Deseo y ausencia de deseo


El deseo está relacionado con la vida, pero la vida puede también carecer de deseos. Pero entonces la vida misma se vuelve imposible. Si todos los deseos desaparecen, entonces el cuerpo no puede continuar ya más porque el cuerpo es tan sólo un instrumento para que los deseos se vean colmados.. Los biólogos dicen ahora que hemos desarrollado los sentidos debido a los deseos, y que si pudieras desear persistentemente, el cuerpo desarrollaría nuevos sentidos.

El que tengamos ojos es debido únicamente a los deseos . Por lo común creemos que es porque tenemos ojos por lo que vemos. ¡No! Los biólogos dicen que debido a que existe un deseo de ver, se desarrollan los ojos. Si el deseo para ver no está ahí, los ojos desaparecen. Todo el cuerpo existe debido a los deseos.

Buda vivió durante cuarenta años después de Iluminarse, por lo que surge una pregunta: si los deseos se han detenido por completo, entonces Buda debe morir ¿Por qué es pues que está vivo?

El cuerpo tiene una inercia. Si estás corriendo y quieres detenerte de repente, no puedes. Tu mente se ha parado, tú has decidido parar, pero tienes que seguir corriendo un poco más debido a la inercia. Vas pedaleando en una bicicleta y ahora dejas de pedalear, pero las ruedas han acumulado una inercia. Seguirán girando y tomará algún tiempo el que la bicicleta se detenga completamente. Por eso es por lo que siempre digo que si la bicicleta va cuesta arriba, se detendrá pronto. Si has dejado de pedalear y la bicicleta va cuesta arriba, se parará pronto. Puede que incluso se pare en el momento en que dejes de pedalear. Pero si va cuesta abajo, puede seguir rodando mucho más tiempo.

Si la Iluminación sucede antes de los treinta y cinco años, el cuerpo puede morir en breve. Si sucede después de los treinta y cinco, es cuesta abajo y puede continuar por más tiempo. Por eso Shankara muere pronto. Tenía sólo treinta y tres y se Iluminó a la edad de veinte años ¿caso extraño! Y tenía que morir. No pudo completar el año trigésimo quinto, no pudo llegar ni a la mitad. Si la Iluminación sucede después de los treinta y cinco, vas cuesta abajo, y entonces el cuerpo puede continuar.

Con los deseos detenidos por completo, en realidad has dejado de ser un cuerpo. En este momento la antigua inercia operará y dependerá de muchas cosas.

Buda murió debido a que ingirió comida envenenada y no pudo ser curado. No murió porque el envenenamiento fuera peligroso -era muy común- sino debido a que carecía de vínculos corporales, de modo que no podía ser ayudado. Ahora la medicina acepta esto: si tienes apego a la vida, las medicinas te serán de mucha más ayuda. Si no tienes apego por la vida, las medicinas puede que resulten inútiles.

Ahora se hacen muchos experimentos. Dos personas están enfermas en su lecho de muerte. Una está más delicada y carece de esperanzas de salvación, pero se muestra esperanzada y desea vivir más. La ciencia médica no tiene esperanzas, los médicos no albergan esperanzas, pero él si las tiene. El otro no está en un estado tan delicado. Todo el mundo se muestra esperanzado: «Sobrevivirá, no hay problema». Pero él carece de esperanza, no desea vivir. En su interior, de repente, algo se ha desprendido de su cuerpo. Ahora la medicina no puede ayudar. El morirá y el hombre más seriamente enfermo sobrevivirá. La medicina sí puede ayudarle.

El cuerpo y la consciencia se relacionan por los deseos. Por eso es por lo que, si una persona muere sin deseos, no reencarnará otra vez, porque ahora no hay necesidad, no hay una causa para crear de nuevo otro cuerpo.

He conocido a una persona que no podía dormirse debido a su temor a la muerte. La muerte puede sobrevenir durmiendo, y entonces ¿que podría hacer? Por eso se siente asustado; no puede dormir. Y creo que su miedo es válido, que su miedo tiene un significado, porque no tiene el deseo de vivir. ¡No carece de deseos! Sólo que no tiene el deseo de vivir. Más bien tiene el deseo de morir. Y si una persona tiene el deseo de morir, puede morirse durmiendo con mucha facilidad.

Puede que tú te levantes por la mañana otra vez, no sólo porque la mañana ha llegado, sino porque tienes algo que te fuerza a levantarte. Esta persona no tiene nada; nada le fuerza a levantarse. Por eso no puede dormir debido al miedo y por la mañana no tiene deseo alguno de levantarse. ¡No hay nada que le fuerce a hacerlo! Y aún así digo que no carece de deseos. Está tan sólo frustrado; todos sus deseos se han frustrado. Cuando todos los deseos se frustran, creas un nuevo deseo: el deseo de morir.

Freud, en su vejez, se topó con algo nuevo con lo que nunca había soñado. Durante toda su vida trabajó sobre la «líbido», sobre el deseo de vivir. Basó toda su estructura en la creencia de la fuerza de esa líbido, de este sexo, de este deseo por la vida, y al final se encontró con un segundo deseo. Al primer deseo le llamó «Eros» y al segundo «Tanatos». Tanatos significa deseo de muerte, deseo de morir. Freud empezó a percibir qué si no había un deseo por morir, ¿cómo podía morir un hombre? Debía de existir escondido en alguna parte un deseo de morir, pues en caso contrario, los biólogos afirman que el cuerpo puede continuar incluso hasta la eternidad. No hay ninguna razón necesaria por la que un hombre deba de morir tan pronto, porque el cuerpo contiene en sí mismo un proceso de auto-renovación. Puede continuar renovándose, pero hay tantas otras cosas...

El cuerpo nace, como siempre hemos dicho, debido a la existencia de algún deseo de vivir. ¿Mmm? En realidad, Freud está en lo cierto. Se necesita un segundo deseo para completar el círculo. Debe de haber escondido un deseo de morir. Ese deseo de muerte te ayuda a morir y el deseo de vida te ayuda a renacer. Ese deseo de muerte le viene a uno muchas veces. Muchas veces te das cuenta repentinamente de él. Siempre que algo se frustra, como es el caso de la muerte de un amante o de un ser querido, de improviso el deseo de muerte se presenta y uno desea morir, no porque te hayas vuelto en alguien que no tiene deseos, sino porque tu deseo más anhelado es ahora imposible. Por eso empiezas a desear la muerte.

Esta diferencia se ha de percibir, porque muchas personas religiosas no son en verdad religiosas, tan sólo desean la muerte; son suicidas. Es muy fácil el intercambiar el deseo por la vida por el de la muerte. Es muy fácil porque la vida y la muerte no son sólo dos cosas, son dos aspectos del mismo fenómeno. Por eso puedes intercambiarlos.

Así sucede que aquellos que se suicidan son aquellos que están muy, muy profundamente atados a la vida. Debido a estar tan atados a la vida, siempre que se sienten frustrados no pueden hacer nada más que suicidarse. Una persona que no está muy atada a la vida no puede suicidarse. Y los suicidios pueden cometerse de dos formas: pueden ser a largo término y pueden ser a corto término. Puedes tomar el veneno ahora o puedes ir muriéndote lentamente durante muchos años. Depende del coraje que tengas.

A veces sucede que no tienes coraje para vivir y tampoco para morir, y entonces has de morir lentamente. Se escoge entonces un suicidio a largo plazo. Uno se va abandonando poco a poco, muriendo, muriendo, muriendo. La muerte es un largo proceso, por grados.

Este deseo por la muerte está ahí también y conlleva muchas, muchas implicaciones. Bernard Shaw, en los últimos años de su vida, abandonó la vida urbana y se fue a vivir a un pequeño pueblo. Alguien le preguntó, «¿Por qué has escogido este pueblo?»

El contestó, «Pasaba por el cementerio cuando me encontré con una lápida en la que estaba escrito: «Este hombre murió a la edad de ciento diez años. Su muerte fue intempestiva». Así que pensé que en este pueblo merecía la pena vivir. Si la gente aquí piensa que ciento diez años es una edad intempestiva, es bueno vivir aquí». Y verdaderamente vivió durante largo tiempo.

Los psicólogos dicen que esto es una fijación. Si todo el país cree que setenta es el máximo, esto se convierte en una actitud mental fija. Si todo el país cree que cien es el máximo, cien se convertirá en el máximo. Si el país comienza a pensar como un todo, colectivamente, no hay necesidad de morir tan pronto y ese hombre puede vivir trescientos años. Si todo el país fija los trescientos años como máximo, entonces el cuerpo puede vivir durante trescientos años. Es una hipnosis colectiva.

Sabemos que una persona se volverá vieja a una determinada edad, todo el mundo lo sabe. El niño se da cuenta de cuando uno se vuelve viejo. El joven sabe cuando se acabará su juventud. ¡Todo el mundo lo sabe! Y es tan sobradamente conocido, es tan sugestivo, que todos saben que los setenta o los ochenta como máximo, serán el límite. Morimos a los ochenta porque creemos que los ochenta son el límite. Si puedes alterar el límite, no hay porque morir tan pronto. Básicamente no hay necesidad de que el cuerpo muera tan pronto. Es un proceso auto-regenerador. Se va regenerando, puede continuar.

Esta hipnosis y el deseo de morir van unidos, se unifican. Porque si la vida requiere deseo, la muerte también necesita del deseo. ¡Por eso nunca decimos que Krishna murió. Nunca! Decimos que entró en samadhi. Nunca decimos que Buda murió. ¿Mmm? Fue el Nirvana, la Liberación. Nunca decimos que murieron porque, en realidad, para ellos, ¿cómo puede ser posible la muerte cuando la vida se ha vuelto un imposible? Entiende la implicación: si para Buda el vivir se ha vuelto una imposibilidad, ¿cómo puede darse la muerte? Una persona que no desea vivir, ¿cómo puede desear la muerte? Si carece de deseos en tal medida que la vida es un imposible, la muerte también será un imposible. Por eso nunca decimos que un Buda muere. Sólo decimos que pasó a una vida diferente. Nunca decimos que muere.

¿Por qué morimos? Morimos porque vivimos, porque estamos atados a la vida. Tenemos que separarnos de la vida, liberarnos. Cuando un Buda vive, vive por la inercia. El va en el coche y el coche va cuesta abajo. Se pare donde se pare, no formulará ninguna queja. En dónde sea. En el instante en que el coche se detenga, él se bajará. Ni por un instante percibirá que algo es incorrecto. No sentirá que nada esté mal; todo es como debería ser. Es capaz de vivir como si no viviera; puede morir como si no muriera. Pero si tú quieres seguir, significa que algún deseo está ahí.

Ramakrishna trató de mantenerse con vida durante algún tiempo para dar el mensaje a la persona indicada. Sintió que si no le restaba ningún deseo ni inercia, el cuerpo le abandonaría. Por eso cultivó, creó, forzó el que un deseo existiera. Trató continua-mente de que al menos un deseo se mantuviera vivo hasta el momento en que pudiera entregar el mensaje a la persona indicada. Esto nunca le ocurrió a Buda; nunca le sucedió a Mahavira. ¿Por qué le tenía que pasar a Ramakrishna?

En realidad no es una pregunta sobre porqué le ocurrió a Ramakrishna. No es una cuestión directamente relacionada con Ramakrishna, sino con nuestra época. En los tiempos de Buda era imposible el no encontrar personas adecuadas. ¡Imposible! Había tantas que en cualquier momento el mensaje podía ser entregado a cualquiera. Pero para Ramakrishna era una imposibilidad el en-contrar a tal persona. Así que ésta es la primera vez; Ramakrishna es el único hombre en toda la historia de la Humanidad que ha intentado forzadamente mantenerse con vida durante algo más de tiempo; tan sólo para dar con el hombre adecuado.

Y cuando Vivekananda acudió a él por primera vez, Ramakrishna dijo, «¿Dónde has estado? ¡He esperado tanto! ¡He esperado tanto!» Y cuando Vivekananda, por primera vez, tuvo el primer vislumbre de samadhi, Ramakrishna le detuvo. Le dijo, «Ya basta, porque si no te hallarás con la misma dificultad. Permanece aquí donde estás; no vayas más allá. Permanece aquí hasta que el mensaje sea entregado. Ahora, me llevaré tus llaves conmigo para que no tengas que sufrir como yo he sufrido. Primero alcancé algo y después tuve que permanecer anclado en la tierra y fue muy difícil, muy difícil. Por eso ahora me llevaré tus llaves conmigo y esas llaves sólo te serán entregadas antes de tu muerte. Tres días antes».

Y Vivekananda permaneció sin tener ningún vislumbre más. No pudo llegar. Esto, lo que Ramakrishna dijo, se convirtió en la barrera. No pudo cruzarla. La cruzó sólo antes de morir. Tres días antes.

La vida es deseo. ¿Mmm? La vida que conocemos es deseo. Pero hay otra vida que carece de deseos; la vida que descono-cemos. Esta vida requiere del cuerpo; aquella vida requiere la pura consciencia. Directa, inmediata. Esta vida utiliza el cuerpo, la mente, los instrumentos. Por eso es porque aparece tan confusa y apagada. No es algo inmediato.

Cuando algo te llega atravesando muchos medios distintos, te llega como distorsionado. Tiene que ser así. Tú nunca has visto la luz. Tus ojos ven la luz. Luego la luz es transformada en ondas eléctricas, en compuestos químicos. Nunca has visto estas ondas eléctricas, nunca has visto esos compuestos químicos. Estos compuestos transportan el mensaje y luego son decodificados en tu mente. Son sólo códigos. Luego al ser decodificados, la mente te da el mensaje de que has visto la luz. Y entonces dices, «He visto la luz; el sol ha salido». Nunca has visto al sol salir. Es tan sólo un proceso químico el que te informa. Nunca la misma salida del sol. Es sólo la foto que es decodificada de nuevo.

Toda nuestra experiencia es cómo esto. Indirecta. Toco la mano de mi amada, de mi amante, de mi amigo. En realidad, no la he tocado; no puedo, porque el tocar se queda en la punta de los dedos. Y luego, ha través de mi sistema, un impulso eléctrico llega a mi cerebro. Ese impulso es decodificado y digo, «¡Qué bello!» Esta percepción puede se creada estando mis ojos cerrados; este toque puede ser creado mediante un artilugio mecánico. Y si la misma frecuencia de onda que la creada por el toque de mi amada puede crearse, diré, «¡Qué bello!»

Ni siquiera el toque es necesario si el sistema portador del mensaje en el cerebro puede ser estimulado mediante un electrodo. De nuevo percibiré, «¡Qué bello!» Tan sólo con poner un electrodo en tu cerebro y con saber a que frecuencia se dan tus experiencias; con saber qué frecuencias percibes cuándo sientes amor, podremos pulsar los mandos y la misma frecuencia será creada por el electrodo en tu cerebro y empezarás a estar enamorado. ¿Cuál es la frecuencia que recibes cuando la interpretas como rabia? El electrodo puede crear la misma frecuencia y empezarás a sentirte enfadado.

¿Qué es lo que has vivido de la vida? ¿Que has conocido? No has conocido nada, porque todo lo percibes a través de tantos medios que sólo los mensajes indirectos te alcanzan.

Hay otra vida aparte del cuerpo, aparte de la mente. Entonces la experiencia es inmediata, sin intermediarios. Es directa, sin nada entremedio. Si la luz está allí y no hay nada entremedio, entonces por primera vez estás lleno de luz, no de mensajes codificados. Esta experiencia es la experiencia de lo Divino.

Puedo decírtelo de esta forma: si estás experimentando la Existencia a través de medios, esto es el mundo. Si estás experi-mentando la Existencia sin intermediarios, es Dios. Lo que se experimenta es lo mismo, sólo que el experimentador lo experi-menta de distinta forma.

Una forma es a través de algo. Te doy un mensaje, tú se lo das a alguien más, y luego él se lo da a otro y por fin alcanza al que tenía que ser entregado, al que concernía. Cuando llega, ha sido alterado. Cada vez que se entrega a alguien, es alterado. Con nuestros ojos no vemos así. No podemos ver de esta forma porque, de una forma sutil, cada instrumento es distinto. Por eso cuando yo veo la luz la veo de una forma particular. Cuando tú ves la luz, la vez de una forma distinta.

Cuando un Van Gogh ve el sol, en verdad lo ve de un modo distinto, porque se vuelve como loco, empieza a bailar, a llorar, a gritar. Se vuelve loco cuando ve el sol. Durante todo un año Van Gogh estuvo pintando continuamente cuadros del sol. No podía dormir, estaba enloquecido. Y en Arles, donde el sol es abrasador, durante un año el sol le estuvo cayendo a plomo sobre su cabeza y el seguía en el campo pintando. Pintando durante un año entero continuamente. Se volvió loco. Tuvo que ser internado durante otro año en un manicomio y la única razón fue que no pudo soportar tanto sol.

Pero nadie enloquece así. Se suicidó y escribió una carta. Y en la carta había escrito, «Debido a que he pintado todos los rostros del sol, ahora no hay necesidad de vivir. He pintado todas sus posibles caras. He conocido al sol de todas las formas posibles, ahora no hay porqué vivir. Ahora puedo dejarme morir». En verdad debe de haber visto al sol de distinto modo. Nadie enlo-quece por perseguir al sol. ¿Por qué esta locura?

El debía de poseer un sistema sensorial distinto. Ahora los psicólogos dicen que él debía de tener distinta química, distinta composición intrínseca. Es posible que pronto lleguemos a la conclusión de que los poetas poseen una distinta cantidad de ciertos compuestos químicos y sólo debido a esto es por lo que empiezan a volverse como locos tras las flores, tras las nubes. Para todos los demás, esto carece de sentido. Está bien que haya una flor, pero no tiene sentido el pintarla una y otra vez, el escribir poesías y vivir para ella. Ciertamente algo como el LSD debe de tener algún compuesto químico intrínseco. Un bailarín posee una química diferente. Parece que la bioquímica trabaja de modo distinto.

Por eso cuando digo que la vida implica deseos, me refiero a esta vida, no a esa. Está vida implica deseos. Cuantos más deseos tengas, más percibirás esta vida. ¿Mmm? Por eso es por lo que los que persiguen deseos corriendo tras ellos, aparentan estar más vivos; decimos que están mucho más vivos. ¿Qué es lo que haces? ¡Correr! ¡Todo el mundo corre y todo el mundo está tan vivo! ¿Estás tú muerto?

Pero hay otra vida también. Mas amplia, más profunda, más vital, más inmediata y directa. Tenemos una palabra para describirla aparokshanubuthi: experiencia inmediata. Dios debe ser contemplado, pero no con los ojos. Ha de ser escuchado, pero no con los oídos. Debe ser abrazado, pero no con las manos, no con el cuerpo. Pero ¿cómo podemos lograrlo?

Conocemos sólo de dos cosas: la vida de deseos y la muerte de los deseos. No conocemos esta otra dimensión: la vida sin deseos y la Liberación sin deseos. Pero si nos volvemos conscientes del mecanismo del deseo, podemos crear una distancia y en el momento en que la distancia es creada, la vida comienza a moverse hacia otra vida.

 


La Alquimia suprema vol1