La Mente es un Mito

Inquietantes Conversaciones con el Hombre Llamado U.G

 


 

Introducción.

Traducido por Enver Balcázar.


 


NOTA DEL EDITOR


"Porque te molestas en publicar mis conversaciones , ellas no te han ayudado ni tampoco van a ayudar a nadie" dijo U.G. cuando le propuse la idea de publicar unas selecciones de sus conversaciones con el constante desfile de personas que lo visitan. A pesar de su opinión continúe y publique el primer libro ya hace algunos años. U.G. lo llamó "El error de la iluminación"*. Error o no error, el libro "La Mística de la Iluminación" fue un éxito en ventas, fue luego traducido y publicado en casi todos los idiomas europeos, las traducciones al Ruso y al Chino están esperando por ser publicadas. La demanda por la reimpresión del libro me impulsó para publicar en vez de eso un libro compañero "La mente es un mito: conversaciones demoledoras con el hombre llamado U.G." Este libro es un poco similar y muy diferente a la vez de "La Mística de la Iluminación".

* Juego de palabras entre "mistake" (error) y "mistique" (mística) de pronunciación muy similar. U.G lo aprovecha para indicar su sentimiento acerca del libro de Dinesh.

DINESH VAGHELA

 

El libro consiste en conversaciones editadas que sostuvieron U.G. Krishnamurti y varios interlocutores en la India, Suiza y California entre 1983 y 1984. Aunque algunas palabras han sido cambiadas para mayor claridad, la versión aquí presentada es un fiel reflejo del contenido y la forma de esas discusiones. Esperamos que nos disculpen por no identificar todos los interlocutores involucrados, nos pareció que al identificarlos a todos solo se estorbaría el flujo y el mensaje de los diálogos. El editor toma toda la responsabilidad por la exactitud de la trascripción, y agradece a todos los que conversaron con U.G y contribuyeron con la producción de este libro.

 INTRODUCCION.

He aquí un retrato refrescante, radical y no convencional de la aventura humana. En su trabajo previo, "La Mística de la Iluminación", U.G. Krishnamurti le apuntó directo entre los ojos al status quo y disparó. En este nuevo libro hace lo mismo con el pensamiento y los valores tradicionales arrojando granadas hacia esas fortalezas que son nuestras más queridas creencias y aspiraciones. Para los buscadores de Dios, La Felicidad o la Iluminación es un libro poco recomendable, pero para aquellos que se han cansado de buscar y han desarrollado un escepticismo bien templado, este pequeño libro les podrá resultar invaluable. Esta es la historia de un hombre que lo tuvo todo, presencia, riquezas, cultura, fama, viajes, una carrera y lo dejó todo para encontrar la respuesta a su ardiente pregunta "¿Hay realmente algo llamado libertad, iluminación o liberación detrás de todas esas abstracciones que las religiones nos han propuesto?". El nunca encontró una respuesta.

No hay respuesta para preguntas como esa. U.G. vierte la filosofía en un molde totalmente nuevo, para el la filosofía no es ni el amor a la sabiduría, ni la eliminación de los errores, sino la desaparición de todas las preguntas filosóficas. U.G. dice:


Cuando todas las preguntas que usted tiene se vuelven una sola, su pregunta, esa pregunta luego debe detonar, explotar y desaparecer totalmente, dejando solo un organismo biológico funcionando armoniosamente, libre de la distorsión y la interferencia de la estructura separativa del pensamiento.

El mensaje de U.G. es escandalizador: todos estamos en el tren equivocado, en el camino equivocado, yendo en la dirección equivocada. Cuando llegue el tiempo de encarar la catástrofe de la presente crisis humana, usted encontrará a U.G. encabezando la línea, listo y hábil para demoler nuestras queridas, consoladoras y muy cuidadosamente construidas suposiciones. He aquí un muestrario: hacer el amor es guerra; causa y efecto es el lema de las mentes confundidas; el yoga y las comidas saludables destruyen el cuerpo; es el cuerpo y no el alma el que es inmortal; no hay comunismo en Rusia, ni libertad en América, ni espiritualidad en la India; el servicio a la humanidad es puro egoísmo; Jesús fue otro judío descarriado y el Buda fue un loco; el terror mutuo y no el amor es el que salvará a la humanidad; ir a la iglesia e ir a un bar por una copa son dos cosas idénticas; no hay nada dentro suyo más que temor; la comunicación es imposible entre los seres humanos; Dios, el amor, la felicidad, el inconsciente, la muerte, la reencarnación, y el alma son invenciones inexistentes de nuestra rica imaginación. Freud es el fraude del siglo 20, mientras J. Krishnamurti es su mas grande farsante.

La audacia de este hombre para desechar todo el conocimiento y sabiduría acumulados en el pasado es por lo menos estupenda. A este respecto él es un coloso, un "Siva" caminante y parlante, listo a destruir todo a fin de permitirle a la vida moverse con nuevo vigor y libertad, su despiadado e infatigable ataque en contra de nuestras más claras ideas e instituciones llega a ser una insurrección en la conciencia; una superestructura corrupta y viciada desde la raíz, es derribada sin ceremonias y nada es puesto en su lugar. Deleitándose en su acto de total aniquilación, U.G. no le ofrece nada a quien le escucha, en vez de eso les quita todo lo que han acumulado laboriosa e inconscientemente. Si lo viejo debe ser destruido antes que nazca lo nuevo, entonces U.G. es en realidad el segador de un nuevo comienzo de la humanidad .


La sociedad que, como lo señala Aldous Huxley, es una falta de amor organizada, no puede hacerle cabida a un hombre libre como U.G. Krishnamurti, él no encuadra en ninguna estructura social conocida, espiritual o secular. Esa sociedad que usa a sus miembros para asegurar su continuidad, no puede mas que sentirse amenazada por un hombre como U.G., un devoto cuestionador de lo establecido que no tiene nada que proteger, ni seguidores que satisfacer, ni interés por ser respetado, y quien habitualmente habla de las realidades mas desilusionantes sin importarle las consecuencias.

U.G. es un hombre "terminado". Sin búsquedas y por lo tanto sin destino. Su vida ahora consiste en una serie de eventos inconexos, no hay centro en su vida, no hay nadie "conduciendo" su vida, no hay una sombra interior, no hay un "fantasma dentro de la máquina". Lo que hay allí es un funcionamiento calmado y suave, una máquina biológica altamente inteligente y sensible, nada más. Uno busca en vano alguna evidencia de un yo, de un alma o de un ego, solo esta el simple funcionamiento de un organismo sensitivo. No es raro que un hombre "terminado" como él descarte las trivialidades de la ciencia, la religión, la política y la filosofía, y vaya en cambio directamente al corazón de los temas presentando sus argumentos a quien le oye de forma audaz, simple, vigorosa y sin corroboración.

2

El hombre de quien este libro trata, el señor Uppaluri Gopala Krishnamurti(1) nació de unos padres brahmín de clase media en la mañana del 9 de Julio de 1918 en la villa de Masulipan, al sur de la India. No ocurrió ningún evento peculiar en su nacimiento, ni celestial ni de otra forma, su madre murió de fiebre puerperal siete días después de dar a luz a su primer y único hijo. En su cama le imploró al abuelo materno del niño para que tuviera especial cuidado con él, añadiendo que estaba segura de que el niño tendría un destino muy importante que cumplir.

El abuelo tomó la predicción y la petición de su hija muy en serio y prometió darle al muchacho todas las ventajas de un "príncipe" brahmín acomodado. El padre se casó pronto otra vez, dejando a U.G. al cuidado de sus abuelos. El abuelo era un ardiente teósofo y conocía a J. Krishnamurti, Annie Besant, al Coronel Alcott y a los otros líderes de la Sociedad Teosófica . U.G. los conocería a todos ellos en su juventud y pasaría la mayor parte de sus años formativos en los alrededores de Adyar, el cuartel general mundial de la Sociedad Teosófica en Madras, India; U.G. dijo acerca de aquellos tiempos: "Mi abuelo tenía una especie de casa abierta en la que eran invitados monjes viajeros, renunciantes, estudiantes religiosos, eruditos, gurus, mahatmas y swamis, habían interminables discusiones filosóficas, religiosas, de ocultismo y metafísica, todas las paredes de la casa estaban llenas de cuadros de hindúes famosos y líderes teosóficos, especialmente J Krishnamurti". La infancia del muchacho estuvo, en resumen, imbuida en el saber religioso, los discursos filosóficos y la influencia de varios personajes espirituales. Todo eso le gustaba mucho al muchacho, hasta una vez le pidió a un guru viajero, quien llegó con una gran comitiva de camellos, discípulos y asistentes, que lo llevara consigo para llegar a convertirse en un discípulo de su doctrina espiritual. El joven U.G. fue llevado por su abuelo por toda la India a visitar personas y lugares santos, ashramas, lugares de retiro y centros de aprendizaje. Pasó siete veranos en el Himalaya estudiando yoga clásica con un famoso adepto, Swami Sivananda.

Fue en estos sus primeros años cuando U.G. comenzó a sentir que "algo andaba mal" con respecto a toda la tradición religiosa en la que había sido sumergido desde su infancia. Su maestro de yoga, una estricta y santurrona figura de autoridad, se dejó sorprender por U.G. cuando este último lo encontró encerrado en una habitación devorando unos encurtidos prohibidos para los yoguis. U.G. aun niño pensó "¿cómo este hombre se engaña a sí mismo y a otros, pretendiendo ser una cosa y haciendo lo contrario?". Dejó sus practicas de yoga, manteniendo un sano escepticismo hacia todo lo espiritual hasta su adultez.

Más y más deseaba hacer sus cosas "a su manera", cuestionando la autoridad que los demás tenían sobre él. Apartándose de las tradiciones de su pasado brahmín, arrancó de su cuerpo el hilo sagrado, símbolo de su herencia religiosa. Se convirtió en un joven cínico, rechazando todas las convenciones espirituales de su cultura y cuestionándose todo; mostró cada vez menos respeto por las instituciones y pensamientos religiosos, tan importantes para su familia y su comunidad; en él se desarrollo un sano desdén por su herencia religiosa, un desdén que terminó en un agudo sentido de lo que luego llamaría "la hipocresía del negocio espiritual". Su abuela decía que tenía un "corazón de carnicero". Todo esto le dio el tiempo necesario para desarrollar el tremendo coraje y la introspección necesaria para desechar todo el contenido psicológico y genético de su pasado.

A los 21 años se había convertido en casi un ateo, estudiando filosofía secular occidental y psicología en la Universidad de Madras. En ese tiempo, en el año de 1939, un amigo le pidió que fuera con él a visitar al famoso "Sabio de Arunchala", Bhagavan Sri Ramana Maharshi, en su ashram en Tiruvannamalai, no lejos de Madras. U.G. fue pero un poco renuente. Estaba convencido en ese tiempo que los hombres santos eran todos unos farsantes y le tomaban el pelo a la gente, pero para su propia sorpresa Ramana Maharshi era diferente. El Bhagavan, un Santo de la más alta sabiduría e integridad, no pudo menos que impresionar grandemente al joven U.G.; él raramente le hablaba a aquellos que se acercaban con preguntas, U.G. se acercó al Bhagavan con algo de desconfianza y recelo y le hizo tres preguntas:

"¿Existe," preguntó U.G.," la Iluminación?"

"Sí, existe," contestó el maestro.

"¿Hay niveles en ella?"

El Bhagavan contestó: "No, los niveles no son posibles, es una sola cosa, tu estas allí o no lo estas del todo."

Finalmente U.G. preguntó: "Esta cosa llamada Iluminación, ¿me la puede usted dar a mi?"

Mirando a las ojos al serio joven le contestó: "Sí, puedo dártelo pero, ¿puedes tu recibirlo?"

Desde ese día U.G. fue perseguido por su pregunta e implacablemente se cuestionaba, ¿qué es lo que no puedo tomar?, el resolvió allí mismo que fuera lo que fuera lo que Maharshi estuviera hablando el sí podía recibirlo. Diría luego que este encuentro había cambiado el curso de su vida y le había puesto nuevamente en "el camino". Nunca visitó de nuevo al Vagaban. Ramana Maharshi murió incidentalmente, en 1951, de cáncer, siendo venerado como uno de las más grandes sabios que la India ha dado.

A los 25 años, el sexo se había convertido en un problema para U.G. Aunque había prometido internamente renunciar al sexo y al matrimonio, con el tiempo razonó que el sexo era un instinto natural y que no era acertado suprimirlo, y para eso de algún modo la sociedad proveía de instituciones legítimas para satisfacer sus instintos; eligió una novia entre tres hermosas jóvenes brahmín que su abuelo había seleccionado para él como posibles compañeras. Diría luego: "me levanté a la mañana siguiente después de la noche de bodas y supe sin dudarlo que había cometido el peor error de mi vida". Permaneció casado por diecisiete años, siendo padre de 4 hijos. Desde el principio quiso salir del matrimonio pero los niños fueron llegando y la vida matrimonial continuó. Su hijo mayor Vasant enfermó de polio y U.G. decidió mudarse con su familia a Estados Unidos para que el chico pudiera recibir el mejor tratamiento. En este proceso gastó casi toda la fortuna que había recibido de su abuelo. Él esperaba darle una mejor educación a su esposa, encontrarle un trabajo y colocarla en una posición independiente para que pudiera subsistir sola. Y eso hizo, le consiguió un trabajo en la Enciclopedia Mundial. Para ese tiempo su fortuna ya se había ido y subsistía como orador público (al principio a nombre de la Sociedad Teosofica y luego como orador independiente), su matrimonio se acabó y había perdido el interés en luchar por ser alguien en este mundo. Al llegar a los cuarenta, estaba arruinado, solo y casi olvidado por sus amigos. Entonces comenzó a vagar, primero en Nueva York, y luego en Londres, en dónde se redujo a pasar sus días en la biblioteca de la ciudad para escapar del frío invernal inglés, y a dar lecciones de cocina india por algo de dinero. Luego paso a París en donde continuó errando. Sobre ese periodo de su vida U.G. luego diría:

Era como una hoja llevada por un viento inconstante, sin pasado ni futuro, ni familia ni carrera, sin ninguna clase de deseo espiritual. Lentamente perdía el deseo de hacer algo, no estaba rechazando ni renunciando al mundo, él solo se alejaba de mi, y yo no podía ni quería aferrarme a él.

Arruinado y solo decidió que iría hasta Ginebra donde había dejado algunos francos en una vieja cuenta bancaria, suficiente posiblemente para mantenerse por algún tiempo. Luego ese poco dinero se acabó, comenzó a deber la renta y se quedó sin lugar a donde ir. Decidió ir al consulado de la India en Ginebra para pedir su repatriación a la India. "No tengo dinero, ni amigos, ni voluntad, pienso que por lo menos no me podrán echar de la India, al fin y al cabo soy ciudadano, quizás pueda sentarme bajo un banano y quizás alguien me alimente." Entonces a sus 45 años y completamente sin futuro a los ojos del mundo, sin un centavo y solo, caminó hasta el consulado y pidió que lo regresaran a su país natal. No tenía opciones. Este sería un día crucial en su vida.

3

U.G. entró a la oficina del consulado Indio en Ginebra y comenzó a contar su triste historia al cónsul. Entre mas hablaba mas fascinaba al cónsul. Pronto toda la oficina estaba en silencio oyendo esta historia tan extraordinaria. Una secretaria traductora de la Oficina, Valentine de Kerven (2), escuchaba atenta. Ya entrada en sus sesentas, tenía mucha experiencia del mundo y se compadeció de aquel extraño y carismático hombre. Nadie en la oficina sabía que hacer con él, así que ella se ofreció de voluntaria para llevarlo a su casa por unos días hasta que al cónsul se le ocurriera algo.

Valentine, no ajena a la adversidad, simpatizó con el errante y pronto le ofreció un hogar en Europa. Tenía una pequeña herencia y una pensión que era suficiente para ambos. U.G., poco dispuesto a regresar a la India y encontrarse con su familia, amigos y con muy pocas expectativas, aceptó la oferta muy agradecido. Los siguientes cuatro años (1963-1967) fueron para ellos días apacibles. Ella dejó su trabajo en el consulado y vivió tranquilamente con U.G., mudándose con el clima a Italia, al sur de Francia, París y Suiza. Luego comenzaron a pasar los inviernos en el sur de la India donde las cosas eran relativamente baratas y el clima era más agradable. Durante esos años, como él mismo diría luego, no hacía nada. "Dormía, leía la revista Time, comía y salía a caminar solo o con Valentine, eso era todo". Estaba en una especie de período de incubación. Su búsqueda había casi terminado. Nunca le mencionó a Valentine sus poderes ocultos, sus experiencias espirituales, ni su pasado religioso que habían constituido la mayor parte de su vida. Vivían simple y apaciblemente como una familia migratoria.

Solían pasar los veranos en el ático de un chalet de 400 años de antigüedad en la encantadora villa suiza de Saanen, en Bernese Oberland. Y por alguna razón J. Krishnamurti decidió organizar allí una serie de charlas y encuentros en una gran carpa levantada en las afueras del pequeño pueblo. Buscadores religiosos, yoguis, filósofos e intelectuales de oriente y occidente comenzaron a aparecer en el pueblo para escuchar las charlas de J. Krishnamurti, para dar y recibir instrucciones de yoga y para discutir sobre temas espirituales y filosóficos. U.G. y Valentine mantuvieron cierta distancia evitando volverse parte de ese escenario creciente que cada vez más y más se asemejaba a un circo.

En estas circunstancias U.G. se acercaba a su cumpleaños número cuarenta y nueve. Un famoso y respetado astrólogo en Madras, el Kowmara Nadi, había hacía ya mucho pronosticado que U.G. tendría una profunda transformación en su cumpleaños numero cuarenta y nueve. Mientras esa fecha se aproximaba cosas extrañas e inexplicables le sucedían, algo radical y totalmente inesperado le habría de acontecer.

4

A los treinta y cinco años U.G. había comenzado a tener repetidos y fuertes dolores de cabeza y sin saber que hacer comenzó a tomar grandes cantidades de café y aspirinas para aliviar el dolor. En ese momento también empezó a verse cada vez más joven en vez de más viejo. Cuando tuvo cuarenta y nueve años parecía un hombre de diecisiete o dieciocho. Luego de sus cuarenta y nueve comenzó nuevamente a envejecer, aunque aun hoy todavía parece mucho más joven a su edad de 67 años (diciembre 1985). Entre dolores de cabeza, también paso por extraordinarias experiencias donde, como más tarde describiría, "me sentía sin cabeza, como si esta no estuviera allí". Surgieron también extraños fenómenos, los así llamados poderes ocultos, que para U.G. son poderes e instintos naturales del hombre. Una persona podía entrar a una habitación y U.G. sin haberla nunca conocido podía saber todo su pasado e historia como si estuviera leyendo una biografía viviente. Podía mirar la palma de la mano de un extraño e inmediatamente conocer su destino, todos los poderes ocultos comenzaron a manifestarse grandemente después de sus treinta y cinco años. "Nunca usé estos poderes para nada, ellos simplemente estaban allí, yo sabia que no eran de gran importancia y tan solo los deje ser".

Continuaron sucediéndole cosas, y U.G., preocupado porque Valentine creyera que se estaba volviendo loco nunca le mencionó nada a nadie. A medida que su cumpleaños se acercaba comenzó a experimentar lo que luego describiría como una "visión panorámica", una forma de visión en la cual el campo visual abarcaba casi los 360° o también como si el observador desapareciera enteramente y los objetos se movieran a través de la cabeza y el cuerpo. Sin saberlo, en ese momento su organismo entero evidentemente se preparaba para una calamidad o transformación de grandes proporciones. U.G. no hizo nada.

En la mañana del 9 de julio de 1967, el cumpleaños cuarenta y nueve de U.G., fue con un amigo a oír a J. Krishnamurti (3) que daba una charla pública en la gran carpa en las afueras de Saneen. U.G. había contratado con un editor para escribir su autobiografía. Mientras trabajaba en su libro llegó al momento en que tenía que describir su asociación con J. Krishnamurti. No recordaba mucho de lo que había sentido hacia su antes reverenciado "Instructor del Mundo" de la Sociedad Teosófica. No había tenido contacto con J. Krishnamurti por muchos años y no tenía una opinión clara acerca de él. Así que decidió ir a la charla matutina que él daba para "refrescar la memoria". En la mitad de la charla, U.G., oyendo la descripción que J. Krishnamurti daba acerca del hombre libre, de pronto se dió cuenta de que estaba oyendo una descripción de sí mismo. "¿Qué diablos estoy haciendo aquí oyendo a alguien describiendo como funciono?". La libertad de la conciencia se convirtió en ese momento en algo que ya no estaba "allá" sino simplemente en la forma en que él ya estaba funcionando fisiológicamente en ese instante. Eso impresiono tan fuertemente a U.G. que abandono la carpa en una especie de estado de aturdimiento. Caminó solo hacia su chalet al otro lado del valle. Ya casi llegando se detuvo a descansar en una pequeña banca que miraba hacia los bellos ríos y montañas del valle de Saneen.

Mientras estaba sentado en la banca, viendo el verde del valle y el paisaje escarpado, se le ocurrió:

He buscado en todas partes para encontrar la respuesta a mi pregunta "¿Existe la Iluminación?" pero nunca he cuestionado la búsqueda en sí misma. Porque he asumido que esta meta, "la Iluminación", existe, tenia que seguir buscando, pero era esa misma búsqueda la que me asfixiaba manteniéndome alejado de mi estado natural. No existe la Iluminación espiritual o psicológica, porque simplemente no existen ni el espíritu ni la psiquis. He sido un maldito tonto toda mi vida buscando algo que no existe. Mi búsqueda ha terminado.

En ese momento todas las preguntas desaparecieron y U.G. ceso de actuar a través de la estructura separativa del pensamiento. Un poco de energía entró en su cerebro por uno de sus sentidos y fue DEJADA SOLA. Un poco de energía dejada para que vibre libremente sin traducciones, sin censura y sin ser usada por una estructura de pensamiento separativa, es una cosa muy peligrosa. Es la pura materia prima para una total anarquía interior. Sin haber sido tocada por el pensamiento, que es el tiempo, no tiene a donde ir y no puede encontrar un escape de esa quietud. Se crea una tremenda presión molecular que solo puede ser liberada por una explosión. Esa explosión causó en U.G. el total colapso de la estructura de pensamiento y también de su noción de un yo independiente y una sociedad de opuestos. Él ha llegado al final del corredor de los opuestos, la causa y el efecto cesaron, la calamidad tocó el nivel más profundo, el nivel de las células y del los cromosomas. Tuvo naturaleza fisiológica, no psicológica. Esto implica que el final de lo conocido está el "Big Bang".

5

U.G. estaba sentado en la pequeña banca, aturdido y pasmado. Miró su cuerpo pero esta vez miró sin todo su pasado cultural que lo identificaba como "hombre", "indio", "brahmín", "buscador", "trota mundos", "orador público", "hombre civilizado", "persona virtuosa", etc. Viendo en cambio a un mamífero de sangre caliente, un calmado, inofensivo, totalmente vestido "mono". El pizarrón se había limpiado milagrosamente, la cultura y el "yo" habían sido deshechos en un abrir y cerrar de ojos, y lo que quedó fue un bello, simple y bien educado "simio", despierto, inteligente y libre de toda pretensión y auto absorción. Sin tener ni la más mínima idea de qué le había sucedido, caminó el corto trayecto hasta su chalet y se acostó.

En unas horas sintió contracciones en varias partes de su cuerpo, mayormente en su cerebro y en los lugares donde yacen inactivos plexos nerviosos y algunas glándulas. El cuerpo, ya sin estar asfixiado y suprimido por el conocimiento acumulado en el pasado (la estructura separativa del pensamiento), comenzó una mutación a gran escala. Grandes protuberancias aparecieron en varias partes, incluyendo las glándulas pituitaria, pineal y el timo, en el centro de su frente y en la parte anterior de la garganta. Los ojos cesaron de parpadear y los ductos lacrimales, antes dormidos, empezaron a funcionar lubricando los ojos de una nueva manera. Se manifestaron varias experiencias Kundalini, aunque U.G. se refiera a estas en términos puramente físicos. Una especie de combustión o "ionización" de las células de su cuerpo le ocurría cada día, elevando su temperatura a niveles increíbles, y produciendo una especie de ceniza que podía ser vista fácilmente cubriendo su cuerpo. Así como las computadoras se apagan, U.G. se apagaba varias veces al día, durmiendo en un estado de muerte, donde los latidos del corazón casi cesaban y su temperatura corporal caía hasta un nivel que apenas era suficiente para sostener la vida, el cuerpo entero se volvía tieso y moribundo. Justo antes de que el cuerpo llegara a un estado total de muerte clínica, este se "encendía" de nuevo, el pulso se aceleraba, la temperatura volvía a su nivel normal y se manifestaban en él unos movimientos lentos de estiramiento como los de un bebe. En unos minutos volvía a funcionar normalmente.

U.G. se refiere a esta extraordinaria mutación como su "calamidad". Fue un tremendo shock para su cuerpo el colapso y entera desaparición de esa gran supresora, la estructura psíquica separativa. No hubo mas un coordinador psíquico cotejando, comparando y relacionando toda la información sensorial, usando el cuerpo y sus relaciones para asegurar su propia continuidad separativa. Los eventos se convirtieron en eventos sin relación y sin conexión entre sí, los sentidos, libres de esa gran carga empezaron una vida independiente. El contenido útil del pensamiento y la cultura pasaron a un segundo plano, libres de tonos sentimentales o emocionales, para ser traídos delante de la conciencia solo por una demanda objetiva de ellos y para el mejor funcionamiento del organismo material. Sus manos y sus antebrazos cambiaron su estructura, sus manos ahora están dirigidas hacia atrás en vez de hacia los lados. Su cuerpo ahora es hermafrodita, una perfecta unión de animus-anima y disfruta de una sexualidad de una forma en que solo podemos adivinar. Su lado derecho responde a las mujeres, su lado izquierdo lo hace mas a los hombres. El fluir natural de energía en su cuerpo, sin ser ya estrangulado y disipado por el pensamiento contractivo, corre por su espina hasta el cerebro y sale por su coronilla. Su sensibilidad biológica (no hay otra clase), es tan aguda que el movimiento de los cuerpos celestiales, especialmente el de la luna, tienen un visible efecto sobre él; dice U.G. "ser sensible no significa que usted demuestre o le guste compulsivamente tocar a otros, sino que usted sea afectado por TODO".

Estos increíbles cambios continuaron por años. Él estaba tan aturdido por lo que le había sucedido que no pronunció palabra durante un año después de la calamidad. Tuvo que prácticamente aprender a pensar y hablar nuevamente, así de severa fue su mutación. Al cabo de un año más o menos había recuperado la mayoría de sus facultades de comunicación, sin embargo, todavía no se expresaba, se preguntaba "¿qué se puede decir después de algo como esto? Un día la respuesta llegó a el como un flash, "VOY A DECIR EXACTAMENTE LO QUE ES". Excepto por un año de descanso que tuvo al final de los 70, ha estado hablando incansablemente desde ese día. De todo esto U.G. dice:

No supe que me paso. No tengo punto de referencia en absoluto. De alguna manera morí y volví a la vida libre de mi pasado, y gracias a Dios por ello. Esto me sucedió sin ser mi voluntad y A PESAR de mi pasado de tradición religiosa y eso fue un milagro. No puede ser usado como modelo para ser copiado por otros.

6

Lo que U.G. esta describiendo en estas paginas, su estado natural, no representa una nueva forma de vida, ya que vivir realmente es para nosotros una forma de conseguir todo lo que deseamos. Si nosotros cambiamos es solo para conseguir esas mismas cosas pero de otra manera. Aquí con U.G. todo deseo mas allá de las necesidades de supervivencia y procreación, son desechados. Aparte de las simples necesidades del cuerpo, querer cosas de otras personas se termina. TODOS LOS DESEOS PSICOLOGICOS Y ESPIRITUALES NO TIENEN FUNDAMENTO. Este es el desarmante mensaje de U.G. Buscar a través de él cualquier satisfacción psicológica o cualquier clase de ganancia espiritual es estar perdiendo el tiempo totalmente.

Por esta razón U.G. no ha fundado escuelas, "ashrams", o centros de meditación. Él no tiene enseñanzas que proteger ni difundir. No tiene seguidores, no da charlas públicas, no monta tribunas, no escribe críticas, no ofrece sadhanas de ninguna clase y no ofrece soluciones para los grandes problemas de la humanidad. Es un ciudadano que vive en una casa al lado del camino y habla informalmente con aquellos que por cualquier razón se aparecen en su puerta. A nadie se el pide que venga y a nadie se le pide que se vaya. Su vida y sus enseñanzas están escritas sobre agua, y cualquier intento de alguien por conservar, purificar, o institucionalizar su mensaje es una directa contradicción de todo lo que él tan abiertamente dice, y por lo tanto un absurdo.

"No tengo mensajes para la humanidad," dice U.G. "pero de algo estoy seguro, yo no puedo ayudarlos a resolver su dilema básico o salvarlos de su propio engaño, y SI YO NO PUEDO, NADIE PUEDE."

El editor espera que este volumen de conversaciones pueda servir, como el primer libro de U.G., "La Mística de la Iluminación", para presentarle a los lectores a un hombre poco común en un tiempo poco común, un hombre tan ordinario y tan incorrupto que se niega a ser exaltado con el rol de redentor o de instructor de mundo, y en vez de eso señala, con coraje indomable y una incomprometida integridad, al real salvador de los hombres - esa libertad paradójica que es a la vez una inquebrantable confianza en uno Y un incondicional abandono de sí mismo.


Terry Newald
Mill Valley
California
Diciembre 1985

NOTAS:

(1) El apellido es Uppaluri y el nombre es Krishnamurti, dado a él por ser el nombre de su abuelo, y en sánscrito significa "la pura imagen de Krishna". Es un nombre común dado a los niños en el sur de la India y no indica relación familiar entre él y el famoso maestro y autor Jiddu Krishnamurti.

(2) Valentine fue una memorable mujer por sí misma. Nacida en Suiza en agosto de 1901, hija de un famoso neurocirujano suizo (por quien el síndrome DeKerven fue nombrado), ella cruzó el desierto del Sahara en motocicleta, fue la primera mujer en usar pantalones en Francia y trató (sin lograrlo) de unirse a la resistencia contra el fascismo de Franco en España. Al momento de escribir esto, ha sido la compañera de viajes de U.G. por veintitrés años. Tiene 84 años y todavía viaja por todo el mundo con U.G., es una verdadera soldado de caballería.

(3) Parece haber una conexión entre U.G. y el famoso filosofo Jiddu Krishnamurti, nacido en mayo de 1895 cerca de donde nació U.G., en el estado de Andhra Pradesh, sur de la India. J. Krishnamurti fue "descubierto" por Annie Besant, la reconocida presidenta de la Sociedad Teosófica. Ellos y otros en la Sociedad se convencieron de que el pequeño muchacho brahmín era el nuevo guru o Instructor del Mundo, colocándolo a la cabeza de una organización internacional dedicada a la propagación de sus enseñanzas. Pronto se encontró viajando por el mundo dando conferencias sobre su generalizado tema de la libertad individual a través de la atención, el cuestionamiento imparcial y el intenso escrutinio de lo que es. Él aparentemente experimentó algún tipo de profunda transformación psicofísica al comienzo de los años 30 en Ojai, California. Luego de esto pronto rompió, al menos formalmente, con la Sociedad Teosófica y la Orden de la Estrella, las principales organizaciones que acogieron y promovieron su labor mesiánica, y comenzó una vida como un ciudadano privado. Por muchos años vivió tranquilamente aconsejando individuos, dando unas pocas charlas formales y participando en trabajos educativos. Al finalizar los años 50 sus libros "La primera y última libertad" y "Comentarios sobre el vivir" le dieron alguna notoriedad, pero muchos más y generalizados seguidores. El rechazó el rol de líder, así como todos los intentos por institucionalizar sus enseñanzas. Al final de los 60 él y otros lanzaron la gran Fundación Krishnamurti, con sus cuarteles generales en Brockwood Park, Inglaterra; ahora lidera una corporación religiosa internacional, que publica libros y cassettes, dirige escuelas y organiza encuentros.

Las similitudes entre U.G. Krishnamurti y J. Krishnamurti son, de acuerdo con el primero, ilusorias. "Aparte de nuestros nombres", dice U.G. "no creo que tengamos nada en común". Ambos nacieron en familias brahmín, teosóficas, del sur de la India, ambos estuvieron por mucho tiempo relacionados con la comunidad teosófica, especialmente en Aydar Madras donde quedan los cuarteles generales de esa religión; ambos usan un lenguaje similar al denunciar las suposiciones teológicas y filosóficas de oriente y occidente. Han vivido en los mismos lugares del mundo en aproximadamente el mismo tiempo, ambos así lo aprueben o no, han tenido seguidores devotos que están convencidos que su respectivo maestro es único entre todos los maestros.

No conozco que opina J. Krishnamurti de U.G., si es que opina algo de él, pero la opinión de este último respecto del primero puede ser de gran interés para aquellos que quieran contrastar estas dos figuras únicas y poderosas. En su juventud U.G. fue rodeado por admiradores de J. Krishnamurti y él mismo sentía un profundo, aunque no tan puro, respeto por el hombre; U.G. diría luego: "yo pensaba que el podría ser la única persona que se había liberado de todo su pasado y había encontrado lo que yo estaba buscando. Por algún tiempo mi esposa y yo fuimos a visitarlo a Madras, sostuvimos largas y serias conversaciones pero estas no me llevaron a ningún lado. Quedé con la sensación de que él había visto el cubo de azúcar pero que nunca lo había probado". Cualquiera que hubiera sido el estado en que J. Krishnamurti se encontraba, era claro que no podría ser de mucha ayuda para U.G. Después de su calamidad, U.G. la emprendió en contra del viejo llamándolo "el mayor fraude del siglo veinte" y "un publicista de una basura victoriana arcaica y pasada de moda". Él nunca ha cuestionado la integridad personal del hombre, pero siente que contradice sus enseñanzas fundamentales: "Denuncia los efectos perjudiciales del condicionamiento pero abre escuelas que fomentan más condicionamientos; habla de la simplicidad pero construye organizaciones internacionales de bienes raíces; dice que debes quedarte solo, luego toma medidas para preservar sus enseñanzas para el futuro" U.G. insiste en que J. Krishnamurti ha inducido sutilmente a la gente para que crean en una meta espiritual, meta que además puede ser alcanzada a través de técnicas específicas - "atención pasiva", "libre cuestionamiento", "percepción directa", "escepticismo", etc. J. Krishnamurti habla de transformaciones en la conciencia, mientras que U.G. rechaza la mismísima idea de la transformación. "No hay nada que ser transformado, no hay psiquis para revolucionar y no hay ninguna atención que usted pueda usar para mejorar o cambiarse a sí mismo.
 

 


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