayuna durante días y desea el cielo. Ayunar es reducir la necesidad y anhelar el cielo es ayudar a que el deseo crezca. Tienen mucho más tiempo que tú porque han de pensar en el cielo. Poseen una inmensa cantidad de tiempo: el cielo está incluido en ello. Tu tiempo acaba con la muerte. A ti te dirán, "Eres un materialista". Ellos son espirituales porque su tiempo va en aumento. Abarca cielos enteros; no sólo uno, sino siete. E incluso el moksha, la Liberación suprema, está dentro de su límite temporal. Tienen una inmensa cantidad de tiempo y vosotros sois materialistas porque vuestro tiempo se agota con la muerte.
Recuerda, es fácil desatender las necesidades. Debido a que el cuerpo es tan silencioso, puedes torturarlo. Y el cuerpo es tan adaptable que si lo torturas durante mucho tiempo, se adapta a tu tortura. ¡Y es mudo! No puede decir una palabra. Si ayunas, durante dos o tres días dirá, "Tengo hambre, tengo hambre!" Pero tu mente está pensando en el cielo y si no estás hambriento no podrás entrar. Está escrito en las escrituras que has de ayunar, por eso no escuchas al cuerpo. También está escrito en las escrituras, "No escuches al cuerpo; el cuerpo es el enemigo".
Y el cuerpo es un animal sordo, puedes continuar torturándolo. Durante unos cuantos días no dirá nada. Si comienzas un largo ayuno, a lo sumo el cuerpo dirá algo durante la primera semana, o los cinco, o seis primeros días. Más adelante el cuerpo dejará de hacerlo porque nadie le escucha. Entonces el cuerpo empieza a hacer sus propios ajustes. Tiene una reserva para noventa días. Todo cuerpo sano pose una reserva de grasa para noventa días, para utilizarla en una situación de emergencia; no para utlizarla ayunando.
Puede que a veces te encuentres en un bosque y no puedas conseguir comida. Puede que haya escasez de comida y no puedas conseguir comida. Durante noventa días el cuerpo tiene una reserva. Se alimentará de sí mismo, se comerá a sí mismo. Y tiene un mecanismo de dos marchas. Por lo general pide comida. Si le das comida, entonces la reserva permanece intacta. Si no le das comida, entonces durante dos o tres días continúa pidiendo. Si aun así no se la das, simplemente cambia de marcha. La marcha es cambiada y entonces empieza a comerse a sí mismo.
Por eso, cuando ayunas pierdes un kilo cada día. ¿Cómo desaparece este kilo? Este peso desaparece porque te estás comiendo tu propia grasa, tu propia carne. Te has convertido en un comedor de hombres, en un caníbal. El ayunar es canibalismo. En noventa días serás un esqueleto, sin ninguna reserva. Entonces tendrás que morir.
Es fácil ser violento con el cuerpo; ¡es tan mudo!. Pero con la mente es difícil porque la mente tiene una voz. No atiende. Y lo que realmente vale la pena es hacer que la mente escuche y cortar con los deseos. No pidas el cielo y el paraíso.
Estaba leyendo un libro sobre las nuevas religiones del Japón. Como sabes, los japoneses son gente muy hábil técnicamente. En Japón han creado dos paraísos. Tan sólo para que tengas un vislumbre, han construido un pequeño paraíso en una estación de montaña para mostrarte cómo va a ser de verdad el verdadero paraíso. Vas y hechas un vistazo. Han construido un lugar tremendamente hermoso y lo mantienen absolutamente limpio. Hay flores y flores y árboles y sombras y pequeños y hermosos bungalows, y así te proporcionan un vislumbre del paraíso para que de esta forma empieces a desearlo.
¡No existe el paraíso! El paraíso es una creación de la mente. ¡Y no existe el infierno! También eso es una creación de la mente. El infierno no es más que la pérdida del paraíso; eso es todo. Primero lo creas, y luego lo echas en falta porque no lo tienes. Y esa gente, esos curas, los envenenadores, siempre te ayudan a que desees. Primero crean el deseo; entonces el infierno viene detrás; luego ellos vienen para salvarte.
Una vez estaba conduciendo por una carretera muy  rudimentaria. Era verano y de repente llegué a un tramo de carretera tan enlodado que no podía entender cómo había llegado a estar así. No había llovido. El tramo tenía casi medio kilómetro de largo, pero pensé que no podía ser muy profundo de modo que seguí conduciendo el coche. Me metí en él y entonces me quedé atascado. No solamente había fango; tenía muchos baches. Entonces esperé a que alguien llegara para ayudarme, algún camión.
Un granjero llegó con un camión. Cuando le pedí que me ayudara, quiso cobrarme veinte rupias. De modo que le dije, "¡De acuerdo! Toma tus veinte rupias, pero sácame de aquí". Cuando hube salido, le dije al granjero, "Con este precio debes estar trabajando en esto día y noche". El dijo, "No, por la noche no, porque entonces he de transportar el agua desde el río hasta esta carretera. ¿Quién te crees que ha puesto ahí todo este lodo? Y luego he de dormir un poquito porque al amanecer empieza el negocio".
Así son los sacerdotes. Primero crean el fango acarreando el agua desde el lejano río. Y luego tú te enfangas y entonces ellos te ayudan. No hay un paraíso y no hay un infierno; ni cielo, ni infierno. Estás siendo explotado y serás explotado a menos que dejes de desear.
Un hombre que no desea no puede ser explotado. Entonces ningún sacerdote puede explotarte, entonces ninguna iglesia puede explotarte. La explotación sucede porque deseas. Entonces creas la posibilidad de ser explotado. Reduce tus deseos tanto como puedas porque no son naturales. Nunca reduzcas tus necesidades porque son naturales; trata de satisfacer tus necesidades.
Y obsérvalo todo. No hay muchas necesidades, no son muchas. Y son muy simples. ¿Qué es lo que necesitas? Comida, agua, un cobijo, alguien a quien amar y alguien que te ame. ¿Qué más necesitas? Amor, comida, cobijo; son necesidades sencillas. Y las religiones están contra todas esas necesidades. Contra el amor, dicen que practiques el celibato. Contra el comer, dicen que practiques el ayuno. Contra el cobijo, dicen que te conviertas en un monje y te desplaces, que te conviertas en un hombre errante, sin hogar. Ellos están en contra de las necesidades. Por eso crean un infierno. Y tú sufres más y más, y estás más y más en sus manos. Entonces les pides ayuda, y todo el asunto es algo que ellos han creado.
No vayas en contra de las necesidades y recuerda siempre reducir los deseos. Los deseos son inútiles. ¿Que es un deseo? No es desear un cobijo. El deseo es siempre por un mejor cobijo. El deseo es comparativo. La necesidad es simple: necesitas un cobijo. El deseo necesita un palacio. La necesidad es muy, muy simple. Necesitas a una mujer o a un hombre al que amar. Pero ¿y el deseo? El deseo necesita una Cleopatra. El deseo quiere siempre lo imposible; la necesidad, lo posible. Y si lo posible es satisfecho, estás en paz. Incluso un Buda necesita eso.
Los deseos son estúpidos. Deshazte de los deseos y sé consciente. Entonces trascenderás el tiempo. Los deseos crean el tiempo, pero si vas reduciendo los deseos te encontrarás más allá del tiempo. Las necesidades corporales permanecerán mientras el cuerpo exista. Pero si el deseo desaparece, entonces ésta será tu última, o como máximo tu penúltima, vida. Pronto desaparecerán. Uno que ha alcanzado la ausencia de deseos antes o después también trascenderá las necesidade, porque entonces no necesitará del cuerpo. El cuerpo es un vehículo para la mente. Si la mente no está allí, el cuerpo deja de ser necesario.
 



YOGA: LA CIENCIA DEL ALMA, VOL 2

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